sábado, 25 de diciembre de 2010

martes, 21 de diciembre de 2010

Navidad 2010

No encuentra piso José. Su compañera María está embarazada. Inexplicablemente falló el preservativo y ahora espera un hijo... No es que no le deseen, es que la situación está muy mal. Encima el tetrarca de Galilea ha ordenado revisar el censo y hay que empadronarse.
María, a punto de romper aguas, ha tenido que instalarse en una vieja nave abandonada. Es la primera vez que ejercen de ocupas y lo lleva fatal. Su suegra, con la puerta blindada en su piso, defiende la propiedad privada con uñas y dientes y ¡míranos ahora: ocupando una propiedad ajena!
Sentado en una caja José mira al vacío y  piensa en silencio... La crisis de los denarios ha arruinado a mucha gente. Los prestamistas tuercen el gesto cuando les pides un poco de oro. Alguno de ellos se ha atrevido a insinuar que hipoteque a su mujer...
María se desespera. A la soledad del viejo edificio destartalado se une el silencio de José. Ella necesita hablar, desahogarse y José parece noqueado por las circustancias. No es cuestión de hablar con el viejo perro pulgoso que ha aparecido por la nave.
Nosotros aquí, se queja María, y las inmobiliarias de Belén con cientos de casas vacías, sin vender... Dios mío, con el sueldo de mi marido ebanista no tenemos ni para una sola habitación. ¡Ah, si no nos hubiera despojado el Sanedrín de nuestra pequeña casita! Perdimos el pleito. Los jueces estaban comprados. Todos los saben y nada se puede contra ellos. Si tuviéramos dinero para comprar un regalo al tetrarca de Galilea otro gallo nos cantaría. Quizás podría tejerle una hermosa túnica. Otros lo han hecho ya...

La cosa está muy mal. Hay muchos políticos comprados. El partido de los saduceos y el de los fariseos se insultan y critican públicamente. Los separatistas samaritanos van armados con dagas asesinas. Han atentado contra más de un centurión. No hay forma honrada de conseguir una concesión para arreglar los techos del palacio. José le ha intentado y le pidieron una comisión del 15%.

La horas pasan. María da a luz un bebé precioso. José ha buscado comadronas en el cercano Belén. No hay ginecólogo de guardia en el pequeño consultorio. Falta personal. Han privatizado el servicio. Ahora se pagan buenos denarios porque acuda un médico de Nazaret. En el pueblo le han contado que, nadie sabe como, un grupo de pastores se ha congregado en las proximidades de Belén. Parece que se comunican rápidamente mediante hogueras en el monte. Se llaman "El Libro de las caras" y han transmitido una convocatoria de reunión a la puerta de una nave de las afueras donde aseguran ha habido un nacimiento portentoso: un bebé mejorado genéticamente, una evolución de la especie trascendental.
Se ha dado aviso a los grupos de ángeles y cohortes celestiales, pero no llegan. Hay huelga de controladores de vuelo de arcángeles. Exigen más denarios y clepsidras más pequeñas para medir su tiempo de trabajo.
Entre los pastores se rumorea que existe una organización secreta "La Red que fisga" que tiene en su poder numerosos mensajes secreteos de Herodes a los Reyes de Oriente presionándoles para que no visiten al Niño del Futuro so pena de represalias en el comercio de oro, incienso y mirra. Amenaza con una subida de aranceles que hunda el comercio con oriente.

María se aflige. ¿Que haremos, José? ¿Cómo va a estudiar el niño en la sinagoga de Belén? Los rabinos no saben enseñar. Salen los niños como asnos asiros. El oráculo APIS ha dicho que apenas saben leer papiros. Ni siquiera llegarán a saber jurar en hebreo. Sería más sabio llevarlo a Oriente a estudiar. Allí aprendería bien las matemáticas y con estos tiempos se ganaría bien el pan. Miedo me da, la verdad, dejar solo al niño a la puerta del templo. Se dicen cosas horribles de los sacerdotes...

José vuelve a soñar. Ni siquiera las carreras de cuadrigas alivian su mente atormentada. Se dice que el campeón laureado tomaba hierbas, se ayudaba de pocciones para ganar. Ni siquiera en los juegos del circo
puedes fiarte.

Pasa la noche. Despierta el día. El eterno ciclo se repite. El mundo gira. Exactamente 2010 paseos planetarios después estamos en el mismo sitio.

lunes, 20 de diciembre de 2010

AVÉ si llegas

Con gran despliegue de medios se inauguró ayer la línea de AVE Madrid-Valencia. Para los primeros viajeros las impresiones describen sensaciones excelentes: ¡rápido!, ¡cómodo!, ¡funcional!, ¡permitirá ir a bañarse y volver en el día!, ¡todo perfecto, sólo me hubiera gustado que no lloviera para ver el paisaje...!. En hora y media nos plantamos en Valencia pasando por Cuenca. No está nada mal con la que nos ha venido encima en el transporte aéreo con los controladores, pilotos, AENA, volcanes, nieve, niebla, terroristas, etc...
En el medio siglo que, de momento, ha durado mi vida he tomado muchas veces el tren. Casi niño, con 15 años apenas, ya hacía el trayecto Burgos-Tuy en el "Gallego"; tren nocturno atiborrado de portugueses emigrados que hacían la vuelta a casa. En cada principio y final de trimestre tocaba esperar en la estación, entrada la noche y viajar durante más de 10 horas con parada en Astorga incluída mientras oíamos entresoñando los reclamos de las vendedoras: "¡Mantecaaadas de Aaastooorgaaa!" Después al llegar a nuestro destino en Guillarei (creo que así se llamaba)  aún nos quedaba caminar desde esa estación a la ciudad de Tuy durante más de una hora. Las tres vacaciones anuales de dos cursos enteros (1974-1975) estuvieron acompañadas por esta rutina viajera.

No me asusté, pues, cuando al presentarme en el Gobierno Militar en Burgos para realizar el servicio militar en 1978, me dieron un sobre con varios tikets y billetes junto a tres bolsas de plástico con menú-raciones de viaje para tres días. Mi destino era Almería y, el Gobierno Militar, había encontrado (sin Tom-Tom en aquellos tiempos) la ruta "más barata" Burgos-Almería activando: mercancías, trasbordos, esperas de hasta 12 horas, cambio de estaciones... Así, pues, llegar a mi destino me llevó tres dias con sus dos noches de tren o estación, bocatas gomosos, zumos, quesitos y manzanas. Recuerdo haber visitado el retiro durante laaaaasrgas horas, haber montado en trenes mineros y observar extraños bucles entre las líneas del plano que llevaba sin comprender la razón de semejantes trayectorias. Finalmente llegué a Almería. En la estación observé que había crecido mi primera barba y me dio la impresión de ser un viajero del tiempo. 

Viajar, en la mili, era muy complicado. Permisos (máximo de fin de semana) y malas carreteras entonces para cruzar la península de sur a norte en toda su longitud. Ida y vuelta. Sin embargo (más pueden dos tetas que en la mili la retreta) muchos realizaban un viaje agotador para ver a la novia. Algunos inexpertos, extenuados, sin apenas dormir; iniciaban un mortal regreso el domingo por la tarde y dejaban la vida en las cunetas entre los amasijos del automóvil.  La situación llegó a ser tan grave que el campamento Alvarez de Sotomayor fue oficialmente "arrestado", esto es,  no se permitía a la tropa el viajar fuera de la provincia. Algunos, jugándose oscuros meses de calabozo, siguieron haciéndolo. Los que no teníamos ni coche, ni dinero, ni amigos allí, tuvimos que conformanos con esperar al permiso que, por un mes, podía disfrutar la tropa.

En verano me llegó a mí el ansiado permiso. Había en el campamento una empresa de autobuses que poseía el monoplio de los viajes de los acuartelados en rutas por toda la península. Seguramente hicieron inmensan fortunas con esa exclusividad, pero en aquel año, liberalizaron la actividad y una nueva empresa ofertó viajes a precios muy inferiores. Recuerdo que el viaje hasta Burgos (que venía a valer 1.500 pesetas) había bajado hasta 800. Encantado por el chollo saqué un billete en la nueva empresa. Llegado el día montamos apenas una treintena de personas en el autobús.  Aquello me dio mala espina. Hablando con los viajeros me di cuenta de que yo era el único que llegaría hasta Burgos, el resto paraba en Madrid. Pregunté al conductor y me dijo que en Madrid me pondrían un coche hasta Burgos. Un tanto extrañado de que pusieran un coche para mis solo hice el trayecto hasta la capital donde desembarcaron todos y, cuando me disponía a aguardar las instrucciones para el coche prometido, el conductor me comunicó que no había podido ser y que tendría que bajar allí. Que cuando volviera arreglaría la devolución de la parte correspondiente del importe. Así que me vi solo en Madrid, sin dinero para coger otro autobús... Pasé la noche paseando con mi petate, sentado en los bancos, dormitando en los jardines... Al amanecer emprendí a pie, Castellana arriba, el camino de la N-1 hacia Burgos. En las afueras hice autoestop lo que me permitió avanzar un tramo hasta Colmenar Viejo. Hice un tramo de varios kilómetros andando (el petate al hombro) hasta El Goloso y, aún no sé como, logré recalar en san Sebastián de los Reyes. Desde allí -de un tirón- a Burgos. He de añadir que, a la vuelta, al reclamar a la nueva compañía de autobuses se propagó en la pequeña ofician una epidemia de amnesia y directivos desaparecidos. Nada pude hacer.

