jueves, 24 de febrero de 2011

La niña de Reus


La niña de Reus

Asistió espantada a la tormenta
de golpes desatados y cuchillos,
de garras feroces y colmillos
de fiera que acorrala y que violenta.

Ahora estaba en la cocina yerta:
pasaba lenta del calor al frio.
Lágrimas que brotan. Van al río
de sangre roja de la madre muerta.

Abrazó aquel cuerpo, su morada
nueve meses. Ahora después
de cinco años, ya no hace nada,
ni mirar pude, ni responder...

En la rutina probó consuelo a su locura
vistiose sola, colgó mochila,
llegó al colegio, espero en la fila.
Su maestra la vio y con ternura

preguntó: ¿qué te ha pasado?
El llanto se desata y al final
contestó con el gesto atormentado:
mi padrastro ha matado a mi mamá.


martes, 22 de febrero de 2011

23 F para niños

Publico hoy un sencillo cómic realizado con stripgenerator en el que explico a los niños el 23 F. Un pequeño cuento... ¿o no tan cuento?
Al fin y al cabo, de qué hacía yo en aquellos años, ya dejé constancia en este blog el año pasado por estas mismas fechas.


viernes, 18 de febrero de 2011

La oposición.

Miles de jóvenes (y no tan jóvenes) diplomados están expectantes ante los titulares que estos días asaltan la prensa: "No se convocarán oposiciones en Castilla La Mancha", "La Comunidad de Madrid convocará 300 plazas..."
El asunto tiene para muchos trascendencia vital. Aún me recuerdo, recién salido de la escuela de magisterio y pensando cómo acceder a un puesto de trabajo en el cuerpo de magisterio. Ciclópea tarea se me antojaba. ¿Cómo iba yo a superar en la oposición (palabra de etimología con connotaciones bélicas) a tantos de mis compañeros muchos más brillantes que yo? Casi daba la batalla por perdida así que centré mis esperanzas en incorporarme a ese grupo de 100 maestros españoles con el que, el recién instaurado gobierno sandinista Nicaragüense, pensaba alfabetizar a la población indígena de las selvas del  país. La idea era tentadora pero, leída la letra pequeña de la convocatoria, mosqueaba que hubiera que vacunarse de media docena de enfermedades tropicales y además caí en la cuenta de que no llegaría en plazo a formalizarla. Así que, para hacer tiempo, me inocorporé a filas.

En el agobiante campamento de Álvarez de Sotomayor (Viator, Almería) albergaba la esperanza de incorporame a la Sección Cultural. Allí, durante el tiempo de faena, nos dedicábamos a impartir contenidos de primaria a grupos de reclutas que apenas sabían leer.  De hecho lo conseguí y comencé mi labor pedagógica entre pupitres escolares mientras el resto de la tropa fregaba compañías, limpiaba vehículos, ayudaba en cocina o realizaba algún que otro trabajo estúpido con que entretenerse. Poco duró aquello. Una semana después fui convocado (voluntario a la fuerza) para formar parte de la patrulla de tiro del batallón y el Capitán Capellán (a la sazón el mando responsable de la sección) me expulsó de la misma alegando que "había preferido participar en la patrulla". Así fue mi paso por la escuela de la mili. En aquel año se convocaron las primeras oposiciones a las que podía presentarme. Mi hermano Luis se encargó de ir a recoger los impresos en Burgos, mi ciudad natal. No lo hizo a tiempo. Mi madre me  puso al corriente del suceso a través de una carta donde se adivinaban las lágrimas.

Cuando, por fin, "la blanca" me fue entregada un año después, me encontré en Burgos ocioso y parásito de la exigua renta familiar. Tenía un largo año por delante para preparame. Fue el año que no existió en mi biografía. Los días transcurrían monótonos y grises: levantarse a las siete, correr una decena de kilómetros por las colinas del parque del Castillo, ducharse y ponerse a estudiar. Recapitulé muchas veces sobre lo que habíamos estudiado en nuestra Escuela de Magisterio: la mayoría no servía para nada y había que empezar de nuevo y con otro enfoque; un alto porcentaje de los contenidos estaban olvidados completamente, había parcelas que ni habíamos tocado... ¡y la ortografía! seguía siendo mi talón de Aquiles. Tuve que realizar todo un plan de estudios apañándome con lo que tuviera a mano. El problema ortográfico lo solucioné mediante un fichero con cientos de fichas y miles de palabras agrupadas por normas o grafías comunes; la cara oculta de la luna de los conocimientos se iluminó adquiriendo el programa de la academia CEIS (auténticos ladrillos pero que, al menos, incluían el currículo completo), los temas tediosos mediante nuevos manuales más amenos, los contenidos con densa cuota de memorización mediante sistemas mnemotécnicos realmente útiles. Mi habitación parecía un tendedero industrial donde numerosas cuerdas de tramilla se extendían sobre las paredes, de lado a lado, sujetando con pinzas folios con esquemas, mapas conceptuales, líneas temporales... Algunos objetos se volvían totémicos como la vieja pluma carter, chapada en oro, regalo de mi tío (toda una especialista en resbalar suavemente sobre los folios llenándoles de letra menuda); o el viejo flexo que insuflaba vida a la penumbra de la habitación.
Pasados unos meses se hizo necesario salir de aquel zulo para esanchar los pulmones y el espíritu. Necesitaba el estímulo de otros yo, opositantes también, que me animaran con su presencia y su ejemplo. Así que acudí durante un semestre entero al estudio que la CAM (Caja de Ahorros municipal) tenía al lado del río Arlanzón. El lugar, con un curioso olor a lejía (aún lo recuero), tenía unas cincuenta plazas y había que madrugar para conseguir una de aquellas mesas corridas. Se fumaba (cosa que no soportaba) pero el aire acondicionado que funcionaba con fuerza aliviaba la situación.

La oposición llegó. Recuerdo Madrid en aquella noche cálida y húmeda. Mi amigo Jesús González y yo habíamos escogido la capital para presentarnos. Los opositores de Burgos emigrábamos a los grandes caladeros de plazas que entonces se situaban en Madrid, Barcelona, Bilbao, Canarias y Valencia. La mayoría de mis compañeros, que en nuestra ciudad cosecharían el fracaso más estrepitoso, conseguían aprobar en alguna de estas plazas con mucha mayor oferta y opositores, en general, menos esforzados.
Nada más bajar del autobús de La Continental buscamos un hotel barato (que por más baratao que fuera nos pareció carísimo). La noche de Madrid no invitaba al último repaso. Además, mi amigo Jesús, habían quedado con su novia que estudiabe en Madrid. Me quedé sólo rumiando mi envidia y maldiciendo mi suerte. No tenía escusa para desaprovechar las últimas horas del día. Hice resignado mi último repaso.
Para el primer examen estábamos convocados en un instituto muy  próximo a la glorieta de Marqués de Vadillo. Seríamos al menos dos centenares de maestros expectantes reunidos a la puerta del centro. Fuimos llamados por nombre y apellido y asignados a sala y mesa. Mientras esperábamos, el iopositor a mi izquierda, "nos entretuvo" proponíendonos acertijos matemáticos: -¿Cómo se pueden construir 4 triángulos equiláteros con sólo seis lados?. Estuvimos un buen rato probando con cerillas sobre nuestro pupitre hasta que, convencidos de nuestra estulticia, nos rendimos sólo para dar oportunidad al cabrón de la  propuesta de restregarnos que no habíamos discurrido con un pensamiento espacial (que estámbamos en Planilandia, vamos). La solución, evidente según él, estaba en alzar espacialmente tres de los palillos sobre un triángulo y formar un tetraedro. Con la moral por los suelos dimos comienzo el examen.

