Mostrando entradas con la etiqueta altruísmo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta altruísmo. Mostrar todas las entradas
domingo, 29 de julio de 2018
Parábola del jardinero
Yo tuve por profesor a Miguel Ángel Santos Guerra hace muchos años en Tui allá por 1973-74, cuando era profesor de filosofía en el instituto de esa localidad pontevedresa. Después, por circunstancias de la vida, perdí su pista. Su influencia, aunque él posiblemente no lo sepa, fue grande para muchos de los que convivimos con él, de alguna manera le hemos tenido presente en numerosas ocasiones. Recuerdo incluso haberme acercado hasta su casa con un compañero con ánimo de visitarlo cuando era director de un colegio en Madrid (en los años 81-82, creo recordar). Yo había aprobado las oposiciones a maestro en el 80 y, junto con otro de sus antiguos alumnos que conocía su dirección, nos presentamos en su casa; pero no había nadie. Desde entonces no había vuelto a tener noticias suyas hasta que un día encontré en la web "La fábula del pato". Se trataba de un muy ilustrativo cuento sobre el valor de la la diversidad en la escuela. Lo leí con interés y me pareció muy original y acertada la forma en que acercaba el tema a quienes son profanos en materia de educación. Después encontré otros textos que fui recopilando: "Carta a una señora de la limpieza", "Carta a un conserje"...
Me gustaron aquellas parábolas que, al bíblico modo, acercaban los conceptos educativos a los no iniciados.
Hoy, Miguel Ángel, toca un tema que se presta a la parábola. Es verano y desde mi jubilación dedico un rato diario a mi pequeño jardín. Casi inmediatamente surgió en mi cabeza la metáfora del jardinero. La escribo a vuela pluma y admito que es un ejemplo trillado y nada original. Pero viene al caso.
" La parábola del jardinero"
El jardinero siembra, esperanzado, una de sus semillas más prometedoras. Piensa entonces que adquirirá las formas y colores imaginados; pero la verdad es que ella crecerá como le de la gana.
El buen jardinero espera, porque sabe que la planta está sana y conoce la evolución de las de su especie, que crezca de una manera armónica a su naturaleza. Y lo normal es que así sea; pero se equivocará si pretende convertirla en lo que no es. Lastimará su destino si alambra su tronco, poda excesivamente sus ramas y reduce la maceta a un mínimo cuenco donde las raíces se oprimirán en mínimos espacios. Si pretendía mantenerla en su etapa infantil se encontrará finalmente con un delicado bonsai, pero ese no era el destino de su planta.
Para que su planta alcance su plenitud debe darle los cuidados necesarios, que serán los justos: el sol y la sombra adecuada, el abono conveniente, el agua necesaria... todo ello ni más ni menos de lo preciso. Y, de esta manera, la mayoría de nuestras semillas germinarán y crecerán hermosas.
Pero en su crecimiento pueden aparecer circunstancias que alteren su desarrollo. A veces ocurre que nuestra semilla está enferma, es defectuosa, sufrió daños durante su almacenamiento o al ser plantada. Entonces nacerá una planta singular que también puede ser portadora de singular belleza aunque sea más pequeña, con menos flores o de formas menos espectaculares; pero seguramente merecerá la pena y, cuando la mires, encontrarás una cualidad especial y te admirarás de su valor de supervivencia.
Otras veces tendrá que vivir en un jardín tan denso, tan competitivo entre pares, que quizá no pueda desplegar completamente su ramaje, o sus raíces tengan que pelear contra las otras por los escasos nutrientes. En este jardín tan selectivo quizá no sobrevivirá o puede que lo haga afectada de un raquitismo que la convertirá en un vegetal mustio y frágil.
En toda ocasión el jardinero tendrá, además, que estar atento a las enfermedades y plagas que pueden afectarla. Son situaciones que, si no son curadas a tiempo y con determinación, pueden dar al traste con un ejemplar perfecto. A veces incluso precisarán de amputaciones y tratamientos lastimosos pudiendo llegar a ser radicales en algunos casos.
Con el paso del tiempo, el jardinero observa satisfecho como su planta crece, como toma completamente el mando de su destino. Sus raíces están bien asentadas, su ramaje es fecundo. Con su aparato radical, bien profundo, es capaz ya de conseguir agua por sí misma. Está bien protegida por su resistente corteza. Demuestra ya su fortaleza contra las enfermedades. Despliega su arborescencia de forma espectacular y una explosión de brotes, flores y frutos ilumina sucesivamente las estaciones de su vida.
El jardinero disfruta de la planta que él ayudó a crecer. Y ella le corresponde generosa con su sombra y comparte sus frutos. "
Etiquetas:
altruísmo,
ecología,
educación,
pensamientos
viernes, 13 de enero de 2017
Una palabra y mil imágenes 42: "Enemigo"
Las guerras crean divisiones absurdas entre los hombres. Por el hecho aleatorio de haber nacido en un lugar, pertenecer a una etnia o pueblo diferente o estar en el lugar equivocado en un momento inoportuno pertenecerás a un bando que odiará a los miembros del otro los cuales harán exactamente lo mismo empujados por unas reglas muchas veces injustas e incomprensibles. Quizás haya algunas guerras justas, algunas decisiones bélicas sí parecen obedecer a poderosos argumentos; pero entre las muchedumbres de los pueblos en guerra, superados los estereotipos impuestos y las declaraciones de odio por decreto, surgen a veces una aparentemente contradictoria amistad con el
enemigo.
Hay dos películas, que recrean (aún desde escenarios muy diferentes) esta aproximación a la amistad desde los lejanos extremos del odio. Ambas son historias bélicas con aventuras de naufragios y supervivencia. Las dos con combatientes solitarios enfrentados a otro solitario enemigo en un territorio hostil y donde cada uno de ellos (salvando los estereotipos) es el reflejo exacto del otro lado del espejo en que se miran los protagonistas. De la consideración del otro como el enemigo peligroso, malvado e indigno se va pasando a considerarlo el amigo generoso, bondadoso y noble. Da igual que la acción transcurra en una abandonada isla del Pacífico o en el inhóspito planeta Fyrine IV, que el protagonista sea japonés o un draco reptiliano, que ocurra en 1945 o en el futuro siglo XXI... los valores que encarnan los protagonistas son idénticos y universales. Pasamos de la repulsión a la ternura en el corto periodo de una proyección: noventa minutos contra el odio, hora y media para el nacimiento de una amistad.
Etiquetas:
altruísmo,
Amor,
cine,
ética,
personajes,
sentimientos
domingo, 18 de diciembre de 2016
Una imagen por mil palabras 35: Mariposas
Duerme, no te inquietes crisálida,
tu alma despertará en un cuerpo nuevo
...
Luego brillarán tus alas bajo el sol,
serás la envidia de los gusanos que se arrastran,
tus alas te llevarán muy lejos,
gozarás los secretos del aire y de la luz:
serás, seremos,
mariposas.
En la metamorfosis de la oruga late la esperanza. La crisálida no lo sabe aún, no admite que su cuerpo encarcelado pueda portar alas. Hay capullos de seda invisible que encierran las almas de los hombres y a veces necesitamos alguien que nos anime a desatarnos, que nos obligue a saltar al vacío ... y volar.
Will el resentido, Will el desconfiado, Will el escéptico no puede creer que sea capaz de hacer algo extraordinario, más allá de mostrar su deformidad en un espectáculo de feria. Pero un día aparece por allí Méndez, director del pequeño Circo de la Mariposa, que lo califica de "maravilloso". Da igual el como, pero Will acabará trabajando en su circo, y lo que es mejor: participará en un número estrella gracias a una rara habilidad que descubrió cuando dio, por fin, un paso adelante.
Esta historia de superación que conocí por mediación de un colega hace algunos años, nos cuenta con gran belleza en apenas veinte minutos la metamorfosis de un ser humano. Y, al final, cuando el protagonista salta al vacío descubrimos que todos tenemos una alas invisibles: todos podemos ser mariposas.
Etiquetas:
altruísmo,
cine,
educación,
Espectáculos,
ética,
personajes
miércoles, 5 de octubre de 2016
Una palabra y mil imágenes - 7: Lágrimas
No se ven. La lluvia las oculta. Son imposibles: los repliclantes no pueden tener emociones.Pero todos las sentimos, las adivinamos tras la cortina de lluvia. Y, por un momento, nos identificamos con ese ser que va a morir y hacemos nuestras sus desesperadas
Lágrimas
Roy, un replicante de cuatro años, está a punto de morir. Ha llegado su hora y se deteriora rápidamente. En su agonía, perturba nuestras creencias al comportarse con una humanidad sorprendente: muestra generosidad, desesperación, tristeza, asombro... Tras salvar la vida al Blade Runner que intenta destruirle le confiesa sus sentimientos. Es un monólogo mítico en la historia del cine:
"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Naves de ataque en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir."
Y entre la lluvia gris que cae sobre esa urbe decadente decadente y caótica, sentimos pena por ese ser que llamamos máquina y adivinamos en sus ojos las amargas lágrimas de la tristeza.
domingo, 14 de febrero de 2016
Amistad
El amigo de todo el mundo no es un amigo.
Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego.
"Deben buscarse los amigos como los buenos libros.
No está la felicidad en que sean muchos ni muy curiosos;
sino pocos, buenos y bien conocidos."
Mateo Alemán (1547-1613) Novelista español.
Yo no quiero tener un millón de amigos, son demasiados. Me basta un puñado: que les pueda contar y conocer como los dedos de mi mano. Y si la amistad escasea, al menos uno.
- Un amigo para reír, y también para llorar; que las lágrimas se vuelvan dulces en su compañía.
- Un amigo para soñar mis sueños, los suyos y los sueños compartidos.
- Un amigo para descubrir, para mostrar los misterios, para revelar los secretos que nos angustian.
