martes, 3 de noviembre de 2009

La mansa muerte del Padrino Búfalo

Lento e inexorable un cáncer acabó con la vida del Padrino Búfalo. La muerte reparadora y esperada para él, nos deja a nosotros la tristeza y la pérdida de un actor entrañable.


  • Para mi alma infantil siempre fue el generoso Padrino Búfalo que se dejaba tomar el pelo por sus sobrinos ofreciendo su blandura como aporte a su felicidad.
  • Ante mi mirada adolescente me hizo dudar entre creerle triste licántropo o psicópata vulgar en en bosque del lobo.
  • Bajo sus ropas de mujer me hizo creer y emocionar en Mi querida Señorita.
  • Ante una muda muchacha sentí también el impulso de enseñarla, de ayudarla. Aún veo en el cine de la memoria su imagen comiendo sopas de ajo previamente masticadas por aquella abuela en Habla Mudita.
  • En atraco a las tres reí con la planificación de un atraco que bien podría haber sido ideado por los hermanos Marx.
  • Desde la cabina me hizo sentir la claustrofóbica soledad y la irrealidad de un destino absurdo...
Con sus personajes de "españolito medio reprimido y salido" que buscaba suecas que seducir es con el papel que menos conecto y, sin embargo, despojadas aquellas películas de las exigencias de los guiones al gusto de la época, quedan actuaciones personales valiosísimas.

Desgrano ahora artículos "in memoriam", reconocimientos póstumos que pueblan la prensa de hoy. Descubro que era un señor reservado, taciturno, tímido, estudioso, desconfiado con el dinero... Nada que objetar, muchos somos así. Pero recibe con generosidad epítetos de muchos quilates. Me admira que Charles Chaplin le considerara uno de los tres mejores actores del mundo o que George Cukor, admirado por su interpretación en una de sus películas, le quisiera llevar a Hollyvood...

Descansa en paz, Padrino Búfalo, la gran familia de España, a quien emocionaste tantas veces, te echa de menos.

martes, 6 de octubre de 2009

El Retrato de Doriam Camps Gray



El Retrato de Doriam Camps Gray
(Relato actualizado del gran escritor Oscar Wilde)


Había una vez un narcisista personaje llamado Dorian Camps Grey. Dorian Camps era jovial, amigo de sus amigos, bien relacionado con la justicia, popular por partida doble... Estaba obsesionado por mantener siempre su atractiva y exitosa carrera. Su vanidad le llevaba a cuidabar su imagen hasta el pundo de vestir magníficos trajes que le regalaban sus amiguitos del alma a los que quería un huevo. Sus apariciones en la prensa reflejaban una imagen apacible, benébola, angelical... Sus colaboradores mimaban esas apariciones públicas donde se le retrataba como una persona educada, confiada, segura... Su voz aflautada y meliflua embaucaba con facilidad a sus seguidores (que eran muchos)... Esa bella persona causaba una gran impresión en sus semejantes.

Un día, charlando en los jardines de palacio, durante una boda en la Corte del Reino, conoció a un tal Lord Henry Günter y empezó a cautivarse por su peculiar visión del mundo. Se expuso desde entonces a un nuevo tipo de hedonismo. Aceptó regalos y cumplidos. Abrió sus manos a las riqueza fácil...

Camps Dorian se daba cuenta de que un día su belleza se desvanecería pero deseaba presentar siempre la misma imagen justa y bondadosa que le habían pintado los medios. Su deseo se cumplía: él mantenía para siempre la misma apariencia en prensa y televisión. La figura en ellos retratada aparecía siempre bondadosa ante sus acólitos.

Pero su búsqueda del placer lo llevó a una serie de actos de libertinaje y perversión. Se mantuvo imperturbable ante las denuncias, mintió hasta la extenuación, negó lo evidente cuantas veces hizo falta, calumnió a quien le contradijera, acusó falsamente para conseguir un río revuelto donde moverse más libremente... pero al llegar a su casa y quitarse los caros ropajes su rostro y su cuerpo se desfiguraban dando cuenta de toda su maldad.

Un día descubrió que solo una confesión completa de sus pecados lo redimirá, pero no está dispuesto a afrontar las consecuencias. En un arranque de furia, atacó violentamente su imagen ante el espejo. Sus acólitos escucharon un grito desde su habitación clausurada. La policía, ya alertada, y los compañeros entraron con algunas dificultades para encontrar la figura desgarrada de su rostro al que la maldad y la mentira le hacían ya irreconocible. Ahí junto al espejo, estaba el cuerpo de un hombre , lleno de arrugas y con un rostro repulsivo, desvanecido por el horror. Solo por medio de los anillos en su mano fueron capaces de identificar quién era, Dorian Camps Grey.

martes, 29 de septiembre de 2009

De caza.



Hoy estoy experimentando la caza de personas de mi pasado con la poderosa herramienta de del buscador de Google.
Es curioso, del medio centenar de compañeros que convivimos en Arévalo, posiblemente la mitad aparecen en el buscador. La mayoría son profesores. Algunos de ellos siguen siendo maristas como Carpintero, Ángel Muñoz, ... Muchos otros profesores como es el caso de J. L. Benavides. Muchos de los nombres con sus dos apellidos entrecomillados nos remiten a las más variopintas profesiones: empleados de banca (CajaDuero: Ángel María Álvarez) , agentes inmoviliarios, miembros de Un grupo espeleológico (Edelweis: Domingo de Pedro), programador de microsoft (Francisco García), traductores (Ricardo García), agricultores que venden castañas (Jesús Marcos), inventores de sencillas patentes (Anastasio Moreno), Jefes de la sección Técnica del Agua en Valladolid (Pinillos) ... pero no es seguro que todos sean los antiguos compañeros... Nombres y apellidos coinciden a veces en múltiples personas. Aunque filtro por edades, perfiles, referencias... muchas veces queda la duda. Los aquí reflejados parecen coincidir con los buscados (residen en España -preferentemente Castilla/León, tienen en torno a 50 años, profesiones medias, algunos se relacionan con la educación o los maristas... En algunos casos hay tantos que descarto confirmarlo como excompañero y paso al siguiente. Estos casos son mayoría. Hay tantas personas con mismo nombre y apellido que se vuelve aventurado asignar "futuro" a aquellas imágenes de compañeros que dormitan en mi memoria. Dejo la tarea para más adelante. Necesito más información para establecer un filtro esclarecedor. Además, aún la red está muy verde. No aparece constancia de muchas personas. Al menos no en los buscadores.
De todas formas tomo nota de mis hallazgos. Quizás algún día me ponga en contacto con ellos... ¿Eres tú fulanito de tall, que estudió en los maristas de Arévalo en los años entre 1971 -1973? Yo soy Jesús ¿me recuerdas? Ponte en contacto conmigo si quieres compartir recuerdos...

viernes, 4 de septiembre de 2009

La buena y la mala acción.

Miércoles, 3 de septiembre. Escucho por la radio esta noticia que luego busco en la prensa digital para reproducir aquí.

Un ciudadano francés descubre 100 mil euros en la basura y los devuelve



París.- Un francés encontró 100.000 euros (142.000 dólares) pertenecientes a una pareja de ancianos en un cubo de basura y los devolvió, informó hoy el diario francés "La Voix du Nord" en su edición online.

El hombre en un primer momento pensó en cumplir su sueño con el dinero y comprarse una caravana, pero luego se dio cuenta de que su deber era devolverlo. El dinero pertenecía a una pareja de ancianos.
El dinero se encontraba en una caja de metal que el hombre retiró de un volquete en un almacén de materiales de construcción cerca de Lille.
Cuando el hombre y la mujer se mudaron a un asilo de ancianos, la hija regaló las pertenencias de sus padres, incluyendo la caja. Al hombre que la encontró le llamó la atención y la tomó sin abrirla.
Gracias a un sobre que se encontraba en la caja, el hombre encontró a los dueños del dinero.
Según confesó al diario, en un primer momento pensó en cumplir su sueño con el dinero y comprarse una caravana, pero luego se dio cuenta de que su deber era devolverlo.

DPA


La locutora se vuelca en loas al altruísta individuo. A mí me viene a la memoria una vieja historia que me contaron mis padres. Historia parecida pero de final opuesto y en la que se cambia la esperanza por la amargura.

Son mis padres personas muy viajeras. Me refiero a viajes de zapato y últimamente de coche desvencijado. Son mayores pero aprovechan siempre que pueden una salida a los pueblos de alrededor. Así pues un día se acercaron con su viejo seat 127 amarillo hasta Estépar, un pueblo de los alrededores de Burgos. Aparcaron a las afueras y empezaron un paseo junto a los cerezos abandonados, que salpican los alrededores de la vía de un tren. Al pasar por una caseta en ruinas encontraron una maleta. La maleta en perferto estado. Nueva. La abrieron y encontraron varios fajos de billetes en divisas de varios países. Mis padres no supieron calcular la cantidad pero a juzgar por el grosor de los fajos era importante. También había dinero nacional. Varios fajos de billetes de mil, de las antiguas pesetas.
Ciudadanos cumplidores de su deber, postergaron sus muchas necesidades de familia pobre, sin casa en propiedad, ni ahorros, con 4 hijos pequeños que mantener; y se dirigieron con la maleta a una comisaría de Burgos donde entregaron la maleta y dieron cuenta detallada de las cirsustancias del hallazgo. El guardia de turno se hizo cargo de la valija. Agradeció escuetamente su colaboración y sin ningún otro trámite les despidió.


