martes, 24 de marzo de 2009

Gritos

Relación de falsedades:


  • Grita fuerte, tendrás más razón.

  • Los mudos no pueden hacer una fiesta.

  • Pon más alta la música para dar más ambiente.

  • El buen rollito se hace a grito.

  • Cuanto más gritemos más nos queremos.

  • Lo bien que lo pasamos, cuando gritamos...

  • Saludos a voces, caricias a coces...

  • Grita fuerte: me alegro de verte. Mira intensamente: me alegro de gritarte.

domingo, 1 de marzo de 2009

Valladolid la nuit.


Kilómetros antes de Medina de Rioseco el canal, restaurado y cuidado, ofrece un aspecto espléndido. Vuelve a ser maravillosos pedalear por sus márgenes, con árboles magníficos, caminos cuidados y ámplios... Se nota que es un atractivo del lugar y que lo miman. Semeja una entrada triunfal la llegada a Mediana. Un pueblo importante, cuidado... Callejeé por la población sin entretenerme (estaba pendiente del horario de autobuses para Valladolid).
La parada está al lado de una gasolinera, que además está contigua al IES del que me había hablado el profesor ciclista que encontré en Herrera. Tuve que esperar algunas horas hasta que saliera algún autobús. En el bar de la gasolinera no quisieron cuidarme la bici hasta que volviera de Valladolid. Recurrí a visitar al conserje del IES y pedirle que me la guardara. Lo hizo con mucho gusto y se lo agradecí (después tuve que aumentar mi agradecimiento aún más; si algún día lee esto sabrá que realmente me hizo un gran favor).
Llegué a Valladolid, poco antes de las 10. La estación no está lejos del Puente Mayor y yo sabía que éste no estaba lejos de donde había dejado el coche. Los supermercados estaban a punto de cerrar. Yo había quedado con mis padres en que llevaría lo necesario para una barbacoa que celebraríamos en Ayuela. Mi hermano Luis cumplía años y pensábamos celebrarlo allí. Con el tiempo justo compré 2 kg. de sardinas, 1 Kg de panceta, chorizos, morcillas, un melón de unos 2 kg... Aproximadamente cargué con 8 Kr. de peso. Ya anochecido cogí las pesadas bolsas de plástico y me dirigí hacia donde me parecía que dejé mi R11. De noche todos los gatos son pardos y, calle tras calle, no lograba encontrar la de mi aparcamiento. Serian las 11 cuando empecé a preocuparme seriamente. La rivera del Pisuerga estaba desdibujada y ya no situaba los puentes y edificios tan claramente como el día de mi llegada. Probé a explorar los alrededores de cada puente, pero nada... Las bolsas pesaban como demonios. Preguntaba a los transeuntes: ¿Oiga, por favor, sabe donde está el puente del Regueral? Nadie parecía conocerlo: me hablaban del puente Mayor, del puente de Poniente, del Puente de Morato... - ¡Ay, Dios, seguro que la memoria me ha jugado una mala pasada y no recuerdo bien el nombre del puente...
Desesperado de callejear al azar, de ir y venir varias veces por las mismas calles vestido de ciclista y con 5 bolsas de plástico cargadas de sardinas, morcillas... opté por entrar en un bar próximo al puente Mayor. El bar "La amistad" tenía un nombre tranquilizador. Tras contarle mi odisea convencí al dueño para que me permitiera dejar las bolsas en su local. Un poco a regañadientes accedió. Eran las 12 de la noche. Por lo menos la búsqueda la haría sin dañar las manos, que empezaban a despellejarse bajo por el peso de las dichosas bolsas. Aún estuve una hora y media más callejeando, preguntando, fijándome en cada coche con la esperanza de encontrar el mío. Preguntaba por el Puente de Regueral cada 5 minutos. Hubo alguno que me respondió a la gallega, casi con impertinencia: -¿y para qué lo quiere saber? ... Cuando les contaba la historia tenía la impresión de que no me creía nadie... Desalentado decidí dejar de buscar. Intentaría encontrar