Me quedaban 7 meses más de mili hasta "la blanca". Por una de esas casualidades de la vida tuve suerte y conseguí una semana de permiso. Parece que en ello influyó que lograrar hacer disparar a la vieja MG (ametralladora alemana de la segunda guerra mundial) que manejaba tiro a tiro a base de acariciar el gatillo con leves toques. Esa tontería pareció impresionar a algún coronel. El caso es que disponía de 7 días. Decidí, esta vez, viajar en tren.  Los militares teníamos tarifas especiales en ciertos trenes (más lentos y combinados con numerosos trasbordos). Embarque hacia Madrid, primera etapa, antes de trasbordar hacia Burgos en Chamartín pero, por desgracia sufrimos un retraso considerable. Cuando llegamos, el tren con el que debíamos enlazar ya había salido. Eran las 12 dela noche y un grupo de viajeros nos habíamos quedado sin nuestro trasbordo. Nadie se preocupó por nosotros. Una buena señora con tres niños pequeños, intentaba apurada en el andén, que algún empelado le explicara qué podía hacer. Una  hora después por fin se dignaron dirigirse a nosotros para comunicarnos que se cerraba la estación y teníamos quee abandonarla. La madre, llorando, suplicaba que la ayudaran. Finalmente un empelado le proporcionó billetes para un hotel cercano (parece que teníamos derecho a ello, al perder el enlace). Sin embargo no hay hotel para mí. El convenio con los militares -me dice- no contempla estos imprevistos. Yo tendré que pasar la noche donde pueda. Salgo enrabietado de la estación y vago por los alrededores. Busco portales, garages, algún rincón a cubierto donde echarme a dormir sobre mi petate. Nada hay en la Castellana útil a este fín. Deambulo unas  horas y acabo sentado en un banco en una zona ajardinada. Decido dejar el pesado petate escondido entre unos arbustos que hay tras el banco. Marcho, ya ligero, a dar otra vuelta por las calles iluminadas. Intento pasar el tiempo lo más distraído posible. Finalmente, cansado, me vuelvo al parque con ánimo de dormir un rato en el banco anterior. Al aproximarme observo, en la sombra,  un bulto alargado tendido sobre él. Me acerco y veo que es un mendigo. El hombre me mira con los ojos entreabiertos, desconfiado... Yo me llego a su lado y, sin decir nada,  paso por detrás, meto la mano entre los arbustos y saco un enorme petate militar. El mendigo da un respingo, se incorpora y se queda sentado. Le tranquilizo: - No se preocupe, es mío, lo he dejado antes aquí. Me vuelvo y echo a andar en busca de otro banco, lo más alejado posible de allí. Paso en un duermevela las horas que me quedan hasta que abren de nuevo la estación. Aún he de esperar varias horas más hasta que salga el primer tren (apto para militares) con destino a Burgos. Cuando realté esto a las autoridades militares del campamento, para mí sorpresa, me echaron una bronca descomunal: "Yo había sido culpable por dejarme avasallar."

Son mis historias de trenes. Cuando monto ahora en un tren de alta velocidad, apenas encuentro nada que me recuerde aquellos viejos mercancías de mi juventud. Lentos trenes de juventud. Rápidos AVES para la vejez.

sábado, 11 de diciembre de 2010

299.999.999 perdedores

Dice nuestro oráculo digital online Wikipedia que la densidad de espermatozoides en el semen varía de 50 a 150 millones por mililitro, por lo que cada eyaculación (algo superior en volumen a los 2 cm cúbicos) contiene entre 200 y 400 millones de ellos. Poniéndonos en el promedio una eyaculación del montón tendría unos 300 millones de espermatozoides. De ellos uno solo llega a fecundar el óvulo. Estamos pues ante la mayor prueba olímpica de resistencia y orientación existente.


Examinemos el reglamento de la prueba:

Una vez depositados en la vagina, el camino que han de recorrer los espermatozoides para alcanzar el óvulo, es largo y difícil. Largo porque, dada su pequeñez, los 15 cm. que les separan del óvulo, equivalen a un viaje de centenares de kilómetros para nosotros. Y difícil porque, aparte de que existen una serie de dificultades y barreras a su ascenso a través de los genitales de la mujer, han de efectuar este desplazamiento en muy breve tiempo. Esta carrera puede durar hasta tres días y los corredores derrotados morirán irremisiblemente.

La relación de obstáculos que deben salvar es impresionante: desde la presencia de sustancias cáusticas para el espermatozoide como elevadas concentración de fosfatasa ácida y ácido cítrico en los fluidos previos de la eyaculación, a la presencia en la vagina de un medio ácido que elimina a la mayoría. Únicamente los que consiguan refugiarse en el cuello del útero sobrevivirán. Allí les espera una barrera de extrema densidad y viscosidad que sólo se franqueará si es el momento preciso de la puesta ovular lo que la hará más fluida.  Cuando abandonen el momentáneo refugio en el moco cervical, muchos de ellos perderán el rumbo y perecerán. Sólo unos pocos miles conseguirán encontrar el camino de las trompas de Falopio y penetrar en ellas. Pero solamente una de ellas contiene el óvulo, lo que significa que para la mitad el esfuerzo les resultará inútil. Finalmente, poco más de una docena, los más fuertes y mejor dotados de todo aquel colosal ejército, llegarán hasta las inmediaciones del óvulo. Al encuentro con el ovulo solo se  presentarán unos doscientos espermatidos de los millones que tomaron la salida, quienes rodearánn al ovulo y liberarán una enzima que romperá las capas que forman el gameto femenino. El espermatozoide ganador se abrirá paso a través de las diferentes capas que recubren el óvulo, perderá su cola y avanzará triunfante hacia el encuentro con el núcleo.

Así que en esta extenuante carrera los "atletas" han de cubrir etapas larguísimas donde tienen que superar difíciles obstáculos físicos y químicos sustentados por chutes de glucosa (presente abundantemente en el semen), resolver difíciles problemas de orientación, prevenir posibles pájaras en el camino, luchar a brazo partido con millones de competidores e incluso asociarse con algunos de ellos para el ataque final al alcanzar la meta.  En esta pueba no hay medallas de plata de plata y bronce. es carrera de vida o muerte. Cada uno de nosotros fuimos vencedores. Dejamos en la cuneta 299.999.999 de proyectos fallidos.
 
Desde la macroescala de nuestros cuerpos adultos repetimos la experiencia. Organizamos nuestras particulares carreras bajo el lema: "Citius, altius, fortius". Premiaremos al más rápido, más alto, más fuerte; y organizaremos todo tipo de pruebas para seleccionarlo. El óvulo primigenio se torna en  un pequeño disco dorado. Por él seremos capaces de orientar toda nuestra actividad vital a conseguirlo: renunciaremos a nuestra infancia, entrenaremos durísima y constantemente,  modificaremos horarios y costumbres, restingiremos contactos y amistades, seleccionaremos rigurosamente nuestra alimentación, acotaremos nuestras actividades, tallaremos nuestro cuerpo a molde con la prueba ... y seremos incluso capaces de utilizar la pocción mágica de Obelix, la que nos permitirá ganar con más facilidad a nuestros adversarios.

Nos sorprenden en el día de hoy con la dentención de Marta Domínguez. Esta palentina, paisana cercana y entrañable, ha sido un ejemplo para todos. Una atleta de la que nos sentíamos orgullosos y cuya foto buscábamos. 

Con la salvedad de la investigación aún en curso, todo parece indicar que nuestra heroína particular no pudo resistir la tentación de llegar la primera "por todos los medios". Para mí, que sentí como su mayor hazaña la dignidad ante la caída, la valentía de levantarse y continuar; esta noticia de confirmarse, la despojará públicamente de la gloria de los vencedores y también, privadamente -a mis ojos-; de la gloria de los vencidos.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Cotilleos

Mira que siempre mostré el desprecio más absoluto por los cotillas, correveidiles, figones y husmeadores de la vida ajena. Pero nunca se puede decir de este agua no beberé ni de esta fuente no me informaré... Una sordera se alzó ante mí como muro infranqueable y me inhabilitó para captar las miles de señales auditivas que la sociedad utiliza para comunicar a los individuos e integrarlos en una red de voluntades coordinadas. La información  que recibía del mundo quedó reducida a una nebulosa blanquecina, una vía láctea difusa de estrellas borrosas. Los sonidos me envolvieron amortiguados y caóticos como las notas de una partitura sometida a violenta explosión. Chocan las notas entre sí con desorden Browniano en un guirigay incomprensible.
El mundo perdió su significado. Aislado, mis pensamientos operaban en un bucle infinito sin noticias nuevas.
Mi personalidad derivó hacia la misantropía; mis relaciones sociales al nivel de la supervivencia. ¿Qué hacer? Hay que socializar, pero ¿cómo? Puesto que no puedo desenvolverme en el foro, accedí a las tabernas, a los corrillos, al apartado mundo de las confidencias, los cotilleos, los murmullos... Pedía generoso cuarto y mitad de habladurías y secretos; y así, uniendo hebras deshilachadas, componía la cuerda que podía unirme a la participación y al conocimiento. Una soga de significados para poder atarme al mundo. Me volví un asiduo de los conciábulos, los apartes, los rincones oscuros... Fui asiduo participante de las minipandas. Operé discreto en la pequeña covertura del medio metro. Aprendí a fisgar en las conversaciones a media voz. Así llegué al secreto conocimiento de navegar en la bruma, de extraer información en un marco difuso, a encontrar sentido en el ruido de la tormenta, orden en el caos...

