jueves, 26 de abril de 2012

La cólera tenía un precio.


Hoy, ante ante una persona a quién quiero, estallé en cólera. Aún no sé como  lleguó a ocurrir. Pero sí sé una cosa: "La cólera tenía un precio"


Una indigestión de estres, una acumulación de frustración, un leve roce en la herida oculta de tus sentimientos y estallas en cólera. Entonces se desconectan tus cerebros y se impone poderoso tu cerebro de reptil. El instinto ordena entonces un coletazo rabioso y, lo único que  puedes hacer tu voluntad es dirigirlo contra un objeto inanimado. Lo paga la puerta en el portazo, la mesa en el puñetazo, la compostura en el gesto, la calma social en el grito selvático...

Quizás sorprendido por ese vecino del sótano que emerge poderoso, nuestro cerebro emocional se ve desbordad: Intenta sujetar los sentimientos desbocados que le invaden, tranquilizar las emociones alteradas, equilibrar los afectos... Una ola de remordimiento nos invade, nos embarga la pena. Nuestra parte emocional se debate entre comprender al inqilino violento de abajo y justificarselo al de arriba que se agazapa aterrorizado.

El habitante racional del piso superior, preso del pánico, piensa en las terribles consecuencias de esta situación descontrolada. Visualiza los momentos futuros donde va a ser difícil volver al status quo anterior. Valora los efectos desastrosos del Tiranosaurios Rex surgido de las profundidades . Evalúa con rapidez planes de recomposición y empuja al viejo reptil de nuevo al sótano intentando sujetar sus coletazos. Toma el maletín de primeros auxilios y se dedica, en lo posible, a curar las heridas.

Allí estaba mi viejo guardíán, velando ante el peligro. Sintió por un momento un ataque a su supervivencia. O quizá sólo sentía el golpeteo de una gota malaya sobre su cabeza hasta que estalló... Rompió sus cadenas y emergió al exterior mordiendo, desgarrando, golpeando... Fue él quién ganó la batalla de la cólera. Descansa de nuevo encadenado.

Ahí está mi sensible cerebro emocional, impresionable como un niño. Asustado por esta desagradable escena familiar entre sus parientes. Sabe que les necesita y les quiera a ambos, pero sufre con sus desacuerdos. Y llora.

Aquí tengo a mi racional vecino de arriba. Acaba de poner orden en la comunidad, pero está cansado. Y duda.

domingo, 22 de abril de 2012

El Último Parque

Un día, paseando por los alrededores de la localidad donde trabajo, encontré un solitario parque. La puerta que lo franqueaba estaba abierta. Un amable empleado me invitó a pasar a verlo. Era un parque para animales... muertos. Pero de alguna manera, no lo estaban del todo... Sus estatuas, sus fotografías, sus recuerdos, los objetos que les pertenecieron, sus historias... estaban allí, acompañándolos para siempre y permitiendo a sus amos (y amigos) recordarles de cuando en cuando.   

Escrito sobre las tumbas encontré estos versos:

 "No sopléis vientecillos
con tanta fuerza
porque al son
de estas ramas
mis perros sueñan"
Bello poema que podemos encontrar como epitafio en la tumba de Gárgoris, un pastor alemán que murió de una puñalada al proteger a su amo en un atraco.

“Aquí yacen los restos de un ser que poseyó:
la belleza sin la vanidad
la fuerza sin la insolencia
el valor sin la ferocidad
y todas las virtudes del hombre sin sus vicios"

 Epitafio sobre la tumba de un pastor alemán llamado Merlin (está atribuido a Lord Byron).
Bonitas y conmovedoras esquelas adornan las klápidas de las mascotas, adornadas con flores, figuras de animales, jarrones, retratos de los pequeños y juguetes de niños.
 "Gracias por todos los momentos de alegría y por todos los ratones exterminados"

 "No sabías lo que te quería y si lo sabías, ¿por qué dejaste de vivir?"

 "Tú eras la que nos ponías el sol en un día nublado, pero ahora sin ti, no hay sol ni en un día de verano"

 "Cuánto más conozco a las personas, más quiero a mi perro"
...
El Último Parque es el nombre de un cementerio de animales situado en el término municipal de Arganda del Rey. Rodeado de trincheras de la guerra civil española, entre pinares, al lado de la Dehesa del Carrascal y no muy lejos del cementerio (para humanos) de la localidad; descansan mascotas de personajes conocidos (exministros, compositores, actrices, cantantes... ) Se llega a él por un desvío a la altura del kilómetro 30,400 de la carretera de Valencia una vez pasado el casco urbano de Arganda. Su situación dentro de un pinar, inspira tranquilidad y sosiego; y hay un apacible silencio, sólo perturbado por el canto de los pájaros.

El cementerio comenzó su actividad el 27 de julio de 1983 y han sido enterradas desde entoncen en él más de 5.000 mascotas: perros, cobayas, gatos, patos, tortugas, loros y hasta monos; aunque perros y gatos son los que más abundan. Ofrece también el servicio de incineración, pero se realiza colectivamente con varios animales y no se ofrecen las cenizas individuales. Durante algún tiempo fue el más importante cementerio de animales de España, si no el único. Ahora hay algunos más, pero éste sigue siendo de los más importantes. Los precios oscilan desde los 300  hasta los 4.000 euros por diversas prestaciones que van desde la recogida de los animales muertos, hasta el alquiler de la fosas, ayuda psicologica para ayudar a afrontar la perdida, incineración de los animales, placas y epítafios grabados en el mármol. Existen diversos tipos de fosas para animales como: las fosas de honor, ubicadas en una zona representativa del recinto y en mármol italiano, las fosas preferentes, que son individuales y las fosas en grupo, ambas están distribuídas por todo el recinto, todas ellas para animales de talla media. Existen también fosas de tierra y columbarios y mini fosas; estas últimas para albergar animales que no superen el kilo de peso. En fín, se facilita una serie de rituales que humanizan la perdida de los animales.