un sitio para dormir. Volví al bar "La amistad" y traté de convencer al dueño de que me guardara las bolsas hasta el día siguiente. Evidentemente había estado curioseando el contenido pues me respondió que no se comprometía a tener esa mercancía en el local, que hacía calor y que... En fin, le agradecí el primer favor y aún le pregunté por alguna pensión u hostal cercano. Me informó que no las había por allí y me indicó la dirección del centro. Eran aproximadamente las 2 de la noche. Volví de nuevo a callejear por Valladolid-La Nuit disfrazado de ciclista-recadero de supermercado. Ya ni me preocupaba de las miradas de la gente al verme de tal guisa. Preguntando aquí y allá no acababa de encontrar ni una miserable pensión... A la altura de un semáforo me topé con una pareja de policías de servicio en su coche municipal. Les pregunté por una pensión y me dieron un dirección precisa que agradecí. Cuando iba a proseguir, se me ocurrió probar una vez más, casi sin esperanza: - Oiga, ¿no sabrán por casualidad cual es el puente de Regueral?...
¡Bingo! Los municipales no dudaron en indicármelo y me aclararon que la gente lo suele conocer como puente "Del Poniente". ¡¡¡Diosssssssssss!!! Volví sobre mis pasos hasta la ribera del Pisuerga. Allí localicé el dichoso puente "Del Poniente". Eran las 2:30 de la madrugada. Valladolid-la Nuit en todo su apogeo por esa zona: terrazas, bares de copas, grupos de jóvenes bien vestidos y alimentados, aseados, muy pijos ellos, vivían esas horas en que el frescor conserva los cuerpos desodorizados y bienolientes. Yo pasaba con mi atuendo sudado de ciclista, con mis bolsas-barbacoa, con mi cansancio y mi enfado... Estaba harto de las dichosas bolsas. Decidí esconderlas tras un seto en uno de los jardines próximos al puente. Volvería a por ellas cuando encontrara el coche o las dejaría allí para siempre. Exploré el puente a ambos lados. Con alivio descubrí la placa que daba nombre al mismo: "Puente del Regueral". Enrabietado pero aliviado enfilé la calle próxima donde dejé el coche: allí estaba. Casi le acaricié.
Volví hasta la glorieta donde dejé las bolsas. Paré al lado del jardín donde escondí las bolsas. Salté el seto ágilmente ante la mirada de asombro de la gente sentada en las terrazas próximas. Con aire desafiante cogí el botín y lo metí en el maletero del coche. La gente con la boca abierta y pensando ¿droga?, ¿un indigente?, ¿un robo?... Sin mirar atrás, sentarme al volante y arrancar con un buen acelerón. ¡Adios, Valladolid!: Me sacudo el polvo de mis sandalias (o debería decir ruedas) al salir por la carretera N-601 dirección Medina de Rioseco.
Serían las 3:30 cuando llegué a Medina. Abrigaba la esperanza de que el buen conserje del instituto me hubiera dejado la puerta abierta. Si no era así me aguardaba dormir en el coche hasta el día siguiente cuando pudiera abrirme para recuperarla. Afortunadamente había dejado una puerta abierta.
Casi como un ladrón entré en los jardines del instituto y encontré la bici, encadenada en el sitio donde la dejé. Improvisé una nota de agradecimiento que coloqué en el tablón de anuncios y cargué la bici en el viejo R11.
De ahí a Ayuela aproximadamente una hora de viaje. Era una noche cálida. Pero me sentía feliz. Al final todo sale bien. Las anécdotas, los ratos más penosos, te hacen incluso sonreír... Incluso, sin prisa alguna, me detengo en un pueblo desconocido, me acerco a su fuente solitaria y bebo un sorbo de agua fresca... La noche es bellísima, cuajada de estrellas... Unos kilómetros más y llegaré a Ayuela. Al día siguiente nos espera una bien ganada barbacoa.
Jesús Marcial Grande11-14 de julio de 2004

viernes, 27 de febrero de 2009

Imágenes equívocas & palabras equívocas.


