domingo, 4 de octubre de 2015

Caminos de Santiago: "El Camino Inglés" (Julio de 2015)

Luis y Miguel, dos de mis hermanos, son asiduos peregrinos de las múltiples rutas que van hacia Santiago. Son muchos los Caminos de Santiago que han hollado sus pies. Hoy dedico una de las entradas del blog a esta nueva ruta realizada en este mismo agosto. A lo largo de los años hemos recopilado entre él y yo muchos diarios de peregrinaciones. Algunos los tenéis en este libro publicado en bubok. Los útimos, antes de revisar la edición e incluirlos también, los iré presentando en el blog en las próximas fechas

El camino inglés


Los puertos gallegos como vía de acceso a Santiago. Peregrinación corta, pero cada vez mas multitudinaria.
En un día caluroso de Julio salimos de Burgos evitando el madrugón. El, ya veterano, Hyunday afronta los kilómetros hasta Ferrol sin prisas y, esto es más grave, sin aire acondicionado. Kilómetros de autovías con un sol abrasador a la espalda. Paramos a comer en Vega de Valcarce. Siempre me gustó este pequeño pueblo del camino francés. Su emplazamiento a la vera de un río, en un valle frondoso, le da una apariencia apacible. A pesar de que, muy alto, el viaducto empañe este bucólico lugar.
Comemos de bocadillos en una plazoleta. Allí mismo, tumbados en el césped, intentamos echar la siesta. Yo apenas consigo dormir más allá de 3 minutos.
Llegamos a Covas. Pedanía de Ferrol donde hay un albergue de peregrinos. En Ferrol no hay.  El tiempo ha cambiado, y los rigores del sol aquí no solo no se padecen, sino que casi se agradecen. El albergue está cerrado. Un paisano que pasa nos dice que las llaves las dan en el bar “La muralla”. Nos acercamos al bar en cuestión y preguntamos por las llaves. Una empleada nos comenta que primero es mejor llamar por teléfono a los encargados voluntarios. De acuerdo. Pedimos los números de teléfonos, pero contesta que están en la puerta del albergue. Por no volver al albergue, que está a 5 minutos, para luego volver a bajar otra vez, pedimos las llaves con la promesa de llamar por teléfono en cuánto llegáramos. Parece que la empleada no está muy de acuerdo. Pero se convence de lo absurdo de su postura. Con las llaves en la mano volvemos al albergue. Es un complejo escolar que ya no tiene fines educativos. En ese momento se acerca un grupo de  4 personas. Una pareja joven con las mochilas al hombro y otras dos mujeres más maduras. Estas sin mochilas. Son de Murcia. Los jóvenes, ventipocos años, se llaman Maria y Jefferson , y se van a casar en otoño. Ellos van a dormir en el albergue. Las mujeres son su madre y una amiga y van a dormir en Ferrol. Por eso vienen sin mochilas. Excepto la madre, de cuyo nombre no logro acordarme, ninguno ha hecho el camino.
Hechas las presentaciones y abierto el albergue, llamo por teléfono a Suso, el hospitalero voluntario, que promete presentarse lo más rápidamente posible. Mientras llega inspeccionamos el albergue. Muy limpio, bien equipado, bien distribuido. Con alimentos imprescindibles, incluso para hacerse un buen desayuno. Con detalles agradables como unos pequeños tiestos. Y con algún pequeño lujo como unas duchas con sistema de chorro hidromasaje. Y con sábanas de tela en las literas que se lavan diariamente.
Cuándo se presenta Suso ya hemos tomado posesión de literas. Nosotros en una esquina, la gente de Murcia en la otra. El hospitalero nos explica el funcionamiento del albergue y las peculiaridades del camino inglés. Un camino que año tras año va en aumento. Nos informa que el agua de Ferrol no se puede beber hasta nuevo aviso. Es importante saberlo porque durante dos días solo beberemos cerveza.
Como todavía es pronto, Luis y yo nos acercamos a una playa cercana a estirar las piernas. El cielo nublado y el fresco aire del mar nos producen una sensación extraña pero agradable después de soportar las altas temperaturas de la meseta. Pasada más de media hora de paseo llegamos a la playa de Santa Comba. Amplia y desierta nos llama poderosamente el vaivén de las olas. Caminando por la arena no resistimos la tentación de meter los pies en el agua.
Para volver optamos por una alternativa señalada que indica el centro del pueblo. Alternativa es, aunque tenga kilómetro y medio más. Exploramos opciones para cenar mientras degustamos las primeras  ”ESTRELLA GALICIA”.  Al final optamos por el bar que entrega las llaves del albergue. Un menú sencillo y económico que nos deja suficientemente satisfechos.  Cuando nos vamos entra Suso y con gusto le pagamos la cerveza que se está tomando.
Cenados, nos acercamos al albergue donde, al poco tiempo, aparecen los jóvenes de Murcia. El es brasileño, pero vive en Murcia y en vistas de su futuro matrimonio con María, es de suponer que siga haciendo vida allí.
Cuando empieza a anochecer nos retiramos. Yo, todavía curioseo algunos papeles y el libro de firmas.


