martes, 6 de diciembre de 2011

Sintiendo en la nuca el aliento de la muerte V "En el Pantano de San Juan".

El grupo de compañeros del curso de adaptación que estudiamos psicología en Somosaguas decidimos reunirnos de vez en cuando y recrear las viejas amistades, así que decidimos realizar una excursión al pantano de San Juan.

Sobre la playa fluvial dejamos nuestras cosas y penetramos en el agua alborozados salpicando y corriendo por la orilla. Después nos fuimos alejando conentrándo cada cual en algún propósito particular. Unos decidieron alquilar  una barca y con ella navegaron hasta el centro del pantano. Yo quise probarme a cruzarlo y llegué hasta la otra orilla con bastante esfuerzo. Estuve breves instantes al otro lado y decidí volver enseguida.

Si en la ida las fuerzas fueron suficientes, en la vuelta, con el cansancio acumulado no auguantaba ya más cuando aún no había llegado a la mitad. Comencé a preocuparme seriamente al ver que las fuerzas no me respondían. Decidí descansar haciendo la plancha, y lo conseguía por momentos, pero el pánico hacía que quisiera volver cuanto antes. Los compañeros de la barca no estaban lejos. Les hice gestos y les grité que me ayudaran, que me ahogaba... Ellos reían y me animaban. Pero no se acercaban... Desesperado continué nadando penosamente hasta que alcancé de nuevo la orilla con la vista nublada y el corazón en un puño. Nada más pisar la arena vomité. Entonces acudieron a ayudarme los de tierra firme.

Después cuando desembarcó la marinería de la barca y me vieron postrado y con mala cara, se miraron sorprendidos: ¡Pero si creíamos que lo hacías en broma!

Walden 3


Seis años antes de aprobarse la Constitución Española, el dos de noviembre de 1972 en la ciudad de Tuy y después de un largo debate, un grupo de 90 jóvenes entre 14 y 16 años decidimos fundar una ciudad modelo. Ese día el recién elegido alcalde de nuestra ciudad recibió una paloma de papel en la que podía leerse: "Inauguración en Tuy de una nueva ciudad. 1972". Y a partir de ese momento comenzó una experiencia inolvidable.

Hay que precisar que el grupo de jóvenes que convivíamos en aquel internado formábamos la promoción de juniores de las provincias maristas de Castilla y León que aspirábamos a formar parte en el futuro de la comunidad marista. No era exactamente como "ir para cura", pero se le parecía bastante.
Hay que aclarar, a su vez, que la idea de "la ciudad" debía sonar bastante rara, incluso escandalosa, a algunos de dentro y de fuera de los muros del viejo juniorado. Detrás de la gestación de esta original fórmula estaban las ideas pedagógicas del movimiento de Escuelas Democráticas, entre ellas la de Summerhill, escuela inglesa fundada en 1921 por Alexander Sutherland Neill. También era popular entonces la Ciudad de los Muchachos fundada por el Padre Silva en Ourense (Benposta), en 1956. Seguramente también era conocida la película homónima de Norman Taurog y protagonizada por Spender Tracy en 1941. Había pues ya un caldo de cultivo propicio: sin embargo, aplicarlo a la educación de jóvenes aspirantes a hermanos maristas era una audacia inconcebible.
Hubo de ser la personalidad y ganas de hacer algo nuevo del grupo de hermanos formadores a cuyo frente se encontraba Miguel Ángel Santos Guerra las que, sostenidas por las teorías pedagógicas recién estudiadas, decidieran poner en práctica esos conocimientos aplicándolos a este grupo que aquí veis cuyas vidas podían cocinarse al fuego lento de las rutinas y el trabajo o bien a la peligrosa presión de la olla de vapor.

Así que se convenció a quién fuera preciso, se abogó y razonó a quien mandara en semejantes cuestiones y, con grandes reparos seguramente, se concedió el nihil obstat al experimento.

