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jueves, 16 de junio de 2016

Wellington ad portas

Un siglo antes de que naciera mi madre (cuyo 93º cumpleaños hemos celebrado este 12 de junio) y recién aprobada la Constitución de Cádiz, llamada La Pepa, durante la Guerra de la Independencia tuvo lugar en Burgos la batalla por la toma del Castillo de la ciudad protagonizada por el aglomerado de tropas del general inglés Wellington y las del general napoleónico Dubreton.

Por primera vez en la historia de la ciudad se aprobó este año la iniciativa de realizar una recreación histórica de este hecho de gran transcendencia para la ciudad. El poderoso castillo que coronaba la ciudad con su austera silueta saltó por los aires un año después de aquella batalla, minado por las propias tropas francesas que  habían resistido los asaltos a que fue sometido durante un mes por las tropas inglesas, portuguesas y españolas. Algunas de las piedras que volaron por los aires cayeron sobre los tejados de la catedral y varias iglesias. Eso nos dejó un castillo derruido en medio de dos colinas de gran belleza forestal y que fueron lugares favoritos de mis  juegos infantiles y paseos adolescentes. En aquella época coronábamos las murallas desdentadas, nos adentrábamos en los derruidos torreones, explorábamos cuevas y pasadizos... Desde el espléndido mirador del Castillo contemplábamos con ensoñación la ciudad identificando los lugares conocidos y los que desearíamos conocer y explorar en los días venideros. En sus descampados jugábamos a fútbol o nos adentrábamos en la floresta jugando al eternos juego de sorprender o ser sorprendidos.
 
Pero por aquellos días de septiembre y octubre de 1812, en aquellos bucólicos parajes, se escuchaban las descargas de fusilería y las disparos de los cañones desde el hornabeque del Cerro de San Miguel. En los rincones arbolados se habían construido parapetos y varias minas avanzaban hacia las murallas desde diversos puntos. En los  bosques de alrededor eran frecuentes las refriegas y los avances y retiradas de tropas en medio de la confusión se sucedían continuamente. En la humbría, bajo los árboles, en los claros del bosque, en las llanuras que coronan los cerros combatieron al estilo de la época soldados de cuatro nacionalidades.

Comentadas por potentes altavoces situados en el mirador de aves del Cerro de san Miguel los dos ejércitos recrearon las maniobras de aproximación de las tropas de Wellington y la resistencia de las tropas  el general Dubreton. El ascenso a la colina, a pie, me recordó que ya no estaba tan en forma como en mis años jóvenes cuando subía corriendo de un tirón hasta este mismo cerro y más allá en las heladas mañanas burgalesas nada más levantarme de la cama y antes de dirigirme a estudiar la oposición en la biblioteca de la caja de Ahorros Municipal. Llegué resoplando y regurgitando las croquetas de la comida. Me encontré allí un público que se apretaba contra las vallas de madera que rodean el perímetro en un largo de kilómetro aproximadamente. A esa distancia, más o menos, se encontraban las fuerzas de ambos ejércitos diseminadas en pequeñas formaciones de compañías y patrullas. La artillería, cañones reales de época, atronaban literalmente mientras disparaban exclusivamente con pólvora; pero con fogonazos y humareras de gran realismo. Los setecientos figurantes, muchos de ellos venidos de varios países: Inglaterra, Francia, Portugal y España (Galicia, Madrid...) lucían vistosos uniformes, perfectamente diseñados siguiendo los modelos de la época, y portaban fusiles de avancarga (algunos originales) que disparaban tras avanzar líneas en descargas cerradas dirigidas por oficiales que, y esto me llamó considerablemente la atención, se tomaban su papel perfectamente en serio, arengando y dictando las órdenes con una convicción impresionante.  En su progresión hacia las defensas francesas se apreciaba claramente el despliegue de las patrullas que hostigaban los flancos en parejas de a dos que se protegías y alternaban en los disparos. Con disciplina militar se desplegaban a una orden de su superior y se replegaban ante el avance de la caballería francesa formando un cuadro con las bayonetas caladas y alzadas contra las monturas. Pude comprobar su  buen adistramiento pues incluso se perfilaban tras el compañero para exponerse lo menos posible a las descargas de fusilería que, pese a su poca efectividad en distancias de cien metros, suponían  una lotería de plomo mortífera.

Mis hermanos y yo, recorrimos el perímetro rodeando la explanada y nos situamos al borde del talud opuesto al grueso de los espectadores. Desde esta posición más desahogada de público se descubrían mucho mejor los innumerables y curiosos detalles que se ponían en juego: no faltaban las mujeres que acarreaban munición, agua o incluso portaban fusiles y formaban parte de las compañías; ocasionalmente se veía aparecer un médico con un escalpelo en la mano y su delantal ensangrentado con aspecto de carnicero; un pequeño tamborilero que marcaba el paso de la compañía con el redoble de su tambor, el general Wlellintong a caballo arengando y dando órdenes, la caballería francesa atacando los flancos y la retaguardia (eso sí andaban un poco escasos de caballos, pues solo vimos 6-8 por toda la campa),,,   En a refriega final, ¡por fin! vimos caer a algunos soldados que imitando un  rictus de dolor al estilo de las viejas películas (nos empezaba a extrañar que no se "muriera" nadie con tanta descarga de fusilería porque, la verdad, las descargas y las salvas se sucedían frenéticamente poblando el aire de nubes de pólvora y de las particulares detonaciones de los fusiles de chispa).        

El público comentaba curioso todas estas cosas. Algún mozalbete no paraba de criticar el espectáculo aduciendo que era "una mierda", que en las películas era mucho mejor; mi hermano observaba que la mayoría de los figurantes parecían jubilados (eso sí, evidenciando una férrea disciplina castrense); los niños miraban arrobados  el brillo de los uniformes y sonreían felices cuando al final, algunos de los soldados se dejaban retratar con ellos cediéndoles la gorra... Sorprendía el verismo de sus maniobras, su marcha al paso, su postura militar...
Tras la batalla en la llanura, se dramatizó el asalto a una posición en lo alto de un terraplén con defensas y parapeto. Yo, personalmente, sufría por aquellos jubilados que subían sudorosos colina arriba mientras cargaban una y otra vez, compulsivamente, sus fusiles. Algunos habían agotado ya las 50 o 100 cargas que llevaban en su morral (por cierto las cargas las empaquetaban en papel de periódico formando pequeños cartuchos que mordían con los dientes y con los que llenaban el cañón de su mosquete al que luego pasaban la baqueta: unos diez segundos para cada disparo más o menos).

Tras este último encontronazo se sucedieron las escaramuzas (ya sin orden ni concierto) por los bosques cercanos en cuyas inmediaciones se encontraban los campamentos a los cuales visitamos. Nos asustamos un poco al ver la enorme hoguera que los "voluntarios de Madrid" habían encendido en medio de los árboles con la hierba seca, tras haber sido cortada hacía días y un montón de sacas de  paja: no es ya que estuviera prohibido (que lo está), es que el peligro de incendio era muy cierto.

Aquí, todo el mundo desperdigado, fue la diáspora de tropas y público. Algunos se dirigieron al cerro del castillo (y de paso visitaron el campamento de infantería francesa) y otros no retiramos hacia la ciudad bajando hasta la catedral donde nos esperaba el resto de la familia.

Como conclusión os diré que la experiencia me resultó muy interesante. Me conmovió el enorme esfuerzo de esos voluntarios en organizar un evento semejante. Me desconcertó el contemplar en vivo la inmensa carnicería que suponían ese tipo de batallas donde  se avanzaba a paso lento en apretada formación expuesto al pin-pan-pun de la fusilería enemiga: no podía encontrar ninguna gloria en eso. Me encoraginé un tanto por los vándalos que, en las semanas anteriores, habían destruido todas las defensas que el grupo de scouts de mi sobrino habían ayudado a construir como contribución al evento. Me alegré de saber un poco más sobre la historia de esta ciudad con posibles y me congratulé con mis conciudadanos por el simpático ambiente de esos días con lustrosos soldados por las calles, gran cantidad de turistas y visitantes y bullicio de las calles. Al final, algo tan aparatoso y criticado por algunos, incluso merece la pena.     



NOTA: En esta página tenéis muy bien documentada la batalla del Castillo. Os la recomiendo.

sábado, 2 de abril de 2016

La vida sentimental de los patos


Al otro lado del río Vena una pareja de madre e hija (como de 35 y 8 años, respectivamente) charlan y se ríen mirando los patos que nadan en el río. Yo estoy acompañando a mi madre en este día de sol radiante, un regalo de luz y calor en la estrenada primavera de marzo. Entonces, la madre, hace un gesto de saludo hacia nosotros. Mi madre le responde y la saluda desde nuestra orilla. Ellas se dirigen al puente cercano para acerarse y charlar un rato con nosotros. Mientras llegan, mi madre me cuenta que es una vecina del bloque. Se llama Gisela, es brasileña y que se gana la vida (su marido está en el paro) limpiando casas y cuidando a personas mayores.

Cuando llegan a nuestro lado se ponen a charlar animadamente con nosotros. Gisela se muestra alegre y extrovertida (mi madre me dice luego, ante mi asombro, que normalmente habla muy poco con los vecinos). Recuerdo algunos contenidos de la conversación: su prevención ante el partido de Podemos si llegara al poder, la necesidad de educar con cierta firmeza a los niños (su hija, allí presente, asiente con la cabeza mostrando su absoluto acuerdo) llegando incluso a darles algún tortazo si llega el caso ("que a mí, -añade- mi madre me los dio y me vinieron muy bien"), la vida y salud de conocidas comunes,  la crisis en Brasil y Venezuela... Pero lo que más me sorprendió fue la conversación que, de vez en cuando, mantenían madre e hija a propósito de los patos del río y su vida sentimental. Tenían identificados perfectamente cuáles de esas aves frecuentaban esa zona, incluso les habían puesto nombre. Les observaban permanentemente:

- Mira, la pobre patita está ahora sola, no ha venido su novio...
Luego exclamaban, alborozadas, cuando aparecía en vuelo rasante su pretendiente y se colocaba junto a ella:
- ¡Ya ha llegado! Mira como la corteja...
- ¿Ves lo que hace? La acaricia con el pico ¡Ella no quiere!

