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domingo, 20 de noviembre de 2016

Un paisano de Sedano


El coche paró al costado de la carretera, bajo un nogal. Sedano no estaba lejos. El conductor bajó apresuradamente y alivió su vejiga contra el grueso tronco del árbol. Con un suspiro de satisfacción cerró la cremallera mientras volvía la cabeza para contemplar el entorno. En el suelo, ya limpio por la rebusca de las nueces de temporada, descubrió una nuez, escondida entre la hierba. Se agachó y la cogió. Tenía buen aspecto y le apeteció probarla. Montó en el coche y apretó la cáscara con las dos manos esperando oír el crujido que le anunciara el libre acceso a su rico contenido. Pese al dolor de una fuerte presión la nuez se mantenía intacta.
- ¡Jodeeerr...!
El exabrupto salió por la ventanilla y su sonido voló por los alrededores...

El paisano, con la boina calada que tapaba sus canas de sesentón,  detuvo su bicicleta de medio siglo al lado del vehículo. Levantó la barbilla en dirección al viajero que seguía peleando con la nuez:
- ¿Es suyo ese árbol?
- No...
- ¿Lo ha plantado usted?
- No...
- Y si no es suyo y no lo ha plantado: ¿Por qué coge esa nuez?
- Porque estaba en el suelo.
- Ya, pero, si no es suyo el árbol... ¿por qué coge usted esa nuez?
- ¡Pero si era la única!
- Pero no es suyo el árbol ¿verdad?
- ¡Que solo es una nuez, que estaba abandonada, que se iba a pudrir!
- ¿Pero la nuez era suya o no era suya?
...

El viajero, estupefacto, se queda con la boca abierta. La nuez le quema como una brasa en las manos. Sale del coche y soltándola la da un puntapié que la manda cincuenta metros más allá, sobre los campos de labor.
- ¡A tomar por culo la dichosa nuez!
Y montando enfadadísimo en el coche arranca al instante.

El paisano, aún de pie sobre la bicicleta, le grita mientras se incorpora a la carretera:
- Bueno, pues si usted quería nueces, yo le puedo vender...

viernes, 18 de noviembre de 2016

Una palabra y mil imágenes 27: Dictador

Podía ser Franco, Acaso Musolini, quizá Stalin, seguramente Hitler (la parodia y el atrezzo no deja lugar a dudas)... o también probablemente Donald Trump, porque casi seguro eso será lo nos espera (si le dejan). Cada uno de ellos impone, domina, dicta... Todos ellos son el gran
Dictador 



Para la genialidad se requieren pocos medios. La sencillez es aliada del genio. Un uniforme, un frío decorado palaciego, un globo... y la irreverencia, la ácida ironía, la risa; se convierten en el arma de destrucción masiva más barata y efectiva contra la dictadura. 

Rescato de mi filmoteca particular esta escena. Confieso que no he visto completamente la película (me la apunto de deberes ahora mismo); pero sí que me he fijado desde hace tiempo en esta secuencia. Son unos miles de fotogramas muy vistos, es un clásico del cine, está en todos los manuales ya lo sé; pero es genial y única: cuando oigo la palabra Dictador enseguida me acuerdo de Hitler y por un momento me estremezco, pero luego acuden a mi memoria estas imágenes... y sonrío. Hay esperanza. 

jueves, 25 de agosto de 2016

SINTIENDO EN LA NUCA EL ALIENTO DE LA MUERTE - 16: Sísifo sobre el tejado.


Un espíritu alado, un ángel protector, cuida de mí y se ocupa de guiar mis pasos y vigilar mis torpes movimientos sobre las tejas en el alero. No tiene otra explicación que no me haya caído desde esa altura alguno de esos últimos años en que he de subir a reparar los destrozos que se acumulan en este tiempo en el tejado antiguo de la casa centenaria de mi madre.

Esta tarde, con el cuerpo molido, me tiendo en la cama de espaldas. He renunciado a la sobremesa, a la copa, al mantecado con coñac...; lo único que quiero es tumbarme boca arriba en el blando lecho de mi rústica habitación. Agotado miro el techo, ese techo con el yeso antiguo siempre agrietado sobre el que, un metro más arriba, se sustenta el tejado donde los gatos depositan sus excrementos por centenares. Hoy, mañana y tarde, lo he pasado moviéndome a cámara lenta sobre las tejas arreglando goteras evidentes y agujeros ocultos, parcheando tejas rotas, retejando, quitando cascotes, ajustando la curva cerámica de las tejas árabes... Sé que, para los profesionales no es gran cosa pero yo, profano en el oficio y falto de ejercicio y de práctica, he quedado para el arrastre. Me duelen los brazos, se me resienten las rodillas, tengo las manos abrasadas por la aspereza y el calor de las tejas y el culo, ese tercer apoyo junto con los pies que es el más seguro para no partir la cerámica, está pelado y despellejado como trasero de babuino (¡la próxima vez no me  pondré un liviano bañador, no señor!).

Cada año la aventura de subir al pajarón (antiguo pajar y almacén del gran en el piso superior), colocarse sobre una mesa vieja de madera, y alzarse a pulso entre la claraboya se acaba convirtiendo una obligación.  El estrecho ventanuco se asienta en medio del tejado posterior, entre dos vigas. Su borde inferior se asienta sobre dos tejas varias veces rotas  ya por el peso al sentarse sobre ellas cuando accedemos a la cubierta. Remendadas actualmente con buen cemento, aún ha habido que aplicar silicona en las nuevas grietas pues, hace algunos años, el agua que se filtró en abundancia haciendo crecer una colonia de setas creciendo invertidas en el techo de ramas y barro. Precavido he acarreado previamente una docena de tejas viejas (procedentes de desmontes de otros tejados y que tienen la ventaja de la probada durante décadas de su resistencia a los elementos). También he dispuesto un cepillo para barrer los cascotes entre los surcos y mover las tejas distantes en los lugares en que no puedo pisar (existen lugares señalados en algún mapa de mi cerebro que señalan los sitios en que pisar equivaldría a un desplome de la zona, tal es el estado de podredumbre allí de las vigas). Por último me cuelgo una pequeña mochila a la espalda cargada con silicona, un rollo de cinta asfáltica, varias bolsas de plástico (para guardar los cascotes que vaya encontrando) y mi móvil, dispositivo muy necesario por si me caigo, o desfallezco, o me da un calambre o, simplemente, necesito la ayuda de alguno de mis hermanos para que me acerque nuevas tejas o una misericordiosa botellita de agua que alivie el sol cenital que se cierne sobre el tejado en estos últimos días de agosto.

