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jueves, 16 de febrero de 2017

El muro


En el año 2021 se alcanzó la culminación del caos. El país resultaba ingobernable.  El presidente, compulsivo, firmaba improvisados decretos que los jueces revocaban a las pocas horas. La urgente legislación se empantanaba ante parlamentarios irreconciliables. El resto de países asistía estupefacto al desmoronamiento del país insignia de la democracia. En el mundo, la escalada de provocaciones y amenazas, rompía el delicado equilibrio de una paz siempre inestable.  Al final, en el último peldaño de la estupidez, algún presidente narcisista apretó el rojo botón nuclear. Un paraguas de estelas humeantes se desplegó sobre aquella nación invicta. Los satélites captaron el brillo de las explosiones sobre las ciudades, los cuarteles, los puertos... Millones de personas, caminando, se dirigieron al sur buscando una salida para aquel infierno. Ante ellos se alzaba un largo y alto muro de hormigón coronado por cortantes concertinas. Aquella multitud, detenida ante él, se preguntaba estupefacta:
- Pero... ¿Quién ha puesto este muro aquí?

sábado, 4 de febrero de 2017

El Euroescondite

"El dinero no se crea ni se destruye, cambia de sitio". Esta es la sacrosanta Ley de la Conservación de las Divisas. Porque algunos puede pensar: "No hay dinero", pero dinero siempre hay; la pregunta correcta es "¿Dónde se esconde?"


Recuerdo a la pobre España (2008-2014). En aquella época, como al perro flaco, todo eran malas pulgas para la maltrecha economía nacional:

  • Sarkosi, en Fancia, nos ponía de ejemplo de manirrotos y despilfarradores...
  • Desde Italia, sus políticos, nos acusaban de ser contagiosos en deuda e  insolvencia...
  • En Argentina YPF resultaba incautada y se pretendía no pagar un euro de indemnización...
  • En Cataluña y País Vasco lanzan una andanada separatista y aprovechan la situación para acercarse a la plena independencia...
  • En la Comunidad Autónoma de Madrid, Esperanza Aguirre proponía acabar con importantes competencias autonómicas ...

Se había roto la baraja: ¡Estábamos de estampida!

El dinero no fluía, aguardaba estancado en oscuros depósitos. Los valores bursátiles se vaporizaban. El dinero de papel se convertía en papel sin dinero. Los activos se tornaron inactivos. Los valores se desvalorizaron. La moneda virtual bullía a su antojo ¿Dónde se escondía la riqueza? ¿Cuáles eran los valores seguros? En 2012, en Suiza, una conocida residente en el país me dijo en un susurro mientras paseábamos por las calles de Zurich: "¿No escuchas ese leve crujir bajo tus zapatos?  Son los billetes en las cámaras acorazadas de los bancos bajo tus pies..."

Como el borrador de este artículo se escribió en el 2012, puedo juzgar lo acertado o no de mi estrategia para sortear esa crisis (que no ha acabado del todo). En aquellos tiempos proponía:

  • Mantenerse en su sitio. No tomar medidas arriesgadas. No hay soluciones mágicas. 
  • Aguantar el temporal: Tras el temporal viene la calma.
  • En tiempo de crisis no hacer mudanza...
  • Observar, aguantar, registrar, modificar... Y con esto supongo que me refería a estudiar la evolución de otros países (Gracia, Irlanda, Portugal... en fin el resto de los, junto a España)  maliciosamente apodados PIGS).
Hoy, van saliendo a luz el capital oculto, el dinero acumulado en cuentas opacas. Las nuevas estadísticas han aplastado la campana de Gauss: el sombrero de las diferencias económicas se ensancha por las alas. Estaba ahí: escondido, hurtado a la mayoría, en el depósito del Faraón durante el periodo de las vacas flacas. Siempre había estado allí, nunca desapareció. 

domingo, 25 de diciembre de 2016

Una palabra por mil imágenes 42: Navidad

¡Plácido! Esa es justamente la película que me viene a la cabeza cuando llegan estas fechas y me pongo a escribir la entrada de hoy dedicada, como estas últimas fechas, al cine de mis recuerdos. Plácido es la antítesis de estas fiestas  edulcoradas que nos suele presentar el cine, es algo así como "Pesadilla en Navidad" en carne y hueso, en versión adulta y creíble. No hay, Plácido lo sabe muy bien, caridad en
Navidad.


A punto de ser la primera película española en alcanzar los Óscar, Plácido es una obra maestra del cine mundial.  Con apariencia de comedia oculta dramas dolorosos y críticas feroces a la sociedad, a la religión, a la hipocresía de los seres humanos que transitan por sus escenas. Y todo ello hecho con ritmo, con unos actores en estado de gracia, con una factura técnica excelente... Así se cuenta la Navidad en blanco y negro, la Navidad de los pobres, la Navidad en la España de Franco... Yo la viví. Yo la conozco bien. Acaso a ti te parezca trememendista esta película; a mí me resulta familiar y cercana. Y no tan diferente de la de ahora. Piénsalo bien.
«Madre en la puerta hay un niño y gritando está de frío, ande dile que entre y así se calentará, porque en esta tierra ya no hay caridad, ni nunca la ha habido ni nunca la habrá.»

viernes, 2 de diciembre de 2016

Una palabra y mil imágenes - 16: Ivanhoe

Walter Scott la escribió en 1819 en la edad del romanticismo. El siglo XII fue la época de su relato.  En 1957 se rodó en tierras inglesas. La Columbia Pictures la produjo. Roger Moore la interpretó. La ITV la emitió en entre 1957 y 1958 en Estados Unidos e Inglaterra... Unos cinco años después, en la sala de cine del viejo Liceo Castilla de Burgos, un niño de siete años la veía fascinado.

Él fue su admirado caballero, su héroe. Él era el líder anhelado por los campesinos que luchaban contra el cruel rey Juan sin Tierra, el tirano, hermano de Ricardo Corazón de León ausente mientras luchaba en las Cruzadas.Él anunciaba su llegada al son del cuerno de caza. Él levantaba al pueblo llano al paso de su caballo al galope mientras un muchacho de la plebe con su misma edad y pobreza gritaba anunciando su llegada:

¡Ivanhoe!


Rodada para la televisión, gran parte de los 29 capítulos de media hora, fueron vistos en España en los cines en blanco y negro. Ante mis ojos nuevos se desarrollaban aventuras medievales que me hacían soñar y vivir otras vidas. Allí aprendí que existían otros tipos de maldades que no conocía, allí conocí que había esperanza pues había hombres buenos y valerosos, allí supe que siempre triunfa la bondad...  

El mundo tenia un orden. La ley acaba prevaleciendo. Los pobres terminan por ser felices. El amor siempre triunfa. 

¡Oh, mi universo infantil! Edad de los caballeros, tiempo de la bondad, estado de la esperanza... Siento el impulso de regresar, de volver al seno materno, a la seguridad que dan los seres protectores...  Porque ocupan el mundo los Juan sin Tierra, porque se adueñan de todo los avariciosos con poder. Y yo no puedo quitarme de encima la música de tu llamada: esas notas al clarín que llaman a la Justicia: 
¡Ivanhoe!,  ¡Ivanhoe!, ¡Ivanhoe!...

miércoles, 8 de junio de 2016

Condena


Por la largura de mis manos me tapiaron los ojos.
Por traficar con los polvos del paraíso me cerraron las puertas del jardín de la libertad.
Por alzar la mirada y después los puños me arrancaron mis hijos de los brazos.
Ahora estoy en el limbo de los injustos,vivo dentro de una caja acompañada de los culpables,respirando el aroma del delito.

Sé que un día respiraré el perfume de la libertad,que llegará el tercer grado de la culpa, que alguien decidirá que pagué mis deudas...

Mientras tanto los días se hacen largos,las noches eternas: ¡Dios mío cuánto cuesta llenar las horas!¡Señor, que el tiempo no corra más que para mí!¡Que encuentre a mis hijos con la edad de la despedida,que nada cambie; solo yo y el tiempo: que ellos sean los mismos!Me aterra que no me reconozcan,me desespera que me olviden,que de tanto desearme en la ausencia hayan aprendido a prescindir de mí.

Mañana será otro día: una raya más en el muro del chabolo:
Todavía creo en los milagros, pero cada vez menos...

lunes, 21 de marzo de 2016

Pues a mí me mola.


Soy especialmente sensible al ruido. Grave problema en un país, este, que es el segundo país más ruidoso del mundo detrás de Japón. La insensibilidad de mis paisanos con el daño del ruido me indigna. Voy a contaros algunas anécdotas que recopilé para el periódico de un colegio donde trabajé en Alcalá de Henares, todas ellas ocurridas en aquel curso.