Nada trascendió del hecho en los días siguientes. Mi madre consultaba los periódicos, escuchaba la radio... pero ninguna noticia se refería al extraño encuentro y entrega de la maleta a la policía.

Mi madre empezó a desconfiar por la falta de noticias. Puede que esperara su "momento de fama" o, más probablemente, le extrañara que no apareciera una noticia como esta. Como las que ella solía leernos a menudo: historias de niños buenos de Operación Plus-Ultra, de buenas acciones...


Finalmente un día se acercó a la comisaría y, disimuladamente, dejó caer que mi padre (trabajaba de agente judicial en el juzgado) había comentado en el trabajo el hecho y que, extrañamente, no había llegado al juzgado ninguna notificación oficial.

Algunos resortes debieron moverse pues al día siguiente apareció una escueta nota en la prensa local.
Lo que no explica la nota es que en el atestado del suceso nada decía de las divisas extranjeras indicándose sólo la presencia de divisas nacionales.

¿Qué hacer cuando es la propia policía la que roba?



lunes, 20 de julio de 2009

En la luna

Me han atribuido el viaje a nuestro satélite frecuentemente. Me refiero a la popular expresión "estar en la luna". Sí, soy propenso a los viajes espaciales.
Pero hoy se celebra el 40 aniversario de la llegada de los primeros hombres al suelo lunar. Imágnenes que vimos por TV y que recuerdo.
El día 20 de junio de 1969 tenía 11 años. Vivía en un minúsculo piso abuardillado en la calle del Barrio Gimeno en Burgos. No teníamos televisión. Es posible que nuestros padres nos hubieran hablado del importante acontecimiento que se avecinaba. Lo cierto es que nos despertaron hacia las dos de la madrugada y, recién arrancados del sueño, la luna nos importaba un pepino. Casi a la fuerza y frotándonos los ojos pasamos a casa de nuestros vecinos que sí tenían tele. Allí nos juntamos varias familias. Los niños en pijama delante del televisor , sentados en el suelo y medio dormidos. Los mayores atendiendo reverentemente sentados y recostados en la pared. Los adultos habían permanecido de guardia a la espera del descenso al suelo lunar del comandante Neil Armstrong entretenidos con las informaciones y conexiones preliminares. Cuando el pie se posó suavemente en el polvo lunar marcando ese sencillo y sugerente diseño se escucharon murmullos de admiración.
Estuvimos aún más de una hora delante de la televisión, en penumbra, viendo unas imágnes, bastante lentas y aburridas. A mí me parecía natural que se llegara a la Luna y no había por qué montar tanto jaleo ¡Y mucho menos despertarme a medianoche!
Cuando conté ese verano a mi vieja abuela en el pueblo de Ayuela que los hombres habían llegado a la luna, no quiso creerme. Pensó que eran exageraciones o bromas de nieto. Más tarde asistí asombrado a numerosas investigaciones que ponían en duda este hecho (aportaban sugerentes pruebas fotográficas, argumentos relacionados con la carrera espacial e incluso apuntaban a que fue Stanley KIubric quien filmó las secuencias en un estudio del desierto de Nevada). Pero no tenía tanta importancia. Sólo era cuestión de fechas. El suceso era del todo previsible.
Aquella noche en Burgos era una noche calurosa. Antes de acostarnos de nuevo eché un vistazo por la claraboya del techo abierta al cielo estrellado. Entonces tuvo lugar mi primer viaje personal a la luna en el Apolo XI de mi imaginación.

viernes, 17 de julio de 2009

Sintiendo en la nuca el aliento de la muerte IV: Las avispàs.

Paseábamos mi hermano y yo junto con otro chico del pueblo de Ayuela en compañía de mi madre por una de las huertas (situada justo al lado de la calle de La Fragua). Íbamos curioseando por aquí y por allá mientras mi madre se había adelantado unos metros. Por un momento nos quedamos mirando un agujero que había en el suelo y en torno al cual revoloteaban algunos insectos alados. El chico que nos acompañaba quiso explorar el agujero y metió el palo removiendo su interior. Una enjambre de avispas, como un pequeño tornado, salió y se dirigió hacia la cabeza de mi hermano pequeño (nosotros más avispados -¿se dirá así por las avispas?-, ya habíamos echado a correr). Se cebaron en él durante largos segundos hasta que mi madre vino corriendo e intentó quitar a manotazos el enjambre sobre su cabeza. Las avispas la tomaron entonces con ambos y sólo la presencia de un pequeño manantial cercano en el que sumergieron la cabeza les salvó probablemente la vida.Mi hermano estuvo varios días con la cara hinchada y mantuvo durante mucho tiempo un pánico especial por estos insectos

."Por cierto... todavía estoy buscando al responsable de meter el palo en el avispero... SE BUSCA, para arreglar cuentas...

martes, 14 de julio de 2009

El secreto del liderazgo: las tripas llenas.