- Un amigo para luchar, que dos junto formaremos un ejército formidable contra la adversidad.
- Un amigo para querer, que el amor se evapora si no se emplea en regar las vidas ajenas.
- Un amigo para compartir, para saborear juntos los sabores de la vida.
- Un amigo para ayudar, para sostenernos mutuamente, para apoyarnos ante los traspiés que damos por la vida.
- Un amigo para abrazar y sentir el doble latir de los corazones juntos.
- Un amigo para curar, un amigo-medicina que sane el alma enferma de tristeza.
- Un amigo para reprender y para alabar. Un amigo para decir...
Un amigo, o una amiga...que sí, y que no;que te equivocas y que te perdono;que no te juzgo, aunque te advierto;que me importas, pero tú decides;que tienes razón y que no la tienes;que eres así y que has de cambiar...
Un amigo, o dos, o tres... o algunos más: Pero no demasiados, pues tantas cosas no pueden hacerse en multitud. Si es así, habrás degradado la amistad al simple grado de los conocidos.
Un amigo en la vida es mucho.
Dos son demasiado.
Tres son imposibles.
Henry Adams (1838-1918) Escritor y historiador estadounidense.
lunes, 25 de enero de 2016
Egocentrismo
(Leonardo Da Vinci"
Nicolás Copérnico es conocido por ser el primero en conseguir establecer con éxito que la Tierra giraba junto a los demás planetas alrededor del sol (heliocentrismo) y no al contrario como hasta entonces se pensaba, según una idea sostenida por la iglesia católica que percibía como un peligro, blasfemia incluso, negar que La Tierra era el centro del universo (geocentrismo). Aquella revolucionaria concepción del Universo acabó con la teoría imperante durante siglos sustentada por la propia Iglesia que establecía que la Tierra era el centro de todo el Universo y punto sobre el que debían girar los demás astros y cuerpos celestes. El Geocentrismo dio paso al heliocentrismo y pareció que el mundo encajaba a la perfección en un engranaje incontestable.
Pero, como desconfiando de toda certeza, la ciencia nos demuestra que el sol es una minúscula mota de polvo estelar en un espacio inmenso cuyo centro, por ahora, podría establecerse en el minúsculo lugar de eclosión del Bing-Bang; y quién sabe si no somos uno de tantos universos cuyo origen está en los puntos suspensivos de la existencia...
Hay que desconfiar, pues, de las palabras compuestas acabadas en "centrismo" porque, en realidad, todo existe alrededor de algo; pero muchas veces no en torno a lo que nosotros mismos creemos o deseamos.
Hay personas egocéntricas. Son personas planeta que barren de su órbita al resto de los cuerpos celestes que se les cruzan. Planetas menores que se piensan soles. Conozco personas así: imponen su brillo cegador a los demás hiriendo retinas delicadas. Dejan ciegos a su alrededor a aquellos que no tuvieron tiempo de ajustar el iris, de reducir la pupila ante semejante pirotecnia. Monopolizan las conversaciones, no peguntan sino que reafirman, levantan la voz para imponerse, aborrecen los silencios, sienten "horror vacui" ante las pausas, se complacen en la autoescucha y dicen siempre la última palabra.Ganan los debates por KO por abandono del contrincante, pero la mayoría por incomparecencia: nadie quiere discutir con ellos. Son aquellos que la sabiduría popular retrata en sus refranes: "El niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro" y los niños con sus etiquetas: "Ser el prota", el "nota" del cole. La gente les define con expresiones como "estar en el candelero", "salir a la palestra", "ser la reina del baile"... Son expertos en quitar la palabra, monopolizar los turnos, avasallar en la conversación, eclipsar todos los astros del firmamento con su luz cegadora, actúan de agujero negro de todas las compañías... Siempre pensando "Y yo más", acaparan todas las autoestimas, agotan el aire que respiramos, arramblan los anaqueles de las razones, te venden tus ideas, lloran tus muertos...
Sugerente, como pocas, es el cuento "Conducta en los velatorios" de Julio Cortázar en su libro "Historias de cronopios y de famas". No me resisto a transcribirla porque, además de sumamente divertido,describe muy bien su forma de actuar. En esta historia se trata de la voluntaria usurpación de la órbita ajena, pero hay casos en la vida real en que no se trata de un acto preconcebido: algunas personas son así.
CONDUCTA EN LOS VELORIOS
No vamos por el anís, ni porque hay que ir. Ya se habrá sospechado: vamos porque no podemos soportar las formas más solapadas de la hipocresía. Mi prima segunda la mayor se encarga de cerciorarse de la índole del duelo, y si es de verdad, si se llora porque llorar es lo único que les queda a esos hombres y a esas mujeres entre el olor a nardos y a café, entonces nos quedamos en casa y los acompañamos desde lejos. A lo sumo mi madre va un rato y saluda en nombre de la familia; no nos gusta interponer insolentemente nuestra vida ajena a ese diálogo con la sombra. Pero si de la pausada investigación de mi prima surge la sospecha de que en un patio cubierto o en la sala se han armado los trípodes del camelo, entonces la familia se pone sus mejores trajes, espera a que el velorio esté a punto, y se va presentando de a poco pero implacablemente. En Pacífico las cosas ocurren casi siempre en un patio con macetas y música de radio. Para estas ocasiones los vecinos condescienden a apagar las radios, y quedan solamente los jazmines y los parientes, alternándose contra las paredes. Llegamos de a uno o de a dos, saludamos a los deudos, a quienes se reconoce fácilmente porque lloran apenas ven entrar a alguien, y vamos a inclinarnos ante el difunto, escoltados por algún pariente cercano. Una o dos horas después toda la familia está en la casa mortuoria, pero aunque los vecinos nos conocen bien, procedemos como si cada uno hubiera venido por su cuenta y apenas hablamos entre nosotros. Un método preciso ordena nuestros actos, escoge los interlocutores con quienes se departe en la cocina, bajo el naranjo, en los dormitorios, en el zaguán, y de cuando en cuando se sale a fumar al patio o a la calle, o se da una vuelta a la manzana para ventilar opiniones políticas y deportivas. No nos lleva demasiado tiempo sondear los sentimientos de los deudos más inmediatos, los vasitos de caña, el mate dulce y los Particulares livianos son el puente confidencial; antes de medianoche estamos seguros, podemos actuar sin remordimientos. Por lo común mi hermana la menor se encarga de la primera escaramuza; diestramente ubicada a los pies del ataúd, se tapa los ojos con un pañuelo violeta y empieza a llorar, primero en silencio, empapando el pañuelo a un punto increíble, después con hipos y jadeos, y finalmente le acomete un ataque terrible de llanto que obliga a las vecinas a llevarla a la cama preparada para esas emergencias, darle a oler agua de azahar y consolarla, mientras otras vecinas se ocupan de los parientes cercanos bruscamente contagiados por la crisis. Durante un rato hay un amontonamiento de gente en la puerta de la capilla ardiente, preguntas y noticias en voz baja, encogimientos de hombros por parte de los vecinos. Agotados por un esfuerzo en que han debido emplearse a fondo, los deudos amenguan en sus manifestaciones, y en ese mismo momento mis tres primas segundas se largan a llorar sin afectación, sin gritos, pero tan conmovedoramente que los parientes y vecinos sienten la emulación, comprenden que no es posible quedarse así descansando mientras extraños de la otra cuadra se afligen de tal manera, y otra vez se suman a la deploración general, otra vez hay que hacer sitio en las camas, apantanar a señoras ancianas, aflojar el cinturón a viejitos convulsionados. Mis hermanos y yo esperamos por lo regular este momento para entrar en la sala mortuorio y ubicarnos junto al ataúd. Por extraño que parezca estamos realmente afligidos, jamás podemos oír llorar a nuestras hermanas sin que una congoja infinita nos llene el pecho y nos recuerde cosas de la infancia, unos campos cerca de Villa Albertina, un tranvía que chirriaba al tomar la curva en la calle General Rodríguez, en Bánfield, cosas así, siempre tan tristes. Nos basta ver las manos cruzadas del difunto para que el llanto nos arrase de golpe, nos obligue a taparnos la cara avergonzados, y somos cinco hombres que lloran de verdad en el velorio, mientras los deudos juntan desesperadamente el aliento para igualarnos, sintiendo que cueste lo que cueste deben demostrar que el velorio es el de ellos, que solamente ellos tienen derecho a llorar así en esa casa. Pero son pocos, y mienten (eso lo sabemos por mi prima segunda la mayor, y nos da fuerzas). En vano acumulan los hipos y los desmayos, inútilmente los vecinos más solidarios los apoyan con sus consuelos y sus reflexiones, llevándolos y trayéndolos para que descansen y se reincorporen a la lucha. Mis padres y mi tío el mayor nos reemplazan ahora, hay algo que impone respeto en el dolor de estos ancianos que han venido desde la calle Humboldt, cinco cuadras contando desde la esquina, para velar al finado. Los vecinos más coherentes empiezan a perder pie, dejan caer a los deudos, se van a la cocina a beber grapa y a comentar; algunos parientes, extenuados por una hora y media de llanto sostenido, duermen estertorosamente. Nosotros nos relevamos en orden, aunque sin dar la impresión de nada preparado; antes de las seis de la mañana somos los dueños indiscutidos del velorio, la mayoría de los vecinos se han ido a dormir a sus casas, los parientes yacen en diferentes posturas y grados de abotagamiento, el alba nace en el patio. A esa hora mis tías organizan enérgicos refrigerios en la cocina, bebemos café hirviendo, nos miramos brillantemente al cruzarnos en el zaguán o los dormitorios; tenemos algo de hormigas yendo y viniendo, frotándose las antenas al pasar. Cuando llega el coche fúnebre las disposiciones están tomadas, mis hermanas llevan a los parientes a despedirse del finado antes del cierre del ataúd, los sostienen y confortan mientras mis primas y mis hermanos se van adelantando hasta desalojarlos, abreviar el último adiós y quedarse solos junto al muerto. Rendidos, extraviados, comprendiendo vagamente pero incapaces de reaccionar, los deudos se dejan llevar y traer, beben cualquier cosa que se les acerca a los labios y responden con vagas protestas inconsistentes a las cariñosas solicitudes de mis primas y mis hermanas. Cuando es hora de partir y la casa está llena de parientes y amigos, una organización invisible pero sin brechas decide cada movimiento, el director de la funeraria acata las órdenes de mi padre, la remoción del ataúd se hace de acuerdo con las indicaciones de mi tío el mayor. Alguna que otra vez los parientes llegados a último momento adelantan una reivindicación destemplada; los vecinos, convencidos ya de que todo es como debe ser, los miran escandalizados y los obligan a callarse. En el coche de duelo se instalan mis padres y mis tíos, mis hermanos suben al segundo y mis primas condescienden a aceptar a alguno de los deudos en el tercero, donde se ubican envueltas en grandes pañoletas negras y moradas. El resto sube donde puede, y hay parientes que se ven precisados a llamar un taxi. Y si algunos, refrescados por el aire matinal y el largo trayecto, traman una reconquista en la necrópolis, amargo es su desengaño. Apenas llega el cajón al peristilo, mis hermanos rodean al orador designado por la familia o los amigos del difunto, y fácilmente reconocible por su cara de circunstancias y el rollito que le abulta el bolsillo del saco. Estrechándole las manos, le empapan las solapas con sus lágrimas, lo palmean con un blando sonido de tapioca y el orador no puede impedir que mi tío el menor suba a la tribuna y abra los discursos con una oración que es siempre un modelo de verdad y discreción. Dura tres minutos, se refiere exclusivamente al difunto, acota sus virtudes y da cuenta de sus defectos, sin quitar humanidad a nada de lo que se dice; está profundamente emocionado, y a veces le cuesta terminar. Apenas ha bajado, mi hermano el mayor ocupa la tribuna y se encarga del panegírico en nombre del vecindario, mientras el vecino designado a tal efecto trata de abrirse paso entre mis primas y hermanas, que lloran colgadas de su chaleco. Un gesto afable pero imperioso de mi padre moviliza al personal de la funeraria; dulcemente empieza a rodar el catafalco, y los oradores oficiales se quedan al pie de la tribuna, mirándose y estrujando los discursos con sus manos húmedas. Por lo regular no nos molestamos en acompañar al difunto hasta la bóveda o sepultura, sino que damos media vuelta y salimos todos juntos, comentando las incidencias del velorio. Desde lejos vemos cómo los parientes corren desesperadamente para agarrar alguno de los cordones del ataúd y se pelean con los vecinos que entre tanto se han posesionado de los cordones y prefieren llevarlos ellos a que los lleven los parientes."