El objetivo inicial es arreglar un par de goteras detectadas este invierno; pero una vez arriba, ante el  panorama de tejas revueltas, desplazadas o partidas, no puede uno menos que ponerse a repasar pacientemente, metro a metro, toda la superficie del tejado. Mil factores son la causa de estos desaguisados anuales: las fuertes lluvias de invierno y primavera que arrastran las tejas, el viento que emboca sus aberturas levantándolas y desplazándolas, las plantas y musgos que crecen en los intersticios impidiendo el libre discurrir del agua, el fuerte choque térmico que fractura la cerámica, las garduñas que rondan nocturnas por los tejados buscando nidos y polluelos bajo las tejas y, sobre todo, los gatos: esas adorables y curiosas criaturas (protegidos por decenas por mi vecina) que suben a su solarium particular a tomar el sol y que utilizan los canales como letrina. (He jurado que el próximo año me haré con una carabina de aire comprimido: ¡ya está bien de que "caguen" impunemente sobre mi cabeza!). A todo esto se añade la constante caída de láminas de ladrillo (el vecino cometió la chupuza de edificar una pared lateral al tejado de rasilla que con el tiempo se desmorona en delgadas cuchillas cerámicas), los cascotes de cemento que sujetaban muchas de las tejas y que, casi en su totalidad se han despegado y obstruyen continuamente los desagües, y algunas ramas traídas por el viento y que acaban por formar pequeñas presas. No cuento la arena que se deposita en los laterales, bajo la pared vecina, producto de una mezcla con cemento en una proporción bajísima (quizás al 1:20 Peso/Peso) que hace que se desmigajen en mi puño cuando tomo un puñado.

Así que, además de ajustar como en un puzle muchísimas tejas sumamente irregulares y de asegurar en lo posible que no se desplacen demasiado por la gravedad, el viento o la lluvia; voy recogiendo en bolsas de plástico todos los desperdicios acumulados. No bajan de cinco o seis bolsas la recolección de los pequeños escombros que se acumulan anualmente. Después toca la penosa tarea de llevar las tejas de una en una (evito estar de pie,  todo esto ha de hacerse sentado y apoyado con mucho cuidado en las tejas, preferentemente en las laterales unidas a la pared vecina o al lomo de las vertientes, lugares de más resistencia y donde la rigidez del piso hace que las tejas no se rompan). Así, sentándome a cada metro paso de mano a mano las tejas de una en una hasta treinta metros más allá donde las distribuyo según necesidades. Pero para mi desgracia alcanzar el lugar donde hay que sustituir una de ellas supone muchas veces romper otras al paso. Están tan sueltas y la sustentación es tan blanda que apenas se fuerza una apoyo producen una fractura. Ese sonido seco bajo los pies (o el trasero) resulta frustrante y descorazonador; recuerda los penosos e interminables trabajos de Sísifo acarreando su bola hasta la montaña para inmediatamente no poder evitar que caiga a de nuevo desde la cima y recomenzar la tarea eternamente).

Bajo el sol del mediodía aún hay hay que lidiar con las avispas, algunas de las cuales construyen sus avisperos bajo las tejas. Sufrir un ataque en masa de estos insectos: llegar a la claraboya entre tejas inestables y bajar por la misma con un enjambre atosigándote resultaría dramático. Mientras tanto, eso sí, las vistas a ojo de pájaro son magníficas. No muy lejos puede verse a la gente trabajando en las huertas, o  se distingue  perfectamente la silueta de gran parte de las casas del pueblo. En la parte posterior veo el patio de mi vecina echando de comer a las gallinas, esa misma vecina que mima y alimenta docenas de gatos que luego recorren mi tejado y defecan sobre él tomando el sol. Las dos bolsas que llené con sus excrementos incluían algunas bastante reciente, posiblemente de algún gato poeta que gusta de hacerlo al amanecer admirando la salida del sol. Con el paso de las horas y lo forzado de las posturas los brazos y las piernas parecen descoyuntarse; pero son las rodillas, sobre todo, las que más protestan desde sus meniscos resentidos. Con las horas dejan de responder y trastablilleas con serio peligro para tu seguridad. A veces surgen pequeños accidentes como cuando el rollo de cinta asfáltica con el que parcheo grietas y fracturas rueda tejado abajo yendo a parar al patio de la vecina amante de los felinos. Al final hay que ir a pedirle que, por favor, nos deje recogerlo.

Al final de la tarde, agotado y sin fuerzas, me siento un momento y observo mi alrededor. Varios gatos dormitan en los tejados vecinos. Yo les hago gestos evidentes de carnicero: les escenifico que les rebanaré el cuello, alzo mi brazo y muevo mis dedos como una garra amenazante, les muestro mi navaja como un largo colmillo que espera clavarse sobre su cuerpo... Ellos me miran indolentes sin entender (o sin importarles) mis amenazas. Sólo parecen responder al bufido que, encolerizado, termino por enviarles: ¡Ffffffffff..! Entonces, perezosamente, se levantan  y se alejan despacio colocándose con cierto fastidio unos metros más allá, como pensando: ¡Qué malas pulgas tiene el servicio de limpieza! ¡Hay qué ver como las gasta el limpiador de váteres este...!

lunes, 18 de julio de 2016

El tiempo amarillo



Tal es la mala virtud
del rayo que me rodea,
que voy a mi juventud
como la luna a mi aldea. 
...
Sigue, pues, sigue cuchillo,
volando, hiriendo. Algún día
se pondrá el tiempo amarillo 
sobre mi fotografía. 

(Miguel Hernández, El rayo que no cesa. Fragmento)



