jueves, 16 de octubre de 2014

Sonrisas dulces

Un niño que conozco es uno de los protagonistas de este vídeo de la Fundación Aladina: un vídeo genial. Os invitamos a verlo y a colaborar haciendo "clic". Por este sencillo gesto se produce una donación de 5 céntimos a la fundación Aladina.  


http://www.sonrisasdulces.com/


(Ver en YouTube)

"Al margen de la donación por la venta del producto, Migueláñez sumará otros 5 céntimos de euro por cada clic en el spot solidario alojado en el microsite www.sonrisasdulces.com Los protagonistas del spot son Nerea y Héctor, dos niños con cáncer que actualmente reciben apoyo de la Fundación Aladina. En la ficción, los niños se encuentran ingresados en una habitación de hospital. Inesperadamente reciben una lámpara maravillosa que convierte sus deseos en realidad. La habitación, poco a poco, va albergando todos los sueños de los niños, desde el personal sanitario disfrazado de superhéroes a animales, música y bailes, pasando por la visita de un personaje muy especial. El objetivo del spot es concienciar a la sociedad sobre la importancia de apoyar y animar a niños y adolescentes con cáncer y a sus familias, “para que nunca pierdan la sonrisa”, como recoge el propio eslogan de la Fundación Aladina. Paco Arango, presidente de la fundación, y Mario Migueláñez, director general de la empresa, forman parte del elenco de actores que intervienen en el spot, que ha dirigido el propio Arango"

Dos pollos en el tejado


Siempre me pasa lo mismo. Accedo a Google Maps por motivos de trabajo y acabo subyugado por la fascinación de sobrevolar sitios conocidos, lugares que ocupan una parcela de mis recuerdos y que me impulsan a reconocerlos, a visitarlos de nuevo y recordar...

Hoy volé sobre mi antigua barrio en Burgos, me situé sobre la calle San Joaquín, y dirigí mi vuelo calle arriba hasta el circuito de motocros de San Isidro.Ese viejo circuito, que desde arriba parece tan pequeño, fue mi lugar de juegos y carreras (a pie y con aros, que bici no tenía) entre los 5 y los 10 años. Recordé entonces las espectaculares carreras de aquellas motos rugidoras y potentes que realizaban saltos increíbles en los cambios de pendiente. Me vi de pronto escarbando entre la tierra de uno de los caminos y sacando una antigua moneda que creímos romana (resultó ser una pieza de cobre de 8 maravedís). Me contemplé andando por la carretera de Arcos en dirección Villagonzalo Pedernales donde construíamos nuestra pequeña cabaña en uno de los lados del camino, ya lejos del casco urbano...

Volví sobre el tejado de mi antiguo hogar, en un viejo bloque de tres pisos. Allí mismo bajo las tejas rojas estaba nuestra humilde buhardilla. Recuerdo aquel techo, apenas más alto que un hombre en el centro y que iba descendiendo hasta la pared lateral donde incluso nosotros, niños de 3 a 5 años, teníamos que agacharnos. Éramos pobres, no me avergüenza decirlo; nos llegaba para comer y poco más. Incluso nuestros vestidos los hacía mi madre para ahorrar algo. Comíamos, de cuando en cuando, recortes de galletas estropeadas comprados a precios de saldo en una fábrica cercana; pero éramos felices.

A mi madre, siempre imaginando, siempre ideando alguna novedad para entretenernos; se le ocurrió en una ocasión  comprar dos pollitos en el mercado. Aquellas dos suaves bolitas de plumas amarillas nos entusiasmaron. Nunca habíamos tenido ningún juguete así: tan hermoso, tan blandito, tan inquieto...¡y tan hambriento! Los pollitos comían cuanto les poníamos. Pronto empezaron a hacerse grandes y a resultar molestos. No había espacio para todos en aquella pequeña buhardilla. Mi madre pensó en deshacerse de ellos pero, advirtiendo la ilusión que nos producían, se decidió a soltarlos libremente sobre el tejado. Acotados por las paredes de los bloques vecinos, más altos, y detenidos ante el  precipicio del alero por un pequeño murete, los pollos crecieron hasta alcanzar el tamaño de un gallo joven. Durante ese tiempo, todos los días, abríamos la claraboya de nuestra buhardilla y los llamábamos. Las aves venían a toda prisa y los cogíamos en nuestroregazo para darlos de comer de nuestras manos sintiendo divertidos sus leves picotazos en la palma.  Alguna vez, cuando había alguna carrera de motocros, mi madre nos subia al tejado y veíamos desde allí las evoluciones de las motos;  entonces acompañábamos a los pollos sobre las tejas. Nunca fuimos tan atrevidos como a los cinco años, sobre aquel tejado, reyes del mundo y acompañados de nuestros inquietos amigos gallináceos.