Y ahora, en medio del caos mundial poblado de informaciones sesgadas, escucho las nítidas revelaciones de radio-vecina wiki-fuga. Esta web se ha convertido en el Gran Revelador, en el Cotilla Universal. Gracias a ella, desde la intimidad de nuestra pantalla o ante la rutina de la lectura de un periódico podemos despellejar al gran Estados Unidos de Una Parte de América del Norte hasta verlo desnudo, en su más vulgar intimidad. Y sus parte pubendas sonrojan al voyeur que todos somos. Se confirma la caída del Imperio. Los bárbaros se burlan de los secretos de sus amos, cotillean sus vicios y costumbres, se mofan de su vulnerable desnudez.
Qué paradójico resulta que el origen de todo este caudal de cotilleos estubiera en la evidente falta de comunicación entre departamenteos en EEUU tras el ataque del 11 de septiembre de las torres gemelas en 2001. ¡Tenemos que hablar! ¡Tenemos que coordinar nuestra información!... y puestos a ello volcaron todos sus secretos en una madeja que pasaba por tres millones de manos.¡Qué fatal error! ¡Que invitación más insultante (por fácil) a tirar del hilo!
Me esperan muchos días de momentos sabrosos: conocer secretos vedados a los vulgares mortales, entender situaciones que nos parecías inverosímiles e inexplicables, saber cómo somos percibidos en el país de los amos...
Como en una tertulia de vecinas y ante un humeante café me dispongo a exclamar y compartir dichoso con mis afines expresiones afiladas y ponzoñosas: ¡No me lo puedo creer! ¡Huy lo que le ha llamado! ¡No me digas que a Berlusconi le pasa eso! ¿Que creen que la Kirchner está loca?, ¿De verdad sarkozy va de figurar todo el rato? ¿Que Zapatero gobierna a golpe de encuesta?...
Los grandes del mundo, despojados de sus encopetados parapetos, al nivel del patio de vecinas no van a durar ni un asalto.

martes, 23 de noviembre de 2010

Me joden los inteligentes

C. estaba harto de no destacar, de clases de apoyo, de refuerzos educativos... De ser el tondo de la clase, de no entender ni papa de los libros de texto... No soportaba estar en grupos con niños más pequeños, le resultaba insufrible escuchar al listillo de al lado, al sabiodo de la primera fila, al que le quitaba la palabra de la boca ante cada pregunta...
Ese día C. estalló: ¡Me joden los inteligentes!
Y se quedó tan a gusto.

Y el profe, que pasaba por allí, se quedó mirándolo mientras sus sentimientos se paseaban en el filo entre la reprobación y la simpatía: Primero, C. demostraba que no era tan tonto como podía parecer. En segundo lugar tenía perfecto derecho a manifestar su frustración. Tercero: quizás entreveía ya su destino laboral en algún cuerpo militar (La Legión sin ir más lejos) donde dar rienda suelta a su rebeldía gritando, como un pequeño Millán Astray: ¡Muera la inteligencia! ,¡Viva la muerte!.


viernes, 19 de noviembre de 2010

El niño que dijo "puta"

El niño decía "puta, puta" y se reía. Lo repetía "puta" y me miraba juguetón con sus traviesos ojos verdes.

Josemi era uno de mis primeros alumnos. Tenía 5 años. Su cuerpo intoxicado por una sangre demasiado ácida le había dejado secuelas físicas y psíquicas. Apenas decía alguna palabra. Su familia se fue rompiendo en pedazos a lo largo de los años. Su cuerpo, delgado y frágil, cubierto en parte por las escamas de una soriasis persistente, era flojo, desgarbado.

Allí estábamos, sentados ante el doble pupitre escolar de la mesa de logopedia. Él reía mientras repetía: "puta, puta, puta...". Yo fingía exasperarme y le reñía amenazadoramente: -¡No se dice "puta"!. ¡Esa es una palabra muy fea! ¡La gente se enfadará contigo! ¡Que no se dice! ¿Te quieres callar?... Se lo estaba pasando en grande. Se había dado cuenta de que el profe actuaba. -!No digas eso Josemi, te van a castigar!...

Josemi tenía diagnósticada  una dispraxia verbal, padecía un grave problema metabólico, tenía una familia desestructurada ... tenía... demasiados problemas. Las intervenciones en el lenguaje debían ser intensivas, pero los resultados eran muy lentos...

Y así seguimos, Josemi y yo, en medio de una situación disparatada: Yo encolerizado, comportándome cómo si presenciara un escándalo mayúsculo y él, repitiendo divertido: puta, puta... En esto llegó el momento del cambio de clase.  Josemi se reintegró a la clase de su profe "Doña Pepita" que, próxima a la jubilación, recibió con un suspiro la llegada de su alumno más difícil. Yo volví a mis quehaceres con el siguiente grupo de logopedia. En el pequeño cuartucho, único recinto que se pudo habilitar, ya me esperaban 3 alumnos con dislalia sentados frente al espejo.
Acabada la clase la profesora de Josemi, Pepita, vino a buscarme y me dijo muy seria: - Jesús, a mí no me parecen nada bien esos sistemas modernos para enseñar a Josemi. Se ha pasado la clase diciendo "puta" a todo el mundo.
No pude evitar  una sonrisa:  -¿Y no le has castigado?
- ¿Yo? ¡Nooo!, ¡Sí se lo has estado enseñando tú...! ¿Cómo le voy a castigar?
- Pepita, yo no le enseñé nada. Le salió sólo cuando intentaba decir el nombre de su profe, tu nombre. Quiso decir Pepita y le salió "Puta" y yo me enfadé muchísimo y le reprendí. Y le amenacé para que no lo repitiera. De sobra entendió que esa palabra iba a producir un efecto "tremendo" en los demás. Me harté de decírselo...
Pepita me miró entre perpleja y desconfiada: - Bueno, bueno, le castigaré...
Yo sentí una profunda alegría. Josemi había descubierto el gran poder del lenguaje para influir en los demás. Sí, sería castigado... pero de vez en cuando lanzaría una llamada al mundo, reclamaría su atención y marcaría su presencia: su primer grito de afirmación: puta. Y, respecto a lo indadecuado del vocablo, tiempo habría de pulirlo y educarlo.

Hoy he recibido la noticia de que Josemi murió este verano. Apenas llegó a los 20 años. Tras ocho años de convivencia en el aula llegamos a conocernos muy bien. Le recuerdo. Siento su rebeldía y su rabia: ¡Puta vida!

sábado, 13 de noviembre de 2010

Tusilata

"Quince hombres en el cofre del muerto...
¡ja, ja, ja; y una botella de ron!"

Robert Lous Stevenson nació en Edimburgo (Escocia), en 1850 y murió en Samoa, en 1894. Se cumplen hoy, por tanto, 160 años de su nacimiento. El buscador Google le dedica uno de sus curiosos "doodles" (imágen de diseño propio asociada al título del buscador para conmemorar un acontecimiento memorable).
Una de las pocas palabras que conocemos provenientes de Samoa en los Mares del Sur es "Tusilata" que significa contador de historias. Es el nombre que le pusieron los indígenas de las islas en las que estuvo viviendo los últimos años de su vida aquejado por la tuberculosis hasta su temprana muerte a los 44 años. En el corto periodo de los últimos 15 años de su vida, este contador de historias, ha escrito una de las colecciones de aventuras y ensayos más originales e importantes de la historia. Desde su cama, enfermo y convaleciente gran parte de su vida, imaginó todo un mundo de aventuras: "Mi cama es como un pequeño barco" decía. Recorrió gran parte del mundo buscando un clima más benigno para su frágil salud: conoció las llanuras del viejo oeste, los Alpes suizos, la costa californiana, el Mediterráneo, los Mares del Sur...

Desde muy niño, desde que recibió como regalo una Biblia ilustrada, sintió el deseo intenso de ser escritor.  Él mismo describió su método de aprendizaje:
"Siempre que leía un libro o un pasaje que me gustaba particularmente, en los que se decía algo o el autor se servía de un efecto con propiedad, cuyo estilo poesía vun brioso vigor, una distinguida elegancia, me apresuraba a sentarme y me obligaba a imitar aquella virtud. No lo lograba y lo sabía, y de nuevo lo intentaba y tampoco lo conseguía, nunca lo conseguía; pero, al menos, gracias a aquellas inútiles tentativas, adquirí cierta práctica con la cadencia, la armonía, la construcción y la coordinación de las partes"

"La Isla del Tesoro", su más conocida novela de aventuras, nació al hilo de una anécdota geográficas con que entretenía a su hijastro Lloyd. Hablando de los lejanos Mares del Sur se se puso a dibujar una isla en el estilo de los viejos libros de viajes. Se le ocurrió llamarle "Isla del Tesoro". Más tarde, ante los ruegos de su hijastro y de acuerdo con sus aficiones, de aquella cartografía infantil surgió una historia que ha seducido a todas las generaciones posteriores. La Isla del Tesoro es, probablemente, la más maravillosa novela de aventuras jamás escrita. Relato impresionante que nos arrastra a contemplar cómo se hunde el sol en el mar estando acodados en el puente de la Hispaniola, inquietos por descubrir en qué momento la tarición pirata va a hacerse efectiva sobre el grupo de propietarios del mapa del tesoro.
La debilidad física de Stevenson, así como su carácter soñador y contemplativo , le acarrearon desde pequeño el calificativo de "el prototipo de la pereza". Su dificultad con la ortografía en sus primeros años, sus estudios forzados de derecho, su enfermedad... no pudieron apartarle del camino del genio: escribir los más perfectos y originales relatos de aventuras jamás escritos. Un auténtico "Tusilata"


domingo, 7 de noviembre de 2010

Cervantes con b.

