martes, 21 de febrero de 2017

Chiste gráfico 2


Chiste gráfico 3

Diferentes visiones del congreso de Podemos (Según Iñigo Errejón y Pablo Iglesias respectivamente)
VISTATRISTE II                                 VISTALEGRE II

Fin de la película

Tres cursos pasan ya en un cole nuevo. Un colegio de vivos colores donde el azul luce con preferencia como homenaje al antiguo centro "Los Azules" del que es heredero. Un colegio moderno, con profesorado renovado y muebles nuevos. Un centro con pizarras digitales, amplio gimnasio, joven huerto escolar y patio hermoso que es a la vez un magnífico mirador sobre Arganda y el Jarama.



Atrás quedaron el urgente desalojo por sustentación inestable de los viejos muros, el improvisado traslado de alumnos y materiales escolares, el año de provisionalidad en un centro ajeno en situación de realojo (aunque eso sí, con condiciones de alquiler muy ventajosas para aquel centro privado). Muy lejos están ya los problemas para expurgar y seleccionar en una semana (y sin dejar de impartir clases) el material didáctico acumulado en medio siglo de docencia, encontrar una empresa de mudanzas económica, instalar los materiales a toda prisa en el nuevo centro, coordinar el uso de espacios comunes (solo de "los permitidos", por supuesto), el ajuste horario para no coincidir con los alumnos "de pago", el transporte en autobuses cada día, los patios minúsculos, el deficiente uso de la calefacción, la complicada convivencia...

Ahora, el San Juan Bautista, va por el tercer año de su nueva etapa con edificios nuevos y equipo directivo renovado. Las jubilaciones han dado paso a nuevos maestros y, donde falta la experiencia, se compensa desarrollando actividades y un trabajo diario que anime al alumnado  y le haga sentirse orgulloso de su pertenencia al centro.

Terminó la película, rodada a toda prisa, del Nuevo San Juan. Del colegio llamado "Los Azules", tan cercano al cielo que le robó su color. Como antiguo profesor que allí estuvo le deseo una larga y provechosa vida.

lunes, 20 de febrero de 2017

jueves, 16 de febrero de 2017

El muro


En el año 2021 se alcanzó la culminación del caos. El país resultaba ingobernable.  El presidente, compulsivo, firmaba improvisados decretos que los jueces revocaban a las pocas horas. La urgente legislación se empantanaba ante parlamentarios irreconciliables. El resto de países asistía estupefacto al desmoronamiento del país insignia de la democracia. En el mundo, la escalada de provocaciones y amenazas, rompía el delicado equilibrio de una paz siempre inestable.  Al final, en el último peldaño de la estupidez, algún presidente narcisista apretó el rojo botón nuclear. Un paraguas de estelas humeantes se desplegó sobre aquella nación invicta. Los satélites captaron el brillo de las explosiones sobre las ciudades, los cuarteles, los puertos... Millones de personas, caminando, se dirigieron al sur buscando una salida para aquel infierno. Ante ellos se alzaba un largo y alto muro de hormigón coronado por cortantes concertinas. Aquella multitud, detenida ante él, se preguntaba estupefacta:
- Pero... ¿Quién ha puesto este muro aquí?

