lunes, 17 de abril de 2017

Nuevos blogs

Este blog ha cerrado.

Seguiré publicando artículos en nuevas bitácoras de temática más especializada:

Destejiendo el arco iris (divulgación  científica con un toque personal) 

El escritor en su guarida (opinión  y reflexiones personales)

Poesía (mis ocasionales poemas)

Fotografía (ensayos y errores en el mundo de la imagen)

lunes, 28 de marzo de 2016

Pallantia


Te contaré un secreto: a falta de santo, que ningún San Jesús hubo que llegara a ello hasta hace bien poco pues ese nombre era considerado blasfemia, yo cumplo años dos veces: una por lo civil y otra por lo natural.
Todo ocurrió  por ser mis padres muy  pobres, y despistados. Tras el parto en el Hospital Provincial olvidaron inscribirme en el registro en su momento y ello les obligó luego a mentir sobre mi fecha de nacimiento. Tuvieron que declarar que fue dos días después de la fecha real, para no pagar la pequeña multa que les hubieran impuesto (pequeña para la mayoría, pero grande para ellos). Así, ante la doble gloria del 12 de octubre, fiesta nacional y de la Virgen del Pilar, tengo la íntima (y secreta) satisfacción de mi aniversario real el 10 de octubre donde mi cuerpo sabe que me alineo de nuevo con el sol y los planetas de mi nacimiento.
Nací en Palencia, con P. Lo aclaro porque el cincuenta por ciento de las veces que lo digo, lo confunden con Valencia, ciudad de más renombre por múltiples motivos. Palencia, sí, la humilde ciudad castellana de apenas 82.000 habitantes, antiguo poblado ocupado por las tribus celtíberas de los vacceos, y cuyo topónimo corresponde seguramente a ser un "cerro amesetado".  Palencia posee una bandera morada participando así de el clásico error de atribuir el color morado a las banderas carmesí de los antiguos pendones de Castilla. Hoy se sabe que el morado resulta de una degradación natural de los tintes que se empleaban entonces para conseguir el encarnado o gules de los pendones. Su escudo, cuarteado, tiene en cuarteles opuestos sendas torres (representando al condado de Castilla del que formaba arte) y dos cruces merecidas por la actuación de los palentinos en la batalla de las Navas de Tolosa en 1212.

De su historia antigua guarda algún recuerdo romano como su Puentecilla (puente sobre el rio Carrión). Pero su mayor esplendor legó en la época visigótica, en la que llegó a ser doble sede (de la corte y episcopal). La cripta de San Antolín y la cercana iglesia visigótica de San Juan de Baños atestiguan su importancia en esta época. El la turbulenta Edad Media tuvo mucha proyección en los acontecimientos de León y de Castilla. Entre 1208 y 1212, y a instancias del Obispo Tello Téllez de Meneses, el rey Alfonso VIII de Castilla, estableció una institución educativa que fue la primera Universidad de España denominada Universidad de Palencia o Estudio General de Palencia, recibiendo la aprobación pontificia de Honorio III en 1221 y desapareciendo unas décadas más tarde.

Sus mujeres fueron de armas tomar, literalmente. Ocurrió en 1388, cuando los hombres de la ciudad estaban fuera luchando a las órdenes de Juan I de Castilla que intentaba detener el avance de ingleses y portugueses tras la debacle castellana en Aljubarrota.  En aquel año las tropas del Duque de Lancaster llegaron con intención de saquear la ciudad apretados por los fiascos al aprovisionarse en Benavente y Valderas. Pero las mujeres palentinas se armaron con lo que pudieron y la defendieron valerosamente evitando la sometiera. Es más, en vez de esperar el  previsible ataque de los ingleses se armaron con lo que pudieron y les sorprendieron en el remanso del río Carrión donde estaban acampados a la espera de la segura victoria del día siguiente. Con los pañuelos anudados, los zuecos y los mandiles, blandiendo rastrillos y guadañas, las palentinas forman un ejército insólito, tan extraño que parece algo sobrenatural, incluso tenebroso. Pese a las numerosas muertes entre las mujeres palentinas las tropas del Duque terminaron replegándose. Palencia fue salvada por el arrojo y empeño de sus valerosas mujeres. La campaña del Duque resultó finalmente un desastre y Juan I (siempre prudente y dispuesto a pactar) firmó con él el tratado de Bayona en 1388 donde acordaron el matrimonio de don Enrique, heredero del trono de Castilla, con Catalina, hija del duque inglés y nieta de Pedro I el Cruel por línea materna. Impresionados por la resistencia de las mujeres de Palencia, el duque y el monarca castellano escogieron esta ciudad para la celebración de la boda, que tendría lugar el 17 de septiembre en la catedral de San Antolín. Como premio a su gran valor, Juan I concedió a las mujeres palentinas el "derecho de tocas", permitiéndoles llevar en sus tocados una banda de color rojo y oro, símbolo de la ciudad y que hasta entonces era derecho exclusivo de los caballeros. Hoy en día queda recuerdo patente de ello en la banda amarilla que luce su traje regional.