Y esperan expectantes que el esforzado cortejo del pato de resultado:
- ¡Se van, se van río arriba, los dos juntos! ¡Mira cómo se quieren!
Los patos nadan a contracorriente ascendiendo río arriba unas decenas de metros... Después el pato macho se aleja volando dejando sola a la pobre pata y la pequeña Ainoa, triste, vuelve la cabeza buscando otras parejas río abajo.

- Mira, llega otro pretendiente para la novia - le advierte su madre a la pequeña-. Un nuevo pato se ha posado junto a la pata solitaria que empieza a agitarse sobre el agua.
-¡Vuelve su compañero! - grita la niña mientras con un rápido batir de alas el macho celoso se coloca tras el nuevo pretendiente y lo acomete con furia...
- ¡El otro se ha ido! ¡Mira como se aleja! ¡Ha vuelto el novio...! -comentan alborozadas.

Yo, escucho fascinado, esta conversación asombrado de su afinado conocimiento de la vida sentimental de las especies (también hablaron de la nuestra: La madre se casó con su marido a los siete días de conocerse: ¿para qué esperar más? -explicaba- Ese era el momento del clímax del amor...

En cierto modo, siento envidia, de esa intensa percepción de los afectos. ¡Pero... si yo no sabía distinguir siquiera el sexo de los patos del río!

lunes, 19 de octubre de 2015

En la Vera


Unos pocos días en la Vera, al remanso de Gredos, caldeados por el sol del sur que calienta las estribaciones de la Sierra y guarda su calor al resguardo del frío del Norte. Pernoctando en una casa rural, no lejos de la garganta del Alardos con su puente de reminiscencias romanas y su doble ojo. Perdidos en una soledad que de noche asusta y de día apacigua. Próximos a la antigua ciudad celta del Freíllo, donde los vetones contruyeron un magnífico castro de 20 Ha, hoy cubierto de helechos y cercado por formaciones de robles. Visitando este poblado de la Edad del Hierro y paseando sus camino de ronda hasta las abruptas laderas que dan al Alarcos donde hay un mirador que invita a imaginar la dificultad del asalto por aquel lado. Pensando que desde el s. III a.C. se vivió en esta ciudad que prosperó hasta el s. I a. C. cuando los romanos destruyeron parte de sus murallas para impedir levantamientos y resistencias, y esto hizo que los habitantes se trasladaran al llano a una zona no fortificad (en la zona del Castañar) donde más tarde se encontró una necrópolis de la que desenterraron un tesorillo (el terorillo de "El Raso). Pensando que a necrópolis de El Freíllo depararía un tesoro mucho más espectacular si lograran ubicarla y escabarla, cosa que aún no ha podido hacerse. Circulando por la comarcal EX-203, con sus márgenes espectaculares de gargantas y picachos, con sus coquetas labores de jardinería al paso por El Losar, con sus pueblos pintorescos donde se alzan fachadas y balcones inverosímiles. Degustando por precios asequibles los manjares locales: cluletones de Ávila, morcilla de calabaza, lacón a la gallega salpimentado con auténtico pimentón agridulce de la Vera, licores de cereza del cercano valle del Jerte, perrunillas veratas... Visitando el particular museo del juguete de Candeleda y escuchando embelesados a su dueño mientras contaba anécdotas sin fin de sus preciados juguetes. Avistando desde Gisando las laderas meridionales de Gredos, percibiendo continuamente los perfiles de sus picos, encontrando a cada paso veredas que se internan hasta el espinazo de la sierra y llegan a los Galayos, o a la Laguna Grande e incluso al mismo Almanzor. Internándonos en cuevas gigantescas, subterránea catedral de piedra caliza con bóbedas inmensas repletas de esculturas naturales bellísimas.  Relajándonos en la antigua soledad de Yuste, hoy tumultuosa y más si es doce de octubre, fiesta nacional, donde la entrada es gratis. Solazándonos con breves paseos entre pinos y castaños. Picoteando un higo chungo a la orilla de la carretera. Triscando entre grandes rocas de granito y ollas de gigante en las pétreas gargantas de los ríos serranos... Así pasamos Charo y yo, estos cuatro días de puente y aquí lo cuento como homenaje a esta comarca de la Vera tan rica en todos los sentidos menos en el económico (que ahí no se la ha sabido valorar lo suficiente).

viernes, 26 de junio de 2015

Í-spn-ya



Quiero pensar que, entre las variadas hipótesis sobre el nombre de nuestro país, la que defiende que proviene del término fenicio "i-spn-ya" (término documentado en tablillas de escritura cuneiforme ugaríticas desde el segundo milenio antes de Cristo), sea la correcta. Lo que sí es seguro es que los romanos le dieron a "Hispania" el significado de "tierra abundante en conejos" y no me extraña pues, si dudas tuvieron, éstas se disiparon al caminar por sus calzadas y sorprenderse de los abundantes conejos que las cruzan, especialmente al amanecer. Muchos historiadores se refieren además a Hispania como península "caniculosas" (conejera) y en algunas monedas acuñadas en la época del emperador Adriano figuran personificaciones de Hispania como una dama sentada y con un conejo a sus pies.

  

Adriano, que nació en Itálica, y le tiraba el terruño, acuñó una moneda en conmemoración de uno de sus viajes a la provincia de Hispania. Ésta es la alegoría de Hispania más famosa se acuñó en Roma; se trata de una figura femenina con una túnica larga, timbrada con laurel u olivo, reclinada hacia la izquierda, con su brazo izquierdo sobre unas rocas, que podrían hacer referencia a los Pirinieos. Con su mano derecha sostiene una rama de olivo. A los pies de la figura aparece un conejo, el animal que teóricamente los fenicios emplearon para nombrar a la península: Hishphanim.

Jesús Marcialem, hispano descendiente de algún lejano antepasado germánico, también hacía sus excursiones temprano por las cercanías de su pequeña villae-adosada en la Hispania Citerior y, aún sin las doradas monedas del imperio, sí iba provisto de móvil donde recogió la lejana imagen de algún gazapo y grabó algunas impresiones:

"Paseo desde las siete de la mañana por la vía de servicio del Canal del Henares que rodea mi urbanización en Cabanillas del Campo durante un kilómetro y luego se alarga hasta Meco. Me he incorporado al camino de tierra a la altura de un pequeño puente y, desde entonces, lo recorro a buen paso disfrutando del aire templado de la mañana y, también hay que decirlo, intentando ponerme en mediana forma después de un año de costumbres sedentarias. El camino está flanqueado a la derecha por un talud de tierra que refuerza el perfil del canal y que aparece horadado por cientos de galerías escavadas por esos pequeños roedores que dieron nombre a la Península. A la izquierda, tras la maleza, se extienden la naves industriales y, más allá, los campos pintados de un verde primaveral. A ambos lados crecen, abundantes, cardos y los hierbajos y, sobre ellos, se elevan numerosos árboles (olmos y álamos) que hidratan sus raíces en el suelo con la humedad que se filtra del canal. Enseguida, desde que me puse a caminar, empezaron a sorprenderme los pequeños "cunículus" que saltaban por todas partes. Estimulado por su numerosa aparición comencé a contarles: 1, 2, 3..  Cruzaban siempre desde el terraplén a los matorrales (4...) del otro lado donde la espesura les protegía. Los que, apurados por mi llegada (5, 6...), no se atrevían a cruzar, se escondían rápidamente en alguna de las numerosas madrigueras: todo menos dirigirse al borde mismo del canal donde estarían irremisiblemente perdidos. Escasamente andaba diez pasos, apenas doblaba un recodo, aparecían correteando  por el camino (7, 8...)  Mientras avanzaba (9...) estudiaba su comportamiento. Debían notar mi llegada, más que por avistarme. que jamás miraban al camino, porque me oían llegar; entonce se situaban en un borde del camino de perfil, con una de las orejas orientadas hacia mi posición, y esperaban un momento para asegurarse (el número 10 se había detenido...). Si me detenía se quedaban así, inmóviles a un lado del camino, agazapados, prestos a saltar inmediatamente a la espesura. Podía quedarme varios minutos y el pequeño herbívoro seguía inmóvil, cuando me decidía a dar un paso las vibraciones del terreno o su finísimo oído le alertaban y corría entonces hacia alguna senda secreta en el laberinto de matorrales. Sé que notan las vibraciones del terreno porque cuando voy con la bici tardan mucho más en darse cuenta de mi llegada, hasta el punto de que en una ocasión atropellé a uno de ellos arrollándolo inevitablemente. Al reiniciar la marcha el número 10 saltó hacia los cardos. Enseguida aparecieron muchos más (11, 12, 13... 14...). Zigzagueaban por el camino, corrían por el lateral y, por sorpresa, cambiaban de dirección saliendo  perpendicularmente con una agilidad pasmosa (el 15, de improviso...). Sorprendí al número 16 con la guardia baja, al apercibirse demasiado tarde de mi presencia: subió desesperado el talud de la derecha levantando una mediana polvareda antes de introducirse en una de las cuevas. Yo seguía mi  madrugadora ruta (17,18...); si caminaba despacio podía, con el sol a mis espaldas, acercarme mucho. A veces les sorprendía a esa distancia (el 19 cruzó cinco metros por delante de mí). Pensaba en la oportunidad de disponer de una escopeta con esos cartuchos que abren las postas en abanico; seguramente mataría aquellos tres de un tiro (20, 21,22...) o, siendo más realista -no soy cazador-  podía haber traído mi tirachinas y, quizás, a alguno hubiera acertado ¡Estaban tan cerca! (el 23, extrañamente calmoso, caría seguro...). En una ocasión, recordé, había construido un arco con las elásticas lamas de un somier de madera y varillas de paraguas como flechas: hubiera sido un buen momento para probar la efectividad del invento sobre el 24 que esperaba, alertado, confirmar mi llegada con la vibración de mis pasos. A unos cincuenta metros salieron de los arbusto el 25 y el 26. Y, tras el siguiente recodo un grupo más grande salió al camino y se desperdigó por los laterales (27, 28, 29... 30...). El último saltaba en ese momento, mientras yo fantaseaba sobre la trágica posibilidad de una guerra que nos obligara a buscar el alimento por nuestra cuenta en la naturaleza cercana: unos cuantos lazos en la boca de las muchas madrigueras darían de comer a un familia durante un tiempo... (31, 32... ¿era un conejo aquello que se movía? 33...)   Los pequeños herbívoros seguían apareciendo incluso en las proximidades de los polígonos industriales y sus accesos; al parecer no sentían ningún temor por los trabajadores y las máquinas (34...). Yo seguía caminando en silencio entre salto y salto: 35... 36... 37... El número 38 lo encontré inmóvil y tieso en medio del camino, su pellejo hinchado revelaba que la mixomatosis aún hacía estragos en la población.  Continué la marcha, mientras los pequeños animales no cesaban de aparecer (39...). Encontraba de vez en cuando montoncitos de excrementos en medio del camino, pero siempre en un lugar despejado que facilitaba su fuga. Alguien me contó en una ocasión que, desconfiando de los lugares escondidos, los conejos prefieren realizar sus evacuaciones en lugares abiertos donde  pueden auscultar el entorno fácilmente (el número 40 cruzó velozmente a apenas dos metros por delante de mí...). Los excrementos que ahora observaba y que hubieran resultado un excelente abono para mis macetas, estaban ya probablemente reciclados, pues la coprofagia es una necesidad biológica para estos animales que necesitan aprovechar la vitamina B12 que aún contienen sus heces (el 41 y el 42 se alejaron corriendo mostrando al correr la intermitente bandera blanca de sus ancas descubiertas al alzar la cola).  Mientras saltaba hacia la maleza derrapando en el borde del camino el número 43 distinguí, ya cercanas, las urbanizaciones de Alovera, el pueblo vecino. Poco antes de abandonar los tramos arbolados me sorprendió un numeroso grupo que se desplegó por el camino alejándose a un tiempo después de que uno de ellos golpeara el suelo fuertemente con sus patas traseras como señal de aviso (44!... 45, 46, 47, 48...). La mayoría eran gazapos muy jóvenes, apenas un bocado para el posible cazador. Ya rebasada la línea de árboles aún me encuentro alguno más  mientras me acercaba al puente que cruza sobre el canal
(49... 50... 51...). Poco antes de pasar al otro lado del canal asusto a una familia de patos con sus pequeños patitos que salen huyendo desplegados en abanico aguas arriba; entonces entreveo en los arbustos al número 52 escondiéndose silenciosamente. A partir de aquí, ya próximas las huertas de ocio para la tercera edad del pueblo alcarreño de Alovera, no vuelven a aparecer hasta que, en el camino de vuelta por el otro lado del canal, aparecen tres más que se ocultaron rápidamente entre unos altos matorrales en un cruce de caminos, casi al lado de las tapias de los primeros chalets (el 53, 54 y el 55, parecían estar a gusto entre la basura abandonada al lado del camino). 
Ya de vuelta dejé de contarlos. Seguían apareciendo, eso sí, pero avanzaba el día y, estos, son animales de hábitos crepusculares. Además, los practicantes de footing corrían ya por la pista asustando desde larga distancia a los sensitivos animales. No fueron tantos como en el temprano amanecer, pero seguían saltando gazapos rezagados... "
Jesús Marcialem, el germano, llegó a su villae contento. Esa prodigiosa fecundidad que observó en el campo le había inspirado. Subió a la habitación de su esposa que se desperezaba y se tendió a su lado...

jueves, 4 de junio de 2015

Ventanas


En nuestra mirada el rectángulo arrasa. La visión se apantalla sobre los dispositivos multimedia. Nuestros ojos redondos, desconcertados, apenas dominan el estrabismo a que les obliga la cuadratura del círculo para el que fueron originalmente diseñados. La bola de cristal se tornó tableta. Medimos los tamaños de los dispositivos en largo por ancho, describimos su superficie por las pulgadas de su diagonal. Miramos la vida a través de infinitas ventanas.

Los hombres construimos una enorme colmena de celdas rectangulares. El paralelogramo rige nuestros diseños. Y en cada celda proyectamos nuestras vidas. Lo hacemos desde los ventanales de nuestra vivienda, desde las terrazas de las casas, desde la TV, el cine, el ordenador, la táblet, el móvil, las paginas de los libros...  la realidad cuarteada en un picadillo perpendicular. Nos sumergimos en el batiburrillo de la colmena urbana, nos perdemos en el menudeo de los blogs.

Las bitácoras proliferan en los cinco continentes. Existen en el mundo más de 200 millones de blogs y su número se duplica en menos de un año. Se da una sobreexposición de experiencias, opiniones y creencias. Ofrecen, al que sepa mirar, una extensa información forense del estado actual de la humanidad. Algunas, entre las que se encuentra el presente blog exponen a veces, sin pudor, intimidades más o menos veladas; lo suficientemente crípticas como para solo ser comprendidas por iguales. Pero, por si acaso, me guardo muchos borradores en la nube y espero que nunca lluevan.
  
Alma gemela, has de saber que aquí, desde la ventana abierta del alma, te espero. Depredador social, desde la ventana indiscreta de mi pantalla, te vigilo. Viajero del ciberespacio, desde la hospitalidad de mi blog, sé bien recibido. Compartamos sentimientos. 

miércoles, 27 de mayo de 2015

Bajo un árbol del camino


Sentado a la sombra del único árbol, un poderoso chopo al final del camino, me detengo un momento. Aquí muere la senda perdida en el límite de un extenso trigal. En este punto me siento y apoyado en el tronco inclinado de este viejo ejemplar, escribo.

No quiero dejar pasar, sin recogerlos al vuelo, el desfile de sensaciones que me invaden: la caricia del tibio sol de mayo, el fresco beso del aire de la mañana, la alegría de los diminutos estandartes de la avena al viento, la devota reverencia de las espigas al sol de las diez en punto, la falange de tallos perfectamente formados con sus carcaj de espiga repletos de saetas afiladas, el vuelo errático de los insectos... Apoyo mi espalda en la rugosa y áspera corteza del tronco gris y miro los incontables abanicos de sus hojas creando reflejos parpadeantes con su envés al capturar el sol. Los pájaros planean a medio metro sobre las espigas y el viento aúlla suavemente, como disculpándose por asustarme. Una avispilla se inclina sobre el amarillo mantel de pétalos de un diente de león; desayuna -son las 10- el néctar almibarado que le ofrece la flor. Más allá, lejanas, a más de un kilómetro en el horizonte se alza la franja gris de las naves industriales: el polígono de Cabanillas. Ante ellas se distinguen, veloces, los vehículos que circulan por la carretera que lo rodea. Hacia el sur, bajo el sol que se levanta sobre la árida ladera del Valle del Henares, se extiende un arrugado manto de cárcavas y barrancas, cubiertas apenas por una vegetación rala, verdinegra, que apenas destaca contra los ocres de la arcilla reseca. Es un horizonte oscuro de sombras borrosas, territorio de conejos y cazadores en el que solo ellos se aventuran. Enfrente de mí, a un centenar de pasos, se alzan, bien cuidadas, las moradas hileras de los ciruelos japoneses del vivero y el verde brillante de los arces.

Yo, que plantaría mi tienda para prolongar en una eternidad este instante de reposo, me levanto pues he de seguir. Ha sido solo un respiro, un pausado descanso, en el agradable caminar del paseo de las mañanas. Hoy, mayo, pasaste junto a mí y no pude evitar tomar prestado un puñado de tu hermosura.

domingo, 3 de mayo de 2015

Primavera


Frescura de marzo, lujuria de abril, esplendor de mayo, dulzura de junio... Transito por la estación de la fronda renovada,  habito el corazón verde de la tierra en primavera.
Es mi estación más querida, mi preferida. Le perdono la lluvia inoportuna, las traicioneras humedades, la sorpresa del frío inesperado... le disculpo la alergia atosigante, la astenia desfalleciente, el cielo encapotando el alma. Tolero pacientemente la osadía de las hormigas en sus primeras exploraciones, la plaga desforestadora de los caracoles entre los brotes de mis macetas, la invasión del trébol sobre el césped del jardín. Todo lo soporto con una sonrisa porque sé que la vida renovada nunca es cómoda. Me consuelo con las mil imágenes de belleza que aparecen ante mis ojos: la rotunda perfección de unos narcisos, el intenso rojo de una amapolas, la celeste hermosura de las nubes iluminadas por el sol del atardecer...
Y esa invitación del campo a ser visitado y explorado, esa inquietud del cuerpo por acercarse a lo naturaleza que estalla en infinitas vidas vegetales; el agradecimiento de los pulmones al recibir el aire nuevo: todo me recuerda que estoy vivo.
Bienvenida, Primavera. Yo también transito por las estaciones del alma y espero nuevos brotes de esperanza.      

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Media hora y un café.


Media hora y un café es cuanto dispongo para perfilar la entrada de hoy. En cuanto al tema, busco en los titulares. 

