viernes, 23 de julio de 2010

La casa de la madre.

Son más de 150 años soportando el peso de las tejas árabes rotas ya, cada una, en varios pedazos.  Rota la formación se tienden en desorden como soldados tras una larga batalla. Acostadas todas ellas en un lecho de barro y brezo sostenido por ramas de roble carcomidas que a su vez se apoyan en troncos retorcidos vueltos oscuros por la humedad y el polvo. Medio centímetro de polvo se acumula bajo los tejados, sobre los techos de las habitaciones, en las paneras, sobre el pajarón. El piso irregular, a capricho de los viejos troncos que forman las vigas. Elevaciones y hundimientos que hacen imposible apoyar las tablas que coloca mi madre para que no se derpreda pintura y cascotes sobre la despensa...
Sólo la  voluntad de mi madre  y las reparaciones de urgencia, a vida o muerte, de mis padres o las mías propias la mantienen en pie. Amasando el barro con las manos, pintanto y repintando, aplicando yeso una y mil veces hasta que, por fin, se adhiere a las superficies polvorientea; cubriendo las cabezas de las vigas mondadas  por la lluvia con delgadas capas de cemento, aplicando pequeños sobreretes de tejas sobre ellas... Horas y horas de afan para que siga en pie, para que cada año reciba a mis  padres produciéndoles esa sensación de independencia que tanto les gusta y de la que se muestran tan orgullosos.
El patio, jardín caótico, sombreado por árboles con frutos deseables, pero esquivos, tan propensos a heladas y plagas... no hay día que no recojamos 10-12 frutos caídos. Las plantas que amorosamente cuida mi madre, nietas y biznietas de otras centenarias que vivieron allí; los retoños de la yuka que plantó el abuelo, los pequeños rosales que se cargaban de flores en  mayo y junio, flores sencilla y robustas:  dalias,  macetas, siemprevivas, dedaleras y geranios; el emparrado, que intenta cubrir la  herida abierta en el enfoscado de la tapia del vecino que cayó un verano sobre los retoños florales; el nuevo fregadero, un experimento de albañilería tan  original como práctico y barato; las cuerdas para la ropa tendidas entre paredes y troncos; los dos grandes maderos, vigas maestras de los derruidos pajares, que tan bien hacen ahora oficio de bancos resistiendo la humedad impregnados en aceite usado y hundiendo sus apoyos medio desechos entre la hierba, el antiguo yugo y el arado, expuestos muchos años al combate cuerpo a cuerpo con los animales y la tierra y vencidos ahora ante los elementos que se avaten sobre ellos en  la misma tapia donde se exponen...
La ámplia fachada truyada cientos de veces, remendada, repintada cada año con sus blancas capas de cal que se sujetan de forma milagrosa y caen con el más leve roce.
Las ventanas, con la madera reseca y vieja, que ajustan mal, cerradas y abiertas con cuidados geriátricos; con sus corrietes, sus gritetas, sus cristales originales de vídrio atiguo cuyas aberraciones ópticas dibujan  un patio irreal. Sus persianas de tablillas marrones enrolladas mil veces con sus cuerdas desgastadas por el uso.
Las viejas puertas que hay que pasar con gesto de humildad pues sus bajos dinteles golpean las cabezas erguidas. Cerradas con trancas y rejones. Una de las habitaciones tiene llave: una vieja llave pintada de azul siempre dentro de la antigua cerradura que aún funciona. Otra, al final de la escalera, es una puerta con ventanilla a la altura de la cabeza de un niño. Era la que más nos gustaba de crios...
Los suelos de tablas pulidas por el pisar  de un millón de pasos, lisas como las maderas que devuelve el mar, fregadas con legia cientos de veces, límpias por la dedicación de mi madre... Las cabezas de los clavos se elevan sobre la lisa superficie desgastada como pequeños cerros testigos en la pequeña llanura.
Los muebles: alguna valiosa antigüedad como el secreter de mi tio, las antiguas camas de forja, los viejos bau les... otros sobrantes de otras casas, que poco a poco, se reciclan allí en un último y definitivo uso. Somieres quejumbrosos, fatigados colchones, mesillas cojas, armarios que crujen, cansadas mesas de varios tipos...
La cocina, en alerta permanente por el riesgo de fugas, de quemadores que no ajustan, de fuegos que se apagan, de mala ventilación, de control de la llaves del gas... Con su banco corrido encabezado por sillón reservado para el tío cura; éste con apoyabrazos y un hueco tallado en uno de ellos como asiento para abrir las nueces; su hornacha entrañable que nosotros llamamos trébede y que aún conserva los azulejos originales troceados decenas de veces y vueltos a pegar con los materiales más insospechados (últimamente hemos llegado a utilizar silicona, cello); la alacena, aún sujeta sorprendentemente a la pared de adobe, y que sigue albergando huérfanas piezas de vajilla y todo tipo de sobrantes y deshechos de viejas colecciones. El calentador de gas, un modelo barato instalado de manera poco ortodoxa y  que nos hace estar siempre atentos ante posibles olores a gas; la escasa y espartana grifería, toqueteada tantas veces, arreglada con llaves de todo a 100 que se mellan a la primera vuelta de tuerca...
El sistema eléctrico con cable pareado blanco y reseco, apenas unos pocos hilos son sus venas, recorre paredes y techos con diseño caótico. Sus empalmes son pequeños vendajes sobre diminutos muñones oxidados.a del río (poca arena y bastante lodo) de una calidad pésima...
La vigas, tan atractivas a las polillas que invaden el maderamen, repintadas con el color de la oportunidad, etudiadas quirúrgicamente para diagnosticar su aguante...
Los suelos, esos suelos de baldosas pequeñas, que reconocí en tantas casas de Tánger y que son construcciones tan similares a veces a los pueblos de la Valdavia.
La cuadra, en la parte de atrás, a apenas unos metros de la cocina y comunicada por una vieja puerta con un pequeño pasillo... A veces algún animal lograba introducirse y despertaba en plena noche a los humanos moradores con su ruidoso trasiego y los roces con las paredes... Hasta la misma cocina llegó alguna vez el burro asustando a mi madre niña. Ahora sus pesebres están repletos de tejas y azadones, de bolsas de plástico, maderos... hasta 8 bicicletas amontonadas y colgadas del techo esperan desbocarse calle abajo en las infantiles correrías del verano. Ha sido cuadra, leñera, almacén, taller, pajar... Lugar donde el desorden pugna por reinar y que obliga a muchas y horas de limpieza y recogida cada año. En alguna ocasión desenterramos entre los mis y un objetos alguno que nos ilumina la memoria. Es uno de los yacimientos preferidos en la arqueología de los recuerdos.

