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domingo, 29 de julio de 2018

Parábola del jardinero


Yo tuve por profesor a Miguel Ángel Santos Guerra hace muchos años en Tui allá por 1973-74, cuando era profesor de filosofía en el instituto de esa localidad pontevedresa. Después, por circunstancias de la vida, perdí su pista. Su influencia, aunque él  posiblemente no lo sepa, fue grande para muchos de los que convivimos con él, de alguna manera le hemos tenido presente en numerosas ocasiones. Recuerdo incluso haberme acercado hasta su casa con un compañero con ánimo de  visitarlo cuando era director de un colegio en Madrid (en los años 81-82, creo recordar). Yo había aprobado las oposiciones a maestro en el 80 y,  junto con otro de sus antiguos alumnos que conocía su dirección, nos presentamos en su casa; pero no había nadie. Desde entonces no había vuelto a tener noticias suyas hasta que un día encontré en la web "La fábula del pato". Se trataba de un muy ilustrativo cuento sobre el valor de la la diversidad en la escuela. Lo leí con interés y me pareció muy original y acertada la forma en que acercaba el tema a quienes son profanos  en materia de educación.  Después encontré otros textos que fui recopilando: "Carta a una señora de la limpieza", "Carta a un conserje"...  

Me gustaron aquellas parábolas que, al bíblico modo, acercaban los conceptos educativos a los no iniciados.

Hoy, Miguel Ángel, toca un tema que se presta a la parábola. Es verano y desde mi jubilación dedico un rato diario a mi pequeño jardín.  Casi inmediatamente surgió en mi cabeza la metáfora del jardinero.  La escribo a vuela pluma y admito que es un ejemplo trillado y nada original. Pero viene al caso.


" La parábola del jardinero"

El jardinero  siembra, esperanzado,  una de sus semillas más prometedoras. Piensa entonces  que adquirirá las formas y colores imaginados; pero la verdad es que ella crecerá como le de la gana. 

El buen jardinero espera, porque sabe que la planta está sana y conoce la evolución de las de su especie, que crezca de una manera armónica a su naturaleza. Y lo normal es que así sea; pero se equivocará si pretende convertirla en lo que no es. Lastimará su destino si alambra su tronco, poda excesivamente sus ramas y reduce la maceta a un mínimo cuenco donde las raíces se oprimirán en mínimos espacios. Si  pretendía mantenerla en su etapa infantil se encontrará finalmente con un delicado bonsai, pero ese no era el destino de su planta.     

Para que su planta alcance su  plenitud  debe darle los cuidados necesarios, que serán los justos: el sol y la sombra adecuada, el abono conveniente, el agua necesaria... todo ello ni más ni menos de lo preciso. Y, de esta manera, la mayoría de nuestras semillas germinarán y crecerán hermosas. 

Pero en su crecimiento pueden aparecer circunstancias que alteren su desarrollo. A veces ocurre que nuestra semilla está enferma,  es defectuosa,  sufrió daños durante su almacenamiento o al ser plantada. Entonces nacerá una planta singular que también puede ser portadora de singular belleza  aunque sea más pequeña, con menos flores o de formas menos espectaculares;  pero seguramente merecerá la pena y, cuando la mires, encontrarás una cualidad  especial y te admirarás de su valor de supervivencia.  

Otras veces tendrá que vivir en un jardín tan denso, tan competitivo entre pares, que quizá no pueda desplegar completamente su ramaje, o sus raíces tengan que pelear contra las otras por los escasos nutrientes. En este jardín tan selectivo quizá no sobrevivirá o puede que lo haga afectada de un raquitismo que la convertirá en un vegetal  mustio y frágil. 

En toda ocasión el jardinero tendrá, además, que estar atento a las enfermedades y plagas que pueden afectarla. Son situaciones que, si no son curadas a tiempo y con determinación, pueden dar al traste con un ejemplar perfecto. A veces incluso precisarán de amputaciones y tratamientos lastimosos pudiendo llegar a ser radicales en algunos casos.   

Con el paso del tiempo, el jardinero observa satisfecho como su planta crece, como toma completamente el mando de su destino. Sus raíces están bien asentadas, su ramaje es fecundo. Con su aparato radical, bien profundo, es capaz ya de conseguir agua por sí misma. Está bien protegida por su resistente corteza. Demuestra ya su fortaleza contra las enfermedades. Despliega su arborescencia de forma espectacular y una explosión de brotes, flores y frutos ilumina sucesivamente las estaciones de su vida. 

