domingo, 1 de marzo de 2015

Distinto y dispar.

Desconoces el idioma de mis sentidos:  no puedes imaginar cómo te oigo, cómo te veo, cómo te siento. No tienes las claves de mis sabores,  mis filtros del color, la sensibilidad de mis dedos, la arquitectura de mi cóclea, la densidad de mis papilas, la bioquímica de mis pituitarias... 
No compartes las huellas de mis dedos, mi cromatismo del iris, el olor de mi cuerpo, los efluvios de mi orina...
Te perderías en los laberintos de mi memoria, en los intrincados caminos de mi pensamiento, en la nebulosa ruta de mis sueños. 
No construiste mi  historia ni forjaste mi carácter, no escribiste el libro de mi vida.  
Careces del registro de mis heridas, de la reminiscencias de mis felicidades, del recuerdo de mis afectos, del catálogo de mis errores...
No imaginas mis angustias, no sufres mis enfermedades, no penas por mis culpas.
No rezaste mis oraciones ni blasfemaste por  mí, nada sabes de mis pactos con Dios ni mis negocios con el diablo.
No estás en el íntimo secreto de mi privado código genético. No tienes permiso para conducir mi destino. Soy único e irrepetible.  Diferente y singular. Distinto y dispar. 

¿Y te sorprendes porque vea este vestido  blanco y dorado cuando tú lo ves azul y negro? 




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