Como escritas en sus paredes alberga mil experiencias infantiles. Aún recuerdo la excitación que me produjo descubrír un puñado de balas de la guerra civil, con sus viejos casquillos y sus punta de plomo. Guardadas como un tesoro acabaron enterradas en algún rincón del patio sin que la memoria recuerde el lugar. Me emocioné con el descubrimiento de una vieja moneda (quizás alguna propina perdida de mi viejo tío cuando niño). Me veo explorando los pajares, subiendo por rústicas escaleras y pisando un suelo lleno de agujeros que filtraban la luz hasta el piso de abajo. Me descubro jugándome la vida en aquellas incursiones, oculto a la vigilancia materna. Aún veo la gran superficie llena de patatas convenientemente esparcidas para que no se pudrieran... Los establos, que conocí apenas abandonados por los animales, con su corte donde entrábamos  a desahogar nuestros cuerpos al modo rural de entonces donde tan pocos tenían baño; el viejo pozo de aguas cenagosas, contiguo a la casa de Porfirio y que porvocó a en mi padre una fiebres tifoideas al amontonar el vecino el estiércol en la pared contigua; el gran portalón, refugio de los carros y lugar de juegos a cubierta del sol y la lluvia, las viejas puertas grises y resecas con con grandes clavos fabricados a mano; la ventana-puerta, por donde se introducía la paja...
Escenario de muchos capítulos de nuestra vida las secuencias se suceden al volver la vista atrás:
Los arreglos del tejado eran auténticos deportes de riesgo: a la inclinación de plano del tejado se unía la inseguridad de los techos carcomidos, la fragilidad de las tejas que se parten por docenas, el inestable encaje donde cada pisada puede producir roturas, deslizamientos, hundimientos... Las paredes de adobe tampoco son muy firme apoyo y el agua implacable las va desmoronando un poco más cada año... Los aleros con un voladizo de medio metro muestras sus maderos carcomidos y perfiles desdentados... La garduña tiene cita puntual todos los años sobre la cubierta moviendo tejas, separandolas y explorando bajo ellas, entre los brezos a la búsqueda de los nidos de pájaros que allí se alojan, buscando sus huevos,... y deja un rastro de tejas alzadas, atravesadas que dejarán expuesta la gruesa capa de arcilla y brezo a las inclemencias de los cielos. Muchas veces me he encomendado a mis dioses protectores al subir por sus tejas a cuatro patas cargado con cubos de cemento y tejas de repuesto.
Las cenas y meriendas al aire libre, un lujo siempre a nuestro alcance; las lecturas a la sombra de los manzanos, el continuo bricolaje, las reparaciones sin fin, las diarias visitas, los paseos por el campo, la excursiones por los alrededores, las rutas en la cercana Montaña Palentina, las visitas a Saldaña o Guardo, las fiestas... todas son actividades inolvidables.