La nueva Ortografía de la Lengua Española (y no símplemente Castellana, adjetivo de deferencia a  autonomías celosas) verá la luz el próximo día 28 en la Feria del Libro de Guadalajara (Mexico).
La Ortograrfía ("Terror del ser humano desde la cuna", en palabras de García Márquez) mantiene la mayor parte de sus dictados normativos: la "ge" y la "jota" siguen ahí, las "haches" se mantienen con su arbitratria lógica (para las mentes infantiles), los libros de texto de primaria seguirán dedicando una página de cada lección a las normas de la "b", la "uve", las "x/s", las "k/qu/c", las "ll/y"... sin embargo algunas cosas sí cambiarán: la "i" griega se llamará "ye" (como ya hacíamos muchos maestros y logopedas), la "be" deberá llamarse únicamente "b" y no "b-alta" o "b-larga", la "w" se llamará "doble v" y la "i-latina" se llamará símplemente "i".
Clarificando el abecedario la "che" y la "ll" ya no serán letras (que sí fonemas) diferenciados. El abecedario queda definitivamente con 27 letras.
En la acentuación eliminaremos el peliagudo problema de diferenciar el "sólo" (equivalente a solamente, adverbio de modo) con el "solo" (adjetivo) o el "éste" (pronombre) con el "este" (demostrativo). A partir de ahora los pronombres homófonos con los demostrativos no llevan tilde obligariamente (aunque se permita su uso).
Otra modificación curiosa es la desaparición de la tilde en la "ó" disyuntiva entre cifras ("4 ó 5"). Parece que las diferentes grafías de los dígitos y la "o" en las fuentes de los procesadores de texto hacen innecesaria esta norma.
Otra pequeña revolución es el uso de la "k", ya generalizado como la ortografía natural de los sonidos Qua, Qui, Quo. Ya no existirá "quorum", sino "cuórum"; ni Qatar, sino Catar; ni Iraq, sino Irak. Igualmente la mayúscula se eliminará de los términos genéricos que anteceden a un nombre propio (Ya no será Golfo de México, sino golfo de México). Otro cambio más: los prefijos se escribirán unidos sólo a palabras simples ("exmarido", "antisocial", "proamericano"), pero separado ante palabras compuestas ("ex capitán general",  "pro derechos humanos"...).
En el caso de los diptongos e hiatos se produce una aclaración. Resulta que no está tan clara la pronunciación como diptongo o hiato de un buen número de palabras (hay mucha disparidad entre los 450 millones de hablantes del español). Antes, la RAE, dejaba al criterio de cada cual la pronunciación y, por tanto escritura de la tilde, en palabras como guion-guión, hui-huí, riais-riáis, truhan-truhán, fié-fie... Ahora dicta norma: se pronuncien como se pronuncien se escribirán siempre sin tilde.

Así que fregando, pegando y reluciendo; nuestra Real Academia Española modifica estas normas que fueron el terror de nuestra infancia. Aún recuerdo el pánico en los examenes a las fatídicas faltas que restaban un punto. Llegué a un dominio extraordinario de los sinónimos alternativos para eludir el terrible "observa" que me hizo dudar años enteros entre v/b en sus cuatro posibilidades. Durante años Robert Louis Stevenson fue mi héroe y no precisamente por su fascinante novela "La Isla del Tesoro" sino porque leí en su biografía que cometía innumerables faltas de ortografía (y si él había llegado a ser escritor, mi futuro no estaba del todo perdido...). Frustrado y perplejo me rebelaba ante los que aseguraban que leyendo se aprendería la ortografía de las palabras con seguridad. Yo leía mucho pero mi vista pasaba sobre el texto sin fijarme demasiado en el ropaje de las palabras, mi mente vivía en el mundo de la historia narrada. Libros ha habido que, al terminarlos, me preguntaba sobre el nombre del personaje sin ser capaz de recordarlo y escribirlo correctamente. 
A trancas y barrancas, sin pasar de lo mediocre, aprobé la asignatura que más me gustaba: Lengua Española. Sin embargo llegado el bachillerato me decanté por la rama de ciencias (y sólo por no tener que vérmelas con la temida ortografía). Cuando llegó el momento de hacer la oposición tuve que plantearme muy seriamente el estudio sistemático de estas normas. Llegué a realizar un abultado fichero donde clasificaba y anotaba normas y palabras. Gracias a Dios (y a mi esfuerzo) aprobé los duros exámenes (algunas faltas cometería que me bajarían la nota, seguro). Y aquí estoy. De profe. Y, la verdad, ahora no suelo cometer faltas (a poco que me fije). Sin embargo, el mayor sinsentido normativo, me ocurrió cuando estudiaba la carrera de magisterio. Pese a seguir la rama de ciencias, ante la posibilidad de elegir una optativa, me dejé llevar por mi  debilidad por la Lengua Española y la elegí. Todo iba bien. Medias de notable hasta que llegó el examen cuatrimestral y, al desarrollar un texto literario, cometí el horrible pecado de escribir Cerbantes así, con "b". Ello  me valió el suspenso. Mis protestas no conmovieron a mi profesora que, firme en sus trece, aseguraba que escribir Cervantes con "b" era una barbaridad. Pasaron los años.Recalé en Alcalá. En una visita a la casa del escritor observo con incredulidad la firma del genial escritor:

martes, 2 de noviembre de 2010

A seis pasos de la Justicia


"Un matrimonio de jubilados lleva 365 días acampado en la calle con su hijo en coma. Están en la plaza de Jacinto Benavente, a una calle de la Puerta del Sol. Viven en una caseta de madera enfrente de una sede del Ministerio de Justicia [...] la familia pide "justicia" para su hijo, que siempre está dentro, paralizado sobre una cama en un espacio pequeño con olor a plástico.
Antonio Meño Ortega, de 41 años, se quedó inválido en 1989 en una operación de cirugía estética. [...]. Durante la rinoplastia hubo un problema y su cerebro se quedó sin oxígeno. Sus padres llevaron a los tribunales a la clínica privada donde lo operaron, Nuestra Señora de América, y al médico responsable de la anestesia. Un juzgado de lo Penal culpó al anestesista de retirarle el oxígeno a Antonio antes de que pudiera respirar [...]. El médico debía indemnizarlo con 175 millones de pesetas (más de un millón de euros).
La Audiencia Provincial, primero, y luego el Tribunal Supremo rechazaron esa sentencia y exculparon al anestesista. El Supremo condenó a los padres a pagar 400.000 euros a la clínica y al anestesista por los gastos del juicio. El matrimonio, Juana y Antonio, dos panaderos de Móstoles, presentó un incidente de nulidad y el Supremo reanudó la tasación de costas. Los Meño decidieron echarse a la calle con su hijo.
Y en la calle, 21 años después de la operación, ha aparecido la última pieza del rompecabezas, un hombre que en diciembre se topó con su caseta de madera por casualidad, según dice la familia, y resultó ser un médico en activo que estuvo en la operación de su hijo como aprendiz, pero que no participó en los juicios. I. F. G., el nuevo testigo, afirma:
"Durante la operación observé que se producía una alteración del ritmo cardiaco, por lo que hice un comentario y llamaron a la auxiliar. El anestesista estaba en otro quirófano en ese momento. Al cabo de unos minutos apareció, levantó los paños que cubrían la cabeza del paciente y comprobó que el tubo a través del que respiraba el paciente se había desconectado. El anestesista exclamó: ¡Dios mío, se ha desconectado!". El testigo, que no ha querido hacer declaraciones a este periódico, nombra en su descripción de los hechos a los cirujanos, al anestesista y precisa el color de ojos y de pelo de la enfermera.
De acuerdo con el testimonio, el fiscal del caso, Félix Herrero Abad, entiende que en los juicios los demandados, "todos ellos unidos por lazos de parentesco y amistad, (...) ocultaron datos a los perjudicados y a los órganos judiciales". La Fiscalía sostiene que la prueba supuestamente escamoteada a la Justicia "podía haber dado lugar a una sentencia totalmente distinta" y reclama al Supremo que se admita la demanda de revisión del caso.
DIARIO EL PAÍS. PABLO DE LLANO - Madrid - 17/06/2010





De Tirso de Molia a Sol cruzo la Plaza de Benavente apremiado por la lluvia que arrecia. En un momento llevo mi mano a la visera para proteger mis gafas de la lluvia y en ese isntante la veo allí, extrañamente absurda, como un error en las clásicas tarjetas de logopedia de "¿Qué falta?, ¿Qué está equivocado?": Una chavola destartalada, cubierta con rafia de plástico azul, llena de letreros y pancartas. Instalad a apenas seis pasos la puerta del Ministerio de Justicia. ¡Qué cerca de la Justicia puede aposentarse la injusticia!
El relato y la justificación de este "error urbanístico", que las autoridades municipales y estatales no se atreven a "subsanar", lo ha relatado la prensa estos días (1), (2), (3). Yo, siento el repiqueteo de las gotas en el plástico haciendo coro con latidos de un corazón ciego, y me solidarizo con la tragedia de Antonio. 

También yo tuve mi particular pequeña tragedia en esa misma clínica. Por suerte puedo definir mejor como "tragicomedia" lo que aconteció pues, ahora, cuando lo recuerdo me resulta cómica y, al contarlo, rien de buen grado mis amigos alternando entre el buen humor y la incredulidad.

Corría septiembre de 1987. El curso pasado había tenido la brillante idea de jugar un partido de futbol con los chicos de la clase. En uno de los quiebros realicé un apoyo forzado y, a partir de entonces, se instaló un agudo dolor en la rodilla. Ahí empezó todo. En verano realicé un viaje a Portugal por la Ruta de las Molestias. Me convencí de visitar al traumatólogo inmedaitamente en cuanto regresara.


Afiliado a ASISA, hojeé confiado las hojas de mi cuadro médico y elegí un especialista de la clínica de Nuestra Señora de América. ¿Sería por estar en Arturo Soria? El caso es que por el nombre, la fachada o por ser privada; me pareció que había de ser una clínica excelente. Pasé consulta. Me hice las radiografías de rigor. El médico aún dudaba. Pidió radiografías más precisas...


