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miércoles, 9 de noviembre de 2016

Una palabra y mil imágenes - 22: Licántropo

(...) y es, que en el reyno de Galicia se hallo un hombre, el cual andaba por los montes ascondido y de allí se salía a los caminos cubierto de un pellejo de lobo, y si hallaba algunos mozos pequeños desmandados, matavalos, y hartabase de comer en ellos, y era tanto el daño que hazia que los de la tierra procuraron quitar aquella bestia del mundo y prendieronle, y viendo que era hombre, le pusieron en una cárcel (...)

Antonio de Torquemada. Jardín de flores curiosas, 1575



El jardín de las flores curiosas es una célebre obra del astorgano Antonio de Torquemada (no confundir con el famoso inquisidor) donde se comentan fenómenos sobrenaturales y monstruosos: seres prodigiosos, como pigmeos, amazonas, sátiros, cinocéfalos, ...; propiedades de ríos, fuentes, lagos, el Paraíso terrenal, y sus cuatro ríos; fantasmas, visiones, trasgos, encantadores, hechiceros, brujas, saludadores; astrología... En esta obra por ejemplo, aparece por primera vez en la literatura una primicia que producirá luego fértiles ideas para guiones cinematográficos: simios que interactúan con féminas al estilo de King Kong. Pero la cita que se recoge aquí hace referencia a un ser mítico que en muchas partes se conoce como Hombre Lobo, y en ciertos lugares (Extremadura) como lobisome, concretándose este último como el séptimo varón de un matrimonio sin intermedio de hija que en la Noche de San juan se convertía en lobo.

Estos seres (míticos pero con características que recuerdan el comportamiento de estos cánidos salvajes) ya fueron descritos desde antiguo y se les llamó: 

licántropos. 




Vi la película"El bosque del lobo" de Pedro Olea con gran interés. No solo porque la programaron en el cineclub de Tuy, ciudad gallega donde estuiaba, sino porque muchas de sus escenas se rodaron en esa población y alrededores, edificios y monumentos me resultaban conocidos. Unido a eso, el personaje:  un soberbio José Luis López Vázquez, nos resultaba a todos familiar y entrañable. Si añadimos la temática y el misterio asociado a la historia de los hombres lobos y el ambiente rural que respiraba la cinta, su visionado resultó muy atractivo. 

Con el efecto de primacía (creo que fue la primera película sobre licántropos que contemplé) la imagen de "un hombre lobo" quedó por siempre asociada a ese buhonero gallego que recorría los campos con su enorme mochila y que sufría súbitos ataques de licantropía en  escondidos rincones de sus travesías. Contra lo que pudiera parecer a mi el personaje en vez de infundirme miedo me producía un punto de ternura y de pena. 

Lo siento por los seguidores de la serie "Crepusculo" cn su parafernalia de jóvenes bellezas y efectos especiales. Desde mi niñez, el rostro feroz de un hombre lobo, tiene para mí la imagen de un atormentado José Luis López Vázquez.  

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Fascinantes historias de la ciencia 13: Los anales de Lucky


Los anales de nuestros ancestros no tienen historia. La escritura no puede declarar en el juicio de sus vidas antiguas.  No hay testimonios, nadie puede testificar sobre aquellas épocas lejanas. Sólo los forenses del tiempo atan cabos para averiguar cómo fueron sus vidas, sus costumbres, sus grandes y pequeños hechos.

En el lugar del crimen, en el laboratorio forense, en la libreta del paleontólogo, se pasan a limpio los capítulos de biografías que nunca se escribieron. Las pruebas son huesos deshechos, piedras golpeadas, pinturas olvidadas, compañeros de osario... Técnicas antiguas, valiosas pero limitadas, hacen hablar a los viejos restos pero hoy en día son complementadas por técnicas maravillosas como el análisis genético, la inspección radiológica, la geofísica avanzada... Con los nuevos conocimientos se pueden escribir ya muchas páginas del libro de nuestros antepasados. Ahora sabemos tantas cosas que dan para el guión de buenas películas, para el argumento de muchas novelas.