Verano de 1973. Walden 3, ciudad joven, se asentaba en el imponente edificio del juniorado marista de Tuy. Casi un centenar de jóvenes nos formábamos para ser futuros hermanos maristas. En el instituto de la localidad cursábamos 5º y 6º y, uno de los meses de las vacaciones escolares los pasábamos en en aquellas instalciones, realizando todo tipo de tareas: desde ejercicios espirituales a suaves trabajos agrícolas, pasando por un amplio repertorio de actividades: estudio, paseo, deporte, excursiones, música, fiestas, etc...
Cierto día, nos sorprendieron a todos organizando una actividad muy orininal. Casi era un atrevimiento. Desde el punto de vista de la responsabilidad de nuestros formadores podía calificarse de osada y arriesgada. Se trataba de formar grupos y darmos libertad para organizar una ruta de 4 días con sus noches por la zona, incluyendo la posibilidad de alejarse más de 30 kilómetros. Todo esto en tienda de campaña y con un fondo para alimentos prefijado.
Recibimos encantados la propuesta. A nuestros 15-16 años la posibilidad de convivir en pandilla y libres de cualquier adulto durante tres días nos excitaba. Los hermanos habían calculado la cantidad para manutención en 80 pesetas por persona y día. Era lo que el hermano ecónomo había calculado que gastábamos en nuestro internado. También debíamos comunicar con antelación el lugar a donde nos dirigiríamos. Por estar en 6º y ser jefe de nudo (grupos en que estábamos organizados), me nombraron responsable y jefe del grupo.
Así que, un luminoso día de madrugada, salimos alborozados a los caminos de Galicia. Habíamos previsto dirigirnos a La Guardia. La ruta seguía a grandes trazos los 30 kilómetros de carretera que unen ambas localidades. Así que avanzamos orillados a la izquierda y cargados con nuestras mochilas, la tienda de campaña... Preguntámos aquí y allá por algún sendero o atajo para alternar la monotonía del asfalto. En uno de esos frescos caminos de Galicia una mujer con un cesto de manzanas, nos llamó desde la puerta de su pequeño huerto:
- ¡Eh, pobriños, venid! ¿Vais a la guerra, verdad? Tomad, coged estas manzanas...
Aunque le explicamos el objetivo de nuestra excursión no pareció entendernos y, divertidos, acabamos cogiendo las manzanas y agradeciéndo a la pobre mujer estas frutas que nos ahorrarían algunas pesetas del escueto presupuesto.
A medio día paramos para comer. La comida se compuso de varios bocadillos con embutido que compramos en algún pueblo del camino. Un largo rato de descanso y volvimos al camino. Ibamos sin prisa bromeando todo el tiempo. Nunca negábamos una parada cuando la curiosidad o el cansancio nos lo pedían. Así que a falta de unos 8 kilómetros para La Guardia decidimos acampar y pasar el resto de la tarde en un hermoso prado cerca del camino. Montar la tienda, preparar las mochilas, acercarse al cercano arrollo a enfriar el agua de las catimploras... todo lo hacíamos como si de una pequeña fiesta se tratase. Éramos completamente libres sin sentir por ningún lado el ojo vigilante de los hermanos. Llegó la noche. Hicimos un pequeño fuego. Nuestro pequeño fuego de campamento no fue muy original. Algunas bromas, malos chistes, otra cena con bocadillos y leche con cola-cao, más fruta... Finalmente nos metimos en la tienda y tras algunos minutos de trajín el baile de las linternas en la lona se apagó. Al llegar la medianoche todos dormíamos cuando, de repente:
- ¡Salid ahora mismo! ¡No podéis estar aquí! ¡No queremos que acampen gitanos cerca del pueblo!
Una decena de hombres armados con palos y provistos de linternas rodeaban la tienda. Estaban realmente enfadados. Dentro de la tienda cundió el desconcierto y el pánico. Por un momento pensamos que era la Guardia Civil, pero al salir de uno en uno y contemplar la fiera mirada de aquellos hombres nos temimos lo peor. Ellos se nos observaban extrañados al vernos tan jóvenes. Su enfado se tornó asombro.
- ¿No sois gintanos? Habíamos pensado que érais gitanos que veníais a acampar aquí. No queremos que los gitanos se queden en las tierras del pueblo. No traen más que problemas. Nos habían dicho que unos gitanos habían acampado aquí... pero ¿Quienes sois vosotros? ¿Qué hacéis aquí?
Les contamos como pudimos el objeto de nuestra actividad. Se tranquilizaron y pidiendo disculpas se retiraron murmurando quedamente en dirección al pueblo. Dormimos como pudimos pensando que nos habíamos librado por poco de una somanta de palos.
Al día siguiente recogimos el campamento aún con la mosca tras la oreja. Huimos, mas que marchamos, de aquel prado y pronto, las dos horas de camino hasta La Guardia, nos hicieron olvidar el incidente.
Pasamos el día en la Guardia. Era el sitio perfecto. Mar, río y montaña. Nos bañamos en la desembocadura del Miño. La playa era hermosa y, en ese día estaba poco frecuentada. Cogimos mejillones en las rocas. Pescamos camarones y cangrejos en las orillas. Todo acabaría en unos macarrones con tomate. Además de galletas, fruta y alguna delicatesen que nos procuramos: pastelillos y chocolate. Éramos siete bocas que devoraban con frenesí. Yo como responsable y ecónomo forzado pensaba, con preocupación, que el presupuesto no llegaría al tercer día...
Por la tarde subimos al monte Santa Tecla. Cuando el sol se abatía ya veloz sobre mar, preparamos la cena. La sopa de sobre era barata y había que ahorrar. Las salchichas franfurt baratas, el segundo plato. Esa noche no había problema para instalar la tienda. Había zonas de acampada libre. Con los últimos refejos del sol en el horizonte pensamos lo que haríamos el día siguiente. En un principio habíamos pensado llegar a vigo por la costa. Pero, ya nos quedaba claro que no tendríamos tiempo, ni muchas ganas de andar tampoco. Eran 50 kilómetros andando. Propuse una idea arriesgada. Mi plan era coger el autobús hasta Vigo. Eso nos consumiría una buena parte del presupuesto alimenticio, pero podríamos arriesgarnos. Nos hacía ilusión llegar a Vigo. Había que reservar también dinero para la vuelta. Practicamente no nos quedaba nada para pasar el día, pero... ¡Dios proveerá!
Al día siguiente recogimos la tienda y nos presentamos con nuestras mochilas en la parada del autobús. Pagué preocupado comprobando la delgadez de nuestros fondos. Mis compañeros charlaban felices contemplando el paisaje y felicitándome por la idea del autobús.
El día en Vigo empezó bien. Habíamos acabado la leche y las galletas, así que nuestros estómagos aún estaban gratamente reconfortados. Lo que no sabían mis compañeros es que tendríamos que comer 7 personas con el presupuesto de 1. Pasamos la mañana visitando el puerto. Nos hicimos fotos en las gigantescas anclas oxidadas frente al mar, en un viejo cañón de las defensas del puerto, ante los grandes buques... Llegó la hora de comer. Les avisé que hoy la comida sería escasa. Compramos una lata grande de sardinas y una hogaza. Nos supo a poco. Nos quedamos francamente con hambre. Deambulamos por Vigo para matar el gusanillo con las curiosidades de sus calles. Al final de la tarde estábamos buscando algún sitio donde poner la tienda. Podeis imaginaros lo difícil que es encontrar, en plena ciudad, un lugar donde acampar. Finalmente, en un descampado rodeado de altos eficicios instalamos la tienda. Fue una noche marcada por los retortijones (no hubo cena) y el miedo a una nueva aparición de vecinos o autoridades. Sorprendentemente a nadie pareció importarle la presencia de nuestra tienda. Por la mañana la recogimos y nos dispusimos a pasar un largo día de ayuno.
Volvimos al puerto. Pero no había la misma ilusión. Además el hambre avinagraba el caracter de todos. Algunos murmuraban. Otos se quejaban abiertamente.
- ¡Dios, que hambre! ¡Será tonto el tío este que no ha guardado dinero para comer hoy!
Yo, el jefe, iba quedándome solo. Me sentía mirado de reojo. Veía el fastidio que les producía la situación. Incluso mis mejores amigos se callaban cuando les pedía con la mirada una palabra de aliento... Parece ser que decidí erróneamente. Yo guardaba celosamente el dinero de vuelta en el autobús, pero aparecieron ya las insinuaciones de gastárnoslo en unas cuantas barras de pan...
Finalmente aguijoneado por la necesidad, intenté una salida desesperada. Me dirigí al colegio Champagnat (un colegio enorme de los hermanos maristas en Vigo) y solicité hablar con el director del colegio. Me hicieron esperar en una agradable sala y después pasé al despacho. Conté al director nuestra aventura y la necesidad en que nos encontrábamos. Me preguntó sobre algunos detalles y le di cuenta de nuestra última comida del día anterior. Se despidió de mí invitándome a que esperara en el gimnasio con mis compañeros un momento. Nos llevaron a luminoso gimnasio cubierto de madera. Allí nos sentamos a esperar. Al poco rato nos llamaron. Nos condujeron a una sala con unas mesas repletas de aperitivos y refrescos. Para 7 gatos la comida de 7 leones. Asombrados dimos cuenta de todo ello, tal es el hambre que teníamos. Luego nos permitieron visitar las insalaciones del centro. Allí pasamos la tarde. Llegado el momento cogimos el autobús y nos presentamos en el colegio a la hora de cenar.
Cuando llegamos los hermanos nos preguntaron por el incidente del colegio. Evidentemente habían hablado por teléfono contando que uno de los grupos "había llegado al convento pidiendo alimento y asilo". Sorprendentemente no hubo bronca alguna. Creo que incluso les pudo parecer bien que hubiérmaos sabido salir del paso, aunque fuera con el fácil recurso de pedir ayuda "a la familia". Allí nos enteramos de que a todos los grupos les había pasado lo mismo. El dinero no les llegó. Algunos tuvieron suerte y "dicen" encontraron un billete de 500 pesetas en el camino... otros habían llevado un "depósito de emergencia" (no estaba permitido en las normas de la actividad)... Supongo que, aparte de querer espabilarnos, algo había de concienciación de lo que realmente cuesta mantenernos y los esfuerzos que han de hacer para que no saliéramos muy caros a la congregación...
Por mi parte, fui aclamado como excelente lider, por la satisfecha tropa de tripas llenas y durante toda la tarde y en días sucesivos escuché lisonjas alabando lo listo que era y lo bien que había resuelto la situación.

jueves, 18 de junio de 2009

Consumo: Este es el triste tema de esta canción.

Evidentemente los nuevos tiempos, ponen el intermitente, y me adelantan como una exhalación.
Soy personaje del siglo pasado. Uno de aquellos niños pobres de los suburbios que exploraban en la basura para encontrar sus propios juguetes y tesoros. En unos tiempos en que la basura ya había sido reciclada cuidadosamente en origen. ¿El reciclado un invento de hoy? ¡Ja! De niño conocíamos todas las escombreras, casas abandonadas, vertederos incontrolados... y allí teníamos nuestro supermercado. Entonces poníamos a buen recaudo nuestras adquisiciones en ocultos escondrijos. Guardábamos todo lo que nos interesaba. Lo que llamaba nuestra atención. Nada comprábamos.

Pero hoy...
Escucho las noticias: -"Hay que incentivar el consumo para salir de la crisis"... -"Las familias tienen que gastar, para impulsar el mercado..."

Pero... ¿No era al revés? ¿No había que ser ahorrador para poder tener algo en la vida?
¿Dónde quedó aquello de "Quién no ahorra un duro cuando puede no tendrá uno cuando quiere"? Se me rompen los esquemas.

Tengo mi pequeño garage abarrotado de cajas con pequeñas piezas recopiladas de los desguaces de mis electrodomésticos averiados, muebles, pequeñas máquinas del hogar... Se trata de motorcillos, cables, todo tipo de tornillería, engranajes... Ocupan un precioso (y carísimo) espacio en mis escasos metros cuadrados edificados. Me aproximo al síndrome de Diógenes. Un las cajas apiladas se abatirán sobre el coche y lo acribillarán con la metralla del terrorismo reciclante.

Reciéntemente me instalaron una puerta corredera con mando a distancia. El operario dejó algunos tornillos en el suelo. Al verme recogerlos me contó esta anécdota.