COVA-FERROL-NEDA.   19 Julio del 2015 (Domingo)

Cuando la claridad del día me despierta, me levanto. Soy el primero. Me ducho.  La humedad del mar me ha dado calor y estoy sudoroso. Preparo café para los cuatro que estamos y que poco a poco se desperezan. Solo Pepe y yo tomamos café. Los jóvenes murcianos se despachan con un cacao.
Recogidas las cosas, montamos todos en mi coche. Habíamos quedado que les acercábamos a Ferrol. Aparcamos cerca de la estación de autobuses. Allí  volveremos unos días después a recoger el coche. Nos despedimos de los murcianos sabiendo que les volveremos a ver.
Ferrol se está despertando en este mañana de domingo. Pepe y yo paseamos por sus calles sin mochila. Hacía muchísimo tiempo que no estaba en Ferrol. Ya no me acuerdo de nada. Llegamos hasta el puerto y en la dársena de Curuxeiras buscamos el punto que indica el inicio del camino de Santiago Inglés. No lo encontramos porque están en obras y han levantado la calle.  Empezamos nuestro camino desde allí como unos turistas, sin peso. Seguimos las flechas amarillas hasta un punto en que nos acercan al coche.  Cargamos las mochilas y cerramos el coche. Con esta guisa continuamos andando ya como  auténticos peregrinos.
Salir de las ciudades es un poco cansado y pesado. Ni siquiera en el inicio de la peregrinación, cuando los ánimos están pletóricos, me produce satisfacción especial.  El camino bordea la ría. Ferrol se expande sobre ella. Ciudad, urbanizaciones, polígonos industriales, pueblos de la periferia. Casi hasta el final de etapa no te encuentras en el medio rural. A mitad de camino alcanzamos a la tropa de Murcia. Están sentados a la sombra. Nos saludamos y continuamos el camino.
A la altura del Monasterio de san Martiño de Xubia nos encontramos con un grupo de peregrinos italianos. 5 y todos hombres. Visitamos la iglesia. Van empezar una misa. Valoramos si quedarnos, pero decidimos seguir.
A las 13:30 llegamos a destino: Neda. Al lado de la ría, en un parque, solitario, se encuentra el albergue.
Vemos que hay gente fuera. No es de extrañar. Hay un autobús modificado para uso gastronómico. El albergue está a la mitad de capacidad. Nos duchamos rápido y vamos a comer al sitio más cercano: Restaurante Maragote. (por cierto, el menú resultó caro). Mientras comemos entran las amigas de Murcia. Ellos van a andar un  poco más.
Con toda la tarde por delante, después de la siesta, emprendemos un buen paseo por los alrededores. El tiempo es bueno y hay nubes. Nos hacemos 6 o 7 kilómetros.
    Anochecer en la ría de Ferrol
El agua sigue sin poder beberse, de modo que insistimos con las cervezas. Cenamos en el autobús que nos prepara unas ensaladas voluminosas.
Hacemos un poco de charla con los peregrinos que hay. Los hay que vienen en parejas; también jovencitos scouts que hablan poco y mantienen relaciones casi  endogámicas, y dos mujeres ya talluditas que se han metido en la habitación de los minusválidos. Pepe, con su verborrea legendaria concita alrededor de él un grupo que le escucha con interés. Yo, que ya le tengo oído, me entretengo en vaguedades. Evidentemente todos los que están en el albergue han dormido y empezado en Ferrol.