Sugerente, como pocas, es el cuento "Conducta en los velatorios" de Julio Cortázar en su libro "Historias de cronopios y de famas". No me resisto a transcribirla porque, además de sumamente divertido,describe muy bien su forma de actuar. En esta historia se trata de la voluntaria usurpación de la órbita ajena, pero hay casos en la vida real en que no se trata de un acto preconcebido: algunas personas son así.
CONDUCTA EN LOS VELORIOS
No vamos por el anís, ni porque hay que ir. Ya se habrá sospechado: vamos porque no podemos soportar las formas más solapadas de la hipocresía. Mi prima segunda la mayor se encarga de cerciorarse de la índole del duelo, y si es de verdad, si se llora porque llorar es lo único que les queda a esos hombres y a esas mujeres entre el olor a nardos y a café, entonces nos quedamos en casa y los acompañamos desde lejos. A lo sumo mi madre va un rato y saluda en nombre de la familia; no nos gusta interponer insolentemente nuestra vida ajena a ese diálogo con la sombra. Pero si de la pausada investigación de mi prima surge la sospecha de que en un patio cubierto o en la sala se han armado los trípodes del camelo, entonces la familia se pone sus mejores trajes, espera a que el velorio esté a punto, y se va presentando de a poco pero implacablemente. En Pacífico las cosas ocurren casi siempre en un patio con macetas y música de radio. Para estas ocasiones los vecinos condescienden a apagar las radios, y quedan solamente los jazmines y los parientes, alternándose contra las paredes. Llegamos de a uno o de a dos, saludamos a los deudos, a quienes se reconoce fácilmente porque lloran apenas ven entrar a alguien, y vamos a inclinarnos ante el difunto, escoltados por algún pariente cercano. Una o dos horas después toda la familia está en la casa mortuoria, pero aunque los vecinos nos conocen bien, procedemos como si cada uno hubiera venido por su cuenta y apenas hablamos entre nosotros. Un método preciso ordena nuestros actos, escoge los interlocutores con quienes se departe en la cocina, bajo el naranjo, en los dormitorios, en el zaguán, y de cuando en cuando se sale a fumar al patio o a la calle, o se da una vuelta a la manzana para ventilar opiniones políticas y deportivas. No nos lleva demasiado tiempo sondear los sentimientos de los deudos más inmediatos, los vasitos de caña, el mate dulce y los Particulares livianos son el puente confidencial; antes de medianoche estamos seguros, podemos actuar sin remordimientos. Por lo común mi hermana la menor se encarga de la primera escaramuza; diestramente ubicada a los pies del ataúd, se tapa los ojos con un pañuelo violeta y empieza a llorar, primero en silencio, empapando el pañuelo a un punto increíble, después con hipos y jadeos, y finalmente le acomete un ataque terrible de llanto que obliga a las vecinas a llevarla a la cama preparada para esas emergencias, darle a oler agua de azahar y consolarla, mientras otras vecinas se ocupan de los parientes cercanos bruscamente contagiados por la crisis. Durante un rato hay un amontonamiento de gente en la puerta de la capilla ardiente, preguntas y noticias en voz baja, encogimientos de hombros por parte de los vecinos. Agotados por un esfuerzo en que han debido emplearse a fondo, los deudos amenguan en sus manifestaciones, y en ese mismo momento mis tres primas segundas se largan a llorar sin afectación, sin gritos, pero tan conmovedoramente que los parientes y vecinos sienten la emulación, comprenden que no es posible quedarse así descansando mientras extraños de la otra cuadra se afligen de tal manera, y otra vez se suman a la deploración general, otra vez hay que hacer sitio en las camas, apantanar a señoras ancianas, aflojar el cinturón a viejitos convulsionados. Mis hermanos y yo esperamos por lo regular este momento para entrar en la sala mortuorio y ubicarnos junto al ataúd. Por extraño que parezca estamos realmente afligidos, jamás podemos oír llorar a nuestras hermanas sin que una congoja infinita nos llene el pecho y nos recuerde cosas de la infancia, unos campos cerca de Villa Albertina, un tranvía que chirriaba al tomar la curva en la calle General Rodríguez, en Bánfield, cosas así, siempre tan tristes. Nos basta ver las manos cruzadas del difunto para que el llanto nos arrase de golpe, nos obligue a taparnos la cara avergonzados, y somos cinco hombres que lloran de verdad en el velorio, mientras los deudos juntan desesperadamente el aliento para igualarnos, sintiendo que cueste lo que cueste deben demostrar que el velorio es el de ellos, que solamente ellos tienen derecho a llorar así en esa casa. Pero son pocos, y mienten (eso lo sabemos por mi prima segunda la mayor, y nos da fuerzas). En vano acumulan los hipos y los desmayos, inútilmente los vecinos más solidarios los apoyan con sus consuelos y sus reflexiones, llevándolos y trayéndolos para que descansen y se reincorporen a la lucha. Mis padres y mi tío el mayor nos reemplazan ahora, hay algo que impone respeto en el dolor de estos ancianos que han venido desde la calle Humboldt, cinco cuadras contando desde la esquina, para velar al finado. Los vecinos más coherentes empiezan a perder pie, dejan caer a los deudos, se van a la cocina a beber grapa y a comentar; algunos parientes, extenuados por una hora y media de llanto sostenido, duermen estertorosamente. Nosotros nos relevamos en orden, aunque sin dar la impresión de nada preparado; antes de las seis de la mañana somos los dueños indiscutidos del velorio, la mayoría de los vecinos se han ido a dormir a sus casas, los parientes yacen en diferentes posturas y grados de abotagamiento, el alba nace en el patio. A esa hora mis tías organizan enérgicos refrigerios en la cocina, bebemos café hirviendo, nos miramos brillantemente al cruzarnos en el zaguán o los dormitorios; tenemos algo de hormigas yendo y viniendo, frotándose las antenas al pasar. Cuando llega el coche fúnebre las disposiciones están tomadas, mis hermanas llevan a los parientes a despedirse del finado antes del cierre del ataúd, los sostienen y confortan mientras mis primas y mis hermanos se van adelantando hasta desalojarlos, abreviar el último adiós y quedarse solos junto al muerto. Rendidos, extraviados, comprendiendo vagamente pero incapaces de reaccionar, los deudos se dejan llevar y traer, beben cualquier cosa que se les acerca a los labios y responden con vagas protestas inconsistentes a las cariñosas solicitudes de mis primas y mis hermanas. Cuando es hora de partir y la casa está llena de parientes y amigos, una organización invisible pero sin brechas decide cada movimiento, el director de la funeraria acata las órdenes de mi padre, la remoción del ataúd se hace de acuerdo con las indicaciones de mi tío el mayor. Alguna que otra vez los parientes llegados a último momento adelantan una reivindicación destemplada; los vecinos, convencidos ya de que todo es como debe ser, los miran escandalizados y los obligan a callarse. En el coche de duelo se instalan mis padres y mis tíos, mis hermanos suben al segundo y mis primas condescienden a aceptar a alguno de los deudos en el tercero, donde se ubican envueltas en grandes pañoletas negras y moradas. El resto sube donde puede, y hay parientes que se ven precisados a llamar un taxi. Y si algunos, refrescados por el aire matinal y el largo trayecto, traman una reconquista en la necrópolis, amargo es su desengaño. Apenas llega el cajón al peristilo, mis hermanos rodean al orador designado por la familia o los amigos del difunto, y fácilmente reconocible por su cara de circunstancias y el rollito que le abulta el bolsillo del saco. Estrechándole las manos, le empapan las solapas con sus lágrimas, lo palmean con un blando sonido de tapioca y el orador no puede impedir que mi tío el menor suba a la tribuna y abra los discursos con una oración que es siempre un modelo de verdad y discreción. Dura tres minutos, se refiere exclusivamente al difunto, acota sus virtudes y da cuenta de sus defectos, sin quitar humanidad a nada de lo que se dice; está profundamente emocionado, y a veces le cuesta terminar. Apenas ha bajado, mi hermano el mayor ocupa la tribuna y se encarga del panegírico en nombre del vecindario, mientras el vecino designado a tal efecto trata de abrirse paso entre mis primas y hermanas, que lloran colgadas de su chaleco. Un gesto afable pero imperioso de mi padre moviliza al personal de la funeraria; dulcemente empieza a rodar el catafalco, y los oradores oficiales se quedan al pie de la tribuna, mirándose y estrujando los discursos con sus manos húmedas. Por lo regular no nos molestamos en acompañar al difunto hasta la bóveda o sepultura, sino que damos media vuelta y salimos todos juntos, comentando las incidencias del velorio. Desde lejos vemos cómo los parientes corren desesperadamente para agarrar alguno de los cordones del ataúd y se pelean con los vecinos que entre tanto se han posesionado de los cordones y prefieren llevarlos ellos a que los lleven los parientes."