Llegó el momento en que nuestros padres decidieron acabar con "el problema" de los pollos.  Habían crecido mucho y sus deshechos llenaban de porquería el tejado. Cuando llegamos una mañana del colegio y fuimos corriendo a ver a los pollos, no acudieron. Pensamos que habían volado o algo así porque, aunque nos decían que no podían volar, ellos tenían alas ¿y porqué no emplearlas?. Caricontentos nos sentamos a la mesa. Aquel día tocaba pollo asado. Una sombra de duda pasó por nuestras cabezas. No probamos bocado.  

miércoles, 15 de octubre de 2014

Perder las amistades


Tengo pocas amigas en Facebook y, a partir de ahora mismo, una menos. Le retiro la amistad virtual por dignidad: ¡Sí, también la dignidad virtual existe! Mantendré mi amistad de carne y hueso, mi agradecimiento por su generosidad al compartir su casa conmigo unos días, por su buena conversación,  por su delicadeza ante mis problemas con las conversaciones (y no solo por el idioma), por ser de la familia al fin y al cabo, por disfrutar de la compañía inteligente de su pareja y por la sonrisa encantadora de su pequeño hijo que lo ilumina todo.

Lo hago porque no puedo permitir que aparezcan en mi muro comentarios injuriosos a la nación que me ha tocado, a la generalidad de sus habitantes, entre los que me cuento; y a mi propia comunidad autónoma, una de las más pobres, sufridas y abandonadas de España...

Lo hago porque no acepto leer frívolas interpretaciones históricas; presentaciones parciales de las noticias y la realidad, siempre sesgadas en la misma dirección; comentarios y noticias seleccionadas de forma partidista con una clara intención de desprestigio del otro...

Lo hago porque me pone de mal cuerpo tener que presenciar titulares desvalorizantes, pueriles  generalizaciones sobre los comportamientos de algunos sinvergüenzas, descrédito del trabajo de millones de personas honradas...

Pero sobre todo lo hago  porque, en lo que considero una falta de respeto, han sido borrados comentarios que, de buena fe, he puesto en algunas ocasiones aportando información o argumentos que rebaten la noticia compartida o a aquellos que la comentan. Es lo que más me ha dolido.

Porque mi nación, España, tiene tantas cosas buenas como la que más; e hispanistas los hay a miles y en todos los países. No es necesario demostrar su grandeza y tampoco es justo cebarse en determinados momentos de crisis  (en todas partes cuecen habas). Y sobre corruptos, son legión (en España y Cataluña;  por mirar por aquí cerca...). Y sobre confundir la parte (dirigentes ineptos) con el todo (los españoles, los habitantes de este "país de chiste", etc), pues que quieres que te diga, somos primos hermanos... Respecto a la metonimia de confundir Castilla con España ¿qué decir? Contra lo que piensa la gente (propaganda interesada) Castilla es una pobre región, cuyos trabajadores durante siglos se deslomaron en el campo y ofrecieron sus mejores hombres por la nación recibiendo a cambio muy poco (como decía Alfonso Fernández Coronel poco antes de ser ajusticiado: "Esta es Castilla, que face a los omes e los gasta")

Porque la continua referencia a diarios, entradas o noticias sistemáticamente orientadas a desvalorizar al otro ("a mí", ya que no me consideran "de los suyos") no la puedo tolerar. ¿Acaso creen que acepto los comportamientos de ciertos políticos mediocres, ineptos o corruptos que nos representan? ¿Acaso piensan que todos los votamos? Y aunque así hubiera sido piensan que no nos indignamos? Que no nos abalancemos sobre un kalasnikof, como propone un sobrino mío, no significa que lo aceptemos y no luchemos a nuestra manera (¡Y hay maneras!) contra ellos. Poco conocen esas personas la vida diaria de los muchos, de las decenas de millones de personas que se afanan,  sufren, luchan y trabajan por cambiar esta realidad. Doy fe, los tengo al lado todos los días: son gente que que practica el "ora et la labora". Pero hay que saber distinguir los lobos de los corderos. Y no cerrar los ojos antes la oveja negra; que algunos tiran al bulto. 