NEDA-MIÑO.     20 de Julio de 2015.   (Lunes)

A partir de las 6 de la mañana hace falta tener el sueño muy profundo para no despertarse en un albergue del camino de Santiago.  A esa hora empieza el baile de los madrugadores. Levantarse, encender alguna pequeña luz, ruido de bolsas, puertas que se cierran, muchas veces sin ningún cuidado. Yo que estoy un poco sordo oigo perfectamente los portazos que el personal suele dar. Cuando ya se han ido casi todos, nos levantamos nosotros. Todavía hay un peregrino en la cama. Es el último que se metió en ella. En 20 minutos estamos lavados, vestidos y recogidos. Salimos a la calle. Ha llovido por la noche. Menos mal que la ropa tendida se nos secó y la recogimos antes de ir a la cama.
La salida de Neda es por un paseo marítimo a la orilla de la ría, pasando por las marismas recuperadas del río Belella. Itinerario que ayer recorrimos durante el paseo vespertino.
Después de algún kilómetro andado y ya en el centro de Neda tenemos que salir de la calle empedrada  por la que transitamos para poder encontrar un bar abierto en el que tomar un ligero desayuno. Enseguida lo encontramos. Unos simples cafés con leche (el mío siempre con leche fría) y un poco de conversación con los lugareños y a seguir. El camino transita por urbanizaciones de altura por caminos asfaltados, con la ría y la ciudad de Ferrol siempre a la vista. En un momento determinado entrando en pequeñas zonas boscosas se pierde de vista, por fin, a Ferrol y su ría.
Solo queda un largo y suave descenso hasta Pontedeume. Nos encontramos con los primeros peregrinos de la jornada. El día sigue nublado. En Pontedeume descansamos un rato mientras nos tomamos una cerveza. Continuamos con un duro repecho para alcanzar los barrios altos de la villa.
Por campo, monte y zonas boscosas, en un camino agradable y hasta hermoso se llega a Miño justo cuando el sol empieza a calentar. Comemos en el primer bar que encontramos: bar LA MAR. (9 euros) .
Buscamos el albergue que está un poco apartado y con vistas al río Baxoi. Prácticamente llegamos los primeros. Solo nos adelantaron los cinco italianos con los que conversamos un poco. Ducharse, siesta y lavar.  Mientras, van llegando algunos peregrinos más: los jóvenes murcianos (la madre y la amiga se quedan a dormir en un hostal), un matrimonio de franceses con su hija de unos 8 años. (Curiosos estos. Acababan de terminar de hacer el camino francés y como les sobraba tiempo decidieron hacer el inglés.) También aparece un hombre solitario que no era peregrino. Era de Tánger y estaba buscando trabajo. Le explicamos la peculiaridad de estos albergues. Que no era fácil que le dejaran pasar la noche. Pero que podría apelar a la generosidad del hospitalero que vendría a última hora del día. 
Sorprendentemente el paseo de la tarde nos lleva por un camino a la izquierda del albergue a una playa concurrida. Damos vueltas por el casco urbano intentando pasar la tarde como podamos. Accedemos al minúsculo puerto y a la praia Pequeña que se encuentra casi solitaria. El pueblo nos sorprende por lo grande que es.
       Praia pequeña