A las cinco despertó. Había dormido cuatro horas y media lo cual no estaba mal para lo que era habitual en ella -pensó-; la media pastilla de somnífero que se tomó la noche anterior había hecho su efecto, así que se estaba contenta. Aguantaría aún cuatro horas más en la cama; no quería levantarse antes que su hijo mayor que dormía en la habitación contigua. Se dispuso a pasar el tiempo que le faltaba lo mejor posible antes de levantarse y visitar su amado patio para comprobar el crecimiento de las nuevas flores y  contemplar el aspecto del retal de huerta que tenía junto a la tapia.
Al principio revisó las actividades del día anterior: la llegada al pueblo, el saludo a las viejas conocidas (que ya eran pocas y cada vez serían menos), las muchas faenas necesarias en una casa vieja desocupada durante un año entero...  Luego pensó en lo que tenía que hacer en el nuevo día : cocinar el  conejo que había comprado la víspera (lo prepararía ella -decidió-, pues su hijo no sabía hacerlo como su madre, que era como a ellos les gustaba), había que fumigar el cerezo cuyas brotes aparecían infectados de miríadas de pulgones que arrugaban las hojas y le hacían desprender un líquido pegajoso... Al cabo de una hora había repasado la lista mental de las tareas diarias; las horas siguientes las pasó como cada noche recordando.
Resultaba asombroso la nitidez con que se acordaba de los mínimos detalles de su infancia. El día anterior, durante el viaje, estuvo contando largas historias de la familia: nos hizo  un vívida descripción de su madre en el lecho de muerte con su tío a solas con ella inclinado sobre la cama y pidiéndola perdón poco antes de morir: - "Peregrina ¿me perdonas?. Íbamos descubriendo sobre la marcha historias de celos, abusos y envidias que nunca sospechamos... Después abrió el capítulo de la añoranza por su querido pueblo: contó los niños que había en la escuela,  revisó la lista uno por uno como un maestro al inicio de su clase. Algunas anécdotas se agolparon entonces en su memoria: la temida visita de la inspectora y el gesto de alivio de su maestro cuando ella, una de las alumnas más aplicadas, pasó a la pizarra y con sus cinco añitos escribió con letra primorosa la palabra "vaca" a petición de la ilustre visitante; la vez que se escapó unos pocos minutos y se escondió tras el hueco de la escalera ante la llegada del maestro que la buscaba, lo aplicada y voluntariosas que era para los estudios....  Pasó después  revista a la cuadrilla de jóvenes de su época de moza y nuevos recuerdos la visitaron: las bromas que gastaban a los mozos cuando se juntaban unas cuantas amigas y los pillaban desprevenidos: esconderles la comida,  aguarles el vino de la bota, bajarles los pantalones si les sorprendían solos y se sentían atrevidas... Pasó un rato entresacando de la lista a los que aún vivían: eran ya tan pocos... y ¡Dios mío: en qué estado se encontraba la mayoría! Entonces daba gracias a Dios por conservarse tan bien a sus 93 años, por mantener la cabeza en su sitio y ser capaz de hablar con la gente, de aconsejar a los hijos y de poner un poco de orden e interés en la cabeza de su marido, enfermo en los últimos años. 
A las siete visitó mentalmente las calles de la aldea e inspecciona todas sus casas. En su cabeza dibujó un plano preciso con la disposición de las viviendas ochenta años atrás. Pasó un buen rato verificando  una a una los cambios que habían tenido lugar:  las nuevas construcciones, los derribos, los anexos construidos... transitó de las viviendas recientes de ladrillo a aquellas otras viejas más frescas, de paredes blandas y terrosas, de sonidos amortiguados...   Recordaba perfectamente su olor: el aliento animal de las cuadras, el ajo sofriéndose en la cazuela, el humo de la lumbre, el rancio aroma del tocino, el acre de la paja, el dulzón de la hierba, el caliente y húmedo del estiércol...
El día comienza a clarear. Entre las rendijas de las contraventanas carcomidas asoman los  primeros rayos del sol. Ella sigue en la cama esperando que suenen las ocho campanadas del reloj de la torre de la ermita. Hoy tarda demasiado, le parece; y concluye que debe estar estropeado; seguramente el mecanismo digital del programador se averió. ¡Sí, a eso hemos llegado: el vibrante sonido de las campanas lo producen ahora modernos altavoces! Por fin se levanta. Baja con cuidado los viejos escalones de madera relamida mil veces por la fregona. El hijo mayor está ya en la cocina sentado en el extremo del bando más próximo a la lumbre que arde mortecina. Se halla recostado en el  "sillón del tío cura", un espacio acotado, con dos reposabrazos, y reservado desde hacía un siglo para el clérigo que siempre se hospedó en la casa de la familia. Uno de los brazos aún conserva un hoyo pequeño tallado en su extremo donde aquel honorable p.ersonaje cascaba las nueces, privilegio gastronómico que junto con algunos pichones tenía por autoridad y peculio. El hijo escribe en una agenda caducada hace ya dos años pero que usa para tomar notas y apuntes de sus escritos en un blog. La mujer le saluda y le cuenta el tiempo que lleva despierta. Luego, torpemente, coge las cerillas y va a encender un pequeño quemador en la desvencijada cocina de gas. Coloca un cazo requemado con un poco de leche y sale a toda  prisa a visitar el patio recorriéndolo apresuradamente y tropezando a cada paso entre la hierba a media altura cuajada de rocío. Aspira con gozo el aire de la mañana y se dirige enseguida a unas matas de flores: coloca los tallos revueltos y excava un poco la tierra en su base con una pequeña azada; luego coge la manguera del suelo y riega los brotes de lechugas y cebollas de su minúscula huerta... En tanto el cazo olvidado sobre la cocina rebosa la leche hirviendo. El hijo se levanta apresuradamente para apagar el gas: - Hemos de instalar un microondas cuanto antes-piensa-. No podemos estar quemando cazos  cada día...   

jueves, 23 de junio de 2016

Out


Grexit, Brexit... ¿Cuál será la siguiente palabreja? ¿Catalexit?

Escucho en la tertulia mañanera de RNE llamar a Cameron "chorrobolo" (término que, por cierto, no aparece en mis curiosas búsquedas en google para establecer su significado). Quizá baste solo el tono y el contexto para interpretar que le están llamando "chorra" y "bolo" que sí tienen significado preciso y uso frecuente: en otras palabras Cameron sería un hombre ignorante y necio que dice chorradas. No me interesan demasiado los políticos británicos en general (y menos los actuales); pero leo los periódicos, veo ocasionalmente los telediarios y oigo todas las mañanas la radio; así que sé que el actual primer ministro británico nos ha metido en un buen "embolado" al abrir la caja de Pandora del "pire" comunitario. Como aviso a navegantes (en este caso españoles) estamos descubriendo las consecuencias de los faroles de los tahúres que apuestan con dinero ajeno, de los experimentos con Aurumred Serie Oro (el vino más caro del mundo).  En los referenduns alegres puede salir el tiro por la culata, que la gente es muy suya y puestos a probarse ropa, eligen lo estrafalario solo por probar. Deberían tenerlo en cuenta los que abogan por consultas en Cataluña. Europa es un coche sin marcha atrás y España, una vez rechazada, también lo sería. "Out is out" que diría Junker.

Esa inmadurez política se nota es esa actitud infantil que me recuerda la de muchos de nosotros en nuestros juegos infantiles: cuando se ganaba todos reíamos alegres, pero cuando la suerte se torcía aparecía indefectiblemente alguien que decía "ya no juego". En los años "de las duras" de la vida de la Unión, aparecen los que se quieren bajar del carro. Empiezan a "rajarse" ante la crisis, los refugiados, la inmigración... y lo revisten de "pureza democrática" decretando un peibiscito que a ellos, personalmente, les sale gratis, pero que puede tener consecuencias traumáticas para muchos.

