sábado, 29 de junio de 2013

Tempus fugit


He contemplado la historia del Universo contada en dos breves minutos. Vi palpitar la pantalla como afectada de una taquicardia visual mientras en los altavoces sonaba  un ritmo frenético. De un Bing Bang a otro en apenas 120 segundos de fotos relampagueantes componiendo el álbum de la biografía del Universo.
Se trata de un vídeo impresionante, una de esas compilaciones espectaculares que se nos ofrecen en internet y que se comparten por el módico precio de ver un instante la firma del autor en el segundo final. En esta exposición ultrarrápida de fotografías de la Historia del Mundo todas nos son familiares. Si pulsamos la pausa podremos impartir una lección sobre cada escena. Yo lo he hecho con mi alumno Alberto: parábamos al azar y le explicaba durante minutos algunas nociones del Bing Bang, las características del paleolítico, los avances del Neolítico, las maravillas de la Historia Antigua, la época oscura de la Edad Media, el florecer del Renacimiento, la aventura de la Edad Moderna y la complejidad de la Edad Contemporánea; terminando con  un deje pesimista sobre nuestro incierto futuro lleno de sombras y amenazado por un cataclismo universal.

¡Cómo pasa el tiempo: Vuela, que dicen los viejos! El tiempo no se detiene: "Tempus fugit". El tiempo es la obsesión de los mortales, el miedo de lo corrupto... apenas una rosa alcanza su esplendor empieza a marchitarse; es quizás esa fugacidad lo que la hace tan hermosa.

Sin el tiempo no existiría el espacio, sin el espacio tampoco existiría el tiempo: se necesitan. Solo es medible lo que tiene extremos y el ir de un extremo al otro ya es tiempo. Sólo tiene sentido el tiempo si hay un espacio cambiante o un ente que lo recorre. 

El Universo es una mareante inmensidad con una historia inimaginablemente larga. Pero ninguno es infinito; y ahí, el hombre, está perdido: es incapaz de comprender el "antes" y el "después" del tiempo y el "más allá" del Espacio; ni siquiera entendemos bien "el aquí" y el "ahora". Los hombres, microbios espaciales de vida hiperbreve, se afanan en sus cortas existencias por comprender la increíble complejidad de los sistemas, por atesorar experiencias en tiemp de flash.

El Tiempo no es que pase: es que nos arrolla. Y encima, cuando sobrepasas los 50, acelera. El metrónomo de la existencia se torna impaciente; caen las horas, una tras otra, como en una clepsidra cuyo esfinter se ensancha más y más. El tiempo vuela, nos adelanta dejándonos exhaustos, nos deja sin aliento como a caracoles recorriendo el Universo.

Empiezo a percibir los signos de que pierdo la carrera: Esas miradas por encima del hombro hacia el pasado cuando antes jamás volvía la vista, ese sueño que se impone actualmente a la voluntad, ese cuerpo dolorido que tarda tanto en recuperarse, esa dificultad para aprender las cosas nuevas que te hacen recurrir a los recuerdos, esos movimientos más torpes y pesados, esos reflejos lentos, esa algarabía que ofende... Siente uno que el tiempo se acaba. Envidia uno lo más joven por su potencial mientras nos apoyamos en  la potencia de la experiencia. El precio del tiempo se revaloriza: gastarlo a gusto, en lo que realmente quieres, se vuelve impagable. Tempus fugit, pero del presente que logro atrapar exprimo el jugo de cuanto bien existe. 

lunes, 17 de junio de 2013

Beatus ille


Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium paterna
rura bobus exercet suis...
Dichoso aquél que lejos de los negocios,
como la antigua raza de los hombres,
dedica su tiempo a trabajar los campos paternos... 
Horacio, Epodos, 2, 1.

La temática del beatus ille es una de las cuatro aspiraciones del hombre del Renacimiento, que son: el beatus ille, el carpe diem («atrapa el día»), el locus amoenus («lugar ameno», idealización de la realidad) y el tempus fugit («tiempo que corre»). 

