sábado, 25 de agosto de 2018

El sueño indio

Picoteando por aquí y por allá en la inmensa montaña de contenidos que Google nos vuelca cada vez que tecleamos alguna palabra que nos intriga he llegado a un artículo que rápidamente despertó mi interés.

El artículo, en cuestión comentaba que el ministro de educación de Francia había ordenado a las escuelas públicas que advirtiesen del peligro que representa el juego del foulard. Esta diversión se la llama así aunque no siempre se utilice el pañuelo. Este pasatiempo consiste en apretarse el cuello hasta provocar la asfixia y sentir sensaciones alucinógenas por la disminución del oxígeno y el aumento del gas carbónico en el cerebro.


Inmediatamente me vinieron a la memoria imágenes muy nítidas de este juego, aparentemente inocente para los que lo prácticábamos. Nosotros lo llamábamos el sueño indio. Estoy hablando de hace la friolera de 40 años. Lo conozco bien porque yo mismo lo practiqué.

Lo aprendí en Tuy (Pontevedra). En aquellos años de 1973 yo estudiaba en un internado con un centenar de compañeros. Vivíamos el desconcierto y las turbulencias de la adolescencia con nuestros 15 años. Los educadores maristas que nos atendían se cuidaban de dotarnos de un ámplio repertorio de actividades culturales, sociales y deportivas. Sin embargo, siempre abundan los tiempos muertos, los rincones ocultos, los momentos para la confidencia, la conspiración y la magia. Una de las actividades más sugestivas que nos fuimos mostrando unos a otros era el dormir a un compañero con el sueño indio. Buscábamos un lugar semioculto bajo alguno de los grandes eucaliptos de la residencia. Siempre éramos un grupo pequeño pero casi nunca -gracias a Dios- éramos sólo dos. Alguno proponía el juego y rápidamente, tocado de la curiosidad, un voluntario aceptaba ser "el dormido". Había algo de incredulidad y de reto en esta aceptación. Nos parecía casi imposible, mágico diríamos, que de una manera tan sencilla doblegaran nuestra consciencia. El juego era más o menos así: El voluntario tenía que hacer 20 flexiones (con esto se conseguía una respiración agitada y un consumo elevado de oxígeno en el cuerpo), luego debía cerrar los ojos y contener la respiración. A continuación con los dedos indice y medio, o bien con los pulgares, un compañero presionaba las carótidas a la altura del cuello. No era necesario hacer una presión excesiva. En pocos segundos nuestro compañero caía como un trapo al suelo. La pérdida de conocimiento duraba algunos segundos más y en ocasiones se sucedían algunas convulsiones. Esto nos fascinaba. En una proporción preocupante el dormido tardaba más de la cuenta en despertar, entoces lo agitábamos y dábamos algunas tortas para espabilarle. Todo quedaba en secreto como un juego iniciático que nos hacía sentirnos especiales y en participar de "sensaciones fuertes".
Para el dormido el despertar era desconcertante: veía las risas de sus amigos; poco a poco tomaba conciencia de lo sucedido y contaba las breves experiencias alucinatorias que había sentido: puntos de luz, sensaciones de vuelo, de bienestar... Luego pasaba turno y él era el encargado de "dormir" al compañero.

Seguí buscando en internet artículos relacionados con el tema. Resulta que este juego ha provocado ya centenares de muertes en todo el mundo. Está documentada esta actividad en prácticamente todos los países. Hoy en día han surgido asociaciones de padres afectados cuyos hijos han muerto o estuvieron a punto de hacerlo. Hay webs sobre juegos peligrosos en la adolescencia que la situan en lugar preferente por su peligrosidad. Tal es su incidencia que en cada país se la conoce por un nombre diferente ("el sueño azul", "aeroplaneando", "el foulard", "sueño azul", "el apagón", "sueño californiano", "juego del morirse", "el ascensor", "cruzar al otro lado", "andar por las nubes", "juego del nokeo" (Knockout Game), "viaje al cielo", “Cinco minutos en el paraíso”, “el despegue”, “viaje al más allá”, “el crucero del placer” ...). Estos nombres tan sugerentes dan idea de la extraordinaria fascinación que pueden producir en los chicos. Las distintas variantes de este peligroso juego se extienden a otros ámbitos: el erotismo de la axfisia durante la actividad sexual, el uso de sogas, pañuelos, cinturones para provocarse un "viaje" solitario y sin drogas...