Al final, de momento, parece prevalecer la sensatez, aunque sustos nos hemos llevado unos cuantos. Grecia aún pertenece a la UE, Escocia aún forma parte de Gran Bretaña, esta última parece que continuará en la Europa Comunitaria (aunque ajustadamente según los últimos sondeos)... ¿y Cataluña? Tanto va el cántaro a la fuente que termina por romperse. Luego no habrá quién junte los trozos.

jueves, 4 de febrero de 2016

Hogueras


En la Mancha hay un pueblo y en el pueblo una calle. La calle se llena de hogueras a las diez de la noche el 8 de diciembre.  En torno a las hogueras animadas figuras se agitan, con sus sombras danzando sobre las paredes. Es la noche de las hogueras en Palomares del Campo.

Los troncos de almendruco, los leños de olivo y algún tocón de encina arden poderosos crepitando sobre la gruesa plancha de hierro forjada en la herrería del pueblo. El espíritu del etanol de la madera tiene alma de llama. Arde la celulosa quemando su alma. Cuando el castillo de troncos se derrumba, una bandada de pavesas ascienden por el camino del humo.

Lo chiquillos echan un cubito de hielo a la hoguera y comentan asombrados: -¡No se enciende!, ¡No arde!...Y el hielo querría, solo por agradarlos, tornarse en llama.

La noche sigue entre risas y cantares. Cuando de los troncos sólo queda su esqueleto incandescente, sobreviene el jubiloso tormento de los embutidos y después la gustosa celebración de su martirio. Una sangre extraña, hecha de jugo vegetal, riega el banquete.  

La noche se hace vieja cuando las brasas se adormecen.

lunes, 14 de diciembre de 2015

Manual de entradas en un blog popular


Si quieres tener un blog popular; si deseas que tus entradas sean "presuntamente" leídas por muchos seguidores; si te pone que el contador de visitas se dispare diariamente; si consideras imprescindible que la lista de tus seguidores bata records a diario, si buscas dar satisfacción a tu ego creador...

Haz entradas cortas, tipo tapa, con elementos vistosos (da igual que tengan poca chicha)...
Apela al bajo vientre, al chiste fácil, recurre al chascarrillo manoseado, comparte sin tasa...
Copia, corta, pega, refríe, piratea sin rubor.
Escribe con frases cortas, sintaxis sencilla, vocabulario básico... inserta de cuando en cuando una expresión coloquial, alguna palabra malsonante, apela al argot juvenil con frecuencia...
Recurre a temas almibarados, asuntos sensibleros, escándalos sin confirmar, noticias de infarto, vanalidades sin cuento; realiza un catálogo de intrascendencias...
No te cortes: usa estereotipos sin dudar, apúntate a la corriente de moda, no intentes llevar la contraria a la mayoría, súmate a las voces dominantes, ...
 Da coba, haz la pelota, adula, reparte halagos y lisonjas, mercadea comentarios, apela al compadreo...

No cometas el inmenso error de pensar por ti mismo, de llevar la contraria, de salirte de la línea...
No intentes escribir demasiado bien, te considerarán pedante.
No hagas pensar jamás a los demás que tú eres más inteligente que ellos: entremete alguna barbaridad en cada entrada, eso te hará más humano a sus ojos, te reconocerán como un igual.
No se te ocurra tratar de tristezas, diseccionar desgracias, mostrar vicios cercanos, defender presuntos culpables, acusar presuntos inocentes...

Es decir, y resumiendo, no hagas un blog como este que lees (¿aún lo estás leyendo?)

lunes, 23 de noviembre de 2015

Cuatro décadas.


Hacen cuarenta años que murió Francisco Franco, el dictador. Diecisiete años antes del óbito, a mi primeras luces, aún era el Generalísimo y treinta años atrás, cuando mi madre niña, había sido "El Caudillo". Tiempo después gobernó como Jefe del Estado hasta el mismo día 20 de noviembre de 1975 en que, con ojos lacrimosos y voz compungida, un tristísimo Arias Navarro nos comunicó por TV: "Españoles... Franco ha muerto".

A partir de entonces muchas palomas han dejado sus excrementos sobre su estatua en los jardines. Aquellos bustos, ya todos ausentes de nuestras calles, se cubrieron con el polvo de los años. Algún chiquillo que jugaba en los parques acaso miró alguna vez ese rostro extraño y serio sin adivinar quién pudo ser  aquel señor calvo con cara de garbanzo y nariz gruesa que miraba a la lejanía. Su figura ha ido perdiendo lustre hasta enterrarse también en el polvo. Dictador, tirano, fascista... Cuarenta años dan para muchos entierros y sus correspondientes epitafios. Los libros de historia fueron corregidos. El Azor, su emblemático yate, fue deconstruído. El Pazo de Meirás fue obligado a abrir sus puertas al populacho. El Valle de los Caídos, se postula para monumento alternativo o para su demolición... Han pasado cuarenta años, cuatro largas décadas de cambios.

En este tiempo el país, entre briscas y tutes, ha cantado (cara al sol o a la sombra, según el caso) muchas veces "las cuarenta":
"Cuarenta en oros" y se ha enriquecido como pocos. Y aunque la crisis ha obligado a parar y recuperarse la economía de la nación es motivo de envidia entre sus pares.
"Cuarenta en copas" y la alegría de vivir y de disfrutar durante estos años ha producido fenómenos de resonancia internacional como la conocida Movida madrileña.
"Cuarenta en bastos", que también ha habido represión y la porra continuó en el cinto de grises, azules y verdes.
"Cuarenta en espadas", que es su moderna versión de metralletas y pistolas han teñido de sangre las calles aterrorizando inocentes y castigando inculpados con la justicia de la propia mano.

¡Cuarenta años, toda una vida! Tan difícil de entender para las vidas nuevas. Dos veces cuarenta: Ochenta y más, como la larga edad de mis padres. Vidas que ya casi nadie recuerda. Vidas que ya a nadie importan. Pero vidas irrepetibles.