Lo único que no se permite traer al cementerio son cruces o santos, ya que se pretende diferenciarlo de los tradicionales camposantos de humanos y aspira a ser un lugar para el recuerdo pagano. Los únicos símbolos religiosos que aparecen son dos estatuas de San Francisco de Asís, que son el emblema de recinto. Está abierto a todas las creencias y destacan una tumba gitana, ataviada con numerosos centros de flores, y una sepultura judía, con una particular ofrenda de piedras a los gatos familiares fallecidos. Como curiosidad destaca un mausoleo en el que hay enterrados tres perros, pero se incluye la foto y el nombre de un cuarto animal del dueño, en espera de su muerte. Pero sin duda, sobresale la tumba del gato "Gordi", pintada de un brillante azul y adornada con canicas, con una placa de cerámica con el retrato del animal. El sepulcro ha sido engalanado por la dueña durante muchos fines de semana.

Estas manifestaciones de amor por los animales, más allá de la muerte, están admirablemente reflejadas por algunos escritores: Antonio Gala, autor del popular libro "Charlas con Troylo" en un bello poema póstumo:
REQUIEM POR TROYLO
A la memoria de Troylo que supo engendrar en su amo unas charlas, capaces de despertar en quienes las leíamos, ese deseo de ser cada día más dóciles , más humanos, más HOMBRES.
Cuando llegue mi carta
serás recuerdo
en la mente de Antonio
y en mi silencio.

Cuando llegue mi carta
tendrán tus huesos
en el olivo verde
frío de invierno.

Talamera sin ramas
son sin tu aliento
las charlas domingueras
de nuestro Antonio.

Tabaques de alhelíes
llevan tu cuerpo,
por caminos alados,
flores al viento.

A la alquibla lejana
irán los rezos
de la planta que calla
con dolor en su tiesto.
[...]
 O inspiran una hermosa historia de fidelidad hasta la muerte.

Pero también, para los que os cansa leer, y preferís  un reportaje documental, aquí tenéis dos: el oficial del parque y un pequeño reportaje de Antena3 sobre el Último Parque.


http://www.youtube.com/watch?v=0zGWBoVAUvw

Y algunas fotos tomadas con prisa... Los dueños de las mascotas también quieren intimidad y no desean publicidad de sus animales queridos allí enterrados.

 

 

 

viernes, 20 de abril de 2012

El Juicio de Salomón

Mi mujer y yo no tenemos niños. No podemos de forma natural. Podríamos ayudar a la madre naturaleza mediante una reproducción asisitida, pero aunque iniciamos los trámites, no continuamos el proceso. Y así nos hemos quedado: en la comodidad de no haber invertido en una operación de riesgo y en la añoranza de la aventura de criar unas personitas y compartir el cariño con ellas. También se nos ha pasado por la cabeza adoptar una critarura pero un mar de dudas nos anegó.

Siempre me he planteado la duda del sentido "altruísta" de uan adopción. Sería realmente altruísta si, no mediando ocultos y complejos motivos, se adopta a alguien para ayudarle (naturalmente habría que hacerlo con el más necesitado) y sin esperar recompensa alguna; pero la  mayoría de las adopciones se orientan a satisfacer una necesidad del adoptador más que del adoptado. Los niños criados en hospicios recuerdan con amargura las "rondas de reconocimiento" en las que los papás elegían al más pequeño, al más guapo, al más dócil, al más listo... Ellos, los mayores; los menos agraciados, los más díscolos, los deficientes... siempre volvían tristes esa noche al camastro en el dormitorio común. 
Sería altruísmo si no se pagara por ello, si no mediara mafia oficial u oficiosa alguna. Hace algunos años se estimaba en un millón de las antiguas pesetas la adopción de una "chinita". ¿Por qué se prefiere que sea un bebé, recién nacido mejor? Aparte la "tenura materna" (Habría que considerar cuánto hay de hormonal en ese cariño) está la facilidad para modelar ese ser a tu total disposición. La etología nos enseña el funcionamiento del mecanismo de la impronta. En humanos y animales esos primeros contactos con otros seres sellan lazos irrompibles de apego. Sería mucho más difícil convencer a un niño crecido, con su conciencia y su razonamiento menos instintivo.
Se escucha a alguna madre exclamar: ¡Tengo mucho cariño para dar..! ¿Dar cariño o recibirlo? Porque si es esto último correrá un grave riesgo: ¿Cuánto cariño necesitarás? ¿Qué pasará si no lo recibes como esperabas...?

Y hasta aquí las dudas dentro de la legalidad, incluso de la ética; pero ¿y si además la adopción es ilegar? Anteayer comparecía ante el juez una anciana. esta persona invitaría en otro momento a la compasión y la pena. Sin embargo se la acusa de un deltito terrible: Sor María está acusada de pretender Ser Dios en la maternidad de su clínica decidiendo qué bebés serían arrebatados a sus madres y entregados a otras "mejores" y ahelantes. Tan terrible es el pecado que lo niega a los cuatro vientos (menos al judicial, donde calla).  El pecado, el delito, se tejía con mentiras y se pagaba con dineros y donativos.

¡Qué grandísimo poder de atracción tienen los bebés! El ser humano tiene programado el instinto maternal (y paternal) en una memoria imborrable. Puede fallar la ética o la moral; pero un criminal, un enemigo, el más cruel personaje... puede sentir cariño por un niño. Podría reconfortar, pero a veces esto produce pavor. Es estremecedor descubrir que durante la represión de las dictaduras latinoamericanas se mantenía con vida a las madres embarazadas detenidas hasta el momento del parto para matarlas entonces y entregar su hijo a cualquier familiar o maigo de los torturadores.

La maternidad ha sido utilizada como un arma destructiva y terrible en las guerras. Las violaciones y embarazos vigilados (para evitar que maten a sus propios bebés) han ocurrido desde antes de la Grecia Clásica. Lo que una madre es capaz de hacer por su hijo no tiene límites. Por un hijo se roba, se miente, se mata, se protituye... hay que tener cuidado con el instinto maternal. A veces se superpone a la ética y la moral. Queda el caso para el Jucio de Salomón. Libro 1º de los Reyes 3: 16-28.

miércoles, 18 de abril de 2012

Santa Rita, Rita, Rita; lo que se da no se quita.