Por dos veces la endeble caja donde porto mis audífonos acabó en la lavadora al ovidarla descuidadamente en los bolsillos del pantalón. Puedo imaginarme sus circuitos diminutos y los delicados cablecillos abatidos por los chorros de agua caliente, agredidos por el detergente y sacudidos por el vertiginoso empuje de la centrifugafora. Añadiendo a esto las veces que se me abre la dichosa cajita y el enorme espacio que desperdicia para guardar tan pequeña maquinaria me decidí a buscar un objeto más manejable y seguro. Había pensado en algún cilindro metálico roscado (Algo parecido a lo que describe Henri Charriere en "Papillón" y que se usaba en las prisiones de la Guyana Francesa para ocultar en el interior del intestino billetes de alto valor. Naturalmente yo no utilizaría su procedimiento de ingenstión bucal y extracción por el ano como allí. Símplemente lo llevaría colgado o en el bolsillo).
Durante algunas semanas me rondó la idea por la cabeza y paraba ocasionalmente en bazares y comercios buscando este tipo de objeto concreto. No lo encontraba por ningún lado hasta que un día, haciendo tiempo para asistir a un seminario, en una pequeña tienda de bisutería en el Cenro Comercial El Val de Alcalá vi en el escaparate un cilindro plateado colgado de una anilla a modo de llavero que parecía a propósito para mis fines. Entré decidido en la tienda para comprobar que se ajustaba a mis necesidades y pregunté a la joven dependienta con aire decidido:
- Ese cilindro plateado del escaparate... ¿Me lo puede enseñar? Es para meter un objeto personal...
La chica me miró y sonriendo me lo acercó mientras respondía:
- Naturalmente...
Me lo entregó en mano y yo le examiné con cuidado. Comprobé que la rosca era segura y estanca.
- Me parece que no me van a caber... creo que son más grandes que este hueco... Es que yo uso dos y no sé si me cabrán cuando me los saco...
La dependienta me miró con la boca abierta, pero no dijo nada...
- Les tiene más grandes...
La joven dudó un momento. Me miró cautamente antes de responder:
- Tenemos unos más grandes. Los que usan las chicas...
Contesté rápidamente: - Me da igual. Si me sirven...
Se volvió y alcanzó de un estante unos objetos similares pero bastante más grandes...
- No, es demasiado grande. No me sirven... Me gusta más el otro... Oiga, ¿Me puede decir para qué usan las chicas este cilindro tan grande?
- Para meter los tampones.
- Ah. (Mi cara reflejaba la sorpresa). ¿Y este pequeño?
- Para llevar los preservativos...
- (¡Tierra, trágame!)

sábado, 17 de enero de 2009

Delincuente juvenil

La historia oficial habla de un niño de ocho años llamado Jesús Grande que un día entró al frente de una pandilla de críos en este edificio arrastrandose bajo la puerta. Dentro de este edificio histórico burgalés, entonces convertido en almacén, robó unas bolsas de detergente y se las llevó a uno de los descampados cercanos, lugar secreto de juegos y reuniones infantiles.

La historia recordaría la angustia de un chiquillo inocente que jugaba con su pandilla en el campo de futbol compactado con hollín cercano a su casa y compartía el viejo almacén de pilones al raso como lugar secreto de reuniones y que de repente se vio evuelto en una pequeña conspiración infantil.

La memoria nos muestra imágenes de ese niño jugando junto a la fuente de la esquina de la calle Barrio Gimeno con La Iglesia de S. Cosme y S. Damián en la gran manzana que formaba el colegio Liceo Castilla. Un desconocido de aspecto severo se le acerca y le pregunta si conce a fulanito y menganito... Confiadamente le dice que sí, que son sus amigos... El desconocido (un triste policía secreto de la época franquista) en un movimiento aparentemente involuntario le deja ver una pistola sujeta al cinto... El terror y la desconfianza que se apoderan del niño inocente que empieza a titubear y evadir respuestas y compañía de tan amenzadara prensencia.

La mente actual de aquel niño aún intenta explicarse aquella sucesión de acusaciones, desconfianzas y confusiones.