Ocho lustros. Cuatro décadas. Cuarenta años. 495 lunas. El tiempo se releva en ciclos interminables. No sé si estamos ahora muy lejos del dictador o llegamos ya a la nueva, siguiente, dictadura.

domingo, 30 de agosto de 2015

Ayuela - Shangri La

Cada uno en su villorrio, cada cual en su localidad, todos en su pequeño pueblo pueden encontrar motivos para imaginar que su rinconcito en el mundo es un auténtico Shangri La. Este verano pasé unos días en el pueblo de mis padres, Ayuela de Vadavia. De mis caminatas de madrugada, de los paseos al atardecer con mis padres quedan imágenes en mi retina y recuerdos en mis pensamientos suficientes como para considerarla un locus amoenus ideal.
Desde cada perspectiva personal encontraremos motivos para demostrarnos que nuestra minúscula villa ofrece los más agradables placeres de la vida. Ahí va la prueba: estas son las maravillas que ofrece mi pueblo. ¿Álguien da más por tan poco precio?


Océanos de cebada que darán lugar a varios hectolitros de cerveza.


Miles de enebros cuyas miríadas de enebrinas serán la base de deliciosas ginebras.


Afrutadas endrinas; esencia de agridulces pacharanes que darán sabor a excitantes licores caseros.


Delicados líquenes, la más suave textura para limpiarse el trasero después de un apretón en el monte.




Levítico paraje de leche y miel. Tierra de pan llevar y de vino incipiente que ha comenzado a cultivarse.





Variada farmacopea silvestre, surtida de tes, manzanillas, poleos, hierbabuena, orégano, cornezuelo, dedaleras, milenrama...




Parque de atracciones natural con excitantes actividades como arrancar y acarrear enebros, alimentar el fuego de una hoguera de alegre chisporroteo, bañarse en una chorca campestre, golf con acceso peatonal a escasos tres kilómetros, fiestas y concursos infantiles, pedos de lobo...


Reino de las bestias salvajes, tierra de gamos y corzos, territorio del raposo, solar de la culebra, dominio de las águilas, cielo de la cigüeña, auditorio de las ranas, camino del lobo...


Riqueza de setas, agayugas, cardo silvestre, moras, ciruelos, miel, cangrejos, ancas de rana...



Tierra de las mil fuentes con un auténtico manantial de la eterna juventud en el centro del pueblo.


Ermita mítica con historias de degollamientos, moros y conventos antiquísimas.


Sugerentes leyendas: La Cabra Carbonera, Las cabras del tío Hilario, La Mata de los Carlistas, Los cimientos de la ermita de Rabanillo, El pozo de la yegua...


Rutas de ensueño, senderos olvidados, caminos perdidos,


Todo bajo el influjo poderosos de un cielo limpio cuajado de estrellas, donde la luna llena es el sol de medianoche y la cercanas montañas ejercen su influencia mágica sobre los valles y colinas del lugar.

viernes, 7 de agosto de 2015

¡No hay quién!


Yo, ilusionado, hacía una página web sobre el pueblo de mis padres. Era una página muy currada, casi profesional. Nadie sabe las horas que dediqué, las investigaciones que emprendí, la documentación que reuní. Y mira que era difícil, pues el pueblo es pequeñín, la gente cerrada y el ayuntamiento desinteresado. Con todo, buscando en internet, consultando algún archivo y biblioteca, preguntando a amigos y familiares, leyendo algunas (escasas) publicaciones con referencias al mismo fui construyendo una página muy completa que incluso recibió  reconocimiento en forma de algunos modestos premios en la red y alguna pequeña referencia en diarios como el El País. Aquella intensa actividad duró más de 10 años. Los residentes fuera del pueblo, los emigrados o alejados por la vida, recibieron la propuesta con interés. Reconocían en sus comentarios el valor de la iniciativa y confesaban el interés por su seguimiento. Muchos de ellos colaboraron aportando documentos de interés: fotos, artículos, noticia...  Llegaban comentarios desde Viena, Holanda, EEUU, Argentina... Algunas personas realizaron valiosas aportaciones, pero siempre echaba de menos la colaboración local, las noticias en boca de sus protagonistas, el aliento de los parroquianos... Finalmente, cansado, decidí cerrar aquella página. Durante un mes ofrecí su administración a quien pudiera interesar. Acabó el plazo y ¡No hubo quién!

Recuerdo aquellas populares subastas en el santuario de La Virgen de Rabanillo, patrona de tres pueblos vecinos:
¿No hay quién?
¿No hay quién?
Pues si no hay quién...

A mi web le  pasó igual: ¡No había quién! Finalmente se cerró. Se mantuvo un blog en forma de periódico (algo mucho más fácil de mantener y que me llevaba menos tiempo) que también cerró finalmente en medio de la desidia de aquellos a los que iba dedicado. No faltaron quienes manifestaron su agradecimiento y sus ganas de colaborar pero fueron pocos, y lejanos. Terminé convencido de que no podía seguir contando noticias "de oídas", de forma imprecisa, a veces equivocada... El blog se estaba covirtiendo en un refrito de lo que se publicaba en internet por otras vías. Quería más implicación de los propios residentes del pueblo, al menos como colaboradores, pero... ¡No había quién! Así que cerré el acceso al público y la mantuve solo para mis ojos. Me serviría de archivo para ir pegando, a modo de álbum, las noticias que fuera recopilando por la red o que yo mismo pudiera aportar. Y ahí está: ignota, pero viva. Quizás algún día enseñe el álbum, si encuentro que hay alguien que manifieste algún interés. De momento, ¡No hay quién!

Hoy, organizando los archivos de los discos duros de mi ordenador, me he topado con la documentación reunida sobre este pueblo. Es enorme. Reiterativa, irrelevante a veces, confusa... pero enorme. Y sigue creciendo porque mi interés por el pueblo y su historia se mantiene. Quizás algún día me dedique a organizar todo este material y hacer algo con él. Quizás sea provechosa para alguien o ayude a realizar un libro sobre la localidad... ¡pero no hay quién!

miércoles, 10 de diciembre de 2014

La hoguera


Las hogueras se encendieron pronto. A las 8:00 la oscuridad se había tendido sobre las casas y las calles del pueblo desde hacía una hora antes. El frío era intenso. En la calle de Los Ladrillos todo estaba dispuesto: las chapas que protegían el asfalto, los aperitivos, los embutidos destinados a la barbacoa... No tardaron en acercar un mechero a la pequeña pira preparada al efecto en torno a un  poco de papel. Los troncos de almendruco prendieron  enseguida. Pasaban ya de dos decenas los años que llevaban amontonados en un rincón de la leñera. La gente se aproximó enseguida atraída por las llamas. La primera oleada de calor fue celebrada con alegría por los presentes. Un grupo se dispuso enseguida a acarrear leña: había que conseguir una buena provisión de brasas para cuando el grueso de los asistentes se presentaran muertos de hambre y ateridos de frío. Las parrillas estaba listas y el embutido a punto.También habían generosa provisión de otra viandas: empanadas, tortilla, aceitunas, guindillas valencianas... Para acompañarlas se cortaron en rebanadas un par de panes de aldea, traídos de Galicia para la ocasión, más tarde llegarían las 15 barras encargadas al panadero del pueblo. Enseguida, cuando las llamas se amortiguaron sobre las brasas, se dispusieron las parrillas con longaniza valenciana, chorizo, morcilla, panceta y costillas. Perdonamos finalmente a las patatas asadas pues el personal no pudo terminar los frutos del cerdo plenamente satisfecho ya tras las sucesivas tandas de asados. El vino, que corría generoso, algo hizo para facilitar la pesada digestión porcina. 