Tenemos la historia de Lucky. Los documentales la pintan aún como un frágil primate: menuda, de largos brazos, con pilosidad abundante, ojos inquietos... Le suponen un pensamiento rápido y nervioso, sin demasiado brillo en sus medio litro de capacidad craneal pero con chispazos de inteligencia. Le dotan de sentimientos netamente humanos: instinto maternal, miedo, curiosidad... Le muestran cuidando sus hijos, desplazándo erguida sus escasos 27 kilos de peso. Cuentan una vida ya alejada de los árboles, alzando su cabeza sobre el manto herbáceo de la sabana, pero manteniendo a la vista algún árbol al que subirse en caso de peligro... Relatan la tragedia de su dramática muerte a manos de un depredador y abren el plano sobre sus compañeros supervivientes, sobreponiéndose a las dificultades de la vida, evolucionando para mejorar. La música de los Beatles, la pegadiza Lucky, pone la banda sonora a su vida al presentarse voluntaria por la radio en el momento de su descubrimiento.

Con lo que sabemos de la vida de los neandertales actualmente podría formarse una biblioteca entera. Existen ejemplares novelados como "El clan del oso cavernario" y los cuatro libros más que forman la saga de Aila, la pequeña cromagnon, adoptada por un clan neandertal. Se han editado a lo largo de los últimos años múltiples libros científicos que hablan de su cultura y su inteligencia ("El collar del neandertal" y muchos otros...) Conocemos actualmente detalles suficientes como para aderezar cada capítulo con elementos precisos: su probado canibalismo, su cabello pelirrojo, su lateralidad diestra, su habilidad en la talla, su pensamiento simbólico, su instinto protector para con los débiles, su lenguaje, sus hitos técnicos (el dominio del fuego, por ejemplo). En todos estos detalles subyacen cuidados estudios e  ingeniosas investigaciones: desde marcas de decarnación con raederas en los huesos (prueba de preparación para ser comidos) pasando por análisis de ADN mitocondrial con genes del color del pelo o su elaborada técnica de talla de puntas de lanza o hachas e incluso los restos oseos de individuos inválidos que lograron sobrevivir largos años con minusvalías incapacitantes o el ingenioso estudio de su oído (totalmente moderno), órgano cuyo diseño sólo puede explicarse como receptor de un lenguaje que empleaba nuestros mismos fonemas y en el que era especialista.

De los cromagnones tenemos más pruebas aún. Las tenemos todas,  pues somo nosotros.  Nuestra revolucionaria transición al neolítico con la aparición de la agricultura y la ganadería, sus técnicas constructivas, su arte (el adorno corporal, la pintura, la escultura, la música), la creación de poblados y después ciudades, los inventos, los imperios, las conquistas, las guerras, la paz, las culturas... y ¡la escritura!, pero esa es ya otra historia: la historia por definición.

Quedan aún muchos misterios sin resolver, muchos capítulos en blanco pendientes de rellenar con historias fascinantes: ¿Cómo pudo ser la convivencia entre neandertales y cromagnones? ¿Aniquilamos su especie debido a nuestra mejora adaptación social o técnica? ¿Cruzamos nuestro genes?...  Poco a poco la ciencia arroja luz sobre nuestrad dudas: Parece que compartimos un 5% de ADN con los neandertales, luego hubo algún cruce (¿forzado o consentido?, no lo sabemos aún). ¿Hasta cuando existieron especies semejantes a la nuestra como "los hombrecillos de Flores", o acaso otras incógnitas como "el hombre de las nieves" (el Yeti)...? En la tradiciones de muchas sociedades humanas hay referencias incontables a seres similares. Está por completar la saga de la poblamiento de América, nos quedan algunas dudas sobre "visitantes" del espacio (las leyendas al respecto anteceden a la propia historia de los relatos sobre los Anunakis en Mesopotamia, ya que aparecen numerosas pinturas enigmáticas en muchas partes del mundo)...  El hombre sigue intentando responder a sus dudas existenciales: ¿Quienes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? Descubrimos las respuestas cada vez con más rapidez pero... con cada respuesta surgen multiplicadas incógnitas: somos una especie incorregiblemente curiosa, quizá ahí resida el secreto de nuestra especie.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Fascinantes historias de la ciencia - 10: "Hablaron sí, y sus ecos permanecen".