Menuda se ha armado con la ¿expropiación?, ¿nacionalización?, ¿apropiación?... de YPF. Aún a riesgo de meter la pata interpretando "la psique" argentina (tan dada ella al psicoanálisis) me aventuro a escribir una palabras sobre el asunto.
Echaré mano del rico acervo de sabiduría popular qeu encierran algunos refranes españoles:"Santa Rita, Rita, Rita; lo que se da no se quita" Y es que, querida presidenta, cuando se aprueba una ley de hidrocarburos, cuando la propia presidente Cristina kirchner avaló la privatizaciónd e YPF en los años 90, cuando se firmó un contrato no se puede venir ahora a romperlo con razones tan infundadas y sospechosas.
 "El que hizo la ley, hizo la trampa". Quizás  en aquella primitización estaba latente la intención de revertirla por el procedimiento que fuera. La estrategia para "depreciar" las acciones de YPF a base de borradores de expropiación anónimos filtrados de forma escalonada, la negativa a reunirse con el presidente de REPSOL,  etc... seguramente tenían largo recorrido de preparación...
 "De airado a loco, va muy poco"  Las explosión de chuvinismo y euforia patriotera puede salirles muy cara. La guerra la Repsolina, cuando menos, ocasionará batallas legales y daños colaterales en las inversiones.
 "Días de mucho, vísperas de nada". Hoy la euforia desmedida, mañana a pedir créditos y, mientras tanto, los pozos no convencionales que explotaba YPF se van agotando y el petróleo de Vaca Muerta no fluye aún.
"Otro vendrá, que buen te hará" Acaso vengan los chinos con su capital (son los que lo tienen a lo que parece), pero ya se sabe que en los negocios los chinos tienen cinco formas de decir que sí y ninguna es afirmativa.  Hay que preguntarse: si los chinos no son tan generosos con sus propios compatriotas ¿Habrán de serlo desinteresadamente con los argentinos?
 "El que la hace la paga" No hay duda de que la medida tendrá un coste para ambas partes. Enel caso de Argentina su fiabilidad como nación, su seguridad jurídica, su estabilidad en los compromisos... difícil es decidirse a invertir en un país con esos mimbres.
 El que no se arriesga no pasa la mar. Claro que se reconoce a la mandataria que "cojones tiene, quién lo duda". Aunque es de esperar que no quede la cosa en  "Pan para hoy y hambre para mañana". Sorprenden esas declaraciones populistas, ese envolverse en la bandera con una ética impoluta: "Dime de que presumes y te diré de qué careces". Su esposo reconocía que recibía regalías de las empresas petrolíferas. No es tan santa como, quizás, ella misma se cree. Habrá que estar atento pues  "El que parte y reparte se queda la mejor parte."

Y respecto a nuestra flamante compañía REPSOL no vendrá mal recordarle que
 "Quien obra en casa ajena, pierde la cal y la arena", porque parece que se ha caído de un guindo (con perdón). Invertir en numerosos países de Latinoamérica es un riesgo. En realidad ha tenido bastante suerte con durar tanto... También las otras compañías "conquistadoras" patrias harían bien en tomar nota de este humilde analista financiero (le doy este consejo más certero que los de sus propias agencias de calificación solo por la voluntad):  "Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar". Que se vayan apretando los machos el BBV, Santander, Telefónica, etc... 

Por lo que a nuestro valiente valedor, el gobierno del país titular de la compañía, está comprobando la triste verdad de la sabiduría popular: "Del árbol caído
todos hacen leña" y es que la imagen-país de España está por los suelos. Ojalá sea sólo el tercio de varas y no la suerte de matar el momento de la faena en que nos encontramos. Y esto lo saben muy bien en Argentina y lo aprovechan pues si "El gato no está, los ratones hacen fiesta" y como tienen clara la debilidad de nuestra situación saben de sobra que todas las declaraciones, amenazas, instancias, movimientos políticos, etc... son afónicos ladridos de:  "Perro laldrador,  poco mordedor"

Apelar a la amistad con la Nación Argentina, a los lazos de parentesco, a la buena historia de relaciones no les debería hacer olvidar a nuestros gobernantes que:
"Del mostrador adentro, ni amistad ni parentesco" y a los políticos deArgentina (y argentinos en general, pues apoyan mayoritariamente esta expropiación): "Con miel y azucar cagajones saben bien" que el chollo con que se encuentran al quedarse con una empresa rentable a precio de saldo les consuela de los sinsabores de "malquedar" en los mercados. Saben de sobra que "A un panal de rica mil, cien mil moscas acudieron" o acudirán, no lo duden...

Repsol emprenderá largas y complejas acciones legales en las que, probablemente, le den la razón, pero:  "Después de muerto el burro, la cebada al rabo". Poco le consolará este triunfa que tan largo le fian. Por otro lado, la experiencia popular tiene otro dicho para ilustrarlo: esto es lo que se desea a tu enemigo: "Ojalá tengas juicios y los ganes" 

lunes, 16 de abril de 2012

¿También se ha disparado en el pie el abuelo?


Recuerdo aquellos concursos, tan mediáticos ellos, en los que se pedía a los niños que hicieran un dibujo del Rey bajo el sugerente lema de ¿Qué es un rey para ti?
La imagianción infantil presentaba reyes amables, divertidos, familiares... no creo recordar ninguno en el que figurara con una escopeta y cazando animales. Esos animales que en el cole le enseñaban a respetar, a amar y valorar como seres vivos de inapreciable valor.

Ese rey campechano, bromista, risueño... ese abuelo que se enfada en la mesa con los invitados impertinentes y les riñe con un ¿Por qué no te callas?, ese rey deportista de esquí, velero y moto que corre incógnito bajo su casco por las carreteras de España.