Así pues, aquel 2 de noviembre, se inauguraba oficialmente Walden 3: ciudad joven. Atrás quedaban largas sesiones (a veces apasionantes, a veces tediosas) de discusiones, propuestas, votaciones... Por la fecha de comienzo del curso deduzco que fueron casi dos meses de maratoniana preparación democrática. El hermano Miguel Ángel nos dio un curso rápido (¡Qué falta hacen hoy en día!) de normas y habilidades parlamentarias. Allí aprendimos el significado de: "Moción de orden", "Intervengo por alusiones" , "Punto de información"... Aquello funcionaba. Nunca he visto en una asamblea una dinámica tan organizada como entonces. Teníamos un extenso programa de tratamiento parlamentario: elecciones de alcalde, teniente alcalde, jueces, concejales, nombre de la ciudad, bandera, lema, insignia, himno, leyes... Con el peso de las sesiones los duros bancos se hacían insufribles pero todos participábamos con ilusión y comprobábamos asombrados cómo un tema tras otro se solventaban con nuestra activa participación.
Hoy día, ya sé que había un mucho de truco, un algo de pirata en todo aquel planteamiento. La elección de temas, el orden del día, la moderación en intervenciones y comentarios, las intervenciones oportuna, la última palabra... Los hermanos desplegaban su prestidigitación y su autoridad moral, si algún asunto se volvía escabroso o excesivametne polémico para los objetivos finales del juniorado. (Tampoco es muy diferente de un parlamento nacional actual).

En los dos años que permanecimos en Tuy se fundaron consecutivamente dos ciudades: Walden 3 (con claras alusiones al clásico de la literatura americana Walden de Thoreau y a la novela utópica Walden 2, de Skiner) y Edelweis (mítica flor alpina que sobrevive en las cumbres). "Creemos el hombre nuevo", canción del grupo Aguaviva sobre un poema de Rafael Alberti fue nuestro primer himno, el año siguiente adoptamos "Gritaré" de Ricardo Cantalapiedra. También determinamos cómo serían las banderas. La insignia de ambas ciudades fue la flor de edelwais. Álguien hizo un bello diseño del que se encargaron copias para todos. Era una insignia preciosa, lástima que no la conserve. Incluso se confeccionó un sello con su imagen... Incluso teníamos oración propia la "Oración del Ciudadano de Walden 3", que aún conservo.

Unos años después de abandonar aquella ciudad tomé un bolígrafo y unos folios y me propuse plasmar lo que recordaba de su funcionamiento. Los tengo delante de mí. Sobre el verde pálido la letra menuda y desgarbada de aquella época y una exposición bastante detallada de su funcionamiento. Estoy editando una págiana especial sobre sobre todo ello. Aparecerá en breve.

En el día de hoy, 32 aniversario de Nuestra Constitución Española, rindo un homenaje a aquel movimiento ciudadano que nos hizo vivir intensamente un modelo de ciudadanía ejemplar (dentro de lo que podía esperarse).

Ayer, sustituyendo a un profesor en una clase de 5º de primaria, me tocó impartir Educación para la Ciudadanía: asignatura imprescindible a la que no se aprecia lo suficiente y se rechaza desde algunos sectores. Incluso es relegada a la última hora del horario escolar. ¡Qué distinto me parece todo comparado con aquellos años de responsabilidad y compromiso! Hoy convoco al espíritu de aquellos 90 ciudadanos. Tenemos que intentar arreglar esto:
¡Creemos el hombre nuevo, cantando;
el hombre nuevo de España, cantando;
el hombre nuevo del Mundo, cantando!


PAGINA ESPECIAL: un resumen de su organización y funcionamiento en página especial y un enlace a documento PDF con artículos de las revistas y documentos relevantes. Espero que aviven viejos y agradables recuerdos.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Mis pequeños maestros

Yo trabajo de maestro. Mi deber es enseñar a los niños, pero en realidad los maestros son ellos. Yo aprendo. Me enseñan cómo enfrentarse a la vida y a la muerte. Me dan lecciones de valor, de ilusión por vivir. Me demuestran en cada instante cómo reconocer el valor de las cosas sencillas, cómo distinguir lo importante de lo accesorio en el texto de la vida.

Su cole es su casa. Yo acudo allí de falso maestro ya que, como digo, lo más importante me le enseñan ellos. Oficialmente se llama Asistencia Domiciliaria.  He tenido niños con diferentes problemas: a dos de ellos les pilló un autobús (a uno literalmente por encima de la pierna), otros convalecían de diversas y dolorosas operaciones óseas, una pequeña con operación de corazón, otra con una rara enfermedad  que le obligaba a prevenir las fatales infecciones quedándose en casa eternamente, otra con una pierna amputada y problemas en las extremidades, otros... Actualmente tengo tres alumnos con problemas en la sangre. Dos padecen una leucemia y otro sufre una rara aplasia medular. Dos de ellos lo están pasando muy mal.