Los teóricos amantes de la vida retirada, de la comunión con la naturaleza, suelen padecer un amor más platónico que terreno. Recuerdo a una arreglada oficinista de mi juventud en la Delegación de Industria de Burgos alabando la vida de pastora, alter labora, por la que suspiraba... Una lectora de églogas pastoriles que no creo que durara una semana a pie de rebaño curtiéndose con el sol castellano y criando reumas en las humedades del lecho herbáceo del monte.
"La civilización es una constante huida de la naturaleza" sentenciaba José María, un amigo, que debe conocer el paño que vende pues trabajó en África dando clase a los nativos en zonas aún vírgenes. Y mucho tiene de razón pues nuestros civilizados jardines consumen cantidades ingentes de herbicidas, antiparásitos, antilimacos, cercas, alcorques, tejados, tabiques, solados, puertas, cristales... todo un arsenal defensivo y aislante de los molestos efectos que despliega la naturaleza.
Y de vida descansada: nada. El que se aventura a intentarlo descubre que es un no parar. De las viejas comunas hippies apenas queda el recuerdo. Los ocupas de pueblos abandonados han vuelto a la civilización en su mayoría y, algunos de los que quedan, hacen dudar de su cordura. El campo se despuebla. Sólo nos acercamos cuando la casa rural, el albergue, el hotel, la casa de los abuelos; está bien provista de calefacción, agua, luz.... A lo sumo nos instalamos en un camping compartimentado, con servicios civilizados, minimarket, electricidad...¡Y en verano, naturalmente!... Cuando no son los mosquitos, serán los chiches... cuando el campo esté más bonito atacará el polen provocándonos alergias virulentas; cuando el agua esté más cristalina, estará tan helada que nadie se bañará ...
Es muy caro mantener el campo a raya. O nos encoframos entre cemento, o tenemos un ejército de jardineros que nos cuide el jardín, y otro ejército que limpie lo mucho que el campo ensucia, y otro que luche contra la expansión natural de los bichos (¿hay algo más natural que una cucaracha, una araña, un ratón, un mosquito, una avispa...?). Después de más de un millón de años conviviendo con la naturaleza hemos olvidado en los últimos milenios cómo vivir en comunión con ella; hemos supeditado la belleza a la comodidad, la variedad al control, el agua al cloro, el aire al ambientador y al aparato de refrigeración, las estrellas a las farolas... Aún mantenemos nuestro pequeño museo de macetas (alguna reminiscencia ancestral nos empuja a no desprendernos del todo de la naturaleza)...
Alaban los hombres renacentistas la vida sencilla y desprendida del campo frente a la ciudad, pero la población humana se concentra progresivamente en las grandes urbes. El Menosprecio de Corte y alabanza de Aldea de Fray Antonio de Gevara alimenta un tópico que no se corresponde con el instinto del hombre actual. Preconiza Rousseau la bondad de la naturaleza, hace referencia a la alabanza de la vida sencilla y desprendida del campo frente a la vida de la ciudad; pero al final vivió en Ginebra (visité su museo allí esta verano y no parece que, de lo natural se responsabilizara mucho pues puso a sus hijos en manos de la inclusa)-
Yo vivo en Cabanillas del Campo (Pequeñas cabañas de los judíos de la cercana Guadalajara), De allí fueron famosas en tiempos sus patatas, sus secos (higos secos)... pero cuando tomé posesión de mi pareado era el reino de los mosquitos (Dios sabe cuantas perrerías antinaturales hicimos a la naturealeza para alejar esta plaga) y hoy es el reino de las hormiga y las cucarachas (están las aceras espolvoreadoas con antihormigas y los colectores impregnados agresivos venenos que las matan por decenas (y hay que pensar en los millares que sobreviven, pues estos acorazados animales resisten una explosión nuclear en las proximidades). De los ratones, culebras, caracoles, lombrices, pulgones, etc. no hablo; es el paraíso de la naturaleza indómita esta sitio... ya lo dice el refrán: "Guadalajara: diez meses de invierno y dos de infierno".
Pero, para los que no les importa la servidumbre de la diversidad, la belleza de lo extraño... existen compensaciones impagables: La belleza de un anochecer en el jardín, la hamaca, los juegos del ramaje que fascinaban a mi sobrino de bebé, el frescor de la hierba recién regada, los agridulces sabores de un níspero mordido sobre la lengua, la arquitectura floral de una mata de capuchinas...
Beatus ille, vida descansada... pero abandono esta isla beatífica varias veces al día. No puedo estar demasiado lejos de la cinta de asfalto... Quizás no sea tan sabio.

¡Qué descansada vida 
la del que huye del mundanal ruïdo, 
y sigue la escondida 
senda, por donde han ido 
los pocos sabios que en el mundo han sido;

martes, 11 de junio de 2013

Obama Big Data contra Osama Bin Laden


En estos mismos momentos estas palabras son leídas y parcialmente interpretadas por PRISM, un potente sistema informático creado por la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) de Estados Unidos. Palabras como "bomba", "terrorista", "Alcaida", "atentado"... son texto señal que un sofisticado software interceptará, archivará y cruzará con millones de otros textos y autores buscando referencias, relaciones, perfiles y modelos que me llevarán a través de un complejo diagrama de flujo a la casilla de "individuo sospechoso". Seré identificado, localizado, etiquetado, grabado e incluído en un nivel mayor de vigilancia a partir de ahora.