Una portada de El Mundo se encabeza con un carnoso y visceral poema desconocido de Pablo Neruda, todo trufado de metáforas y armado con referencias hortofrutícolas y nutricias del amor. Un Neruda inédito que sorprende en este jardín con riego automático de tinta impresa y (mala) leche que es la parcela de celulosa de un periódico. Leo con curiosidad un párrafo dedicado a su metodología literaria: escribía los poemas en menús de restaurantes, folios abarrotados, hojas sueltas, cuadernos escolares, postales, blocs de distintos formatos... muchos de ellos con tinta verde (su color fetiche), algunos a lápiz, los menos en tinta azul. Todos con tachaduras y arrepentimientos... Echo un vistazo a mi agenda y descubro curiosas coincidencias (en la metodología que no en el talento).

Continuando con vísceras, esta vez golpeadas, la prensa nos informa que se confirma que Yimi, el hincha muerto en la reyerta del  Manzanares perdió la vida de resultas de golpes con barras de hierro en la cabeza y en el bazo. Descerebrados que se descerebran, ese es el diagnóstico. El hombre estúpidamente asesinado a golpes deja huérfano a un hijo de cuatro años, posiblemente más maduro que su progenitor.

En la parte de la paleta derecha de nuestra piel de toro, un tal Ártur Mas nos alecciona con aires de superioridad moral sobre la diferencia entre legalidad y legitimidad. Venga marear la perdiz a costa de las diferentes acepciones del término: que si "derecho a decidir" conforme a la ley o a la justicia... (La ley sí vale para elegirle a él, pero no para juzgarle o reglar los procedimientos administrativos). Su colección de frases provocadoras enunciadas con balidos pacíficos bajo una piel de cordero no oculta el almizcle o la orina del lobo marcando el territorio.

Me atrae un poco más comentar las parodias innumerables que se publican a diario en las redes sociales sobre el anuncio de la lotería de Navidad. Lo de versionear el esperado spot de cada año se ha convertido en deporte nacional. Esta efervescencia de tramas alternativas me parece sanísima: la vida no es monocolor. Para empezar la versión realista y cruda, de la vida donde impera el egoísmo; pero también los hay aplicados al ámbito futbolista donde el premio se asocia a fichajes con afortunados (o al contrario); y es que parece haber gente que tiene un balón por cabeza. Hay otro, muy original, que simplemente pasa el anuncio al revés con el sonido reproducido igualmente en sentido inverso. El resultado es sorprente: los diálogos parecen pronunciados en ruso y la música se torna  una melodía desasosegante; el argumento también se pervierte y contrapone: relata la historia de una venganza y nos la cuenta mediante subtítulos que simulan traducir el ruso. Las parodias se suceden con chistes de todo tipo chasqueando al  protagonista, Manuel, incorporando a personajillos metomentodo como el Pequeño Nicolás, con declaración gay incluida, sin contar las versiones simplemente horteras (que también son muchas). La verdad es que estos anuncios, tan almibarados, "lo ponen a huevo".

miércoles, 1 de octubre de 2014

Cabañas.


Cabañas, casetas de  madera, chozas de ramas... el juego infantil de reminiscencias neolíticas cuando los hombres abandonaron la vida nómada y comenzaron a asentarse sobre el terreno.
Hoy me toca recordar aquellos años de la infancia cuando vagábamos por los antiguos caminos del extrarradio burgalés pasando las tardes de primavera, verano y otoño, cuando acumulábamos tablones y plásticos para fabricar una mínima choza que apenas podía albergar dos o tres pequeños cuerpos cuando unas gotas amenazaban. Allí quedaba, al lado del camino, hasta que el impulso destructor de otra pandilla arrasaba su frágil arquitectura.
Cabañas de barro y tablas en Burgos, camino de Villagonzalo, donde jugábamos a construir con nuestras pequeñas manos un mundo a media. Cabañas dela infancia donde jugábamos a ser mayores y crear mundos.
Cabañas sólidas y trabajadas en las riberas del Adaja, en  Arévalo, hechas con palos de los árboles de la orilla, claveteadas con puntas, cubiertas de ramas bien dispuestas... cabañas de la adolescencia donde nos juntábamos en pandilla descubriendo la vida, aprendiendo la convivencia la estrecha convivencia bajo mismo techo.
Casetas en los árboles que se construyen a los niños para que vean el mundo desde arriba, trampolín del vuelo de la vida, nido de águila donde observar críticamente el trajín de los adultos.
Casetas de campamento, de diseños eficientes y construcción sólida; que exigían planificación previa y de resultados satisfactorios. ¡Cuántas han quedado abandonadas en los campos, en los claros de los bosquecillos de aquellos campamentos scouts en que participábamos...! Aún hoy, encuentro algunas, anónimas, entre los robles del cercano pueblo de Barriosuso en Palencia.

Cabañas, casetas, chozas de ramas... fuisteis mi primer hogar independiente, mi primera segunda vivienda, mi primer mundo construido. Hoy, arrasadas, solo quedáis en el recuerdo... 

jueves, 6 de febrero de 2014

Ultreia et suseia

Parece ser que antiguamente los peregrinos se saludaban diciendo "Ultreia, suseia, Santiago" ("Ánimo, que más allá, más arriba, está Santiago"). También se ha sugerido que cuando un peregrino saludaba a otro diciéndole "Ultreia" ("Vamos más allá") el otro le respondía con "Et suseia" ("Y vamos más arriba").
Nuestro camino de Santiago soñado"

Cruces colocadas en la Vía de la Platas por el Párroco y vecinos de Calzada de Béjar
Entramos y en febrero y empiezo a preocuparme. Mi forma física es desastrosa. Apenas he podado los dos árboles del jardín y estoy molido. Me crujen las rodillas, siento pinchazos en la columna y noto los músculos como rígidos embutidos. Además he comenzado mi particular plan de puesta a punto ciclista. Está en ciernes un Camino de Santiago acompañado por mis sobrinos de 13 años: ¡Sólo faltaría que fuera yo quien no aguantara la marcha...! Y por las sensaciones en mis muslos empiezo a pensar que acaso sea así. 

También ellos me preocupan. Han comenzado a realizar rutas para mejorar la resistencia: 25 km de carril bici y ya han tenido que ir corriendo a comprar un sillín de gel. Les exijo realizar 50 km en una mañana para asegurarme de que harán una media de 60-80 km al día cuando emprendamos la marcha. Y yo mismo me los tendré que exigir, porque ahora mismo no cumplo.

Siendo la forma física preocupante, es mayor la preocupación por la convivencia, la perseverancia y las mutuas responsabilidades. Tengo alguna experiencia con otro sobrino muchos años atrás...  Aquel viaje iniciático estuvo muy bien, pero hubo veces en que maldije el día que se me ocurrió tal idea. Cuando lo acabé prometí que jamás haría un Camino de Santiago de nuevo con él siendo yo el responsable: Tú lo organizas -le dije- y yo seré el que remolonee y se queje.

En el trascurso de estos meses veremos como evolucionan fuerzas y actitudes. Impondré una sesión presencial preparatoria a mis sobrinos para informar y presentar la ruta; tal vez con power point incluído, estudio del itinerario y lecturas de diarios de caminantes (o ciclistas). Hace tiempo les regalé un libro con algunos diarios personales de la ruta. También prepararemos una lista "espartana" del equipaje necesario. Y les obligaré a firmar un contrato en el que se establecerá claramente el régimen de autoridad,  de comidas y de alojamientos. Su incumplimiento significará el embarque en tren en la estación más próxima rumbo a Madrid. 

Tengo en mente el programa pues la experiencia la he vivido varias veces. Será un camino mixto: andando hasta Pamplona y en bici hasta Santiago, de esa forma experimentaremos el lento y sosegado caminar del peregrino y de paso nos ahorramos rodar en la dureza de las montañas pirenaicas.  Lo realizaremos en julio o agosto, pero procuraremos no estar por la zona de Galicia en torno al 25 de julio, fiesta del santo, pues los albergues y el camino está atestado de peregrinos. 

ITINERARIO: 
Seguiremos el más popular y provisionado (de restaurantes y albergues)  Camino Francés (le va a faltar el encanto y autenticidad de los otros menos transitados, pero gano en seguridad y logística). Necesitaremos un coche con portabicis que nos acerque (en principio a tres personas) hasta Pamplona donde dejaremos las bicis y las alforjas en la consigna de la estación de autobuses. Después continuaremos el viaje hasta San Jean Pied de Port, tras la frontera francesa. Allí volvería nuestro conductor de regreso. Deberíamos empezar la ascensión hacia Roncesvalles antes de las 12 y comer por el camino para llegar por la tarde a  Roncesvalles. Serán 26 km con un ascenso de 1300 m. aproximadamente. Un buen bautismo de fuego que nos dejará rendidos en el albergue próximo a la Colegiata de Roncesvalles. 
Haremos un par de etapas más andando (con posible pernoctación en Zubiri) y llegaremos a Pamplona donde recogeremos las bicis y montaremos el equipo. Intentaremos llegar en esa tarde a Puente La Reina, pero todo dependerá del estado de forma que conservemos. Si no podemos, dormiremos donde nos haya permitido llegar el cuerpo.  
A partir de ahí cubriremos las etapas hacia Logroño y Burgos al ritmo que nos marque el cuerpo. En Burgos tenemos infraestructura familiar, así que haremos una parada de un día para descansar y conocer la ciudad. 
Desde Burgos hasta Astorga atravesaremos la meseta haciendo buenas medias pues el terreno es bastante llano. En Astorga tenemos también familia de acogida con lo que descansaremos otro día durmiendo en buena cama y mimados por los parientes. 
A partir de ahí el paisaje es más hermoso, pero con perfiles más pronunciados. es de esperar que hayamos cogido forma física y seamos capaces de ascender a O Cebreiro (la etapa más dura de la ruta) en buenas condiciones y si no... Dios proveerá. 
Hasta Santiago por los bonitos caminos gallegos al ritmo que nos permita el cuerpo. Allí, un día de asueto y vuelta en tren. Me calculo unos 15 días. 

