sábado, 25 de diciembre de 2010

martes, 21 de diciembre de 2010

Navidad 2010

No encuentra piso José. Su compañera María está embarazada. Inexplicablemente falló el preservativo y ahora espera un hijo... No es que no le deseen, es que la situación está muy mal. Encima el tetrarca de Galilea ha ordenado revisar el censo y hay que empadronarse.
María, a punto de romper aguas, ha tenido que instalarse en una vieja nave abandonada. Es la primera vez que ejercen de ocupas y lo lleva fatal. Su suegra, con la puerta blindada en su piso, defiende la propiedad privada con uñas y dientes y ¡míranos ahora: ocupando una propiedad ajena!
Sentado en una caja José mira al vacío y  piensa en silencio... La crisis de los denarios ha arruinado a mucha gente. Los prestamistas tuercen el gesto cuando les pides un poco de oro. Alguno de ellos se ha atrevido a insinuar que hipoteque a su mujer...
María se desespera. A la soledad del viejo edificio destartalado se une el silencio de José. Ella necesita hablar, desahogarse y José parece noqueado por las circustancias. No es cuestión de hablar con el viejo perro pulgoso que ha aparecido por la nave.
Nosotros aquí, se queja María, y las inmobiliarias de Belén con cientos de casas vacías, sin vender... Dios mío, con el sueldo de mi marido ebanista no tenemos ni para una sola habitación. ¡Ah, si no nos hubiera despojado el Sanedrín de nuestra pequeña casita! Perdimos el pleito. Los jueces estaban comprados. Todos los saben y nada se puede contra ellos. Si tuviéramos dinero para comprar un regalo al tetrarca de Galilea otro gallo nos cantaría. Quizás podría tejerle una hermosa túnica. Otros lo han hecho ya...

La cosa está muy mal. Hay muchos políticos comprados. El partido de los saduceos y el de los fariseos se insultan y critican públicamente. Los separatistas samaritanos van armados con dagas asesinas. Han atentado contra más de un centurión. No hay forma honrada de conseguir una concesión para arreglar los techos del palacio. José le ha intentado y le pidieron una comisión del 15%.

La horas pasan. María da a luz un bebé precioso. José ha buscado comadronas en el cercano Belén. No hay ginecólogo de guardia en el pequeño consultorio. Falta personal. Han privatizado el servicio. Ahora se pagan buenos denarios porque acuda un médico de Nazaret. En el pueblo le han contado que, nadie sabe como, un grupo de pastores se ha congregado en las proximidades de Belén. Parece que se comunican rápidamente mediante hogueras en el monte. Se llaman "El Libro de las caras" y han transmitido una convocatoria de reunión a la puerta de una nave de las afueras donde aseguran ha habido un nacimiento portentoso: un bebé mejorado genéticamente, una evolución de la especie trascendental.
Se ha dado aviso a los grupos de ángeles y cohortes celestiales, pero no llegan. Hay huelga de controladores de vuelo de arcángeles. Exigen más denarios y clepsidras más pequeñas para medir su tiempo de trabajo.
Entre los pastores se rumorea que existe una organización secreta "La Red que fisga" que tiene en su poder numerosos mensajes secreteos de Herodes a los Reyes de Oriente presionándoles para que no visiten al Niño del Futuro so pena de represalias en el comercio de oro, incienso y mirra. Amenaza con una subida de aranceles que hunda el comercio con oriente.

María se aflige. ¿Que haremos, José? ¿Cómo va a estudiar el niño en la sinagoga de Belén? Los rabinos no saben enseñar. Salen los niños como asnos asiros. El oráculo APIS ha dicho que apenas saben leer papiros. Ni siquiera llegarán a saber jurar en hebreo. Sería más sabio llevarlo a Oriente a estudiar. Allí aprendería bien las matemáticas y con estos tiempos se ganaría bien el pan. Miedo me da, la verdad, dejar solo al niño a la puerta del templo. Se dicen cosas horribles de los sacerdotes...

José vuelve a soñar. Ni siquiera las carreras de cuadrigas alivian su mente atormentada. Se dice que el campeón laureado tomaba hierbas, se ayudaba de pocciones para ganar. Ni siquiera en los juegos del circo
puedes fiarte.

