Halellujah (versión película Sherk)

Leonard Cohen - Take This Waltz

viernes, 2 de diciembre de 2016

Una palabra y mil imágenes - 16: Ivanhoe

Walter Scott la escribió en 1819 en la edad del romanticismo. El siglo XII fue la época de su relato.  En 1957 se rodó en tierras inglesas. La Columbia Pictures la produjo. Roger Moore la interpretó. La ITV la emitió en entre 1957 y 1958 en Estados Unidos e Inglaterra... Unos cinco años después, en la sala de cine del viejo Liceo Castilla de Burgos, un niño de siete años la veía fascinado.

Él fue su admirado caballero, su héroe. Él era el líder anhelado por los campesinos que luchaban contra el cruel rey Juan sin Tierra, el tirano, hermano de Ricardo Corazón de León ausente mientras luchaba en las Cruzadas.Él anunciaba su llegada al son del cuerno de caza. Él levantaba al pueblo llano al paso de su caballo al galope mientras un muchacho de la plebe con su misma edad y pobreza gritaba anunciando su llegada:

¡Ivanhoe!


Rodada para la televisión, gran parte de los 29 capítulos de media hora, fueron vistos en España en los cines en blanco y negro. Ante mis ojos nuevos se desarrollaban aventuras medievales que me hacían soñar y vivir otras vidas. Allí aprendí que existían otros tipos de maldades que no conocía, allí conocí que había esperanza pues había hombres buenos y valerosos, allí supe que siempre triunfa la bondad...  

El mundo tenia un orden. La ley acaba prevaleciendo. Los pobres terminan por ser felices. El amor siempre triunfa. 

¡Oh, mi universo infantil! Edad de los caballeros, tiempo de la bondad, estado de la esperanza... Siento el impulso de regresar, de volver al seno materno, a la seguridad que dan los seres protectores...  Porque ocupan el mundo los Juan sin Tierra, porque se adueñan de todo los avariciosos con poder. Y yo no puedo quitarme de encima la música de tu llamada: esas notas al clarín que llaman a la Justicia: 
¡Ivanhoe!,  ¡Ivanhoe!, ¡Ivanhoe!...

martes, 29 de noviembre de 2016

Una palabra y mil imágenes 27: Mar

A por el mar,
a por el mar que ya se adivina,
a por el mar,
a por el mar, promesa y semilla
de libertad,
a por el mar, a por el

 mar.



Allá por 1957, cuando yo nací, en la vecina Francia un grupo de guionistas cinéfilos empedernidos fundó un movimiento cinametográfico que llamaron "Nouvelle Vague". En el caldo de cultivo de los numerosos cineclubs galos creció aquel movimiento que postulaba la reducción al mínimo de la manipulación y la artificialidad y que resaltaba el papel del director como creador absoluto. Uno de sus directores más representativos fue Francois Troufeau al que llegué a conocer bien a través de los cineclubs patrios (y algo clandestinos) quince años más tarde, justo la edad que tendría el protagonista de nuestra película de nuestra entrada: "Los cuatrocientos golpes".

Antoine Doinel huye de una vida de penurias y, escapado de un correccional, se dirige corriendo (una carrera de de más de tres minutos de tiempo cinematográfico) hacia una playa desierta. La escena final, filmada en un memorable plano secuencia mediante un travelling de un minuto largo,  es una de las más famosas del cine. La película termina con Antonine entrando apenas en el mar y volviéndose hacia la cámara a la que mira mientras esta se acerca con el zoom para mostrar el rostro interrogante y desvalido del  protagonista ante un mar que le corta el camino.

François Truffaut, el director, volcó en esta película gran parte de sus experiencias de la infancia. El final, un final abierto que cada espectador completa a voluntad, fue tergiversado por la censura en España. Este hecho fue musicado por Luis Eduardo Aute en una de sus canciones emblemáticas "Cine, cine, cine".  Por cierto este cantautor es también el autor de la estrofa inicial que da paso a la entrada. Ambas están, en mi opinión, inspiradas en esta película imprescindible. 