"Un joven circula con la ventanilla abierta. Los altavoces de su coche a todo volumen. La música realmente molesta a todo el mundo (también a él, aunque no parece darse cuenta... en pocos años padecerá una sordera entre leve y media). Le hago un gesto (me tapo los oídos cuando pasa a mi lado...). Él para el coche. Asoma la cabeza elevando el mentón desafiante:
- ¡Qué pasa!
- La música -replico-. Algunos padecemos de los oídos y nos molesta...
- ¡Pues a mí me mola...!
Y se marcha acelerando a modo de provocación."

"Aproximadamente una vez cada semana, durante todo el año, uno o varios aviones militares sobrevuelan Alcalá en nuestra vertical. Muchas veces nos sorprenden cuando estamos explicando la lección. Cesa la charla. Nos quedamos callados hasta que desaparece el ruido de sus reactores."

Finales de otoño, primavera y verano. "Cuando llegamos al cole ya vemos con el rabillo del ojo que están ahí, preparados con su turboventilador para arrastrar hojas y papeles mediante las máquinas sopladoras del ayuntamiento. Pedimos al cielo que, por favor, no se les ocurra hacerlas funcionar cuando estamos en clase (a veces a menos de 10 m.) Es inútil. Se pasarán varias horas regalándonos el petardeo de sus tubos (y nosotros, para nuestra desgracia, sin sus cascos protectores)."

Un día de mayo. 12:10."Un grupo de profesores toma un ratito el aire durante el recreo a la puerta del cole. Una pareja montada en un quad (¿pueden circular estos vehículos por la ciudad?) pasa delante de ellos por la calle San Ignacio de Loyola. El ruido de este vehículo todoterreno de moda es sumamente molesto. Puede que el escape esté trucado pues suena escandalosamente alto. Al pasar a nuestro lado se le hace un gesto: "ese ruido nos molesta..." La pareja de jóvenes que lo conduce nos mira sorprendida. Siguen sin hacer caso y nos dedican varias vueltas más de regalo ante nuestras narices con motor zumbando a tope. Y una sonrisa provocadora de postre..."

Varias tardes de abril, sobre las 4 de la tarde."En las pistas de la Chana un grupo de chicos aficionados al modelismo prueban un modelo de coche de fórmula 1 a gasolina. El motor zumba nervioso. Están entusiasmados con su modelo. Nosotros pacientemente cerramos todas las ventanas, las persianas... pero es inútil. El agudo zumbido del escape penetra incluso las paredes... la diversión aún durará 1 hora más."

25 de mayo. Campa de la Chana. Junto a la valla.
"Parece que se aproximan las fiestas de la Chana. El Ayuntamiento envía a sus empleados a preparar el terreno. Los cortadores de césped petardean durante toda la mañana. Nosotros a pocos metros, en clase..."
Son solo unos ejemplos de lo que, sin duda, es una costumbre arraigada. Basta pasearse por los bulevares, entrar en los bares, asistir a una fiesta, visitar una discoteca e incluso mantener una conversación con familiares y amigos. Pese a que pueda parecer yo el intolerante, intento hacer ver a la gente que ese ruido no es saludable, que las conversaciones se pueden mantener a menos decibelios... es inútil. Termino por alejarme del lugar y buscar un sitio más tranquilo donde intento relajarme en soledad.

Muchas veces he pensado en la manera de hacer comprender a los "tolerantes del ruido" lo agresivo que puede resultar su conducta. Incluso he pensado extrapolar esta sobreexposición a otros sentidos, a ver si me entienden. Imaginaba lo que podría pasar si me hacía con un potente flash e iba soltando fogonazos a los ojos de la gente. ¡Oh, sí: pondrían en grito en el cielo! También podría probar a cargar de sal el plato de mi interlocutor gritón con unos diez o doce golpes de salero. O, aliviar mis intestinos, liberando algunos gases en las proximidades de algún grupo ruidoso. O descalzar mis sudados "pinrreles" en medio de un restaurante embarullado... Cuando los enfadados parroquianos se me encararan les replicaría con una amplia sonrisa: ¡Pues a mí me mola!

martes, 8 de marzo de 2016

8 de marzo


Hace meses que mi trabajo se desenvuelve entre mujeres. Mujeres y solo mujeres: mujeres heridas mujeres castigadas, mujeres sufrientes,  mujeres maleadas por la vida, buenas mujeres... Mujeres de todos los confines del mundo, mujeres de todos los oficios, mujeres madres, mujeres hijas, mujeres esposas, mujeres amantes de hombres, mujeres amantes de mujeres...

Me rodean, me cercan, me interpelan sin cesar... A mí, que desde niño, las sentí lejanas. Yo, que conviví en casa con otros cuatro varones junto a mi madre. Yo, el mayor de tres hermanos pequeños, el estudiante que hasta los 16 años solo tuvo chicos por compañeros en el colegio, el que continuó encerrado entre otros adolescentes tres años más en sucesivos internados. Yo, el que postulaba para una vida de hermandad masculina en una orden religiosa. Yo, el tímido, el que estudiaba para profesor intentando pasar desapercibido en el aula, el que después hizo la mili entre 7000 jóvenes en un lejano y polvoriento campamento de Almería, el que pasaba los días encerrado en aquel barracón de 300 soldados...  ahora estoy rodeado de mujeres.

¡Cuánto tiempo me ha llevado conocer un poco de ellas! ¡Cuántos años de aprendizaje para no pasar de de educación primaria en materia del otro sexo! ¡Qué torpeza para este aprender! ¡Cuánto envidiaba yo a aquellos que tenían hermanas, a quienes tenían el don de hacer amigas con facilidad, a los que atraían a las chicas como la miel a las abejas! ¡Cuántos celos de aquellos que hablaban con las compañeras sin ruborizarse, que sabían hacerlas reír, que conquistaban sus miradas arrobadas...! Ahí estaba yo, envarado, serio, ridículamente formal. Imbuido de temores, advertido de peligros, prevenido de perfidias femeninas, equipado de prejuicios... ¡Con cuánta dificultad tuve que desmontar poco a poco esa estructura misógina que tiene su origen en un cristianismo enfermo!

Y ellas... ¿Cuántas esperaron una iniciativa que no llegaba? ¿Cuántas llegaron a comprender lo que me pasaba: que no sabía las reglas de aquel juego? ¿Cuántas llegaron a pensar que detrás de ese pedazo de cristal se escondía un diamante sin pulir? ¿Cuantas siguieron el juego marcado, en el que me mostraba tan torpe, y donde siempre perdía?  Ahora, que las conozco un poquito más, no puedo volver atrás, no se me permite volver a la casilla de salida.

Hoy, en el Día de todas vosotras:  obligatoriamente trabajadoras,  inevitablemente hijas, a menudo víctimas, frecuentemente madres, generalmente esposas, eternamente amantes, necesariamente luchadoras, bellas en cada estación, siempre fascinantes... mi consideración y reconocimiento. Hoy os doy la mano, compañeras: para ayudaros y para sentir vuestro apoyo. Sabed que os admiro y respeto. No sé si Dios es hombre (lo parece por como lo pintan); pero si pudiera elegir, haría a Dios mujer; las veo más apropiadas para el puesto.  

jueves, 4 de septiembre de 2014

Nos hemos quedado hELAdos








Borja y su familia nos invitaron a los profes del SAED (Vicky y Jesús) a realizar un pequeño video pues querían participar en la campaña de mojarse con agua hELAda y colaborar de esta manera con la investigación de esta enfermedad y ayudar a los que la padecen.  Este valiente gesto es su gran colaboración para alentar y colaborar en el estudio y curación de esta enfermedad.
Así que nos presentamos en su casa el día 2 de septiembre y grabamos su baño helado. Todos, en sus posibilidades, con un gesto, con un euro, con un poco de apoyo podemos colaborar. 

Que no nos dejen fríos acciones ciudadanas como esta.


Como, probablemente,  no conoceréis a esta familia, os transcribo un artículo del escritor Melchor Miralles escrito tras una visita a su domicilio.