"Mire, yo antes, guardaba los tornillos que me sobraban en una gran caja de madera que teníamos sobre una estantería. Cuando algún tornillo quedaba viudo le enviabamos en gracioso vuelo hacia la caja. Un día decidimos bajarla. ¡No pudimos entre los tres! Pesaba ya como un demonio y tuvimos que utilizar una carretilla elevadora de pales para bajarla! Desde entoncen no recojo nada. Es más práctico utilizar lo nuevo y en cada momento." Y, poniendo en práctica su propio pensamiento, cambió la pieza que no funcionaba y puso otra nueva sin examinarla siquiera.

La vida está llena de anécdotas así. Los talleres de coche son el paradigma de estas prácticas de la modernidad. Mi viejo lada a punto de pasar su última revisión pasó por el taller... Los mecánicos veteranos pusieron mala cara y me sugirieron que no perdiera el tiempo... Un joven mecánico con su FP recién terminada se puso a bricolearme el motor y con soluciones ingeniosas, usando bridas en los manguitos y cosas así... me dejó el coche a punto... Sus compañeros le echaron la bronca: ¡Has perdido el tiempo! Le dijeron... A mí, el chico, me cayó simpático... me recordó a mí mismo.
Mi cuñado, sin ir más lejos, tuvo que pagar 800 euros por un ordenador a bordo de su citroen al haberse roto una patilla. Los mecánicos no quisieron arriesgarse con una simple soldadura: ¿seguridad o vagancia?

En mis tiempos de maestro joven me aficioné a la pretecnología. Esa especie de bricolaje científico con materiales de desecho me entusiasmaba. Hice un montón de cursillos y, en cuanto pude, me lancé a dar clases en el cole de esta asignatura. Vale. A los chicos les gusta. Esto marcha. Pero cuando empiezo a pedirles motorcillos de desguace de sus juguetes, cablecillos, bombillitas, chapa de hoja de lata, maderillas, gomas... surge un rosario escusas:
- Es que en mi casa no hay...
- Mi padre dice que dónde hay que comprarlo...
- Mi madre tira todo eso a la basura...
- Lo tenía pero mi madre lo tiró y además me riñó por guardar porquerías...
Decido entonces crear un depósito de materiales... Abarrotamos el taller con cables, puntas, maderillas... Las señoras de la limpieza me declararon enemigo público durante todo el curso...

No hay forma de conciliar mi vieja educación con los nuevos tiempos. El consumismo empuja. Mi mujer ataca cada fin de semana con su asalto al Corte Inglés. Esa batalla deja heridas en nuestras vidas. Yo sigo con mis pequeños desguaces. Lo siento. Soy un romático.

jueves, 11 de junio de 2009

El traje nuevo del emperador.



Hace muchos años vivía en un lejano país un emperador tan honrado que, para no gastar los impuestos de sus súbditos en vestidos iba siempre desnudo. La ciudad en que vivía el emperador era muy alegre y bulliciosa. Sus súbditos estaban encantados con él. Emperadores vecinos le visitaban a menudo y le animaban por su valiente defensa de las arcas públicas. Todos aplaudían su altruísta decisión.

¡Qué bien te sienta la desnudez! - le decían. Y alababan su sacrificio por el pueblo.

Un día corrió el rumor de que el emperador había visitado en secreto un sastre para que le hiciera un traje... La gente del reino se indignó:

- ¡Son infundios de sus envidiosos enemigos! ¡Nuestro emperador jamás se haría un traje. Él sólo piensa en sus súbditos y nos da ejemplo con su digna desnudez!

Todo su pueblo salió en su defensa.

- ¿No veis lo desnudo que está? ¿No veis que no oculta nada?

La gente miraba y ¿sabéis lo que veía? Sólo la pálida piel blanca y desnuda. Pura como la de un niño.

El emperador, enternecido por las muestras de afecto, se deshacía en elogios a los más allegados de su corte:
- "Gracias, por vuestro desinteresado afecto. Os quiero un ... montón"

El Emperador se hizo aún más popular. Era querido y amado por su pueblo. Muchos se manifestaron en su favor y le entregaron su confianza ciega. Se paseaba orgulloso delante de sus vasallos. La gente le adulaba:

- ¡Tu desnudez te honra!
- ¡Tu auténtico traje es la valentía!
- ¡Tu cuerpo sin tapujos representa la verdad!

- ¡Pero si va vestido con un traje nuevo! -exclamó de pronto un niño.

La gente miró con estupor. Empezaron a oirse comentarios entre la multitud.

-¡Dios bendito, escuchen la voz de la inocencia! -dijo su padre; y todo el mundo se fue repitiendo al oído lo que acababa de decir el pequeño.

Aquello inquietó al Emperador, pues barruntaba que el pueblo tenía razón; mas pensó: «Hay que aguantar hasta el fin». Y siguió más altivo que antes; y los ayudas de cámara continuaron alabando la digna desnudez de su emperador en cueros.

jueves, 4 de junio de 2009

Santa Mª de Garoña

Allá por el verano de 1970 se organizaron excursiones desde Burgos para visitar la casi terminada central nuclear de Santa María de Garoña. El viaje, para haberlo podido realizar, tuvo que ser gratis. Mi padre aprovechó la circustancia para llevarme con él a visitar las instalaciones.
Tenía 12 años. El autobús entró en el verde valle de Tobalina y paró suavemente en el aparcamiento de la central, cerca del río Ebro.
Bajamos y nos conducieron al interior de las instalaciones donde nos explicaron las características y el funcionamiento de las mismas. Quedamos impresionados por la magnitud de los espacios y la enormidad de la vasija, la compeljidad de las tripas y estómagos subterráneos de este ser atómico donde se digería el calor producido por la desintegración de unas barras de uranio exhalando y burbujeando vaporosos eruptos que hacían girar unas gigantescas turbinas. En mi cabeza infantil los equipos y maquinaria se asemejaban la parafernalia tecnológica del Castillo de Fumanchú cuyas películas veíamos a pares en sesión continua del mediodía al anochecer.
Con cierto dolor en la nuca por tanto alzar la cabeza en el recorrido escuchamos las excelencias de la moderna energía nuclear. Nada se nos dijo, evidentemente, de sus posibles peligros y, por si acaso alguno comenzaba a albergar dudas, la visita terminaba con vino, refrescos, bocadillos y picoteo, con lo que todo el mundo acallaba las dudas al tiempo que el hambre y volvía al autobús más contento que unas pascuas convencido de haber sido testigo de la poderosa ingeniería hispana.
Mañana se cumple el periodo de vida de esta central paisana mía. Se valora ahora la posibilidad de prolongar su uso. Si no es así, mañana expirará esta gigantesca y, ya anticuada, maquinaria
radiactiva a la que vi nacer.

lunes, 1 de junio de 2009

El primer año de un maestro novato


"Cada maestrillo tiene su librillo".

Mis primeros maestros fueron los hermanos maristas del Liceo Castilla, un colegio privado religioso de Burgos. Accedí a entrar en él por casualidad pues, por sus escasos ingresos, mis padres no hubieran podido pagarme la matrícula. Una circustancia especial (el incendio de otro de sus colegios dedicado a niños más pobres) hizo que se crearan unas becas extraordinarias para que pudiéramos seguir estudiando.

Así que la imagen de los hermanos maristas, sus clases, sus patios, su organización, su forma de enseñar; crearon una impronta que perduró en el tiempo hasta que, recién cumplidos los 17 años, recalé en la Escuela Universitaria del Profesorado de Educación General Básica de Burgos.

"Ven Capitán Trueno, haz que gane el bueno"
En las postrimerías del franquismo pasé tres años estudiando (mayormente memorizando) en la escuela de Magisterio. Las cosas buenas de aquella época tenían que ver con nuestras experiencias adolescentes, la vida social, los deportes... El aspecto académico formaba parte de un mundo arcáico donde se enseñaba a base de viejos apuntes con contenidos desfasados. Un profesorado desigual con algún personaje brillante de vez en cuando entre una mayoría anodina y gris.
En el último año (que coincidió con la muerte de Franco) editamos una revista mural anónima donde desfogábamos nuestra frustración. Por aquella época, el grupo musical Asfalto, editaba su popular "Ven Capitán Trueno, haz que gane el bueno... que el mundo está al revés"


"La Extensión Cultural"
Sugiere este nombre una gran llanura llena de monumentos... En realidad era el nombre de la sección del servicio militar que se encargaba de la alfabetización de los reclutas que no tenían el graduado escolar. A los que éramos maestros nos asignaban un grupo de aquellos soldados y nos liberaban de otras labores más aburridas o penosas. Fue mi primera experiencia como enseñante, pero duró apenas una semana. El Capitán Capellán del Campamento, que dirigía la sección, consideró que no me implicaba lo suficiente, al enterarse de que estaba inscrito en la patrulla de tiro del batallón para un concurso dentro de la región militar (curiosamente éramos elegidos por los mandos y su pertenencia obedecía a una orden directa...). Caí demasiado tarde en la cuenta de que debía haber apuntado a un metro del sargento en las pruebas de tiro del batallón...