Tras matar el hambre la gente se dispuso a matar el frío. En corro se juntaron alrededor de la fogata buscando todos el calor de las llamas, pero también el calor de las hogueras interiores, la cálida llama de la amistad, la caricia del mutuo conocimiento, las chispas de la alegría compartida. Era el momento de las bromas, los villancicos, las canciones picantes, el disparate y el baile. Algo ayudó el ron guatemalteco que alguien hizo aparecer por allí y que mojaba estupendamente los mantecados caseros preparado por una de las asistentes. Luego vendrían el wisqui, los cubatas... 

Mientras las conversaciones proseguían en un rondó ininterrumpido durante horas yo me dediqué a observar la hoguera. Como me es difícil seguir los flujos verbales, me concentré en el baile de las llamaradas, en la aérea arquitectura de llamas efímeras, en la danza bruja del fuego contorsionándose sobre los troncos. Me fascinaba la imprevisible pirotecnia de las chispas, el festivo crepitar de las brasas. Observaba con atención el momento en que se rompía el precario equilibrio de los maderos amontonados. Me divertía el aliento cegador del humo a capricho del viento cambiante. Miraba fascinado como se inflamaba el metanol de la madera, como se consumía su celulosa lentamente...   

Los chiquillos, que hasta ahora habían pasado desapercibidos al estar jugando con sus móviles en el interior de la casa, se acercaron curiosos. Empezaron a arrojar palitos y papeles a la fogata. Uno de ellos vino con un cubito de hielo y lo arrojó a las llamas en un vano afán de que se inflamara: - No se enciende -contestó asombrado.

Y así, con la duración añadida de nuevos troncos, fue pasando la velada. Cuatro horas después, hacia la medianoche, los asistentes se fueron retirando. La noche de las hogueras, en la víspera de La Inmaculada, en Palomares del Campo había llegado a su fin.  

domingo, 30 de noviembre de 2014

Catalanalgia


Tengo empacho catalán. Sufro un perforante herpes independentista. Padezco una inflacción de gases nacionalistas.  Estoy afectado de Catalanalgia aguda con Síndrome de Artur.  Tal es así que mi médico me ha prescrito seriamente dieta con ausencia de este tóxico verbal: Cataluña. "Pruebe usted con sucedáneos", me aconseja.

Así que intentaré explicarme sin consumir este nutriente tan excesivo porque mi dieta no está en absoluto equilibrada. Para  desayuno, comida y cena me despacho con noticias relacionadas con anhelos independentistas en el nordeste peninsular,  en el menú informativo patrio encuentro siempre un exceso de espetecs, cavas y butifarras.  El país cuyo totem es un  burro bulle con tanta agitación que genera más noticias que todo el resto junto.

Estoy ya muy cansado del acontecer en el área comprendida entre los  (40º- 42º) y los (0-3) OE. Se me acaba la paciencia con los descendientes de la antigua Lacetania; la educada espera, el aguante impasible, el toma y daca de querellas y consultasen el país cuya fiesta nacional parece que será en adelante el 9N. Estoy harto del monopoly autonómico, donde las normas se ignoran y el jugador de la esquina superior derecha acumula créditos sin pagar impuesto alguno.

Solo queda me queda la triste despedida, cada día más indignada. El firme y fiero adiós. Separación sí, pero con orden de alejamiento. Aquí nos quedaremos, en la vieja colmena. Hace algunos años que se acabó la rica miel y las raciones escasas soliviantan a las obreras menos acostumbradas a las privaciones. Quieren libar por su cuenta en prados desconocidos: ha nacido una nueva reina, crece la nueva enjambre. Nuestra reina no acabó a tiempo con la amenaza del príncipe, cuando era cría. Ahora es ya demasiado tarde. La colmena está dividida. Terminarán por irse. El bullicio del descontento hace irrespirable el ambiente. En el interior, mientras el grueso de las obreras intenta reflotar la economía del abejal fabricando miel;  unas cuantas, insolidarias, solo producen cera para sí, para su nuevo panal.


domingo, 9 de noviembre de 2014

En tiempos de tribulación no hacer mudanzas.


"En tiempos de tribulación no hacer mudanzas."Lo decía un santo. San Igancio de Loyola lo advertía en sus ejercicios espirituales. Precisamente él, en tiempos arrogante y vanidoso, capaz de comerse el mundo.

Hoy, 9 de noviembre, un buen grupo de ciudadanos y convecinos votan en una consulta, más o memos legal, más o menos rigurosa, sobre su deseo de mudarse. Sobre gustos y deseos está todo escrito; rara es la idea que aún no está impresa, que aún no vio la luz. Todas son legítimas en el pensamiento, en la manifestación (con el respeto por delante a las opiniones ajenas), incluso son votables; pero no nos equivoquemos: ¡No son imponibles!¡Existen leyes! ¡Existen normas! Las hicieron nuestros padres y nos las dimos nosotros mismos ¡Todos las votamos legalmente! ¡Revisemos las hemerotecas!

La idea de nación es demasiado grande para que la voten solo unos cuantos. La secesión es demasiado trascendente e irreversible como para ser votada a plazo fijo, a golpe de ultimatum,  con ínfulas de "liberación", con pretensiones de "Guerra Santa".

Yo también me quiero independizar de la crisis. Porque es eso, ¡todos queremos alejarnos de esta tribulación que nos asola!, ¡todos queremos castigar a "la casta" (ahí está el auge de Podemos)!. Soy el primero en votar "Sí a un estado puro, incorrupto, limpio y solidario". Pero no seamos bisojos, no practiquemos una estrábica mirada que se enfoca sobre el resto peninsular y no ve las corruptelas del "Molt Honorable" y sus adláteres. En el "río revuelto" actual" pescan pescadores de oscuros intereses. ¡Cuidado!