"No la conocéis. Esther Pérez Carretero es una mujer de una pieza, como tantas hay en el mundo. Pero diferente a muchas, aunque parecida a otras. Esther está separada y tiene tres hijos. El mayor, Fernando, es un joven normal, de poco más de 20 años, como tantos otros chicos de barrio, inquieto, listo, bueno, paciente, si es que se puede calificar de normal vivir con lo que le ha caído a el y a su familia. Los segundos, gemelares, son Borja y Dani y tienen 15 años. Borja tiene una enfermedad degenerativa que ya le impide moverse de la cama. No tiene salida. Es un tipo simpático, encantador, ¡¡sonriente!!, bueno, luchador, hablador, que está al día y habla de su vida y de su dolor con un coraje y un sentido del humor que envidio. Dani es discapacitado psíquico y es autista. Se mueve sin parar, te observa, te sonríe, coloca sus muñecos en el suelo de la vivienda familiar y observa y escucha a su madre con amor.
A través de mis amigos del Hospital del Niño Jesús, de Akafi y de mi admirada Mónica Ortiz les he conocido y se de su sufrimiento. Estoy al tanto de su drama y quiero escribir de ellos como homenaje a una familia para quitarse el sombrero. Esther no puede trabajar porque ha de atender a sus hijos. La Ley de Dependencia no se ocupa de ella, como de tantos otros, como sería su obligación. A ella la escuchan pocos, intensa y cariñosamente, pero pocos, y la hacen caso menos aún. Pero tiene un hogar en el que se respiran amor y valentía. Habla con sus hijos sin ocultar un ápice de la realidad que viven. Se expresa con brillantez. escribe como un ángel. Despacha la vida con coraje y dispara reproches cargados de razón. Y a la vez te alegra la cara con su humor fino e inteligente de mujer curtida por el dolor vivido en carne propia. Es una madre coraje que me impresiona.
El otro día pasamos un gran rato con ellos, en el tuétano de su intimidad, en su cabo del miedo que ella y sus hijos han convertido en un paraíso ejemplar de cordura, coraje y lucha contra todo lo malo sin una pizca de resignación. Allí estuve con dos grandes personas,Santiago Segura y José Mota, por los que Borja, Dani y Fernandosienten devoción y admiración. Disfrutamos de las risas, del amor sin compasión, de la solidaridad sin concesiones a la miseria del alma. Y les escuchamos palabras bellas a los tres jovenes con derecho a quejarse de todo que no se quejan de nada y a la madre que lucha como Don Quijote pero frente a molinos reales cuyas aspas le dejan jirones en un alma buena en la que caben el amor y el reproche a tantos que se llenan la boca sin arrimar el hombro pese a estar obligados a ello.
Sólo quería que supiérais que Esther existe, que es una gran mujer, que vive en Coslada, que la admiro y que quería rendirle este homenaje público porque se lo merece. Y porque igual alguien con responsabilidad política y capacidad de tomar decisiones justas lo lea y se interese por ella. No necesita ni pide compasión. Reclama cosas sensatas a las que tiene derecho. Os dejo con un poema escrito por ella el día de la madre."


DIA DE LA MADRE.
A MI HIJO ADOLESCENTE

Esther Pérez


A mi hijo Fernando.
Hijo, me has hecho ver que soy terrible y radical
con mis sentimientos.
Soy mamá “gallina”, ¡lo siento!
Hijo, no me pediste nacer ¡y te tuve!
Antes de nacer ¡sabía que te quería!
Cuando te conocí ¡sabía que te amaba!
¡¡¡Hijo mío cuanto te quiero!!!

Se que te pido tanto como te doy.
Que te digo constantemente:los amigos se eligen,
tu familia te ha tocado.
Nos movemos y vivimos por sentimientos ¡hijo!
Ni tan siquiera por derechos.
Necesito saber que eres fuerte.
Empiezas a defenderte de mí. 
Y yo estoy orgullosa de ello.

Muy a pesar tuyo, ¡se que eres fuerte! Te he
educado para ello.
¡Que me quieres y me respetas! Aunque te duele.
¡Que me necesitas! Aunque no lo reconozcas.
¡Que estás confuso! El amor es así.
Hijo, necesito tu vida, para sobrevivir.
Vivo gracias a tí.

Tu vida ha sido mi vida.
Gracias por tu felicidad.
Gracias a ella, hemos vivido todos nosotros, tu familia.
Aquella que no has pedido tener.
Pídeme la vida ¡que te la doy!
Pídeme el cielo ¡que te lo acerco!
Pídeme las estrellas ¡que te las ilumino!
Pídeme la luna ¡que te la llevo!
Pídeme el sol ¡que te lo alejo!
Hijo mío, cuanto te quiero.
Gracias por tu respeto y cariño.
Tus hermanos Daniel y Borja, y tu madre ¡que
tanto te quiere!

Soy madre de tres hijos. Y si me corto un dedo
los otros dos lloran.
Os miro y se que nunca me puedo morir.
¡Soy vuestra vida y vosotros la mía!
Mi amor a vosotros es irracional.
¡Que gran lección de supervivencia la vuestra!
No se esribir ¡cuanto os amo!
Murió algo de mí ¿mi alma? y nacio mi gran fuerza,
vuestra vida.

A mis tres hijos, gracias por darme la vida



Esther Pérez Carretero, aunque se que no te sirve de nada, sabes que tienes mi cariño, mi admiración y mi respeto formidable.

martes, 11 de febrero de 2014

La huerta


En la historia de los hombres primero dependimos de los animales salvajes, de su caza; después aprendimos a domesticarlos y empezamos a valorar el territorio; finalmente establecimos firmes lazos a la tierra que poseímos. Más tarde aprendimos a apreciar el agua. Esta es la historia de una huertita alimentada por un escaso manantial en el pequeño pueblo de mis padres. Parece un asunto baladí, pero las cosas de la tierra, por mínimas que sean, afectan al carácter de los hombres y generan conflictos enquistados.

La fuente, en medio del lindero de las dos fincas, no era ya conocida por muchos paisanos. Solo algunas vecinos de edad avanzada y los cercanos propietarios sabían de ese pequeño manantial que brotaba entre las dos huertas. La mayor parte de las veces estaba cegada por la maleza y mis padres y hermanos la limpiaban de vez en cuando. Hacía ya más de cien años que aquella fuente servía con su diminuto caudal para cultivar algunas verduras y regar los escasos frutales de alrededor. En tiempos hubo de saciar muchas veces la sed de los dueños y refrescar alguna bota de vino. Una frondosa salguera a pocos metros dulcificaría los momentos de descanso bajo el tórrido sol del mediodía. El diario trajinar por los alrededores grabó en la memoria de los vecinos la topografía del territorio circundante: la antigua tapia de cantos y barro, hoy abandonada y cubierta de maleza, la verde y estrecha franja, en leve pendiente, que marcaba con su humedad la enterrada ruta del agua, la exacta posición de los árboles que ellos mismos habían plantado... Hoy día, gracias a las antiguas fotos de aviones americanos que fotografiaron todo el territorio nacional (el conocido  por "Vuelo americano de 1956") se llega a apreciar la franja de la linde antigua, claramente alejada de la actual. Incluso sobre las ortofotos del SIGPAC se pueden ver proyectadas sobre las parcelas nítidas líneas que siguen el curso de los límites recordados, pero que (por extrañas razones) no coinciden con las descripciones topográficas del catastro.

Aquella huerta que heredó mi madre es protagonista de recuerdos de mi niñez. En uno de ellos bordeamos la tragedia cuando mi hermano Luis fue atacado por un enjambre de avispas enfurecidas y corrió buscando la ayuda de mi madre que le sumergió en la charca formada por el manantial, por entonces más profundo y ancho que ahora. Las avispas, que entonces se abalanzaron sobre mi madre, estuvieron a punto de hacerles perder la vida de forma horrible. De mi juventud recuerdo algunos paseos con mis padres, a curiosear cuantas ciruelas o peras tenían los pequeños frutales que mi tío Felicísimo había plantado hacía tiempo cerca de la linde. En mi madurez, quise experimentar trasplantando media docena de almendros importados del pueblo de Guadalajara, donde les habían plantado en sendas macetas. El vecino, amigo nuestro desde hacía años, observó mi tarea con desconfianza: -¿Tú crees que eso te va a crecer?. Como para mí, era un juego, le dije que seguramente sí, que eran árboles muy duros... Incluso,  con las prisas por acabar, introduje los últimos en la tierra con su propia maceta, previamente rajada para poder dejar paso a las raíces. Por cierto aquellos árboles sí crecieron hasta que la falta de riego o, más probablemente, las ovejas acabaron con ellos.

Esa huerta siempre fue la tierra más valorada por mi madre así que, con la concentración parcelaria, solicitó que no entrara en la concentración. Y así se hizo, pero una vez realizadas las valoraciones y repartos, levantados ya los planos definitivos, su contorno quedó desplazado unos metros con lo que el pequeño manantial quedaba completamente dentro del terreno vecino. Parece ser que la historia de un posible camino antiguo, del que ya nadie tenía constancia, estaba en el origen del desplazamiento. Sin embargo, la finca vecina, también excluida de la  concentración, se veía crecida a costa del camino y del manantial. Mis padres que no residían en el pueblo no se dieron cuenta a tiempo de que los límites no coincidían con los que ellos recordaban. Al fin y al cabo las señales naturales: árboles plantados por ellos mismos, tapias, matorrales, la misma gran salguera que conocían desde hacía más de cincuenta años seguían allí señalando el territorio. Cuando comprobaron que los límites del plano diferían de los de sus nítidos recuerdos (a lo largo de estos últimos años hemos comprobado la fidelidad de cuantas observaciones han hecho al respecto) decidieron reclamar pero el plazo administrativo había pasado. Cuando acudieron a los ingenieros, aunque estos les daban la razón, quedó claro que no moverían un dedo por arreglarlo. Sólo quedaba una reclamación oficial de dudosa eficacia. El argumento estaba claro: si esas tierras no entraron en concentración no debían desplazarse, crecer ni encoger a su costa.