Es casa y es historia. Además de ser la cuna de mi madre fue su herendó de mi abuela y es su más preciada propiedad. En ella murieron sus padres y abuelos. Allí crecieron todos sus hermanos. Allí se afanaron, trabajaron y estudiaron en sus pequeños cuartos. Allí pasaba lecciones de catecismo y lectura el "tio cura" que nos dejó en herencia libros muy antiguos y, curiosamente, una máquina de coser. Por ella pasó el Padre Polanco, obispo de Teruel. hoy elevado a los altares como beato y con busto en Buenavista. En su banca, en el rincón de honor al lado dela lumbre, se sentó el Marqués de la Valdavia. En la casa vecina, paró a comer Miguel Delibes en uno de sus días de caza...

Hoy apenas se sostiene. Ha fundido su existencia con la de su dueña: mi madre. Los hijos tienen la vista puesta en las nuevas construcciones. Han echado el ojo a las gangas que se presentan, a los sitios con posibles... Entre la amargura de límites en la huerta que los vecinos no se avienen a ajustar se dirimen ya en los tribunales, el escaso resuello para los más mínimos trabajos y la gente que se va muriendo alrededor la casa sigue en pie como testigo de la voluntad de su dueña: mi madre. Voluntad que se respeta y entiende. Pero, a veces Señor, jugándonos la vida.

martes, 20 de abril de 2010

Efebofilia DOC

Por magnanimidad, por "presunción de inocencia", por asepsia judicial; lo llamaremos así:
Efebofilia: condición en la cual personas adultas experimentan atracción sexual hacia adolescentes que ya han pasado la etapa de la pubertad (Wikipedia).

Abril de 2010. Abro el PAÍS. Una oleada de investigaciones,acusaciones, declaraciones, críticas, dimisiones se asoman a las páginas de este periódico (parcialísimo según mis hermanos Javi y Miguel; bastante imparcial, en mi criterio). Hace apenas un año que me aposté con Miguel Ángel a que los casos de pederastia eran muy numerosos entre el clero cristiano. - No más que en cualguier grupo social - me rebatía. Le invité a buscar en internet. Yo mismo lo hice. Los resultados (hay tanta des/in-formacion) podían dar la razón a cualquiera de los dos.
Sin embargo ahora, un año después, un auténtico vendaval de noticias sobre el caso ponen en valor mi opinión... No era necesario ser profeta extraordinario para ello. Las huellas en la memoria de un pretérito plus-cuam-perfecto  en los maristas mantienen levantadas banderas de alerta ante actitudes, personajes, sucesos... Creo en lo que dice el periódico.  Comparto sus líneas generales. Yo, mismo puedo escribir mi pequeño artículo al respecto.

Tengo que retrasar los engranajes del tiempo hasta los catorce años. La máquina de mi personal intrahistoria se detiene en Arévalo (Avila). Llegamos en el autobús del tiempo al Juniorado de los Maristas. Un solar grande, despejado, con un íntimo bosquete de pinos y unas amigables pistas de deportes ; presidido por un gran edificio de soleada fachada. En us interior un claustro acristalado luminoso y acogedor.

Llegar con 13 años a un lugar así. Deshacer las maletas para estar en compañía de otros 70 compañeros, adolescentes como tú. Todos tan distintos. Todo tan desconocido... Y tantas cosas interesantes, bellas, excitantes... ¡Cómo no querer aprender, disfrutar, soñar...!

Y los hermanos. Ilusión y trabajo se reflejaban en ellos. Algún rasgo autoritario. Algún matiz de superioridad, de excesiva severidad... pero también alegría, juego, animo, enseñanza, deporte...