jueves, 30 de abril de 2015
Subsajarianos
En su trágica aventura los protagonistas harán frente a sus propios compañeros pagando a las mafias las sucesivas mordidas por llegar, por quedarse, por cruzar, por saltar... (fortunas infinitas para sus menguados ahorros) ¿Y qué no habrán tenido que hacer para llegar allí, para sobrevivir en estos bosques inhóspitos?
Al final les espera el concierto (concertinas) de cuchillas, el agudo silbido de las pelotas de goma, los botes de humo, las porras, las esposas de la guardia civil y la puerta giratoria de la devolución en caliente.
Jóvenes atléticos, los escasos héroes que logren sobrevivir al salto, huirán a la carrera por el extrarradio ceutí hasta esconderse en sus calles y ocultarse en algún garaje para luego realizar un último viaje a una península al sur de Europa donde exhibirán gorras y camisetas, gafas, cinturones... Recorrerán las playas con la visión de turistas ociosos y cuerpos descansados exponiéndose al sol.
Quizás haya alguna venta en la mañana en sus 10 km de cansino recorrido por la arena mientras los altavoces advierten a los turistas en contra de tu presencia.
Algunos perderán entonces la esperanza y, en un momento de rabia incontenida, la emprenderán contra algunas sillas de plástico de algún paseo marítimo. Entonces saldrán en la prensa, en portada, proporcionando una razón a los conservadores ciudadanos que les etiquetan de peligro público.
Y, por dentro, llorarán sumergidos en un mar de rabia, naufragarán en la patera de desesperanza. Y se ahogarán en medio del lujo de los yates de los afortunados. No moveremos ni un dedo por rescatarlos y, una noche más, dormiremos tranquilos. El halo del olvido habrá borrado de nuestra memoria sus suplicantes ojos negros.
martes, 2 de diciembre de 2014
La Opo
Quienes pasamos por este penoso trance recordamos la frustrante prolongación de los estudios terminados, la agonía del calendario infinito, el ninguneo de nuestra valía, la combustión del tiempo y la esperanza. Comeremos la sopa de los inútiles, bajaremos los ojos ante nuestros conocidos admitiendo nuestra nulidad, nuestra gorronería insoportable.
Y, con el corazón encogido y la autoestima deshecha, acudiremos a las pruebas en cuestión. Contemplaremos desalentados la muchedumbre que se agolpa ante la puerta. Estudiaremos sus caras intentando averiguar su preparación, consideraremos sus posibilidades contra las nuestras. Todos serán enemigos, contrarios..."opositores". Todos ellos se oponen a ti. Todos compiten contra ti.
Estarás tan acostumbrado a la colaboración, a la amabilidad, que es posible que sonrías a algunos de ellos; que te acerques y charles un rato; quizás ofrezcas un cigarrillo, serás amable; pero, en realidad, cargas de balas al "enemigo". Es posible que te sientas derrotado de antemano y te solidarices con los perdedores, entonces te habrás rendido antes de empezar la batalla.
Cuando estés inclinado sobre tu cuestionario mirarás curioso y asustado alrededor. Te sentirás inevitablemente estúpido al observar que todos se han puesto a escribir rápidamente y pensarás que tú no tienes ni idea, que estás en blanco... Notarás una desesperada necesidad de escribir algo, lo que sea, y empezarás a bucear en tus recuerdos intentando arponear los peces de la memoria.
Al terminar, desmoralizado, entregarás tu examen. Saldrás triste de la sala. Pensarás en el seguro fracaso. ¡Alégrate entonces: estadísticamente tienes motivos para esos fúnebres pensamientos y demuestras tener un juicio razonable!. Otros saldrás eufóricos. Expresarán imprudentemente su optimismo: "Creo que voy a aprobar", "Era fácil", "He contestado a todas las preguntas..." - ¡Pobres ilusos! No piensan que no se trata de "aprobar" sino de "ser mejor" que los demás; que no hay examen fácil (si lo es para ti, también lo será para los demás y estaremos en las mismas) y que responder a todas las preguntas sin certeza puede restarte puntos (los errores se pagan).
Dice uno de los mejores aforismos de Jorge Wagensberg que "Una cebra no necesita correr más que una leona, sino más que las otras cebras". Hay que ser mejores que los demás para sobrevivir: si finalmente dos opositores tuvieran la misma nota, la buena letra decidiría: no hay premios compartidos.
La oposición es una prueba cruel, es un proceso de competencia feroz, un escupitajo a la solidaridad humana. ¿Cuál sería entonces el sistema ideal, la manera justa de adjudicar un empleo?
- Francamente no lo sé. Siguiendo con la metáfora de la cebra: ¿Dejamos algunas cebras bajo nuestra protección preservándolas de los leones? ¿Ponemos la zancadilla a otras cebras? ¿Salvamos a la cebra más veloz, pero tan holgazana que no corre siquiera? ¿Indultamos a la cebra de carrera más bella, aunque menos esforzada? ¿Redimimos a la cebra coja dejando que la leona atrape a otra sana? ¿Sobornamos a la leona?... Es el eterno problema de la lucha por la subsistencia. Sólo se me ocurre una solución: acabar con el león del fracaso. ¿Estarán después las cebras dispuestas a repartirse la limitada hierba de la sabana?
lunes, 1 de diciembre de 2014
Los Juegos del Hambre
Sin el tremendismo del drama presentado en la serie, sin los escenarios de miseria de los distritos esclavizados; la situación, debidamente escaldada, recuerda un poco a la crisis actual. Los señores del mundo explotan miserablemente al resto en su propio beneficio dirigiéndolo desde una élites que controlan el poder y los recursos. Las personas, desesperadas, sobreviven como pueden y, para olvidar su desesperación, asisten obligados -pero fascinados- al espectáculo de una lotería dramática donde está en juego la propia vida.
Nosotros tenemos nuestros propios Juegos del Hambre. No nos jugamos la vida, eso sí; no asistimos al drama de morir en el intento de forma gloriosa: nos arruinaremos poco a poco en medio de pequeñas frustraciones, de décimos de fracaso, de participaciones malogradas.
Nuestros juegos del hambre se llaman Lotería, y la de Navidad, es el Superjuego, el Juego de los Juegos, una especie de Vasallaje de los Veinticinco. En ella se echa el resto, se acepta cualquier participación que nos ofrezcan. Después, el día 22 de noviembre, se iniciará el "Tour de la Victoria", la exhibición mediática del éxito selectivo. Será la ocasión de magnificar la suerte, de maridarla con el milagro, con la justicia divina. Será el momento de los héroes, de los Manueles y Antonios, de los "tributos" vencedores en los que querremos identificaremos todos.
Ayer, durante una cena con un grupo de vecinos, asistí completamente desplazasdo, a la preparación individual de los "tributos" de los juegos. Todos hablaban excitados de la profusión de décimos y participaciones que ya recopilaban a un mes vista del sorteo: - Llevo más de veinte décimos - decía un ciudadano de la crisis; -Yo llevo lotería de todos los puntos de España - comentaba otro españolito errante, camionero de profesión; -El que os reparto es de Doña Manolita - explicaba el anfitrión muy ufano de haber conseguido el número en la administración insignia de la suerte navideña. Yo callaba, no llevo ni una mínima participación. Tan solo adquirí dos décimos de mi colegio cediendo a una insistente petición de Charo, mi mujer, que no puede soportar que me quede tristón y roto como "Manuel". Fueron veinte minutos de silencio que solo rompí para mostrar humilde, pero dignamente, mi postura antilotera: Yo no compro lotería: me parece un timo comercial y espiritual.
N
Aparte de quedar como bicho raro; aunque alguno piense que no tengo corazón, ni ilusión, ni fe, ni esperanza, ni caridad: no creo en los Juegos del Hambre. Quizás sea un superviviente del Distrito 13.
sábado, 29 de noviembre de 2014
Oh, Capitán, mi Capitán...
¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán!