Con el tiempo, los nuevos propietarios de las tierras vecinas decidieron vallarlas. Uno de ellos, poseedor del terreno junto al que se situaba el manantial, fue advertido de que el asunto del límite estaba sujeto a reclamación y podía verse obligado a retirarla si era procedente. Pero el hombre, aferrado al plano dela concentración, no atendió a razón alguna e instaló la alambrada dejando el querido manantial a uno o dos metros a su lado del cerco. Por si fuera poco realizó una severa tala de la espléndida salguera que tanto nos gustaba. Mis padres y hermanos habían intentado hablar varias veces con él y, cuando habían conseguido alguna entrevista, siempre habían acabado mal y en alguna de ellas nuestros vecinos llegaron al insulto. Así que, con la valla alzada, se denunció el hecho en el juzgado. Con el  otro vecino, que también se había adentrado un poco en la propiedad de mi madre (incluso sobre los planos actuales) también se mantuvieron conversaciones para tratar de solucionar el caso. El asunto habían envenenado las relaciones entre ambas familias y el anterior dueño, padre del actual propietario, nos habían llegado incluso a colgar el teléfono en medio de una conversación.
Con el propósito de hacer las cosas lo mejor posible se convocaron reuniones para un acuerdo amistoso que finalmente, con algunas incomparecencia de la otra parte, no condujeron a nada.

Finalmente se fue a juicio. Se contrataron peritos. Se completó una larga y compleja instrucción. Se buscaron testigos. Mis padres se sorprendieron de las reticencias de sus paisanos por testificar; quién más quién menos tenía intereses en el pueblo con ambas partes y no querían predisponerse con ninguno. Los testigos más fiables eran ya ancianos y sus propios familiares les recomendaron no testificar.

El juicio, mal preparado, tuvo al frente una juez (suplente del juez instructor) y un abogado de la otra parte curtido en estas disputas territoriales que,  sobrepasando sus funciones, no dudó en presionar y humillar a alguno de los testigos y familiares presentes. Sin embargo, ante la pasividad de la juez, logró llevarse el gato al agua. No se modificaba límite alguno y la parte reclamante pagaría las costas y los peritos.Mis hermanos no salían de su asombro al comprobar lo mal que se había dado la sesión. Al escuchar las cintas grabadas de las declaraciones encontraron multitud de errores en su estrategia y claras extralimitaciones del abogado de la otra parte. Finalmente decidieron recurrir la sentencia.  En la resolución final se les concedió el beneficio de la duda y se ordenó repartir los costes pero no se alteraron los límites de las fincas.

Pese a las sensación de injusticia con que se acogió esta decisión (supongo que todos los que pugnan con buena fe por lo que creen que es justo tienen esta misma sensación cuando una sentencia no les da la razón) el fin del juicio tuvo un efecto catárquico en el espíritu de mis padres. Durante esos años, mis padres sufrieron una honda tristeza. La sensación de que les habían quitado un trozo de su tierra (y su medio manantial) les dolía profundamente. Las airadas conversaciones con sus antiguos amigos y familiares, los recelos, las acusaciones de daño voluntario por reclamar lo que creían justo agrió viejas amistades y les proporcionó muchas noches de mal dormir. Mis hermanos, amparados por su creencia en que era justo lo que reclamaban, emprendieron la demanda casi como algo terapéutico para mis padres: no recuperarían nada pero al menos, lo intentarían. Dice un viejo refrán usado como amenaza: "Ojalá tengas juicios y los ganes" y deja entrever los sinsabores que, incluso con sentencia favorable, se producen en las batallas legales. En este caso valdría añadir "Pero ten un juicio aunque lo pierdas" pues la sensación de humillación ante lo injustamente perdido es mayor si no intentamos luchar contra ello.

Y de toda esta historia, por un pequeño manantial de agua, por unas metros a un lado u otro de un viejo lindero, solo quedan  amistades perdidas, mutuos disgustos, incomprensiones, algunas  humillaciones y el doloroso recuerdo de aquel manantial que visitábamos de niños. En las viejas paneras duerme con el polvo la antigua barra de hierro retorcida en espiral con la que durante años se drenaba el pequeño manantial. ¿Tanto costaba reconocer a mis padres, octogenarios, un poquito de razón?

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Esta obra de Jesús Marcial Grande Gutiérrez está bajo una 

domingo, 26 de enero de 2014

Basta ya

Estaba ahí, agazapado entre los borradores olvidados... Escrito antes de diciembre de 2012 ¡y sigue vigente!

Basta ya by Colecasa
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domingo, 12 de enero de 2014

Los "héroes" del Matadero


Casualidad o elección, el lugar de la foto es revelador: el Matadero. Uno se pregunta el porqué se reúnen allí, cuál es el motivo de presentar esa pose escolar (con bancos a diferentes alturas) y cara de buenos chicos, tan normales ellos. 

Los colegas reunidos al dictado de las consignas de la banda parea escenificar su pretendida dignidad de héroes sacrificados, su orgullo de asesinos, su pose de inocencia en la foto de la vergüenza. ¡Desconfiad de quienes alardean de la muerte de otro ser humano!

Yo os siento encorvados , intentando soportar el peso de 300 asesinatos sobre vuestras espaldas.  
Veo risas sarcásticas en los rostros dignos y serios, noto pistolas en los bolsillos y siento dedos nerviosos acariciando gatillos tras los brazos cruzados.  

Percibo una cruel falsedad en esa escenografía de rojo mantel revolucionario, txapelas, cazadoras y bufandas, camisas y  micrófono único. 

Salieron de una prisión, volaron libres. Pero yo los veo presos en una cárcel interior de la que no saben cómo escapar. 

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sábado, 11 de enero de 2014

"Txuloki"

El gesto lo dice todo. Yo, por si acaso, añado lo que me sugiere este puzle de muecas, posturas y ademanes. Veo reflejados en sus ojos relampagueo de disparos a bocajarro, llamaradas de bombas y también la oscuridad insondable de muerte. Contemplo la mueca de burla en su boca, el saludo de compadreo a sus colegas... Percibo en toda su cuerpo, en su postura, el desprecio y la crueldad, la chulería, la desconsideración a la justicia, el ninguneo a las víctimas. Adivino una psicopatía irreversible.

Y percibo también en segundo plano, desenfocada, la imagen de la juez que contempla indignada, avergonzada, la escena. Impotente en su poder,  injusta en su justicia. 

Y se añada en las últimas fechas un pide de foto terrible y cruel con copyright registrado por los acólitos de la banda  ETA que él dirigió: 

¡Los nuestros en la calle
y los vuestros en el hoyo!

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Esta obra de Jesús Marcial Grande Gutiérrez está bajo una 

domingo, 17 de noviembre de 2013

Pública & privada


Dice un refrán africano: “Hace falta una tribu entera para educar a un niño”. Este aforismo insinúa claramente lo “terriblemente cara” que es la educación: TODA una tribu para UN SOLO niño. Aquí han pillado a los economistas ultraliberales: educar no es barato, no tiene atajos, no hay trucos. Y además no es delegable: exige tu tiempo y “tiempo de calidad”.

Educar es caro, no hacerlo resulta carísimo. Hacerlo solo con una parte de la sociedad es a la corta, injusto; y a la larga, suicida. Por eso es tan importante una escuela pública de calidad. Calro que también puede educar una escuela privada, qué duda cabe. Yo mismo estudié en ella. Conozco ambas: pública desde la docencia, privada desde la discencia. Y ahora mismo, en Arganda del Rey, convivimos en el mismo edificio dos modelos de enseñanza: un colegio público "hospedado" en las instalaciones de un colegio privado-concertado. De como resulte la experiencia daré cuenta a su tiempo.