Todas estas actividades, pero especialmente las practicadas en solitario, suponen un riesgo elevadísimo. La hipoxia (falta de oxígeno en el cerebro) puede producir daño cerebral e incluso la muerte. Esta actividad es tanto más peligrosa en cuanto que los padres no detectan señal alguna de su práctica: no hay marcas, no precisa de producto alguno, las secuelas no son detectables inmediatamente, los chicos no tienen alteraciones de caracter por su práctica ... Los hijos más inocentes del mundo, los más sanos y deportistas pueden haberlo practicado.

Hace años, en Torres de la Alameda, en el centro oí cometar su uso a un alumno. Como educadores, debemos estar alerta a su posible práctica entre nuestros alumnos. Para ellos es un juego. Para todos los demás su posible entierro.


La práctica más secreta

Los monjes budistas del Tíbet ya conocían estas prácticas como ha demostrado la reciente apertura de los templos donde permanecían en secreto murales de contenido iniciático ricamente coloreados y vedados al público general.

Los murales secretos del Tíbet son al budismo lo que la Capilla Sixtina al cristianismo. En los de la capilla privada del Dalái Lama en Luhhang, existen pinturas vedadas durante tres siglos a los "no preparados" ("No se debe enseñar el vacío a quién no está preparado para ello").
Lukhang es un pequeño palacio de tres plantas en la ciudad sagrada de Lhasa. En el tercer piso del templo, en una penumbrosa estancia, un inmenso y colorido tríptico muestra prácticas de sexo tántrico, deidades iracundas y técnicas secretas de meditación que, entre otras cosas, incluyen el estrangulamiento como medio para inducir experiencias cercanas a la muerte. Son escenas que, desde el s. XVIII, cuando ser pintaron, apenas habían tenido acceso a los lal'ais lamas y sus maestros, monjes yoquis tántricoa. Por razones de peso: eran peligrosas para los no iniciados.
Entre los murales "prohibidos" de lukhang destaca "El maestro introduce al estudiante en la presencia pura". En él, un yogui presiona la carótida a un alumno para introducirle una experiencia cercana a la muerte más allá de la mente conceptual. Es una técnica secreta de iniciación tántrica, la puerta del acceso indispensable hacia el budismo Vajrayana. Se trata de una técnica que solo podía ser aplicada por un maestro competente y en una habitación oscura.

DOCUMENTACIÓN
https://www.xlsemanal.com/conocer/arte/20180319/murales-tibetanos-budismo-tibet.html#foto7
https://www.taschen.com/pages/es/company/blog/1212.presentamos_murals_of_tibet.htm
https://youtu.be/i997q3lGkzM

¿Quién a los 15 años...?

Tuy (Pontevedra). 1972. Cualquier día de mayo. 7:00 AM.

Se encienden las luces. Por los altavoces suena el leve chasquido de la aguja del tocadiscos al caer sobre el surco. Tras los primeros compases románticos de la orquesta arranca una voz cálida...
"Amores se van marchando como las olas del mar..."

Con los ojos entrecerrados, violado el sueño por una luz aborrecida, decenas de adolescentes tumbados sobre las camas del dormitorio corrido.

Despertares con música. El hermano prefepto elegía entre los discos de moda. Eran buenas elecciones. Pero no era ideal el lugar elegido. Más de un centenear de chicos con el sexo en carne viva azuzados por un mensaje intolerable:

"Quién a los 15 años, no dejó su cuerpo abrazar..."

- ¡Yo!, ¡yo!... me gritaba en silencio mientras apartaba las sábanas y me incorporaba preparándome para un día más entre el grupo de aspirantes a una vida sesgada, abducida de una ética impuesta. El grupo de juniores (aspirantes a hermanos maristas) se daprestaba a las primeras labores del día. Nos esperaba un largo día de rezo, labores de limpieza, clases en el instituto, estudio, juegos, comida, adoctrinamiento, deporte, rezo...

La voz de Mari Trini flotaba en el aire. Maquinalmente nos lavábamos, nos vestíamos y hacíamos nuestras camas. Todo con pocas palabras, cada uno a lo suyo... Cada cual pensando en la letra de la canción, en la frustración que nos producía su mensaje...

"Amores se van marchando...!

Amores que nunca llegaron, pensábamos... ¿Llegarán algún día?

Sí, pero nunca como llegan a los 15 años, con oleaje y tormenta. Amores calmos que no son lo mismo.
Ayer ha muerto Mari Trini. Un rostro con pasión y tormento. Su labio quebrado nunca fue motivo de desdén o menosprecio. Era un símbolo más de nuestra rebelión de los 15 años. Locos, apasionados, incompletos ante un mundo aparentemente perfecto.
Mi recuerdo para ella. Durante aquellos años su poesía incendió mis pensamientos. Hoy quiero recordar su canto. En recuerdo de mis 15 primaveras. Mi vida...