El jardinero disfruta de la planta que él ayudó a crecer. Y ella le corresponde generosa con su sombra y comparte sus frutos.  "

miércoles, 8 de febrero de 2017

Los sonidos del silencio



Entre el sonido del silencio
en los sueños sin descanso caminé solo...

...y tocó el sonido del silencio
y en la luz desnuda vi
diez mil personas, quizás más, 
gente hablando sin hablar
gente oyendo sin escuchar...

Nadie se atrevió a perturbar
el sonido del silencio...

Retomo esta vieja entrada inconclusa. Me sorprendo por el título elegido: ¿Los sonidos del silencio? ¿Acaso pretendía comentar en aquel día la bellísima canción de Paul Simon? Decididamente no. El título del artículo se escapa del  pretendido juego de contrastes para describir una cruda ralidad: No existe el silencio para mí: mi mundo no se calla, unos sonidos irritantes ocupan el vacío y lo llenan de algarabía, bulla, alboroto, confusión...

De  pronto siento curiosidad. Escucho de nuevo la canción. La escucho entre el ruido blanco que produciría el estrépito del Universo: oigo su melodía envuelta en el chirrido de un chorro de vapor y, con ayuda de la imaginación y los recuerdos, la recompongo bellísima allá en la corteza temporal, en el lugar del córtex donde se filtran los ruidos y se integran las sensaciones auditivas con los recuerdos sonoros. 

Y presto atención por primera vez a la letra. Una letra que intuía, pero nunca leí. Una letra que habla de noches sin descansos, de gentes que oyen pero no escuchan, de cobardes que no se atreven a luchar contra los sonidos del silencio, contra el fragor insoportable del silencio...   

No celebro mi aislamiento. Reconozco mi instinto social. Sé que necesito la convivencia, el intercambio de opiniones, la conversación... Pero, como a muchos otros de la raza no elegida, las barreras que se alzan me obligan a la reclusión interior, a la pobreza de ideas, a la afectividad reducida.  

¡Ah, el sonido del silencio! ¡La real, la física y demostrable ausencia de sensaciones: la nada sonora, el vacío de  ruidos en la antesala del sueño...! Lo recuerdo muy bien. Pero eso antes de que un nuevo compañero de cama y de vida decidiera acompañarme a perpetuidad. El tinnitus llegó para quedarse. Desde entonces vivo acompañado de su cháchara incesante: convivo grillado en su compañía, habito en la cabeza de un boxeador sonado que apenas escucha la campana del ring.

Yo debería haber muerto. Algún tigre dientes de sable me habría devorado al no despertar ante los leves ruidos de su cercanía. Soy producto de una evolución fallida. Tengo un sentido percutido a continuidad, nada resolutivo en los matices. Mi tigre dientes de sable se pasea eternamente a mi alrededor y ya me he acostumbrado: de  hecho me devora continuamente.

Busqué hace tiempo, y encontré, alguna medicina para mi mal. Nada químico, los fármacos no pueden llegar muy lejos: si matas el ruido solo sobreviviría el silencio... para siempre. La medicina pasa por engañar los acúfenos, por distraer al cerebro con ruidos alternativos (en la variedad está el gusto). Mi silencio es llenarme del sonido de la lluvia, del fru-fru del viento, del run-run de los ventiladores, del murmullo del agua... O practicar la desconexión auditiva: hacer "OFF" en el botón neuronal de la atención a este sentido. Aprender a relajarse, centrarse en otros sentidos, en recuerdos, en visualizaciones agradables o simplemente diferentes de las asociadas al estrépito  habitual... Convertirse en un soñador virtual. 

¿Y qué hacer con mi difícil vida social? No acepto la opción de escucha inútil. No me presto al juego del florero decorativo en la conversación. Me apunto, cuando es posible, a la comunicación en las distancias cortas, a las relajadas charlas de café en pequeño grupo. Huyo espantado del bullicio de los bares, me aparto de las conversaciones vocingleras, me deshago de quién me obligan a oír su ininterrumpida verborrea altisonante...  Cultivo la comunicación virtual (esto que ves, amigo mío, es una confesión que te hago, una confidencia que comparto), me abono a la lectura y la escritura, a la correspondencia epistolar... Y en el necesario cuerpo a cuerpo del trabajo diario practico la sabiduría de precepto árabe: "Si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña" y me acerco a mis semajantes para poder conversar. Muchos kilómetros sumando pequeños paseos para conseguir la cobertura necesaria para entenderte.  