Decidimos cenar ligero. Compramos empanada gallega y fruta, y nos acercamos a comerla al albergue. Los jóvenes murcianos están comiendo un menú preparado que les han comprado las adultas. La verdad es que no hubo mucha conversación con ellas. Todavía les falta el punto de peregrinaje que te da confianza y solidaridad con cualquier peregrino. Esperando al hospitalero nos dan las 10  Pepe consigue una especie de credencial para el hombre de Tánger, que pasa el dictamen favorable del hospitalero. Así que sin que él se de cuenta se convierte en “peregrino”. La verdad. El primer peregrino marroquí y de religión musulmana con el que he coincidido.
Rayando las 11 me voy a la cama, no sin antes darme repelente de mosquitos. He visto algunos. Sé , por experiencia que les gusta mi sangre.


MIÑO-PUENTE PRESEDO.   21 de Julio del 2015  (Martes)

Cuando casi todos se han ido nos levantamos nosotros. Solo queda en las literas la familia francesa. Querrán que la niña descanse. Desayunamos en el primer bar que encontramos. Lo de siempre. Un escueta café con leche.
A la salida de Miño, detrás de una verja encontramos un eucalipto de grandes dimensiones que no pudimos resistirnos a ver, tocar y fotografíar.
Eucalipto a las afueras de Miño

 El camino sigue por carretiles asfaltados y zonas boscosas.  Abandonamos el mar que ya no volveremos a ver. Hasta Betanzos hay mucho asfalto. Por el camino vamos viendo a algunos peregrinos que no habíamos visto antes, pero que coincidiremos con ellos, como en toda peregrinación.
A las 12:30 llegamos a Betanzos. Se entra por la parte vieja, por una puerta al lado de un puente. En vista de lo pronto que es y viendo que hay autobuses cada hora a Ferrol, decidimos volver a Ferrol para acercar el coche a Betanzos. Una idea un poco extraña, pero que nos hará ganar tiempo cuando terminemos la peregrinación. Ya en Ferrol cogimos el coche y lo acercamos a Betanzos y aparcamos en la zona de la ría. Con las mochilas al hombro comemos un plato combinado en el último bar antes de salir de la población.
A  media tarde alcanzamos a las murcianas en el mismo momento que llegamos al albergue de Puente Presedo.  Está lleno de gente que no habíamos visto antes. No hay una litera libre. Llamamos a la hospitalera que nos dice que habilitará una zona anexa con colchonetas. Como no hay otra alternativa en las cercanías lo asumimos.

 Esperando con las mochilas abiertas

Deshacemos las mochilas en la calle e intentamos ducharnos. A mí me resulta imposible: o me cocía de calor o me congelaba. No hay término medio. Medio duchado metemos las mochilas en un rincón del albergue y vamos a refrescarnos al único establecimiento que hay en dos o tres kilómetros a la redonda. Es un mesón-museo con muchos cuadros con motivos medievales. En un ambiente agradable, mientras tomábamos las ya clásicas ESTRELLA GALICIA,  entablamos conversación con algunos peregrinos.  Allí fueron apareciendo los 5 italianos (de Roma para ser más concretos), con los que echamos unas risas porque siempre nos veíamos o en albergues o en bares. Aparecieron dos ciclistas de Madrid, que informados de la falta de sitio en el albergue habían decidido dormir bajo las estrellas. Y una peregrina madrileña de unos 40 con unas piernas fantásticas. Con la que hablamos un buen rato.
Volvemos al albergue con la promesa de regresar para cenar algo. La hospitalera aparece sobre las nueve. Sellamos y nos instala en un departamento aparte. Una sala  multiusos con muchas ventanas al lado del dormitorio. Las de Murcia en un lado y nosotros en otro. Extendemos colchonetas que, gracias a Dios, no son muy duras. En el fondo pensamos que tenemos suerte. Allí vamos a estar más cómodos que en el dormitorio abigarrado de literas en el que duermen los demás. A eso de las 9:30 volvemos al mesón para cenar, no sin antes avisar a los demás peregrinos que no cerraran la puerta que volvíamos pronto. Cenamos rápidamente y sin pasión. A las 10:20 estamos de regreso en la puerta del albergue. Fatalidad. Está cerrado. Los improperios que soltamos se oyen bien claros. El peregrino que tiene la llave, no solo no nos la dejó sino que ha cerrado. Damos unos golpes en los cristales del dormitorio y enseguida vemos que alguien salta de la litera para abrirnos. La morena de las piernas fantásticas. Agradecidos, casi le damos dos besos cada uno. En silencio cruzamos el dormitorio y llegamos a la sala de colchonetas. Murcia también esté durmiendo.