Porque no puedo consentir que, tras una reflexión cuidadosa y documentada mis palabras se pierdan en el vacío, se eclipsen ante los argumentos de los afines, se evaporen al sol de los amigos de cuerda: O hablamos todos o no habla ni dios, que le dejan mudo si no es nacionalista. 

Así que, querido amiga, si lees esta entrada; quizás entiendas porqué te he borrado de mi lista. Desde el respeto que te tengo, te exijo el respeto que merezco. Que seamos felices. Sé que cada cual tiene motivos para ello. Carpe Diam.

lunes, 13 de octubre de 2014

Microrrelatos: "Super-PEM"


La pareja de adolescentes whatsappeaban sentados sobre el respaldo de un banco, con los pies apoyados en el asiento, entonces lo presintieron...
La joven solitaria colgaba en su muro de facebook el enésimo video compartido de unos juguetones gatitos, por su ventana entró un resplandor cegador...
El señor maduro escribía en su blog desde su habitación. Se paró un momento a pensar en la próxima frase de la entrada que escribía, entonces enscuchó el terrible trueno...
La niña twuitteaba con su móvil recién comprado, en ese momento sintió que vibraban los cristales...

El aire se electrizó instantáneamente y potentes corrientes eléctricas se desplazaron en flujos rapidísimos. Los cables de alta tensión estallaron como una mecha continua de fusibles sobrevoltados. Los circuitos chisporrotearon, los condensadores estallaron, los led se derritieron, las placas se chamuscaron... Los móviles enmudecieron, los ordenadores se apagaron entre pequeñas volutas de humo...

El super-PEM, un pulso electromagnético descomunal, había sido provocado. Era una respuesta defensiva a un ataque nuclear con misiles teledirigidos.  Éstos, erráticos, explosionaban ahora sobre el mar.

Los adolescentes se miraron. Uno de ellos dijo tímidamente: ¡Hola!...
La joven solitaria se asomó a la ventana. Vio un pequeño gatito asustado en el jardín. Bajó corriendo y le cogió en su regazo...
El señor maduro se levantó de su silla y salió a la calle. Enseguida se unió al grupo de vecinos que intentaban poner en marcha un viejo generador...
La niña, llorando, salió corriendo a buscar a su vecina. Se abrazaron y estuvieron así mucho rato. Luego vieron a otra niña asustada por la calle. La fueron a buscar y la dieron la mano...

Y otra vida comenzó.

domingo, 12 de octubre de 2014

Cumpleaños


Hoy, pecando de presuntuoso, me dedico la entrada: es mi cumpleaños. ¡A mi salud!

Y voy a escribir sobre esta costumbre tan social, tan popular, de celebrar cumpleaños, o cumpledaños (según se mire). Yo, no tardando mucho, llegaré a esa edad en que uno preferiría descumplirlos; aunque ahora mismo me conformaría con mantenerlos. No estaría mal eso: quitar cada año una velita de la tarta y llegar al cabo del mismo tiempo vivido a ser un bebé de nuevo. Al fin y al cabo tiene cierto parecido a lo que acaba ocurriendo solo que con el cuerpo arrugado y roto.

Yo, sobre mi cumpleaños, tengo mi pequeño secreto: lo celebro dos veces (ahora mismo acaba de dejar de serlo). Mi personal celebración, íntima y reservada, el día 10 de octubre; y la oficial, social y pública, el día 12. La razón de esta doble festividad tiene su origen en un despiste de mis padres a la hora de inscribirme en el registro. Se les pasó el plazo establecido y, para evitar pagar la multa correspondiente, decidieron declarar que había nacido dos días después: justo en la festividad del Pilar y coincidiendo con la celebración del día de la Hispanidad. La importancia de estas dos festividades siempre ha eclipsado mi aniversario (¿Quien puede competir con la propia Virgen y la Nación entera?), así que me reservo la parte más entrañable para el día 10, anónima fecha, donde (además de ser la real y cierta) soy el máximo protagonista del día.  Ese día me alegro o me entristezco (según se mire) a la vista de otro año más transcurrido y me pongo un pelín trascendente: a veces toca hacer un acto de contrición y propósito de la enmienda de algunas cosas.

La celebración oficial con su ritual de llamadas, felicitaciones, regalos, comida y tarta; con ser quizás necesaria (no estoy muy seguro) va perdiendo fuerza con los nuevos tiempos. A veces la cálida voz de una llamada se cambia por un mensaje en el whatsapp con tartita  virtual incluida;  te felicita Facebook, el Corte Inglés, Universia o Bankia con más puntualidad y fidelidad que tu  propia familia; los regalos se convierten, a veces, en sobres con dinero (menos mal que todavía mis alumnos regalan dibujos, cartas o poesías);  las comidas se posponen hasta coincidir con algún otro familiar y reducir costos; las tartas dejan de apetecer a los niños (que fueron siempre los más agradecidos y en quienes más se pensaba al encargarlas)...