Pero no puedo abandonar la sensación de que camino solo por este sendero. Creo que nadie, excepto quienes lo padecen, entiende las dificultades y torpeza de mis pasos: 

"Entre el sonido del silencio
en los sueños sin descanso caminé solo..."

martes, 7 de junio de 2016

Caminos errados


El pez nada por el camino de la flecha de agua.
El halcón vuela siguiendo la recta estela de una saeta  imaginaria.
El  buitre planea majestuoso bajo el horizonte de nubes. 
La serpiente pasea su curva mirada por el mundo desde su camino sinuoso.
El caballo galopa en la llanura guiado por la veleta de su cola al viento.
El río se gira lenta, suavemente en sus meandros.
El árbol crece desplegando sus ramas en fractal arborescencia.
La lluvia se dispara intermitente en ráfagas de ametralladora de agua.
La cascada se arroja al vacío en parábola perfecta...

Solo los hombres vagan como borrachos por el mundo. 

sábado, 2 de abril de 2016

La vida sentimental de los patos


Al otro lado del río Vena una pareja de madre e hija (como de 35 y 8 años, respectivamente) charlan y se ríen mirando los patos que nadan en el río. Yo estoy acompañando a mi madre en este día de sol radiante, un regalo de luz y calor en la estrenada primavera de marzo. Entonces, la madre, hace un gesto de saludo hacia nosotros. Mi madre le responde y la saluda desde nuestra orilla. Ellas se dirigen al puente cercano para acerarse y charlar un rato con nosotros. Mientras llegan, mi madre me cuenta que es una vecina del bloque. Se llama Gisela, es brasileña y que se gana la vida (su marido está en el paro) limpiando casas y cuidando a personas mayores.

Cuando llegan a nuestro lado se ponen a charlar animadamente con nosotros. Gisela se muestra alegre y extrovertida (mi madre me dice luego, ante mi asombro, que normalmente habla muy poco con los vecinos). Recuerdo algunos contenidos de la conversación: su prevención ante el partido de Podemos si llegara al poder, la necesidad de educar con cierta firmeza a los niños (su hija, allí presente, asiente con la cabeza mostrando su absoluto acuerdo) llegando incluso a darles algún tortazo si llega el caso ("que a mí, -añade- mi madre me los dio y me vinieron muy bien"), la vida y salud de conocidas comunes,  la crisis en Brasil y Venezuela... Pero lo que más me sorprendió fue la conversación que, de vez en cuando, mantenían madre e hija a propósito de los patos del río y su vida sentimental. Tenían identificados perfectamente cuáles de esas aves frecuentaban esa zona, incluso les habían puesto nombre. Les observaban permanentemente:

- Mira, la pobre patita está ahora sola, no ha venido su novio...
Luego exclamaban, alborozadas, cuando aparecía en vuelo rasante su pretendiente y se colocaba junto a ella:
- ¡Ya ha llegado! Mira como la corteja...
- ¿Ves lo que hace? La acaricia con el pico ¡Ella no quiere!

Y esperan expectantes que el esforzado cortejo del pato de resultado:
- ¡Se van, se van río arriba, los dos juntos! ¡Mira cómo se quieren!
Los patos nadan a contracorriente ascendiendo río arriba unas decenas de metros... Después el pato macho se aleja volando dejando sola a la pobre pata y la pequeña Ainoa, triste, vuelve la cabeza buscando otras parejas río abajo.

- Mira, llega otro pretendiente para la novia - le advierte su madre a la pequeña-. Un nuevo pato se ha posado junto a la pata solitaria que empieza a agitarse sobre el agua.
-¡Vuelve su compañero! - grita la niña mientras con un rápido batir de alas el macho celoso se coloca tras el nuevo pretendiente y lo acomete con furia...
- ¡El otro se ha ido! ¡Mira como se aleja! ¡Ha vuelto el novio...! -comentan alborozadas.

Yo, escucho fascinado, esta conversación asombrado de su afinado conocimiento de la vida sentimental de las especies (también hablaron de la nuestra: La madre se casó con su marido a los siete días de conocerse: ¿para qué esperar más? -explicaba- Ese era el momento del clímax del amor...

En cierto modo, siento envidia, de esa intensa percepción de los afectos. ¡Pero... si yo no sabía distinguir siquiera el sexo de los patos del río!

miércoles, 23 de marzo de 2016

El amor más allá de los cincuenta.


Joven, no tengo nada que envidiarte... el amor a los 50 es más dulce, más sereno... ahora sé muy bien lo que quiero y lo que no.
En el último cartucho apuntaré bien. Tengo fijado hace tiempo el objetivo de la vida. El disparo preparado tantos años no fallará. Pero si me equivoco lo haré a gusto, el fracaso será dulce.