martes, 14 de febrero de 2017

A un San Valentín desconocido



Hubo un tiempo en que un emperador romano quiso prohibir el amor. Claudio II, "El Gótico", lo prohibió a sus soldados pues pensaba que resultaba incompatible con la carrera de las armas; así pues, estaba vedado a los soldados el casarse. Según cuenta la leyenda un médico-sacerdote romano, llamado Valentín, se atrevió a contravenir la orden y se dedicó a casar a los jóvenes soldados a escondidas. Terminó pagando su osadía con la vida. Justamente fue decapitado el día 14 de febrero del año 270 DC tras sufrir una severa paliza y ser apedreado. Este santo legendario fue retirado del calendario ante la sospecha de que su historia obedeciera, en realidad, a una leyenda que adaptara el origen pagano de arraigadas fiestas ancestrales celebradas en estas fechas desde la remota antigüedad: están documentadas estas celebraciones en la antigua Sumeria hace más de 5000 años, las fiestas en honor a Apis, en Egipto; las bacanales bajo el auspicio del dios Baco, en Roma; o las famosas lupercalias romanas. Estas tradiciones milenarias estaban tan firmemente enraizadas en la cultura popular que la Iglesia Cristiana solo pudo contemporizar con ellas asimilándolas a sus propios ritos y relajando la observancia de las normas religiosas so pena de rebelión irreprimible de sus fieles.

Hechos asombrosos concurren en esta fecha: se cuenta que en este día florecen los almendros y los pájaros empiezan su rito de apareamiento. Desde hace muchos siglos (está documentado desde antes del año 1400) los amantes se intercambian tarjetas con mensajes emotivos y cariñosos. En muchos países europeos existen costumbres curiosas para este día: en Italia algunas mujeres solteras se levantan antes de amanecer en el día de San Valentín y se ponen frente a la ventana esperando a que un hombre pase; piensan que el primer hombre que vean se casará con ellas. En Dinamarca la gente envía a sus amistades flores blancas prensadas llamadas “gotas de nieve”. Los niños ingleses cantan canciones especiales para la ocasión y reciben regalos. En el francés normando la palabra “galantine” suena como “valentín” y significa: gallardo o amante...

Este santo tan popular, adoptado con entusiasmo por todos los amantes corazones, ha tenido que multiplicarse en la historia para poder satisfacer tanta fidelidad. Existen Valentines en muchos lugares: el citado médico romano de la época de Claudio II en Roma, el Obispo de la ciudad italiana de Termi en el s. XII, un obispo enterrado en Mais, en el Tirol italiano; un San Valentín en Hamme, Bélgica, fue extraído también de las catacumbas de Vía Flaminia y donado por Gregorio XV; hay otro, cuyo cuerpo se conserva en Baga, Asturias y la cabeza de ese mismo en Toro; uno más en Annency además del de Socuéllamos, en Albacete, que fue extraído del cementerio de San Calixto... Por otro lado, el segundo Domingo de Pascua, los jesuitas de Gante veneran a un San Valentín extraído de las catacumbas de San Ciriaco. En Volsberg, Austria, se expone un hueso del santo y la cabeza de otro se venera en Gemmeti, Francia. A estos hay que añadir el que se expone en la iglesia de san Antón, de Madrid (PP. Escolapios) en la calle Hortaleza, que tienen un corposanto con los huesos de otro San Valentín. La lista no se acaba ahí; a estos hay que añadir que el martirologio pseudo-jeroniminiano menciona aparte de estos San Valentines, a otro más, también celebrado el 14 de febrero: “en África, San Valentín y 24 soldados, mártires”, de los que nada se sabe...


Por si fueran pocos, además de todos estos valentines citados, tenemos uno en Molina de Aragón (Guadalajara) ¡Y con todos sus papeles en regla!. Lo encontré en el oscuro rincón de una de sus iglesias durante una visita a la localidad. Ante su urna de cristal se amontonaban cientos de valentines portadores de votos y promesas de amor. Delante de la caja acristalada de las reliquias, no podía creer que se tratara de un auténtico San Valentín ("será una copia", -pensé-), pero, tras documentarme, me sorprendí al encontrar información muy concreta sobre estos restos. El cuerpo fue examinado por un comité encargado al efecto el día 13 de julio de 1850 y se certifica (hasta donde era posible certificar algo) la autenticidad de la reliquia.