Nuestro temeroso viaje esta hecho;
el buque tuvo que sobrevivir a cada tormenta,
el premio que buscamos esta ganado;
el puerto está cerca, escucho las campanas,
todo el mundo está exultante,
mientras siguen con sus ojos la firme quilla,
el barco severo y desafiante:
Pero ¡Oh corazón!¡Corazón!¡Corazón!
oh, las lágrimas se tiñen de rojo,
mi Capitán está sobre la cubierta,
caído muerto y frío.
Ayer, 27 de noviembre, se celebró en España el Día del Maestro. El día de asueto que acompaña a la efemérides se trasladó por conveniencia estratégica al día de hoy, viernes, para facilitar la organización familiar y el aprovechamiento de un fin de semana más largo. Pero el día en que conmemora la vida y obra de San José de Calasanz, nuestro patrono, fue ayer. Esta víspera hemos recordado al sacerdote aragonés que, en 1597, conmovido por la pobreza y la degradación moral en la que vivían numerosos niños romanos tras la muerte de sus padres en el desbordamiento del Tíber, fundó en la iglesia de Santa Dorotea del Trastévere la primera escuela pública, popular y gratuita de la edad moderna de Europa, la primera Escuela Pía.
Quería escribir una entrada sobre la figura del maestro. Me gustaría incidir en el particular perfil que tiene esta profesión, analizar el extraordinario paralelismo que encuentro entre el papel social de un buen maestro y un buen líder político. Siempre pensé que los maestros serían excelentes presidentes de un país en situación de crisis.
Poseen la actitud:
- Saben que su figura es importante, aunque la muchos la minimicen o infravaloren.
- Sienten que son necesarios, sobre todo para los más desfavorecidos.
- Son conscientes de que pueden cambiar el mundo desde la firmeza, la tolerancia y la paciencia. Saben que están educando la infancia del futuro.
- Saben que su figura es importante, aunque la muchos la minimicen o infravaloren.
- Sienten que son necesarios, sobre todo para los más desfavorecidos.
- Son conscientes de que pueden cambiar el mundo desde la firmeza, la tolerancia y la paciencia. Saben que están educando la infancia del futuro.
- Tienen claro que habrán de convencer, que será necesario negociar, castigar sin daño, retener y animar, reír y llorar aun tiempo...
Y tienen la experiencia:
- Han de lidiar con todo tipo de ciudadanos.
- Trabajar con materiales precarios. Saben de economizar y recortar en presupuestos (el de Educación siempre es escaso)
- Conocen de primera mano las necesidades de los desfavorecidos y las minorías.
- Son expertos en entusiasmar a las pequeñas masas infantiles.
Y tienen la experiencia:
- Han de lidiar con todo tipo de ciudadanos.
- Trabajar con materiales precarios. Saben de economizar y recortar en presupuestos (el de Educación siempre es escaso)
- Conocen de primera mano las necesidades de los desfavorecidos y las minorías.
- Son expertos en entusiasmar a las pequeñas masas infantiles.
- Deben sobrellevar el rechazo de algunos padres.
- Han de trabajar en equipo, programar, evaluar, corregir, explicar, sugerir, colaborar, proponer... Todo el campo léxico de la ética, las relaciones sociales, del gobierno y la participación, de la formación de la personalidad cabe en su currículo.
- Han de trabajar en equipo, programar, evaluar, corregir, explicar, sugerir, colaborar, proponer... Todo el campo léxico de la ética, las relaciones sociales, del gobierno y la participación, de la formación de la personalidad cabe en su currículo.
Un maestro en su clase se convierte en el hombre orquesta, en el mago que ilusiona a la audiencia, en le pícaro que seduce, en el actor que deslumbra, en el pirata que asalta corazones para depositar en ellos tesoros de papel de plata, en el capitán de un barco que luchará contra tormentas y travesías difíciles:
¡Oh, capitán! ¡Mi capitán!
Cuando el viaje haya acabado,
cuando en el puerto la gente
te busque para ofrecerte su agradecimiento:
tú estarás ya muerto,
caído y frío, agotado por la travesía.
Vivirás ya solo en el recuerdo
de tus marineros crecidos en cubierta.
lunes, 24 de noviembre de 2014
Rémoras.
En nuestro viaje por la vida también nos acompañan nuestras particulares rémoras. Pocos habrá que viajen ligeros de equipaje, casi desnudos como los hijos de la mar; como decía el poeta. Voy a hablaros de mis propias rémoras, mis personales parásitos.
Por un lado están las rémoras inanimadas e inútiles, los objetos que un día adquirimos y que finalmente no sirven para nada pero dejamos por ahí, por la pura pereza de quitarlos, de deshacernos de ellos. Algunos los veo a diario en mi hogar: la cubertería que nunca usamos, el dispensador de cerveza roto que jamás llegó a funcionar, o la llave del registro electrico que compré de hueco cuadrado cuando la necesitaba triangular... han pasado quince años y todavía la encuentro en el cestillo de la mesa de la cocina de vez en cuando.
Por otro lado, almaceno por doquier objetos potencialmente útiles pero con un costo de almacenaje tan alto que su conservación pierde sentido. Sin embargo ahí están: apilados en el garaje tengo una buena provisión de cables, tornillos, frascos, botellas, plásticos... Se hizo necesario construir un altillo para colocar todas las cajas que contienen esas rémoras útiles. No soy el único: mi mujer acumula también conservas, vajillas, ropa...
Dentro de la gigantesca ballena de los recuerdos también viajan las rémoras de tiempos pretéritos: los apuntes de la facultad, antiguos escritos, viejos libros, anticuados fetiches... Su valor sentimental justifica, quizás, su compañía. Siempre dependerá de como será mi travesía: si la travesía de la vida exige una mochila ligera, lo mejor será desprenderse de ellas.
Siempre es difícil deshacerse de las rémoras de los sentimientos. Se adhieren como lapas, se pegan como ventosas y nos arrastran al fondo. A veces hay que arrancarlas con dolor y dejan heridas...
Las rémoras del pensamiento se fijan profundamente en nuestra mente. Extirparlas exige delicadas operaciones a cargo de doctores expertos. Algunas rémoras llegan a apoderarse del puente de mando y dirigen nuestra navegación. Solo nos libramos de ellas con cirugía, con una pequeña carnicería, pero muchas veces se hace necesaria.
Quiero despojarme de mis rémoras. Despediré a mis huéspedes. Alzaré mi espalda encorvada por el peso de esta mochila llena de objetos innecesarios. Y seré ¡libre!
sábado, 15 de noviembre de 2014
Por el ojo de una aguja
(24) Y los discípulos se asombraron de sus palabras. Pero Jesús respondiendo de nuevo, les dijo: Hijos, ¡qué difícil es entrar en el reino de Dios! (25) Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el reino de Dios. (26) Ellos se asombraron aún más, diciendo entre sí: ¿Y quién podrá salvarse?…
Marcos 10:25
Siempre he desconfiado de los adinerados. Recelo de las naciones ricas, de los países de rentas altas... Bien puede ser que lo tengan ganado; pero también que lo tengan robado, bien sisado, incluso que lo hayas expoliado, despojado, desvalijado... o simplemente lo hayan defraudado al resto, a los demás. La mayoría de los ricos practican una especie de corrupción moral amparada por la ley. Al resto de adinerados sólo les justificaría poseer fortunas si estas son el instrumento necesario para ayudar al prójimo. En esto coincido plenamente con las palabras atribuidas a Jesús, en el evangelio de San Marcos.
Me parece descubrir muchas veces un cierto papanatismo, un secuestro moral tipo Síndrome de Estocolmo, en algunas personas que admiran el estado de bienestar de los países ricos sin plantearse críticamente cómo han llegado a él, cómo lo sostienen, quién paga en realidad su elevado nivel de vida. Hacen atribuciones al origen de su riqueza que, además de ser ingenuamente falsas, añaden una actitud de menosprecio por los que son más pobres: Lo son porque se lo merecen, porque no trabajan tanto, porque no son tan listos o no están tan preparados... Podemos ver esto desde todos los planos: a nivel internacional (valoremos los siguientes conceptos: primer-tercer mundo, inmigrantes, colonias, países PIGS...), nacional (estudiemos la cultura del pelotazo, los privilegios de los banqueros, la corrupción política...), autonómico (analicemos los estereotipos: catalanes trabajadores - andaluces vagos, vasco industrial - castellano labrador...), municipal (comparemos los barrios de Las Rozas - Vallecas...) y personal (pensemos en las actitudes entre familiares ricos-pobres...)
Si fuera posible me gustaría dar un paseo (con mascarilla) por las tripas de algunas sociedades. Una expedición endoscópica por sus finanzas ocultas, sus tratados secretos, sus acuerdos reservados... Me gustaría saber a quién venden, qué o porqué lo hacen. Me encantaría desvelar los negocios de sus bancos, airear sus registros... quizás no sean tan listos ni trabajen tanto, quizás son simplemente tramposos aventajados, ladrones de guante blanco, sepulcros blanqueados, hipócritas al fin.
Me despacho a gusto contra este tipo de depredadores monetarios porque me llega como una nausea la noticia confirmada de que el luxemburgués Jean-Claude Juncker, presidente del Eurogrupo, el mismo que imponía austeridad a Grecia, Portugal, o España, el que ejecutaba a los ahorradores chipriotas o ahogaba amistosamente a De Guindos; era el mismo Jean Claude Juncker que permitía en secreto aLuxemburgo, cómo presidente del país) llegar a acuerdos fiscales con numerosas multinacionales para que estas desviarán a su países buena parte de sus beneficios a cambio de impuestos más bajos, eludiendo así sus obligaciones fiscales en otros Estados miembros de la UE o en EEUU. El 1% recibido por la pequeña y adinerada Luxemburgo nos priva del 20% de lo que nos corresponde en justicia, pero sobre todo se lleva toda la riqueza a su terreno. Su altísima renta (una de las más elevada del mundo) pisotea desde su altura las rentas agónicas de millones de ciudadanos de otros países. Y entonces pienso que habrá quien le admire y mi náusea me hace vomitar.
jueves, 16 de octubre de 2014
Sonrisas dulces
Un niño que conozco es uno de los protagonistas de este vídeo de la Fundación Aladina: un vídeo genial. Os invitamos a verlo y a colaborar haciendo "clic". Por este sencillo gesto se produce una donación de 5 céntimos a la fundación Aladina.