La oposición constaba de cuatro pruebas. La primera, la que estábamos realizando, era un examen escrito sobre conocimentos generales. Incluía una prueba de matemáticas y otra de lengua y literatura. Realicé con autoridad la parte de matemáticas y con mediocridad la de lengua. En la salida (¿cómo pudieron hacerlo?) una persona provista de un taco de fotocopias, nos entregó en nombre de una academia, el exámen de matemáticas resuelto. Comprobé que lo había relaizado perfecto. (¡Que se j... el del tetraedro!). Intercambiamos teléfonos para comunicarnos las calificaciones (Las listas aparecían sólo en el instituto de Madrid) y regresé a Burgos a esperar los resultados. Superar la oposición seguía siendo una quimera (el procentaje de plazas aquel año era mísero: 1/69). Seguimos estudiando unos días más.

El segundo examen era propio de cada especialidad. Una parte de ciencias y otra de matemáticas específicas. Cuando me entregaron el papel y leí el contenido a desarrollar en el apartado de ciencias zozobró mi confianza: ¡El ciclo de Crebs!. La respiración celular, el laberíntico ciclo del ATP... No había esperanza. Me quedé pasmado, desconcertado frente al papel con la cabeza entre las manos. Pasé algunos minutos anonadado por mi mala suerte hasta que alcé la vista y vi a todos los opositores que me rodeaban escribiendo como locos. ¡No puede ser! -me dije-. No pueden conocer este tema tan bien... Llegué a la conclusión de que la mayoría no tenía ni idea pero emborronaba el papel por si acaso... Esto me animó. Yo, al menos, sabía un montón de cosas que no sabía. Metería menos la pata. Poco a poco fui recuperando información (no me explico de dónde) y expuse un Ciclo de Crebs bastante aceptable.  
Aprobé. Por los pelos, pero aproblé. Además en esta segunda prueba se produjo una criba terrible. Del enorme grupo que nos presentábamos quedamos emplazados para la tercera prueba menos de la mitad.

Las tercera pureba pendía como una espada de Damocles sobre nuestra cabeza. Había que exponer tres temas entre 6 extraídos por sorteo y disponíamos de dos horas de preparación y una hora de disertación  ante el tribunal. Mientras esperaba mi turno, dopado de adrenalina, sujetando como podía mis nervios, pensaba en salir corriendo... La sensación de vergüenza, de desvalimiento y desestima que me invadía me hacía anticipar un rotundo fracaso. En las crónicas malditas del libro de los maestros están escritos en sangre los episodios de algunos compañeros que se quedaron bloqueados, llorando, incapaces de decir  palabra alguna; o aquellos que, cortocircuitados en algún momento de su discurso tartamudeaban o su lenguaje era invadido por la emoción hasta lllegar a la incoherencia...
Logré apartar lo suficiente todas esas negras imágenes y centrarme durante las dos horas de preparación previa en desarrollar los temas que más dominaba. Después fui trasladado como en una nube ante el tribunal. Aquellos siete hombres sin piedad iban a decidir mi destino en 60 minutos.
No sé como pude dar el pego: ¡Creo que realmente no sabía nada! Sin embargo logré mantener su atención (logro considerable como puede comprobar cualquiera que asista a estas pruebas). A la salida, una compañera me felicitó. Pensé, agradecido, que se trataba de una mentira piadosa.

No muy esperanzado regresé a mi ciudad del norte a esperar, sin esperanza, los resultados. Mi sorpresa fue mayúscula cuando me comunicaron que había aprobado. Ahora sí se encendieron todas las alarmas. La cosa era seria. Las posibilidades muy reales. El tribunal había recortado el número de aspirantes hasta dejar sólo diez de ellos para las siete plazas.  El tiempo de preparación era mínimo. La semana siguiente fue un sinvivir. la cuarta prueba era de tipo práctico. Consistía en preparar una programación sobre un tema propuesto por el tribuanl. Podía llevarse todo el material que se considerara oportuno.

Me presenté el día anterior en casa de unos tíos que viven en Madrid. Estaba yo muy preocupado por carecer completamente de materiales sobre los que sustentar mi programación. Tan afligido debieron verme que me montaron urgentemente en el coche y me llevaron a la librería del Corte Inglés para que buscara algo con que documentarme. Nada sabía yo entonces de librerías pedagógicas ni de Casas del Libro, así que, desanimado y sin encontrar nada en el gran centro comercial, volvimos a su casa donde pasé otra noche cálida de aquel verano de 1980. Apenas dormí. Oía el estruendo del tráfico seis pisos más abajo, pero sobre todo escuchaba el fragor de mis negros pensamientos.
Al día siguiente tomé de nuevo el metro hacia Marqués de Vadillo. Apenas me había hecho con un librito de cuyo contenido ni me acuerdo. El grupo de los diez elegidos estaba ya esperando a las puertas. Mis opositores cargaban con bolsas y mochilas repletas de libros. Icluso una de ellas, monja al parecer, portaba una pesada maleta repleta de materiales. Me sentí desnudo y ridículo. Iba a tirar por la borda mi gran oportunidad por no tener unos cuantos libros a mano. Cuando entramos y nos sentamos el presidente del tribunal nos tranquilizó.  Casi nos dio a entender que ya estábamos aprobados. Esto liberó todas mis tensiones y, curiósamente, sin material alguno, realicé una programación transversal (recuerdo que sobre los ríos) muy completa y original. Obtuve mi mejor nota.
Algunos días después me confirmaron que había aprobado. No lo celebré demasiado (aún no era consciente del todo de lo que realmente significaba). Hube de escuchar algún que otro comentario desvalorizador por parte de cierta compañera: - ¡Que suerte has tenido! ¡Porque es cuestión de suerte, vamos...!   (Y no digo yo que no haya también de eso... pero también habrá de lo otro ¿no os parece?).