Su catedral, la bella desconocida, está inconclusa: nunca se han llegado a construir las dos torres que acostumbraban a presentar las catedrales castellanas. El templo actual se asienta sobre una primera catedral visigótica y otra posterior románica.

Durante el s. XVI formó parte, junto a otras ciudades de Castilla, del corazón económico y demográfico del Imperio Español, que "esta es Castilla, que face a los omes e los gasta" como muy bien dijo Alfonso Fernández Coronel antes de morir ejecutado siglos antes. En el s. XVIII llega hasta la villa el Canal de Castilla, impulsado por Fernando VII y Carlos III, una de las mayores obras de ingeniería de Europa en la época. 
En la primera mitad del s. XX la ciudad adquiere importancia en la I Guerra Mundial y la Guerra Civil Española al hacerse importante el abastecimiento de materias primas muy necesarias como harina, lanas y armas. En la actualidad la demografía está en declive. Muchos palentinos emigran al carecer de tejido industrial (si bien es notable la industria agroalimentaria y automovilística, pero nunca respondiendo a las posibilidades que ofrece la provincia; no hace muchos años desde que la harina de Tierra de Campos era embarcada en el ferrocarril para fabricar galletas en Cataluña o el País Vasco, por ejemplo). 

Y este es un breve recorrido panorámico histórico por la ciudad que me vio nacer. Tenía necesidad de realizar una entrada sobre ella, se lo debía. Agradezco a Wikipedia y otras fuentes  parte de los datos documentales que aquí he vertido. 

En esta ciudad pasé la primera semana de mi vida, en la cuna del hospital que, según cuenta mi madre, estaba muy cerca de la fábrica de armas. Luego me llevaron envuelto en pañales a Ayuela donde pasé el primer año de mi vida. Es sorprendente que, pese a ser mi lugar de nacimiento y haber pasado gran parte de los veranos de mi vida en uno de los pueblos de la provincia, la haya visitado tan poco. Apenas recorrí sus calles en alguna ocasión, de paso. La he visitado de nuevo la realizar la ruta del Canal de Castilla. Pernocté en ella a la ida y a la vuelta de esa ruta. Hace un par de días visité el hotel "El Jardinillo", donde estuve hospedado y dejé mi bici en un estrecho pasillo de la plana baja. Aquel hotel fue la opción después de que, preguntando por un lugar económico para pasar la noche, me enviaran al albergue de transeuntes. No, la necesidad no era tanta.  En la actualidad viven en ellas mis tres  primas así que no faltan casas que visitar. Poco a poco la voy conociendo. Su casco histórico, casi completamente peatonal, sus numerosos y coquetos jardines y sus múltiples monumentos son un regalo de cumpleaños, antiguo pero desconocido, que voy abriendo poco.

sábado, 6 de septiembre de 2014

Grandes historias de cosas pequeñas - 11: ¡Palentina libre!


Paseo por Saldaña un martes, día de mercado. La villa está llena de visitantes de los pueblos de alrededor que aprovechan para hacer acopio de frutas, verduras, embutidos y artículos varios que no pueden encontrar en su  localidad de origen. Saldaña es un histórico municipio de Palencia, lugar de hechos notables y primer sitio del que se tiene constancia escrita de la celebración de una corrida de toros en España (escribo el dato pues muchos se sorprenderán de que no sea "su pueblo" en de ancestros taurinos más probados). Es una mediana localidad situada en la vega del Carrión cercana a la muy interesante Villa Romana de La Olmeda, todo un referente en la actualidad en construcciones romanas rurales por su estructura, sus mosaicos y su bien conservado hipocausto.  En uno de los escaparates me fijo en una camiseta cuyo diseño llama mi atención. El lema serigrafiado también tiene un punto provocativo: ¡Palentina Libre!. Inevitablemente me viene a la cabeza el ataque de Israel contra la franja de Gaza: los bombardeos, los lanzamientos de cohetes, los dos millares de muertos bajo los escombros... (y en una esquinita muy pequeña de esta imagen mental alguna decena de muertos israelíes, que también los hubo). El detalle del tirachinas le asocio enseguida a la intifada y no deja de chocarme su uso por  una aguerrida mujer vestida con el traje regional palentino.