PUENTE RESEDO-MESON DO VENTO.     22 Julio del 2015.   (Miércoles) 

Cuando nos levantamos Pepe y yo, el albergue está vacío. Como no hace el calor mesetero no vemos la necesidad de madrugar. Solo están dos parejas de portugueses que son los custodios de la llave. Seguro que son los que nos cerraron el albergue.
Con la mochila al hombro llegamos al mesón para desayunar. ¡Sorpresa! Casi todos los peregrinos están allí. Incluso las amigas de Murcia,  que siempre se toman el desayuno con mucha tranquilidad. Nosotros a nuestro café con leche y sobre y medio de azúcar.
El camino se hace ameno. Discurre por zonas boscosas. Pasados unos kilómetros en los que vamos dejando atrás a algunos peregrinos, excepción hecha de los portugueses que se nota que están curtidos, llegamos a Casa Julita. Es el último sitio para aprovisionarse, o para tomar algo. Mientras lo tomamos y vemos pasar peregrinos,  Pepe empieza conversar con los clientes sobre “las pensiones”. Haciendo gala de su habilidad verbal les suelta una chapa. Yo río para mis adentros.
Empieza luego una dura subida que se prolonga por un buen rato. Casi al final de la subida encontramos a un peregrino que descansa. No le damos más importancia al encuentro que 4 frases y los consabidos ánimos.
Seguimos andando sin prisas. La epata es corta. Llegamos al albergue de Hospital. Situado en un paraje apartado, el arroyo que pasa al lado le da un toque bucólico. Está abarrotado de gente que espera para sellar la credencial y tomar posesión de la litera. Probamos suerte y nos ponemos a la cola. Al poco llega un taxi con el peregrino que encontramos descansando. Nos cuenta que es diabético y que en la subida se le disparó el azúcar. Ahora entendimos el porqué de una ambulancia que vimos. El médico le ha aconsejado descansar y abandonar el camino. Pepe le aconseja que primero descanse y luego valore. Mientras conversamos con él, un jovencito se nos adelanta en la cola. Viendo la candidez del joven no dijimos nada.  Pero la candidez desaparece cuando va a sellar y saca siete credenciales. Resulta que es del grupo de boys scouts catalanes. Cuando nos toca el turno solo queda un sitio. Optamos por sellar y ceder el lugar al peregrino diabético, que no está en condiciones de buscar donde dormir. La hospitalera nos comenta que en el pueblo de Mesón do Vento, apenas a poco más de un kilómetro, hay algunos hostales y alojamientos. Optamos por ir allí. Las amigas de Murcia van a seguir unos kilómetros más.
Mesón do Vento es un pueblo lineal que se extiende por la carretera general. De ahí las posibilidades de alojamiento. Nos acercamos a un hostal que teníamos apuntado. No hay sitio. Preguntando llegamos al bar “La ruta”, que después de pensar un rato nos ofrece habitación doble por 40 euros o dos individuales por 20 euros cada una. Con desayuno incluido. Ante esta alternativa optamos por las individuales. Decir que echaba de menos el albergue sería mentir. Me incomodan los albergues abarrotados.
Aseados bajamos al bar y comemos allí mismo. Siesta y visión del Tour de France. Lavado de ropa posterior. En una tarde sin nada que hacer no salimos de las habitaciones hasta pasadas las seis. Después llenamos las horas con la rutina de pasear por todos los rincones del pueblo y entablar breves conversaciones con los peregrinos que encuentras y que no conoces. Excepción de los romanos, con los que ya nos saludamos con naturalidad. Llegada la hora de cenar optamos por un establecimiento que ofrece tapas. Pedimos zorza (especie de picadillo adobado) que resulta muy salada; patatas fritas que son de las congeladas y calamares fritos también de los congelados. En fin, que acertamos de pleno. Desaconsejamos a unos peregrinos de al lado la zorza, pero no nos hicieron caso.