Ese rey nos está desvelando su cara más cínica, su gesto más brutal. Wikileaks nos descubre que ya estaba calado por los diplomáticos de varios países: reirle las bromas,
seguirle el juego a su jovialidad y campechanía era la mejor forma de ganárselo (en otras palabras: hacerle la pelota). Algunos se preguntan por su papel en la vergonzosa retirada del Sáhara. Según  Lothar Lahn, embajador alemán en 1981, Juan Carlos creía que los cabecillas del 23-F "solo pretendían la reinstauración de la disciplina, el orden, la seguridad y la tranquilidad"; el Rey -informó tras una entrevista privada el 26 de marzo de ese mismo año- "no mostró ni desprecio ni indignación frente a los actores, es más, mostró comprensión, cuando no simpatía". El Rey manifestó a Lahn que la responsabilidad última del intento de golpe de estado no fue de sus cabecillas, sino del entonces presidente del Gobierno español, Adolfo Suárez, a quien reprochaba "despreciar" a los militares. De ser esto cierto (y la trayectoria vital del embajador alemán fallecido en 1994 parece corroborarlo) habría que replantearse el papel del Rey más allá de lo dado a conocer en los medios.
Habría que preguntarse también porqué su yerno pasó de practicar los más nobles valores del deporte a las malas artes del nepotismo, en qué escuela apendió, qué pudo ver en el entorno familiar que mudara la estética y también la ética de una biografía educada en los valores olímpicos. Y analizar la figura posible de rey encubridor que desde hacía muchos años sabía de los delitos de su hijo político y no sólo no los denunció (como era su deber) sino que facilitó su "evasión " a Washington. Es también sospechoso que se activen las diligencias sobre sus presuntas estafas cuando están a punto de prescribir. No creemos en las casualidades.
Según la Revista Forbes, el rey de España acumula una fortuna de 1.790 millones de euros. Haciendo todas las salvedades que haga falta en dicha cantidad, parece inverosímil que su persona haya ganado tanto con el "sueldo" oficial que le asignan los presupuestos recientmente publicados.
En cuanto a su relación con las armas conviene santiguarse. Ya desde su juventud era dado al gatillo fácil lo que devino en el fratricidio de su hermano Alfonso y esa afición a la pólvora ha continuado con cacerías escandalosas en Botswana. Es conmovedor enterarse de que su nieto froilán  se preocupara más por la reacción del monarca que por su propia herida exclamando:  "El abuelo se va a enfadar; es mi culpa, mi padre nada tiene que ver"...
Cuenta Iñaki Anasagasti que en una ocasión vio al Rey encararse con un diputado de IU que portaba un cartel con "No a la guerra" ante el reciente conflicto con Irak. El Rey le replicó: "¿Por qué?, yo soy militar, a mí me gusta la guerra". El mismo Anasagasti se duele de que, tras constatar que existe un artículo en la Constitución, el 63-3, donde dice que el Rey, con la autorización de las Cortes, puede hacer la guerra y declarar la paz; “Una palabra suya hubiera parado la locura de Aznar”, pero no lo hizo, dice, no asumió su responsabilidad.
Causa pudor contemplar las fotografías de sus safaris (todas publicadas en su día en blogs extrangeros, y a día de hoy, alguna retiradas sin conocerse bien los motivos...). Recuerda a otro anciano personaje que cazaba ciervos en los bosques de Segovia y coleccionaba cornamentas para el palacio de Riofrío. También la afición al esparcimiento a bordo de costosos yates me lo recuerda, si un día fue el Azor, hoy deconstruído, ahora es el Fortuna.


Así que con estos mimbres:¿Cómo se va a enfadar el abuelo? ¡Pero si seguro que te da un premio!

domingo, 15 de abril de 2012

Titanic


En el mismo momento en que se publica esta entrada, a las 23:39 de la noche del sábado al domingo de hace 100 años, en 1912, el casco del Titanic chocó contra un iceberg en el Atlántico Norte en su primer viaje a Nueva York. Hoy sepultado a cuatro kilómetros bajo el mar. Miles de barcos en todo el mundo estarán en estos momentos haciendo sonar sus sirenas en recuerdo de este coloso, símbolo de soberbia naval.

La palabra TITANIC proviene de la mitología griega y su significado original se refiere a una raza de gigantes (titanes), temibles por su gran tamaño y fuerza, que fueron derrotados por los dioses del Olimpo. Igualmente, en inglés, la palabra TITANIC se refiere a las características de estos mitológicos "titanes", especialmente en la envergadura, lo colosal, lo gigante, la magnitud, el poder, la fuerza o la influencia; justamente los atributos que la White Star Line buscaba con la creación de sus tres barcos, uno de los cuales recibió esta denominación.

La historia de este buque gigantesco es al mar lo que la Torre de Babel a la naciente civilización humana en Persia, lo que la Atlántida a los míticos imperios de la antigüedad, lo que Machu Pichu a los mayas, lo que el Coloso de Rodhas a Grecia,  lo que La Invencible al Imperio Español, lo que David a Goliat... Una larga sucesión de engreimientos y falsas seguridades en la historia de la humanidad.

Estas periódicas curas de humildad que sufrimos los humanos nos sitúan en nuestro verdadero lugar: seres frágiles, sujetos a avatares imprevisibles, a merced del capricho de los elementos, expuestos al error o la estupidez. Cuando las ostras del último menú de a bordo volvieron al fondo, se enterró con ellas la prepotencia y la pretendida superioridad de la especie en su batalla con la naturaleza. Recordemos pues que al igual que Ícaro levantamos el vuelo y olvidamos que el calor derretía nuestras alas, que el frío iceberg golpeaba con dureza nuestro casco invencible.

¡Cómo no rendir homenaje a un mito semejante! La historia parece hecha a medida para ser un mito universal. El gigante invencible derrotado por la imprevista y apacible masa helada a la deriva. Quiero expresar mi admiración por la película de James Cameron (cuya obsesión por el pecio le ha llevado a sumergirse y estar más tiempo en su casco fantasmal que el capitán del navío en toda su historia de navegación). Sus imágenes fantasmales, oníricas, tenebrosas me subyugaron; y las historias tejidas en torno a su trágica travesía me hicieron soñar, envidiar, llorar...

Ante la pantalla rendido, emocionado, lloroso... la empatía con las víctimas que contemplaba me hacía pensar activamente en algún recurso, en alguna solución para la supervivencia de aquella multitud que perecía sin remedio. Se me ocurrió una que, quizás parezca estúpida, pero que debería haberse contemplado. Quizás hubiera salvado miles de vidas: en el problema estaba la solución; el Titanic debiera haber dado marcha atrás, ponerse al costado del iceberg y desembarcar al pasaje en el grueso témpano si fuera posible. En esa isla flotante, pese al frío, los náufragos podrían aguantar mucho mejor la espera de los buques al rescate. Sumergidos en el océano helado muy pocos sobrevivieron.

viernes, 13 de abril de 2012

Sintiendo en la nuca el frío aliento de la muerte VIII: Noche en Pineda de la Sierra