"La oposición es la puta, con perdón,
que no se quiere acostar
con un señor del montón"

No pude presentarme a la oposición en el año ymedio que duró la milli. Un problema burocrático hizo que no fuera inscrito a tiempo así que, al acabarla, estuve un largo año estudiando la oposición sobre la base de unos apuntes de la academia a distancia CEIS. Fueron largas jornadas en el estudio de la Caja de Ahorros Municipal que tiene en el centro, al lado del Arlanzón... Lo alternaba con la Casa de Cultura, pero ahí las chicas distraían la atención con esas facultades disruptoras de que la naturaleza les ha dotado. Después, en casa, venían las largas horas de resúmenes, mapas conceptuales, fichas... En ese año aprendí realmente a estudiar. las paredes de mi habitación era un auténtico panel continuo donde colgaban con pinzas sobre cuerdas los folios en los que trazaba diagramas, esquemas, mapas... Allí desplegaba los conceptos, los intentaba relacionar y memorizar... Para la ortografía cree un sistema de fichas donde apuntaba las palabras más problemáticas clasificadas por dificultades específica...

Durante ese tiempo germinó mi vocación poética. Todo era mejor que el tedioso estudio de unos contenidos que no me interesaban. Leí a Miguel Hernández, García Lorca, Machado... con gran interés... Descubrí la vital energía del Rayo que no cesa y empecé a componer... Pequeñas colecciones de poemas, breves relatos de ciencia ficción... Eran mi consuelo y la alternativa a las áridas páginas del temario.

Ocasionalmente nos reuniamos tres compañeros para estudiar juntos. Lo hacíamos en una pensión donde vivía uno de ellos en la zona de Las Llanas. Allí mezclábamos el estudio serio con la charla, el disparate o las discusiones con una joven y guapa Testigo de Jeová que pretendía redimirnos... (y nosotros a ella pervertirla).

Cuando llegó la fecha de la oposición, mi amigo Jesús y yo, viajamos a Madrid un día antes. En aquella tarde trepidante de Madrid buscamos una pensión barata en la zona de Cuatro Caminos. En el calor de la noche, me impuse la exigencia de repasar mientras me recomía la envidia porque mi compañero había quedado con su novia para verse esa noche. A la soledad se unía la desesperanza y la angustia.

Al día siguiente, sentado ante la mesa a la espera del formulario del examen, uno de los "oponentes" tuvo la ocurrencia de proponerme un acertijo matemático: ¿Cómo construir 4 triángulos equiláteros con tan sólo 7 palillos?. Con un candor infantil entré al trapo y, después de estrujarme el cerebro durante 10 minutos, no di con la respuesta... "¡Hay que usar el pensamiento divergente!" - me dijo aquel cabrón después de que me rindiera y me mostrara la respuesta... ¿Cómo se puede putear a la gente de esta manera justo antes de un examen?


Finalmente, con el examen delante, mi ánimo se desplomó... La parte de matemáticas bien... podría hacerla en la totalidad prácticamente perfecta... pero el de ciencias... ¡El ciclo de Krebs!. la respiración celular... el intercambio de moléculas energéticas ATP... algo que nuestro profesor de biología "El Plasti" nos había explicado mediante maquetas y esquemas más o menos crípticos... Me quedé paralizado... Miré a mi alrededor... Todos escribían como locos... ¡Está bien, yo también escribiré, aunque me lo tenga que inventar todo...!

Parece que, al final, la cosa no salió tan mal... A la puerta del Instituto donde nos examinábamos (en la Glorieta de Marqués de Vadillo) los profesores de academia ya habían preparado fotocopias del exámen resuelto y las repartían junto a una pequeña propaganda de sus academias... Matemáticas: 10... En el apartado de ciencias no había muestra resuelta... la cosa era más peliaguda...

Lo importante es que aprobé (algo justo, pero lo hice). Luego vienieron dos exámenes más y finalmente la confirmación de que había accedido al cuerpo de maestros.

"Durmiendose en los laureles..."
Una vez aprobado el exámen, me puse a esperar la llamada de la administración para ocupar mi plaza. Nos habían pedido teléfonos y direcciones por triplicado así que no parecía que tuvieran problemas para contactar conmigo pese a vivir en Burgos, pensé...

La insistencia de mi madre me hizo acercarme un viernes por Madrid para ver en qué fechas más o menos pudieran llamarme para ocupar la felizmente conseguida plaza de maestro. Esa misma mañana, en la Dirección Provincial de la calle Vitruvio recibí anonadado una noticia:
Los opositores aprobados que deseaban trabajar ese mismo curso académico habían tenido hacía semanas un acto público y estaban todos en su destino... La convocatoria, al parecer, se hizo mediante papel con chincheta en el tablón de anuncios de dicha Delegación Provincial. Desconsolado peregriné por diferentes despachos explicando que no conocía semejante convocatoria y que deseaba trabajar... Tuve suerte. Necesitaban un profesor en ese momento así que me ofrecieron una plaza. Instantes después me propusieron una permuta a un puesto de profesor en Arganda. Yo no conocía Madrid ni tenía preferencia alguna, así que accedí y esa misma tarde acompañé al profesor al colegio donde fui presentado.

Obi, Lena, Yeniséy, Amú Darya, Syr Darya...
Me sorprendió tener que impartir Ciencias Sociales a niños de 7º de Primaria... Cuando hojeé los libros caí en la cuenta de que la última vez que estudié geografía e historia fue a la misma edad que mis alumnos... El fin de semana y el viaje en autobús los pasé memorizando los ríos de Asia y el arte y la historia del Renacimiento.



"Sólo ante el peligro"
A las 2:30 de la tarde de un lunes de octubre me enfrenté por primera vez a mis alumnos. Me esperaban 5 horas de convivencia en un medio hostil. Las clases desde 4º de EGB eran vespertinas pues el colegio doblaba turno ante la falta de plazas escolares en Arganda del Rey. Nuestra clase era utilizada por las mañanas por los alumnos de 2º de EGB. Cuando llegábamos a clase a las 2:30 aún estábamos salibando el postre. Muchos de mis alumnos habían pasado la mañana jugando y divirtiéndose por el pueblo. Agunos cazaban conejos en la Dehesa. Por la tarde, la verdad, no estaban muy motivados por la geografía de Asia...

No tardaron en tomarme medidas, pronto aparecieron los primeros retos... Intenté manejar la situación echando mano de los recursos que empleaban los maestros de mi niñez: la autoridad:

- ¡Si sigues comportándote así, tendré que llamar a tu padre y hablar con él seriamente!

La respuesta del alumno me descolocó:

- Pues nos haría usted un favor, se fue de casa y hace días que no sabemos dónde está...


- ¡Touché!

La señorita Rotenmeyer
La primera visita de una inspectora impone. Un día corrió el rumor de que se presentaría en el colegio, pediría programaciones, pasaría por las clases... A mí no me preocupaba pues tenía programada una visita a una sala de exposiciones local donde un pintor del pueblo colgaba sus cuadros. Durante la visita, cedí lógicamente el papel más didáctico al pintor que se puso al frente del grupo de niños explicándoles cuadro a cuadro su obra. Yo permanecía al fondo como un visitante más... Nuestra inspectora se presentó de improviso en la exposición y se autoinvitó, sin preguntar a nadie, a continuar la charla de nuestro pintor preguntando a los niños y dando explicaciones más o menos ocurrentes sobre los cuadros... Después de un buen rato de meter la pata hasta las corvas, se dirigió al pintor para preguntarle sobre "sus alumnos". Este, que la había escuchado boquiabierto durante todo el rato, le explicó que el maestro era yo, una pobre figura camuflada, al fondo... Ruborizada farfulló una disculpa y abandonó la sala rápidamente.
Ese día, en el claustro de profesores al que acudió se mostró mucho más cercana... Bernardo, un profesor de 8º, nos provocó unas risas apenas disimuladas cuando le comentó lo tranquilo que se sentía al conocerla de cerca pues tenía una imagen previa de su figura como "De señorita Rotenmeyer" la conocida y severa institutriz de Heidi, el más popular personaje infantil de la TV de la época.

To Sir With Love (mi primera enamorada)
Así se pasaba el año. Me esforzaba por hacer las clases interesantes. Buscaba la forma de acercarme a aquellos adolescentes que tanto se resistían. Luchaba por actualizar mis esquemas mentales a esta nueva situación. No servían los modelos de mi infancia. Este no era el colegio de religiosos donde estudié y no funcionaban las mismas soluciones. En esos meses me di cuenta de lo absolutamente inútil que habían sido la mayoría de las cosas que estudié. Lo único que servía era lo que había aprendido por mi cuenta, lo que aprendía de Tere y Jose mis compañeros de nivel que me ayudaron en todo momento...
Mi inseguridad, mi desamparo y mi candorosa ingenuidad; en algún momento fueron aprovechados para la burla (en las fiestas de fin de trimestre un grupo de alumnos improvisó una pieza de teatro con el curioso título de "En clase" y un profesor con una caracterización muy parecida a mi persona). Pero también encendieron, supongo, un cierto instinto maternal en alguna de las chicas mayores. El caso es que, una de ellas, empezó a frecuentar las primeras filas de pupitres, a mirarme con interés, a ser amable conmigo... Durante un tiempo se hacía la encontradiza. Incluso se mostró celosa cuando llegaron dos alumnas de prácticas de la escuela de magisterio. No duró mucho la situación. No pudo competir con una de las recién llegadas, ya adulta, y que acabaría siendo mi esposa.