Y el director... Se llamaba Marcos. Sus gafas oscuras, su mirada terrible y acusadora cuando leía públicamente las notas, cuando dirigía la meditación o la oración... Serio, escrutador, inflexible... Todos le temíamos. Los hermanos también. Era inteligente, culto, poderoso...

Nosotros, cocteleras adolescentes, niños asustados junto a depredadores infantiles... Pasamos dos años



Pederastia en la Iglesia? Experiencia personal.
El Beato Marcelino homosexual?

Hno. Marco. director. Serio. poderoso. Imponente.Arévalo. 1974?.
Tratro (o representación, celebración?). "ven a probarte la bandera". Semidesnudo. En calzoncillos. "parece que estás desnudo". Un buen rato. Yo incómodo...

Más detalles: Charlas en su cuarto, como director (espiritual y de juniorado). recomendación de un libro...?? tema de la castidad.
Proohibición o mediación para que no me juntara mucho con Francisco.

Sus salidas a actividades de apostolado. Me llevó en una ocasión en coche, de noche y los dos solos ¿por qué?

Hoy salido. Casado. ?trabaja en?

domingo, 14 de marzo de 2010

Miguel Delibes & Félix Rodríguez de la Fuente

Hoy, el más importante de los buscadores, Google, abría su página de búsquedas con este logo de "El amigo Félix".


Él, que fue jefe de una familia de lobos (en el sentido más literal pues, tras criarlos en Pelegrina, se convirtió en macho-alfa o jefe de la manada) hizo cambiar la imágen que tradicionalmente se tenía de estos animales.

Sólo quiero recordar que, tal día como hoy, 14 de marzo día de su cumpleaños- hace 30 años ya, murió al estrellarse su avioneta en Alaska, cuando se disponía a filmar una de las más apasionantes carreras de perros de esquimales con trineo del mundo, en el Yukón.

Vecino de Poza de la Sal, en Burgos, compartió gustos y paisajes con el gran escritor Miguel Delibes que, durante casi toda su vida, pasó los veranos en el burgalés pueblo de Sedano.

Igualmente colaboró con su hijo -reconocido biólogo, directror del Parque Nacional de Doñana hasta hace algunos años- en la redacción de la Enciclopedia de la Naturaleza.


La vida de estos dos personajes, unidos en el tiempo y en su forma de sentir la naturaleza y la vida se interpone continuamente en la vida de muchos de nosotros. En mi caso fueron protagonistas de muchas tardes infantiles y juveniles (bien leyendo "El Camino" bien contemplando la series "El amigo Félix", "Fauna Ibérica", El Planeta Azul" o inversión de mis propinas dominicales comprando sus "cuadernos de campo" algunos de los cuales yacen aún en viejas cajas en Ayuela. Igualmente conocí a un sobrino de Félix cuando estudiaba magisterio (es maestro como yo, en Madrid) y residía en Sedano justamente en el pueblo por el que paseaba a diario Miguel Delibes. Más de uan vez sentí la tentación de encargarle que le mostrara alguno de mis pobres escritos (idea que tienen cientos de aspirantes y que los escritores desechan sistemáticamente... pero había que probar). Continuando con las coincidencias, desde hace 15 años resido en Guadalajara y una de mis excursiones favoritas es a la Hoz del Río Dulce, lugar donde se filmaron algunas de sus mejores escenas del Hombre y la Tierra. Allí crió una familia de cuatro lobos y se convirtió en el jefe de la manada (circulan por YouTube capítuos sobre esta historia que son fascinantes).

Voviendo a Delibes resaltar que dedica algunos de sus libros a su gran amigo Félix. También conocía la anécdota de su visita a Ayuela, que nos proporcionó Teodoro en su libro. Y, por supuesto, adoro las películas realizadas sobre sus novelas: "Los Santos Inocentes", "Las ratas", "La sombra del ciprés es alargada", "El Camino", "Cinco horas con Mario" y sobre todas: "El disputado voto del Señor Cayo". De esta última recuerdo con precisión el pueblo burgales abandonado donde se rodó: "Cortiguera" que visité en una de las rutas que nos prepara nuestro hermano Miguel Ángel... En fin una constelación de recuerdos que ahora se funden en una nueva estrella que se fija a nuestro particular universo. Que desde ahí nos siga alumbrando.

Os invito a ver el vídeo sobre Félix, al que podéis acceder desde una de las página de este blog.