Amor  mío: no te puedo dar mediodías, pero sí atardeceres, el pavo real se quedó en real hace muchos años. Te puedo dar abrazos lentos, besos como brisas, caricias delicadas. Escucharemos música de los 80 con la boca torcida,  con la voz arrastrada: Nena, ¿qué quieres bailar?, Tengo los viejos LP. Pongamos las 33 revoluciones: los surcos están rallados, pero suenan cálidos; cambiaremos el rock por el viejo acordeón,  caeremos enamorados de la moda senior...Tomaremos un triple seco, dejaremos las burbujas. Pondremos el dial en las frecuencias bajas, en los tonos graves...

Igual me gusta la luna, lo mismo prefiero la lluvia, quizás prefiera decirte: no te desnudes todavía...


domingo, 14 de febrero de 2016

Amistad


El amigo de todo el mundo no es un amigo.
Aristóteles (384 AC-322 AC) Filósofo griego. 

"Deben buscarse los amigos como los buenos libros. 
No está la felicidad en que sean muchos ni muy curiosos;
sino pocos, buenos y bien conocidos."
Mateo Alemán (1547-1613) Novelista español.


Yo no quiero tener un millón de amigos, son demasiados. Me basta un puñado: que les pueda contar y conocer como los dedos de mi mano. Y si la amistad escasea, al menos uno.

  • Un amigo para reír, y también para llorar; que las lágrimas se vuelvan dulces en su compañía.
  • Un amigo para soñar mis sueños, los suyos y los sueños compartidos.
  • Un amigo para descubrir, para mostrar los misterios, para revelar los secretos que nos angustian. 
  • Un amigo para  luchar, que dos junto formaremos un ejército formidable contra la adversidad.
  • Un amigo para querer, que el amor se evapora si no se emplea en regar las vidas ajenas.
  • Un amigo para compartir, para saborear juntos los sabores de la vida. 
  • Un amigo para ayudar, para sostenernos mutuamente, para apoyarnos ante los traspiés que damos por la vida.
  • Un amigo para abrazar y sentir el doble latir de los corazones juntos.
  • Un amigo para curar, un amigo-medicina que sane el alma enferma de tristeza. 
  • Un amigo para reprender y para alabar. Un amigo para decir...
que sí, y que no;
que te equivocas y que te perdono;
que no te juzgo, aunque te advierto;
que me importas, pero tú decides;
que tienes razón y que no la tienes;
que eres así y que has de cambiar...
Un amigo, o una amiga...

Un amigo, o dos, o tres... o algunos más: Pero no demasiados, pues tantas cosas no pueden hacerse en multitud. Si es así,  habrás degradado la amistad al simple grado de los conocidos.  

Un amigo en la vida es mucho. 
Dos son demasiado.
Tres son imposibles.
Henry Adams (1838-1918) Escritor y historiador estadounidense.

sábado, 6 de febrero de 2016

La caverna


Condenado de por vida en la caverna, un tal Platón, me reveló el secreto del conocimiento. Las sombras de la caverna pasan ante mí pero la vida transcurre a mis espaldas. Mis pequeños talentos se proyectan gigantescos sobre las paredes, mis sueños grandiosos se alimentan de la sombra gigantesca de pequeños ídolos de barro amplificados por la hoguera de mis vanidades.

La vida es solo eso: sombras chinescas sobre la pared. Y cuando se apague su llama, sólo quedarán pálidos recortes de papel bailando una torpe danza de pequeñeces.

viernes, 5 de febrero de 2016

Sin huellas.




Me gusta transitar por la senda de los caminos perdidos. Y, en pasando, borrar las pisadas. Pasear por la orilla del mar, sabiendo que las olas a mi espalda borrarán mis huellas. Arrastrar mis pies sobre las dunas mientras la brisa del desierto repara la herida de mis pisadas en su piel de arena. Escalar las cumbres sin campamento base, sin robar su áspera belleza.

Porque, amigo, los caminos son de todos, la playa no tiene dueño, la arena no puede comprarse, la montaña posee ella sola su belleza. Yo las visito. Les doy las gracias. Y sigo mi camino.

lunes, 4 de mayo de 2015

Pensamientos 2.


Demostrando a Dios

El Universo en una pelota de tenis: la ciencia nos conduce a conclusiones inconcebibles.
Solo la nada tiene lógica. La existencia preocupa porque es absurda. ¿Por qué ha de existir algo?
La simple existencia de algo es la prueba de Dios. La conciencia de su existencia es la prueba del hombre. Que use el verbo ser lo legitima.