De todas formas ante esta situación estaba condicionado para responder con el máximo desapego. Era una respuesta tan poderosa como la secreción salivar del perro de Pavlov. La consecuencia condicionante radicaba en una historia que me contaron nada más llegar al centro.

Pocos años antes, un maestro joven y primerizo como yo, había llegado al centro. Durante el curso una de sus alumnas resultó embarazada y, ante la presión de los padres, acabó acusando a su joven profesor. El pobre chico pasó unos días terribles expuesto a la reprobación pública de padres y alumnos... No pudo sustraerse de los comentarios de los albañiles de la obra próxima que le gritaban al paso: ¡Por qué no lo haces con una de tu edad, cabrón!... Tiempo después se supo que el causante del embarazo fue un tio de la niña. Ya era tarde. El muchacho quedó marcado por esta triste historia y abandonó el cuerpo.

Aquella chica de prácticas...
Es para mí un secreto inexplicable qué pudo ver aquella chica de prácticas en el joven profesor que le tutelaba en el colegio. Apenas retengo imágenes de su estancia en el aula. Todos los recuerdos se dirigen a que, por expresa invitación suya, acabé saliendo con su grupo de amigos a Madrid. Para mí era la salvación ante la triste perspectiva de pasar tardes y fines de semana aburrido en Arganda sin conocer a nadie, sólo con la compañía ocasional de otros inquilinos tan solitarios como yo...
¿Qué llamaría su atención de mi persona? ¿Acaso encontrara divertidos mis comentarios o la ingenua forma con que me enfrentaba a las situaciones de mi nueva vida? Parece que le divirtió mucho el comentario: "¡Esto es un orgasmo virtual!" realizado durante la proyección de la película "Ópera Prima" en el cine de Arganda (mira que era hortera yo...). Quizás fue que le hiciera reir en el Bora-Bora, local hawayano donde servían bebidas exóticas, cuando pensando que el fuego que desprendía la bebida obedecía a la quema del alcohol del combinado sorbí con mi pajita todo el depósito del alcohol de quemar que había en uno de sus compartimentos. Fue una fatal interpretación del principio de los vasos comunicantes pero el caso es que empecé a salir con ella por Arganda. Un agradable cosquilleo y un aroma de melaza me envolvía cuando escuchaba Noches de Blanco Satén con su cabeza apoyada en mi hombro en la penumbra del pub.

La Solitaria vida de un maestro en Los Macías...
En aquellos años de la transición (1980-81) tuve que vivir hospedado en el Hostal Los Macías. Intenté encontrar un piso en Arganda para alquilar o compartir, pero lo que preveía un simple trámite se convirtió en misión imposible. Apenas había casas en alquiler. Las pocas personas que alquilaban te sometían a un duro interrogatorio: -Ah, ¿es usted de Burgos?. No me gusta la gente de Burgos... Así te contestaban en el barrio de la Soledad... Otros ni siquiera se molestaban en hacerte la ficha: ¡Mira no alquilamos a los chicos! Es que dejan la casa perdida... No limpian... Sólo me quedaba el recurso de buscar otros colegas para compartir con ellos gastos y alquiler. Pocos tenían piso. Tan sólo encontré una compañera de otro colegio que tenía un piso compartido con otra maestra. Cuando le propuse entrar a formar parte de esta sociedad tan acogedora, se negó pese a saber mi estado de necesidad...
Iba rellenando, cromo a cromo, el album de los prejuicios en Arganda.
No me quedó más remedio que contratar en alquiler una habitación por mensualidades. La habitación tenía un pequeño lavabo y la ducha era común... El precio no estaba mal, pero el habitáculo era más bien cutre. Un oscuro salón con TV a la entrada hacía las veces de recibidor y sala común. Algunos de los inquilinos eramos fijos. Nos juntábamos por las noches para dar una vuelta por Arganda. Con ellos visité el cetro regional de Andalucía, donde caían algunos finos. En una de las cenas en sociedad fuimos testigos gracias a la TV del 23-F en compañía de un cubano que contemplaba asombrado aquellas imágenes de militares tan distintas (o quizás no) a su patria revolucionaria... No faltó alguna visita al Coquimbo para conversar calidamente con las chicas de la barra... (al menos eso pretendían mis anfitriones, que yo estaba cortadísimo...).

Tenía las mañanas libres y las ocupaba en preparar las clases, leer... Pero antes me impuse el hábito de caminar una hora por las mañanas. Un compañero del cole realizaba diariamente un paseo en las primeras horas por la dehesa... A lo largo del año fueron muchos los paseos y las conversaciones que tuvieron lugar por esos bellos parajes de los alrededores de Arganda. Mi acompañante era una persona muy culta y la conversación era densa y enriquecedora.

Neumonía atípica
Muchas veces comíamos el menú del día de alguno de los bares cercanos al colegio. Eran menús contundentes con primeros untuosos y segundos con filetes bien colmados de patatas fritas. Todo ello bien empapado del aceite caliente de freir. Estos bares estaban cerca del mercadillo de los jueves donde de vendían todo tipo de frutas y verduras e incluso aciete a granel. Durante la comida, en los teledirarios, se daba la noticia de una extraña epidemia que derivaba en una neumonía atípica. Se apuntó a las aves domésticas como propagadoras de la epidemia y muchas familias se dehicieron de los canarios. En Arganda aparecieron numerosos casos. Algunos alumnos del colegio contrajeron la enfermedad. La gente seguía con inquietud la evolución de la epidemia sin imaginar su procedencia. Los casos eran aislados inmediatamente, pero las numerosas pruebas no daban con el virus o el agente patógeno... Todo esto sucedía a nuestro alrededor sin que nos diéramos cuenta de que allí mismo, en nuestro plato, estaba posiblemente la causa de esta rara enfermedad. El aceite barato, a granel, comprado en el mercadillo y del que se surtían muchos restaurantes estaba adulterado con aceite de colza desnaturalizado. Sabe Dios en qué dosis habré sido afectado por ello.

Ángeles negros volaban por el aire del poniente.

Y ángeles negros volaban
por el aire del poniente.
Ángeles de largas trenzas
y corazones de aceite.



No era nada fácil adaptarse a esta situación tan exigente para mí. En ocasiones me embargaba la melancolía. Me refugiaba en solitarios paseos por la dehesa. Una tarde, al anochecer, sentado bajo un olivo encontré el sentido a esas palabras de Lorca.
Yo nunca había visto olivos. En las tierras del norte no crece este árbol. Así que, cuando ví recortados contra el horizonte las ramas y las olivas, entendí en ese mismo instante esa bella metáfora. Yo tenía mis propios ángeles negros que me empujaban al abandono. No podría soportar esto mucho tiempo. Pregunté cuanto tiempo era necesario trabajar antes de solicitar una excedencia. Me dijeron dos años y pensé que quizás no aguantaría tanto.

Epílogo
Finalmente acabó el curso. No resultó tan difícil al fin y al cabo. Incluso dejé buenos recuerdos compartidos con mis alumnos y colegas. Con el tiempo he encontrado a algunos de ellos y, con la perspectiva del tiempo pasado, hemos pasado revista a los viejos conocidos. Algunos han acabado mal y nos entristecimos, otros han prosperado. Uno de ellos me ha arreglado la bici en su próspero taller...

Y, como un péndulo alzado al máximo hasta detenerse, poco a poco -pero acelerando- el siguiente curso me trajo el impagable regalo de 28 niños de 6 años con unas ganas enormes de aprender. Sus sonrisas y su cariño cicatrizaron las heridas de la primera batalla.

martes, 26 de mayo de 2009

¡Ah! Pero... ¿Mi padre tiene un millón de pesetas?

Yo fui un niño pobre. Esto, básicamente, consiste en tener muy poco dinero. Ser pobre no es necesariamente malo. Este axioma de Perogrullo explica muchas cosas:

- No tienes vestidos caros; pero tu madre te hace unos monísimos con retales de saldo...
- No tienes juguetes de grandes almacenes; pero aprendes que todas las cosas son jugables...
- Pasas apuros para comprar el material escolar; pero te apañas con engrudo, sacar punta con el cuchillo en casa, y cuidar tus pequeñas pinturas como tesoros...
- No tienes apenas propina; pero sabes las tiendas más baratas, masticas más veces el chicle, compras los indios a plazos y encima ahorras...
- Tu casa es oscura, pequeña y abuardillada; pero pasas la vida en la calle, te subes al tejado, exploras todos los territorios de alrededor...
- En tu plato faltan buenos filetes, bollos y postres deliciosos; pero tienes sopa, patatas y lentejas. Y lo comes siempre. Y lo comes todo. ¡Y te gusta!