Así que me puse a esperar la llamada para ocupar mi puesto. Inocentemente yo pensaba que la cosa funcionaba así: tú aprobabas y luego te llamaban para ocupar un puesto (para ello habíamos rellenado numerosas instancias con nuestro domicilio y teléfono ¿no?). De no haber sido por la insistencia de mi madre, nunca me hubiera enterado de que habíamos sido convocados (mediante aviso en el tablón de anuncios en la Delegación de la calle Vitruvio) para cubrir plazas como provisonales ese año. Ella insistió e insistió hasta que, un día de octubre, tomé la un autobús y me presenté en la Delegación de Madrid para informarme. Cuando me dijeron que todas las plazas se habían adjudicado la semana anterior me quedé con la boca abierta. A fuerza de insistir y, tras recorrer muchos pasillos y despachos, me concedieron una plaza en Arganda que dedaba vacante en ese momento. Conocí al profesor que la desalojaba y me invitó a acudir al centro ese mismo día (era viernes). Comezaría a trabajar el lunes siguiente a las 8:00 de la mañana.Se trataba de un colegio desdoblado con horario de ocho a dos. Impartiría Sociales  y Plástica. En Sociales estaban estudiando Asia. Yo pensé que no había repasado geografía desde la misma edad que tenían los chavales que me asignaron: 12 años.

El lunes, de madrugada, recostado en el asiento del autobús, estudiaba los ríos: Obi, Lena, Yenisy, Amu-daria... En ese momento, por primera vez en mi vida, pensé en la posibilidad de un accidente. Ese pensamiento sobre la muerte, ahora que acababa de empezar una nueva etapa, marcaba ya una divisoria entre dos grandes etapas de mi biografía.

miércoles, 16 de febrero de 2011

Truco casero para digitalizar vuestros viejos negativos.

Soy aficionado a la fotografía desde la época de la Escuela de Magisterio en Burgos.  Hicimos, mi amigo Jesús González y yo, muchos rollos de negativos. Faltos de pelas, no llegábamos luego a positivar ni la mitad; así que, de vez en cuando, con ayuda del visor me entretengo en la tarea de redescubrir imágenes inéditas.

Sigue siendo caro (y laborioso) positivar en papel esos negativos. Pasarlos a formato digital es posible en las tiendas, pero se hace excesivo llegar al mostrador con mis viejas cajas de cartón y pedir la digitalización de más de 150 rollos. El escáner da unos resultados pésimos. ¿Qué hacer?

He encontrado una solución casera que os ofrezco como primicia en todo el mundo mundial (y sin derechos de autor, los cedo gratis).
Este es el procedimiento:
Necesitaréis un visor de diapositivas, un marquito y una cámara digital (ha de tener posibilidad de enfoque a corta distancia, la mayoría ya lo incorporan. Me refiero a la posibilidad de fotografiar detalles pequeños y cercanos como florecillas, por ejemplo). Debéis manipular la diapositiva para permitir el paso de la tira de negativos a su través.
En esencia y con buen pulso no necesitáis más. Basta hacer pasar la tira de negativos con el objetivo de la cámara apuntando sobre la lente del visor. Naturalmente esto es ha de acomodarse mucho más. Lo ideal es montar el visor sobre algún eje o chapa que permita sujetarlo a la distancia justa de la cámara para que éste quede fijo y el enfoque no esté sujeto a fallos o movimientos. Luego fijáis la chapa con una ranura en un trípode sujeta a la base de la cámara. El conjunto permite cierta flexibilidad (gracias a la hojalata) y holgura en las distancias para asegurar el enfoque.

Podéis montarlo como en la fotografía o utilizar una barra telescópiaca o similar.


El usar una potente fuente de luz mejorará el resultado. Una vez que tengáis las fotos digitales las pasáis por cualquier programa de edición digital. Recortáis la foto a conveniencia y aplicáis colores inversos. la fotos salen estupendas. La mayoría de las que os pondré aquí están recuperadas por este procedimiento.

domingo, 13 de febrero de 2011

El Campo de Carbonilla

En el día en que se conmemora el 164 aniversario del nacimiento de Thomas Alva Edison acuden a mi memoria los recuerdos de su biografía, la imagen del libro maravillosos donde la leí y los experimentos que, desde mi infancia, me ha fascinado realizar con todos los materiales que tenía a mi alcance.

Llegué a conocer la vida de Thomas Edison a través de un libro grande y pesado "Grandes vidas, grandes hechos" que, editado por el Círculo de Lectores, recogía las biografías de inventores, escritores, científicos, exploradores, políticos... Fue el primer libro de más de 200 páginas, y bastante densas además, que leí. Y lo hice interés y satisfacción. Me sirvió para aprender, para soñar y para respetar la ciencia y el esfuerzo que nos mostraban sus protagonistas: Arquímedes, Franklin, Wasington, Edison... sus vidas eran el espejo donde quería reflejarme.

La biografía de Edison me era especialmente apreciada porque representaba muchas de mis aspiraciones: los experimentos científicos, el riesgo, la fama, la riqueza, la aventura...

Por aquel entoncen, a mis 10 años, el Campo de Carbonilla proximo a Barrio Gimeno en la ciudad de Burgos era nuestro lugar de juegos. Se trataba de un enorme campo de futbol con sus dos porterías de tubos metálicos, pavimentado con carbonilla apisonada transportada desde algún tren de los que circulaban por la vía próxima. La tapia, derruida en varios puntos, permitía que nos coláramos y jugáramos libremente por allí varias pandillas de crios. Fue el escenario de míticas dreas (peleas a pedradas) entre pandillas rivales que, casi siempre acababan con alguno de nosotros descalabrado chorreando sangre y llevado apresuradamente a casa. Otras veces explorábamos sus rincones, incluso hacíamos pequeñas excavaciones en lugares secretos donde la posibilidad de hallar balas y casquillos estaba probada (contaban que el lugar había sido un campo de tiro durante la guerra civil). Se encontraban muchos proyectiles e incluso alguna bala completa con su cartucho. Uno de esos cartuchos (botín de la pandilla de mi hermano Javi) fue objeto de "desactivación" en el portal de casa. Golpeándolo con una piedra terminó por estallar causando un susto mayúsculo en los jóvenes artificieros y en la comunidad de vecinos.
El campo de las pilas, era un solar anexo, que tenía amontonadas gigantescas pilas (a modo de fregaderos) en vertical, como fichas de dominó,  y con una altura como de dos hombres. Era un lugar sin puertas  tan solo tapiado. Algunas veces discutíamos sobre cómo meterían las pilas allí y elaborábamos teorías inverosímiles que incluían gruas gigantescas, helicópteros y naves espaciales. Fue lugar de reuniones secretas, peleas memorables, conjuros y, algún que otro encuentro peligroso. También fue el campo de pruebas del cohete casero que fabriqué con la pólvora extraída de un cohete sin estallar de una de las sesiones de fuegos artificiales que se celebraban a orillas del río Arlanzón. Lo recuperé del agua completamente empapado, pero en perfecto estado. Lo sequé. Extraje la pólvora con cuidado y monté un artilugio con un tubo de pastillas de aluminio vacío. Era un artefacto sin mecha. La idea era hacerlo estallar con el calor de la llama de una vela. Para evitar que lo hiciera en nuestras narices habíamos montado una tablilla sujeta a un taco y con un clavo a modo de eje. En el otro extremo atamos un hilo y pegamos la vela por su base. Cuando todos estuvimos a buen recaudo tras las pilas tiramos del hilo hasta que la vela quedó justo bajo el tubo. Después de un tiempo que nos pareció eterno, y cuando estábamos a punto de salir) el cilindro estalló. La explosión se oyó en todo el barrio y preocupó al muchos vecinos que, incluso, llamaron a la policía. Nosotros, temblando aún de miedo, pero excitados por el éxito, esperamos tras las pilas más de un minuto antes de asomarnos y  examinar  el lugar encontrando diminutos fragmentos de alumnio esparcidos por todo el área del recinto.
Era el tiempo de la explosiones de potasa. Álguien nos enseñó que se podía producir una pequeña explosión amontonando una pequeña cantidad de potasa y azufre, colocando una piedra plana encima y pisándolo con fuerza. Gastamos la propina de muchos domingos en acudir a las droguerías a comprar los componentes de nuestras bombas particulares (curiosamene estaban a la venta libremente).