No voy a repasar las virtudes y defectos de la escuela privada, que los tiene. Ni de la escuela  pública, que también. Sólo quiero hacer una reflexión sobre las estúpidas comparativas que, desde instancias oficiales y por sospechosos intereses, se realizan sobre ambos modelos. Son comparaciones llenas de trampas. Los argumentos para justificar el dinero extra de la educación privada llegan a veces a ser torticeros. Las pagos ilegales y ocultos (y no tan ocultos) en la enseñanza concertada se disfrazan con "extras" de discutible relevancia. Algunas de las razones que se esgrimen desde estas dos instituciones tienen que ver con los resultados. Pueden “revalidar” , auditar con “exámenes externos”, aplicar pruebas “estandars”, comparar resultados PISA… ¡Y creerán que han descubierto algo! ¡¡No se han enterado de nada!! Educar y ser educado ocupa “sólo” el 100% de la vida. Tendremos 100 años y todavía estaremos aprendiendo (y enseñando). Redúcelo a estas pruebas “externas”, sin “validez ecológica”, diseñadas “por encargo” y demostrarás que los pobres son estúpidos y los ricos portentos intelectuales. Ya ocurrió con los test de inteligencia en EEUU que pasaban a los recién llegados al país: los inmigrantes italianos tenía un CI inferior (aquellos test hablaban de hamburguesas, ¿por qué no preguntaban sobre pizzas?). Otras razones tienen que ver con la selección del alumnado. En los privados 100%, la posibilidad de selección es total: a su hijo de usted le dejo entrar en mi colegio y al hijo de este otro señor no. Aparte de seleccionar por sus aptitudes, por su mejor entrenamiento previo, por su clase social... se ponen aquí las bases de futuros clanes dirigentes. Está documentada  la intención de muchos padres de integrar a su hijo en estos centros para que adquiera vínculos con otros niños, hijos de personas influyentes, futuros cuadros dirigentes en la sociedad. Así se perpetúa el poder. En los colegios concertados la selección se realiza mediante maniobras más disimuladas; se usa más la mano izquierda. No me interesa este niño por sus problemas; pues convenzo a los padres de la necesidad de acudir a un centro público donde la exigencia es menor y tienen maravillosos equipos de profesionales que atienden a la diversidad. Lo hacen, naturalmente,  por el propio niño; por que no se sienta inferior y sufra su autoestima en el centro. Curiosamente hay un argumento que no suele aparecer al explicar las bondades de los centros privados y se refiere al profesorado. La existencia de  unas durísimas oposiciones hace que el profesorado de la pública sea normalmente inobjetable en cuanto a su preparación. Suelen afrontar este aspecto desde el menor trabajo de los mismos y su menor implicación (asunto muy discutible).

Los gobiernos ultraliberales que tenemos actualmente en nuestro país (y concretamente en nuestra Comunidad de Madrid) esperan que la educación, como un mercado natural se regule en costos y beneficios en el corto plazo. La educación como mercancía: yo pongo tanto dinero y espero resultados cuantificables e inmediatos. Pero la educación se parece mucho más al arte: yo pongo mucho esfuerzo, dinero y una vida entera; y sólo obtengo unos pocos cuadros; eso sí, de belleza y valor incalculables. Así que instalan la educación en una empresa de pintores de brocha gorda.

Educar procede etimológicamente de “educere” (guiar). Cuando se escatima en “luces” cada cual irá por su lado, dando tumbos. Sólo se salva el que tiene linterna (propia). Pensemos que cuando ciertos políticos hablan de “recortes en educación” sólo piensan en “la educación de los demás”. La propia y la de los suyos, de sobra saben lo importante que es (gracias a ella llegaron al cargo). Y esa, la suya, ¡se la pueden pagar por su cuenta! Y mejor que nadie “les levante el chollo”

Pero, además, hay una actitud que se está instalando en la sociedad: muchos padres piensan ya que "es la escuela la principal protagonista de la educación de sus hijos". Sin restar un ápice a su gran influencia, no podemos pasar por alto que "somos toda la tribu" los que educamos a nuestros retoños. Pocos son ya los que se atreven a encararse a un niño y mandarle recoger los papeles que tira al suelo, casi nadie le dice a un joven que no rompa el árbol al que desgaja ramas por pura diversión. Nos callamos y permitimos sin intervenir botellones, suciedades provocadas, ruidos irritantes, gamberradas sin cuento... Pedimos humildemente perdón al señor que fuma a nuestro lado porque su humo nos molesta. Muy pocos, quizás algún anciano, recrimina a un niño maleducado. Recuerdo bien una anécdota de nuestro viaje de bodas a la antigua URSS. En una ocasión, en el monumental metro de Moscú, intervino un anciano  (que hablaba perfectamente castellano, curiosamente) reprendiendo a los chiquillos que molestaban a los turistas pidiéndoles un pin.

Hoy la tribu anda muy atareada recogiendo mijo, mercadeando esteras y poniendo guías a los turistas. ¿Y los niños? Tan solo algún anciano recuerda la vieja máxima de la tribu.

domingo, 6 de octubre de 2013

Churras y merinas



Algunos confunden las churras con las merinas. A los que ignoran la diferencia les informo que la raza 
de las "churras", originaria de Castilla-León, es de las más antiguas de la Península y es fundamentalmente apreciada por su carne y su leche. Por su parte, las merinas son las "niñas mimadas"' de la granja y es la raza ovina más extendida por el mundo. Tienen una lana de gran calidad: larga, densa, rizada y blanquecina -sin manchas-. Viene a cuento esta aclaración por varias razones:

Primera porque hoy se ha celebrado la XX Fiesta de la Trashumancia en Madrid y un rebaño de 2000 merinas de Esparragosa de Lares (Badajoz) ha recorrido diversas calles de Madrid pertenecientes a la Cañada real  hasta la Puerta de Alcalá, pagando por su paso 100 maravedís según se estableció en la Concordia del 2 de marzo de 1418 entre los Hombres Buenos de la Mesta de los Pastores y los Procuradores del Consejo de la Villa de Madrid.
Segunda porque en los terrenos de esta Cañada Real Galiana viven algunos de los alumnos que, como profesor de asistencia domiciliaria, atiendo a diario. Son terrenos además que, por una u otra razón, he atravesado a lo largo de estos años.
Tercera porque la vida en esta especie de favela horizontal, asentada en el curso lineal de una antigua cañada, resulta  precaria y defavorecida con respecto a las urbanizaciones legales y bien dotadas de los municipios por los que transcurre. Actualmente queda la cañada para las "churras" (carne de cañón, en nuestra sociedad) y las cuidadas urbanizaciones para las "merinas" (personas de calidad).

Hay que destacar que la "raza merina" (cuyo origen lejano se sitúa en Marruecos, pero que se proyecta a nivel mundial desde la organización de la Mesta, en la España del XIV en adelante) ha alcanzado cotas de desarrollo extrordinarias (En Australia, las descendientes de antiguas ovejas españolas, alcanzan la proporción de 10 merinas por persona). Las merinas han heredado el mundo, las churras han quedado relegadas a las antiguas cañadas.


Resulta pues que, por estos días, me aplico a una particular trashumancia por la Cañada Real Galiana en en el sureste de la provincia. Comienzo, muchas veces en Coslada, en las proximidades del Hospital de Henares, en la calle de Santiago, paralela a la Avenida de Vicálvaro; allí, al lado mismo de ese valle de viviendas sin ley y construidas con materiales de deshecho aunque por este extremo están bastante adecentadas, vive uno de mis alumnos. Recuerdo la primera vez que acudí a su casa: Llegaba guiado por mi GPS , y en vez de optar por desviarme hacia la Avenida de Manuel Hazaña -que se me hacía mucho rodear- tomé en la rotonda anterior la primera salida a la derecha, un camino sin asfaltar que atravesando 600 metros de descampado,y sorteando escombros y muebles abandonados, me hizo entrar en la caótica urbanización de la Cañada, Sector 1, que acaba más o menos en la M-45. Tras un callejeo guiado por un GPS en continuo "recalculando" y tras varias paradas (camionetas de descarga taponando la calle), logré llegar a la casa de mi alumno con sólo 15 minutos de retraso. Otras veces paso sobre la Cañada a toda velocidad sobre la M-45 y M-50; o por debajo en la R-3, ya en el el final de su Sector 2.
Sobre el primer túnel desde Rivas por la M-50 se cruza de nuevo muchas veces en mi ruta diaria. Allí cambia el nombre de Real de las Merinas por la calle Carpanta (curioso nombre, que me trae a la memoria historietas de TBO con personaje de hambre y sueños de pollo frito). Poco después me desvio  hacia la M-206, que viene de la M-203 desde Mejorada, por la que paso también a menudo y en la que (en las proximidades de la glorieta) paro a aliviar mi vejiga entre las retamas cercanas al arcén. Aquí estamos ya en el Sector 5 que discurre desde la línea 9 del Metro (Puerta de Arganda-Rivas Urbanizaciones) hasta la A-3, colindante con la urbanización de Covibar (Rivas) con la que contacta por espacio de medio kilómetro. Este sector, poblado inicial y escasamente por españoles, ha sufrido un "boom" de crecimiento en los últimos ocho años gracias a la inmigración marroquí. Las viviendas son todas de construcción, de mayor o menor calidad, y hay una clara división entre las parcelas de los vecinos originales y los más recientes, habiendo sido estas últimas objeto de segregación y construcción masificada. Justo en este tramo La Cañada, con su anárquica riada de casuchas, entremezcladas -todo hay que decirlo-con algunas viviendas de lujo, acerca su vía  longitudinal, de barro y piedras, al asfalto de las urbanizaciones de Covibar, muy aseadas ellas. Llegan a tocarse y discurren paralelas durante medio kilómetro produciéndose una extraña vecindad entre las sólidas y cuidadas urbanizaciones y los callejones que se ramifican desde la espina dorsal de la cañada. Allí tengo otra alumna, no muy lejos de la mezquita que se anuncia, pues es musulmana. El primer día que acudí a su domicilio, que siempre es una aventura, el GPS me guió hasta una plazuela en la que se acababa el asfalto y a la que se abrían callejones de barro entre abigarradas viviendas. Decidí coger mi maleta de ruedas y, llevándola a pulso (el día era  lluvioso y caminaba por el barro) me acerqué al número indicado. Cuando localicé la cifra anotada comprobé que aparecían pintados descuidadamente con brocha, el A, B, C, D, E, F... Además no había forma de encotrar el acceso rodado a la arteria principal de la cañada. Todos las entradas aparecían inhabilitados por gruesos bolardos de cemento. Por suerte, y tirando de móvil, los familiares de mi alumna me indicaron una calle asfaltada muy cercana a su domicilio, en el lado finolis. Un lujo poder aparcar junto a un cuidado jardincillo justo al otro lado de las higueras y estrechos patios descuidados y llenos de chatarra.