En la consulta posterior, con mis radiografías en la mano, encontré que mi traumatólogo estaba de vacaciones. El sustituto me hizo algunas preguntas, miró las radiografías un instante y disparó a bocajarro:
- ¡Hay que operar! A continuación me informó:  -Te puedo operar yo.  Opero esta semana. 
Pasado el susto inicial pensé para mí que me venía bien. Empezaba el curso esa misma semana y podría aprovechar los primeros días de septiembre para la intervención. El posoperatorio sería rápido -unos 15 días, aseguró-. Se trataba de una operación de menisco mediante artroscopia. Accedí.
-Ven 6 horas antes para estar preparado y relajado.  - De acuerdo, contesté.


Así que me presenté el día indicado 6 horas antes como me habían recomendado. Portaba mínimo equipaje: pijama y bolsa de aseo. Me acompañaba mi mujer. Acudí a la recepción instalada en un pasillo. Me informan entonces de que no hay habitaciones disponibles. Había que esperar a que vinieran los médicos y dieran las altas. Bueno -pensé- era un contratiempo que pensaba sobrellevar sin descomponerme. Ví al fondo unas butacas adosadas a la pared  y allí me dirijí a pasar el rato: ración de periódico a fondo y libro a continuación.


Pasaron las horas. En el pasillo coincidíamos inquietos un grupo de pacientes citados a las operaciones de ese día. En esos momentos éramos ya pacientes impacientes. Algunos estaban francamente enojado: sin habitación apenas 2 horas antes de la intervención, sin nadie que nos diera razón de la tardanza o de la escasez de camas... Alguno acabó marchándose de malos modos dejando su operación para épocas más propicias.


Aburrido, cansado de esperar, terminé por sentarme en una de las butacas adosadas a la pared. En ese momento oí el peculiar ruido de un desagüe. Instantes después me sobresalto empapado: ¡Alguien me ha arrojado un cubo de agua sobre la cabeza!


Miro arriba. En lo alto pasillo se ve un boquete de obra con acceso a las cañerías de desagüe, en reparación. De ahí ha venido el chapuzón. Aún chorrea agua por la pared.


Escurriéndome el agua de la ropa, tiritando, excitado; pido explicaciones a la enfermera de la ventanilla... No sabe nada. Ni siguiera ensaya una disculpa. Descuelga el teléfono y pregunta qué ha pasado. Al cabo de un rato me explica que, por obras en las cañerías,  habían cerrado el agua en el piso de arriba; pero  la señora de la limpieza, que no lo sabía, había vaciado un cubo de fregar en uno de los retretes:
- ¡He sido cubierto de mierda!


Sin mostrar ninguna compasión por mi penoso estado, tengo que ser yo quien le urja a conseguirme una habitación: - ¡Necesito una ducha, me operan dentro de dos horas! Cómo parece que es imposible, al menos le pido que me proporcione jabón para lavarme en los aseos del pasillo. Me lavo lo mejor que puedo y me pongo el pijama que, gracias a Dios, llevaba.


Justo diez minutos antes de la hora señalada para el quirófano nos consiguen una habitación. La que tenía que haber sido individual resultó necesariamente compartida. Yo me apresuré a ducharme. Poco después al celador que me afeitaba la rodilla le cuento el caso y le pregunto si afectará a la asepsia de la opración este suceso... Cree que no (¡Ya, y una leche...! -pienso yo-)
Cuando se supone que debía entrar yo en el quirófano, llaman primero a mi compañero de cuarto, un joven de la ONCE que tiene una grave malformación en los pies. La operación duró horas, se eternizaba. En un momento dado sale apresuradamente el anestesista y pregunta a la madre sobre una posible alergia o incompatibilidad de su hijo. La madre le responde afirmativamente. Existe una incompatibilidad y ya lo había comunicado. Tenía que estar en el informe. El anestesista vuelve a entrar a  toda prisa. All cabo de un tiempo ¡por fin! regresa el paciente. Parece que la operación (al final) salió bien. Me toca a mi. Me introducen en el quirófano. Allí, ahora, reina un ambiente relajado. El personal parece de buen humor después de unos momentos que, adivino, fueron de tensíón con el otro paciente. Me alarmo. En unos altavoces suena "La Bamba". Me parece irreal todo esto. Los médicos charlan y bromean. Nadie me presta atención. Me entran ganas de salir corriendo, si pudiera... Finalmente se acercan y me rodean. Les comento lo de la música suplicándoles que me tomen un poco en serio: ¡Que me van a operar! La enfermera se muestra humana y me da conversación. Me pregunta de dónde soy, cómo se llaman mis padres... me pide que cuente: uno, dos, tres... cuatro.... cin co... seis... sie...


Me despierto congelado, siento mucho frio. Me llevan por un pasillo hasta la habitación. Pido una manta. Allí me reciben Charo y familia. Yo estoy helado. Poco a poco me empieza a doler la rodilla. Cualquier leve movimiento me hace ver las estrellas. Paso la noche en blanco, incómodo, sin poderme mover. Al día siguiente me visita mi particular carnicero. Me pide que levante la pierna. Yo no lo veo posible. Él insiste. Lo hago. En ese momento parece romperse algo dentro de mi articulación. Grito atormentado por el dolor. Él se muestra satisfecho y me anuncia que todo va bien: - En un día a casa, comenta. No tendré que hacer nada especial. Mejor no llevar muletas.
Así es que bajé las escaleras del hospital por mi propio pie, apenas ayudado por Pedro, mi cuñado, que al tanto de las recomendaciones del doctor se burlaba de mis quejas.


En casa esperé que regresaran mis fuerzas y bajara mi hinchazón los 15 dias anunciados. Aquello no mejoraba. La siguiente visita al hospital me recibió el doctor original que, cuando me vio, se extrañó de que me hubieran operado. Ladando la cabeza comentó al colega en prácticas que le acompañaba: -¿Puedes creer que me ha operado a todos los pacientes...?
Hube de visitarle muchas más veces... La convalecencia, prolongada mes a mes, duró medio año (casi hasta final de curso). Tuve de someterme a una nueva operación exploratoria buscando explicaciones a la continua hinchazón. El médico hizo venir en una de aquellas consultas a mi particular carnicero. Bajó con el delantal lleno de sangre, recién salido de los quirófanos,  y me examinó, con cara de profundo desagrado, la rodilla. Me preguntó con intención de inducir una respuesta postiiva:
-¿Verdad que estás bien?
- Hombre, estar bien... llevo con esto cinco meses ya... usted me dijo que 15 días y aún no me baja la hinchazón y me duele...
Entre visita y visita, atando cabos, llegué a la conclusión de que aquella fue su primera artroscopia, de que necesitaba prácticar cirugía (sin importar demasiado sobre quien, ni cómo...), que quería forrarse (tantas operaciones y  no suspender ninguna pese a las circustancias en que ocurrieron...) Mi doctor (el bueno) llegó a comentar en una ocasioón cuando le conté la historia del cubo: - "Yo no me hubiera operado". Algunos de los citados ese día, símplemente por el retraso que se acumulaba, se fueron a su casa... Pero yo... tenía comprometido en el trabajo mi vuelta para 15 días después. Lo que es la vida.


A mi carnicerito particular apenas lo volví a ver. Sólamente una vez más se acercó para pedirme que le firmara de nuevo un papel para el anestesista. Parece que lo había perdido y lo necesitaba para cobrar...


Medicina privada... privada... de ética.

domingo, 31 de octubre de 2010

Ovejas en Madrid

31 de octubre de 2010. Hace un día fresco y lluvioso pero hemos decidido dar un paseo por Madrid. Nuestros pasos, como flechas al centro de la diana-plano de la urbe, nos conducen a Madrid. Y allí, sin sospecharlo, nos damos de bruces con la XVII Fiesta de la Trashumancia. Esta coincidencia me hace una ilusión enorme. Siempre había querido ver el paso de uno de esos grandes rebaños que recorren la Gran Vía para reivindicar la ganadería trashumante y el uso propio de las cañadas reales. La comitiva venía desde la Plaza de la Villa donde  el pastor mayoral había entregado a un representante del Consistorio de la Villa y Corte matritense los 25 maravedíes (la moneda española del siglo XV) estipulados en la Concordia entre los Hombres Buenos de la Mesta de los Pastores y los Procuradores del Concejo de la Villa de Madrid según acuerdo  firmado el 2 de marzo de 1418 como pago para atravesar las dehesas y prados de la capital durante cuatro días, a razón de 50 maravedíes por millar (este año fueron unas 600 ovejas). 
Asisto gozoso al paso de los mastines leoneses, los grupos astorganos de danzas, las enormes pendones y banderas regionales, 15 pastores de la comarca de La Serena y de Medina del Campo, varios zagales, carreteros y carretas madereras de Quintanar de la Sierra en Burgos, 600  ovejas merinas dirigidas por su mayoral, varios caballeros de la sierra (que merodean y limpian los caminos), centenares de jinetes y además, este año, la compañía de un centenar de vacas de la raza tudancas, procedentes de los Picos de Europa.
Ante semejante espectáculo echo mano al móvil y grabo su paso, bajo la intermitencia de unas gotas suaves que añaden naturalidad a su paso (la lluvia forma parte de la vida de los pastores). 
En lo que a mí me toca tengo  un gran respeto a esta iniciativa. Muchas veces he recorrido cañadas y caminos bellísimos gracias a Dios conservados por esta tradición tan nuestra. Otras veces he contemplado con tristeza como estas anchas vías han sido tomadas al asalto por constructores, chavolistas o urbanistas municipales que las han echado a perder sin remedio. España tiene, conservadas por una legislación ancestral, una red de caminos de valor ecológico extraordinario. No cedamos a la presión especulativa y urbanística que ya ha arrasado nuestro litoral. Conservemos esta red interior. Recordad las buenas caminatas, las rutas en bici, los hermosos paseos por esas vías que aún son de todos. Es una preciosa herencia para nuestros hijos.