Lo cuentan Ángel Ruiz Clavo y Santiago Azpicueta Ruiz en su obra Reseña histórica del cuerpo de San Valentín Mártir donado por la marquesa de Villel a Molina de Aragón, editado en 2011:
"... El hecho, que se describe paso a paso, comenzó el día 29 de octubre de 1849, cuando don Juan Antonio de Fillaver y Taberner, VII marqués de Villel, comunica al cabildo de curas y beneficiados de Molina, la noticia de que su madre había legado a dicha corporación el cuerpo de san Valentín, y que lo pondría a su disposición en Valencia o en Zaragoza -preferentemente en esta última ciudad-, noticia que los molineses acogen con el natural agradecimiento hacia sus benefactores... 
...A primeros de enero de 1850 se recibe en Molina una copia de la Auténtica, además de otras noticias llegadas directamente de Roma. El marqués propone al cabildo, y éste acepta, el mes de abril próximo como fecha para el traslado del cuerpo a Molina, en cuya parroquia de Santa María del Conde debía ser depositado...
... Se establece la diferencia entre los diversos “san Valentines” existentes, siendo el que se trata en el libro, conservado en Molina, el “Valentín adolescens o el joven”, ya que debía contar de 17 a 30 años en el momento de su martirio...


Reconforta tener un San Valentín tan cerca de casa. Notario de promesas de amor, de emotivos valentines, tan falsos quizás como las reliquias multiplicadas y, en todo caso efímeros como los cuerpos mortales aunque santificados; nuestro santo particular velará por los afectos hostigados por el paso del tiempo. Y, sin embargo, me rindo a impulsos ancestrales y deposito un breve mensaje de amor: sobre una humilde hoja arrancada de mi libreta, dibujo un tosco corazón y escribo unas palabras de amor dedicadas a quién yo más quiero.

Monacatus

Estoy terminado antiguos trabajos de edición pendientes. Este data nada menos que del 2011. Pero quería terminarlo. Y aquí está. 


Por fin, el 8 de agosto, pude visitar una de las exposiciones de "Las Edades del Hombre". Le había echado ganas a ver una de esas exposiciones que desde hace años se instalan en algún hermoso recinto religioso de Castilla León y que son surtidas con los valiosos ejemplares que albergan las once diócesis católicas de Castilla-León  (la riqueza patrimonial de esta autonomía abarca el 50% de todo el arte sacro de la nación).

Las exposiciones Edades del Hombre han visitado ya numerosas localidades: Valladolid, Burgos, León, Salamanca, Amberes, El Burgo de Osma, Palencia, Astorga, Zamora, Nueva York, Zamora, Ávila, Ciudad Rodrigo, Ponferrada, Soria, Medina del Campo y Medina de Rioseco. El ciclo expositivo llega ahora a Oña, Burgos, y ya ha superado los 10 millones de visitantes desde que se iniciara en 1988 en Valladolid.

Son todo un acierto los lugeres donde se instalan las exposiciones. En esta ocasión la exposición se instala en tierras burgalesas concretamente en la comarca de Las Merindades: Allí se encuentra El Monasterio Benedictino de San Salvador de Oña que acaba de cumplir un milenio. Efectivamente, se cumplen ahora mil años de la fundación del Monasterio de San Salvador (1011) por el Conde de Castilla Sancho García, nieto de Fernán González. El recinto albergará de mayo a diciembre la exposición por su valor cultural y su relación con la monarquía medieval, como muestran las tumbas de los reyes Sancho III de Navarra y Sancho II de Castilla sitas en el monasterio. Debemos recordar que Burgos fue sede de una de las primeras ediciones de este proyecto cultural en 1990 con la exposición: "Libros y Documentos en la Iglesia de Castilla y León", instalada en su catedral. En la nueva etapa del proyecto de Las Edades del Hombre se han buscado sedes no catedralicias buscando la revalorización del territorio y la utilización de lugares monumentales de significación relevante. En esta ocasión el visitante de 'Monacatus' podrá disfrutar de toda la comarca de la Bureba, de la que Oña ejerce de foco cultural y natural junto a los conjuntos históricos de Frías y Poza de la Sal y sus imponentes castillos; o la villa de Briviesca, con sus distintos hitos monumentales. Unos atractivos que se pueden prolongar a toda la provincia burgalesa. 