La gente te regala, pero tras ese regalo late la certeza de una segura correspondencia. Se trata más bien de un intercambio. No soy el único que piensa así, uno de mis cuñados (austera gente del norte) también lo piensa. Estoy pensando en hacer con su colaboración para este año una pequeña performance en el momento de los regalos: Aprovechando que celebraremos el cumple en el mismo día me presentaré con un billete de 500 euros y con gran pompa se lo regalaré mostrando a todo el mundo el gran aprecio que le tengo y lo generoso que soy. Él lo recibirá emocionadísimo y agradecerá mi desprendimiento desmesurado: ¡Eso son regalos, Copón!, - dirá -... Después, con igual solemnidad, me regalará a mí los 500 euros por mi cumple, yo le agradeceré su extraordinaria generosidad y mostraré a todo el mundo que es el regalo más espléndido que he recibido nunca... Eso sí que será quedar bien sin gastar un duro (por si acaso, cuando le proponga este pequeño happening, le diré que empiece regalando él primero). ¡Qué lejanos quedan los tiempos en que se regalaba algo personal, algo de ti mismo: un poema, una pequeña obra de arte realizada con cariño y esfuerzo, una actividad especial compartida...! Ahora el Corte Inglés regala por nosotros (previa caricia de la VISA en la ranura correspondiente, claro).

En fin. Hoy he cumplido "oficialmente" los años. Acabo de cumplir 19... años primos. ¡Estoy hecho un chaval!

sábado, 11 de octubre de 2014

La vida resuelta



Yo, como muchos otros, pasé por el psicólogo en algún momento de mi vida. Recuerdo aquellas entrevistas en las que, mezcla de atracción y repulsión, nos sumergíamos en las motivaciones más profundas de nuestros actos. Con sus puntos de vista, mediante perspectivas diferentes, manejando los silencios, valorando las cosas con escalas nuevas; me ayudaba a construir una imagen más ajustada de mi propio mundo y del que me rodeaba. Me acuerdo perfectamente de algunos momentos en los que pugnaba por salir corriendo,  aquellos días en que con algo de fiebre o con el estrés acumulado de una jornada infernal; le decía que no era el mejor momento para aquellas charlas. Había un punto de agresividad en mi observación y, supongo, todo mi cuerpo "hablaba" de la irritación que sentía. En esos momentos mi  psicólogo sonreía y me respondía: "Es el mejor momento: ahora tienes las defensas baja y eres tú mismo".

Javier Rodríguez, consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, está estos días "algo irritado". Él área de su responsabilidad está en el candelero y afloran las consecuencias de la falta de autocrítica, los efectos de los recortes, la indignación de los profesionales, el estupor internacional ante el chapucerío "protocolario", la desconfianza de la gente que ya no se cree nada de lo que le cuentan los políticos... ¿Cómo voy a tener yo algo de culpa de esto, con lo inteligente que soy?, parece pensar. En su irritación, en su febril calentura, se despacha en declaraciones cuyo análisis no tiene desperdicio. Mi antiguo psicólogo le miraría sonriendo pues se está retratando nítidamente. Por fin, en ese gran teatro que es la política, descubrimos al gran actor en la intimidad, sin la parafernalia y la protección del atrezo, sin el apoyo entre bambalinas.

La expresión corporal, la evidente intencionalidad inculpatoria de la auxiliar Teresa Romero (la ha llamado mentirosa y tonta: "indudablemente hay unos que tienen más capacidad de aprendizaje que otros".), las expresiones de desdén ("Yo tengo la vida resuelta") y chulería ( "Para explicarle a uno cómo quitar y ponerse un traje no hace falta tener un máster"). Hace de las suposiciones pruebas: “Un alto grado de formación tendrían cuando se presentaron voluntarias. A la gente no se le obligó” y encima se queja de "acoso".

Señor Javier Rodríguez: tiene usted una calentura, un virus del alma. Puede esperar a recuperarse  un poco antes de hacer declaraciones y seguir dando el pego o afronte la enfermedad: sea usted mismo y dimita. 

viernes, 10 de octubre de 2014

¡Estallido!