Añado una foto del monumento a Félix Rodríguez de La fuente en Pelegrina, lugar donde rodó sus mejores secuencias de caza por los lobos.


Igualmente un recuerdo de mi personal visión de Cortiguera, en Burgos, localización de la película de "El Disputado voto del señor Cayo"

viernes, 19 de febrero de 2010

¡Qué importante es la educación, la autoridad del maestro y hacer una faena al hijoputa!

Alumnos díscolos estos de la derecha. Está el PP como patio de colegio. Menuda generación LOGSE les ha salido. No hacen ni caso al director (Costa y  Camps),  son unos chivatos o gestapillos , insultones ("quitárselo al hijoputa"), incluso se huele bulling (a Gallardón)...  ya sólo nos faltaba que exhibieran gestos obscenos en medio de la Universidad.

Y encima nuestra presidenta, la de la mueca riente (me recuerda esas niñas que ponen sonrisa tonta cuando las riñen) abandera discursos, marchas y leyes para recuperar la autoridad del profesor... Me quiere poner una tarima. ¿Acaso pretende que vea mejor las burradas de su panda? 

La faena de hoy del antiguo delegado de la clase ha merecido una falta disciplinaria grave. En nuestro cole, querida Esperanza, supondría amonestación, llamada a los padres y una semana expulsado.

Señor Aznar: copie 500 veces:
"No debo insultar en la universidad"  

lunes, 15 de febrero de 2010

La perplejidad de Caperucita



Félix, el amigo de los animales, el macho alfa de la manada de Pelegrina, el tío de un buen amigo mío, mi paisano, el exalumno de mi mismo cole el Liceo Castilla en Burgos, el explorador que buscaba tesoros animales, el comunicador, el montaraz, el transgresor de mis cuentos infantiles... murió, tal día como hoy, hace 30 años el 14 de marzo de 1980.

Siempre pensé en los cuentos como retorcidas miradas de la realidad. Caperucita no era tan ingenua, seguramente, en su candor, desplegaba sofisticadas mañas de manipulación. Ni los pequeños cabritillos eran tan  inocentes cuando engañaban al feroz lobo tras la puerta. Ni los cerditos creyeron nunca que el lobo era tan bobalicón...

Pero contar un cuento al revés no hace ninguna gracia al que está acostumbrado a su versión.

En la sociedad española de los años sesenta el cuento tenía un claro argumento: "el lobo era una fiera dañina  peligrosa e innecesaria". Una larga tradición de loberas, alimañeros, partidas de caza y el grito terrible: ¡al lobo!

Mi propia madre me cuenta un enfrentamiento con este ser en medio de un camino solitario, a lomos de una yegua asustada.

Y de pronto llega Félix y cuenta el cuento al revés. El lobo se hace hermoso, inteligente, social,  cariñoso y familiar, valiente, respetuoso con el jefe de la manada, fiel... Su silueta, de poderosa belleza, bebe el sol del atardecer saltando con la cadencia de una música tocada con corazones, aullidos y patas sobre la estepa.

El lobo, mi animal totem,  mi espíritu reencarnado, mi alma gemela. Félix, el lobo humano, el jefe de la manada,  el hombre lobo que hizo bello el crepúsculo de tu huída.

El día siguiente de su muerte, joven poetastro, lobezno aún... escribí un poema que ahora reproduzco.
Homenaje y pleitesía al jefe de la manada en su partida.

Catorce de marzo, la avioneta
volaba arriesgada
en la estepa nevada
volaba como una saeta.

Sobre la  ciencia alada
la muerte olvidada
se cierne secreta.

El rostro, la palabra,
el trabajo, la fama,
la vida completa;
todo se acababa
cuando se estrellaba
contra la meseta.

Lloraron los lobos,
lloraremos todos,
aullidos de pena.
Nos dejaste solos,
te llevaste un trozo
de naturaleza.

Perros de trineo
te encontraron luego
llegando a la meta.
Llorad, que se fueron
los aventureros,
hombres de la tierra.

Marchas compañero
a la noche eterna.
Aullan los lobos
hacia las estrellas.


martes, 3 de noviembre de 2009

La mansa muerte del Padrino Búfalo

Lento e inexorable un cáncer acabó con la vida del Padrino Búfalo. La muerte reparadora y esperada para él, nos deja a nosotros la tristeza y la pérdida de un actor entrañable.