Amores

domingo, 29 de julio de 2018

Parábola del jardinero


Yo tuve por profesor a Miguel Ángel Santos Guerra hace muchos años en Tui allá por 1973-74, cuando era profesor de filosofía en el instituto de esa localidad pontevedresa. Después, por circunstancias de la vida, perdí su pista. Su influencia, aunque él  posiblemente no lo sepa, fue grande para muchos de los que convivimos con él, de alguna manera le hemos tenido presente en numerosas ocasiones. Recuerdo incluso haberme acercado hasta su casa con un compañero con ánimo de  visitarlo cuando era director de un colegio en Madrid (en los años 81-82, creo recordar). Yo había aprobado las oposiciones a maestro en el 80 y,  junto con otro de sus antiguos alumnos que conocía su dirección, nos presentamos en su casa; pero no había nadie. Desde entonces no había vuelto a tener noticias suyas hasta que un día encontré en la web "La fábula del pato". Se trataba de un muy ilustrativo cuento sobre el valor de la la diversidad en la escuela. Lo leí con interés y me pareció muy original y acertada la forma en que acercaba el tema a quienes son profanos  en materia de educación.  Después encontré otros textos que fui recopilando: "Carta a una señora de la limpieza", "Carta a un conserje"...  

Me gustaron aquellas parábolas que, al bíblico modo, acercaban los conceptos educativos a los no iniciados.

Hoy, Miguel Ángel, toca un tema que se presta a la parábola. Es verano y desde mi jubilación dedico un rato diario a mi pequeño jardín.  Casi inmediatamente surgió en mi cabeza la metáfora del jardinero.  La escribo a vuela pluma y admito que es un ejemplo trillado y nada original. Pero viene al caso.


" La parábola del jardinero"

El jardinero  siembra, esperanzado,  una de sus semillas más prometedoras. Piensa entonces  que adquirirá las formas y colores imaginados; pero la verdad es que ella crecerá como le de la gana. 

El buen jardinero espera, porque sabe que la planta está sana y conoce la evolución de las de su especie, que crezca de una manera armónica a su naturaleza. Y lo normal es que así sea; pero se equivocará si pretende convertirla en lo que no es. Lastimará su destino si alambra su tronco, poda excesivamente sus ramas y reduce la maceta a un mínimo cuenco donde las raíces se oprimirán en mínimos espacios. Si  pretendía mantenerla en su etapa infantil se encontrará finalmente con un delicado bonsai, pero ese no era el destino de su planta.     

Para que su planta alcance su  plenitud  debe darle los cuidados necesarios, que serán los justos: el sol y la sombra adecuada, el abono conveniente, el agua necesaria... todo ello ni más ni menos de lo preciso. Y, de esta manera, la mayoría de nuestras semillas germinarán y crecerán hermosas. 

Pero en su crecimiento pueden aparecer circunstancias que alteren su desarrollo. A veces ocurre que nuestra semilla está enferma,  es defectuosa,  sufrió daños durante su almacenamiento o al ser plantada. Entonces nacerá una planta singular que también puede ser portadora de singular belleza  aunque sea más pequeña, con menos flores o de formas menos espectaculares;  pero seguramente merecerá la pena y, cuando la mires, encontrarás una cualidad  especial y te admirarás de su valor de supervivencia.  

Otras veces tendrá que vivir en un jardín tan denso, tan competitivo entre pares, que quizá no pueda desplegar completamente su ramaje, o sus raíces tengan que pelear contra las otras por los escasos nutrientes. En este jardín tan selectivo quizá no sobrevivirá o puede que lo haga afectada de un raquitismo que la convertirá en un vegetal  mustio y frágil. 

En toda ocasión el jardinero tendrá, además, que estar atento a las enfermedades y plagas que pueden afectarla. Son situaciones que, si no son curadas a tiempo y con determinación, pueden dar al traste con un ejemplar perfecto. A veces incluso precisarán de amputaciones y tratamientos lastimosos pudiendo llegar a ser radicales en algunos casos.   

Con el paso del tiempo, el jardinero observa satisfecho como su planta crece, como toma completamente el mando de su destino. Sus raíces están bien asentadas, su ramaje es fecundo. Con su aparato radical, bien profundo, es capaz ya de conseguir agua por sí misma. Está bien protegida por su resistente corteza. Demuestra ya su fortaleza contra las enfermedades. Despliega su arborescencia de forma espectacular y una explosión de brotes, flores y frutos ilumina sucesivamente las estaciones de su vida. 

El jardinero disfruta de la planta que él ayudó a crecer. Y ella le corresponde generosa con su sombra y comparte sus frutos.  "