Sin embargo hay veces en que los demás (más ricos) no entienden esto. Entonces surge un "conflicto cognitivo":

- ¡Tú eres pobre, no tienes dinero y por tanto no puedes ser feliz y además eres un mierda!

Al pobre niño pobre el insulto le llegó al alma. Se puso pálido. Las lágrimas empezaron a rebosar los párpados...

El hermano Cañón desde su mesa lo vió hundirse, rodeado del implacable grupo que lo acosaba. El pobre niño pobre sintió sus pobres ropas aún más rahídas. Se notó más delgado por no comer bien. Miró su estuche y le pareció pequeño y triste al lado de los hermosos plumiers del resto...

-¡Pero qué decís! ¡Si su padre tiene un millón de pesetas! - Salió al paso el hermano echando un capote a la pobre víctima pobre.

Los ricos cahorros de la manada se miraron asombrados: - ¿Sería verdad? Tenía que serlo si lo decía el hermano...

-¡Dejadlo y vamos a jugar!

El pobre niño ¿pobre? se quedó perplejo mientras el grupo hostil se alejaba. Quizás su padre tenía ese dinero guardado y él no lo sabía...

El hermano Cañón miró pensativo a su alumno. Mientras este se quedaba sólo en su pupitre...

El pobre niño pobre creció. Dejó de ser pobre. Se hizo adulto. Por fin comprendió.

El cine

Grabadas a fuego, en algún secreto lugar del hipocampo, perduran nítidas las emociones de la primera película en colores que vi en mi vida: Pinocho (De W. Disney). Pepito grillo caléntándose el trasero en el fuego de la chimenea, Pinocho fascinado por el parque de atracciones... Son imágenes que me hipnotizaron a los 6 años y cuyo influjo perdura después de cuatro décadas. Entonces descubrí la magia del cine.



Desde hacía meses mis padres me habían sacado el carnet que me permitía acudir al cine del Liceo Castilla. Había que pagar una cuota mensual que siempre era mucho para mis pobres padres, pero que se esforzaban en pagar sabiendo de mi ilusión. Yo acudía a aquel enorme y cálido salón emocionado. La primeras películas eran en blanco y negro. Cuando las huestes a caballo de Sir Ivanhoe llegaban al bosque entre vítores y cánticos de los campesinos me entusiasmaba como ellos mismos. De él aprendí que para saber si una moneda de oro era falsa había que morderla... ¡Cuántas veces salíamos del cine amagando duelos, persecuciones de índios y grandes tiroteos!


Más tarde acudíamos los domingos al cine del Círculo que tenía un salón enorme. El salón era utilizado para los actos sociales y religiosos de la entidad, pero el domingo por la tarde era completamente nuestro. Al final de nuestra estancia en Barrio Gimeno costaba 1 pesetas (tanto como toda nuestra propina, por lo que había que pedir una paga extra especial). Aún recuerdo aquellas butacas de madera que golpeaban y crujían durante toda la película. No importaba mucho porque el estruendo de las películas del oeste era aún mayor.

Cuando tenía 10 años los Reyes me regalaron una máquina de "cine Nic". ¡Con cuánta ilusión la recibí!. Exploré cuidadosamente su mecanismo, estudié sus películas, hice algunas propias y pasé ratos estupendos manipulando y jugando con mis proyecciones. Duró más de una década hasta que el cable retorcido fundió con un cortacircuito el casquillo de la bombilla de 40 W que utilizaba. Este juguete patentado en 1931 tuvo ventas millonarias en todo el mundo hasta su descatalogación en 1974. Sí señor. Un juguete bien hecho.


Los fines de semana íbamos al cine "de verdad". El mítico cine Rex acogió la los 3 hermanos Grande en maratonianas tardes de sesión contínua. Entrábamos aproximadamente a las 3:30 y veíamos las películas 2 veces. Como eran sesiones dobles nos tragábamos 4 pases en total ¡y no nos aburríamos!. Curiósamente en la segunda pasada la película nos gustaba más. Volvíamos a casa entre sonámbulos y hambrientos hacia las 10 de la noche. En aquella época apreciábamos héroes y personajes como El Zorro, Fantomas, Trinidad y Fu-man-chú (cuando veo alguna de esas películas hoy en día me quedo estupefacto: ¿cómo es posible que nos gustaran eso?)


Entraba en la adolescencia en tierras de Arévalo. Vivía en el Juniorado Mayor marista junto con una cincuentena de compañeros. Las instalaciones eran magníficas y teníamos ¡un cine para nosotros solos!. Allí tuve la oportunidad de sentir físicamente el contacto con el material de los sueños. Tuve en mis manos las cajas metálicas de película envueltas en sus sacos de lona y etiquetadas (llegaban todas las semanas y había que llevarlas a la sala de proyección). Los grandes proyectores con iluminación a base de arco voltáico (los electrodos de carbono desechados fueron examinados minuciosamente en cuanto tuve ocasión). La selección de películas y las orientaciones ideológicas y técnicas (en forzada mezcla entre cineforum y adoctrinamiento). Empiezo a datar todas las películas que veía en mi agenda juvenil: se puede consultar que vimos "La fierecilla domada", "Jhoni Ratón", "Melody", "El pequeño salvaje", "El zorro vuelve otra vez"... y así una larga lista pues veíamos una película semanal.


Dos años después, en 1974, nos trasladamos a Tuy y cursamos bachillerato en el Instituto de la ciudad. Tuvimos la suerte de tener como profesor a Miguel Ángel Santos Guerra que había realizado estudios de cine en la Escuela de Cinematografía. Organizó un cineclub en la localidad. Preparaba una introducción y unos apuntes mecanografiados que aún conservo.

Esas orientaciones conceptuales y técnicas me ayudaron muchísico. Miguel Angel Santos impartió también en nuestro juniorado un curso de cine que me fascinó. Apliqué mi mejor letra al cuaderno de apuntes que aún conservo. Desentrañar los secretos de la magia del séptimo arte, conocer los resortes de esta máquina de la belleza, me produjo una satisfacción enorme. Y al mismo tiempo alimentó aún más mi curiosidad.


Nuestros campamentos de verano en el albergue de Navalguijo en Gredos nos dio la oportunidad de entrar en contacto directo con la realización de un film. Se trataba de una película en 16 mm rodada en los parajes de este bello pueblo abulense. Durante aquellos 15 días, nuestro nutrido grupo de adolescentes realizó un ataque con arcos y flechas en la ribera del río, junto a la poza donde nos bañábamos a diario. Convertimos el salón del albergue en un salón del oeste con sus puertas giratorias y mostrador. Allí tomábamos un wisqui-zumo mientras mordíamos un cigarrillo y poníamos cara de duros en las mesas de poquer. Lo más divertido la pelea en el salón. Podéis imaginaros.

Como toda película que se precie tenía su árbol del ahorcado (el roble más grande, cerca del campamento), sus caballos (todos los lugareños dejaron gustosos el suyo), sus tiros (con pistolas reales y rifles de caza con munición de fogueo...) La película se completó con algunas escenas rodadas en el Cañón del Río Lobos, en Segovia. Sonido y voz fueron puestos por un grupo de elegidos en el colegio marista de Valladolid. Fue una bonita excursión que nos dio la oportunidad de conocer este colegio y salir de la rutina.

No llegamos a ver el resultado final. Supongo que la copia duerme en algún armario polvoriento de algún incógnito colegio marista.



Por ir al cine, aún me escapé una vez del ISPE Castilla donde estudiámbamos el postulantado en Salamanca. Fue una noche de aquellos días en que nos examinabamos de la selectividad. A riesgo de ser descubiertos nos atrevimos a saltar por una ventana abierta y nos acercamos a Salamanca donde, muy adecuadamente a la emoción y el miedo de la escapada, vimos "El Exorcista". La vuelta adquirió tintes dramáticos cuando descubrimos que la ventana que dejamos abierta había sido cerrada trancada con cerrojo. Furtivos en la noche exploramos todo el exterior del edificio hasta que dimos con un ventanuco elevado con acceso a los servicios de la cocina. Inexplicablemente alcanzamos la pequeña oquedad y, de alguna manera que no puedo recordar, acabamos dentro en medio de algún tropezón ruidoso. Afortunadamente nadie se enteró.

Aquello ocurria cuando ya era firme que abandonaba los maristas. En los años siguientes, mientras cursaba magisterio acudí al cineclub universitario de Burgos. Antonio Gregori nos preparaba unos cineforum magníficos donde aprendí a apreciar una amplitud de géneros, estilos y cinematografías marginales.