  • Para mi alma infantil siempre fue el generoso Padrino Búfalo que se dejaba tomar el pelo por sus sobrinos ofreciendo su blandura como aporte a su felicidad.
  • Ante mi mirada adolescente me hizo dudar entre creerle triste licántropo o psicópata vulgar en en bosque del lobo.
  • Bajo sus ropas de mujer me hizo creer y emocionar en Mi querida Señorita.
  • Ante una muda muchacha sentí también el impulso de enseñarla, de ayudarla. Aún veo en el cine de la memoria su imagen comiendo sopas de ajo previamente masticadas por aquella abuela en Habla Mudita.
  • En atraco a las tres reí con la planificación de un atraco que bien podría haber sido ideado por los hermanos Marx.
  • Desde la cabina me hizo sentir la claustrofóbica soledad y la irrealidad de un destino absurdo...
Con sus personajes de "españolito medio reprimido y salido" que buscaba suecas que seducir es con el papel que menos conecto y, sin embargo, despojadas aquellas películas de las exigencias de los guiones al gusto de la época, quedan actuaciones personales valiosísimas.

Desgrano ahora artículos "in memoriam", reconocimientos póstumos que pueblan la prensa de hoy. Descubro que era un señor reservado, taciturno, tímido, estudioso, desconfiado con el dinero... Nada que objetar, muchos somos así. Pero recibe con generosidad epítetos de muchos quilates. Me admira que Charles Chaplin le considerara uno de los tres mejores actores del mundo o que George Cukor, admirado por su interpretación en una de sus películas, le quisiera llevar a Hollyvood...

Descansa en paz, Padrino Búfalo, la gran familia de España, a quien emocionaste tantas veces, te echa de menos.

martes, 6 de octubre de 2009

El Retrato de Doriam Camps Gray



El Retrato de Doriam Camps Gray
(Relato actualizado del gran escritor Oscar Wilde)


Había una vez un narcisista personaje llamado Dorian Camps Grey. Dorian Camps era jovial, amigo de sus amigos, bien relacionado con la justicia, popular por partida doble... Estaba obsesionado por mantener siempre su atractiva y exitosa carrera. Su vanidad le llevaba a cuidabar su imagen hasta el pundo de vestir magníficos trajes que le regalaban sus amiguitos del alma a los que quería un huevo. Sus apariciones en la prensa reflejaban una imagen apacible, benébola, angelical... Sus colaboradores mimaban esas apariciones públicas donde se le retrataba como una persona educada, confiada, segura... Su voz aflautada y meliflua embaucaba con facilidad a sus seguidores (que eran muchos)... Esa bella persona causaba una gran impresión en sus semejantes.

Un día, charlando en los jardines de palacio, durante una boda en la Corte del Reino, conoció a un tal Lord Henry Günter y empezó a cautivarse por su peculiar visión del mundo. Se expuso desde entonces a un nuevo tipo de hedonismo. Aceptó regalos y cumplidos. Abrió sus manos a las riqueza fácil...

Camps Dorian se daba cuenta de que un día su belleza se desvanecería pero deseaba presentar siempre la misma imagen justa y bondadosa que le habían pintado los medios. Su deseo se cumplía: él mantenía para siempre la misma apariencia en prensa y televisión. La figura en ellos retratada aparecía siempre bondadosa ante sus acólitos.

Pero su búsqueda del placer lo llevó a una serie de actos de libertinaje y perversión. Se mantuvo imperturbable ante las denuncias, mintió hasta la extenuación, negó lo evidente cuantas veces hizo falta, calumnió a quien le contradijera, acusó falsamente para conseguir un río revuelto donde moverse más libremente... pero al llegar a su casa y quitarse los caros ropajes su rostro y su cuerpo se desfiguraban dando cuenta de toda su maldad.

Un día descubrió que solo una confesión completa de sus pecados lo redimirá, pero no está dispuesto a afrontar las consecuencias. En un arranque de furia, atacó violentamente su imagen ante el espejo. Sus acólitos escucharon un grito desde su habitación clausurada. La policía, ya alertada, y los compañeros entraron con algunas dificultades para encontrar la figura desgarrada de su rostro al que la maldad y la mentira le hacían ya irreconocible. Ahí junto al espejo, estaba el cuerpo de un hombre , lleno de arrugas y con un rostro repulsivo, desvanecido por el horror. Solo por medio de los anillos en su mano fueron capaces de identificar quién era, Dorian Camps Grey.