¿Fosilizan los ecos? Quizás las palabras, las viejas palabras pronunciadas hace casi medio millón de años en la sierra de Atapuerca, no se las llevó completamente el viento. Acaso su huella podamos encontrarla hoy día en los oídos que las escucharon. 


Bajo el título de "El origen del lenguaje: la evidencia paleontológica", el Dr. en Biología y profesor del Área de Paleontología en el Departamento de Geología de la Universidad de Alcalá de Henares D. Ignacio Martínez Mendizábal, impartío en la tarde de este último viernes de octubre una conferencia en la sede de la UNED de Guadalajara.

En una conferencia anterior...
Ignacio (Nacho para los amigos) me era conocido por haber asistido el curso pasado a una de sus conferencias organizada en aquella ocasión por la AMPA del CEIP "El Doncel"; Aquella tarde habló de los yacimientos de Atapuerca a un público variopinto al que supo llegar superando las dificultades que presentaba un auditorio formado por niños de varias edades, padres y profesores. Me sorprendió agradablemente entonces que dedicara un poco de su precioso tiempo libre a este público infantil y que se ganara su atención con una presentación muy didáctica y adaptada a los jóvenes oyentes. Los niños escucharon sorprendidos sus relatos y anécdotas manifestando su asombro en ocasiones como ante las evidencias de canibalismo en los huesos fósiles; en aquellos momentos un gesto de espanto apareció en alguna de las madres presentes preocupadas  por la posible sensibilidad herida de sus pequeños (como si en los cuentos infantiles no aparecieran brujas que quisiera devorar a Hansel y Grettel, o madrastras que deseaban cocinar a sus hijastros..). Recibió en aquella ocasión como pago una artística pluma y nuestros vibrantes aplausos. Se trató definitivamente de una conferencia "por amor al arte".
Entre aquel público yo me sentí secretamente interpelado cuando explicaba sus primeros trabajos en las cuevas de Atapuerca y mencionaba las tareas de limpieza en las galerías que tuvieron que realizar incialmente. El yacimiento se encontraba en lugares en los que se aventuraban frecuentemente "aquellos muchachotes de Burgos" para divertirse explorando las cavidades o buscando dientes de oso, botín que era relativamente fácil encontrar en las antiguas cavernas. Yo había sido uno de aquellos "muchachotes" pues en en el verano de 1978 acudí en compañía de unos amigos de mi hermano Luis a explorar las cuevas. En realidad conocía desde años atrás aquella pequeña Sierra tan cercana a Burgos pues era un lugar al que acudíamos con frecuencia a merendar con mis padres en su recién estrenado seat 127. Habíamos paseado por la trinchera del ferrocarril a menudo y pasamos varias veces frente a la entrada enrejada de la Cueva Mayor. Algunos del grupo, mejor informados, nos instruían sobre la existencia de ciertos trabajos de excavación relacionados con grabados antiguos y restos prehistóricos; pero la zona presentaba un aspecto de total abandono, lejos de las protecciones, estructuras y andamiajes de la actualidad. Así que vivimos nuestra  particular aventura espeleológica entre cuevas y cavidades cuya localización exacta no recuerdo pero que muy bien pudo estar muy próxima al Sancta Sanctorum del Paleolítico: la especialísima Sima de los Huesos. 
 
De aquellas grutas por las nos arrastramos salí  completamente embarrado poseído de una gran angustia calustrofóbica y poseedor de un pequeño trozo de estalactita que arranqué de uno de los techos(no quedaba ninguna entera, pues el lugar había sido sistemáticamente esquilmados por otros "mozalbetes burgaleses" y, antes que ellos, por las propias autoridades que autorizaron la retirada de  toneladas de aquellas piedras singulares para adornar los estanques del parque de Campo Grande en Valladolid y uno de los estanque en el burgalés paseo del Espolón. 