La construcción de tirachinas, arma indispensable del equipamiento de cualquier mozalbete del barrio, cosntituía toda una desarrollada industria. Primero había que realizar una minuciosa incursión exploración por la orilla del rio, donde crecían los mejores árboles. Provistos de navajas buscábamos las mejores horquillas que luego había que recortar, descortezar y dotar de muescas y ornamentos (el tirachinas se  personalizaba). Después tenías que contactar con los amigos que tuvieran acceso a algún taller o cuyo padre guardara las gomas de los neumáticos de camión que utilizábamos como gomas. También había que hacerse con tramilla y atar las gomas con fuerza. La badana se conseguía de algún trozo de cuero. Una vez realizado se imponía el afinamiento y la práctica de muchas horas sobre blancos lejanos para hacerse con dominio del aparato que se convertía así en un arma poderosa y de precisión asombrosa.
Pero el colmo de la tecnología armamentística infantil era un producto "de importación". Se trataba de las escopetas de aire comprimido que disparaban perdigones (recurdo que les había de varias clases siendo los mejores los de copa). Algunas pandillas de niños mayores disponían una y  abusando no sólo de su tamaño y edad, sino de su poder armamentístico; nos perseguían y amenazaban con aquellas armas terroríficas. En nuestro Campo de Carbonilla habían una edificación en ruinas que disponía de varios sótanos. En uno de ellos nos refugiamos en una ocasión cuando nos persiguieron disparándo perdigones que rebotaban en las paredes con chasquidos amenazadores. Inexplicablemente no recuerdo como pudo ser, pero ya mayor, a los 30 años, una radiografía descubrió por casualidad en mi brazo izquierdo a la altura del codo un perdigón de aquellos incrustado en mi cuerpo desde entonces. Hubo que ocurrir en uno de esas refriegas pues, otros perdigonazos recibidos fueron de sal y esa se disuelve.
Los perdigonazos de sal era la forma de recibirnos que tenían los dueños de las huertas, no muy lejanas al Campo de Carbonilla, a las que acudíamos (casi siempre de noche) más por la emoción de la aventura que por las peras y manzanas que obteníamos. Los mejores huertos estaban cercados con altas tapias. Nos llevaba un buen rato subirlas ayudándonos unos a otros hasta superar el borde y caer al otro lado de un salto que, a más de uno, le torció el tobillo dejándolo baldado una temporada. En una ocasión fuimos sorprendidos por el dueño que, a grandes voces y provisto de su escopeta, nos disparaba al trasero con sus predigones; esos perdigones de sal que, si te acertaban, te producían un escozor insoportable. Corrimos como posesos hasta el pie de la tapia e, sin podernos explicar cómo,  trepamos como gatos y sin ayuda hasta pasar al otro lado. Tras la tapia, comprobamos sorprendidos la hazaña y salimos escopetados por los prados contiguos sin mirar atrás donde se escuchaban aún las imprecaciones del dueño tras el muro.

En una esquina del campo de carbonilla había una casa en ruinas. Mantenía el tejado estucado con cañas, las paredes exteriores y la fachada, pero en su interior habían desaparecido la mayoría de los suelos del piso superior y alguna paredes se habían desplomado. Las escaleras estaban a punto de hundirse. Era un lugar de juegos increíble. Hacíamos equilibrios entre las vigas, caminábamos escuchado el crujido de los cascotes y buscábamos tesoros entre las estancias derruídas. La plantas baja tenía unas escaleras colmatadas de escombros que, antaño, daban paso al sótano del edificio. Mi pandilla logró habilitar un pequeño boquete por el que descendíamos al sótano que, pese estar medio en ruinas, dejaba espacio suficiente para reuniones y almacén de tesoros y botines. Allí montamos un pequeño laboratorio con objetos inverosómiles. Asaltando vertederos ilegales y buscando en los solares encontramos todo un lote desechado de una clínica veterinaria: grandes jeringas con sus agujas, gomas y tubos, frascos,  redomas... cargamos con todo ello y montamos un laboratorio científico en regla donde hacíamos importantes experimentos: creábamos nuestro propio Franquesnstein, inventábamos pócimas de superpoderes...
El descubrimiento por pandillas enemigas de nuestro particular refugio hizo que un día apareciera todo destrozado y revuelto. Fue el fin de nuestro particular laboratorio.

Tras la tapia del campo de pilas discurría la vía del tren. Era también uno de los lugares preferidos para investigar. Dejábamos monedas de peseta sobre la vía y, tras pasar el tren, obteníamos una chapa brillante y aplastada que doblaba su supreficie... Escuchábamos el vibrar de las vías cuando se acercaba un convoy (esto lo habíamos aprendido de las películas de indios). Notábamos la corriente de aire que se formaba en el túnel cuando pasaba la hilera de vagones uno tras otro con un ruido ensordecedor...

El tren discurría entre dos tapias. Pasada la tapia opuesta se extendía una estrecha franja tapiada por la que discurría un riachuelo de aguas residuales sin canalizar. El agua estaba sucia y maloliente, pero en los dos o tres metros de orilla a cada lado crecía un vegetación lujuriosa que, para nosotros, era la más impenetrable selva que podíamos imaginar. Aquellos 100 metros de arroyo, empotrado entre tapias, solitario y fértil imponía una atracción irresistible. Era lugar de ensoñaciones, exploraciones y juegos. Tan sólo la posibilidad, muy real, de que apareciera alguna pandilla violenta (había muchas en aquel entonces) encogía de vez en cuando el corazón de los exploradores del Orinoco. Algunas veces, desde un lugar de la tapia compartida con un manicomio cercano, observábamos al grupo de dementes tomando el sol perturbados por sus gestos y actitudes.