Ayer visité a uno de ellos. Le vi desganado, negativista... De repente, en medio de la sesión,  ha estallado en llanto. Me había enfadado con él. Quise ponerle los puntos sobre las íes. Empezó a sollozar: "Es que no me concentro, no  puedo, estoy pensando todo el tiempo en lo que me pasa. No puedo pensar en otra cosa. Mi médula no funciona. No responde. El médico se extraña de que no tenga más neutrófilos. Me han metido una quimio muy fuerte y nada. Está mal. Tengo miedo de que no puedan hacerme el tranplante. Tengo un donante que es compatible al 100%, los otros menos: ¿y si el donante no quiere? ¿Y si es de cordón umbilical y los padres lo quieren para su hijo? Pueden echarse atrás y ¿qué hago yo? Me puedo morir. En Rumanía me habría muerto. Allí los hospitales son muy malos y tienen cucarachas. Yo quiero que me trasplanten la médula e  ir al instituto. Tengo miedo de que me rechacen y se rían de mí. Algunos amigos míos se han reído de mí: dicen que estoy gordo, que me ha salido mucho pelo, que me han salido tetas... Echan una carrera para darme envidia y yo no puedo, estoy muy débil. Bajo al parque y me siento en un banco a ver a los niños jugar y yo no puedo. No tengo fuerzas. Ya desde pequeñito, a los cinco años, yo me encontraba mal. Me cansaba, me dolía la cabeza, y  por eso suspendía en el cole, empecé a ir mal. Si me hago el transplante luego me ponen una quimio muy fuerte. Se me caerá el pelo. ¿Porqué me ha salido pelo en la cara, en las orejas? Yo antes no era así.Cuando voy por la calle y la gente me ve con mascarilla me pregunta qué me pasa y cuando se lo cuento se apartan de mí porque creen que es contagioso..."

Daved, con cuatro meses en tratamiento, es ya una enciclopedia en hematología. Me explica con precisión los valores anómalos de las analítica: "Tengo sólo 5000 hematíes por mm cuadrado cuando lo normal son 15000, y mis plaquetas siguen muy bajas. Tengo hemorragias en la nariz, tengo que avisar a mi madre cuando las tengo). Tengo muchas petequias. No me suben los neutrófilos. El médico me dice que es raro con la estimulación de médula que me han puesto... Mi amigo Antonio se ha quedado tonto. Le operaron del cerebro y se ha quedado tonto."

Y yo le cuento mil historias que se me ocurren. Le hablo, le hablo... gracias a Dios me vienen a la memoria alguna anécdotas que contarle. Le alivian. Le hacen olvidar. Le hablo de su amigo Rafa el tontolhaba que se ríe de él: esos no son amigos... le aseguro que sus compañeros de clase parecen chicos estupendos y su profe majísima... Le hablo de otros alumnos que tuve: de la increíble Carla con sus manos de cuatro dedos y su pierna ortopédica después de amputarla por un tumor; todo un carácter que, cuando se enfadaba con el médico que la operó, le exigía que le devolviera la pierna; de la pobre Juani que tiene 3 vértebras machacadas por leucemia y principio de diabetes y ahí está con sus ganas de vivir, de Alejandro que se quedó pelón pero que ahora anda bien listo para engañar a su profe de asistencia diciendo que va a beber agua cuando lo que quiere es subirse a la encimera de la cocina y alcanzar la caja de las galletas...

Él tiene miedo de que le rechacen, de que le vean como un bicho raro. A mí me parece que tiene un agradable aspecto. Hasta es guapo. Tiene  unos hermosos ojos entre azules y grises, largas pesañas, un pelo castaño lleno de reflejos dorados y, sí ahora se ve gordo, es quizás porque antes era muy delgado. A día de hoy tiene los rasgos compensados. Tendrá éxito entre las chicas, seguro. Además es comunicativo y simpático.

Ayer vió en vídeo online  los chicos de la "Planta 4º". Le gustó. Yo le había hablado de ella. Sonrió al contarme la escena "del pase" con la pierna ortopédica...