Se lo comento a mi hermano que me acompaña y este se sonríe mientras empieza a contarme una anéctoda a propósito de estas provocativas camisetas. Resulta que tiene una compañera en su hospital (es celador) que es palentina e inocentemente compró una camiseta como estas. Quizás le llamó la atención su diseño o el propio lema, o acaso lo hiciera como irónica respuesta a tanta: ¡Cataluña libre! ¡Euskadi independiente! ¡León solo!... que se prodigan tanto en el mosaico peninsular. El caso es que lució orgullosa su flamante camisita, se fotografió sonriente con ella y colgó las fotos en su facebook. Unas semanas después recibió una citación de la policía en su domicilio. Tuvo que ir a declarar a comisaría y explicar si tenía algún tipo de relación o sospechosa simpatía con movimientos terroristas propalestinos. Por lo que pudo deducir del interrogatorio había sido el propio Mosad (servicio secreto israelí) quién había pedido a la policía española (favor con favor se paga) que investigara su persona. 

La historia tenía tintes de leyenda urbana. Me sorprendía bastante que el Mosad llegara al extremo de identificar patrones de texto en las, sin duda, billones de fotos que explora en toda la red mundial y me resultaba increíble que contactara con la policía española y realizara una petición de investigación a una ciudadana española. Si así fuera su ascendencia sobre los servicios secretos españoles debía ser mucha. Quise comprobar si había algún caso relatado en la red y me encontré con que la polémica camiseta estuvo en el candelero hace dos o tres años, cuando apareció en el mercado. 

Las explicaciones, más o menos peregrinas, que algunas fuentes dan para el curioso diseño de la empresa palentina "Niquis del Páramo" aluden con socarronería a aquellas mujeres que en 1387 lucharon y vencieron al duque de Lancaster en el asedio a la ciudad  de Palencia cuando los hombres combatían en otro frente. Por ello recibieron una banda de oro que, como es lógico, en la camiseta luce: "Palentina Libre". Así nos lo describen algunas crónicas. "Sin lanzas, ni escudos, ni espadas, las mujeres revuelven por sus casas para encontrar herramientas puntiagudas y amenazantes. Con los pañuelos anudados, los zuecos y los mandiles (¿y por qué no tirachinas?), blandiendo rastrillos y guadañas, las palentinas forman un ejército insólito, tan extraño que parece algo sobrenatural, incluso tenebroso". Como premio a su gran valor Juan I, monarca de Castilla, concedió a las mujeres palentinas el ‘derecho de tocas’, permitiéndoles llevar en sus tocados una banda de color rojo y oro, símbolo de la ciudad y que hasta entonces era derecho exclusivo de los caballeros. El traje regional palentino incorpora esta merced del monarca en reconocimiento al heroico comportamiento de aquellas mujeres.

Algunos blogs, se guasean de las protestas que la aparición de la camiseta suscitó en algunos medios israelíes, con noticias ficción en las que describen un conflicto internacional de relevancia planetaria:  
Las calles de la ciudad de Palencia se han llenado esta mañana de ciudadanos que, luciendo el tradicional pañuelo palentino, acudían frente a la catedral de San Antolín para quemar banderas israelíes tejidas previamente a mano. “El Estado de Israel no tolerará más ofensas”, advertía el Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu. Pese a que la ministra española de Exteriores, Trinidad Jiménez, insiste en “no avivar este odio irracional”, el alcalde palentino Alfonso Polanco, del Partido Popular, se declara decidido a “levantar a la ciudadanía contra una opresión tolerada y consentida por nuestro propio gobierno”.
Mientras Netanyahu amenaza con bombardear Castilla y León, Polanco prepara a la población para la ofensiva: “No olvidemos que Israel cuenta con aviones de combate Phantom F4-E además de helicópteros Apache, Cobra y Blackhawk. Es decir, que no hay rival pequeño”. También asegura que “si se crecen, soltaremos a los toros”.
La tensión entre israelíes y palentinos ocupa en estos momentos las principales portadas de la prensa internacional. “Una aldea española empitona al orgullo israelí”, titula hoy The New York Times. La mayor parte de los analistas coincide en señalar que un enfrentamiento armado entre ambas comunidades podría afectar a una economía mundial ya suficientemente mermada. Por este motivo, el Gobierno español intenta calmar los ánimos y llama al orden al ayuntamiento palentino, que está recogiendo piedras y todo tipo de armas para hacer frente a una explosión de violencia que se da por segura.

“¡Que vengan, que vengan!”

Por muy evidente que a algunos les pueda resultar la provocación no es en absoluto comparable a la real agresión, con miles de iconos desgarradores, realizada en la franja de Gaza contra los palestinos, muchos de ellos inocentes e indefensos. En esta guerra asimétrica de piedras contra tanques, sólo nos faltaba que no pudiéramos sacar en una camiseta ni siquiera un rústico tirachinas virtual sin que se ofendan las sectas farisaicas hebreas.