La conferencia
Este viernes, sentado en una esquina de la pequeña Sala de Medios de la UNED, en el Centro San José, me  encontré de nuevo con el profesor Ignacio M. Mendizábal. Tras la presentación y las disculpas inicialaes por su retraso (uno de los frecuentes accidentes en la A-II), comenzó su sorprendente exposición sobre el origen del lenguaje humano. A Ignacio se le nota la experiencia acumulada por los muchos años de profesor de instituto y las múltiples conferencias que lleva impartidas sobre el tema. Empleando un lenguaje claro y sencillo, pero sin renunciar al rigor científico, avanzó en su disertación metiéndose en el bolsillo al auditorio gracias a un desarrollo muy didáctico repleto de bromas, metáforas y anécdotas sugerentes que hacían que fuera una delicia adentrarse en un terreno que parecía acotado para especialistas. 

Las evidencias paleontológicas clásicas.
Comenzó analizando las fuentes de información de que disponemos para establecer el posible uso del lenguaje en la lejana prehistoria en especies tan alejadas de nosotros como el Homo Anteccesor o los posibles preneandertales de la Sierra de Atapuerca: desde las evidencias óseas que el gran desarrollo del área de Broca y Wernike (íntimamente relacionadas con el lenguaje) han dejado en los huesos temporales de los cráneos, pasando por la estructura y situación del hueso hioides (necesario para la fonación humana) en homínidos y primates, llegando a tener en cuenta los grabados de tipo simbólico que aparecen (muy frecuente en la especie Cromagnon aunque escasa en los neandertales), hasta considerar la sofisticada talla de instrumentos de sílex como evidencia de una organización mental superior que implicaría existencia de un lenguaje elaborado. Pero, como apunta Mendizábal, ninguna de ellas tiene carga probatoria suficiente para certificar que aquellos antepasados nuestros hablaran. 

Con ironía y humor nos relató las fantásticas expectativas que él mismo se creó cuando, ante la posibilidad de contar con los recién aparecidos cráneos de la Sima, se prometía un estudio y descubrimiento pionero que demostraría a la comunidad científica internacional la existencia de lenguaje basándose en la anatomía de los órganos articulatorios de los que tenían una excelente colección de huesos excepcionalmente bien conservados. Trabajo de una semana -se dijo- y éxito seguro. En divertida autoparodia de su propia vanidad nos relató su abatimiento al comprobar que era imposible concluir nada relevante a partir de esta vía. Con las orejas gachas tuvo que confesar a su colega y colaborador José Luis Arsuaga (con el que llegó a escribir varios libros sobre este y otros temas) que era imposible concluir por la vía del estudio del aparato fonador que aquellos homínidos de Atapuerca emplearan el lenguaje oral.

Un enfoque original: el otro lado del espejo en la teoría de la Comunicación.
Pero, tras esta decepcionante conclusión, en una de esas intuiciones geniales que, por aparentemente sencillas, no se le ocurren a nadie entrevió un punto de vista diferente que podía proporcionar la respuesta anhelada a la pregunta de su vida: ¿Los preneandertales hablaban? ¿Miguelón, Agamenón, y el resto de homínidos de la Sima de los Huesos se comunicaban oralmente entre ellos?
Para comprender el novedoso enfoque, hay que retrotraerse a la vampírica imagen (la noche siguiente sería la noche de Halloween, perdónesenos la irreverente comparación) del extraordinario matemático Claude Shannon que encabezaba la serie de diapositivas. Este brillante matemático estadounidense había propuesto un modelo para la comunicación (inicialmente para la comunicación electrónica entre ordenadores) que resultaba muy útil también para la comunicación humana. A partir de él surgió la prometedora pregunta:  ¿Por qué centrarse en el aparato fonador (transmisor) y no en el receptor (oído) que fosiliza tan bien (es mayoritariamente oseo) y de cuyos modelos en Atapuerca disponemos con una calidad excepcional?
Ambos procesadores (transmisor y receptor) son igualmente necesarios y complementarios en la comunicación oral. De las características y funcionamiento de uno se infiere necesariamente las características y funcionamiento del otro. Esta revelación, ocurrida según cuenta, en el transcurso de una conversación de cafetería con un colega experto en acústica dio lugar a un estudio brillante sobre las propiedades diferenciales de la audición en los distintos mamíferos. Y, con el sorprendente premio gordo en la dinámica evolutiva, de que la audición humana es tan específica que la estructura de su oído le hace óptimo candidato a poseedor de un lenguaje oral. Y esta estructura en los humanos primitivos es prácticamente idéntica a los actuales. La conclusión parece clara.

