lunes, 19 de diciembre de 2011

Místicos

En el tiempo de mi aspiración a hermano  marista pasé por las tres etapas:
Junior fui. Adolescente ilusionado con un ideal de superhombre.
Postulante recalé. Joven decidio a entregar mi vida por unos ideales.
A novicio no llegué. Pero iba encaminado. Poco me faltó. Alguien me abrió los ojos, con brusquedad es cierto, pero me ilumnió al fin.

En mi tránsito de aspirante llegué muchas veces al misticismo. Es fácil cuando el ambiente está tan estudiado y resuelto. Pero, ahora, recuerdo situaciones que me parecen chocantes y humorísticas: escuchar en medio de una improvisada letanía de invocaciones a la Virgen María el sensual epíteto de "hogaza churruscante" sería un botón de muestra. Pero llegando aún más lejos hubo compañeros que juraban que habían visto a la Virgen o que habían hablado con Jesucristo crucificado (remedo de "Marcelino Pan y Vino" supongo).

Incluso yo mismo, deslumbrado por los colores de las vidrieras, hipnotizado por el sonido de los cánticos, dopado de incienso, abducido por el ambiente y el grupo; llegaba a derramar lágrimas de emoción y era capaz de confesar pecados impensables y suplicar clemencia y misericordia a mi Señor. Y si no había pecados suficientes, los inventaba (los míos y los de los demás).

- De los místicos, líbranos señor.
- Ora pro novis.

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