Gracias a las revelaciones de Edward Snowden (técnico informático contratado por la CIA con un sospechoso ataque de ética universal) a The Guardian nos enteramos (si acaso no lo sabiamos) que "La NSA ha construido una infraestructura capaz de interceptarlo casi todo"

Tras el 11S se hizo legal poder analizar metadatos" de llamadas telefónicas en EEUU, que incluyen números, duración o localización de las llamadas; pero es que ahora descubrimos que PRISM permite acceder directamente a los servidores de nueve de las mayores empresas de internet, entre ellas Microsoft, Google o Apple; para vigilar mensajes, vídeos o fotos en el extranjero con los que encontrar patrones relacionados con actividades terroristas. O sea que nuestro sistema operativo más popular tiene una puerta trasera, nuestro buscador favorito está pinchado y nuestro facebook está abierto a cualquier mirón de la agencia... y esto parece ser solo la punta del iceberg. Todo lo que hagamos, escribamos, digamos, compartamos o señalemos en la Red es susceptible de ser permanentemente archivado en una carpeta con nuestro nombre en el Centro de Datos de Utah de la Agencia Nacional de Seguridad. Obama lo ha justificado alegando que “el espionaje masivo es crucial en la guerra contra el terror”, como posiblemente la tortura fue esencial para acabar con Bin Laden... el fin justifica los medios. Es posible que el ingenuo Barack hiciera un cursillo acelerado sobre "El Príncipe" de Maquiavelo nada más llegar al despacho oval.

Esa supersesera se llama Prisma. Curioso nombre que sugiere transparencias, facetas pulidas y caras poliédricas dispuestas en ángulo recto (que no en recta ética). Curioso también que una agencia de detectives (vulgo "husmos" "sabuesos" y cotillas) española que ha sido contratada por el top institucional español se llame también así.

Y es que un conocimiento comprometedor sobre tu persona le dará inmenso poder sobre ti. Ese inmenso sociograma colectivo detectará tus redes de amistades, tus flancos de influencia, los cerebros grises que manejan los hilos en que estás atrapado dentro de la telaraña mundial de la WWW. Tenemos ya intervenidos los 5 sentidos: saben lo que oyes, miran lo que ves, escuchan lo que dices, conocen lo que tocas, ¿sienten lo que hueles? Somos objeto de estudio de un CSI gigantesco, de un Bones mundial.

Los que están en el ajo lo saben. Saben incluso como defenderse ellos mismos (los que están en el secreto) de las armas propias usadas por el enemigo: la estrategia de la confusión, intoxicación, megainformación falsa, lanzamiento de señuelos:¡que los árboles no dejen ver el bosque!

¿Cómo no pensar en una teoría conspiranóica? Lo que estamos descubriendo nos induce a una paranoia justificada.

¿Todavía no pueden penetrar en nuestra mente? Todo se andará. Cuando logren manipular nuestros pensamientos, solo podremos defender nuestra autenticidad sembrando islotes en el tiempo. Nada es igual después del ahora. Todo fluye. El ahora que desconocen será secreto. Se tratará de un testamento que después no reconoceremos.

Gacias a Dios las unidades de carbono todavía somos más fuertes. Nuestro hardware es aún mucho más complejo que las supermáquinas de silicio. ¿Pero hasta cuando? La SF ha explorado esta idea en miles de obras (rindo mi particular homenaje a Isaac Asimov). Todavía siguen funcionando los viejos códigos, los trucos ancestrales para proteger nuestros secretos: el lenguaje metafórico, las claves emocionales, los recuerdos compartidos... pero el gran cerebro crece mucho y aprende deprisa.

sábado, 1 de junio de 2013

Drones


Mirar. Localizar. Alcanzar. Quizás el origen de todo está en nuestra naturaleza animal: en nuestra capacidad de locomoción, en nuestra habilidad para mover nuestro cuerpo para alcanzar nuestros objetivos. Después, en una segunda fase evolutiva conseguimos superar los límites de nuestro cuerpo tangible para alcanzar objetos alejados. Seguramente, en una sucesión de complejidad creciente, la historia de los drones se sucedió desde el lanzamiento de una piedra, siguiendo por el arrojo de una lanza, el tiro de un arco, la propulsión de un cohete de pólvora, el disparo de una bala... pequeños drones en sí mismos, pero faltos aún de capacidad para decidir, de facultad para cambiar sobre la marcha, en función de decisiones propias o guiadas a distancia. Tuvieron que llegar los cohetes teledirigidos y los vehículos no tripulados para concebir estos aparatos inteligentes que comienzan a marcar una nueva etapa en los conflictos bélicos del mundo.