Mis queridos vecinos catalanes: en estos últimos años he descubierto con estupor que yo soy un "español" que nos os comprende, que os desprecia, que os roba, que no valora vuestra cultura, que falsifica vuestra historia, que obstaculiza el empleo de vuestra lengua... La verdad, que me lo habéis tenido que enseñar, palabra; porque en mi examen de conciencia personal jamás había pensado eso... ¿Quién os lo ha enseñado a vosotros?  ¿En qué escuela estudiasteis? ¿Quién escribió vuestros libros?
¿Quién hizo vuestras cuentas, esas que afirman que los españoles "robamos"?, ¿Quién impide a vuestro niños hablar catalán y estudiarlo profusamente?, ¿Quién jalea eso de que "os despreciamos"?, ¿Quién ha tachado de los libros de visitas mi firma cuando pasé por vuestros museos?  ¿Quién borró  las fotos que hice allí? ¿Quién ha robado mis discos de Serrat? ¿Quién ha hurtado mi admiración por el Barça de los últimos años?

Tras el estupor me llega el enojo. ¿Porqué esa desafección? ¿Porqué personalizar sus problemas en el españolito de a pie? ¿Porqué ese jugar a tirar la piedra y esconder la mano? ¿A qué viene tanta lección que, se supone, nos estáis dando?... Pero al final, me puede la tristeza. En una cosa tenéis razón: nadie podrá impediros una independencia perseguida con tanta tenacidad, si realmente la mayoría la desea. Lo realmente difícil será volver a la unidad: juntarse para crecer juntos.  Creo que os equivocáis. Si se cruza el umbral será difícil abriros después la puerta. Llamad a casa del vecino si pensáis que os tratará mejor. Quizás os equivoquéis por segunda vez: echad un vistazo a vuestra historia, esto ya ha pasado.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Y habréis perdido...



Lograréis, quizás, algún día realizar un referendun vosotros solitos, sin contar conmigo para nada, con el fin de independizar vuestra habitación en esta familia mal avenida que se llama España. Os escucho constantemente decir que la culpa la tienen papá y mamá que no os dan suficiente propina, o que no os dejan charlar  a vuestro modo, o que no respetan vuestra identidad personal... Es muy posible que lo logréis: mamá y papá están hartos, y nosotros también. La verdad... es difícil aguantar ese aire de superioridad en la familia... Lograréis votar independizar vuestro cuarto, pero habréis perdido...

O quizás mamá y papá se planten y recuerden las reglas que rigen en esta casa. Entonces se aplicarán castigos y prohibiciones. Quizás les plantéis cara y se monten broncas monumentales. Quizás se suelte alguna bofetada. Os retiraréis indignados a vuestra habitación rumiando la venganza y la rebelión. Papá y mamá habrán perdido también, pero vosotros habréis perdido...

O quizás escapéis de casa, rompáis los lazos con la familia y busquéis alojamiento fuera del hogar. Llamaréis al timbre de los vecinos y les contaréis dramáticas historias de maltrato, de insufrible represión paterna. Pero los vecinos, que os conocen, quizás no se lo crean y  habréis perdido...

O quizás simplemente queréis que os suban la paga semanal, que os cubran los números rojos de vuestra libreta de ahorros, que no se metan en vuestra vida para nada... y es posible que papá y mamá os lo concedan porque ya no aguantan más esta dinámica de reproches y culpas. Se habrán cansado de  soportar  que les acuséis de estar siempre "contra" vosotros, de que os "roban"; de que, en realidad, no estáis nada seguros de que seáis sus hijos. Finalmente quizás terminen por concederos todos los caprichos para conservaros cerca. Entonces habréis ganado, pero habréis perdido...

... habréis perdido mi aprecio, mi limpia mirada de hermano menor que antes os admiraba. Habréis echado a perder  años de juegos compartidos, de solidaridad fraternal,  de entrañables confidencias...

... habréis perdido mi confianza: No volváis a mi cuarto buscando ayuda; en la puerta hace guardia el resentimiento.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Analítica del paciente España

El paciente España lleva tiempo encontrándose mal. Con sus análisis en la mano ha acudido al galeno que ha encontrado preocupantes valores anormales en una serie de datos y hechos objetivos en la salud de la Sociedad española. Analicemos con el recurso de la parodia, los datos contrastados de unas conductas inquietantes:

ANALÍTICA (Laboratorio Periodístico) 

NOMBRE DEL PACIENTE: España   EDAD: 500 años +/-
FOTOGRAFÍA:













APARATO CIRCULATORIO: 

Pornodatos: 
Índice de visitas a PornoHub: 2% del tráfico mundial ( +1000000 visitas diarias)
Tiempo medio de las visitas.  8 minutos (7-9 Mide el tiempo medio de una práctica onanista).
Índice de uso de pornografía infantil: 2º país del mundo. (11% del tráfico mundial)

Factores de manipulación:
Índice de malware ingerido: 3,23% (mide % de portales gratuitos visitados con presencia de adware, spyware y virus)
% Lectores en su tiempo libre: 59,1 % (Media europea 70%)
Tiempo ante la pantalla TV: 4 h diarias/persona y día.

TÓXICOS  EN SANGRE:

Factores de alteración psicógena: 
155 microgramos de cocaína en cada billete en circulacion (la tasa más alta de Europa).
Edad inicio consumo de alcohol: 13 años. 
Índice de borracheras cada 30 días en adolescentes: (1/3)
Porcentaje de adultos fumadores: 23,9 % (OCDE = a 20,9 %)

FACTORES DE CORRUPCIÓN:
Política:
Índice de percepción de corrupción: 96% (mucha o bastante). (75% en Europa)
Nº de causas por corrupción: 1.700
Cociente condenados/imputados: 20/500 = 0,4%
Índice de afectación en la vida ciudadana: 63% (0,25% en Europa).

Resistencia fiscal: 
Nª de aforados: 10.000-250.000 (record mundial)

Economía sumergida: 
Índice de actividad clandestina: 20%


FACTORES DE SOLIDARIDAD: 

Empleo:
Nº de parados: 4.427.930
Índice de empleo en >55 años: 42,9%
Índice de empleo en jóvenes: 53,1%

VALORACIÓN MÉDICA: 

Los análisis reflejan un metabolismo fuertemente alterado con valores alarmantes en la mayor parte de  vectores de salud. Recomendamos ingreso y tratamiento:

Justicial sobres 500 gr. (desayuno comida y cena). 
Anticorruptivo 600 (dosis diaria)
Deportival 2000 (frecuente)
Socialina antipornoviral 300 (cuando haya un acceso)
Educamicina civical (medicamente retirado actualmente)
Terapia ocupacional remunerada (a jóvenes y mayores de 55 años)


Fdo: Dr. Desiderio Buenaventura.