(Ver en YouTube)
"Al margen de la donación por la venta del producto, Migueláñez sumará otros 5 céntimos de euro por cada clic en el spot solidario alojado en el microsite www.sonrisasdulces.com Los protagonistas del spot son Nerea y Héctor, dos niños con cáncer que actualmente reciben apoyo de la Fundación Aladina. En la ficción, los niños se encuentran ingresados en una habitación de hospital. Inesperadamente reciben una lámpara maravillosa que convierte sus deseos en realidad. La habitación, poco a poco, va albergando todos los sueños de los niños, desde el personal sanitario disfrazado de superhéroes a animales, música y bailes, pasando por la visita de un personaje muy especial. El objetivo del spot es concienciar a la sociedad sobre la importancia de apoyar y animar a niños y adolescentes con cáncer y a sus familias, “para que nunca pierdan la sonrisa”, como recoge el propio eslogan de la Fundación Aladina. Paco Arango, presidente de la fundación, y Mario Migueláñez, director general de la empresa, forman parte del elenco de actores que intervienen en el spot, que ha dirigido el propio Arango"
jueves, 25 de septiembre de 2014
Serial killer
Desde el comienzo de la vida, incluso los seres más inofensivos supervivientes han terminado con cualquiera de los otros que competían por los recursos: incluso por el inocente sistema de la asfisia, de la ocupación pacífica, pero masiva, del espacio vital. En el mismo instante de la aparición de la vida comenzó la guerra interminable por la subsistencia. Las cifras de muertos en esta guerra es incontable. Los mejores asesinos fueron los vencedores. En esta guerra se usaron todas las estratagemas imaginables: agresión física, química, alianzas estratégicas... En el proceso surgieron nuevos seres, nuevas especies con especial dotación para la guerra (muchos se integraron en otros seres para formar más potentes predadores). De esta simbiosis nacieron mejores killers. Estos matadores sofisticados alcanzaron cotas realmente espectaculares con los dinosaurios (aunque en menor tamaño millones especies inconquistables siguieron desarrollando habilidades para sobrevivir, y por lo tanto matar). Quizás ocurrió que entonces, un solitario y frío asesino espacial, una gran pedazo de materia inerte viajando en el espacio, vino a liquidar a la especie reina del planeta. Y con ella a numerosísimas especies más. Los supervivientes recomenzaron entonces nuevas guerras con distintos contendientes.
Hubo una especie que a duras penas sobrevivía:de piel delicada, frágil osamenta y débil musculatura; apenas resistía en el campo de batalla donde competían todas las especies. Presa fácil de los predadores, huidizo por naturaleza, subsistía gracias a la recolección y el carroñeo. Eran muy pocos y estaban condenados a morir tarde o temprano bajo los dientes de otros más dotados, o acaso lo hicieran devastados por enfermedades infecciosas (que son las guerras de los microbios killer), o también por potentes venenos, o quizás de hambre ante la fuerte demanda de unos recursos escasos... En el filo de la supervivencia, el Homo, se fue haciendo, poco a poco, con un arsenal insuperable. Empezó dotándose de unas herramientas morfológicas casi exclusivas como el pulgar en oposición que le dio la oportunidad de manipular los objetos a su alrededor o la bipedestación que liberaba un par de sus extremidades y le permitía una posición de vigía permanente. Enseguida comenzó a perfeccionar un arma poderosísima para la guerra psicológica: una gran inteligencia. Pronto sus soldados empezaron a inventar estrategias innovadoras, inventaron un lenguaje sofisticado y usaron eficientemente las comunicaciones como instrumento de caza de otras especies. Después aprendieron a esclavizarlas inventando la agricultura y la ganadería. Su tecnología inició un proceso formidable: en poco tiempo dominaron el fuego, construyeron grandes colmillos de piedra y fabricaron espinas voladoras. Quienes fueron unos pocos se expandían por continentes enteros. Las tribus que se separaron evolucionaron por su cuenta, cada una progresando a su manera, enfrentándose a la naturaleza y los otros seres vivos con diferentes artificios. Muchas sucumbieron. Otras se mantuvieron cientos de miles de años. Lucharon con otras especies y lucharon entre ellas. Posiblemente se mezclaron, posiblemente se asesinaron también. Al final desaparecieron todas menos una: el Sapiens. No se sabe quien eliminó a las otras tribus. No está resuelto el presunto asesinato del Neanderthal, pero de una u otra manera, parece inevitable pensar que fue homicidio: voluntario o no. La lucha por los recursos hace que comer signifique quitar la comida a los otros: ¿homicidio en legítima defensa?
Hace unos 30.000 años que las tribus del Killer por autonomasia habían acabado con todos los otros congéneres. Pero la lucha por los recursos y el complejo sistema de creencias (mitos) enfrentadas creados por su inteligencia hizo que volvieran la vista hacia sus semejantes. Las guerras intersapiens comenzaron y continúan hasta nuestros días. El despliegue de técnicas y artilugios bélicos, la sofistificación de estas guerras no tiene parangón. Paralelo a esto comenzó un genocidio biológico sin precedentes: el Sapiens Killer desencadenado sobre el planeta.
Hubo un tiempo atrás en que el ser humano cooperó con su planeta. Se respetaba y adoraba a las fuerzas de la naturaleza y por lo tanto se la protegía. Hoy, que las domina, se aprovecha de ellas simplemente: las respeta en tanto que le son útiles.
El ser humano tiene desde hace tiempo un grave problema: algo en su interior le impide reconocerse como especie asesina. Se esfuerza en manipular la historia y falsear las evidencias de un planeta moribundo. Es posible que la negación de su origen asesino sea una medida protectora contra el propio suicidio. La inteligencia nos hace comprender que si yo te mato a ti, tú u otro como tú me puede matar a mí también; que moriremos los dos. Puede que "la culpa", el horror de matar a un semejante, sea un mecanismo de higiene de la especie. Así, sustentados en el miedo nos respetamos, de momento...
O también es posible que nuestra inteligencia nos permita proyectarnos en los otros, hacerlos partícipes de nuestro propio yo y por eso nos protegemos. Cuando este mecanismo falla, cuando aparecen las guerras, rompemos este espejo que son los otros y en el que nos miramos. Después, ya vencedores (y todos los que vivimos somos vencedores) pintamos sobre el marco del espejo destrozado la imagen del otro que nos conviene: la del enemigo culpable. Así se ha escrito la historia. La escriben los vencedores.
jueves, 4 de septiembre de 2014
Nos hemos quedado hELAdos
Borja y su familia nos invitaron a los profes del SAED (Vicky y Jesús) a realizar un pequeño video pues querían participar en la campaña de mojarse con agua hELAda y colaborar de esta manera con la investigación de esta enfermedad y ayudar a los que la padecen. Este valiente gesto es su gran colaboración para alentar y colaborar en el estudio y curación de esta enfermedad.
Así que nos presentamos en su casa el día 2 de septiembre y grabamos su baño helado. Todos, en sus posibilidades, con un gesto, con un euro, con un poco de apoyo podemos colaborar.
Que no nos dejen fríos acciones ciudadanas como esta.
Como, probablemente, no conoceréis a esta familia, os transcribo un artículo del escritor Melchor Miralles escrito tras una visita a su domicilio.
"No la conocéis. Esther Pérez Carretero es una mujer de una pieza, como tantas hay en el mundo. Pero diferente a muchas, aunque parecida a otras. Esther está separada y tiene tres hijos. El mayor, Fernando, es un joven normal, de poco más de 20 años, como tantos otros chicos de barrio, inquieto, listo, bueno, paciente, si es que se puede calificar de normal vivir con lo que le ha caído a el y a su familia. Los segundos, gemelares, son Borja y Dani y tienen 15 años. Borja tiene una enfermedad degenerativa que ya le impide moverse de la cama. No tiene salida. Es un tipo simpático, encantador, ¡¡sonriente!!, bueno, luchador, hablador, que está al día y habla de su vida y de su dolor con un coraje y un sentido del humor que envidio. Dani es discapacitado psíquico y es autista. Se mueve sin parar, te observa, te sonríe, coloca sus muñecos en el suelo de la vivienda familiar y observa y escucha a su madre con amor.
A través de mis amigos del Hospital del Niño Jesús, de Akafi y de mi admirada Mónica Ortiz les he conocido y se de su sufrimiento. Estoy al tanto de su drama y quiero escribir de ellos como homenaje a una familia para quitarse el sombrero. Esther no puede trabajar porque ha de atender a sus hijos. La Ley de Dependencia no se ocupa de ella, como de tantos otros, como sería su obligación. A ella la escuchan pocos, intensa y cariñosamente, pero pocos, y la hacen caso menos aún. Pero tiene un hogar en el que se respiran amor y valentía. Habla con sus hijos sin ocultar un ápice de la realidad que viven. Se expresa con brillantez. escribe como un ángel. Despacha la vida con coraje y dispara reproches cargados de razón. Y a la vez te alegra la cara con su humor fino e inteligente de mujer curtida por el dolor vivido en carne propia. Es una madre coraje que me impresiona.