La investigación.
Tras esta revelación al estilo de Pablo de Tarso camino de Damasco, emprendió una intensa labor de investigación y búsqueda de publicaciones y estudios sobre la audición de los mamíferos. El profuso estudio de estos materiales ha llevado a este profesor de biología a ser un gran experto en la fisiología de la audición. Entró de lleno a investigar el mundo de los audiogramas, la acústica diferencial, la anatomía del oído... Recopiló audiometrías de cuantas especies las tuvieran, que nos son muchas (las audiometrías a animales, requieren pacientes procesos de acondicionamiento operante para ser fiables, los que hemos asistido a una audiometría con niños pequeños lo sabemos). Comenzó esta parte mostrando la audiometría de un elefante indio. A partir de ella y explicando de pasada los conceptos de dB, umbral, pico de frecuencia de óptima percepción, etc. señaló como los elefantes tienen una curva de audición en V con un pico de máxima inteligibilidad en frecuencias bastante bajas. Esto le llevó a explicarnos la curiosa relación existente entre la distancia interauricular (por tanto del tamaño de la cabeza y por extrapolación del tamaño corporal) y la emisión/mejor percepción en tonos graves o agudos. Con maña de prestidigitador nos enseñó una gráfica prácticamente lineal que relacionaba tamaño corporal con frecuencia de emisiones/audición en los mamíferos: cada especie agrupaba sus emisiones en relación proporcional inversa al tamaño. Así un ratoncito emite agudos chillidos, mientras que un elefante barrita en tonos graves. Resultó muy divertido que nos recordara como adaptamos nuestro lenguaje los humanos (el tono) a las diversas situaciones: impostamos la voz para aparentar seguridad y dominio ante un auditorio ("¡Ojo: somos animales poderosos, de gran tamaño!") y la agudizamos en el baby-talk cuando hablamos con niños pequeños ("¡Tranquilo: soy un inofensivo animalillo!").
En su estudio, el equipo del profesor Mendizábal, abarcó todo el rango de los mamíferos encontrando tres patrones diferenciados en los perfiles de audición: Perfiles en V, con un pico de óptima percepción en torno a una frecuencia concreta (por ejemplo en el elefante, que además lo tiene desplazado hacia las frecuencias más graves como hemos explicado), Perfiles en W con la aparición de dos picos claramente separados (caso de los monos que oyen mejor a un Khz, pero luego, hasta los 5 Khz oyen peor) y el característico perfil de los humanos en U (cuyo ancho de banda, dado por la base de la U, coincide con la zona entre picos menos sensible de los monos). La explicación que se ofrece a estos patrones particulares las buscaron estos investigadores en los diferentes hábitats en que viven los animales. Estudiaron las características sonoras del bosque y la sabana llegando a la conclusión de que los picos en agudos son necesarios para transmitir información a larga distancia en el bosque donde, pese al ambiente de ruido de fondo, las hojas hacen reverberar el sonido logrando se percibido desde muy lejos, pese a la baja calidad. En cambio en un ambiente de sabana, con mucho menos ruido de fondo, la información sonora no necesita llegar muy lejos (la vista suple al oído en las largas distancias) siendo un ambiente óptimo para mejorar la calidad de información usando un ancho de banda de frecuencias corto en un espacios corto. Se llega así a la conclusión de que el medio sabana condicionó el tipo comunicación humana separando su desarrollo evolutivo de ramas afines que permanecieron en el bosque.
Quedaba, pues, por demostrar que nuestros antepasados primates y sus ramas evolutivas divergieron en sus anatomías auditivas adaptándose al medio mediante su posicionamiento en la sensibilidad a las frecuencias y en la amplitud de las mismas. La hipótesis a probar es que el ser humano (y sus predecesores los Homo heidelbergensis) tienen un ancho de banda de percepción óptima netamente mayor que el resto de especies y que esa amplitud se relaciona directamente con el lenguaje al permitir el uso de fonemas alejados entre sí en la escala de frecuencias lo que les hace más fáciles de discriminar. Se concluirá que ese perfil solo puede obedecer a que, efectivamente, se estaba empleando una fonación compleja necesariamente relacionada con el uso de un lenguaje sofisticado.
Y así, un equipo interdisciplinar encabezado por Mendizábal, pero también asistido por su esposa (encargada de la paciente realización de tomografías a los cráneos de la Sima) y en colaboración con un equipo de expertos en telecomunicaciones; reconstruyeron el aparato auditivo de los homínidos de la Sima (y de algún que otro australopitecus africano, para lo que tuvieron que trasladarse a Sudáfrica) y mediante sofisticados programas de simulación informática virtualizar cómo escuchaban realmente. Las conclusiones a que llegaron resultan sorprendentes: por un lado, gracias a los algoritmos aplicados al programa, descubrieron que la configuración del canal auditivo potenciaba o silenciaba ciertas frecuencias. Es decir, el oído de un chimpancé no puede oír como un humano porque ni siquiera le llegan con claridad algunos de los sonidos que este percibe con nitidez. Se trata del ancho de banda particular de la especie homo y que es notablemente más amplio y está ligeramente desplazado en su comienzo con respecto a otros primates.