NOTA: Si no es posible por los recortes, que le den el alta y le dejen como está. 

viernes, 26 de septiembre de 2014

Rumanos


Te cruzas con ellos en la calle y vuelves la cabeza sorprendido por una conversación en lengua romance. Algo te suena, pero no entiendes; el rumano te resulta familiar, es el pariente más al este de los herederos del latín. Incluso el nombre "Romania" procede del nombre de la antigua capital del imperio: Roma.
Los encuentras por la vida. Yo conozco muchos de la escuela; durante muchos años ha habido 3 ó 4 en cada clase en Arganda, en Alcalá... Les has contratado a veces para chapuzas de albañilería, como asistentas por horas, como electricistas... En ocasiones les alquilaste uno de tus pisos recelando de que lo cuidaran como tú quisieras...  Los has visto en los bares, tras la barra o sirviendo en las terrazas, espabilando día a día, integrándose hasta el punto de resultar indistinguibles de los autóctonos.
No suelen gastar mucho;  prefieren relacionarse en la calle, llevar a sus hijos a los parques públicos, organizar fines de semana de barbacoa y pesca en el río Henares en concentraciones donde se cuentan por miles. Se reúnen para rezar en alguna nave de los polígonos cercanos y asisten a sus ritos ortodoxos con devoción, vestidos de fiesta, y alegrándose de encontrar compatriotas con quien compartir penas y alegrías de una vida lejos de su país.
Añoran muchas cosas de su país. Muchos sienten nostalgia por la vida rural de muchas de sus poblaciones. Echan en falta paseos a caballo, trineos, sus fiestas, sus comidas (todos suspiran por sus elaborados sarmales de repollo).
Vinieron a España por cientos de miles. En el 2012 se aproximaban al millón. Esta afluencia se vio favorecida por los sueldos más altos y la facilidad para aprender el idioma. Con a crisis ha descendido un poco su población, pero aún es la más alta entre los inmigrantes.

En los últimos diez años he conocido a muchos: Mis alumnos Cornelius, Aris, Flavius, Claudia-Julia la brillante rival durante años de mis sobrinos en el cole; María y Anca, que nos ayudaban con la plancha y en las tareas de casa, Valentín y Catalín, que nos construyeron el porche, aquellos otros que nos pintaron la casa... Nadie, en España, podía superar la oferta de sus trabajos: quizás no fueran tan profesionales pero eran, indudablemente, mucho más baratos. Y lo de la competencia profesional autóctona, a veces, un mito interesado; que también hemos hecho obras con empleados locales y resultaron chapuceras.

Personas, en fin, con las mismas aspiraciones que las demás. Quizás con un sentimiento de autosuperación superior a nosotros. Proclives a integrarse, dispuestos a participar. Salieron de su país con la esperanza y promesa de conseguir una vida mejor. Los que lo consiguieron se sienten orgullosos y, muchos deciden echar raíces acá. Los que no lo consiguieron recelan de volver. Sería duro hacerlo  con las manos vacías. Y sus hijos, el futuro, ya son del Real Madrid: unos españolitos más
para lo bueno y para lo malo.

martes, 19 de agosto de 2014

Palomares del Campo (poema)



¡Ay , Palomares del Campo,
yo sueño Campos de Mares!

Cercado de campos rojos,
salpicado de olivares,
adonde alcanzan mis ojos:
sólo almendros y encinares.

Girasoles y trigales,
pedernales, espejuelo,
duro y seco está tu suelo
con tan pocos manantiales.

¡Los campos de Palomares, 
siendo tierra son altares!

Ara en el campo un tractor,
rastrilla la cosechadora,
a lo lejos un pastor
va a la tenada a esta hora.

En tu campo, tan sencillo, 
se pintan las estaciones: 
en  verano de amarillo
y en invierno con marrones.

¡Ay, campos de Palomares, 
campos blancos y lunares! 

A espaldas del Montecillo
encinares y quejigos,
campos llanos, sin abrigos,
tirando a Torrejoncillo.

Carretera de la Torre,
camino de las mañanas,
ni se para ni se corre
que se camina con ganas.

¡Ay, mi pueblo, Palomares, 
el mejor de los lugares! 

Agua salobre en el pozo
agua corriente el Cigüela;
la del trasvase, que vuela,
agua buena que es mi gozo.

El reino del espejuelo,
del agua dura y la cal;
el mar estuvo en tu suelo
dejando sólo la sal.

¡Ay Palomares del Campo:
todo son campos sin mares!

Si te visito en agosto
la violenta luz del cielo
se estrella dura en mi rostro;
bajo los ojos al suelo.

Y en diciembre los cristales,
agudas lanzas de hielo,
los miro con el consuelo
de estar tras los ventanales.

¡Palomares, Palomares, 
tus inviernos son glaciares!

Iglesia que es catedral
con museo y sacristía
casa de Dios Señorial,
hogar de la Cofradía.

La Virgen de la Cabeza
Santo Cristo de la Paz:
siempre hay gente que les reza
esa es la pura verdad.

¡La Virgen en procesión 
 es fiesta y es devoción! 

Palpartas al desayuno,
en la comida unas gachas
que no haya dieta ni ayuno: 
¡deja que coma, muchacha! 

Borrachos y caldereta,
zarajos, chorizo frito, 
Todo sabe a Dios bendito
y de novicia a la teta. 

¡Come y bebe en Palomares;
entra sin miedo en sus bares!

Las gentes de Palomares
en la calle que es de todos
saludan a familiares
los paran de cualquier modo.

Alegría desmedida
para ocultar los pesares,
las penas, las despedidas,
los crueles despertares.

¡Las gentes de Palomares, 
todas gentes familiares!

Gente en la plaza, en los bares,
en la iglesia atiborrada,
en la ofrenda alborotada,
en tus bailes populares.

Danzantes y gitanillas
galopeos en las calles
Las peñas y las vaquillas...
¡no te cortes ni te calles!

¡Las fiestas de Palomares
son fiestas muy  populares!

En la larga pasarela
de la calle los paisanos
se llaman, se dan la mano,
se besa a la parentela.

Trayectos interminables:
que no puedes dar dos pasos
sin que te paren, te hablen,
o te estrechen en sus brazos.

Que ofrendas y procesiones
¡terminan en los mesones!

Danzantes y gitanillas,
galopeos y verbenas;
alajú, pastas, rosquillas,
y vino contra las penas.

Con el vino y la cerveza
se llenan todos los bares;
si se pierde la cabeza
desafinan los cantares:

¡Lo dicen en Palomares: 
cuatro huevos son dos pares!

Así se despide la gente,
amigos y familiares:
¡Que para el año siguiente
nos vemos en Palomares!