 Allá por 1977, jóvenes e inconscientes, debíamos probarnos con regular frecuencia. Nuestra osadía no tenía límites y, de vez en cuando, se revestía de cierto carácter suicida. No sé muy bien cómo se nos ocurrió hacer una pequeña acampada en pleno mes de marzo en la serrana localidad de Pineda. A este pueblo, uno de los situados a más altura en la provincia de Burgos(1215m), al pié del Mencilla (1932 m) se llega tomando la carretera de Logroño hasta Ibeas, siguiendo desde ahí hasta el embalse de Urquiza y el Arlanzón desviándose 10 km después de Villasur nasa más pasar el Embalse de Urquiza hacia Pineda.
Con nuestros 18 años, sin coche y dinero, nuestro equipo era un precario saco de dormir, un delgado chubasquero y una tienda canadiense de tenues lonas de nylon. El medio de transporte el autobús rural que conectaba la capital con los pueblos de la sierra algún día entre semana.
El pueblo lo conocíamos. Lo habíamos visitado en verano alguna vez y era un lugar deliciosos. Pensamos que los días no eran tan malos, pese al invirno, y consideramos que el "milagroso saco de dormir" nos permitiría pasar una noche confortable.
Llegamos al pueblo en el autobún por la tarde. Lo recorrimo de un extremo a otro curioseando y buscando un lugar donde plantar la tienda para pasar la noche. Un extraño refugio de tejado azul en forma de larga cuña tenía un aspecto envidiable, pero éramos dos pobres diablos sin dinero: dormiríamos en el duro suelo. Rápidamente, casi sin darnos cuenta, cayó la tarde y llegó la noche. Entonces empezamos a preocuparnos, pues el frío se apoderaba de las solitarias calles empedradas de arenisca roja de Pineda. Con cierta urgencia buscamos un lugar, prado o similar para levantar nuestra canadiense. Mirábamos con calculado interés las venanas de los pajares (algunas podrían ser accesibles) por si fuera necesario un refugio de emergencia pues la noche se adivinaba fría. Finalmente, con la noche encima y el relente apoderandose del caserío levantamos las lonas. Aún comimos una latilla con la barra de pan que habíamos comprado en el pueblo. Nuestra tienda nos parecía una risible defensa contra el frío húmedo que se avecinaba, pero extendimos algunos plásticos, nos pusimos toda la ropa que llevábamos, y nos introdujimos en el saco. Aprovechamos las mochilas vacías para meter el extremo de nuestro saco de dormir con los pies en ellas y nos dispusimos, tiritanto, a pasar la noche. Ninguno de los dos dormía más que a ratos. Apenas hablábamos. Cada uno rebullía en su nicho helado, la espalda contra el suelo, rodeados de la escarcha formándose en la noche. Rumiábamos maldiciendo nuestro atrevimiento y avergonzados por dar mostrar en el pueblo  nuestra inconsciencia. No nos movimos de la tienda, tan ateridos estábamos. Apenas dormíamos entre tiritera y tiritera. Los riñones, menos sensibles a la dureza del suelo que al frio, nos dolían. Cambiábamos de postura para que no se congelaran. Por momentos pensamos dejar abandonada la tienda y dirigirnos al hermosos claustro de la iglesia con sus arcos abiertos al exterior, pero pensamos que las rojas piedras areniscas estarían también heladas. Sólo pensábamos en que llegara el amanecer cuanto antes.
Pasaron lenamente las horas. Llegó la madrugada. Con las primeras luces del día, no esperamos mucho para levantarnos. Caricontentos recogimos nuestras pertenencias y agitamos nuestros miembros para desentumecerlos. Recuperamos una media sonrisa. Incluso nos hicimos fotos. Luego decidimos volver a Burgos lo antes posible. El general Invierno acababa de ganar la  batalla de la voluntad juvenil. Nuestra "acampada" había durado una maldita noche.  El problema era que no había autobuses hasta el día siguiente. El aliento se condensaba en el aire. Pronto empezaría a nevar. Nos dirigimos al bar Casa de la Villa en el centro del pueblo y allí tomamos un café conleche caliente. Mi amigo Jesús González empezó a sentirse mal. No tenía muy buen aspecto desde que lo vi, de madrugada, pero ahora se quejaba y exigía volver con urgencia. Quería ir a un hospital. Pedimos ayuda, preguntamos a los paisanos que empezaban el día con la rutina del orujo temprano en el local y, uno de ellos, tras dudar unos instante de dudas accedió a llevarnos compadecido de nuestro aspecto. En el viaje, las quejas, incluso los delirios de Jesús se agrabaron. Por un momento pensamos que se moría. Él no paraba de insistir en que se sentía fatal. El conductor le miraba nervioso y yo no sabía qué hacer. Tanto nos urgía y suplicaba Jesús que incluso pensamos parar en algún pueblo y preguntar por el médico.  Por fin llegamos a Burgos. Pensamos dirigiernos inmediatamente al hospital pero Jesús pareció aliviarse un tanto e insistió entonces en que le llevaramos a su casa. El asustado conductor nos acercó hasta la casa de mi amigo, en la calle Romanceros. Su madre, gran mujer, se hizo cargo de él. Una taza de leche caliente y a la cama. Al final no fue nada grave. Sólo un ataque combinado de frío y de de pánico aderezado con pensamientos fúnebres.
Y sentimos aliviados que la nuca se distendía, que el frío que nos agarrotaba cedía en casa, al calor de la estufa, con la cama caliente y blanda... y nos dormimos mientras nuestas madres nos miraban preocupadas, con pena y resignación: ¡Este hijo mío...!

martes, 10 de abril de 2012

Juegos diferentes

Voy a referir algunos juegos diferentes, pero tan divertidos o más que los actuales al uso. Fueron jugados en mi niñez y doy fe de su capacidad para pasarlo bien.