Aquellas películas, para las que nos preparaban previamente, arrancaron buena parte de nuestras telarañas ideológicas. Otras imágenes se nos antojaban perturbadoras y extrañas. Películas de la Nouvele Vage, cine italiano (aún recuerdo el pase de Agostinho, una película perturbadora para mí y que no he conseguido encontrar en ninguna parte), cinematografía latinoamericana de contenido social... Algunas películas aún tililan nítidas en mi memoria: La parada de los monstruos, terror en estado puro sin recurrir a truco alguno.
En aquellos años, ya universitarios, realizamos algunos cursos de cinemetografía. En uno de ellos incluso realizamos un pequeño corto: "16 horas en esta ciudad" (Burgos). Frente a elaborados guiones con su correspondiente presentación-nudo-desenlace y documentales ampulosos de tipo arquitectónico-mareante, nosotros presentamos un documental sobre estampas burgalesas con escenas interesanes, algún plano de mérito y un montaje un poco aleatorio... Mi amigo Jesús González, en un ataque mezcla de pánico y de sinceridad, la presentó literalmente como "una mierda". No estoy de acuerdo. Años más tarde la recuperó de sus archivos y hoy podría tener incluso un cierto valor documental (era el año 1978).
Recuerdo especialmente las conferencias de directores consagrados: Jose Luis Garci, Pedro Olea... y la selección de proyecciones, todas fuera de los cirtuitos comerciales pero de un extraordinario interés. El ir a los cineclubs tenía además el aliciente de encontrarte en medio de un ambiente universitario y estar en contacto con chicas de tu edad con parecidas inquietudes. Cuando las proyecciones eran en el instituo femenino, aún con más motivo.
Acabó magisterio y el cine siguió siendo la gran evasión para los momentos tristes o anodinos. Era la ocasión de huir de la aburrida rutina de la mili en Almería, la relajación frente al duro temario de la oposición en Burgos, la forma de llenar las tardes de los domingos en Arganda el primer año de maestro... Gracias a una de aquellas tardes, viendo "Ópera prina" que llamé la atención de mi futura esposa al comentar "Esta película es un orgasmo visual"... (¡era para matarme!). Al año siguente el viajar a Madrid para ver una película hizo que, de vuelta a Parla, no encontrara alojamiento y tuviera que dormir en un banco de un parque público. Pero el gusanillo del cine seguía haciendome cosquilla y me apunté a un curso de cine en la Universidad Popular de Parla.
El cursillo estuvo bastante bien. Avanzado en cuestiones técnicas (muchas cosas me eran novedosas, pese a que yo tenía mis nociones) y selección de materiales y películas adecuadas. El curso finalizaba con una práctica consistente en rodar una película en 35 mm. El argumento era infumable pero la calidad del equipo y la experimentación real de la realización de un documental era excitante. Nos sirvió para visitar los depósitos de productos tóxicos, las cloacas más repugnantes y los vertederos más malolientes de la comunidad de Madrid (el argumento era la contaminación del planeta expuesta por medio de parejas en parajes sucesivos de degradación ambiental)

Y así ha seguido el cine formando parte de mi vida. Desde hace unos 20 años, es la televisión la que sirve de soporte a esta actividad. Y, en los últimos tiempos, retomo una faceta más activa con ayuda del ordenador y realizando (empresa casi titánica) dos películas de animación con el programa "Tales Animtor". Duran unos 40' cada una y son historias fantásticas adaptadas a escenarios del cole donde trabajaba. El resultado, pese al rudimentario programa y estar realizadas por una sóla persona es impactante. Los actores que prestaron sus caras y sus voces son los alumnos de logopedia del cole. No publico la totalidad de la película por no tener los derechos de imagen. Pero si me es posible pondré algunas escenas.
Y eso es todo, muchahos.

domingo, 24 de mayo de 2009

Las bodas de Blanca

Corría el año 1975. Francisco Regueiro filmaba entonces en Burgos Las Bodas de Blanca cuya protagonista, Concha Velasco, era la actriz española de referencia. Nuestros padres se enteraron por la prensa de que rodarían en el paseo de la Isla y nos enviaron a mi hermano Luis y a mí allí, para que viéramos el ambiente. Yo tenía 16 años y mi hermano Luis rondaba los 14. En el Paeso de la Isla estuvimos toda la mañana observando con interés el despliegue del rodaje. Recuerdo perfectamente una escena que se rodaba: un disparo impactaba contra una botella apoyada en el tronco de un árbol. Supongo que alternada con esta se rodarían otros planos con la protagonista pues estaba en el lugar de rodaje rodeada del aura de diva nacional.
Yo me moría de ganas por conseguir un autógrafo suyo. Ella estaba allí, sonriendo, a apenas diez metros de nosotros. Pero sentía vergüenza y, además pensaba que probablemente no me lo firmaría por ser tan mayor. Tenía a mi lado a mi hermano con dos años menos y me pareció buena idea entregarle a él el boli y la libreta y pedirle que fuera a pedírselo...
Mi hermano Luis se acercó a la actriz y le hizo la petición. Ella le sonrió y además garabateó una dedicatoria.
Risueño, con la cara iluminada, vino a enseñarme su precioso tesoro. A mí me disgustó encontrar una dedicatoria ajena en "mi" autógrafo. Puse mala cara. Mi hermano entonces me pidió que le devolviera el autógrafo. Sin duda pensaba que era suyo...
-Pero, si te he mandado yo. Te he dado el boli y el papel para que le pidieras un autógrafo para mí...
Mi hermano enrabietado reclamaba su trofeo...
- ¡Dámelo, es mío!
Entonces, preso de la ira, rompí el papel en pedazosl: - ¡Pues vale: ni para tí ni para mí...!
Él se deshizo en lágrimas de furia e impotencia. Yo sentí pena por su tristeza al tiempo que irritación por su inoportuna rabieta. Pero no albergaba ningún remordimiento por lo que hice. Mi peculiar sentido de la justicia me absolvía: - Yo le hice el encargo - argumentaba.

Cuando me pidieron explicaciones en casa nadie pareció entenderme. Esto me enfureció aún más. En el aire quedaron sonando ,implacables, las palabras:
-Eres un egoista. Egoista. Egoista...
.........
Y pasaron 30 años. Estamos en el mes de octubre de 2005. Un grupo de profesores estamos sentados a la mesa en el comedor escolar de un colegio de Alcalá. Mientras comemos el director del centro habla profusamente, alardea más bien, de sus experiencias en el mundo del teatro. Su mujer es representante de artistas. Me sorpendo al escuchar "...hemos cenado varias veces Concha Velasco...". Entonces me viene a la cabeza mi pequeño pecado adolescente y encuentro la forma de redimirme. Espero a que termine su narcisista exposición y le cuento brevemente el incidente del autógrafo. Le confieso que me gustaría saldar esa cuenta pendiente con mi desamor fraterno.
- ¿Podrías hablarla en alguna de esas cenas de este incidente y pedirla un nuevo autógrafo?. Estoy seguro de que a ella le gustaría concoer esta historia..
Él, que no parece muy interesado, contesta sin mucha convicción que lo hará.
Estamos en mayo de 2009... Últimamente Concha está tardando mucho en ir a su casa a cenar...
Mi hermano sigue esperando su autógrafo... y yo sigo sin expiar mi culpa.

martes, 19 de mayo de 2009

Picasso y sus niños tristes



Esta tarde buscaba un articulito no demasiado difícil para animar este experimento de blog que mi buena amiga Teresa tiene tan abandonado. Cómo la inspiración hay que alimentarla con algo he recurrido a la despensa cósmica de los buscadores para ver si me sugerían algo interesante.

Mezclando en la caldera de las pócimas de Google los ingredientes: "Picasso + niños" he topado con un artículo que apunta una idea curiosa: Ni un sólo niño de los cientos que pueblan sus cuadros sonríe. Dejo aquí algunas de las ideas de este autor, Ricardo Bada del periódico La Nación, y que podéis leer ìntegro aquí:


[...] He visitado con largo aliento el Museo Picasso de París. Y he pasado largo tiempo, antes en la Casona del Buen Retiro y luego en el Museo Reina Sofía de Madrid, ante la mayor estampilla postal del mundo, que por tal tengo al sobrevalorado Guernica. Y me topé un día, sin haberla programado, con una muy completa retrospectiva del malagueño en el Palazzo Grassi, durante mi primer viaje a Venecia. [...]

[...] Niños que no sonríen. Espectador no profesional, me detuve a hacer una reflexión apabullante y que me saltó a la vista tras un atento recorrido de las salas y la no menos atenta contemplación de las 185 obras, tanto que repetí el itinerario para cerciorarme de que no me había equivocado, de que no había pasado por alto ningún cuadro, ningún dibujo, ninguna escultura que hablase en contra de esa reflexión. Y esta era que los niños del gran Picasso no se ríen nunca, ni siquiera sonríen, y en una impresionante proporción ni siquiera despegan los labios. [...]

[...] El hieratismo, la seriedad, la ausencia mental, el vacío interior, la falta de comunicación con el entorno, eran las características más acusadas de todas y cada una de aquellas figuras infantiles pintadas, dibujadas y esculpidas por Picasso en luengos años de actividad artística. Realmente, como para echarse a temblar pensando en lo que debió de ser la infancia del niño Pablito Ruiz. Lo crean o no, recordé involuntariamente el aforismo de Juan de Mairena: “Una vez hubo un pedagogo. Se llamó Herodes”. [...]

Picasso y sus niños tristes. ¿Por qué?