Reveladoras conclusiones
Concluye Mendizábal que, el lenguaje ya estaba presente en los hombres de la sima Atapuerca (estando a la espera de otras especies acaso más antiguas por encontrar y cuyo aparato auditivo sea susceptible de análisis). Que ese lenguaje era complejo y básicamente utilizaba los mismos fonemas que empleamos en la actualidad (el llamado banana speech). Que el lenguaje es resultado de un lento un proceso evolutivo de adaptación determinado por el modo de vida (sabana) iniciado por la especie hace millones de años. Que existen indicios en otras especies de cierto inicio evolutivo en este sentido (los Tota, Chlorocebus aethiops, por ejemplo; aún no disponiendo de un cerebro apropiado para ser pre-verbales pero habitando en un medio de sabana que propicia la capacidad del lenguaje pueden articular y comprender tres palabras distintas para huir de tres depredadores: serpiente, leopardo y águila).

La navaja de Ockham ante los escépticos.
Un deje de crispación aparece en Ignacio M. Mendizábal cuando confiesa, poco antes de la sesión de preguntas, el desagrado que le producen aquellos que le intentan rebatir apelando a la indemostrable cuestión de que si bien parece demostrado que los hombres de la sima poseían las complejas estructuras necesarias para el lenguaje no necesariamente las empleaban o lo hacían para otra cosa... A estos habría que recordarles que, allá por el siglo XIV, un fraile franciscano llamado Guillermo de Ockham escribió:
"en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la más probable".
Y la irritación de Ignacio Mendizábal pasó la "Navaja de Ockham" ante el rostro del díscolo auditor.


NOTAS: 
  • Podéis encontrar una referencia a esta conferencia (pero de una exposición anterior, en abril de 2009) en un reportaje del periódico digital Guadaqué. Impartida en el ciclo "Jueves de la ciencia" den la UNED, Guadalajara.  
  • En este video, producido por el Museo de la Evolución Humana, en Burgos, tenemos reproducida prácticamente la totalidad de la conferencia (diapositivas incluidas). Sería muy útil como repaso y recuerdo de su magnífica intervención. data del 2012 y es un poco largo, pero para apuntalar conocimientos y asegurar la comprensión de los aspectos que no quedaron claros es muy interesante.   

¿Hablaba Miguelón? Las palabras que no se llevó el viento
 Publicado el 26 jul. 2012 (1h 12m)
En 1992 se descubrieron en el Yacimiento de la Sima de los Huesos los restos de Miguelón junto a varios cráneos y otros restos de la especie Homo heidelbergensis. El MEH dedicó el ciclo Charlando con los investigadores 2012 a los 20 años del descubrimiento de Miguelón para saber más de la especie Homo heidelbergensis. En este vídeo Ignacio Martínez, miembro de las excavaciones e investigaciones de la Sierra de Atapuerca desde 1984 y parte del equipo que baja a la Sima de los Huesos desde hace más de 20 años, nos habló de los últimos estudios sobre la capacidad anatómica del Homo heidelbergensis para producir y percibir los sonidos emitidos hoy en día por los humanos modernos, en lo que son las evidencias más antiguas del habla humana. La conferencia llevó por título ¿Hablaba Miguelón? Las palabras que no se llevó el viento.