Balonpalo.
Es un juego antiguo. Yo lo jugué muchas veces en Arévalo, cuando era junior en la casa de formación que tenían los maristas en las afueras. Era un juego muy socorrido para los espacios pequeños y los pocos medios. He buscado en internet referencias al mismo en castellano y casi no hay rastro. Tampoco imágenes del mismos. Así que me pareció que esta nota sería una valiosa reliquia de tradiciones infantiles.
*(Finalmente, tras una búsqueda alternativa de los términos, he de rectificar: el juego existe pero con otras denominaciones: "balón en el poste"; o con su denominación en inglés: tetherball o en otros idiomas como el portugués: espirobol. En los respectivos enlaces te llevo al artículo de wikipedia (en inglés) o a la ficha del mismo (portugués). En este vídeo puedes contemplar imágenes del juego en los campeonatos infantiles 2011 World Tetherball Championships).
En esencia consta de un largo poste plantado verticalmente en medio de un círculo de unos 4-5 m. de diámetro y en cuya cúspide hay fijada una cuerda. En el otro extremo está atado un balón (puede ser un balón pinchado de cuero relleno con algún material blando como trapos o serrín). Con la cuerda colgada líbremente, sin vueltas, el balon debe quedar a la altura de las rodillas de los jugadores que pueden ser 2 ó 4.  El círculo se divide en 4 sectores. El juego consistía en enrollar al balón en una determinada dirección (cada equipo acordaba previamente cual era la suya). Se acababa cuando el balón, completamente enrrollada la cuerda, tocaba el poste.
Se podía pasar por cerca del palo, por encima del oponente, el costado, etc. Los componentes de los equipos ocupaban espacios alternos. Solían alcanzarse fuerzas centrípetas considerables y se propinaban zambombazos de cuidado. (Un descuido derivaba ineludiblemente en un tortazo morrocotudo por lo que la atención y los reflejos eran factores importantísimos). Normalmente suponía juegos rápidos en los que los equipos perdedores eran sustituidos enseguida por los aspirantes.

Partido multibalón.
Lo jugábamos en el colegio de Miraflores, en Burgos, que tenía una peculiar patio rectangular posterior con frontón flanqueado en lados por el edificio de dos pisos con ventantas alambradas formando un ángulo en L, el frontón y una alta pared lateral que protegía la finca completaban el "cajón" del juego. Sólo unos 8 metros comunicaban con espacios abiertos.
Nos proporcionaban de 5-10 balones de todas clases y tamaños y nos distribuíamos en dos equipos. Se permitían tantos porteros como balones hubiera. Era un deporte brutal. Las dificultades de controlar el balón entre tanto proyectil hacía que soltaramos balonazos continuamente. Imposible centrar la atención en una sola pelota. La posibilidad de choques, golpes imprevistos, balonazos... lo hacían muy violento: fuertes encontronazos, balonazos inesperados... por contra desarrollaba los reflejos de forma increíble, estabas siempre alerta, dispuesto a la acción y aprendías a priorizar rápidamente y a esquivar pelotas y compañeros... Un efectivo juego de supervivencia ideal para entrar en calor en los inviernos burgaleses.

Frontón de Miraflores. Espacio para jugar al multibalón
y al frontón.


Frontón con pelotas de goma, cuero, esparadrapo...
El frontón era uno de los juegos más socorridos. En cada colegio había uno. La larga pared permitía varios grupos jugando simultáneamente y su altura lo hacía apto para competiciones serias con un fondo de pista suficiente para alcanzar la seriedad de un deporte.
Los materiales de la pelota (único instrumento artificial necesario) a menudo se obtenían del reciclaje. Lo normal era el esparadrapo, pero había variantes con resultados peculiares: goma arrollada, trapos, pelota rellena de serrín...
Después de un rato de partido la mano quemaba y se hinchaba alarmantemente... Si no poseías una buena técnica terminabas dolorosamente escocido para el resto del día.

Los dardos
Este deporte, extrañamente no considerado olímpico aún, comportaba un proceso de fabricación que lo hacía aún más interesante. Para los dardos se necesitaban palos de chupachús (también los he visto hechos con palillos), después  había que colocar un alfiler en un extremos (una cerilla permitía derretir el plástico y así el alfiler quedaba soldado en el mismo). En el otro extremo del pequeño astil se acoplaban con papel (incluso con auténticas plumas) las una pequeñas alas estabilizadoras. La cerbatana solía fabricarse con un tubo de bolígrafos. Estas fascinantes armas  tenían una extraña capacidad para dirigirse a los ojos y dejar tuerto al personal. No era extraño que fueran requisadas sistemáticamente por los hermanos. En una ocasión en que, estando ausente nuestro tutor, registramos los cajones de su mesa buscando nuestras flechas decomisadas encontramos todo un arsenal que se desplegó ante nuestros asombrados ojos... la industria bélica infantil estaba en pleno desarrollo.
Durante un año nos entretenimos organizando concursos con pequeñas dianas sobre los árboles o paredes blandas.


Los tirachinas
El proceso de la construcción de un tirachinas ya la he referido en una entrada anterior. Aquí hablábamos ya de alta tecnología. En torno a los 10 años construíamos una variante más manejable usando una horquilla de alambre fuerte, gomas elásticas y proyectiles de alambre doblados en V. Era excitante disparar a los  pájaros tras el follaje de los plátanos de Barrio Jimeno y sentir el proyectil trizando las hojas.

Las dreas
Estas eran como un paintball real con sangre auténtica. Un "juego" realmente  peligroso, pero que, en los arrabales donde vivíamos, era frecuente. Por grupos, por pandillas, y siempre desde la distancia esa lluvia de proyectiles (con lanzamiento manual o mediante tirachinas) solía terminar con graves chichones y alguna cabeza chorreando sangre. Aún me sorprende hoy en día la distancia y precisión que se alcanzaba con aquellos guijarros.

Flechas incendiarias
El descubrimiento de la flexibilidad y ligereza de las varillas de los paraguas nos proporcionó otro peligroso entretenimiento. Construíamos arcos con ellas; una sóla ya servía para lanzar a su pareja a buena distancia clavándose en el suelo a muchos metros, pero combinadas aumentabas la potencia y alcance del tiro.Tras los correspondientes ensayos dimos por agotadas las posibilidades del arma hasta que una moto aparcada en las aceras del barrio y con el depósito abierto nos dio la idea de colocar un trapo arrollado en la punta, empaparlo metiendo la flecha por la tapa del depósito y, prendiendo fuego con una cerilla, lanzar flechas incendiarias en los vecinos descampados del campo de motocrós de S. Isidro. El espectáculo era  impactante. Durante la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona recordé aquellos días mientras contemplaba el vuelo de la saeta ardiente que encendía el pebetero.

Y estos son algunos ejemplos de "las peligrosas actividades lúdicas" que los quintos del 57 realizábamos en la edad impúber. No pretendo que nadie las imite, pero sí dejar constancia de que la vida puede ser vivida de incontables maneras: donde esté un buen tirachinas que se quite la videoconsola.

domingo, 8 de abril de 2012

Todo menos puerros.