Así pasamos el resto de la sesión... Al final le propuse el juego de adivinar el número (un juego de potencias de dos que tenia preparado). Mostró un reconfortante interés. Cuando lo aprendió fue enseguida a enseñárse lo a su madre. Ya más tranquilo, me despedí deseándole suerte: mañana posiblemente le comuniquen los resultados de las útlimas punciones de médulas y de ella dependerá prolongar y aumentar la quimio, preparar el trasplante... Mientras bajaba las escaleras de su casa  deseé que esa noche descansara bien. Los últimos días apenas había dormido obsesionado con su enfermedad. La última noche le invadieron terrores nocturnos pensando en que le introducían en en la cámara del escaner...

Llego a casa triste, apenas aliviado por haber contribuído a que se relajara un momento y se animara un poco. Esta noche, antes de acostarme, rezaré una oración al Dios de los ateos por Daved.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

CQC, 1974


He gastado un rato de mi tiempo en buscar en la vida de José Miguel Monzón Navarro, más conocido por "El Gran Wyoming" alguna conexión con los juniorados maristas, porque su estilo, su humor me los recuerdan continuamene. Incluso los formatos de sus programas tienen el aire de aquellas actuaciones que se realizaban en las fiestas y celebraciones de los juniores. Aparte de enterarme de que es médico sin ejercicio, músico, humorista, actor, guionista, presentador y director; nada encontré que lo relacione con aquel ambiente en que viví. Y sin embargo me lo recueda tanto...

Corría el año 1974. Yo estudiaba en Tuy 5º de bachillerato. Éramos un puñado de juniores (no llegábamos al centenar) que repartíamos nuestros días entre acudir a estudiar al instintuo y las actividades de formación relacionadas con las aspiraciones de ser hermano marista. Además de las celebraciones oficiales: cumpleaños especiales, visitas importantes, fiestas y aniversarios; los hermanos habían ideado una forma de animar las comidas mediante algunos "periodistas" que, micrófono en mano,  improvisaban noticias, chistes y entrevistas a los comensales. Yo fui uno de aquellos reporteros CQC, 1974.

La comunidad estaba organizada en forma de Ciudad Juvenil con equipo de gobierno, jueces, banquero, y ¡periodistas!. Pese a preferir los medios gráficos (revista y cartelería) me bregué en los cinco minutos diarios de reportero, intentando ser ingenioso, divertido, crítico... Vive Dios que es difícil.  Exige un gran despliegue de actividad mental y un difícil contacto con el público. Pero, pese a las pifias de chistes sin gracia, ocurrencias no apreciadas o situaciones surrealistas... la experiencia iba proporcionando una tablas que podrían haber acabado en escenario para alguno de nosotros, viejos reporteros estilo CQC.

lunes, 28 de noviembre de 2011

Homo sum (8): Retos y vergüenzas.

Aquel hermano Marcos, director del juniorado, nos daba lenguaje. Recuerdo de aquellos tiempos una temprana afición a la literatura que tuve pronto que abandonar por mis problemas con el latín, la primer asignatura en mi vida que suspendí. Y por culpa de los latines siempre fui de ciencias.

Pero me iba la marcha literaria. Aquel año leí mucho. También me gustaba escuchar las lecturas seleccionadas de pequeños libritos que nos leía el hermano Marcos en clase. También se aprende a leer escuchando. Igual que recuerdo las lecturas colectivas en el Liceo Castilla, cuatro años antes. Lecturas que realizábamos de pie (aún no comprendo el motivo, pero seguro que lo había; los maristas siempre hacían las cosas por algún motivo). Recuerdo con simpatía que la fila de Velasco (puro nervio infantil) acababa siempre balanceándose a su compás invitablemente.

En uno de los temas del currículo se trataba la oratoria. Incluso en el aborrecido latín me parecía divertida la declamación y la oratoria. Nos entusiasmaba Cicerón con sus catilinarias: Quousque tandem, Catilina, abutere patientia nostra? y pasábamos uno a uno al estrado para declamar unas cuantas frases donde competíamos por la entonación y el gesto más enérgico y convincente.

En aquella ocasión nos enomendó la preparación de un discurso sobre un tema a elegir. Yo acepté la actividad como un reto y henchido de autosuficiencia y orgullo, pensando que sería capaz de salir al paso con cualquier tema, pensé: "no elijo tema, lo dejo al azar" Así que busqué un libro cualquiera. Resultó ser un libro religioso. Sobre la virgen y con contenido filosófico... En fin: ¡a lo hecho, pecho!