El otro día pasamos un gran rato con ellos, en el tuétano de su intimidad, en su cabo del miedo que ella y sus hijos han convertido en un paraíso ejemplar de cordura, coraje y lucha contra todo lo malo sin una pizca de resignación. Allí estuve con dos grandes personas,Santiago Segura y José Mota, por los que Borja, Dani y Fernandosienten devoción y admiración. Disfrutamos de las risas, del amor sin compasión, de la solidaridad sin concesiones a la miseria del alma. Y les escuchamos palabras bellas a los tres jovenes con derecho a quejarse de todo que no se quejan de nada y a la madre que lucha como Don Quijote pero frente a molinos reales cuyas aspas le dejan jirones en un alma buena en la que caben el amor y el reproche a tantos que se llenan la boca sin arrimar el hombro pese a estar obligados a ello.
Sólo quería que supiérais que Esther existe, que es una gran mujer, que vive en Coslada, que la admiro y que quería rendirle este homenaje público porque se lo merece. Y porque igual alguien con responsabilidad política y capacidad de tomar decisiones justas lo lea y se interese por ella. No necesita ni pide compasión. Reclama cosas sensatas a las que tiene derecho. Os dejo con un poema escrito por ella el día de la madre."
DIA DE LA MADRE.
A MI HIJO ADOLESCENTE
Esther Pérez
A mi hijo Fernando.
Hijo, me has hecho ver que soy terrible y radical
con mis sentimientos.
Soy mamá “gallina”, ¡lo siento!
Hijo, no me pediste nacer ¡y te tuve!
Antes de nacer ¡sabía que te quería!
Cuando te conocí ¡sabía que te amaba!
¡¡¡Hijo mío cuanto te quiero!!!
Se que te pido tanto como te doy.
Que te digo constantemente:los amigos se eligen,
tu familia te ha tocado.
Nos movemos y vivimos por sentimientos ¡hijo!
Ni tan siquiera por derechos.
Necesito saber que eres fuerte.
Empiezas a defenderte de mí.
Que te digo constantemente:los amigos se eligen,
tu familia te ha tocado.
Nos movemos y vivimos por sentimientos ¡hijo!
Ni tan siquiera por derechos.
Necesito saber que eres fuerte.
Empiezas a defenderte de mí.
Y yo estoy orgullosa de ello.
Muy a pesar tuyo, ¡se que eres fuerte! Te he
educado para ello.
¡Que me quieres y me respetas! Aunque te duele.
¡Que me necesitas! Aunque no lo reconozcas.
¡Que estás confuso! El amor es así.
Hijo, necesito tu vida, para sobrevivir.
Vivo gracias a tí.
¡Que me quieres y me respetas! Aunque te duele.
¡Que me necesitas! Aunque no lo reconozcas.
¡Que estás confuso! El amor es así.
Hijo, necesito tu vida, para sobrevivir.
Vivo gracias a tí.
Tu vida ha sido mi vida.
Gracias por tu felicidad.
Gracias a ella, hemos vivido todos nosotros, tu familia.
Aquella que no has pedido tener.
Pídeme la vida ¡que te la doy!
Pídeme el cielo ¡que te lo acerco!
Pídeme las estrellas ¡que te las ilumino!
Pídeme la luna ¡que te la llevo!
Pídeme el sol ¡que te lo alejo!
Hijo mío, cuanto te quiero.
Gracias por tu respeto y cariño.
Tus hermanos Daniel y Borja, y tu madre ¡que
tanto te quiere!
Gracias por tu felicidad.
Gracias a ella, hemos vivido todos nosotros, tu familia.
Aquella que no has pedido tener.
Pídeme la vida ¡que te la doy!
Pídeme el cielo ¡que te lo acerco!
Pídeme las estrellas ¡que te las ilumino!
Pídeme la luna ¡que te la llevo!
Pídeme el sol ¡que te lo alejo!
Hijo mío, cuanto te quiero.
Gracias por tu respeto y cariño.
Tus hermanos Daniel y Borja, y tu madre ¡que
tanto te quiere!
Soy madre de tres hijos. Y si me corto un dedo
los otros dos lloran.
Os miro y se que nunca me puedo morir.
¡Soy vuestra vida y vosotros la mía!
Mi amor a vosotros es irracional.
¡Que gran lección de supervivencia la vuestra!
No se esribir ¡cuanto os amo!
Murió algo de mí ¿mi alma? y nacio mi gran fuerza,
vuestra vida.
A mis tres hijos, gracias por darme la vida
Esther Pérez Carretero, aunque se que no te sirve de nada, sabes que tienes mi cariño, mi admiración y mi respeto formidable.
Etiquetas:
altruísmo,
ética,
justicia,
personajes
sábado, 5 de octubre de 2013
A Herodes se le cayó la d
La influencia del maestro (palabra con una carga semántica grandiosa, frente a la casi aséptica denominación de "profesor") en la mayoría de nuestras vidas es importantísima. Algunos son conscientes de ello y la rescatan en su memoria (como leemos en la carta de Albert Camus a su maestro Germain, el 19 de noviembre de 1957, tras recibir el premio Nobel de Literatura), otros quizás no lo recuerden; pero en todos laten sus enseñanzas, sus consejos, sus palabras de ánimo... así como en algunos también y por desgracia, la humillación de un capón, el rigor de una metodología extraviada o el adoctrinamiento imperdonable.
En estos tiempos, en que la ciencia y la historia ha demostrado con tanta claridad la trascendental importancia de la educación de las personas para el desarrollo e influencia de un país, para su sano gobierno; los políticos de turno se llenan la boca de alabanzas y reconocimientos a la tarea docente mientras por detrás cruzan los dedos recortando y esquilmando los recursos humanos y materiales, dejando en la estacada al pobre maestro con más edad y más niños; y estos a su vez más problemáticos y más hambrientos.
Soñé con ser científico o explorador, quise ser periodista, me contenté con -finalmente- ser maestro. Empecé mi trabajo con el entusiasmo de la juventud. Continué por más de treinta años cultivando todos los jardines, luchando en todas las trincheras. Ahora, cuando la jubilación que antes percibía cercana, se me aleja y emborrona como la presbicia que me aqueja, hago memoria. He convivido con maestros por centenares, en más de catorce colegios, en diez localidades diferentes, en todos los ciclos de primaria y alguno de secundaria, en todas las asignaturas (excepto religión e inglés). He conocido niños por millares, en todos los niveles, en muchas localidades. He dado clase a grupos de todos los tamaños: de varias decenas, de 4 ó 5, de uno en uno... y en todas partes he visto:
La devoción de casi todos los niños por la mayoría de sus maestros o maestras, la incontenible necesidad del abrazo casi siempre correspondido, la alegría compartida con sus compañeros de clase... Y también: la dedicación de la mayoría de mis colegas por sus alumnos, el eterno retorno a la ilusión cada principio de curso, el síndrome "de la pila agotada" al llegar a casa, el desconcierto de cambios caprichosos y continuos en la administración...
En el santoral escolar figuran santos extraños: desde San Viernes, patrón del desahogo y la euforia, hasta Santa Paciencia (tantas veces invocada), llegando incluso a mentar a San Herodes (patrón metafórico de maestros irritados y padres desesperados). Pero hay unos santos desconocidos que se enfrentan cada día con ese ejército infantil de necesidades e impulsos, de curiosidades y evasiones. A veces tienen mala fama, pero son auténticos y desconocidos héroes: a Herodes se le cayó la d.
martes, 1 de octubre de 2013
Exploradoras
Inspirado por estos insectos, reflexiono sobre las diferentes formas de atacar un problema que tenemos los seres humanos. Donde para algunos la línea recta es la opción evidente porque divisan la meta claramente (quizás porque ven el fin), algunas personas han de caminar al abrigo de las sombras. Tardan más, se pierden mucho, acaban más cansados; pero quizás en el camino encuentren una fuente escondida, un tesoro oculto, un paraje deseable... Esos insectos exploradores: hormigas, abejas, polillas, termitas... no son los eficaces productores de sus sociedades que trillan el camino común haciendo en cada paso más poderoso el rastro social a seguir, pero son necesarios; prácticamente imprescindibles. Estas predecesoras de vida solitaria, de peligrosa autonomía, gozan de la decisión, sufren la incertidumbre, escarmientan altruistamente para las demás. Mueren enseñando el camino o señalando la trampa.
sábado, 2 de febrero de 2013
Diez hombres justos
Entonces Jehová le dijo: Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo, descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré.
...
Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío? Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él
...
Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos.
...
Quizá faltarán de cincuenta justos cinco; ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad? Y dijo: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco.
...
Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta.
...
Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar a mi Señor: quizá se hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor a los veinte.
...
Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez.
...
Y Jehová se fue, luego que acabó de hablar a Abraham; y Abraham volvió a su lugar.
Y Sodoma ardió.
Y España se inflama al comprobar, con el ánimo hundido, cómo los hombres que debieron ser más justos son, por lo mismo, más infames.
¿Es que no hay ni diez hombres justos en este país? Los que se adueñaron de nuestros votos, los que los gestionan para sí, nos están haciendo creer que no. Pero, no es verdad, hay muchos hombres justos.
Todos lo sabemos. Nadie lo publica. El cónyuge, el compañero, el vecino, el familiar, el amigo, el desconocido... todo un ejército de hombres justos. El día se llena de gestos, de buenas acciones, que no se escriben en papeles, ni se guardan en cuentas Suizas. No nos dejemos engañar. El fango se genera en el interior del río revuelto y se acumula en los pantanos de la corrupción, pero en los arrollos el agua fluye clara aún.
Las pequeñas historias mueven el mundo, las maniobras de los mezquinos te venden la vida como un viaje gestionado por su empresa y te cobran el billete.
Yo sé que existen hombres justos. Los he visto muchas veces. Puedo contar sus pequeñas grandes historias: Mi tío Faustiniano que repartía las gratificaciones que le daban por su abnegada dedicación como secretario de una localidad palentina entre sus compañeros del ayuntamiento; la de unos padres pobres que devolvieron una maleta repleta de divisas que encontraron en un descampado; la más reciente de mi hermano Javi, de hace apenas unos días, que acoge en su casa a un sin techo proporcionándole una cama y regalándole un saco de dormir para que pasara mejor las frías noches burgalesas, la de una legión de voluntarios que dedican su tiempo y su dinero a ayudar a familias deshauciadas, niños enfermos...