Sólo es literatura

(Montaje de la cara de Esperanza Aguirre sobre la primera fotografía de la concejala de Lepe María Dolores Jiménez, que apareció en un calendario.)
Hay días en que, ante las asombrosas declaraciones de nuestra presidenta, me quedo estupefacto y me entran unas ganas terribles de escribir una réplica en este blog. Normalmente suelo tranquilizarme, decirme que no merece la pena, que no debo entrar al trapo de esta señora tan torera y que, seguramente, cualquier comentario sobre su persona "la engorda". Al fin y al cabo: "que hablen de una, aunque sea para mal."
Pero las últimas están agotando mi paciencia y la mala leche se me amotina frente a mis buenos modales. No basta ya con dar el premio de igualdad al presiedente de Telemadrid (acusado de acoso sexual a su secretaria), o presumir de "pobre de pedir" (cuando sé de buena fuente de su extenso patrimonio en Guadalajara), o asegurar que no le importaría posar desnuda como la concejala de Lepe ("Me encantaría, pero no estoy en condiciones", ha dicho)... Es que lo de ahora, la última sandez, clama al cielo: Justificar las palabras del ¿escritor? Sánchez Dragó aduciendo que son sólo literatura sólo pueden producir deseos de "escribir un poco de literatura" en honor a esta señora tan "liberal".
¡¡¡AUTOCENSURADO!!!
Y escribí el relato... No resultó difícil (bastaba imaginar a "Esperanza" como Esperancita a sus 13 años y hacerla ocupar el lugar de una de esas lolitas japonesas.Y resultaba sonrojante leerlo. Tan sonrojante ¡y peligroso! (me juego los garbanzos con ello) que decidí retirarlo de esta entrada.  El relato estuvo un día colgado en la web y, posiblemente nadie lo leyó (mi blog es practicamente íntimo). A la mañana siguiente, comentándolo con mi mujer, me isntó alarmada a retirarlo. Pero os lo podéis imaginar...
 ¡¡¡AUTOCENSURADO!!!
  Algunos podéis pensar: escribir así es delito. Pero yo estoy tranquilo. Nadie me va a denunciar. Al fin y al cabo los más directos implicados afirman que "Es una historia literaturizada, digamos, a partir de una anécdota trivial. Se remonta a 1967. Ya ha llovido: casi medio siglo" . Además "Si alguien hubiera hecho propaganda o apología de un delito en la televisión pública evidentemente que no, pero la literatura es eso, literatura". Y respecto al insigne literato, en plena campaña "DigoDiego" recordarle que las hemerotecas pueden desenterrar declaraciones y verdades que, a veces, ni siquiera su memoria recuerda. Aquí tenéis escaneadas un par de páginas de su libro "Una vida mágica" escrito hace ... 26 años. ¿No os recuerdan estas líneas eal episodio del “polvo con las zorritas de trece años en Japón”? Su afan por presumir de macho ha sido también perdición.

jueves, 14 de octubre de 2010

Quinta galería


Felizmente resuelta la tragedia, 33 mineros chilenos se reincorporan a un día a día diferente. Serán ahora héroes involuntarios, famosos sin solicitud, premiados sin loteria en la prensa mundial. Esta nueva etapa, para la que han tratado de prepararlos expertos psicólogos, provocará sin duda en algunos una tragedia más traumática que su largo encierro. 
Allí abajo, donde ahora "está todo ordenadito"; es decir silencioso, fríamente iluminado con las lámparas de 500 w,  en medio de una temperatura de 35º y una humedad del 80% que ya no afectan a nadie; solo flotan los recuerdos, las voces, los gestos, el olor a sudor, las lágrimas, las conversaciones...
Curiosamente la experiencia de pasar tantos días encerrados en la mina tiene semejanzas con un viaje interplanetario. Intento imaginarme a ese grupo de hombres hirviendo a presión sus emociones, angustias, depresiones, esperanzas, disputas, agresiones, confianzas... en la olla de la mina con la válvula cerrada igual que un viaje espacial en una pequeña Enterprise. ¿Qué más da estar encerrado y "tan lejos" de la propia especie en medio de la nada espacial o de las espesas rocas de la litosfera?

A mis 15 años uno de mis tios me regaló un libro de Jose Luis Martín Vigil. Se trataba de "Quinta galería" y narra un accidente minero en el que queda encerrado un pequeño grupo de mineros. Las tensiones, conversaciones y vivencias que describe no pueden haber sido diferentes de las que han tenido que soportar estos 33 mineros de Chile. Otro libro "Germinal", de Emilio Zola, también se desarrolla en el interior de una mina tras un accidente que deja incomunicados y con varios heridos a una brigada de mineros. Lo descubrí entre un montón de libros viejos en el pueblo de mis padres uno de esos veranos en los que buscaba la forma de pasar las largas horas de la tarde. Me fascinó tanto que lo leí sin pausa por espacio de dos días, sin salir de casa siquiera a bañarme de sol para conservar el ambiente.

Así que, cuando intentaba imaginar cómo se desarrollaría la vida de esos hombres, lo hacía con las imágenes sugeridas que dejó en mi memoria la lectura de estas obras y, en cierto modo, llegaba a comprender muy bien cómo podrían sentirse, cómo estaban reaccionando ante esta desgracia, cómo se sentían vencidos tantas veces y cómo la esperanza brillaba intermitentemente, a veces con luz agonizante pero siempre viva... Porque la esperanza es lo último que se pierde. Aunque a veces ocurre. Para felicidad de todos, hoy no fue así.  

miércoles, 13 de octubre de 2010

No levantarás falso testimonio

No sé si en este país, tenido como cristiano, hacen mucho caso a los propios mandamientos. Pero hay uno, el octavo, que debería tener confesionario aparte, por exceso de aforo.

Algún día, muchos, tendrán que rendir cuenta de sus mentiras, de la sarta de necedades que profieren en todo tiempo y lugar. Ha tenido que surgir una crisis económica así para desatar la veda de los insultos injustos y desmedidos, cínicas mentiras, acusaciones infundadas, maldecires sin tasa, descalificaciones gratuítas,  inventivas ruínes, calumnias, descalificaciones, acusaciones, exageraciones, parcialidades, menosprecios; y todo ello dicho así ¡a gusto!, despachándose sin coto, expulsando la diarrea de falsedades sin aprecio de la verdad, la justicia y ni siquiera del buen gusto.

Basta leer la prensa, escuchar la radio, acercarse a un bar, pillar al vuelo alguna conversación de vecindario. La gente larga sin compasión. Dispara barbaridades sin pensar un segundo. Despellejamos al prójimo con la naturalidad del matarife.

¿Pero es que nadie piensa un poco lo que dice? ¿Es que todo el mundo acepta lo que escucha? ¿Por qué no te callas? (y no te lo digo como rey).

Quieran reconocerlo algunos o no, la mayoría de los políticos del gobierno (que no son ineptos, subnormales, gilipollas, estúpidos, buenistas; ni nada  por el estilo) están dando prueba de una paciencia infinita. Mantienen los buenos modos. No insultan. No faltan al respeto...

Parte de los medios se muestra tan parcial, tan negativista que al final, se niega a sí misma. La oposición lanza salivazos de falsedades contra el viento.Ha perdido cualquier razón que le asistiera. No se puede torturar a la verdad hasta que se desdiga de sí misma. No se puede insultar sin consecuencia. Acusar sin pruebas. Herir sin agresión. Maldecir sin pagar intereses.

Y me indigna tanto porque estas mezquinas ligerezas pueden dar al traste con un montón de gente buena, de proyectos honestos, de esfuerzos generosos.

Gracias a Dios están las hemerotecas, los vídeos, las grabaciones. Pervivirán en nuestra memoria. El tiempo será justo juez y pondrá a cada  uno en su sitio. Entonces no valdrá el "digoDiego". Vive Dios que recordaré... y no habrá penitencia que les absuelva.