EQUIPAJE
- Las bicis, ya bien probadas y a punto. Conocerlas es importante. Casco. Candado.
- Portalforjas y alforjas. No sé como son los nuevos modelos. Los que yo usaba eran resistentes pero un poco engorrosos con el correaje. Debes ser lo más cómodas posibles (para montarlas y desmontarlas) y con los laterales rígidos para no rozar los radios (he tenido ese problema en varias rutas). Hay que probar que se ajustan de tal modo que no molestan al pie al pedalear. 
- Un saco de dormir (mejor uno delgado, de verano. Los de invierno dan mucho calor). Quizás sea interesante llevar esterilla. Es un tema a consultar en función de cómo estén los albergues actualmente. 
- Culotes de cilcista (un par). Camisetas (2-3). Mudas (2). Calcetines (2-3). 
- Zapatillas deportivas (muy importante que estén usadas, evitarán problemas)
- Zapatillas ligeras (tipo alpargatas, con suela de goma).
- Toalla que servirá además de cubrealmohada.
- Chubasquero o capa. 
- Gorra.
- Chandal. 
- Sudadera.
- Pastilla de jabón (tipo lagarto que servirá de gel, champú y detergente para lavar diariamente la ropa que se haya usado. Todos los días hay que hacer colada y secarla por la noche).
- Crema dentífrica (tubo pequeño), cepillo. 
- Un cazo de aluminio. 
- Linterna. 

EQUIPAJE EXTRA (para todo el grupo)
- Móvil y cargador.
- Pequeño botiquín. Aguja e hilo.
- Miniequipo de herramientas. Parches. Alguna cámara de repuesto.
- Cuerda ligera de unos 20 m. 
- Minicalentador de líquidos.
- Navaja. 
- Guía.
- GPS

"MARICONADAS" PERMITIDAS
- Guantes para ciclista.
- Móvil particular. 
- Camisetas ciclistas. 
- Cuernos en la bici
- Crema solar.
- Reloj

"MARICONADAS" NO PERMITAS
- Bebidas isotónicas y demás porquería (en el camino hay agua  y se pueden comprar frutas y tomates que tienen todo tipo de sales y están más buenas)
- Prendas accesorias. 
- Tablets, ebooks, cuentakilómetros...

COMIDA Y RESTO DE EQUIPAMIENTO
- Leche, chocolate, fruta, latillas, pan, etc. sobre la marcha y con provisiones pare el día. Se pasas por muchos pueblos donde comprar. Acaso alguna latilla de emergencia.
- Si los albergues lo permiten: algunas cenas a base de pasta con tomate, salchichas, etc... algo rápido y contundente.
- Averías en la bici: arreglo sobre la marcha o aguantar hasta la población más cercana con taller.
- Equipo antiampollas: aguja e hilo.

RESPONSABILIDADES
- Yo me comprometo a pagar una comida diaria en restaurante (de los más baratos y menú del peregrino). Las otras dos comidas se realizarán en el albergue, de bocadillos, o sobre la marcha. 
- Intentaremos ir a los albergues más económicos. Si llega el caso polideportivos, salones parroquiales o del ayuntamiento. Si no hay alojamiento en una localidad, deberemos reservar fuerzas para recorrer unos 10-15 km. más en busca de la siguiente. No descarto una noche al raso si llega el caso. 
- Su responsabilidad consiste en seguir consejos e instrucciones que se les den, sin protestar demasiado. Respetar horarios y cometidos. Cumplir las normas de seguridad en la circulación, ser respetuosos con los demás, responsables de sus cosas y aceptar las normas de convivencia en los albergues. 
- Poner todo su empeño en cubrir las etapas propuestas, pero ser sinceros y responsables en cuanto a sus propias fuerzas. Todos estaremos pendientes para que todos cumplamos el objetivo.  

CONTRATO A FIRMAR (redactar más adelante)
Hará referencia a la necesidad de respetar las decisiones del adulto que organiza la ruta. Incidirá en la obligatoriedad de madrugar, descansar y dejar descansar, el régimen de comidas, las consecuencias de negarse a cumplir las normas, etc.



Así que, con Santiago en el horizonte, vamos a prepararnos para esta aventura. Rezaremos tres avemarías y un padrenuestro para que Dios nos pille confesados. 
Y que sea lo que Dios quiera. 

¡Ultreia! ¡Nos vemos en el Camino!

NOTA: 
Tengo el pequeño orgullo de haber realizado varias veces algunos de los diversos caminos de Santiago. Y el orgullo aún más especial de haber escrito un diario sobre ellos. Me honra que se hayan seleccionado algunos de ellos en páginas especializadas en diarios del camino. Otros los tengo publicados en la web. Para los que tengáis curiosidad os dejo los enlaces. 

  • DIARIOS DE PEREGRINOS EN EL CAMINO DE SANTIAGO (Selección 25 mejores. El mío es el de 1995. La página recopila 500 diarios más) *(Acabo de comprobar que utiliza un enlace obsoleto. En el siguiente punto os dejo uno en vigor)
  • DIARIOS DEL CAMINO DE SANTIAGO (Cuatro diarios por diferentes rutas. Incluye uno llamado "Del Desastre" por las frustraciones acumuladas durante su realización por su autor, mi hermano pequeño). 
  • Libro donde se recopilan hasta 5-6 diferentes peregrinaciones: 
   

Licencia Creative Commons
Esta obra de Jesús Marcial Grande Gutiérrez está bajo una 

lunes, 2 de septiembre de 2013

The Warner Bros Park

Varios años llevo pasando por la carretera que conduce desde Perales del Río a San Martín de la Vega. Tras pasar La Marañosa, en las proximidades de San Martín, se divisa a lo lejos la parte superior de unas extrañas estructuras metálicas. Destaca un alta torre con un escudo en la parte superior. Se trata del emblema de la Warner Bros. El Enigma (ese es su nombre) es visible en 50 km a la redonda y es la estructura estrella de sus instalaciones con sus 115 m. de altura. No anima, la verdad, acercarse a un parque de atracciones que se vislumbra en medio de unas colinas sin apenas vegetacion, en el que asoman calvas yesosas presentando un panorama semidesértico y sin árboles. Sin embargo, al acercarnos al recinto, se aprecia el importante esfuerzo por forestar la zona y rodearla de un manto vegetal más amable. Imagino que hubo de abastecerles un buen grupo de viveros para implantar esa pequeña masa arbórea y aclimatarla. Los ejemplares debían ser ya jóvenes cuando fueron plantados aquí.

Me pregunto si lo de parque de "atracciones" no se está refiriendo realmente a "las de la gravedad", pues esa poderosa fuerza de atracción de la naturaleza es la que rige el funcionamiento de la mayoría de sus entretenimientos, y es que todas las atracciones estrellas tienen que ver, sobre todo, con esta fuerza brutal que nos impulsa contra el suelo y que deriva luego en otras fuerzas que intentan descoyuntarte mediante impulsos  centrífugos, lanzamientos verticales, complejos tirabuzones en el aire, alocados volteos, loopings vertiginosos...  Otras veces se añade a lo anterior el traqueteo de los vagones al discurrir sobre los rieles suspendidos de sospechosas estructuras de madera "pino Soria" semejantes a las construcciones de palillos que los reos suelen realizar en décadas de vacaciones obligadas (y, aparentemente, no mucho más seguras). En el Supermán, Batman o El Enigma; el cerebro se arrincona en el fondo del cráneo refugiándose en el cogote, el culo se despega del asiento durante un segundo levitando mientras caes a velocidad de vértigo imaginando la hostia que te vas a pegar, las barras protectoras te oprimen la cintura incrustando la hebilla del cinturón en el ombligo como una sello sobre el lacre, tus vísceras se alborotan al perder la ubicación original y tus extremidades son desmembradas como en un potro de tortura... También seremos marcados, como reses, en las puertas con la marca del oso Yogui condición sine quan on para poder entrar y salir del recinto. Esto se hace necesario pues no dejan pasar comida ni bebida (excepto agua) y, con los bolsillos adelgazados, no nos queda más remedio que salir a comer unos bocatas en los bordillos del aparcamiento a la sombra de los plátanos que flanquean el camino hacia la entrada. 
Diríase que un parque de atracciones es una colección excesos. Los hay acuáticos y ahí el goce consiste en dejarse arrastrar por rápidos mareantes, caer por una cascada casi vertical y zambullirse en las reposadas aguas de lagos artificiales. Es obligatorio mojarse (cuanto más mejor), y se siente una satisfacción infantil en recibir chapuzones, chorros y salpicaduras. Pero los más llamativos tienen que ver con gigantescos muelles metálicos estirados y diseñados por los ingenieros de modo que el peralte de las modernas vagonetas aplaste al espantado viajero voluntario contra el asiento impidiendo que experimente la parte final de un accidente de aviación o el instante último del descarrilamento del Alvia de Santiago.  Todo lo demás es igualito.