"Estallido" es el título de una película del americanizado director alemán Wolfgang Petersen estrenada en 1995. Contiene los elementos clásicos de un thriller pero lo más interesante es su trama especulativa: un virus extremadamente contagioso y mortal, el “Motaba” (una mutación del Ébola) ha diezmado la población de una aldea en el Zaire. El ejército de los Estados Unidos decide arrasar el pequeño campamento en el que el peligroso virus está aniquilando a la gente a gran velocidad; pero uno de huéspedes cruzará el Atlántico llegará al continente norteamericano, donde el virus comenzará a propagarse en un pequeño pueblo. El film desarrolla una trama muy efectiva y bastante creíble en torno al virus: su diseño (la imagen que presenta del motaba es la del ébola, en realidad), su propagación, sus síntomas, sus protocolos, etc. La investigación sobre el foco de la infección, sobre los primeros portadores del virus en suelo americano y su posterior localización en un pequeño pueblo. El resto, es mero espectáculo de acción convencional.
Yo, que la vi por aquellos años, todavía la recuerdo y sus imágenes han acudido a mi cabeza cada vez que escuchaba las noticias sobre la expansión de la epidemia y, con mayor nitidez aún, cuando me entero de que una de las auxiliares que atendían al enfermo ha resultado infectada.
Así que, cuando oigo hablar de los poblados infectados en África y de la lucha desesperada de los voluntarios dispongo ya de algunas imágenes para horrorizarme. Cuando se habla de protocolos, he visto ya algunos de ellos en la película y soy perfectamente consciente del peligro de contagio que existe en cualquier manipulación de todo aquello que rodea al virus. Cuando hablan de cuarentenas, ingresos, aislamiento, propagación... tengo un referente que, aunque sea una recreación audiovisual ficticia se ajusta bastante a la realidad (parece que Petersen se documentó concienzudamente para filmar la película).

Ahora, quizás, la realidad supere a la fantasía. El estallido se ha iniciado en un lugar llamado mundo (sí África también está en él, aunque nunca pensaste en ella al oír esta estúpida canción). Allí la gente no tiende puentes que unen a la gente corriente; allí se les aisla, se espera a que mueran y se les incinera. ¡Sigamos bebiendo cerveza!

Pero alguien cruzó el puente. Un puente aéreo especial con una carga letal. Dos religiosos moribundos fueron catapultados a Europa para una ilusoria salvación. Quizás algún historiador debiera haber advertido a las autoridades de como se inició la propagación de la peste negra en 1937 por el mundo conocido: los mongoles catapultaban por el aire cadáveres de infectados para contagiar los habitantes de la colonia genovesa de Caffa y estos la propagaron en su huida). Ahora muchos se hacen cruces de la decisión, máxime cuando al menos uno de los afectados se había manifestado en contra de hacerlo. ¿Acaso el hospital Carlos III se ha demostrado más eficaz que los propios hospitales de campaña en Liberia? A medida que vamos conociendo más detalles de lo que ocurría en la planta aislada del Carlos III (desde ausencia de grabaciones de lo ocurrido, cursillos apresurados, falta de vigilancia en las cabinas de desinfección...), de la aplicación de los protocolos (vacaciones inmediatas, falta de seguimiento del personal, consignas poco claras sobre los síntomas de alarma como la fiebre, etc), de la información a la ciudadanía (con ruedas de prensa nefastas, imprudentes acusaciones, noticias confusas...) de la actuación de los responsables (ambulancias inapropiadas, profesionales que han de actuar por su cuenta a los que se les priva de información, descoordinación...)

Produce zozobra pensar en la posible negligencia de una auxiliar de enfermería que aún no había aprobado la oposición (¿no sería más lógico alguien con más experiencia en un caso así?); incluso puede que, por puro miedo, no se atreviera a revelar en las primeras llamadas de auxilio su sospecha de accidentada infección; pero en una situación así no debe haber cabida para un fallo humano. "Si algo puede salir mal, saldrá mal" dice la famosa Ley de Murphy.Y parece que está inspirada en un suceso ral en el que Murphy, frustrado, le echó la culpa a su asistente, diciendo: «Si esa persona tiene una forma de cometer un error, lo hará». Al igual que en el accidente del Alvia, el año pasado, hay cosas que no pueden dejarse solo en manos una sola persona.

El estallido ¡Ojalá! no será probablemente por la epidemia de ébola. El auténtico estallido será por la ira que nos produce tanta chapuza, tanta escusa, tanta mentira, tanta estupidez... esa es la verdadera epidemia.