Cuando llegó mi turno y me planté ante el atril frente a la clase sentada en los primeros bancos de la sala abrí el libro en una página al azar. Leí unos cuantos párrafos y, durante los 10 minutos correspondientes, constuí mi discuro. Fueron 10 largos minutos que dejaron perplejo al público de iguales y sorprendido al profesor. A mí me avergonzaron. No quedó tan bien como yo hubiera deseado. Pero salí del paso.

sábado, 26 de noviembre de 2011

El joven aspirante a poeta...

Era el año 1980. Tres jóvenes diplomados de magisterio pasábamos el año enfrascados en largas jornadas de estudio: ¡había que aprobar la maldita oposición!. Uno de aquellos jóvenes era sobrino del Dr. Félix Rodríguez de la Fuente. Vivía en Sedano. Allí compró casa y pasaba los veranos el, ya célebre escritor, Miguel Delibes. Nos contaba que le había encontrado muchas veces por las calles del pueblo. Que había hablado con él. Que, incluso, le había mostrado algunos escritos suyo.
Yo envidiaba esa oportunidad que el destino no me otorgaba. Estuve a punto de pedirle que le mostrara mis pobres escritos, mis intantiles poemas, casi escolares... Pero me arrepentí inmediatamente. De sobra sabía que jamás los leería. Un escritor no puede leer todo lo que le piden jóvenes aspirantes... Por falta de tiempo, por pura compasión (una crítica negativa destrozaría mis más firmes esperanzas), porque no era  el procedimiento adecuado, porque no le daba la gana... Se me ocurrían mil motivos... No lo hice, pero escribí un poema en el que quedan reflejados mis sentimientos de frustración y de esperanza. Hoy, buscando en mi pequeña bibliioteca libros de Delibes para leer o releer como homenaje y despedida, he encontrado el poema en la primera página de "La Hoja Hoja":

"Si a Delibes pudiera
dar a beber el agua de mis poemas"

Quisiera
que no me dijeras...
Dirás lo que quieras...
Escocerás la herida, 
pero no la idea:
La idea primera,
la idea querida,
la idea eterna.

Serán tus palabras
disparos de ausencias,
más sé lo que he sido
y lo que sé, queda.

No es agua perdida
colada en la arena,
es mar entera.
No importa que bebas,
es  mar eterna.

Obsequio con olas
y regalo nieblas,
pero de tu vaso:
¿me dejas que beba?

Burgos, 23-6-1980

viernes, 25 de noviembre de 2011

Sintiendo en la nuca el aliento de la muerte IV: "... en un simca 1000".


El simca 1000 fue mi primer coche. Mi primera vez de muchas cosas: Mi primera propiedad, mi primer vehículo a motor, el escenario de mis primeros escarceos amorosos, mi primer gran viaje, mis primeras vacaciones, mi primer accidente...

Lo compré en 1981 al conseje de mi colegio, el Gerardo Diego de Parla. El conseje lo había adquirido unos meses antes ya de segunda mano, y lo había puesto a punto. Me lo vendió a mí por un precio ventajoso. Y lo supe aprovechar.

Con él realicé mis primeros trayectos provinciales por Madrid: Llegar desde Parla hasta Arganda pasando por Pinto y Valdemoro. Mi primer trayecto interprovincial: Madrid-Burgos con parada en Somosierra para enfriar el motor. Mis primeras vacaciones: Santander, Las Rías Bajas, Tuy y Portugal...

De todas ellas tengo recuerdos amables. Lo aparcaba en la calle. Lo limpiaba en ríos y arrollos. Arreglaba las pequeñas averias. Cambiaba el aceite en cercanos descampados. Realizaba pequeñas excursiones para conocer los alrededore. Viajaba a casa de mi novia los fines de semana...
Con él me probé en los primeros aparcamientos con abolladura de farola incluída y con él viajé de Madrid a Burgos llevando sólamente  unos cientos de kilómetros a mis espaldas. Recuero el día que decidí visitar a mis padres. Salí de Parla y, al llegar a la M-30, tomé dirección Norte (Oeste). Cuando iba camino de La Coruña, más allá de la Ciudad Universitaria tuve que dar la vuelta y, pensando que acortaba cruzando Madrid por el centro, me interné en infitas calles y callejas por las que me orientaba a ciegas en aquel viernes lluvioso y de  puente. Interminables atascos en las calles me hicieron dedicar más de 3 horas en la travesía. Paré varias veces para intentar orientarme (no conocía Madrid) y, finalmente, salí del paso gracias a una guía compreda en un quiosco y parando cada 2 o tres calles a revisar el itinerario. Entrada la noche circulaba por la N-1 siendo adelantado incluso por los camiones y recibiendo pitadas de varios automovilists por mi ritmo cansino y precavido.  Hacia la 1 de la noche, contemplaba satisfecho en Somosierra las estrellas mientras (pensé que era lo adecuado: lo había visto a veces con los coche viejos) abría el capó y dejaba que se refrescara una media hora.