El paseo por el recinto es agradable, si el tiempo acompaña. Se reproducen escenarios, se adaptan (más o menos adecuadamente) atracciones a situaciones fílmicas de la productora, se puebla de personajes conocidos (en forma de estatuas, actores...) las calles y recintos. Se aprovecha, por ejemplo, las salas de acceso a la atracción de acero de Supermán, para instalar un eficaz decorado del Dayle Planet, el periódico de la ciudad de Metrópolis donde el alter ego del superhéroe trabajaba de incógnito. Es quizás la atracción más famosa con sus vehículos lanzados a más de 100 km/h; muy adecuada para sentir en propia piel el vértigo del hombre pájaro. No le va a la zaga las espirales amarillas de la Fuga de Batman que vuelcan tu cuerpo cabeza abajo hasta cinco veces en su medio kilómetro de recorrido lleno de bucles suicidas...  Las descargas de adrenalina literalmente "se huelen" (o quizá fuera otra cosa más relacionada con los sudores recientes o añejos de los afanosos clientes). Y así una atracción tras otra que se hacen a la carrera y sólo se reposa en la espera,  haciendo fila para la entrada. Si el cuerpo aguanta (y el de mis sobrinos aguantaba mucho) se pueden repetir innumerables veces, incluso consecutivas... El vuelo de Supermán lo hicieron en cinco ocasiones y estudiaron "El Enigma", 2 ó 3 (mañana y tarde, que cambian el programa del ascensor). Los adultos nos hacemos valientes por necesidad, para acompañar y animar a los retoños, pero en realidad nos colocamos con cierta desgana al final de la fila y al cabo de unas cuantas nos rendimos: nuestros estómagos empiezan a reclamar el vómito. Se agradecen entonces las atracciones de transición como los coches de choque o sentarte un buen rato a contemplar las piruetas sobre ruedas de los especialistas en el espectáculo "Loca Academia de Policía". Claro que luego volveremos con los mareos y vértigos en La Casa Embrujada... ideal para agitar el oleaje de tu  endolinfa y provocar olas de surf en el caracol. El cuerpo lleva ya mucho tiempo en alerta roja y desea visitar las numerosas instalaciones de restauración, pero los precios asustan más que las propias atracciones de "rombo" (las más fuertes, según la catalogación por iconos del parque). También resulta prohibitivos los recuerdos en forma de foto realizada  en pleno viaje. (5 euros). No queda más remedio que desechar con añoranza esa imagen de indisimulado espanto en que apareces con los dientes apretados y los ojos cerrados...

Es jueves. El parque está animado, pero no hay demasiada gente. Es extraño ver algunas parejas con niños muy pequeños: ¿Pero pueden montarse en algo las criaturas? A mitad de la jornada los adultos nos limitamos a esperar a los más jóvenes en la salida de las atracciones. Ellos, inagotables, repiten una y otra vez... Tras media hora esperando en el túnel de salida de los vuelos de Supermán y aburrido del chirriar de los raíles distingo una silueta diminuta en la lejanía que se acerca y se introduce en el túnel velozmente:
- ¿Es un avión?
- ¿Es Supermán?...
- No. No es el esperado superheroe, ni una vagoneta desprendida, ni un avión imposible. Es... ¡Un pájaro! una oscura golondrina que atraviesa vertiginosa la boca del túnel y se posa en la esquina de una gruesa viga de hierro en el techo. Allí, en un rincón apenas visible, tiene su nido de barro del que asoman cuatro polluelos hambrientos. De todo el día, me quedo con esta imagen que contemplo embelesado mientras la fotografío.

El día pasa rápido en el parque. Hacia las 10 de la noche nos encaminamos a las puertas de salida. Tenemos el cuerpo seco de adrenalina. El joven encargado de la puerta nos despide. Él también está cansado y a punto de terminar su turno. Todavía se escuchan las protestas del menor de los sobrinos: ¡Es pronto, podríamos quedarnos más tiempo!

lunes, 17 de junio de 2013

Beatus ille


Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium paterna
rura bobus exercet suis...
Dichoso aquél que lejos de los negocios,
como la antigua raza de los hombres,
dedica su tiempo a trabajar los campos paternos... 
Horacio, Epodos, 2, 1.

La temática del beatus ille es una de las cuatro aspiraciones del hombre del Renacimiento, que son: el beatus ille, el carpe diem («atrapa el día»), el locus amoenus («lugar ameno», idealización de la realidad) y el tempus fugit («tiempo que corre»). 

Los teóricos amantes de la vida retirada, de la comunión con la naturaleza, suelen padecer un amor más platónico que terreno. Recuerdo a una arreglada oficinista de mi juventud en la Delegación de Industria de Burgos alabando la vida de pastora, alter labora, por la que suspiraba... Una lectora de églogas pastoriles que no creo que durara una semana a pie de rebaño curtiéndose con el sol castellano y criando reumas en las humedades del lecho herbáceo del monte.
"La civilización es una constante huida de la naturaleza" sentenciaba José María, un amigo, que debe conocer el paño que vende pues trabajó en África dando clase a los nativos en zonas aún vírgenes. Y mucho tiene de razón pues nuestros civilizados jardines consumen cantidades ingentes de herbicidas, antiparásitos, antilimacos, cercas, alcorques, tejados, tabiques, solados, puertas, cristales... todo un arsenal defensivo y aislante de los molestos efectos que despliega la naturaleza.
Y de vida descansada: nada. El que se aventura a intentarlo descubre que es un no parar. De las viejas comunas hippies apenas queda el recuerdo. Los ocupas de pueblos abandonados han vuelto a la civilización en su mayoría y, algunos de los que quedan, hacen dudar de su cordura. El campo se despuebla. Sólo nos acercamos cuando la casa rural, el albergue, el hotel, la casa de los abuelos; está bien provista de calefacción, agua, luz.... A lo sumo nos instalamos en un camping compartimentado, con servicios civilizados, minimarket, electricidad...¡Y en verano, naturalmente!... Cuando no son los mosquitos, serán los chiches... cuando el campo esté más bonito atacará el polen provocándonos alergias virulentas; cuando el agua esté más cristalina, estará tan helada que nadie se bañará ...
Es muy caro mantener el campo a raya. O nos encoframos entre cemento, o tenemos un ejército de jardineros que nos cuide el jardín, y otro ejército que limpie lo mucho que el campo ensucia, y otro que luche contra la expansión natural de los bichos (¿hay algo más natural que una cucaracha, una araña, un ratón, un mosquito, una avispa...?). Después de más de un millón de años conviviendo con la naturaleza hemos olvidado en los últimos milenios cómo vivir en comunión con ella; hemos supeditado la belleza a la comodidad, la variedad al control, el agua al cloro, el aire al ambientador y al aparato de refrigeración, las estrellas a las farolas... Aún mantenemos nuestro pequeño museo de macetas (alguna reminiscencia ancestral nos empuja a no desprendernos del todo de la naturaleza)...
Alaban los hombres renacentistas la vida sencilla y desprendida del campo frente a la ciudad, pero la población humana se concentra progresivamente en las grandes urbes. El Menosprecio de Corte y alabanza de Aldea de Fray Antonio de Gevara alimenta un tópico que no se corresponde con el instinto del hombre actual. Preconiza Rousseau la bondad de la naturaleza, hace referencia a la alabanza de la vida sencilla y desprendida del campo frente a la vida de la ciudad; pero al final vivió en Ginebra (visité su museo allí esta verano y no parece que, de lo natural se responsabilizara mucho pues puso a sus hijos en manos de la inclusa)-
Yo vivo en Cabanillas del Campo (Pequeñas cabañas de los judíos de la cercana Guadalajara), De allí fueron famosas en tiempos sus patatas, sus secos (higos secos)... pero cuando tomé posesión de mi pareado era el reino de los mosquitos (Dios sabe cuantas perrerías antinaturales hicimos a la naturealeza para alejar esta plaga) y hoy es el reino de las hormiga y las cucarachas (están las aceras espolvoreadoas con antihormigas y los colectores impregnados agresivos venenos que las matan por decenas (y hay que pensar en los millares que sobreviven, pues estos acorazados animales resisten una explosión nuclear en las proximidades). De los ratones, culebras, caracoles, lombrices, pulgones, etc. no hablo; es el paraíso de la naturaleza indómita esta sitio... ya lo dice el refrán: "Guadalajara: diez meses de invierno y dos de infierno".
Pero, para los que no les importa la servidumbre de la diversidad, la belleza de lo extraño... existen compensaciones impagables: La belleza de un anochecer en el jardín, la hamaca, los juegos del ramaje que fascinaban a mi sobrino de bebé, el frescor de la hierba recién regada, los agridulces sabores de un níspero mordido sobre la lengua, la arquitectura floral de una mata de capuchinas...
Beatus ille, vida descansada... pero abandono esta isla beatífica varias veces al día. No puedo estar demasiado lejos de la cinta de asfalto... Quizás no sea tan sabio.

¡Qué descansada vida 
la del que huye del mundanal ruïdo, 
y sigue la escondida 
senda, por donde han ido 
los pocos sabios que en el mundo han sido;

martes, 16 de abril de 2013

El salario Van Gohg


Uno come de su trabajo, pero vive (o muere) de sus aficiones. Mis aficiones actualmente se orientan al mundo de la escritura. Esta faceta de la gema de mis talentos es la que más brilla en estos momentos. Gema o bisutería, me encandilan por igual.
No hay escritor sin lectores. El primero es uno mismo pues al escribir, se lee. Ese uno se multiplica por muchos al aplicarle la perspectiva del tiempo. Ya son, en sí, un público notable. Esos lectores juzgarán al escritor actual desde posiciones futuras.
Escribir, per sé, es meritorio; pero existe también un impulso social, unos vasos comunicantes con el resto de las personas que alientan el anhelo de ser leído. El escritor suspira  por publicar. Hoy en día, es fácil hacerlo. Las modernas técnicas de edición e impresión en línea lo hacen sencillo. Pero la exposición virtual casa mal con la adquisición del producto. ¿Para qué voy a comprar un volumen en papel cuando puedo descargar un tenue ebook electrónico mucho más barato por añadidura? Pero después... abierto sobre la pantalla... ¿Quién tiene la voluntad de leer párrafos extensos, largos textos, decenas de páginas acosado por estímulos visuales y auditivos incontenibles que se superponen a una tarea que exige esfuerzo y atención?
Si recibiera un salario por mis escritos sería un salario de sal, de la que escuece y da sed. Moneda de trueque antiguo, hoy sólo sería corrosivo y pobre jornal.Tres libros, a la fecha, llevo escritos. Aparte de un par de decenas que regalé a amigos y parientes, sólo una venta entre la ingente masa de potenciales lectores. Mi exiguo salario de escritor, tras dos años de publicaciones, son 2 € de una venta de la versión electrónica (pdf) de mis Caminos de Santiago.
En estos momentos, mientras sonrío con tristeza, recuerdo a un hombre genial. Este artista, también tardío en lanzarse a los caminos de la pintura sólo llegó a vender tres cuadros en toda su vida. ¡Y se dedicó a la pintura en cuerpo y alma! Subsistió gracias a la ayuda de su hermano y de algunos amigos. Por amor al arte trabajó con un salario ínfimo.
El salario Van Gogh no da de comer. Mis pobres baratijas apenas se venden rebajadas en las tiendas de los chinos. Pero mis amigos, mis escasos lectores y sus comentarios, algunas referencias notables... son el sueldo que me hace seguir trabajando, gozando y sufriendo, en pulir estos textos que dejo prendidos en línea, expuestos al viento de bites de la Word Wide Web. No como de esto, pero una febril decisión me impulsa a seguir escribiendo cada día.  