martes, 12 de octubre de 2010

Una Humanidad Protectora

1. El hombre del bicentenario
El año pasado se cumplieron 200 años del nacimiento de Charles Darwin. Medio mundo conmemoró el bicentenario. En el colegio Jarama de Rivas donde acudía semanalmente a coordinarme con Mercedes, la tutora de primero A, lo celebraron a lo grande con una Semana Cultural preparada largamente, densa en actividades y exposiciones. Desde comienzo del curso estubieron proyectando trabajando para pequeños, pero numerosos, talleres interactivos por los que pasaron después todos los niños. El tema global fue "La Ciencia" y Mercedes se encargó, específicamente, de la Biografía de Darwin y de la importancia de su trabajo con su Teoría de la Evolución como obra más notable.
Por mi parte , un profe que accede accidentalmente al centro, busqué algún material para su taller y, mientras lo revisábamos, comentamos lo difícil que sería explicar a los niños de primero la Teoría de la Evolución: ¡Si ni siquiera llegaron a aceptarla la mayor parte de la gente de su tiempo y muchos ni siquiera a entenderla!. Además, en su colegio -con integración de niños con dificultades motóricas- ¿Cómo explicarles la dura realidad de la adaptación de los más fuertes y su privilegiada posición en la supervivencia de la especie?
¿Cómo argumentar la bonanza del comportamiento altruísta? 2. En el Museo de la Evolución Humana.
Ayer, 11 de octubre, tuve oportunidad de visitar el Museo de La Evolución Humana en Burgos. Inaugurado apresuradamente este verano, estaba en cabeza en mi lista de visitas obligadas. Resultó un punto decepcionante.  La anodina mole exterior, que en absoluto armoniza con el entorno, alberga un enorme espacio vacío desperdiciado. Dos prismas emergiendo del suelo con audiovisuales en su interior nos obligaron a 20 minutos de espera para su acceso, saturado en este laborable interpuente. Después, en la planta baja que es la más interesante, numerosos contenido audiovisual, mucho panelado con largos textos y muy poca interactividad. Las minúsculas y valiosas piezas expuestas en vitrinas protegidas se hacían insignificantes ante un espacio desorbitado. Toda la planta está dedicada al yacimiento de Atapuerca y es, con mucho, la más interesante. En la segunda un recorrido por la historia de las teorías evolucionistas con la recontrucción de una parte del barco Beagle donde navegó Darwin hasta las Galápagos, epicentro de los argumentos con que armó su teoría. Bien ambientada, pero enseguida se vuelve a los paneles, las imágenes, los vídeos... La tercera planta ya se empieza a recorrer con prisa. Se mira de forma desganada panel tras panel. Está dedicada a la Evolución en Términos Culturales. Incluye en sus stands materiales e información de difrentes usos de las cuevas de Atapuerca en sucesivos periodos posteriores a la prehistoria. Dedica una atención especial al uso del fuego con un audiovisual en pantalla circular que apenas dice y más bien confunde. A la salida del stand 13 un video sobre una pantallita ilustra mucho más sobre el descubrimiento del fuego que los dos espectaculares minutos de proyección circular cuadrafónica ocn imagenes espectaculares pero ambiguas.  En la planta superior (planta 2) la chiquillería, a punto de motín  tras intentar la lectura de todo el libro de Conocimiento del Medio desplegado por las paredes, se despacha a gusto con una película en primerísima fila (a dos metros de la pantalla) sobre ecositemas. Eso sí que mola: leones, elefantes, jirafas... además ¡por fin! pueden sentarse sobre la suave moqueta y tumbarse a gusto. Completa esta planta, muy clareada de paneles, una "cabaña-cerebro", construída con la inestimable participación de telefónica (está toda estrecubierta por miles de cablecillos de colores) es una performance del funcionamiento del cerebro. Luces que recorren la estructura intentan representar la actividad neuronal en el cerebro, elemento clave de la evolución. En fin. No mucho más de lo que se podría haber encontrado por internet. Se echa en falta interacción, manipulación, talleres, olores, sensaciones reales de frío, pieles, carne asada, hachas terminados (basta de lascas, por favor),  lanzaderas, algún pasaje espeleológico con pasadizos a rastras, alguna buena secuencia de películas como "El Clan del Oso Cavernario" , "En busca del fuego"... La gente, con respeto reverente, accedía a las salas donde se representaba un mundo virtual. Las azafatas se sentían importantes ante la grandeza de lo expuesto y desplegaban sonrisas en su deseo de agradar. Yo me sentía un punto estafado. Recordaba el año 1978 justo el año en que Carbonell inició el proyecto de investigación que continua tan perfeccionado y alabado en nuestros días. Al ver la religiosa veneración ante tales descubrimientos no podía dejar de reirme un poco de aquel muchacho de 19 años que, en compañía de otros jóvenes, se aventuró por aquellas galerías (hoy universalmente famosas) buscando dientes de oso, arrastrandose por galerías y rompiendo alguna de las  últimas estalactitas que quedaban (la mayoría habían ido a parar a los estanques del paseo del Espolón, en Burgos, hacía años).  Aún oigo la voz de nuestro guía cuando al pasar casi arrastrándonos cerca de un hueco nos advertía: ¡Cuidado con ese agujero, no os caigáis en él! Sería una buena broma del destino. Haber caído justo en aquella cavidad, junto a 30 antepasados de los neandertales y convertirse en un extraño intruso en la Sima de los Huesos. Así que, habiendo estado tan cerca, tan íntimamente próximos a estas estructuras tan valiosas, verlas reproducidas así me producía una sensación extraña, irreal y ajena.
3. El aparente contrasentido del comportamiento altruísta
De mis años de estudiante de psicología me vienen a la mente los libros de Richard Dawkins ("El Gen egoista", "El relojero ciego"...) y sus reflexiones sobre el comportamiento altruísta (no egoísta) en palomas y otros animales. A través de numerosas evidencias llegaba a la conclusión de que, en el fondo, mediante una cadena lógica de razones (no perceptibles a primera vista por el individuo) el comportamiento altruísta era una consecuencia de factores encaminados a la supervivencia de los propios genes. Puro egoismo, al fin.Esa conclusión desasosegante revolucionó mis sistema de valores firmemente asentados hasta entonces.
Y en esas estuve largo tiempo. Mis antiguas y bienpensantes convicciones ante el altruísmo quedaron archivadas como "Caso abierto" (no puedo negarme a poner este símil televisivo después de tragarme semanalmente 2 capítulos de esa serie obligado por Charo, mi mujer, dueña del mando televisivo la mayor parte del tiempo).
Pasaron los años. Con el tiempo desarrollé (o se acentuó) una neurosis que se adehería a cada uno de los actos y pensamientos de mi vida. Esta enfermedad marca tu personalidad y tus actos. Evidentemente no estaba en la mejor posición para sobrevivir mejor que los demás. ¿O sí? En alguna parte había leído que, puesto que la indicencia de esta enfermedad es tan alta, algún tipo de ventaja debe proporcionar al individuo, alguna mejora adaptativa puede tener: quizás un mayor grado de alerta (que puede ser crucial en determinadas cirscustancias: guerras, amenazas...), mejores cualidades de anticipación, preparación y experimentación de estrategias... ¡Vaya! Parece que no hay mal que para bien no venga... Personajes hay que hacen de la necesidad virtud y extráen réditos hasta de sus debilidades (recordemos el caso de Wody Allen y sus características neurosis reflejadas en su filmografía).
Algunos años más tarde me sobrevino una importante pérdida de audición. Se trara de una sordera de tipo neurosensorial que me impide " disfrutar" del mundo sonoro: oir se vuelve penoso y poco fiable, escuchar trabajoso e irritante, descansar cansado (asociado a ella padezco acúfenos -ruidos- continuos en ambos oídos)... Se añade así un nuevo handicat a mis posibilidades de competir por la supervivencia (o al menos a mis posibles descendientes). Me veo obligado a depender más de las ayudas y el altruísmo de mis congéneres. ¡Me revienta necesitarles tanto! Me molesta aún más en cuanto mi sistema de valores parece que se iba decantando hacia la creencia de que no existe el verdadero altruísmo: "Nadie da nada por nada". 4. ¿Cómo sobrevivir siendo sordo en la prehistoria?
En ello estaba cuando el día 5 de julio de 1992 tuvo lugar en Atapuerca un hallazgo sensacional. En un área del lado norte de la Sima de los Huesos, (que empezó a llamar la atención de los palenteólogos hacia 1976, poco antes de acabar yo la carrera de magisterio) un hueso comenzó a tomar forma bajo la espátula. Se inició una ardua tarea , la cual culminaría con la intención de rodearlo para poder sacarlo intacto, de una pieza. Dos días después, el 7 de julio, se terminó de desenterrar el hueso y se comprobó que era un cráneo humano entero. Era la pieza más grande jamás obtenida en la Sima de los Huesos. Este cráneo, bautizado como Agamenón, es el conocido como Cráneo-4.
Aquel hallazgo me fascinó y llegué a identificarme fuertemente con este Neanderthal burgalés. Esa historia y lo que la rodea merece una larga digresión.
Existe un motivo biográfico por el que me interesa especialmente este suceso. Viví en Burgos con continuidad desde el año 1973. Aunque hube de estudiar en varios internados alejado algunos años de esta ciudad siempre volvía por vacaciones. En el verano de 1978 mi hermano Jose Luís me invitó a visitar la "Cueva de Atapuerca". Yo había estado ya en esa sierra y había paseado por la trinchera del ferrocarril que abría en canal su suelo calizo. Pero en esta ocasión nos guiaba un amigo de mi hermano que conocía las cuevas proximas a la trinchera. Nos ofreció visitarlas y buscar dientes de oso, de los que abundaban en su interior, como botín.
No recuerdo con exactitud la cavidad que exploramos. Creo que fue la cueva Mayor. Si fue así estuvimos muy próximos a la Sima de los Huesos. Recuerdo esta, mi primera aventura espeleológica, como un poco claustrofóbica. Tuvimos que reptar unas decenas de metros emparedados entre suelo y techo con el espacio justo para arrastranos pegados al húmedo suelo. En algunos tramos el techo había estado cubierto de bellas estalactitas. Ya no quedaba prácticamente ninguna. Todas habían sido mutiladas y llevadas de recuerdo (algunas incluso adornaron un estanque del paseo del Espolón en Burgos durante muchos años). Yo cogí una porción cilíndrica de una de ellas del grosor de un dedo pulgar (recuerdo perfectamente su canal interior) y el brillo de minúsculas láminas de caliza en el corte). Esa pieza de aspecto cerúleo formó parte de una colección de minerales y fósiles que "dejé en herencia" en el colegio de Torres de la Alameda. Mi buen amigo Gildo me ha contado que aún los conservan lo que denota un raro interés entre el profesorado habitualmente "trashumante" de la comunidad. Nuestro guía nos hablaba de algunos restos prehistóricos (grabados, pinturas...). No recuerdo dónde llegamos pero sí que alcanzamos cabidades más o menos amplias con el suelo arcillos y revuelto. Mi hermano me certificó ayer mismo que alcanzamos incluso la entrada de la Sima de los Huesos.