Esta regresión a la curiosidad de la infancia me mueve a publicar este artículo. Todos los niños tienen algo de científicos. Es una actitud ante la vida. Que la imaginación y el trabajo (los dos ingredientes de la ciencia) hagan brillar de vez en cuando en nuestra cabecita la idea (se encienda una bombillinta de Edison) de alguna invención extraordinaria.

jueves, 10 de febrero de 2011

Una historia de cine


ABRIR EN NEGRO
(A los 3 segundos empiezan a aprecen en blanco los títulos. Silencio.)

TITULOS
Esta es una historia de amor. Su protagonista es un personaje real. Todo lo que se cuenta es veridico. Las localiciones son auténticas.Es una historia escrita y dirigida por Jesús Marcial Grande,  autor desconocido, nacido en Palencia en 1957.
La historia comienza cuando tenía 3 años...

FLASHBACK
(Titulares desvaneciéndose. En negro. Sonido del llanto desesperado de un niño. En la pantalla en PRIMER PLANO apenas se distingue en penumbra el rostro agitado de un niño llorando. Llama a su madre.)

¡Mámá!, ¡mamá! ... ¿Dónde estás?... ¡Mamá, ven!... ¿Por que te has ido?...

La madre no acude. En esta cálida noche de primavera en Carrión de los Condes ha ido junto con el padre del pequeño a ver una película en el cine del pueblo. Es la primer vez que lo hace. Dejó a su pequeño dormido confiada en que no despertaría... Pero despertó. Y el pequeño pasó dos largas horas aterrado en la soledad de su oscura habitación. El cine se cruzaba en su camino. Su primera película de terror.

(Llantos desconsolados. Brazos agitados. Ojos girando en la oscuridad buscando una luz, esperando a su madre...) 

FUNDIDO EN NEGRO
ABRIR EN NEGRO
(TRAVELLING LATERAL. Un niño avanza por el pasillo del colegio infantil "El Zapatito". La cámara capta el rostro del niño con los ojos muy abiertos mirando fascinado los dibujos de la pared. Son dibujos de películas de Disney. Están primorosamente pintados a gran tamaño sobre la línea de percheros. La madre lo lleva de la mano tirando suavemente de él, que intenta no apartar la mirada de las figuras. Les precede una monja. Se oyen de fondo voces infantiles desde el patio de recreo)

¡Venga, le enseñaré la clase!

En su primer día de colegio el niño se deja arrastrar pero vuelve la cabeza cuanto le permite su débil cuello. Está fascinado por las figuras y los colores. Sus ojos nunca vieron nada igual: colores tan vivos, personajes tan fantásticos, expresiones tan sugerentes... Se trata realmene de amor a primera vista.

FUNDIDO EN NEGRO
ABRIR EN NEGRO (aparece lentamente un calendario. Se trata de un calendario de taco pegado a la pared al lado de un viejo cartel con una imagen de la catedral de Burgos tras el paseo del Espolón a la orilla del río Arlanzón. La cámara hace una transicion desde el plano detalle de las hojas del calendario (5 de mayo de 1963) hasta una modesta cocina donde se detiene en plano medio sobre un niño y su madre. La madre muestra a su hijo un taumotropo que acaba de fabricar. El pequeño lo contempla con los ojos muy abiertos)

¿Cómo lo haces? ¡Déjamelo, quiero probar yo...!
Curioso el niño lo toma en sus manos y tira de los cordones. El pequeño disco empieza a girar y el pájaro libre es inmediatamente apresado por la jaula. Juega el niño a capturar la realidad, a manipularla y sorpender con ella. Está rodando la primera película de su vida. 



FUNDIDO EN NEGRO

ABRIR EN NEGRO (Aparece la pantalla de presentación y sintonía de la Warner con su viejo león. La película en tono sepia. Numerosas ralladuras. La cámara realiza un TRAVELLING EN PROFUNDIDAD inverso desde la pantalla hasta las filas de espectadores. Son niños. Se detiene detrás de dos de ellos. Entre sus cabezas la pantalla muestra un grupo de campesinos y leñadores que dejan sus quehaceres y reciben a su héroe: ¡Ivanhoe!. Suena una música y los cantos viriles que saludan al personaje: ¡Ivanhoooooooooooooo! ¡Ivanho!. Se suceden planos de Sir Invanhoe a caballo con galopada de aproximación al bosque. Pasamos a PRIMER PLANO frontal a la cara del niño que contempla extasiado la pantalla. LOCALIZACIÓN: Viejo cine del colegio Liceo Castilla, en Burgos.)

¡Vamos Ivanhoe! ¡A por ellos! ¡Lucha, atácales! Tienes que salvar a la chica.

 (PLANO CONJUNTO a la salida del cine. Larga terraza sobre el patio del colegio. Panorámica mientras un grupo de niños sale de la sala y corre por la terraza simulando una persecución.)

Te cogeré, cobarde. No huyas. Sir Ivanhoe no teme a nadie. Te mataré como a una sabandija, villano...

Cuando me incorporé a clase en el Liceo Castilla, amis 7 años,  pude asistir asombrado a uno de los más increíbles espectáculos de la humanidad: la proyección sobre una gran pantalla. Guardaba como un tesoro el carnet que nos daba derecho a las sesiones de los sábados y cuyos cupones costaban un ojo de la cara  a mis padres, de ingresos menos que modestos. Desfilaron ante mi retina las trepidantes escenas de indios y americanos que luego jugábamos a reproducir apenas rebasados
los primeros metros de la puerta de salida.

CORTINILLA
(PLANO ENTERO en el interior de una pequeña habitación. Una cama turca está desplegada desde el armario de la pared y ocupa el centro de la habitación. Se trata de una habitación infantil muy modesta. Una vieja colcha sobre la cama y sobre esta un "cinexin" con varios rollos de película en papel vegetal desperdigados alrededor. Un niño de 9 años y sus hermanos de 7 y 5 años están a un lado de la cama, tras el proyector de juguete. El mayor (nuestro personaje) prepara un rollo realizado artesanalmente y dibujaso por él mismo)

¡Esperad! ¡Con cuidado, Luis, no enchufes todavía! ¡Veréis que chulada...! La he dibujado yo...


Los Reyes, aquel año, habían dejado un regalo muy estimado. Quizás supieran de la incipiente afición de aquel niño por el cine. En su habitación a oscuras se organizaron las "matinales" en cuyas sesiones la bomilla recalenaba la chapa y producía un sospechoso olor a cable y papel quemado. Como Richard Burton en Frankiwinie, como Spilbergs en su infancia jubábamos a ser directores y crear nuestra propia película.


ENCADENADO
(Los tres hermanos de la secuencia anterior ante las carteleras del cine REX, en Burgos. En el programa de hoy se aprecian los posters de "Fantomas" y "La venganza del Zorro". El mayor pide en la ventanilla 3 entradas de sesión continua. Un reloj al fondo señala las 3:30.)

Tres entradas por favor... ¿A qué hora cierran el cine?
- A las 12.
Gracias.