Letra de Cine, cine (L. Eduardo Aute)

"Recuerdo bien
aquellos «cuatrocientos golpes» de Truffaut
y el travelling con el pequeño desertor,
Antoine Doinel,
playa a través,
buscando un mar que parecía más un paredón.
Y el happy-end
que la censura travestida en voz en off
sobrepusiera al pesimismo del autor,
nos hizo ver
que un mundo cruel
se salva con una homilía fuera del guión.

Cine, cine, cine,
más cine por favor,
que todo en la vida es cine
y los sueños,
cine son.

Al fin llegó
el día tan temido más allá del mar,
previsto por los grises de Henri Decae;
cuánta razón
tuvo el censor,
Antoine Doinel murió en su «domicilio conyugal».
Pido perdón
por confundir el cine con la realidad,
no es fácil olvidar Cahiers du cinéma,
le Mac Mahon,
eso pasó,
son olas viejas con resacas de la Nouvelle Vague."

domingo, 27 de noviembre de 2016

Día del maestro

Feliz día, maestros. 

Una palabra por mil imágenes 32: Muerte

"Y cuando el Cordero rompió el séptimo sello del rollo, hubo silencio en el cielo durante una media hora." 

Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas se dispusieron a tocarlas.
El primer ángel tocó la trompeta, y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra; y la tercera parte de los árboles se quemó, y se quemó toda la hierba verde.
El segundo ángel tocó la trompeta, y como una gran montaña ardiendo en fuego fue precipitada en el mar; y la tercera parte del mar se convirtió en sangre. Y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y la tercera parte de las naves fue destruida.
El tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del cielo una gran estrella,ardiendo como una antorcha, y cayó sobre la tercera parte de los ríos, y sobre las fuentes de las aguas.Y el nombre de la estrella es Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo; y muchos hombres murieron a causa de esas aguas, porque se hicieron amargas.
El cuarto ángel tocó la trompeta, y fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas, para que se oscureciese la tercera parte de ellos, y no hubiese luz en la tercera parte del día, y asimismo de la noche.
 En la Tierra, junto al mar, el caballero cruzado tiende su tablero. Un desconocido se le acerca...
- Quién ere?
- La Muerte.

La peste bubónica (La Muerte Negra), asoló el continente europeo entre los años 1346 y 1361, matando a un tercio de la población. El los años anteriores, desde su inicio en las estepas de Asia Central,  había devastado extensas regiones del desierto de Gobi, Birmania, India y China. Las cifras de muertos estimadas resultan sobrecogedoras: 25 millones en Europa, 60 millones en África y Asia. De esta epidemia no se salvaron reyes, nobles, clérigos o soldados. Las pulgas (presuntos portadores del bacilo Yersinia pestis, causante de las infecciones) viajaban entre la ropa de gentes de toda condición. Antonius Block, un caballero cruzado, regresa que regresaba con su escudero Jöns después de guerrear en Tierra Santa era uno de los candidatos.

El gran guionista y director teatral y cinematográfico Igmar Bergman, nos regaló una obra maestra cuando dirigió esta película. Las imágenes precedentes corresponden al inicio del film y en ellas, con una economía de medios y una simbología admirables, nos presenta la visita de La Muerte a un caballero cruzado. Éste logra retrasar su destino retando a La Parca a una partida de ajedrez. Pero el Jaque Mate final será inexorable. Entre tanto intentará dar sentido a su vida en medio de un paisaje poblado por personajes desolados y rodeados de circunstancias apocalípticas: condenados a la hoguera, flagelantes y muertos por la peste se intercalan en las sucesivas sesiones de la partida del caballero con La Muerte. Tras el regreso a su castillo se materializará el previsible desenlace del lance ajedrecístico.  

Los críticos consideran a esta película como un gran clásico del cine universal. El film contiene escenas que se han convertido en icono del séptimo arte (la que presentamos es una de ellas). La cinta fue uno de las primeras en explorar el sentido y las posibilidades de la fe en una época de catástrofes (hay quién la extrapola  a una era post-Holocausto, tras una guerra nuclear). Con ella inicia Bergman, un director profundamente religiosos, "su círculo de películas que tratan con dilema el tema de la fe religiosa".

