sábado, 4 de octubre de 2014

El baile


Le encontré un día por casualidad. Una alerta en el buscador me informó de que había localizado ese día en la red una referencia a uno de mis antiguos colegios. Se trataba de un portal social, hoy desaparecido y con el dominio en venta, algo así como un Facebook prehistórico. Uno de sus usuarios había indicado mi antiguo centro como lugar de estudios. Apenas había completado en su perfil unas breves referencias personales y una foto en la que enseguida identifiqué a un antiguo alumno; solo que ahora se llamaba Adriana y en la casilla sexo escribió: chica.

Me quedé asombrado;  es cierto que ya entonces, unos diez años atrás, apuntaba un aire femenino, ciertas maneras delicadas; pero la foto le mostraba exhibiendo un modelo atrevido, con mucha superficie de piel a la vista y posando desnuda su pierna fuera de la falda mientras la apoyada en una silla.  No me sorprendió el travestismo en sí, sino el aire sórdido que reflejaba.

Me vino a la memoria la escena de aquel baile. Allí estaba él, diez años antes, abrazado por el abusador de la clase que le movía girando en un baile de burlas y risas. No se inmutó cuando aparecí, como dando a entender, que todos conocíamos sus inclinaciones y que no importaban las risas porque era declaradamente marica. Una profunda tristeza se apoderó de mí y, muy serio, le pedí que lo dejara. Él todavía me miró con incredulidad:
-¡Pero si le gusta!...  
- ¡No le gusta! - repliqué yo. Podía adivinar la callada humillación, el nerviosismo en la risita del alumno acosado. Él no dijo nada. No se defendió. Su acosador se enfrentó conmigo y el asunto terminó con una amonestación grave y una mirada de rencor del acosador.

A los profesores nos preocupaba aquel alumno. No tanto por sus inclinaciones sino por el extraño mundo que empezó a habitar: siempre relacionándose con adultos extraños, fantaseando con ocupaciones y trabajos inverosímiles. Llegó a trabajar en la radio, él lo afirmó así en su perfil,  y declaraba que para ella lo importante era ser una misma , sin miedos; que le gustaría disfrutar de la vida, de las risas y de la gente legal . Yo, sinceramente, espero que así sea; que disfrute y encuentre gente legal. Y deseo fervientemente que sus parejas de baile en la vida sean legales, sinceras... pero no sé; me quedo con muchas dudas.

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