A los tres hermanos les esperan más de seis horas de cine. Verán las películas dos veces. En ocasiones han intentado empezar un tercer pase, pero se hacía tarde y, en casa, los padres se enfadarían. No hay dinero para refrescos. Apenas para alguna chuchería. Cuando abandonan la sala es de noche.

Ha estado bien la de fantomas.
Pues yo creo que la del Zorro es mejor.

(Se pierden calle Santander arriba blandiendo espadas imaginarias y acrobacias imposibles sobre los bordillos y bolardos de la acera).
FUNDIDO EN NEGRO
(Panorámica de la Sierra de Gredos terminando en travelling retro que pasa por la aldea de Navalguijo (Ávila) y continua hasta un bosquecillo de robles salpicado de tiendas de campaña tipo militar de color verde. La cámara se detiene en un plano conjunto de un grupo de muchachos semidesnudos y pintarrajeados de índios con arcos y flechas rudimentarios. Un hermano marista (monitor en el campamento) les da las últimas instrucciones para el rodaje de una escena que se realizará a continuación. A continuación panorámica lateral y zoom hacia  un árbol solitario en una loma. Se aprecia una persona ahorcada colgada de una rama. El árbol entero queda enmarcado en primer plano. A continuación el zoon retrocede. Entra en cuadro un jinete cabalgando por el camino polvoriento. Se aproxima al árbol. Comienza a sonar la música "la muerte tenía un precio de Ennio Moricone)
Yo era uno de aquellos jóvenes que asistíamos al cineclub fundado por Miguel Ángel Guerra en Tuy. Y además de las sesiones de proyección para todos los jóvenes de Tuy los fines de semana, el entonces hermano marista nos impartió un curso de cinematografía (recién había terminado su diplomatura en cinematografía por la Universidad de Valladolid).  Aquellas semillas cinéfilas, aquellas inquietudes prendieron en mí. Aún conservo el cuaderno con sus apuntes como un valioso tesoro. Recuerdo su cuarto (¡Cuanto desábamos ser invitados a pasar un rato con él, a quién tanto admirábamos!) empapelado, con posters de películas (una de ellas de la pélícula Patton con el general portando unos prismáticos, sirvió para ilustrar la protada de nuestra revista: "Enfoque". Recuerdo el título de algunas películas que me impresionaron: Oliverio Twis, de Oliver Reed... ¿Queréis creer que aún conservo los programas de algunas de ellas.? Sus lecciones sobre encuadres, trucos, géneros, guiones...  fueron el descubrimiento más asombroso sobre este arte.

Tendríamos catorce años cuando uno de los hermanos maristas que dirigían el campamento organizó el rodaje de una película en 18 mm. Se tratabade un  western amteur que llevaba por título "El árbol del ahorcado". Sonrío al recordar aquellos paisanos abulenses, con sus caballos de tiro en plena sierra de Gredos haciendo de rudos vaqueros y la tropa infanatil de chicos del campamento armados de arcos rudimentarios hechos con ramas de roble por nosotros mismos y cayendo heridos de muerte en la poza de aguas heladas donde nos bañábamos...



FUNDIDO EN NEGRO
(Plano busto del hermano Miguel Ángel explicando sobre el encerado las etapas del rodaje de una película. En la esquina derecha del encerado se ve la fecha: 10 de mayo de 1973.  Mirada clara y actitud entusiasta del hermano mientras desgrana su lección de teoría cinematográfica. Contraplano conjunto del grupo de alumnos en sus viejos pupitres de madera. Toman notas y le miran absortos.)

La última etapa es la finalización. En ella se realiza el montaje. Aquí se reune la directiva de la película y ven el copión de trabajo. Luego sacan el "monstruo" que es el copión con las copias seleccionadas y recosidas. Después se sincronizan las bandas (sonora y de imagen) y por último se eligen las tomas válidas. Y ahora os voy a explicar los pasos siguientes: doblaje, sonorización y remates finales.  

FUNDIDO EN NEGRO
(Plano detalle de un calendario con las hojas desprendiéndose y cayendo como hojas en otoño. FUNDIDO con un plano general de la ciudad de Burgos. Al fondo el castillo. El zoom retrocede. Queda encuadrada la catedral en la pantalla. Retrocede aún más el zoom. Plano conjunto de un grupo de jóvenes, en torno a 17 años, agrupados en torno a una cámara de 18 mm. Están rodando una película. Panorámica desde el mirador del Castillo. Barrido a lo largo de la ciudad siguiendo el curso del río. ENCADENADO con el estrado de un cine en el que se está pesentando un corto a los participantes en un taller de cine.)

- El corto es una auténtica mierda. No tiene pies ni cabeza. Hemos desaprovechado el tiempo. Ya lo vais a ver, si queréis pero no merece la pena...

En el cine club de Burgos se organizó el I curso de cinematografía. Fue el momento de conocer a directores (Pedro Olea) importantes del cine de la época. Se proyectaron películas muy interesantes y, por último, pudimos rodar un pequeño corto (nos facilitaron los negativos en 16 mm). Mi amigo Jesús Gonzáles y yo decidimos rodas un documental "24 horas en esta ciudad": un paseo por las estampas singulares de la ciudad de Burgos desde el amanecer (¡aún recuerdo aquel madrugón!)  hasta el anochecer. Fue un recorrido desde los lugares peculiares (arrabales y Capitanía incluída) pasando por personajes tas castizos como la pareja de vendedoras ciegas de boletos de la ONCE que recorrían el Espolón cogidas del brazo a diario con su ristra de boletos. Cuando llegó el momento de presentar el documental (después de un laborioso montaje en el domicilio de mi amigo), Jesús G. sufrió un ataque de pánico y lo presentó a la concurrencia como una "auténtica mierda". No estaba tan mal. Años después, nostálgico, acudió a recuperarlo de los archivos de la casa de Cultura. Creo que aún lo conserva.
ENCADENADO viajes en autobús - Nacional I - Madrid - Autovía de Toledo - Parla - puerta del salón de actos de la Universidad Popular de Parla. Un grupo de personas atienden a Antoni Gregory mientras les explica el rodaje de las escenas del próximo fin de semana. Explica la localización y las acciones de rodaje. ENCADENADO (sigue oyéndose la voz del director) a un vertedero. Sobre una montaña de basura humeante  una pareja vestida con monos blancos iguales avanzan (de espaldas a la cámara). Caminan de la mano (que balancean) y se pierden entre el humo que emana de las montañas de basura...

 El rodaje de "2000 otro" fue la parte práctica de un curso de cine en la Universidad Popular de Parla en 1981. El director del curso (con alguna experiencia en tareas de dirección, se suponía) había preparado un guión bastante truculento sobre una pareja mutante en un mundo contaminado. Aún lo conservo plagado de faltas de ortografía. El curso, en sí, bastante técnico con proyecciones de clásicos y la fase práctica más bien para lucimiento y currículo del director del curso. Lo más interesante fue la práctica real de rodaje con decorados, atrezzo, montaje en sala. Ni siquiera conservo el certificado de aquel curso ¿me lo darían 31 años después?