lunes, 27 de agosto de 2012

Placeres romanos - II



Tras una semana de calor sofocante en un pueblo de la alcarria conquense (por cierto muy  próximo a Segóbriga a donde me acerqué  pedaleando una mañana por los mismos caminos romanos que describe Teodora en su relato) , mutilados por circuntancias familiares los últimos días de vacaciones que preveíamos de playa, probamos la alternativa de regalarnos un par de días en un balneario. Elegimos uno próximo, aquí mismo, en Guadalajara. En el bonito pueblo de Trillo, con la impresionante vista de las vasijas gemelas de su central nuclear en el horizonte, nos dirigimos al antiguo balneario fundado por Carlos III. Se sabe que sus aguas ya eran utilizadas en época romana, pero es en el S. XVIII, en época de Carlos III cuando “en los tratados de las aguas termales “aparecen publicadas sus propiedades y virtudes. Éstas son conocidas desde antiguo por su utilidad para afecciones relacionadas con el sistema nervioso por su acción sedante. Se trata de aguas cloruradas sódicas, bicarbonatadas, sulfatado-cálcicas y magnésicas que emergen a una temperatura natural de 30 grados.

Nosotros acudimos allí para disfrutar relajadamente de nuestro último fin de semana vacacional. Elegimos un programa de tratamientos con el sugerente nombre de "mímate". Éste suponía el libre acceso al circuito termal (piscina activa, saunas, gimnasio, solarium) y los, para nosotros,  exóticos tratamientos de Terma Romana y Relax de lodo con Baño Termal. Unos noveles como nosotros sólo habíamos experimentado una vez el baño turco en Estambul, un baño en una piscina termal entre auténticas ruinas romanas en Pamukkale (Turquía)  y una jornada de spa (sólo piscina de hidromasajes) en Sotogrande, así que nos presentamos excitados a los tratamientos.

Ya fue una toda una sorpresa la piscina activa. Dedicamos la primera tarde a probar cada uno de sus dispositivos hidroneumáticos. Primero recorriéndolos rápidamente como un niño en el acuapark y después explorando a fondo sus posibilidades: el duro, casi violento, masaje del agua a presión del cuello de cisne, la relajante cortina de agua con una presión más leve, los pequeños puñetazos neumáticos de las camas de burbujas, los suaves besos en la piel del aire proyectado por el jacuzi...
Luego investigamos concienzudamente cada rincón de su pequeño laberinto subacuático. A lo largo de la pared del fondo se distribuían múltiples chorros de agua a presión con variada intensidad; establecidos a diversas alturas ejercían blandos masajes en las diversas partes del cuerpo: desde los pies al abdómen. Muchos bañistas pasaban largos ratos frente a un potente chorro apuntado directamente a sus barrigas propinándose un masaje contundente. Por el calibre de la tubería era mi preferido y me dirigía allí frecuentemente, no tanto para remover y amasar mi incipinete barriguilla como para, en diversos grados de contorsionismo, masajear la rodilla operada de menisco (que aún me duele y se inflama), los artríticos dedos de los pies (avasallados por un dedo gordo que los pisotea) o mis cuádriceps (ligeramente atrofiados por la fala de ejercicio) ...

La temperatura del agua, en torno a 30 grados, las luces atenuadas, los techos y paredes oscuros, los ruidos amortiguados, la ingravidez del medio acuático ...nos retrotraían al útero materno, como si de una gran placenta se tratase. Pasaba el tiempo de forma imperceptible y casi sin darnos cuenta nos llegaba la hora de la cena. Los últimos minutos éramos casi dueños absolutos del lugar y entonces uno tenía la sensación de que las potentes bombas hidráulicas y los compresores hacían un descomunal trabajo en vano para tan  pocos usuarios. ¡Qué desperdicio de energia y maquinarias para tan pocos!. Uno no puede desprenderse de su conciencia ecológica y de ahorro energético ni siqiera para relajarse.

La cena, de buffet, ofrecía abundancia de verduras y frutas, varias ofertas de pescado y carne con presentación casera y salsas algo grasas. Esa noche leí varias críticas en internet sobre ese punto y en la encuesta final de satisfacción Charo hizo mención expresa al mayor uso de la plancha frente a la sartén. Destacaba siempre la presencia de platos caseros y locales: rabo de toro, conejo al ajillo, carrillada, croquetas, salmón...  Teniendo en cuenta que parte de los usuarios correspondían al "grupo social" (jubilados, por ejemplo) estaba adecuada a las costumbres de la clientela.

El día siguiente nos presentamos a la hora indicada en el recinto de las Termas Romanas. Yo estaba intrigado por si realmente semejaba la actividad de unas termas romanas auténticas como las de Segóbriga. Intentaba recordar las diversas estancias de las termas monumentales para compararlas. En principio, carecía de palestra (patio porticado para juegos y actividades gimnásticas) y los participantes esperaban tendidos sobre unas tumbonas esperando el comienzo de nuestro turno. Primero nos hicieron pasar bajo una ducha de agua fría (pobre y rápido remedo del frigidarium) para después entrar inmediatamente en una pequeña piscina con agua caliente (caldarium)  a unos 40º. Allí permanecimos bajo luz tenue unos diez minutos. Alguien echó de menos la música, pero el calor reconfortaba el cuerpo tras el susto de la ducha. De nuevo, a la salida, otra ducha de agua (que nos pareció helada) y pasamos a la sauna seca. Quince minutos estuvimos bajo el sofoco del aire caliente chorreando sudor. Algunas de las participantes cedieron al agobio y aguantaron apenas cinco o diez minutos. Yo, más que el calor -intenso, eso sí- sufría por la difucultad de respirar y la necesidad de hacerlo por la boca, pues la nariz se me taponó casi inmediatamente. Nos animábamos mutuamente recordando que, luego, el cuerpo quedaría realmente relajado y la piel límpia de impurezas. A continuación otra ducha de contraste y pasamos a la sauna húmeda, más llevadera, donde la respiración y el sofoco eran más soportables. La sesión terminaba con una nueva ducha refrescante y la permanencia por espacio de unos quince minutos en el tepidarium o piscina templada (unos 30 ºC) donde el cuerpo quedaba finalmente sumamente relajado.  

La tarde, tras un profunda siesta, la pasamos aplicandonos intensivamente a la piscina activa, esta vez con el uso alternado de baños de sol en solarium al aire libre (que romano suena todo en los balnearios).

El último día hubimos de madrugar ligeramente. Teníamos cita para el baño de lodo a las 10:00 así que nos presentamos con algo de sueño en la cabina correspondiente. Era una sesión individual en zonas separadas por sexos. Sin audífonos me costó entender el sentido de la pequeña bolsita negra que me entregó la masajista y las instrucciones sobre sentarme en la camilla de masaje. Cuando me dejó solo unos momentos se me ocurrió abrir la bolsita y descubrí un minúsculo tanga de gasa negra con lo que deduje que debía ponérmelo. Recibí de nuevo la visita de la joven masajista sintiéndome algo ridículo de esta guisa. Ella comenzó a embadurnarme con un barro negro y caliente que extraía de un cuenco. Le pedí que me embadurnara también la cara (sigo rezando a Judas Tadeo, patrón de los imposibles, por si puede mejorarme algo esta cara que tengo). La joven mantuvo una conversación tranquilizadora para distender la posible violencia de la situación (unos minutos más y dejaría de ser violenta para pasar a ser lo contrario). Pringado completamente con el lodo negro, pasó a envolverme con un ámplio plástico arropándome a continuación con una sábana a modo de sudario. Salió dejándome así amortajado por espacio de quince minutos en los que me hubiera dormido gustoso si no fuera  porque empc a sentir picores por variada geografía de la cara. Rebozado como estaba no podía rascarme y tuve  que recurrir a poner pucheros y morros, arrugar el entrecejo, hacer buches... apenas me aliviaban pero así logré pasar esta hormigueante tortura. Por fin se   se secó el barro y cesaron algo los picores, entonces pude relajarme en la soledad de la cabina. Cuando mi profesional masajista del lodo me despojó de la doble capa eché un vistazo a mi cuerpo: lo vi negro como el de un etíope y pringaba por todas partes dejando rastros negruzcos en las sábanas extendidas a mi  paso. La amable señorita me condujo a la cabina adyacente y me ayudó a introducirme en una bañera de marmol (herencia del antiguo balneario). Allí me desprendí poco a poco del lodo adherido a mi piel y me relajé durante quince minutos. Un empleado me avisó pasado el plazo para que yo mismo me secara y vistira con mi albornoz. Parece se que este tratamiento, cumbre de la balneoterapia, se completa con un masaje relax con aceite de romero, pero la oferta "mímate" debe estar sujeta a algunos recortes, también aquí se deja sentir la crisis. Ya cubierto con el blanco albornoz pasé a la sala de relax donde me esperaba Charo, mi mujer, y otros enlodados que, ahora, tenían aspecto místico reposando en su tumbona y escuchando música con frecuencias alfa. Yo me serví un té, pues había decidido porbarlo todo... y era gratis. Quizás hubiera sido mejor un poleo... la teína es estimulante.
Completamos la mañana de nuevo con la piscina activa. Yo, por mi parte, como buen romano, me dirigí  primero al gimnasio que tenía libre acceso y nunca vimos ocupado. Allí tuve oportunidad de curiosear la variedad de apartos y máquinas que, conocidas por el cine y TV, nunca había experimentado. Las probé todas. Me sorprendió la máquina para trabajar los abductores que, en el primer movimiento, me produjo un tirón del que aún me repongo: no sabía que los tenía tan débiles. A partir de ahí elegí conjuntos de pesas más ligeros y fui progresando. Al rato se presentó el personal de mantenimiento para advertirme de que me estaba cargando los aparatos: resula que el golpeteo de descarga de las pesas, que yo creía que -por más violento- suponía un ejercicio más dinámico, acababa estropeando la máquina. Me disculpé alegando mi ignorancia y pasé a la bicicleta estática, la cinta continua, etc... Cuando me aburrí de cacharrear con los aparatos y con la camiseta empezando a empaparse de sudor me dirigí a la piscina activa a continuar jugando, esta vez en el agua. Al poco salí para probar la sauna seca de libre disposición. Aguanté quince minutos de sofoco un tanto preocupado por la soledad en que me encontraba en el  pequeño habitáculo. Tras el cristal de la puerta no divisé a tadie en todo el rato y opté por salir no fuera que me quedara encerrado... (ya había visto esa angustiosa escena en alguna película). Para refrescarme: de nuevo a la piscina.