En mi casa, desde niño, nunca se comió a la carta: "Se come lo que hay" nos enseñaba mi madre con la pedagogía del "no hay otra". Con aquellas lecciones aprendí a comer de todo. Y el buen gusto, el del sabor como el artístico o como el de los modales; se educa y hay que aprender a valorar lo que se tiene a mano.
Debo hacer alguna excepción: no entran en la categoría las "excentricidades" orientales (hormigas, perros, gusanos, arañas asadas... aunque admito lagartos en el licor), lo malsano y la antropofagia. Y confieso también que, de niño, llegué a aborrecer (por aburrida) la sopa y a sentir náuseas con los puerros; comidas que hoy en día, por otra parte, me encantan.

Desde la temprana edad de 11 años he pasado casi toda mi vida comiendo fuera de casa. Son más de 40 años de cata extrafamiliar. Podría elaborar una guía Michelín de colegios, restaurantes, comedores escolares, rancho de mili, bocadillos y fiambreras. Tengo una colección enorme de anécdotas culinarias (¡Y quién no!, ¿Acaso no tomamos más de 1000 comidas al año?). Los puerros, por ejemplo, suministran una pequeña historia de contrabandos. En el internado de Miraflores, con 11 años, teníamos que presentar la bandeja vacía al salir del comedor. Los maristas poseían una huerta enorme y los puerros que se cultivaban debían ser debidamente consumidos. Así pues, los pequeños juniores, para evita el mal trago y las náuseas (el efecto era compartido por la totalidad del grupo), ideábamos ingeniosas maneras de colar el producto. La más efectiva era esconder los puerros arrollados dentro de las cajas de quesitos vacías tras el postre. No había para todos y yo he llegado personalmente a recuperarlas del cubo de los desperdicios para una segunda inspección en la aduana de la cocina.
Igualmente, la mili, esa fuente inagotable del androanecdotario español, aporta experiencias curiosas. Nunca podré olvidar las insípidas cenas del campamento de Viator en Almería donde, de 7000 reclutas que pernoctábamos allí, la mayoría de los días sólo nos presentábamos unos 300 a cenar. El resto se iba a los chiringuitos de la entrada a comprarse apetitosos bocadillos de lomo a la plancha bien regados con cerveza. Con esa fuga de estómagos se aseguraba el sargento de cocina el coche que se compraría tras la semana en el cargo. Yo, que no tenía un duro, sólo podía permitirme ese lujo el día de cobro mensual. Las 350 ptas. del sueldo militar daban justo para la cena de un día con el menú señalado.
También podría citar las leyendas castrenses sobre el bromuro que echaban a las comidas efecto de inhibir la líbido de los reclutas, pero optaré un par de anécdotas certificadas por mi experiencia. Un día, sancionado a pelar el mítico y gigantesco montón de patatas de que se precia cualquier comedor de tropa, ví con mis propiso ojos como las enormes fuentes de calamares en su tinta que se preparaban para la comida del día siguiente y que permanecían en el suelo de la cocina eran invadidas por el maremoto producido por las enormes fregonas de los encargados de desalojar el agua, que en enormes charcos, se repartía por el suelo. Al día siguiente, los calamares, estaban tan ricos, oye... En otra ocasión retirando los desperdicios de la cocina, observé atónito, unas cajas de madera con la leyenda grabada: "Carne de vacuno argentina congelada. 1956". Para mi sorpresa acabábamos de comer carne de un animal sacrificado antes de que yo naciera. Está documentada la compra de grandes lotes de carne de vacuno congelada en dicho año a EE UU y Argentina: No, no lo había soñado.

Años antes, en Galicia, había descubierto el exótico sabor de los nísperos y el dulzor de los caquis. Disfruté de las meriendas bajo los emparrados a base de uva y pan. Probé el ribeiro, incluso algún albariño algo picado. Descubrí fascinado la queimada y sentí su descenso incandescente por el esófago como un trance.
Y antes aún, en el pequeño pueblo valdaviés de mis padres, había catado el rico pan de la hornera untado en aceite con azúcar, o el pan empapado en vino, incluso el pan con cebolla; todos ellos placeres de dioses que no tenían nada que envidiar al pan con chocolate de otras veces. Y en las pequeñas excursiones la delicia de los escabeches, manjar de reyes como decía la Jesusa -la ocurrente del pueblo- y la estrella de los mismos: las agujas con cebolla; especialidad local que, por humilde, muchos se perderán. ¡Y qué decir de los cangrejos preparados por mi madre con maestría! ¡O las anguilas, la ancas de rana, las orejuelas, las flores de sartén, el lomo de orza, las sopas de ajo...! Tesoros gastronómicos inigualables de mi pueblo castellano.  Allí, las endrinas, antiguamente tomadas al natural han acabado embotelladas y emborrachadas de aguardiente produciendo un excelente pacharán.

Poco había catado yo el jamón. Pero, en pasada la juventud, ha sido un favorito. Humildes jamones serranos y algún patanegra ocasional todos ellos delicados, untuosos, plenos de sabores secretos como el humami. Los japoneses han añadido este vocablo al quinto elemento de los sabores. El humami, también llamado glutamato monosódico, no tiene áreas específicas de la lengua como el resto de sabores (dulce, salado, ácido y amargo) sino que potencia los demás activándolas y produciendo sensaciones que muchos describen como emocionales. Atrás, desplazado de la élite, quedaron los sabores dulces, que actualmente me empalagan. Me inclino ahora por los amargos, los ácidos y, en menor medida, los salados.

En los viajes acepto con agrado exóticas sopas de remolacha, yogures de perejil, salsas austríacas con sabores de hidrocarburo... No desprecio los platos de diseño y la nueva cocina -pero no pago en exceso por esos experimentos-, me apunto a las tapas, acepto todo tipo de quesos, comparto pizzas tradicionales o exóticas...