La gran novedad expositiva de esta edición reside en la cuidadosa puesta en escena donde jugará un papel importante la captación del mensaje por medio de los sentidos y de las vivencias en el contexto de la muestra. Integra contenido fotográfico, manifestación artística que hasta ahora no había tenido cabida en anteriores ediciones.

La exposición la forma seis capítulos y 138 piezas que abordan diferentes aspectos de la vida contemplativa, la vida cotidiana, la oración, los fundadores de órdenes y monasterios o la relación entre monarquía y monacato a través de sus propios objetos o de la visión de artistas de la talla de Zurbarán, El Greco, José de Ribera, Gregorio Fernández o Francisco de Goya. Agustín Lázaro es el Comisario de la exposición Monacatus.
En el Capítulo I con el tema Cristo como origen, fortaleza y término de toda vocación religiosa encontramos temas iconográficos seleccionados conforme a los comentarios de Juan Pablo II acerca de la vida consagrada.
El Capítulo II presenta los personajes bíblicos y los santos que marcharon al desierto, personajes históricos de Castilla y León y de Burgos, en particular, que se retiraron del mundo buscando un camino de mayor perfección cristiana, viviendo solos o en comunidad. También se abordan las primeras fundaciones cenobiales acontecidas en nuestra comunidad, con especial atención al Monasterio de San Salvador de Oña.
El Capítulo III está dedicado al “Ora” clásico de la vida religiosa: La Liturgia de las Horas, la celebración eucarística y la lectio divina.
En el capítulo IV se analiza la relación entre la monarquía y el monacato en Castilla y León, haciendo hincapié en la vinculación de Oña con el nacimiento de Castilla.
El Capítulo V aborda el “Labora” mediante desglosándolo en partes: la regla, el abad, el scriptorium, los horarios, la hospitalidad, la comida y todas aquellas cosas que conforman la vida comunitaria cotidiana de los monjes.
Finalmente en el capítulo VI se tratan las figuras de los santos fundadores y las órdenes monásticas presentes en Castilla y León (benedictinos, cistercienses, premostratenses, cartujos y jerónimos).

Así que realizamos la visita en una soleada tarde de agosto. Oña lucía en la mañana vestida de domingo como preparada para dar la bienvenida a los visitantes. Yo recordaba ese pueblo especialmente por sus cangrejos, unos cangrejos de grandes colas y gruesas patas que pescaba Ramiro, un familiar al que apreciábamos. Un par de veces visitamos su casa siempre aparecía esa especialidad gastronómica en la mesa. Era muy niño y me impresionaron entonces más aquellos magníficos crustáceos que toda su monumentalidad medieval y su imponente monasterio.