Fue el coche con el que viajé a Santander encontrando en la vuelta la mayor retención de mi vida, horas y horas en Somosierra. Me llevó hasta Pontevedra en compañía de Charo y nos hizo pasar una noche a la altura de León pues úna fuga de agua dejó seco el refrigerador. El mismo problema a 120 k/h en la autopista a la altura de Villaverde exigió un rectificado del motor; no pude parar a tiempo. Más peligrosa aún fue la caída del sistema eléctrico en una peligrosísima curva a la altura de Rivas Vaciamadrid en una carretera de valencia, por entonces mal iluminada y con poco tránsito un día de diario. Tuve que dar la curva a ciegas, intuyendo su curvatura y sintiendo a tramos el arcén en medio de una orcuridad total mientras frenaba el vehículo. Tuve que empujarlo yo sólo para sacarlo de la carretera a un camino lateral. Pasé en el coche la noche, no si antes adentrarme un kilómetro en el camino hasta la caseta de un vigilante en la que llegué incluso a entrar (no había nadie). A eso de las 5 de la madrugada me despertó la policía enfocándome con una linterna. Ellos me gestionaron la grúa hasta Arganda. La noche la pasé en el hotel. 

Y sí, aunque era en verdad dificil hacer el amor en un simca mil, a mí me resultó sencillamente maravilloso.

Aún recuerdo aquellos parajes y caminos solitarios de los alrededores de Arganda.
Y cuando, ya viejo, muy viejo, no podía pasar las inspecciones ITV lo dí de baja. Y lo dejé en Ayuela, el pueblo de mis padres, aún funcionando perfectamente. Y en una de esas vacaciones en la que nos acompañaban los vecinos con su hijo Sergio de 6 años, se me ocurrió la estúpida idea de hacer una excursión por los caminos de los alrededores con mi hermano Javi y mi vecinillo Sergio.
Al ver lo bien que iba y lo poco que me importaba que tuviera alguna avería me fui animando y acabé saliendo de las pistas y probando caminos casi campo a través. Llendo hacia Rabanillo (la ermita del vecino pueblo de Tabanera) intenté evitar un charco en medio de una recta a bastante velocidad y giro un poco bruscamente. Y nuestro simca, con razón llamado el coche de las viudas, hace un trompo, mete una rueda en el arcén en caída y vuelca sobre un sembrado. Dimos al menos una vuelta de campana agitados como güito en silbato. Mi hermano Javi, zarandeado de un lado a otro, se dió un tortazo con los terrones por el lado de mi ventanilla mientras yo, aferrado al volante, me mantuve en mi sitio. Nuestro vecino Sergio devió girar libremente en el centro del vehículo (iba en el asiento de atrás) sin golpearse con nada pues cuando el coche, que acabó de nuevo sobre las cuatro ruedas, se detuvo miraba asustado y asombrado a todos lados sin comprender qué había pasado. Mi hermano estaba ligeramente conmocionado y tuve que espabilarle para que no se durmiera (por él se hubiera tumbado a dormir allí mismo). A menos de un kilómetro estaban nuestros  padres (en la cammpera de la ermita) y les fuimos a buscar. Haciendo fuerza con las piernas enderecé el borde superior del parabrisas completamente doblado y arranqué el motor.  aún funcionaba. El viejo simca 1000, herido de muerte, fue capaz todavía de llevarnos a nuestro pueblo (unos 5 kilómetros) y, sin detenernos para no tener que dar explicaciones, lo encerramos en el patio hasta que, algunos meses después, la grua de algún desguace lo llevó al cementerio de los coches.

Mi caballo de metal, mi viejo carro, te he echado de menos.