Aunque la ciencia ficción ya lo había adelantado, durante nuestra juventud apenas llegábamos a vislumbrar sus posibilidades. En nuestra infancia jugábamos a conducir bolitas por laberintos inclinando soportes. En nuestra juventud jugábamos con máquinas clipper. El manejo y control de móviles aún se realizaba con procedimientos mecánicos: palancas, resortes, bandas elásticas... La llegada de las primeras máquinas interactivas, los primigenios arcades  -pese a su rusticidad-  nos resultaron fascinantes. Recuerdo aquellas anticuadas consolas en las que dos avioncitos de apenas 6 ó 7 pixels se desplazaban en vuelo intermitente sobre una pantalla fosforescente y disparaban lentos proyectiles. Eran tan simples que la nube tras las que podías esconderte consistía en una pegatina sobre la pantalla. Pasamos muchas tardes jugando en aquellos armatostes, los primeros antepasados de los drones; hoy, apenas queda alguno en los museos.

En progresión geométrica los juegos se hicieron más complejos. El hardware evolucionó a partir de entonces de forma exponencial. El sortware se desarrolló enormemente. En pocos años los juegos se hicieron más sofisticados. Apenas pasados unos años, en el servicio militar, nos entrenábamos en la "modernísima" técnica de guiar los filodirigidos (cohetes antitanques dirigidos a distancia por un fino hilo).  Treinta años después se encontraba ya en el mercado el Fligh Simulator, un programa de práctica y entrenamiento de pilotaje con una similitud del vuelo real extraordinaria. Recuerdo haber instalado el programa y descargado sus complejas instrucciones: apenas despegaba era incapaz de controlar todos aquellos parámetros. Acababa estrellado a los pocos minutos.

Años antes se empezaba a enseñar en los colegios una asignatura llamada pretecnología. Rememoro aquellos cursos pagados con dinero de nuestro bolsillo para familiarizarnos con la nueva tecnología: acudíamos a la calle Libertad, en Madrid, donde tenía su sede Acción Educativa; organización independiente dedicada a la innovación y formación del profesorado. Allí aprendimos a construir automatismos (máquinas de efectos desencadenados, llaves de cruce, motores, bombas de agua y de aire, aviones suspendidos en vuelo circular...) Recuerdo muy bien a nuestro profesor Ramón Gonzalo, un genio en ese ámbito, enseñándonos como implementar células fotoeléctricas o fotorresistencias  para controlar máquinas. Controlaba la activación con rectángulos de luz dibujados en la pantalla mediante un lenguaje de software elemental (basic o logo). Las células se situaban sobre ellos mediante ventosas. Con sus alumnos había conseguido robotizar fuentes luminosas, parques de atracciones...

Pocos años después aparecían las consolas de amstrad que usaban un lenguaje de programación BASIC. Aprovechando una operación de menisco que me dejó convaleciente por 6 meses, aprendí sus rudimentos lo suficiente como para construir algunos juegos de naves espaciales... Incluso diseñé algún algoritmo curiosos para desperdigar los trozos de una nave en explosión.

Así que el terreno para la llegada de las consolas de videojuegos estaba preparado. El atractivo de estos aparatos y su verismo fue creciendo. Hoy en día, simulan tan bien la realidad, que más de una vez he picado al creer ver un partido en la tele (resultando ser un juego de la wii al que jugaban mis sobrinos)

La tecnología de estas máquinas, tan comunes en los hogares, no dista mucho de la tecnología de los drones. Incluso sus elementos podrían llegar a formar parte de misiles balísticos (causó sensación la noticia de que Saddam Hussein había comprado 5.000 PlayStation 2 para dirigir misiles). El aspecto de teledirección ya está maduro y sobradamente probado.  Actualmente se trabaja preferentemente en mejoras de las técnicas de vuelo, el peso de los aparatos, su autonomía y su poder armamentístico. La precisión actual es casi perfecta. Los sistemas de posicionamiento y guiado por GPS son ya muy fiables. La visión y digitalización muy funcional.

Cada país se aplica ahora a construir sus propios drones. Los dispositivos de geoposicionamiento se generalizan. Los sistemas de satélites se multiplican (Se inicia en Europa el proyecto Galileo para contar con su propio sistema). EE UU apuesta por utilizar las acciones selectivas y quirúrgicas de los drones para ahorrar vidas y equipos en enfrentamientos directos. El Gran Ojo nos vigila desde el espacio. La sombra que se desplaza cerca de nosotros ya no será del buitre solitario. Como los antiguos chamanes en sus viajes alucinógenos, desde su consola alejado miles de kilómetros, alguien dirigirá el vuelo del águila escudriñando el paisaje, espiando nuestros movimientos. 

Y esto en el espacio de un puñado de años. ¿Qué nos deparará el futuro?. Nuestros hijos tendrán que vivir con una espada de Damocles sobre sus cabezas. El futuro ya está aquí.