viernes, 19 de febrero de 2010

¡Qué importante es la educación, la autoridad del maestro y hacer una faena al hijoputa!

Alumnos díscolos estos de la derecha. Está el PP como patio de colegio. Menuda generación LOGSE les ha salido. No hacen ni caso al director (Costa y  Camps),  son unos chivatos o gestapillos , insultones ("quitárselo al hijoputa"), incluso se huele bulling (a Gallardón)...  ya sólo nos faltaba que exhibieran gestos obscenos en medio de la Universidad.

Y encima nuestra presidenta, la de la mueca riente (me recuerda esas niñas que ponen sonrisa tonta cuando las riñen) abandera discursos, marchas y leyes para recuperar la autoridad del profesor... Me quiere poner una tarima. ¿Acaso pretende que vea mejor las burradas de su panda? 

La faena de hoy del antiguo delegado de la clase ha merecido una falta disciplinaria grave. En nuestro cole, querida Esperanza, supondría amonestación, llamada a los padres y una semana expulsado.

Señor Aznar: copie 500 veces:
"No debo insultar en la universidad"  

lunes, 15 de febrero de 2010

La perplejidad de Caperucita



Félix, el amigo de los animales, el macho alfa de la manada de Pelegrina, el tío de un buen amigo mío, mi paisano, el exalumno de mi mismo cole el Liceo Castilla en Burgos, el explorador que buscaba tesoros animales, el comunicador, el montaraz, el transgresor de mis cuentos infantiles... murió, tal día como hoy, hace 30 años el 14 de marzo de 1980.

Siempre pensé en los cuentos como retorcidas miradas de la realidad. Caperucita no era tan ingenua, seguramente, en su candor, desplegaba sofisticadas mañas de manipulación. Ni los pequeños cabritillos eran tan  inocentes cuando engañaban al feroz lobo tras la puerta. Ni los cerditos creyeron nunca que el lobo era tan bobalicón...

Pero contar un cuento al revés no hace ninguna gracia al que está acostumbrado a su versión.

En la sociedad española de los años sesenta el cuento tenía un claro argumento: "el lobo era una fiera dañina  peligrosa e innecesaria". Una larga tradición de loberas, alimañeros, partidas de caza y el grito terrible: ¡al lobo!

Mi propia madre me cuenta un enfrentamiento con este ser en medio de un camino solitario, a lomos de una yegua asustada.

Y de pronto llega Félix y cuenta el cuento al revés. El lobo se hace hermoso, inteligente, social,  cariñoso y familiar, valiente, respetuoso con el jefe de la manada, fiel... Su silueta, de poderosa belleza, bebe el sol del atardecer saltando con la cadencia de una música tocada con corazones, aullidos y patas sobre la estepa.

El lobo, mi animal totem,  mi espíritu reencarnado, mi alma gemela. Félix, el lobo humano, el jefe de la manada,  el hombre lobo que hizo bello el crepúsculo de tu huída.

El día siguiente de su muerte, joven poetastro, lobezno aún... escribí un poema que ahora reproduzco.
Homenaje y pleitesía al jefe de la manada en su partida.

Catorce de marzo, la avioneta
volaba arriesgada
en la estepa nevada
volaba como una saeta.

Sobre la  ciencia alada
la muerte olvidada
se cierne secreta.

El rostro, la palabra,
el trabajo, la fama,
la vida completa;
todo se acababa
cuando se estrellaba
contra la meseta.

Lloraron los lobos,
lloraremos todos,
aullidos de pena.
Nos dejaste solos,
te llevaste un trozo
de naturaleza.

Perros de trineo
te encontraron luego
llegando a la meta.
Llorad, que se fueron
los aventureros,
hombres de la tierra.

Marchas compañero
a la noche eterna.
Aullan los lobos
hacia las estrellas.