Acusado de robo. Mi padre que trabajaba en la Audiencia me conducía él mismo a los interrogatorios y, en los pasillos y a la puerta de los inspectores, aún me apremiaba: ¡Dí al verdad!

- Pero, papá, si digo la verdad... Yo no he cogido nada... Claro que conozo a esos niños, son amigos míos, pero no sé de qué cosa hablan que cogí....

Hubo alguna ocasión en que tube que abandonar el colegio para ir a declarar... Delincuente juvenil a los ocho años.

Mis compañeros del barrio había elegido el chivo expiatorio. La víctima ideal. Se habían fijado en el más débil para que pagara el pato de aquellas travesuras infantiles.

Pasaron algunas semanas de confusión e incertidumbre. Con tu padre insistiendo en que debía decir la verdad (cada vez que lo reiteraba era un nuevo hachazo a la confianza filial). Con la evitación continua de tus viejos compañeros. Enrevesandose las cosas en la instrucción de la causa. Contradiciones y dudas en mi cabeza infantil.

¿Qué pasaba entonces por mi cabeza? - Más de una vez he pedido a mi padre que me permitiera, si era posible, examinar el expediente de aquellos sucesos, leer mis propias declaraciones y las ajenas... ¿Quién me acusaba y de qué? ¿En qué términos? ¿Por qué lo haría?...

De aquella época me queda la amarga desconfianza hacia la justicia. La creencia en la estupidez de algunas personas que no sabían discriminar la verdad y la mentira entre el terror de un chiquillo angustiado. La triste experiencia de la fugacidad de la amistad cuando las cosas se ponen duras... La desolación de percibir la desonfianza de tu propio padre...

Y hoy, cuarenta y dos años después paso por delante de esta puerta y hago una foto para certificar que existió este suceso y tuvo su importancia en mi vida, quizás más de lo que yo mismo haya pensado. Intento mirar por los viejos postigos, asomarme a sus rotos cristales suplantados por viejos plásticos y me esfuerzo por recordar... pero ninguna imagen familiar me viene a la memoria. Suspiro aliviado. Uno llega a creerse las falsas acusaciones si todo el mundo insiste en asegurártelas.

¡Definitivamente no soy un delincuente juvenil! Aunque la vida me ofrecía gratis los primeros créditos de esta carrera.

jueves, 1 de enero de 2009

No tengo esa corazonada

Mañana será el día que se decida la futura sede olímpica para el 2016.

Siento decir que yo no siento esa corazonada. Bien quisiera, pero soy realista. No obtendremos la sede olímpica y eso ocurrirá por segunda vez. Con lo que la frustración será doble.

Estoy haciendo un arriesgado ejercicio de predicción. Si, por casualidad, se concediera a Madrid la oportunidad de organizarlo mi capacidad de anticipación y mis razonamientos quedarían a la altura del betún. Asumo el riesgo. Si gana Madrid, que lo deseo, reconoceré gustoso que me equivoqué. Pero no lo creo...