También he recorrido en diversas circunstancias el Sector 6. Empieza en la A-3 y llega hasta el término municipal de Getafe. Es el sector más grande y el más mediático, gracias al imponente negocio de droga que funciona dentro del tramo de unas cuarenta parcelas. Conocido colectivamente como "Valdemingómez", es vecino de la incineradora (cuyas instalaciones también están parcialmente construidas sobre la vía pecuaria) y de la Parroquia de Santo Domingo de la Calzada, conocida por su trabajo social entre los drogadictos de la zona. Aunque en estos últimos años rodé innumerables veces por la M-50 paralelo a la Cañada hasta el pueblo de Perales del Río e incluso recorrí en  bicicleta aquellos parajes desde San Martín de la Vega, pasando el arrollo Culebro y las inmediaciones de la Marañosa, mi conocimiento más directo del lugar data de hace más de 30 años, cuando mi suegro trabajaba en el vertedero de Valdemingómez. Alguna vez me invitó a visitarlo y recuerdo muy bien aquella vía polvorienta rodeada de casas destartaladas junto a buenas viviendas de ladrillo visto. Incluso llegué a ver buenos restaurantes. En uno de ellos comimos un pollo al ajillo excepcional. La cercana incineradora y planta de Valdemingómez marcaba las actividades de muchos de sus habitantes que se organizaban en mafias para aptovechar las mercancías que llegaban a la incineradora para ser destruídas por imperativo comercial, defecto de fabricación o mínimos daños de almacenaje. Conservo aún algunos discos de Manolo Escobar que delatan desafinos increíbles (y por eso fueron destinados a la total destrucción, supongo) y una magnífica tienda de campaña rescatada de un lote de mercancías de Alcampo que tenía algunas manchas de humedad. También recuerdo haber bebido unas cervezas infames recuperadas por mi suegro del mismo camión de distribución y cuyo destino eran los molinos de trituración. Extendiéndose a este lado de la Cañada, están los terrenos del macrovertedero que abarcan cientos de hectáreas. Años después recorrí con la bici aquellos lugares fantasmagóricos que dan la impresión de viaje alucinante en un mundo devastado.

Mañana me acercaré de nuevo a ese territorio de frontera donde se tocan la miseria y la riqueza, el barro y el asfalto, el ladrillo y el cartón. En ese punto de contacto donde se mezclan churras y merinas, mi pequeña alumna iluminará su carita con una sonrisa y su hermanita de tres años se acercará curiosa ante la llegada del profe extraño que atiende a su hermana. Allí formaremos todos parte del mismo rebaño, con un único pastor, aunque le demos distinto nombre.

miércoles, 24 de julio de 2013

Los pilares del mal


Las vacaciones de sombrilla y tumbona pueden llegar a resultarme terriblemente aburridas, así que, como todos los años, acudo a la playa bien provisto de libros para pasar el rato. Puedo encontrar entretenido observar la conducta de la gente, dar un paseo, bañarme un rato... pero finalmente quedan ociosas un montón de horas que lleno con la lectura. Cuando me canso de contemplar a los niños asombrarse ante la inmensidad del océano, admirar la inconmensurable extensión de la playa o divertirse con sus juegos circulares de construcciones y persecución; echo mano de alguna novela de lectura pendiente. 
Debajo de la roja sombrilla, aprovechando al máximo el área sombreada, me recuesto en la tumbona dejándome broncear apenas por la brisa cálida, a veces abrasadora. El poder de hipnótico de la lectura es tal que este año sentí el frío polar de las heladas montañas de Alaska mientras leía "La llamada de lo salvaje" de Jack London y me sumergí en las tenebrosas callejas de Londres cuando devoraba "Estudio escarlata" de Donald Conley, e incluso fui capaz de viajar al futuro de la Tierra casi un millón de años después con "El viaje en el tiempo" de H.G. Wels. Eran todos libritos baratos de una colección de novelas clásicas, las primeras que encontré, ya con prisas, cuando estábamos a punto de emprender el viaje desde Cabanillas a Peñíscola. 
A los tres días, ya había acabado con mi provisión de lecturas. Charo, al verme extrañamente contemplativo, me animó a comprar alguna otra en alguna de las tiendas del paseo marítimo. Tras una pequeña exploración encontré una veintena de Best Seller en edición de bolsillo y me decidí por "Los pilares de la Tierra", empujado por la popularidad del relato y lo sugerente de la trama. Eran 1039 páginas de letra menuda y apretada que me resultarían incómodas de leer, pero no estaba dispuesto a realizar un gasto excesivo (me rebelo contra los infinitos gastos extras de las vacaciones). 
Me pareció interesante la introducción del propio autor, Ken Follett, situando esta obra como algo extraño dentro de su bibliografía (hasta entonces con una temática muy alejada de los clásicos trillers con los que se ganaba la vida). Explica su obra como fruto de una afición y una aventura (casi un reto) que, pese a la opinión de todos sus conocidos, obtuvo un éxito sin precedentes. 
Su temática describe la eterna lucha entre el bien y el mal, combate donde nunca parece habar una victoria definitiva. Contrapone la alegría de la vida, la lucha por sobrevivir, la honestidad y la justicia contra la el poder, la violencia, la manipulación y la calumnia. 
Recorrí sus páginas durante cuatro días embrujado por la trama, interesado por los detalles históricos y arquitectónicos que trata, indignado constantemente por la facilidad con que el mal se impone en la historia, asombrado por los complejos artefactos que disponen los hombres para la manipulación y el engaño...
Mientras leía, en la televisión del apartamento, se sucedían avances informativos y programas especiales sobre "El caso Bárcenas". La ola de estiércol que se abalanza sobre el partido en el gobierno se nutre con variadas podredumbres: sobornos, corrupción, chantaje, manipulaciones, calumnias, robo, fraude y evasión fiscal... nada se sabe de muertes y torturas, pero todo podría ocurrir.  Yo alternaba la atención entre la trama del libro y la trama Gurtel y el caso Bárcenas; y comentaba sorprendido a mi mujer: "¡No sé qué es más intrigante, si la corrupción del poder que plantea mi libro o la corrupción financiera y  política de estos hombres!" La contabilidad B del PP (Con B de Bárcenas), la cadena de chantajes y manipulaciones, la servidumbre de los favores debidos, la ambición desmedida, el enriquecimiento a toda costa, la maquinación para burlar la justicia, la mentiras descaradas al pueblo... son los mismos "pecados" que en la novela. 
No pude dejar de preguntarme: ¿Existe el bien? ¿Dónde están los hombres buenos? ¿Vale todo en política? ¿Podemos fiarnos de los poderosos? 
Como a lo largo de la novela los malvados hacen cuanto pueden para presentar a los demás hombres justos como villanos, como los auténticos malhechores: los indignados y los que practican los escraches serían terroristas, los partidarios del aborto asesinos, los parados vagos, los trabajadores incompetentes y, en el colmo del cinismo, los pobres tontos por no haberse sabido enriquecer como ellos. 
Agobiado por esta catedral de la justicia que nunca llega a construirse apuro las últimas  páginas del libro de Ken Follet. Tras el último asesinato, casi un magnicidio, que aparentemente quedará impune, me sorprendo asistiendo a la lectura de lo que sería un auténtico escrache medieval; 
"Contaremos nuestra historia en todas las ciudades de Inglaterra. Mostraremos a la gente la espada que mató a Thomas Becket. Dejaremos que vean sus vestiduras manchadas de sangre. Lanzaremos un clamor que se extenderá por toda la Cristiandad, que llegará incluso a Roma. Haremos que todo el mundo civilizado se enfrente a los bárbaros que han perpetrado este crimen terrible y blasfemo". Y más sorprendido aún me quedo cuando termino de leer la última página donde el mismísimo representante del poder, el propio Rey, confiesa ser causa del asesinato del arzobispo Becket y, humillado de rodillas, se somete a ser azotado... En ese momento, en las noticias, aparece Mariano Rajoy aceptando acudir al congreso a dar explicaciones sobre el caso Bárcenas... El libro termina. Leo la última frase: "A partir de aquel día el mundo sería un poco mejor".  

sábado, 11 de mayo de 2013

El óbolo de la viuda


En multas y limosnas existe la misma desproporción. No es "cuanto" se da o se quita, sino la importancia que tiene para cada uno el dinero del que se desprende. Ya sé que esto está muy pensado (léase el evangelio, Mc 12,38-44), que no es nuevo... pero tampoco es viejo.