El nombre de la exposición y el poster de presentación me provocaban la leve sospecha de que sería una exposición aburrida, muy contemplativa, lenta y monótona como un canto gregoriano. Pero al traspasar las salas y detenerme ante los expositores y las fotografías los recuerdos acudían a mí y alentados por los objetos que veía o las historias que leía en los paneles. Bien es verdad que no había vivido en ningún monasterio, sin embargo había situaciones compartidas en mi paso por tres juniorados maristas y algunas experiencias peculiares. Podría pensarse que un niño, y después joven, en un internado es refractario a espiritualidad alguna y es verdad que el cuerpo pedía jugar a la pelota, correr, nadar, cantar y gritar por los rincones; pero también es verdad que existen los atardeceres, las madrugadas aletargadas por el sueño, las largas horas de capilla,  las noches solitarias... El primer año, en el juniorado de Miraflores, en el mismo Burgos, compartíamos tapia de vecindad con la huerta de los cartujos. Algo de espiritualidad debieron contagiarnos. A veces los veíamos trabajar en el huerto al otro lado del muro y en muchas ocasiones visitamos la Cartuja con lo que estábamos familiarizados con la magnífica talla de San Bruno o los rosarios de pétalos de rosa que vendían a los turistas. A ellos, apenas se les veía pues su regla les impone recogimiento y silencio. En Arévalo, Dios lo sabe, con trece y catorce años resultaba difícil la introspección y el silencio. Pero a veces, se conseguía una atmósfera de trascendencia en las oraciones y ejercicios espirituales: algunos compañeros llegaron a tener visiones de la Virgen María ¡Ahí es nada! En Tuy, en plena adolescencia, el misticismo se mezclaba con las hormonas. Pero en ocasiones te sentías traspasado de espiritualidad, sobre todo si el ambiente era propicio: las luces tenues, las velas, la música religiosa, la obligada meditación... Llegué a tener mi "oratorio" particular en la azotea, sobre la hermosa capilla. Allí, en los atardeceres naranjas y verdes sobre Portugal, sobre la cinta azul de Miño, meditaba yo sobre la porción de la vida que me era permitido conocer. Un año más pasé en Salamanca, ya postulante. Este era un grado con alguna connotación premonástica. Aquí las meditaciones, oraciones y reflexiones eran más profundas. En el año siguiente se comenzaban los estudios eclesiásticos con asignaturas de nombre revelador como: Cristología, Mariología, Nuevo Testamento, Antiguo Testamento... Entre tanto estudiábamos la vida del Beato Marcelino Champagnat, fundador de la orden. Aquí, entre ratos de oración, estudio y tiempo libre en la habitación disponíamos de largas horas para reflexionar.
En realidad esa vida no difiere mucho de la vida en un convento. Muchas actividades eran comunes a las que se realizaban en los monasterios: estudio, oración, trabajo manual (huerta, limpieza, refrigerio...), canto... La vida en común, similar a la de los monjes (quizás más cómoda, aunque recuerdo algunas "semanas de la dureza" en las que el castigo al cuerpo no desmerecía de un cenobio medieval. Finalmente, como les pasa a algunos monjes inadaptados, fui amablemente invitado a dejarlo. Y, para mi sorpresa, me pilló tan de improviso que no supe qué hacer. Permanecí un par de días siguiendo con la rutina habitual como si no hubiera pasado nada hasta que fui llamado de nuevo y me recordaron que "ya no debía permanecer allí". Nunca entendí muy bien el motivo. Supongo que no me entregaba en cuerpo y alma a la vida religiosa. 

A partir de ese momento intenté desconectar de ese mundo. Aún asistía a las iglesias (el  hábito me hizo apreciar ese lugar para pensar) pero me fui alejando de aquella vida que fue la mía por seis años. 

Un día salí en bici desde Miranda de Ebro  para hacer una ruta por los Montes Obarenes. A unos 11 kilómetros al Suroeste de Miranda me topé con la tapia de un viejo monasterio. Era un día caluroso y no tenía agua. Paré en la puerta y mirando tras una rendija vi a un monje paseando. Me atreví a llamarle y este acudió lentamente. Me abrió la puerta y sus ojos me miraron inquisitivamente bajo su capucha. Le expliqué que necesitaba agua y me indicó un pilón al lado del muro, a unos cincuenta metros. Bebí y aproveché para refrescarme la cara abrasada por el sol. El monje se volvió, vergonzoso, mientras me lavaba. Cuando me acompañaba a la puerta me habló: - Sé porqué estás aquí. Dios te ha enviado. Él quiere que vengas a este monasterio.

Espantado monté en la bici y huí pedaleando despavorido. Como si el mismo diablo me hubiera tentado, no miré atrás. Dejé a mi espalda el Yermo, el Monasterio Camaldulense de Santa María de Herrera propiedad de la congregación de Eremitas Camaldulenses de Monte Corona que practican el eremitismo romualdino. 

Decididamente el monacato ya no era lo mío.