Pasa la noche. Despierta el día. El eterno ciclo se repite. El mundo gira. Exactamente 2010 paseos planetarios después estamos en el mismo sitio.

lunes, 20 de diciembre de 2010

AVÉ si llegas

Con gran despliegue de medios se inauguró ayer la línea de AVE Madrid-Valencia. Para los primeros viajeros las impresiones describen sensaciones excelentes: ¡rápido!, ¡cómodo!, ¡funcional!, ¡permitirá ir a bañarse y volver en el día!, ¡todo perfecto, sólo me hubiera gustado que no lloviera para ver el paisaje...!. En hora y media nos plantamos en Valencia pasando por Cuenca. No está nada mal con la que nos ha venido encima en el transporte aéreo con los controladores, pilotos, AENA, volcanes, nieve, niebla, terroristas, etc...
En el medio siglo que, de momento, ha durado mi vida he tomado muchas veces el tren. Casi niño, con 15 años apenas, ya hacía el trayecto Burgos-Tuy en el "Gallego"; tren nocturno atiborrado de portugueses emigrados que hacían la vuelta a casa. En cada principio y final de trimestre tocaba esperar en la estación, entrada la noche y viajar durante más de 10 horas con parada en Astorga incluída mientras oíamos entresoñando los reclamos de las vendedoras: "¡Mantecaaadas de Aaastooorgaaa!" Después al llegar a nuestro destino en Guillarei (creo que así se llamaba)  aún nos quedaba caminar desde esa estación a la ciudad de Tuy durante más de una hora. Las tres vacaciones anuales de dos cursos enteros (1974-1975) estuvieron acompañadas por esta rutina viajera.

No me asusté, pues, cuando al presentarme en el Gobierno Militar en Burgos para realizar el servicio militar en 1978, me dieron un sobre con varios tikets y billetes junto a tres bolsas de plástico con menú-raciones de viaje para tres días. Mi destino era Almería y, el Gobierno Militar, había encontrado (sin Tom-Tom en aquellos tiempos) la ruta "más barata" Burgos-Almería activando: mercancías, trasbordos, esperas de hasta 12 horas, cambio de estaciones... Así, pues, llegar a mi destino me llevó tres dias con sus dos noches de tren o estación, bocatas gomosos, zumos, quesitos y manzanas. Recuerdo haber visitado el retiro durante laaaaasrgas horas, haber montado en trenes mineros y observar extraños bucles entre las líneas del plano que llevaba sin comprender la razón de semejantes trayectorias. Finalmente llegué a Almería. En la estación observé que había crecido mi primera barba y me dio la impresión de ser un viajero del tiempo. 

Viajar, en la mili, era muy complicado. Permisos (máximo de fin de semana) y malas carreteras entonces para cruzar la península de sur a norte en toda su longitud. Ida y vuelta. Sin embargo (más pueden dos tetas que en la mili la retreta) muchos realizaban un viaje agotador para ver a la novia. Algunos inexpertos, extenuados, sin apenas dormir; iniciaban un mortal regreso el domingo por la tarde y dejaban la vida en las cunetas entre los amasijos del automóvil.  La situación llegó a ser tan grave que el campamento Alvarez de Sotomayor fue oficialmente "arrestado", esto es,  no se permitía a la tropa el viajar fuera de la provincia. Algunos, jugándose oscuros meses de calabozo, siguieron haciéndolo. Los que no teníamos ni coche, ni dinero, ni amigos allí, tuvimos que conformanos con esperar al permiso que, por un mes, podía disfrutar la tropa.

En verano me llegó a mí el ansiado permiso. Había en el campamento una empresa de autobuses que poseía el monoplio de los viajes de los acuartelados en rutas por toda la península. Seguramente hicieron inmensan fortunas con esa exclusividad, pero en aquel año, liberalizaron la actividad y una nueva empresa ofertó viajes a precios muy inferiores. Recuerdo que el viaje hasta Burgos (que venía a valer 1.500 pesetas) había bajado hasta 800. Encantado por el chollo saqué un billete en la nueva empresa. Llegado el día montamos apenas una treintena de personas en el autobús.  Aquello me dio mala espina. Hablando con los viajeros me di cuenta de que yo era el único que llegaría hasta Burgos, el resto paraba en Madrid. Pregunté al conductor y me dijo que en Madrid me pondrían un coche hasta Burgos. Un tanto extrañado de que pusieran un coche para mis solo hice el trayecto hasta la capital donde desembarcaron todos y, cuando me disponía a aguardar las instrucciones para el coche prometido, el conductor me comunicó que no había podido ser y que tendría que bajar allí. Que cuando volviera arreglaría la devolución de la parte correspondiente del importe. Así que me vi solo en Madrid, sin dinero para coger otro autobús... Pasé la noche paseando con mi petate, sentado en los bancos, dormitando en los jardines... Al amanecer emprendí a pie, Castellana arriba, el camino de la N-1 hacia Burgos. En las afueras hice autoestop lo que me permitió avanzar un tramo hasta Colmenar Viejo. Hice un tramo de varios kilómetros andando (el petate al hombro) hasta El Goloso y, aún no sé como, logré recalar en san Sebastián de los Reyes. Desde allí -de un tirón- a Burgos. He de añadir que, a la vuelta, al reclamar a la nueva compañía de autobuses se propagó en la pequeña ofician una epidemia de amnesia y directivos desaparecidos. Nada pude hacer.

