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| "El Azor". Yate del General Franco en su base del Ferrol. |
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| El Azor tras el aparcamiento del Restaurante "El Labrador" en Cogollos. A-1. Km 222. Burgos. 2010 |
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| Desguace del Azor en 2011 en su último emplazamiento. |
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| Síndrome de Guernica, obra del escultor Fernando Sánchez Castillon realiada con la chatarra del yate en el Centro de Creación Contemporánea Matadero Madrid. 2012. |
Desde mi infancia, el general Franco (El Generalísimo) ha estado presente en mi vida; lo quisiera o no, incluso en la indiferencia. Estaba tan presente que encendías la radio y oías su voz aflautada en un discurso cansino, ponías la tele y aparecía en los noticiarios (casi siempre en videos rancios, enlatados, pues aborrecía la espontaneidad y la improvisación), paseabas por Burgos y al pasar por el Palacio de la Isla o Capitanía recordabas que allí redactó el parte que anunciaba el final de nuestra Guerra Civil y se proclamó al "Caudillo" como Jefe del Estado, acudías al colegio y tenías su retrato mirándote de frente mientras estudiabas la aburrida Formación del Espíritu Nacional, volvías a casa y tus padres te imbuían respeto y reverencia al Jefe del Estado y salvador contra los rojos, lo veías a lo lejos en la tribuna del desfile de la Victoria... Franco alcanzaba la omnipresencia. Incluso alguno de mis cantantes favoritos componían en esas fechas una "Oda a Franco" de la que hoy reniega por pura vergüenza propia y ajena. En el cine, tan amado, le veías antes de cada sesión en el NODO inaugurando algun pantano (Las malas lenguas de la época le llamaban "Paco, el Rana" por esta repetitiva actividad), cazando en el Pardo o Riofrío, rígido en la pretendida ternura de las escenas familiares o pescando portentosos "cetáceos" en su flamante yate "El Azor". Y ahora años después de su muerte penosa y cruel, las correcciones en los libros de historia, el desplome o retirada de sus estatuas, el renombrado de calles, la incertidumbre sobre su monumental Cruz de los Caídos... le ha tocado al Azor acabar en el Matadero.
Ya presentaba un estado decrépito desde hacía años (al igual que los últimos días de su dueño). Reposaba en un camastro de cemento cerca de la incógnita aldea burgalesa de Cogollos. Se ofrecía con morbo forense a la visita carroñera de turistas y curiosos.
Mucho me sorprendí hace años cuando mi hermano Luis me comentó que el yate de Franco estaba expuesto desde 1992 en un hostal al lado del Restaurante "El Labrador" que se anuncia también como museo y es visible desde la A-1 a la altura del km 222.
Como resulta que paso por ese punto decenas de veces al año no he podido resitirme a visitar varias veces este símbolo histórico.
Periodistas y blogueros han escrito sobre la extraña experiencia que suponen estas visitas. La llegada al puente que cruza la autovía a la altura de Cogollos se anuncia con el letrero del restaurante en rojo y gualda. Poco después se llega al desolado aparcamiento del mesón El Labrador donde se emplaza el barco varado en hormigón: A estribor, un hotel de 60 camas con la puerta de cada habitación en el exterior, que recuerda vagamente al de la película 'Psicosis'. A babor, el mesón con estética de salón del Oeste depara la sorpresa de un 'museo etnográfico' en su interior; entre las botellas de Protos y Tinto Pesquera, aperos de labranza con nombres 'chanantes': trébedes, garlopas, seseros, zoquetas... Casi tras bajarte del coche traspasas un descuidado jardinillo y penetras en un pequeño Titanic de secano. Se puede subir a bordo sin ningún problema. El óxido reina donde una vez hubo paredes de madera de fresno y raíz de sicomoro egipcio. Cincuenta metros de eslora fantasmales. Por aquí, Franco daba pasitos embutido en un blazer azul marino de botones dorados. Marejada de campos de trigo. Y el recuerdo de que, en esta chatarra, un 25 de agosto de 1948 Franco y Don Juan de Borbón acordaron que el príncipe Juan Carlos estudiara en España. Cuatro décadas más tarde, un Felipe González mal aconsejado navegó de Lisboa a Rota. Le criticaron tanto que desde entonces decidió veranear en Doñana.
Los camarotes de Franco y Carmencita Polo parecen casa de okupas. Cada uno de ellos luce su respectiva pintada: 'Fachas al paredón' y 'Eta mata poco'. En otras dependencias hay botellas y excrementos por las esquinas, restos de botellones urgentes de la chavalada de Cogollos. Firmas con deje rural: 'Breva', 'El Garrobo', 'Pelunis'... En la antena cagan los pájaros. Al asomarse a los ojos de buey del casco de aluminio conviene acostumbrarse a la oscuridad. Entonces se vislumbran rótulos todavía legibles: 'Comedor de oficiales', 'Comandante', 'Jefe de máquinas'...Las fotos de esta experiencia están abundantemente expuestas en internet: Los fótógrafos de ruinas urbanas acuden como buitres a estos espacios. Sin embargo ¡qué difícil resulta esncontrar imágenes del Azor en sus años mozos! Acaso estaba prohibido fotografiarle por respeto o seguridad, supongo. La que encabeza el blog es de las poquísimas publicadas. La segunda es personal y da cuenta de los escasos visitantes que acuden a este paraje (un día que comimos allí en el enorme restaurante sólo estábamos nosotros).
Hace unos días volvió a sorprenderme una noticias sobre este barco fantasma del pasado: por fin habia acabado sus días. Había sido convertido en chatarra y la chatarra en arte. En el Centro de Creación Contemporánea Matadero Madrid, con el título Síndrome de Guernica, el escultor, Fernando Sánchez Castillo, expone, hasta el 8 de abril, una pieza escultórica elaborada a partir de los restos del Azor.
No voy a extenderme sobre la cualidad artística de la obra. Parece más que arte "sorpresa" o "provocación". Quizás el arte sea eso mismo o quizás no. El caso es que a sus 60 años y desde el quirófano donde le mantuvieron artificialmente "vivo" durante 20 años, el viejo cascarón del general aún no puede descansar en paz.
He aquí algunas imágenes de su "azorosa" vida. Como el Holandés Herrante el yate del General navega ahora, trasmutado en arte, por urbanos mares.




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