Hablaré de sanciones de tráfico.Últimamente estoy recibiendo una desacostumbrada ración de multas: Radares emboscados en vías secundarias de poco tránsito, multas por falta de tiquet en zona verde, algún exceso de velocidad… Muchas de ellas incluso en el desempeño de mi trabajo (he de trasladarme a domicilios distantes en la provincia) y las he de pagar con mi dinero. Uso coche propio y me pagan el km (por la distancia más corta -no la más rápida- a 0.19 euros (este año estuve en Suiza y comprobé que allí  cobran 4 veces más con una gasolina a precios similares; también sé que los señores diputados cobran 0,22 por el mismo concepto -lo que me parece injusto, pues la gasolina cuesta igual a todo el mundo-). Mi coche envejece prematurametne al conducirme a este trabajo que me obligan a recorrer 4000 km mensuales donde yo corro a cargo de su mantenimiento, sus revisiones, sus neumáticos, su aceite… ¡y su aparcamiento, lo que a veces termina con multas inevitables!. Y ¡Sí, detecto, al igual que otros muchos, un crescendo en el afán recaudatorio desmesurado!; como si fuera un elixir milagroso para salir de la crisis.

No estoy en contra de pagar por mis faltas. Pero no todos los castigos son iguales, si son económicos. Como el óbolo de la viuda en la parábola evangélica, debe haber proporcionalidad en la penitencia.  Propongo un coeficiente (calculado en función de los ingresos -es fácil calcularlo, todos declaramos, hacienda lo sabe) que se aplique a las multas de tráfico. En los tiempos que corren a las multas no les hacen recortes, al contrario. Y estas, en muchos casos, son sencillamente escandalosas. Hay gente a la que le importa muy poco esa cantidad y otros a los que les va el comer. No es ético multar con 100 euros a un conductor por aparcar en una zona verde durante unos minutos en  un Madrid abarrotado que no ofrece hueco en zona azul. No es justo seleccionar tramos trampa en los que, sin peligro alguno se superan los 60 km/h, cuando hay una curva mucho más peligrosa un kilómetro antes donde sería mucho más lógico -pero menos cómodo- establecer la vigilancia. No es fácil desplazarse a la oficina de correos de tu localidad a por la multa cuando su horario coincide con tu horario laboral. No se puede tener una web de tráfico de navegación confusa, que se cuelgue constantemente y que no te aplique la reducción por prontopago pese a haberlo gestionado -como me ha ocurrido en alguna ocasión-.  

Y creo que nuestros gobernantes recaudadores se equivocan. No me creo sus farisaicos argumentos de que sancionan pensando en el bien común (¿pagan siempre sus multas? ¿las pagan ellos?, ¿le duelen lo mismo que a mí con sus "sobresueldos" y "gastos de representación"?), o de que todos somos iguales (sus kilómetros a 0,22, señores diputados, ¿a santo de qué? ¿sus gasolineras son más caras?), o que se aprietan el cinturón como todos ( véase el resultado de la votación del pasado 6 de abril, en el Parlamento Europeo donde se votó una enmienda para restringir los vuelos en primera "Bussines Class" ( 1.297 euros) y hacerlos en clase turista (150 euros). Tan sólo 4 votaron a favor de viajar en clase turista, 2 se abstuvieron y 38 votaron a favor de "apretarse el cinturón"... pero en Bussines Class). 

Hace ya 2000 un personaje revolucionario, casi un antisistema, nos previno. No se escandalicen las almas piadosas: ejemplos abundan y los tienen en las propias escrituras."Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa."  Estemos atentos a los Los tramposos de Dios que ante las 100 avemarías de penitencia por sus pecados son capaces de graba una sola, copiarla 100 veces en su grabadora, y dejarla puesta ante el santísimo. No caigamos en la trampa de que mis multas son iguales que las de Ángel Carromero, por ejemplo. Mi óbolo me cuesta mucho ganarlo. 

miércoles, 8 de mayo de 2013

Han intervenido mi Bankia


Hace tiempo que mi banco fue intervenido. Ese banco al que pedí un crédito en más de una ocasión y me hizo presentar el aval correspondiente: mi nómina, mi casa... Yo pensé que era justo. Si me prestan un dinero deben poder recuperarlo, aunque ya me dolieran los pingües intereses que debería abonarles. Yo cumplí como buen ciudadano: devolví el préstamo más intereses puntual y religiosamente. Sin embargo, mi banco, prácticamente ha quebrado. El dinero que yo le presté a él (con magros intereses) no tenía aval alguno, a lo que parece...  Es este un negocio tramposo. El escritor alemán Frederik Hetmann lo ilustra claramente en su libro Historias de Pieles Rojas, en esta adaptación de una de ellas que reproduzco
Negocios bancarios 
Érase una vez un indio que entró en el banco de una ciudad para pedir un préstamo.
—Sí —le dijeron los empleados—, aquí encontrará lo que busca. Hacemos préstamos. Pero antes tenemos que pedirle una cosa. ¿Es usted tan amable de firmarnos un aval como garantía de pago?
—¿Un aval?
—Sí, claro. En el caso de que usted no nos devuelva el dinero prestado, el banco se quedaría con lo que usted haya presentado como aval.
Esto le pareció justo al indio.
—Entonces, ¿qué nos puede ofrecer usted como aval?
—Tengo caballos.
—¿Cuántos caballos?
—Mmm… calculo que alrededor de quinientos…, pero también pueden ser seiscientos.
—Estupendo. Vamos a suponer que cada caballo tiene un valor de unos diez dólares. Usted nos transfiere la propiedad de cien de sus caballos y nosotros le hacemos un préstamo de mil dólares.
Y así sucedió.
Pasado un año, el indio entra de nuevo al banco. Lleva consigo dos bolsas repletas de dinero. Se acerca al mos­trador, saca de una de ellas la cantidad que le prestó el banco y paga sus deudas, junto con los intereses, en dólares de plata. El empleado del banco, sonriente, le hace un cumplido:
—¡Excelente! Es siempre una satisfacción hacer negocios con una persona honrada y fiable.
El indio no contesta nada, pero echa mano de la segunda bolsita.
—Aquí tengo más dólares de plata —explica—. He vendido lana.
—Magnífico. ¿Quiere abrir una cuenta corriente en nuestro banco? Así no tendría que llevar siempre su dinero encima. Podría perderlo; se lo podrían robar. Si usted nos lo confía a nosotros… aquí estará totalmente seguro. Y cuando necesite dinero, no tendrá ningún problema: usted se acerca por aquí y retira la suma deseada.
Todo aquello resulta claro y evidente. Así que el indio saca los dólares de plata de la segunda bolsita y se pone a contarlos sobre el mostrador.
El empleado del banco extiende la mano para coger el dinero y guardarlo en la caja fuerte. Pero el indio pone sus manos encima de los dólares y pregunta.
—Por cierto… ¿ustedes también tienen caballos?
Así que mi Bankia no tiene caballos y se ha vuelto cuatrera requisando los de los demás. Han tenido que venir a "rescatarle" con dinero que arrebatarán a involuntarios avalistas: los inocentes ciudadanos con sus impuestos. ¿No podría expropiarle yo, al menos, un salita de la sucursal donde me atendieron?
En una muestra máxima de cinismo son los propios liberales, los que propugnan la no intromisión del Estado en las relaciones mercantiles entre los ciudadanos, los que impulsan la reducción de impuestos a su mínima expresión y reducción de la regulación sobre comercio y producción; los que solicitan el rescate, los que "premian" a los gestores del fiasco con primas escandalosas... Al menos podrían colocar un cartel de aviso a la entrada de los bancos:
"Aquí privatizamos las ganancias y socializamos las pérdidas"... ¡Capitalistas de pacotilla! 