Me quedaban 7 meses más de mili hasta "la blanca". Por una de esas casualidades de la vida tuve suerte y conseguí una semana de permiso. Parece que en ello influyó que lograrar hacer disparar a la vieja MG (ametralladora alemana de la segunda guerra mundial) que manejaba tiro a tiro a base de acariciar el gatillo con leves toques. Esa tontería pareció impresionar a algún coronel. El caso es que disponía de 7 días. Decidí, esta vez, viajar en tren.  Los militares teníamos tarifas especiales en ciertos trenes (más lentos y combinados con numerosos trasbordos). Embarque hacia Madrid, primera etapa, antes de trasbordar hacia Burgos en Chamartín pero, por desgracia sufrimos un retraso considerable. Cuando llegamos, el tren con el que debíamos enlazar ya había salido. Eran las 12 dela noche y un grupo de viajeros nos habíamos quedado sin nuestro trasbordo. Nadie se preocupó por nosotros. Una buena señora con tres niños pequeños, intentaba apurada en el andén, que algún empelado le explicara qué podía hacer. Una  hora después por fin se dignaron dirigirse a nosotros para comunicarnos que se cerraba la estación y teníamos quee abandonarla. La madre, llorando, suplicaba que la ayudaran. Finalmente un empelado le proporcionó billetes para un hotel cercano (parece que teníamos derecho a ello, al perder el enlace). Sin embargo no hay hotel para mí. El convenio con los militares -me dice- no contempla estos imprevistos. Yo tendré que pasar la noche donde pueda. Salgo enrabietado de la estación y vago por los alrededores. Busco portales, garages, algún rincón a cubierto donde echarme a dormir sobre mi petate. Nada hay en la Castellana útil a este fín. Deambulo unas  horas y acabo sentado en un banco en una zona ajardinada. Decido dejar el pesado petate escondido entre unos arbustos que hay tras el banco. Marcho, ya ligero, a dar otra vuelta por las calles iluminadas. Intento pasar el tiempo lo más distraído posible. Finalmente, cansado, me vuelvo al parque con ánimo de dormir un rato en el banco anterior. Al aproximarme observo, en la sombra,  un bulto alargado tendido sobre él. Me acerco y veo que es un mendigo. El hombre me mira con los ojos entreabiertos, desconfiado... Yo me llego a su lado y, sin decir nada,  paso por detrás, meto la mano entre los arbustos y saco un enorme petate militar. El mendigo da un respingo, se incorpora y se queda sentado. Le tranquilizo: - No se preocupe, es mío, lo he dejado antes aquí. Me vuelvo y echo a andar en busca de otro banco, lo más alejado posible de allí. Paso en un duermevela las horas que me quedan hasta que abren de nuevo la estación. Aún he de esperar varias horas más hasta que salga el primer tren (apto para militares) con destino a Burgos. Cuando realté esto a las autoridades militares del campamento, para mí sorpresa, me echaron una bronca descomunal: "Yo había sido culpable por dejarme avasallar."

Son mis historias de trenes. Cuando monto ahora en un tren de alta velocidad, apenas encuentro nada que me recuerde aquellos viejos mercancías de mi juventud. Lentos trenes de juventud. Rápidos AVES para la vejez.

sábado, 11 de diciembre de 2010

299.999.999 perdedores

Dice nuestro oráculo digital online Wikipedia que la densidad de espermatozoides en el semen varía de 50 a 150 millones por mililitro, por lo que cada eyaculación (algo superior en volumen a los 2 cm cúbicos) contiene entre 200 y 400 millones de ellos. Poniéndonos en el promedio una eyaculación del montón tendría unos 300 millones de espermatozoides. De ellos uno solo llega a fecundar el óvulo. Estamos pues ante la mayor prueba olímpica de resistencia y orientación existente.