FUNDIDO EN NEGRO
(Colegio Antonio de Nebrija, Alcalá de Henares. Clase de logopedia. En una habitación pequeña llena de carteles, armarios, letreros. Enfrente de  un espejo, dos mesas y sentadas en ellas dos alumnos TGD. PLANO BUSTO por delante de la mesa. Los alumnos dibujan un guión de película. Mezcla de cómic y anotaciones rápidas. El profe intenta que se ajusten a los pocos personajes de que dispone el programa Tales Animator que va a emplear para realizarla. Los niños responden entusiasmados.)

Hace unos años siendo maestro (logopeda) trabajé con niños autistas (TGD). Para ganar su interés y canalizarlo en la comunicación preparé con su colaboración una película de dibujos animados (usé un antiguo programa llamado Tales Animator). Fue toda una superprodución (a escala). 45 minutos de animación que incluyeron guión, música, diálogos, decorados, etc... Mis alumnos (y todo su cole) disfrutaron con ella.Y yo como directorme sentí completamente realizado.

FUNDIDO EN NEGRO
ABRIR EN NEGRO
PLANO ENTERO. Salón familiar. El personaje tumbado sobre el tresillo mira la tele. A su izquierda su pareja, también tumbada, contempla absorta la serie CSI Las Vegas que se aprecia en la pantalla próxima.

- No, Charo, quieren que lo parezca, pero el asesino no es el jefe, sino el empleado de la empresa...
...
- ¡No puede ser! No es posible que la sangre se congele en una cámara frigorífica en el corto trayecto de la herida al suelo y forme una gotita perfecta... ¿Es que están en nitrógeno líquido, o qué?...
...
- Verás aparecen los créditos del final en 5 seguntos: 5-4-3-2-1... ¡He fallado por uno!
- ¡Qué previsible es todo en estas series, Charo...!

Actualmente no veo tanto cine. Cansados del trabajo, al llegar a casa, las series más intrascendentes han ocupado la pantalla del telvisor. Vivimos en sociedad y hay que compartir incluso los espectáculos. Las series que contemplo no me entusiasman en absoluto. Así que me entretengo jugando a adivinar el siguiente plano, el segundo exacto del fin, la continuación de una conversación,la solución de la trama, un error de racord... Cualquier cosas menos la pasividad.

FUNDIDO EN NEGRO
(La panalla en penumbra. Sólo el piloto led rojo de un vídeo parpadea en la oscuridad en primer plano. 5 segundos. )

FIN


Este es un homenaje muy especial a Miguel Ángel Santos Guerra, que me inoculó el amor por este arte fascinante. He revivido estas experiencias impulsado por un artículo de su blog: http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2011/02/05/mi-querido-cine-club/

martes, 8 de febrero de 2011

Hace 183 años, tal día como hoy...



Jules Gabriel Verne (Nantes, 8 de febrero de 1828 – Amiens, 24 de marzo de 1905), conocido en los países de lengua española como Julio Verne, fue un escritor francés de novelas de aventuras. Es considerado junto a H. G. Wells uno de los padres de la ciencia ficción. Es el segundo autor más traducido de todos los tiempos, después de Agatha Christie, con 4185 traducciones. Algunas de sus obras han sido adaptadas al cine. Predijo con gran exactitud en sus relatos fantásticos la aparición de algunos de los productos generados por el avance tecnológico del siglo XX, como la televisión, los helicópteros, los submarinos o las naves espaciales. Fue condecorado con la Legión de Honor por sus aportes a la educación y a la ciencia.
http://es.wikipedia.org/wiki/Julio_Verne

Tal día como hoy, hace 183 años, nació Julio Verne, uno de los autores más populares de nuestra juventud. Numerosos son los recuerdos de este interesante autor que nos regaló muchas de las mejores horas de nuesta juventud. Series de dibujos, colecciones de cromos, películas, iconos de todo beben de la inspiración de este creador de relatos de  ciencia ficción. 
A nuestros 15 años, ya habíamos leído muchos de sus 60 viajes extraordinarios (Novelas vehiculadas por un viaje exótico): Cinco semanas en globo, Viaje al centro de la Tierra, De la Tierra a la Luna, Los hijos del Capitán Grand, 20.000 leguas de viaje submarino, La Isla Misteriosa, La vuelta al mundo en 80 días, Miguel Strogoff el correo del Zar...
Conservo muchos de sus libros, todos en ediciones económicas y  papel barato. Las releo de vez en cuando. Aún me sorprendo con sus previsiones de visionario genial (pero muy documentado: pasó la mayor parte de su vida en las bibliotecas). Todos tenemos asociado en nuestra mente la palabra submarino al barroco diseño de su Nautilus. Muchos reflexionamos sobre el primer cohete y satélite lunar en la premonitoria novela "De la Tierra a la Luna". Algunos (los que llegamos a leer "Robur, el conquistador") imaginamos un portentoso helicóptero en la figura de un yate con grandes hélices en los mástiles.  Personalmente aprendí muchísimos cosas de sus aventuras: cómo  hacer fuego con el cristal abombado de la esfera de un reloj, cómo  fabricar ácido sulfúrico o pólvora con elementos nativos, un montón de datos sobre minerología y el mesozóico... Verne era un erudito y sus novelas constituían una forma maravillosa de aprender.  

Sirva hoy este  pequeño artículo como homenaje a este prolífico autor cuya vida (al igual que Stevenson) transcurrió en el cerrado mundo de una larga enfermedad. Cosntreñido casi siempre al reducido espacio de su ciudad de residencia logró evadirse ayudado de la biblioteca y su imaginación a fantásticos universos que nos regaló a todos en sus novelas. 

jueves, 3 de febrero de 2011

Nostalgia del sentido perdido

De los sentidos del hombre, el olfato es el evolutivamente más antiguo. Sin embargo el centro procesador de esta sensación está profundamente enterrado en nuestro encéfalo, en el fondo neuronal de nuestro sistema límbico que, curiosamente, controla y procesa también nuestras emociones.
El recorrido evolutivo de nuestra especie parece haber primado el desrrollo de los demás sentidos adjudicándoles alojamiento en los nuevos edificios neuronales de la corteza, sin embargo el olfato sigue habitando el sótano. Este inquilino, sin embargo, ejerce una poderosa influencia que se sustrae al control de la consciencia, la voluntad, de la lógica, incluso de la ética. 
No somos conscientes, muchas veces, de las intensas sensaciones de atracción o repulsión que experimentamos por otras personas. Las ferormonas juegan un papel clave en la atracción sexual. Sustancias misteriosas emanadas por otras personas nos predisponen  en favor o en contra sin que tengamos explicación posible. Hablamos de que existe "química" entre nosotros para explicar lo bien que nos entendemos cuando quizás deberíamos decir lo bien que nos olemos. Calificamos una situación amenazante con "nos huele mal", aplicando una metáfora bastante reveladora del potencial del olfato. Incluso "la intuición" puede estar relacionada con una información inconsciente proporcionada por este sentido.
Son numerosas las experiencias, propia y ajenas, que pueden ilustrar esto. Siempre recordaré el gran pastor alemán que, de guardia a la puerta de un garage, se avalanzó sobre mi cuello proninándome un mordisco sólo porque pasaba por el medio de la calle enfadado por la falta de seriedad de un taller que no me había reparado el coche en la fecha señalada... (la agresividad se huele). O qué decir de las "embriagadoras" sensaciones de atracción y felicidad que nos proporciona (a los hombres  generalmente) el aroma de una mujer -sea una fragancia elaborada o su propio olor corporal-. ¿Y quién no ha leído "El perfume" de Patrick Süskind, metáfora extraordinaria de las tesis que exponemos (la ética manipulada  por el olor, la extraordinaria información y poder que proporciona este sentido, el desasosiego de su ausencia)?  
Su importancia se aprecia de forma incluso contable (financiera) en base a la enorme industria dedicada a su manipulación (perfumería, desodorantes, ambientadores, afrodisíacos, gastronomía...).