Y esos son los placeres romanos que puede ofrecer un balneario. Hoy, un día después de terminar estas experiencias, es verdad que tengo el cuerpo relajado y lo siento descansado. No dejó de llamarme la atención la profusión de tratamientos anunciados que tenían como base alimentos: Hidratación de aceite de oliva, envolvimiento en aromas de oriente (café, cacao, canela...), tratamiento facial "Caviar Luxury", Peeling hidratante de cereales, tratamiento corporal "de pura cepa"... Me causa cierto desasosiego esta condimentación culinaria del cuerpo, me sugiere comportamientos antropofágicos. Ya de niño, me sorprendía la visión de dos rodajas de pepino sobre los ojos en las señoras o me turbaba la idea de imaginar a Cleopatra bañándose en su piscina llena de leche de burra... Tengo fírmemente grabado por la educación familiar el respeto sacrosanto a la comida. Podrán  venderme cuanto quieran los efectos antioxidantes de los polifenoles del vino, las cualidades hidratantes del aceite de oliva, las propiedades regenerativas sobre la piel del caviar... pero yo no pico: "No se juega con las cosas de comer".

sábado, 31 de marzo de 2012

Facebook: el termómetro de la infelicidad


Leo en El País del 22 de marzo un titular chocante, aparentemente contradictorio: "A más amigos en Facebook, más infeliz se es"

 Es uno de esos titulares que captan tu atención en cuanto pasas la mirada preescaneando los contenidos de la prensa diaria. Fijas entonces la vista en el cuerpo de la noticia y lees con atención: Resulta que parece probado que cuantos más amigos tienes en Facebook eres más narcisista y esta característica de la personalidad correlaciona consistentemente con la infelicidad.  Esta red social es, para los autores del estudio escocés en que se basa, una vía de escape para personas que tienen problemas emocionales, más exactamente, que tienen dañado su ego y buscan allí reparar su estima. Parece también probado que a más amigos en la red más estrés sufre el individuo...

Tras leer esta nota me siento consolado: No tengo ni un solo amigo en Facebook. ¿Tendré un índice de narcisismo 0.00? No lo creo. No tengo nada claro que lo que, a veces pienso es independencia o aparente seguridad, no sea más que timidez o narcisismo disfrazado... En principio me revalida ante los indiferentes o desafectos que se empeñan en no aderirse a mis listas de seguidores en los blogs y me reafirma en mi deseo de no invitar a nadie, intercambiar enlaces o publicitar mis publicaciones.

Pero, analizando a fondo mi comportamiento, encuentro narcisismo por todas partes:
Primero: mi trampa en facebook: ¡Cómo voy a tener amigos si di un nombre casi falso! (con todo no sé como se arregla el sofware del portal para encontrarme montones de conocidos reales)...
Segundo: No tengo seguidores en el blog, pero consulto frecuentemente el apartado correspondiente a los mismos en la espera de encontrar alguno nuevo que me distinga con su interés...
Tercero: A falta de seguidores testeo asiduamente el número de visitas, deseando fervientemente que aumenten a ritmo vertiginoso...
Cuarto: racionalizo mi falta de popularidad asignando a los no lectores el papel de asnos incultos y tarugos insensibles.
Quinto: Me alegro de que los usuarios con record de amigos sean unos pobrecillos  narcisistas infelices (como si yo no lo fuera y la ausencia de amigos me cerificara una estima de titanio)
Narciso soy. Y me miro en el estanque de la aparente indiferencia.

jueves, 9 de febrero de 2012

AntiTwitter

Se habla tanto de este portal, se resalta tanto su importancia en convocatorias, revoluciones sociales, termómetro de sentir social, etc. que me siento obligado a explorarlo. No quiero ser  un analfabeto social on line.

Tecleo Twiter en mi buscador. Me ofrece en las  primeras entradas Twiter en español. Accedo a la página y me ofrece un aperitivo de enlaces a lo más popular y actual. También aparece una invitación a unirse a la red social a los nuevos como yo. Me acerco a su recepción con intención de inscribirme.
Me leo (sobrevuelo) las condiciones. En algunas realizo dos o tres pasadas pues entre líneas se dirimen cuestiones importantes: privacidad, derechos de autor, contenidos... Se me informa por ejemplo de que  "Lo que digas en Twitter se verá alrededor del mundo instantáneamente. ¡Eres lo que Twitteas!" [...] "Twiter no garantiza veracidad, in contenido inofensivo. Tu contenido pasa a ser público y pertenecerá todos, incluos puede modificarse." [...] Por lo que deduzco tus derechos de autor son cedidos a Twiter el cual los puede ejercer como suyos[...] etc.

Un poco reticente accedo a dar mi nombre y primer apellido (al fin y al cabo ya circulan por la red). Me encuentro con la sorpresa de que para elegir un nombre de usuario están copadas todas mis habituales nics (¿Cómo es posible que a álguien se le haya ocurrido etiquetarse como "montrisco" que creí palabra del valdaviés profundo?, Y las múltiples combinaciones de nombre y apellido: ¿cómo es posible que haya tantos Jesús-Marcial-Grande, por el mundo?). Por fin doy con una mezcla adecuada de nombres e iniciales. Me registro. Inmediatamente me dan la bienvenida y me tutorizan brevemente sobre lo que es un tweet:
 Twitter para Principiantes 1 minuto
Esto es un Tweet. Los Tweets son mensajes cortos que tienen hasta 140 caracteres y pueden contener enlaces como http://twitter.com.
En la siguiente pantalla ya me ofrecen multiples enlaces a contenido que "posiblemente me interese": Fútbol, Lady Gaga, Terelu Campos, Santiago Segura...  Como no me interesan lo más mínimo me salto este paso. Después me piden gestionar mis contactos (¿?). Parece que me conectan con otras páginas como Google, Yahoo, etc. poseedoras de direcciones, enlaces y correos;  con la intención de "rapiñar" las preciadas "señas" de mis amistades (ahora entiendo porqué en facebook -pese a tener falsificados los datos- me hacen solicitud de amistad conocidos y desconocidos a tutti plen). Pruebo a hacer clic en google. Una pantalla emerge desde este portal y me advierte de que no es una fuente comprobada por ella y que debo asegurarme por mi cuenta de que es segura (malo... mejor niego cesión de contacto alguno). Me vuelvo y salto el paso.

Finalmente accedo a una pantalla donde aparece una pequeña ficha con mi nombre, mis twits, mis temas y mis seguidores. Todo abolutamente con "0". El resto dela pantalla, casi toda, son sugerencias, propuestas, tendencias... Hay un cuadro de búsqueda. Pruebo con el nombre de algún conocido mío: mis hermanos (no aparecen, son discretos), mi  sobrino Rubén (Hay cientos, imposible encontrarle), mi sobrina Estela (aparce enseguida: ¡Esta chica está más expuesta que Marta del Castillo!). Intento acceder a alguno de sus tweets, pero me pide confirmación desde un mensaje en la cuenta de correo que les di. Pongo en marcha el correo. Confirmo recepción y, al intentar acceder de nuevo, me pasan a una página de gestión de cuenta y elaboración de perfiles. Completo una cuenta light. Cuando regreso a la ficha de mi sobrina puedo ver sus seguidores, los twees que sigue, sus twees... Veo que yo también quedo incluído en su lista de seguidores: ¿Qué hace mi tío aquí? Se preguntará...Opto por cliquear en  "Dejar de seguir" (aunque de intimidad no tiene nada, sigue pareciéndome territorio reservado ese montón de comentarios y fotos que publica). Luego practico el dejar un mensaje directo, exploro la publicación desde el móvil... Bien. No parece ser, de momento, muy
atrayente el portal. Posiblemente lo sea si tu red social es completamente pública y activa, pero yo venía de mirón...

Confieso que exploraré un día de estos más en profundidad esta red social. Pero de momento me declaro antitwitter. Me subleva el guarismo de <140 caracteres. ¿Qué menos de 1000 palabras para expresar con alguna profundidad cualquier tema interesante? Para burradas, exabruptos, vaguedades, obviedades y chorradas no merece la pena darle al teclado. La literatura no consiste en repetetir la tecla !!!!!!!!!!!!!!! hasta levantar ampollas en las yemas.