Yo, desde la oscuridad de la sala de un cineclub en Tuy, asistí hace cincuenta años fascinado a esta partida perdida de antemano entre el inquietante personaje de la Muerte y el atormentado caballero. Cada vez veo mi tablero más cerca. Cualquier días recibiré a un oponente extraño vestido de negro, portador de guadaña, que tomándome de la mano me invite a una extraña danza. 


sábado, 26 de noviembre de 2016

Una palabra por mil imágenes 31: Conformismo

La película Con faldas y a lo loco (1959) dirigida por Billy Wilder guarda, en el diálogo final entre Osgood (Joe E. Brown) y Jerry-"Daphne" (Jack Lemmon), una de las escenas antológicas de la comedia. En ella Daphne (Jerry en realidad) queda definitivamente desarmado ante la incondicional aprobación del patológicamente tolerante Osgoog. Jamás en el cine ha sido filmado con tanto humor una secuencia tan inolvidable sobre el
conformismo. 


¿Acaso hay alguien que sea perfecto?

El diálogo entre el transformado Jerry y el condescendiente Osgoog provocan un delirio de carcajadas. La imagen de bobalicón con uniforme no se borra fácilmente de la memoria y la desesperada y surrealista lista de escusas del "bello" Daphne nos haces salir del cine con dolor de estómago por las contracciones del diagrafma provocadas por la risa. Yo llegué a hipar sin complejos.

En fin, yo personalmente nunca me conformaré con la muerte de ese genio que fue Bylli Wilder.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Una palabra y mil imágenes 30: Orgasmo

Dicen las expertas (mujeres seguramente) que existen de muchos tipos: el vaginal, el del polémico punto G, el provocado por la estimulación de los pezones, el oral tras una gran dedicación, el del sorprendente punto U, el anal preferido por algunas expertas, el del hundido punto A, el más profundo todavía del cérvix, el popular clitoriano, el de las zonas erógenas alternativas, los múltiples, los mentales... pero el más recordado y celebrado por aqeullos que vimos la película siempre será el de Sally y que interpretó Meg Ryan frente a un Harry (Billy Crystal) atónito en el restaurante "Katz's Delicatessen" en Manhattan. Es, verdaderamente, la mejor versión cinematográfica de un
orgasmo.



Cuando Harry encontró a Sally (1989), es una conocida comedia romántica que trata la posibilidad de una amistad incontaminada por el sexo entre un hombre y una mujer. Pero probablemente la escena más recordada del film es aquella en que los dos personajes están almorzando en el "Katz's Dellicatessen" de Manhattan y Sally, para probar su punto de vista sobre que los hombres no son capaces de descubrir un orgasmo fingido, protagoniza un estrepitoso orgasmo rodeada de comensales asombrados. Sin transición alguna, Sally termina su representación y retorna a su ensalada mientras una mujer cercana, entusiasmada, le dice al camarero: "Tomaré lo mismo que ella"

Si las mesas hablaran... Cuentan quienes estuvieron en el rodaje que esta escena hubo de rodarse una y otra vez y en ella, Ryan demostró su capacidad de fingir orgasmos durante horas. El restaurante "Katz's Delicatessen" todavía cuelga un cartel encima de la mesa donde se rodó la escena que dice: "Donde Harry conoció a Sally ... esperamos que tengas/pidas lo que ella tuvo/pidió"

martes, 22 de noviembre de 2016

Una palabra por mil imágenes 26: Padrino

Sin la autoridad del padre o el cariño a la madre; sin la gloria y la fama de progenitor, sin la derecho a la pertenencia, sin lugar en el libro de familia... pero con la obligación del regalo, la disponibilidad de todo su ser, la mansedumbre ante la mofa, ahí está el

padrino. 




Es uno de los mejores actores de la historia, un actor que pasó desapercibido para los grandes estudios como un sufrido padrino, un hombre de apariencia vulgar,  en el que la irritación no duele, la ira es dulce, y las regañinas se esperan como caramelos en un bautizo...

El gran José Luis López Vázquez, el Padrino Búfalo, la Querida Señorita, el blando atracador de las tres en punto, el hombre de La cabina... Hay que saber hacer el indio como él, encontrar el lado femenino con anónima dignidad, dirigir una banda de atracadores de chiste o encerrarse en una cabina con   honestidad kafkiana.

Este hombrecito español, neuróticamente nacional, encarna la sufrida imagen de muchos padrinos que conozco: anónimos, entrañables, vulgares... dignos.