Ser enterrado en un lugar especial ha formado parte en algún momento de mis aspiraciones: Me veo enterrado junto a las raíces de un gran árbol en lo alto de una colina. Puedo anhelar, como muchos otros hicieron, esa conexión con la naturaleza viva y el deseo trascender de alguna manera en nuevos brotes... Pero ¡servir de alfombra a un grupo de privilegiados, bien pagados de sí mismos y del club, machos alfa de la manada que besan la hierba de los muertos como Judas y que, a la mínima tentación, se venderán por 30 monedas de plata... me produce estupor! ¡Me provoca espanto y me apena!
En este Mundo Feliz alguien nos ha estado manipulando durante años con su mensaje grabado en las cintas repetidas una y otra vez por los medios: "Los niños Alfa visten de color gris. Trabajan mucho más duramente que nosotros, porque son terriblemente inteligentes. De verdad, me alegro muchísimo de ser Beta, porque no trabajo tanto. Y, además, nosotros somos mucho mejores que los Gammas y los Deltas. Los Gammas son tontos. Todos visten de color verde, y los niños Delta visten todos de caqui. ¡Oh, no, yo no quiero jugar con niños Delta! Y los Epsilones todavía son peores. Son demasiado tontos para..." Sólo había que cambiar las letras griegas por equipos de fútbol y ponerles el color de las camisetas.
Desde luego “el Barça es más que un club”. Su Camp Nou es ya el cementerio de los segundones, el calcinado pedestal de los becerros de oro, la verde alfombra pateada de los muertos...

Esta obra de Jesús Marcial Grande Gutiérrez está bajo una

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