Pero lo que me mueve a hablar de este sentido no es su importancia, de la que creo que nadie duda, sino la nostalgia por haberlo perdido en gran parte. Otras especies (¡Ah, cuanto envidio en esto al perro!) lo han desarrollado mucho más eficazmente y, sin entrar en los problemas que una hembra en celo nos produciría al pasear por la calle -quizás algo que algunos violadores pudieran explicarnos mejor-, son capaces de percibir una auténtica constelación de olores y una riqueza de matices extraordinaria. Leo en el diario El País de hoy que los perros son capaces de detectar el cáncer en las personas con una fiabilidad cercana al 100%. Pueden hacerlo en las heces o en el aliento (aquí la fiabilidad es algo menor) y siempre con resultados mejores que las pruebas médicas al uso. Recuerdo también la tierna historia de un gato, mascota de un asilo de ancianos, que era capaz de detectar la proximidad de la muerte en los ancianos con uno o dos días de antelación. El animal entraba en la habitación y permanecía acompañando a la persona hasta que se producía el fallecimiento. Con el tiempo los empleados del geriátrico aprendieron a confiar en el pequeño felino que siempre acertaba. Realmente olía la muerte.

Si con nuestro pequeño equipamiento olfativo y nuestro reducido procesador del hipotálamo somos capaces de cosas tan extraordinarias como experimentar el amor más apasionado, el odio más incomprensible, la repulsión más inevitable, la felicidad inexplicada, el gusto más sabroso... ¡Cúanto más intensas serían esas sensaciones si nuestro olfato no hubiera perdido tantas de sus potencialidades! ¡Qué extraordinario poder estaría a nuestro alcance para disponer de informaciones valiosísimas del mundo que nos rodea!

Siento nostalgia por el sentido perdido. Ese que quizás tornara comprensibles para mí tantas cosas inexplicables.  

miércoles, 2 de febrero de 2011

Picasso y sus niños tristes



Esta tarde buscaba un articulito no demasiado difícil para animar este experimento de blog que mi buena amiga Teresa tiene tan abandonado. Cómo la inspiración hay que alimentarla con algo he recurrido a la despensa cósmica de los buscadores para ver si me sugerían algo interesante.

Mezclando en la caldera de las pócimas de Google los ingredientes: "Picasso + niños" he topado con un artículo que apunta una idea curiosa: Ni un sólo niño de los cientos que pueblan sus cuadros sonríe. Dejo aquí algunas de las ideas de este autor, Ricardo Bada del periódico La Nación, y que podéis leer ìntegro aquí:


[...] He visitado con largo aliento el Museo Picasso de París. Y he pasado largo tiempo, antes en la Casona del Buen Retiro y luego en el Museo Reina Sofía de Madrid, ante la mayor estampilla postal del mundo, que por tal tengo al sobrevalorado Guernica. Y me topé un día, sin haberla programado, con una muy completa retrospectiva del malagueño en el Palazzo Grassi, durante mi primer viaje a Venecia. [...]

[...] Niños que no sonríen. Espectador no profesional, me detuve a hacer una reflexión apabullante y que me saltó a la vista tras un atento recorrido de las salas y la no menos atenta contemplación de las 185 obras, tanto que repetí el itinerario para cerciorarme de que no me había equivocado, de que no había pasado por alto ningún cuadro, ningún dibujo, ninguna escultura que hablase en contra de esa reflexión. Y esta era que los niños del gran Picasso no se ríen nunca, ni siquiera sonríen, y en una impresionante proporción ni siquiera despegan los labios. [...]

[...] El hieratismo, la seriedad, la ausencia mental, el vacío interior, la falta de comunicación con el entorno, eran las características más acusadas de todas y cada una de aquellas figuras infantiles pintadas, dibujadas y esculpidas por Picasso en luengos años de actividad artística. Realmente, como para echarse a temblar pensando en lo que debió de ser la infancia del niño Pablito Ruiz. Lo crean o no, recordé involuntariamente el aforismo de Juan de Mairena: “Una vez hubo un pedagogo. Se llamó Herodes”. [...]

Picasso y sus niños tristes. ¿Por qué?

martes, 1 de febrero de 2011

Efecto mariposa

Estimulante (aunque terrible) resulta que, la acción desesperada de un joven vendedor ambulante que decide inmolarse con un suicidio a lo bonzo, haya originado este vendaval liberador; primero en Túnez, luego en Egipto y después ya veremos dónde acaba.

Infunde ánimos saber que nuestros gestos desesperados, casi anónimos, pueden tener tamaña trascendencia: ¡Lo que hacemos sirve para algo! Esa rebelión contra el destino, esa negación del determinismo ("Está ecrito") nos insufla confianza en nosotros mismos y nos hace ver el valor de cada individuo por insignificante que parezca.

Mohamed Bouazizi, ha logrado, sin proponérselo desencadenar un efecto dominó sobre el tablero global.  El factor multiplicador de las redes sociales ha hecho tambalear y derribar dos dictaduras firmemente asentadas y apoyadas por imperios tan poderosos como EEUU o Europa. Ahora, en estas naciones, se preguntan estupefactos ¿Cómo ha podido suceder esto? ¡La que ha montado un vendedor de fruta...!

No me queda sino dedicar esta breve canción inglesa adaptada a los curiosos sucesos  actuales como homenaje al joven Bouazizi. Demostración realista de la teoría del Caos, donde en las aguas revueltas de una dictadura corrupta se ha producido la multiplicación de los panes y los peces de la libertad:


Por un permiso se perdió un carrito
sin el carrito se perdió una esperanza
sin la esperanza se perdió la vida

Por una vida se agitaron las conciencias
por su conciencia se fugó un dictador
sin el dictador se liberó un país.
Por ese país se tambaleó el vecino
por el vecino temblaron los demás...

¿Cómo acabará?