Examinemos el reglamento de la prueba:

Una vez depositados en la vagina, el camino que han de recorrer los espermatozoides para alcanzar el óvulo, es largo y difícil. Largo porque, dada su pequeñez, los 15 cm. que les separan del óvulo, equivalen a un viaje de centenares de kilómetros para nosotros. Y difícil porque, aparte de que existen una serie de dificultades y barreras a su ascenso a través de los genitales de la mujer, han de efectuar este desplazamiento en muy breve tiempo. Esta carrera puede durar hasta tres días y los corredores derrotados morirán irremisiblemente.

La relación de obstáculos que deben salvar es impresionante: desde la presencia de sustancias cáusticas para el espermatozoide como elevadas concentración de fosfatasa ácida y ácido cítrico en los fluidos previos de la eyaculación, a la presencia en la vagina de un medio ácido que elimina a la mayoría. Únicamente los que consiguan refugiarse en el cuello del útero sobrevivirán. Allí les espera una barrera de extrema densidad y viscosidad que sólo se franqueará si es el momento preciso de la puesta ovular lo que la hará más fluida.  Cuando abandonen el momentáneo refugio en el moco cervical, muchos de ellos perderán el rumbo y perecerán. Sólo unos pocos miles conseguirán encontrar el camino de las trompas de Falopio y penetrar en ellas. Pero solamente una de ellas contiene el óvulo, lo que significa que para la mitad el esfuerzo les resultará inútil. Finalmente, poco más de una docena, los más fuertes y mejor dotados de todo aquel colosal ejército, llegarán hasta las inmediaciones del óvulo. Al encuentro con el ovulo solo se  presentarán unos doscientos espermatidos de los millones que tomaron la salida, quienes rodearánn al ovulo y liberarán una enzima que romperá las capas que forman el gameto femenino. El espermatozoide ganador se abrirá paso a través de las diferentes capas que recubren el óvulo, perderá su cola y avanzará triunfante hacia el encuentro con el núcleo.

Así que en esta extenuante carrera los "atletas" han de cubrir etapas larguísimas donde tienen que superar difíciles obstáculos físicos y químicos sustentados por chutes de glucosa (presente abundantemente en el semen), resolver difíciles problemas de orientación, prevenir posibles pájaras en el camino, luchar a brazo partido con millones de competidores e incluso asociarse con algunos de ellos para el ataque final al alcanzar la meta.  En esta pueba no hay medallas de plata de plata y bronce. es carrera de vida o muerte. Cada uno de nosotros fuimos vencedores. Dejamos en la cuneta 299.999.999 de proyectos fallidos.
 
Desde la macroescala de nuestros cuerpos adultos repetimos la experiencia. Organizamos nuestras particulares carreras bajo el lema: "Citius, altius, fortius". Premiaremos al más rápido, más alto, más fuerte; y organizaremos todo tipo de pruebas para seleccionarlo. El óvulo primigenio se torna en  un pequeño disco dorado. Por él seremos capaces de orientar toda nuestra actividad vital a conseguirlo: renunciaremos a nuestra infancia, entrenaremos durísima y constantemente,  modificaremos horarios y costumbres, restingiremos contactos y amistades, seleccionaremos rigurosamente nuestra alimentación, acotaremos nuestras actividades, tallaremos nuestro cuerpo a molde con la prueba ... y seremos incluso capaces de utilizar la pocción mágica de Obelix, la que nos permitirá ganar con más facilidad a nuestros adversarios.

Nos sorprenden en el día de hoy con la dentención de Marta Domínguez. Esta palentina, paisana cercana y entrañable, ha sido un ejemplo para todos. Una atleta de la que nos sentíamos orgullosos y cuya foto buscábamos. 

Con la salvedad de la investigación aún en curso, todo parece indicar que nuestra heroína particular no pudo resistir la tentación de llegar la primera "por todos los medios". Para mí, que sentí como su mayor hazaña la dignidad ante la caída, la valentía de levantarse y continuar; esta noticia de confirmarse, la despojará públicamente de la gloria de los vencedores y también, privadamente -a mis ojos-; de la gloria de los vencidos.