Visto lo cual decidimos que lo mejor es ir a dormir. Cosa que hacemos enseguida.

MESON DO VENTO-SIGÜEIRO.     23-07-2015.  (Miércoles)

Durmiendo solo en la habitación me despierto tarde. Pero a las 8:20 ya estamos andando. El día claro, sin nubes. El camino, hoy, con sombras, alterna carretiles, caminos y corredoiras. Se ven muchos peregrinos. Ayer por la tarde, en Mesón do Vento ya se veían muchos peregrinos deambulando.  La cercanía de Santiago se presiente. Curiosamente a media mañana vemos a una peregrina joven (¿17 años?) que resulta que es de Puerto Rico. Hace el camino con sus padres que se habían quedado atrás en  una cuesta. Conversamos con ella por espacio de dos kilómetros y seguimos nuestro ritmo. (Los primeros puertorriqueños que veo haciendo el camino).
Los últimos kilómetros son por una pista recta interminable. En medio de ella nos encontramos a nuestras compañeras murcianas, que ya con confianza entablan enseguida conversación. Seguimos y como a unos dos kilómetros antes de llegar nos encontramos a un paisano a la  sombra de la parada del autobús. No teníamos intención de parar, pero ante la insistencia del señor y la cercanía del final optamos por sentarnos con él. En plácida conversación nos percatamos que el paisano, ya mayor y que vive al lado del camino, se entretiene las mañanas saludando y hablando con los peregrinos que estén dispuestos a escucharle. De suyo no deja escapar ninguno. Le propusimos que estaría bien tener unas cervezas a mano para los peregrinos sedientos, o por lo menos un poco de agua. Después de una recta de 7 kilómetros sin avituallamiento posible, seguro que muchos paran sin poner pegas.
Seguimos camino informándole de toda la gente que viene detrás (murcianos, Portorriqueños…) Entramos en Sigüeiro con calor y con mucho tráfico por la nacional. Cerveza y comer en restaurante Mirás (desde 1923)  La merlucita está poco echa.
Al lado está el hostel en el que cogimos dos habitaciones sin baño por 10 euros cada una.
Con toda la tarde por delante intentamos ir a Betanzos a por el coche, pero no tuvimos éxito. Habría que ir a Santiago y desde allí a Betanzos. Y Solo nos garantizaría estar de vuelta a las 9 o las 10 de la noche.
Por la tarde la rutina turística. En un bar al borde del río entablamos amigable y amena conversación con un matrimonio de Plasencia que habíamos adelantado por la mañana.  Después de casi dos horas de palique y llegando la hora de cenar nos separamos. Pepe y yo habíamos hecho promesa de comer pulpo y así lo hicimos en un mesón un poco escondido. El pulpo, muy bueno y un trozo de empanada de almejas entran agradecidos en el estómago. Para terminar, un exceso. Pedimos un chupito de orujo de hierbas y nos dan casi un vaso. Todo a un precio razonable. Contentos por el copazo nosvamos a dormir. El aire huele a quemado. En las proximidades hay un incendio.
"Chupito"


SIGÜEIRO-SANTIAGO.     24-07-2015 (Viernes)

Los portazos de las habitaciones de al lado me despiertan. ¿Por qué la gente tiene siempre tan poco cuidado? El cielo está gris y anuncia lluvia. Desayunamos y nos ponemos a andar.
Sigüeiro. Ultima etapa.