Creo que ganará Río de Janeiro...
... y lo pienso por las siguientes razones:
  1. La rotación de continentes. Es una norma no escrita, pero que se aplica desde las Olimpiadas de Helsinki, hace más de 50 años (1952). Le tocaría pues a Chicago, Río o Tokio. Además hay saturaciónen la lista de ciudades europeas. El olimpismo quiere ser un fenómeno universal y hará lo posible para conseguirlo.
  2. Las apuestas. En las casas de apuestas del Reino Unido (una de las apuestas legalizadas) se paga el acierto de Chicago ó Río "2 a 1", aprox. y "16 a 1" en el caso de Madrid. Los apostantes no son tan tontos. En las apuestas vía internet se paga on line aún a mayor porcentaje el éxito de Madrid "17 a 1". Esto da fe de la escasa confianza en nuestras posibilidades a nivel internacional.
  3. Río de Janeiro es mi predicción. ¿Por qué? Pues porque Brasil es un país
    que nunca ha sido sede. Y América sólo lo fue en ciudades de EEUU. ¿Cómo va a perder la oportunidad el Comité Olímpico de fomentar la participación y la diversificación de esta actividad tan planetaria?
  4. Además Río se asocia inmediatamente con "alegría, fiesta, samba, multitudes entusiasmadas, color, mulatas, clima..." Un coctel irresistible.
  5. Porque Rio va a tener el apoyo de todos los países latinoamericanos. Es su territorio. Con España tienen una relación ambivalente.
  6. Porque, aunque sus infraestructuras y transportes adolecen de graves defectos, se confía en la pujanza de su economía, su actual estabilidad, su creciente influencia y su capacidad para salir al paso de las dificultades con humor y una sonrisa.
  7. Porque, en España, tenemos la espada de Damocles de la posibilidad e un atentado del grupo terrorista ETA que aprovecharía cualquier oportunidad para hacerse notar. En Brasil, con serios problemas de seguridad, no serían tan mediáticos. ETA se ha sabido vender. ¿Recordáis la pregunta del príncipe de Mónaco en la pasada convocatoria?
  8. No será Chicago. Pese a la presencia de Obama y que es la primera en las encuestas, creo que el comité no valora positivamente (y ya ha tenido experiencias en donde aprender) el sistema de financiación americano. Además EEUU ha sido ya sede varias veces.
  9. No será Japón. La población no lo apoya suficientemente. Vende mucho la actitud de la gente. Las multitudes colaborando son muy fotogénicas (¿recordáis las pasadas olimpiadas en China?)
  10. No será Madrid. La crisis nos golpea fuertemente y eso se sabe. El informe previo fue muy duro. Demasiado para no parecer un "preparar la cama" para la decisión negativa final. Algunas de las razones (" la desigual presentación de las comisiones") apuntan en la dirección de el rechazo. Por cierto no perdonaré a nuestros "empobrecidos y sufridos" futbolistas del Madrid (Raúl, Guti, etc.) el plantón que dieron a la comisión olímpica en la propia capital... Seguro que estaban ocupadísimos... Lo siento. Ese gesto no tiene perdón pese a que ahora se afanen en acompañar a nuestros representantes en Copenhague.
Este es le decálogo de razones por las que piesno que no seremos sede. Me duele no tener esa corazonada. Las cosas son como son. Si acierto no pasará nada especial. Si gana Madrid tendré que esconderme debajo de las piedras y consolar a mi ego.
Mañana, la respuesta.

El minuto de máxima audiencia

Siempre me ha sorprendido esa capacidad que, al parecer,  tenemos los televidentes para prever el futuro y colocarnos frente al televisor "justo cuando se marca el gol más espectacular" o, en la serie de moda, se produce "la escena de acción más esperada".   Esto no ocurre ni antes ni después, ocurre justo cuando hay más gente frente a la pantalla. Parece que la gente presiente el momento exacto para amontonarse frente al televisor y, en una coincidencia planetaria, acumular espectadores en el share. Una corriente imperceptible e inconsciente nos empuja a ver la TV en el momento preciso en que ocurrirá el acontecimiento más impactante... 
Realmente cosa de brujas o sexto sentido o percepción extrasensorial o... lo del share es un cuento (más bien). 

Un auténtico entrenador soñador


Esta es la mirada de un auténtico entrenador soñador:


  • Una mirada humilde

  • Una mirada alegre

  • Llena de ilusión

  • Plena de agradecimiento...
Esta mirada sólo se consigue:
  • Después de un trabajo duro
  • Tras tomar las decisiones arriesgadas
  • Después de encarar las situaciones y las personas sin miedo
  • Asumiendo la responsabilidad y el exito.
Y esa mirada significa:
  • Que haces tu trabajo con alegría y eficacia.
  • Que vislumbras un exito merecido.
  • Que das gracias a todos.
  • Que crees en ti mismo.



¡Felicidades!
¡Campeon de los Entrenadores Soñadores!

Porque después de estos meses:
  • Has demostrado ser un gran entrenador...
  • ... con sueños que se han hecho realidad, incluso superados...
  • ... mantienes tu humildad y buenas maneras...
  • ... respetas al contrario y a los propios...

Y además:

¡Has metido una paliza de 6-2 y en casa a la finca de ambiciones local!