miércoles, 10 de abril de 2013

Stop desahucios


A ti acuden. ¿A quién si no? ¿Quién moverá un dedo por ellos si no pueden pagar? ¿Si tienen su casa intervenida, su aval en prenda y su futuro hipotecado? Se llaman Juan, o María o Teo Ochoa... se llaman como tú. Se manifiestan en medio de la calle, orillados en la acera, con sus tenderetes y sus tiendas mientras la lluvia acumula grandes bolsas de agua sobre las lonas. La esquina entre la calle de Vitoria y San Lesmes ha sido su hogar durante 17 días. Han buscado la vecindad de sus prestamistas, han realizado un escrache a su conciencia, soportando el frío de las noches burgalesas, el viento de marzo y los aguaceros. Son pocos pero tenaces. Han aguantado más de dos semanas acampados sobre el cemento y durmiendo en tiendas minúsculas. Enfrente la Caja Laboral, esta vez gratis, les ha prestado la luz de neón de sus rótulos y han adornado con posters de Bancaseguros, cínicos carteles sobre seguridad, las paredes de la calle. Están felices. El juez, al fin, ha paralizado el desahucio de Teo. Tuvo que mediar una disposición europea para lograrlo. Mientras, se estudia una fórmula alternativa;  dolorosa, pero no mortal. Lo van a celebrar con unas sopas de ajo que ahora cuecen en la olla comunal bajo la lona azotada por la lluvia. La cocinera se mueve al son de la comparsa de "Los Papamoscas" mientras atacan la canción de "Las tres brujas" liberales dedicadas a tres mujeres malvadas que intentan emponzoñar la manzana de la solidaridad. En la fachada de enfrente una lluvia incesante golpea los cristales de los ventanales de la sucursal. El agua parece querer limpiar los relejes  de codicia adheridos  en ellos desde décadas.Tras ellos, los directivos, aceptaron finalmente una negociación; extendieron también a la vecina provincia de Burgos la política de "no desahucio" que ya aplicaban en el País Vasco: ¡Qué fácil es ser "valiente" contra el débil donde no media la camaradería del paisano, la amenaza violenta o los recursos del rico!
La fiesta continúa bajo los paraguas. La gente se apiña protegida por el improvisado tenderete. Se encojen los presentes con santa paciencia dentro de las hornacinas de los portales. Un coche policial pasa lentamente, por su ventanilla abierta asoma la cabeza escrutadora de uniformado.
Esta noche se desmontará el pequeño campamento. Esta noche, Teo, dispondrá de un techo donde guarecerse. No será su casa, ya está perdida. Pero el techo de un futuro posible le hará soñar. 

BURGOS, 27 de marzo de 2013.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Las uvas de la ira



Hace unos cinco años, en uno de esas tórridas semanas de playa mediterránea que tanto gustan a Charo, mi mujer, leí un libro cuyo título (al igual que la película homónima) me era familiar y estaba apuntado en algún rincón olvidado de mi memoria. Me encantó. Estos años, con la crisis (más bien depresión) que vivimos lo recuerdo muchas veces y recomiendo su lectura en cuanto me surge la ocasión.

Las uvas de la ira es una novela de  John Steinbeck, escrita en 1936, que cuenta (respaldada por una rigurosa investigación personal -Steinbeck era periodista-) la historia de la familia Joad durante la época del «Dust Bowl,» la gran crisis agropecuaria y familiar del medioeste de los Estados Unidos en los años treinta. La novela intercala cortos capítulos de comentario histórico y  episodios más bien fotográficos que documentan las tribulaciones de las familias desarraigadas  en busca de una vida decente en una California fertil y mítica. La historia se situa pues al final de la Gran Depresión de los años 30 que derrumbó la economía de EEUU hasta cotas impensables, superirores incluso a las actuales en los países en crisis de Europa.

John Steinbeck, premio Nobel de Literatura en 1952, nacido en california en 1902, hijo padre "tesorero" y madre maestra no llegó a graduarse en la universidad, pero cultivó siempre su interés por la literatura y el periodismo trabajando como freelance. Sus obras son muy conocidas, entre ellas destacan: "De ratones y hombres", "La uvas de la ira" y "Al este del Edén"; todas ellas llevadas al cine igualmente con enorme éxito.

Destaco, por mi parte, el compromiso social de Steinbeck plasmado en sus libros. Su osadía, al plasmar con un naturalismo crítico las miserias de la sociedad estadounidense, le acarreó críticas y enemigos llegando a ser acusado de comunista, anticapitalista  y abanderado del socialismo. La verdad es que leyendo su obra no extraña en absoluto.

Invito esta novela a mi blog porque considero que refleja, con una actualidad impensable a los 71 años de su  publicación, la situación de la crisis que padecemos. Las palabras de Steinbeck a lo largo de la obra, sus reflexiones, pueden transcribirse literalmente a lo que nos pasa: Hablan del eterno conflicto entre el bien y el mal, la riqueza y la pobreza, la vida y la muerte... Selecciono algunos de los pensamientos expresados en el libro:
 «Y los grandes propietarios, los que deben ser desposeídos de su tierra por un cataclismo, los grandes propietarios con acceso a la historia, con ojos para leer la historia y conocer el gran hecho: cuando la propiedad se acumula en unas pocas manos, acaba por serles arrebatada. Y el hecho que siempre acompaña: cuando hay una mayoría que tiene hambre y frío, tomará por la fuerza lo que necesita. Y el pequeño hecho evidente que se repite a lo largo de la historia: el único resultado de la represión es el fortalecimiento y la unión de los reprimidos»,
Setenta años después, las difíciles condiciones de la clase trabajadora son las mismas. La misma clase trabajadora soportó la carga principal de la Gran Depresión en los años treinta y soporta la carga de nuestra actual Crisis. Steinbeck sabía hace setenta años quiénes eran los culpables.  Son los mismos que en la actualidad: Los intereses bancarios causaron la Gran Depresión y crearon el desastroso colapso que hasta ahora ha destruido 7 millones de puestos de trabajo de la clase media.
Otra cosa que descubrió Stenibeck fue que los auténticos valores, los más altruístas, residen en la clase trabajadora, en los oprimidos:


«Siempre me pareció extraño que las cosas que admiramos en los hombres, la bondad y la generosidad, la franqueza, la honestidad, la comprensión y el sentimiento acompañan al fracaso en nuestro sistema. Y esos rasgos que detestamos, nitidez, codicia, ambición, mezquindad, egoísmo, interés personal, son los rasgos del éxito. Y mientras los hombres admiran la calidad de las primeras, les gusta el producto de la segunda», John Steinbeck.
«Si tienes problemas o estás herido o necesitado... acude a la gente pobre. Son los únicos que te van a ayudar... los únicos».
«Quiero colocar una etiqueta de vergüenza sobre los hijoputas codiciosos que son responsables de esto [la Gran Depresión y sus efectos]».
Y ya escribía sobre la dignidad de los indignados:
«…y en los ojos de la gente se refleja el fracaso; y en los ojos de los hambrientos hay una ira creciente. En las almas de las personas las uvas de la ira se están llenando y se vuelven pesadas, cogiendo peso, listas para la vendimia»,

«En donde haya una pelea para que los hambrientos puedan comer, allí estaré. Donde haya un policía pegándole a uno, allí estaré. Si Casy sabía, por qué no, pues estaré en los gritos de la gente enfurecida y estaré en la risa de los niños cuando están hambrientos y saben que la cena está preparada. Y cuando nuestra gente coma los productos que ha cultivado y viva en las casas que ha construido, allí estaré, ¿entiendes?», Tom Joad – Las uvas de la ira
«El banco es algo más que hombres. Fíjate que todos los hombres del banco detestan lo que el banco hace, pero aún así el banco lo hace. El banco es algo más que hombres, créeme. Es el monstruo. Los hombres lo crearon, pero no lo pueden controlar­».

Y la ira estallará. Steinbeck dudaba del título que pondría a su obra. Fue su esposa quién le sugirió este título intrigante que se desvela cuando rastreamos su origen en la Biblia:
Apocalipsis 14.19: Y el ángel arrojó su hoz en la tierra, y vendimió la viña de la tierra, y echó las uvas en el gran lagar de la ira de Dios.
Una apelación apocalíptica a la justicia divina y la liberación del pueblo oprimidos por sus explotadores en el juicio final. La expresión está recogida literalmente del "Himno de batalla de la República" de la escritora norteamericana Julia Ward Howe. En el libro se transcribe expresamente este párrafo:
«Mis ojos han visto la gloria de la llegada del Señor:
Está pisoteando la vendimia en la cual se guardan las uvas de la ira;
Había liberado el nefasto rayo de Su terrible espada:
Su verdad sigue adelante».
Referencias:  
http://www.opednews.com/populum/linkframe.php?linkid=126917