Pero la piedra filosofal, el alimento de mejor relación calidad, precio, comodidad, gusto y satisfacción: es el bocata. El humilde bocadillo de pan crujiente con una interminable lista de posibilidades en su interior ha sido la mejor (y exquisita) solución al hambre en viajes, excursiones, imprevistos o símplemente como voluntaria decisión del momento. Mis queridos chefs: en la sencillez está el secreto.

martes, 3 de abril de 2012

El farol


100 día y aún relumbrantes en la retina, repicando en los tímpanos, instalados en la memoria; persisten las críticas, las sentencias, las acusaciones y condenas del antiguo jefe de la oposición: En la prepotencia del debate de TV se le oye prometer que no subirá impuestos o le echa en cara la bajada de sueldos de los funcionarios; desde los micrófonos de los mítines se ensaña inmisericorde con Zapatero: nada ha hecho bien, todo es culpa suya, manirroto, bobo solemne,  apología de los desastres, enciclopedia de las equivocaciones... Humilla con las acusaciones de buenismo, optimismo antropológico, increíble presidente de los brotes verdes...

Y ante la prensa, los telespectadores y los seguidores de los mítines lanza el gran farol: "Esto lo arreglo yo" y continúa el mensaje con un desglose de maravillas: En cuanto estemos en el gobierno revertirá el aumento del paro, haremos una reforma que cree empleo y "regule" el mercado laboral, Europa creerá en nosotros, no subiremos impuestos, nos centraremos en la economía que es lo que preocupa a los españoles, no habrá anmistía fiscal, no recortaremos en sanidad y educación... Muerto el perro se acabó la rabia, parece resumirse en el envite.

Nada que hacer en la timba política. El PSOE no tiene crédito. Ya nada puede apostar.  El PP acepta todas las fichas de la mesa. Juega con lo propio y con lo ajeno. Rajoy sabe que no tiene cartas (y si no lo sabe, aún será mas grave), pero promete: Gana abrumadoramente la partida. Sale el PSOE arropado con un tonel. Quizás algunos familiares fieles, allá en Andalucía, aún le presten prendas.

Pasan 100 días. El viejo tahúr ha bajado rápidamente la escalera de la prepotencia y ahora se esconde, vive en el lío diario, se han apagado los fuegos artificiales encendidos por "los ministros emprendedores" y llueven sus cenizas, su ministro de "econosuya" se vanagloria ante micrófono cerrado de estar cebando la espoleta de una huelga general y los amigos europeos le echan la mano al cuello (literal),   aplaza los presupuestos para rebañar votos en la última autonomía que le queda y falla el gol cantado de Andalucía, anuncia amputaciones varias en el cuerpo del estado, los recortes no respetan ni la mente ni el corazón del país: educación y sanidad son abaratados y sus cuadros directivos ocupados por gestores con ínfulas privatizadoras... ¡Envido a pares con el 6,5! lanzan otro farol europeo que no cuela: ¡Y dos más: baja al 5,3! le responden en Bruselas. Tiene que achantarse (cabreando de paso al resto de jugadores), la confianza de los mercados responde que nanay inmune a su promesa de que iba a restaurarse con su gobierno y la prima de riesgo vuelve a practicar el alpinismo, deporte de riesgo donde los haya; el paro no para, el precio de los carburantes está tan alto que hay que mirar los indicadores de las gasolineras subiéndose al capó,  los viejos en los centros de tercera edad echan cuentas de su subida no entendiendo cómo les cunde ahora menos...

El farol se apagó. ¡Los 100 días y serenoooooooooooo! se oye gritar en la oscuridad de la calle, pero nadie se atreve a salir. ¡Ánimo: nos queda el futbol, Eurovegas, los bares más baratos que nunca y el "todo a 100"!   

lunes, 2 de abril de 2012

Domingo de Ramos


Jerusalén. 30 D.C.
Cerca de Betfagé y de Betania, al pie del monte de los Olivos, los apóstoles buscaron el burro que El Maestro les había indicado,  pusieron sus capas encima, se lo trajeron  y Jesús montó en él.  Muchas personas extendían sus capas a lo largo del camino, mientras otras lo cubrían con ramas cortadas en el campo. Y tanto los que iban delante como los que seguían a Jesús gritaban: «¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Ahí viene el bendito reino de nuestro padre David! ¡Hosanna en las alturas!»

Burgos. 1967. D.C.
Una madre lleva de la mano a sus cuatro hijos pequeños. Entre 3 y 7 años se reparte la edad de los chiquillos. Los palmeros reparten sus puestos por la Plaza Mayor. Se ofrecen ramos primorosos, llenos de rizos y trenzados. Bellas filigranas con la celulosa dorada de la palma. La madre compra cuatro ramos secillos de palma amarilla y brillante, ella se conforma con un ramo de olivo o de boj que ofrecen en el atrio de la iglesia.
La procesión prosigue luminosa y alegre. La sonrisa ilumina el rostro de los niños y estos blanden orgullosos las palmas que sobresalen entre los congregados. Estas es la procesión de los niños, del júbilo, de la alegría, del juego...

Tuy, 1973. D.C.
El joven avanza entre la larga fila de juniores que han sido convocados a la Procesión. Tuy es un hervidero de paisanos, cofrades y turistas. Se siente incómodo expuesto de este modo entre las hilera de seminaristas y postulantes. Se pregunta avergonzado porqué ha de estar ahí, avanzando con falsa altivez en la de juniores maristas. No tienen atuendo clerical, van con sus trajes de domingo. A lo sumo siguen un humilde estandarte. La gente los mira. Ellos se sienten observados, raros, extraños...

Alovera, 1 de abril de 2012. D.C. 11:30 A.M.
 El ciclista pedalea lentamente entre las calles de Alovera. Ha venido desde el cercano pueblo de Cabanillas del Campo a sentir el primer beso de la primavera en forma de brisa fresca sobre su rostro. Se acerca a la Plaza del pueblo donde está la iglesia parroquial, enfrente del ayuntamiento. En los jardines, en los parques, los seres nuevos se se mueven empujados por la vida nueva que resurge: los primeros brotes, los afanosos insectos, los niños liberados de la pasividad de un invierno cruel...    El ciclista pasa al lado del soportal de la iglesia. Un montón de ramos de olivo se alza en el porche porticado. Una devota mujer coge  uno de ellos y penetra en la penumbra del templo. El ciclista, de pronto, cae en la cuenta: ¡Ah, pero si es el Domingo de Ramos!

La máquina del tiempo se detiene. El resorte del reloj de la vida comienza la marcha atrás:

Jerusalén. 30 D.C.
Cerca de Betfagé y de Betania, al pie del monte de los Olivos, los apóstoles buscaron el burro que El Maestro les había indicado...