Así que formé parte de uno de aquellos exploradores inconscientes que entraron como elefantes en la cacharrería de uno de los mejores yacimientos de neanderthales del mundo.
En aquel momento estuve muy próximo a Agamenón que es el nombre que el equipo que excava la Sima puso al propietario del cráneo nº 4 del yacimiento. Con técnicas detectivescas y apasionantes, los antropólogos ha llegado a conseguir una información increíble de estos antiquísimos paisanos mios: que presentaban varios traumatismos en el cráneo (los golpes, chichones y descalabros debían estar a la orden del día), que usaban la boca y los dientes como una tercera mano (lo que les provocaba una temprana artrosis mandibular), que tenían la higiénica costrumbre de usar mondadientes (ramitas), que eran diestros mayoritariamente, que gozaban de una relativa buena salud... y, lo que más llamó mi atención, el cráneo nº 4 presentaba una severa hiperostosis del conducto auditivo externo bilateral lo que redujo notablemente, quizá hasta la sordera, las capacidades auditivas de dicho individuo. Era el caso del sordo más antiguo conocido. Los conductos auditivos de Agamenón (así bautizaron al propietario del cráneo nº 4) están casi cegados por un crecimiento anómalo de hueso en su interior. Este tipo de crecimiento fuera de lo normal es común en casos de infecciones graves del oído; probablemente, una persistente otitis dejó sordo a aquel individuo. La repentina imagen de un "hombre de las cavernas" sordo que había sobrevivido hasta la edad adulta me conmovió: ¿Cómo era posible que no hubiera muerto a los frecuentes ataques de la fauna carnívora documentada de la época que incluye osos, leones, especies de panteras, lobos, zorros... Todos ellos animales sigilosos, reyes del silencio...? Sólo cabía una explicación: los "hombres de las cavernas" , los neandertales (esa especie de tio soltero que no dejó descendencia) cuidaba de sus semejantes o valoraba quizás otras habilidades que hacían abstracción de la fuerza y los sentidos. ¿Acaso fuera una especie de brujo, algo parecido a un sacerdote, un jefe...? ¿Posible hiperadaptación o instinto protector? Aquí me vuelve a surgir la duda. Desde mi propia experiencia observo que la pérdida auditiva hizo que buscara todo tipo de adaptaciones: adquisición de nuevas especialidades, aprendizaje de lenguaje de signos, adaptaciones en el puestro de trabajo... Pero posiblemente fue una conducta altruísta de sus compañeros lo que mantuvo con vida a Agamenón. Y esta es una diferencia que los hace específicamente "humanos". Esta conducta no es exclusiva del hombre actual. También nuestros lejanos parientes neandertales la poseían. Así pues, tranquilizado al saber que mis congéneres me van a ayudar en mi estado de minusvalía respiro más tranquilo y agradezco su ayuda. Sé que puedo confiar en ellos y ¿quién sabe? devolverles de alguna manera el favor... Aunque quizás este "comercio de ayudas" sea un truco de los genes para preservarse... "Sea altruísta: al final los de "su familia" (sus genes) saldrán ganando" . 5. Una acnee de hace 530.000 años No había acabado de digerir las consecuencias de este hallazgo cuando, unos años más tarde, apareció en el mismo lugar otra prueba contundente a favor del altruísmo. Hace 530.000 años, en la Sierra de Atapuerca (Burgos), un grupo de 'Homo heilderbergensis', antepasados de los neandertales, cuidó de una niña (es lo más probable) que había nacido con una craneosinostosis, una grave deformación del cráneo, hasta su preadolescencia. El hallazgo del fósil de ese cráneo parece indicar que en aquellos lejanos tiempos prehistóricos los individuos diferentes no sólo no eran rechazados, como ocurrió más adelante en la Historia, sino que contaban con protección.
El resto humano fue recuperado, dividido en numerosos fragmentos, en la Sima de la Huesos en las campañas de 2001 y 2002. Tras reconstruirlo , los investigadores comprobaron que tenía una patología muy extraña, que consiste en un cierre prematuro de partes del cráneo en el primer año de vida. En la actualidad, la craneosinostosis se opera cuando los huesos aún son blandos en el bebé. En caso de no intervenir, el afectado puede sufrir presión intercraneal, dado que el cerebro sigue creciendo, que podría afectar a su desarrollo cognitivo y tambien causar daños permanentes en el ojo o el oído. El estudio de este Cráneo 14 revela que se trataba, más probablemente, de una niña de unos 10 años, preadolescente, es decir, no había alcanzado la madurez. La investigadora Ana Gracia, del Centro de Evolución y Comportamiento Humano de la Universidad Complutense y el Instituto de Salud Carlos III, explica que sufría una craneosinostosis simple lambdoidea, es decir que el lado izquierto estaba fusionado, lo que hizo que el derecho se desarrollara más y pareciera abultado y asimétrico." Es una patología que se da en menos de seis casos de cada 200.000 nacimientos, asi que una rareza excepcional ahora y mucho más en aquella época. Por el estudio parece ser que la fusión ocurrió en el tercer trimestre de gestación por causas traumáticas, como un golpe. Probablemente desarrollaría la tortícolis para compensar su cabeza asimétrica", explica Gracia.
Para el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga "...afecta al desarrollo estético de la persona. Hay que imaginar a un menor que tendría la cara deformada ... y, unque no podemos saberlo, quizás sufriera también algún tipo de retraso mental" ... "Ello nos describe una sociedad protectora y que no discrimina porque su aspecto debía ser muy especial, asimétrico. Algunos colegas nos han dicho que este fósil nos presenta a una humanidad muy humana". El autor recuerda que el caso de un hospicio medieval, el del Hospital Sant James y Sant Mary de Chichester (Inglaterra), donde se ha encontrado un alto porcentaje de cráneos infantiles con este tipo de deformación, lo que indica que "los humanos de aquella época sí abandonaban a estos niños, contrariamente a lo que hicieron sus remotos antepasados hace medio millón de años."
Después de trabajar varios años con niños con necesidades educativas especiales, después de leer muchas veces en los renglones torcidos de Dios, después de buscar inutilmente razones empíricas para entender nuestro instinto protector... hay algo que se me escapa. La adolescente a la que pertenece el cráneo 14 me resultaba muy familiar: pienso en otros niños y jóvenes y sus nombre me vienen a la cabeza: Ana, Cristina, Verónica, Marta... Estos hijos fallidos de la tribu, posibles condenados en épocas oscuras a morir, siguen moviendo unos resortes inexplicables más allá de la religión, de la evolución, de la ética, del instinto...
¿Qué sabe la vida que nosotros no llegamos a comprender? 6. Elvis,  la pelvis.
Un hombre mayor andaba dificultosamente por las laderas de una sierra burgalesa. No sabemos su nombre, por eso, los que luego le conocieron le bautizaron Elvis. Como muchos ancianos unas antiguas lesiones y una deformidad lubar le impedían caminar y cazar. El hombre se movía con dificultad. Usaba un bastón y de vez en cuando se apoyaba en alguno de los jóvenes de su familia. Era un hombre robusto, pero su dolencia (la enfermedad de Baastrup o artrosis interespinosa), desplazaba el centro de equilibrio de su cuerpo haciéndole tambalear a cada paso. Caminaba encorbado y sufría dolores muy intensos. El hombre, ya anciano, sufría esta enfermedad desde niño. Toda su vida había sido una torturante lucha por sobrevivir. Sin embargo estaba fuerte. Había podido comer bien, su familia le había ayudado hasta su vejez. Gracias a la humanidad de sus congéneres había tenido una vida relativamente plena. Murió a los 50 años. Fue realmente longevo para la época. Vivió hace más de meido millón de años. De su sepultura, la Sima de los Huesos, sólo hemos podido recuperar la pelvis y cinco vértebras fosilizadas, pero son suficientes para conocer su historia. Sabemos hoy que su familia, los heilderbergensis, cuidaron de él, lo alimentaron y ayudaron durante más de 45 años. Literalmente murió de viejo. Es una prueba irrefutable más (y es la tercera que describo) de un comportamiento altruísta en una especie humana, aunque no  precisamente en la nuestra (homo sapiens).  Y todo ello, en el reducido espacio del enterramiento (parece casi seguro que de esta práctica tan humana es el resultado de los restos 30 individuos de la Sima) de apenas tres decenas de preneandertales: un sordo, un discapacitado y un jorobado artrítico sobreviviendo en la prehistoria. 7. Los que no sobrevivieron
Con fines didácticos, los paleontólogos suelen hacer reconstrucciones de las especies desaparecidas. Esta especial foto de una niña neandertal es poderosamente sugerente: fragilidad, ternura, belleza, indefensión... las mismas sensaciones que nos produciría uno de nuestros hijos.
Y sin embargo su familia, sus genes, no han sobrevivido: ¿Por qué?
Este problema fascina a los científicos. ¿Qué ocurrió?
¿Qué diferencia determinó su extinción y motivó la expansión de nuestra propia especie? Me encanta recrear su existencia. Pensar sobre su concepción del mundo. Elucubrar sobre su comportamiento, su lenguaje, sus adquisiciones científicas, sus "valores" ... Día a día se descubren detalles más emocionantes sobre sus costumbres y creencias. Novelistas y divulgadores simulan y recrean su vida, sus posibles proezas...
Me ronda, a veces la sospecha, de que algún tipo de gen "aniquilador" (el gen de los vencedores) está anclado en nuestra especie. Somos la especie del Conquistador. Quizás no fue suficiente el equipamiento genético que nos mueve al altruísmo (algo que compartimos con el neandertal, como se ha demostrado). Comentaba Arsuaga sobre este enigma que es posible que los neandertales sintieran algún tipo de debilidad frente a los cromagnones: sus facciones, su piel, su complexión más endeble... les evocaban la imagen de sus propios hijos. Que las apariencias engañan puede ser un refrán de largo recorrido en la historia.