No nos dejemos engañar: los hombres justos son legión. Pero no lo saben. El día que sean conscientes de ello, los malvados se quedarán sin argumentos: ¡No todo el mundo es corrupto!
...
Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío? Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él
...
Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos.
...
Quizá faltarán de cincuenta justos cinco; ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad? Y dijo: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco.
...
Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta.
...
Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar a mi Señor: quizá se hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor a los veinte.
...
Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez.
...
Y Jehová se fue, luego que acabó de hablar a Abraham; y Abraham volvió a su lugar.
Y Sodoma ardió.
Y España se inflama al comprobar, con el ánimo hundido, cómo los hombres que debieron ser más justos son, por lo mismo, más infames.
¿Es que no hay ni diez hombres justos en este país? Los que se adueñaron de nuestros votos, los que los gestionan para sí, nos están haciendo creer que no. Pero, no es verdad, hay muchos hombres justos.
Todos lo sabemos. Nadie lo publica. El cónyuge, el compañero, el vecino, el familiar, el amigo, el desconocido... todo un ejército de hombres justos. El día se llena de gestos, de buenas acciones, que no se escriben en papeles, ni se guardan en cuentas Suizas. No nos dejemos engañar. El fango se genera en el interior del río revuelto y se acumula en los pantanos de la corrupción, pero en los arrollos el agua fluye clara aún.
Las pequeñas historias mueven el mundo, las maniobras de los mezquinos te venden la vida como un viaje gestionado por su empresa y te cobran el billete.
Yo sé que existen hombres justos. Los he visto muchas veces. Puedo contar sus pequeñas grandes historias: Mi tío Faustiniano que repartía las gratificaciones que le daban por su abnegada dedicación como secretario de una localidad palentina entre sus compañeros del ayuntamiento; la de unos padres pobres que devolvieron una maleta repleta de divisas que encontraron en un descampado; la más reciente de mi hermano Javi, de hace apenas unos días, que acoge en su casa a un sin techo proporcionándole una cama y regalándole un saco de dormir para que pasara mejor las frías noches burgalesas, la de una legión de voluntarios que dedican su tiempo y su dinero a ayudar a familias deshauciadas, niños enfermos...
No nos dejemos engañar: los hombres justos son legión. Pero no lo saben. El día que sean conscientes de ello, los malvados se quedarán sin argumentos: ¡No todo el mundo es corrupto!
viernes, 18 de enero de 2013
Ministerio de competitividad
Sobre la fachada del 162 del Paseo de La Castellana, aún se percibe la huella de las letras metálicas de antiguos letreros que colgaban palabras como trabajo, economía, hacienda... Los políticos de los diversos gobiernos que los ocuparon se encargaron de poner el énfasis en las palabras más representativas de sus ideas, colgando y descolgando letras en un ritual que se ha escenificado recientemente con el gobierno del PP.
Asombra la prepotencia y seguridad con que luce el segundo sustantivo: COMPETITIVIDAD. Todo un ministerio fomentando, alentado, un pretendido valor.
Desde hace años, estos señores tan competitivos (ojito no te claven un cuchillo en la espalda por medrar a tu costa) hablan y hablan de competitividad. Hablan de educación y cargan las tintas sobre los mediocres resultados en las pruebas estandar internacionales... ¿Porqué callan que España ocupa el número uno en integración de desfavorecidos en el ámbito educativo? Esa buena puntuación no interesa. Elaboran una reforma y citan hasta cinco derivados de "competir" en el primer párrafo del preámbulo. Pontifican sobre competitividad los que, se demuestra judicialmente, fueron estafadores, ladrones, corruptos...
Pero lo que muestran sobre todo es su incompetente ignorancia: como malos estudiantes, como aquellos que no entendieron la lección, se han quedado con una visión simplificada de de la teoría de la Evolución: "Sólo sobreviven los más fuertes, los más preparados...". A los señores del PP que nos gobiernan se les ve el plumero ideológico hasta en los bautizos de ministerios recientes. Me tienta analizar las posibles connotaciones fascistas, aristocráticas o antisocial que insinúa esta palabra. ¿Qué pasa con los que no son "competitivos"? - me pregunto - y pienso en los enfermos, los pobremente preparados, los torpes...? -
Recuerdo un libro revelador que leí hace tiempo: "El Gen Egoísta" (1976) de Richard Dawkins. En esta obra el heterodoxo evolucionista inglés, explica las relaciones sociales: la agresión, la guerra de sexos, el racismo, el conflicto generacional e, incluso, la plausibilidad del altruismo como una pauta de supervivencia. Sí incluso el egoísmo es, analizado a nivel genético, una conducta egoísta de supervivencia. Para Dawkin, una conducta anticompetitiva, a la larga, deviene en un mayor éxito para la especie. El suicidio, por ejemplo, aparentemente es un fracaso evolutivo del individuo, pero puede ser vital para la supervivencia de la especie (recordemos las hormigas suicidas (Camponotus saundersi) que literalmente explota para defender el hormiguero rociando con veneno a sus atacantes.) Sus descripciones de las aventuras de los seductores pero promíscuos palomos que intentas aparearse con el mayor número de hembras (siendo selectivamente rechazados por ellas) es esclarecedora de que la supervivencia para las palomas tiene mucho que ver con no dejarse engatusar por estos galanes tan competitivos.
A estos seductores palomos del PP que quieren llevar al huerto (por segunda vez) a la paloma España, habrá que enseñarles que a base de competir no vamos a mejorar, ni a salir de la crisis; que lo que nos hará prosperar será la cooperación. Cooperación en la familia, en la escuela, en el trabajo; cooperación entre españoles, cooperación internacional...
Los profesionales de la educación, en cualquier programación escolar, escribimos decenas de veces aprendizaje cooperativo, cooperar para jugar, ayudar en la tarea, puesta en común, colaboración de todos... ¿Habrá que cambiar también esto en el currículo?
A todos estos que preconizan las excelencias de una economía ultraliberal en la que medren los más preparados, "los que más trabajan"... les puede deparar el destino la desagradable sorpresa de que "no son precisamente ellos" los más preparados. Son legión los humildes funcionarios cuya preparación es manifiestamente mayor que empleados en empresas privadas, maestros cuyo currrículo podría apabullar al maestro contratado en el colegio privado, médicos con mayor dedicación y méritos que los del hospital relumbrón de fama...
No se equivoquen señores del PP, que bautizan ministerios y filosofan sobre educación: el éxito de nuestro país estaría en un MINISTERIO DE HACIENDA Y COOPERACIÓN.
lunes, 3 de septiembre de 2012
La Princesa está triste...
La princesa está triste. ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
Tras enterarme de esta "trascendental" noticia no he podido evitar aprovechar el permiso de edición que amablemente Manuel me ha otorgado para escribir una líneas en su blog que versa sobre buenas prácticas deportivas, esforzados deportistas y de los valores del deporte en general. Porque lo que está ocurriendo con determinados personajes del deporte y "sus fans", clama al cielo.
¡Qué pena! ¡Qué desvergonzada congoja! ¡Qué doliente lástima! ¡Qué tristeza compartida!¡Qué aflicción! ¡Qué pesar! ¡Que dolor! ¡Qué amargura...! ¡Qué vida más perra esta donde no te comprendemos! ¡Qué injusticia la de un club ingrato, ruín, que apenas te paga...! ¡Qué insolidaridad de la gente que no entiende lo guapo, rico y maravilloso que eres!...
¡Qué tontos los que te escuchan! ¡Qué serviles los que te dedican un puesto de honor en los telediarios, al lado mismo de auténticas y dolorosas imágenes sobre la crisis, los incendios, la subida del IVA, los recortes...! ¿Has de darnos pena porque eres pobre de pedir, porque no llegas a fin de mes, porque eres tan maravillosamente bueno que "nadie" tiene el derecho de arrebatarte un sólo título?
Si hay algo aún más obsceno que tu "impúdico" fichaje es esta burda tragicomedia para conseguir un aumento. Si hay algo que me produce auténtica tristeza es tu, para mí, incomprensible éxito mediático. Porque lo que de habilidad deportiva tengas queda eclipsado por estas pagas desmesuradas, por tus declaraciones narcisistas, por tu mal perder, por tu intento grosero de manipular una hinchada entregada y ciega...Mi esperanza en la humanidad se resiente al contemplar como ésta adora a falsos becerros de oro. ¿Es que no se dan cuenta? Será posible que un presuntuoso individuo se intente apalancar una subida de sueldo chantajeándonos con "su pena" en estos tiempos? ¿Será posible la frivolidad con que los medios de comunicación prestan minutos a semejante exhabrupto? ¡Pena es lo que sienten los desempleados y parados de esta país! ¡Tristeza es lo que se siente por la pérdida de un ser querido! Las comparaciones son odiosas. Quizás, hace algunos años, podría considerarse una gracieta intrascendente (Ya dijo Esperanza Aguirre en tiempos que era "Pobre de pedir" ) pero hoy es un insulto sangrante que tiene consecuencias: Guillermo Collarte "no llega a fin de mes..." "Que se jodan (los parados)"de Andrea Fabra... ¿o no?
Mi Ronaldo está triste, qué tendrá mi Ronaldo
no celebra los goles, está falto de algo
y lo sabe el Madrid: ¿qué será? ¿Será oro?
a su pena nos llama, a su inmensa congoja,
Con ser rico y ser guapo, dos inmensos tesoros,
a su ego no basta... ¡Me la trae muy floja!
Etiquetas:
altruísmo,
humor,
personajes,
tristeza
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



.jpg)