 Enseguida empieza a lloviznar. Te paras y sacas la capa de lluvia que has dejado a mano. Te la pones. Todo un rito. Para la llovizna. Te la quitas. Te la pones. Te la quitas. Según el dictado de la lluvia. Así varias veces. Al final optas por dejarte mojar sabiendo que te sacarás más tarde.
El camino se acerca a Santiago por un polígono industrial del que se aleja en alguna variante. Variantes aconsejables porque transitan por caminos muy bonitos. En el restaurante del polígono encuentras a numerosos peregrinos que apuran sin prisas sus consumiciones. Entre ellos el matrimonio extremeño de ayer.
Entras en Santiago por barrios periféricos. Te juntas a decenas de peregrinos del camino francés, que se convierten en centenares al llegar al centro. Las afueras de la catedral están abarrotadas. Hay que añadir miles de turistas. Mañana es Santiago. A mí este panorama me resulta muy incómodo.
Intentamos entrar en la catedral, pero la cola para hacerlo es muy, muy larga. Se pierde entre las calles empedradas. Optamos por ir a la plaza del Obradoiro. La fachada de la catedral en obras.
                      
 Entre el gentío encontramos a los romanos con los que departimos en hispano-italiano. Nos damos la enhorabuena.  Pepe y yo, intentamos encontrar un sitio para alojarnos. Todavía es la una de la tarde. Llevábamos apuntados dos teléfonos en los que nos dijeron que no había sitio. Santiago es una ciudad muy turística y siempre te encuentras a mucha gente ofreciéndote todo tipo de alojamiento. Pues hoy no hay ninguno. Mala señal. Empezamos entonces, a barajar la decisión de ir a Betanzos.
Nos acercamos a la oficina de peregrinos a sacar la Compostela. Mucha gente esperando. Decidido. No sacamos la Compostela. Allí encontramos a las amigas de Murcia. Nos felicitamos, nos abrazamos y nos deseamos lo mejor. Ellas habían reservado hace días. Nosotros vamos siempre a lo que salga. El autobús a Betanzos sale a las 6. Tenemos tiempo de sobra. Callejeamos un poco por las calles rebosantes de personal. Cervecita. Comemos un menú del día barato. Y tranquilamente nos acercamos a la estación con tiempo suficiente para comprar billete. Comprado, nos damos cuenta que tarda en llegar a Betanzos, hora y media. Hemos comprado en Alsa y primero va a La Coruña para luego retroceder hasta Betanzos. Porca  miseria.
Llegados a Betanzos buscamos el albergue. Le explicamos un poco por encima al hospitalero nuestra situación y no hubo inconveniente en pernoctar. La verdad es que es un albergue bueno, muy bueno. Tomamos posesión de litera en una sala espaciosa en la que solo están ocupadas unas pocas camas. Hecho el aseo, hoy no hay que hacer colada, salimos a la calle a buscar el coche y a cenar algo. Cosas de la vida. El coche lo dejamos al lado de la puerta de la ciudad en la orilla de la ría. Lo buscamos y no lo encontramos. Recorremos toda la ría preocupados. Después de un rato largo logramos encontrarlo. Resulta que la ciudad tiene dos puertas casi iguales. Salimos a buscarlo por la incorrecta. Aliviados, cenamos en un local al lado del coche. Unas raciones con las siempre presentes ESTRELLA GALICIA. Cenados, alargamos el paseo hasta que dan las diez y cierran el albergue. Curiosamente mientras algunos cenan, se crea un buen ambiente peregrino, del que apenas hemos tenido en nuestra peregrinación. Del que participa también un inglés con su hijo de 13 años. Algunos nos preguntan sobre lo que les espera hasta Santiago. Les contestamos con sinceridad. Un camino interesante y asequible. En algunos momentos hermoso. Excelentemente señalado. Para tomárselo con calma. Lo malo es la época.

Credencial en la que no figura ningún sello de la llegada a Santiago.






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