martes, 16 de junio de 2015

Paleolítico vivo


Recreación de uno de los bisontes de la reserva de san Cebrián de Mudá (Palencia)

Hubo un tiempo, hace casi un millón de años, en que en la Sierra de Atapuerca se oían mugidos de uros, relinchos de tarpanes y bramidos de búfalos. Tampoco faltaban las berreas de los ciervos en los meses de otoño y los gruñidos de jabalí en los bosques templados de robles, castaños y encinas. Cuadrillas de homo antecessor, con campamento en la Gran Dolina, merodeaban por los alrededores y hostigaban a estos animales para darles caza. En tanto, las mujeres recolectaban frutos, raíces y semillas y, quizás, llegaban a acercarse hasta el cercano río Arlanzón para pescar pequeñas truchas y cangrejos mientras observaban las aves migratorias o las evoluciones de los grandes hipopótamos en el agua.

Hoy el paisaje ha variado. Ya no hay tantos bosques ni abundan las charcas donde retozababan los hipopótamos y en cuyas orillas pastaban los ciervos u hozaban los jabalíes. El clima se ha extremado bastante y el frío invierno ha vuelto inhóspito el lugar para algunos de estos animales. Además, en los últimos milenios, las grandes tribus de homo sapiens han superpoblado el hábitat encontrándose uno de sus macrocampamentos permanentes a menos de 10 km. en el cercano lugar conocido como Burgos. Otros campamentos menores se emplazan más al sur del antiguo asentamiento: Atapuerca, Ibeas, Mozoncillo; hasta llegar a dos poblados situados a la ladera de una importante masa boscosa: Salgüero y Brieva de Juarros. Los habitantes actuales de estos parajes se dedican, desde el Neolítico, a la agricultura y la ganadería habiéndose reducido la fauna a las especies típicas de la meseta y de la ganadería: ovejas y vacas principalmente.

Las cuevas y cavidades de la Sierra de Atapuerca, que habían teniendo diversos usos a lo largo de la historia, se convirtieron en foco de especial atención para la ciencia a partir del hallazgo verificado de antiquísimos restos humanos en 1976. Desde entonces el interés del yacimiento no ha cesado de aumentar. Se suceden excavaciones, descubrimientos, publicaciones, proyectos museísticos, talleres... Una de las iniciativas más llamativas es la de recrear en la zona el ecosistema natural de aquellos tiempos en zonas de hábitat similar y la incorporación de especies prehistóricas como el uro (especie precursora del toro actual), el tarpán (caballo primitivo) y el bisonte (bóvido casi extinguido muy abundante en la época). La idea no es nueva. Desde el año 2010 pastan los bisontes en los prados de San Cebrián de Mudá (Palencia) a los que se les ha añadido sucesivamente caballos «prezwalski» y onagros (asnos salvajes del paleolítico). Ahora en los bosques y dehesas entre Salgüero y Brieva de Juarros, en Burgos, y a unos 6 km. de Atapuerca, intentan aclimatarse cinco bisontes de origen europeo procedentes de Polonia, 36 uros, 8 caballos przewalski y 13 tarpanes. La iniciativa choca con los intereses de los ganaderos de la zona que objetan los peligros sanitarios que pueden ocasionar a la ganadería autóctona (propagación de enfermedades), incompatibilidad para compartir espacios, dificultad de contención en el vallado... y ponen en duda la gestión realizada y la posible rentabilidad de la reserva. Pero los responsables del proyecto, que cuenta con ayuda y financiación europea, replican que revitalizará la actividad de la zona (laboral, turística, económica...) con visitas a la reserva, gastronomía específica, y resaltan el interés científico y ecológico que supone.

Bisontes en las proximidades del arroyo Salgüero

Manada de caballos przewalskis de la reserva. 

Este domingo visité la parte ya vallada de la reserva con uno de mis hermanos.  Esperábamos ilusionados encontrar la pareja de bisontes que mi hermano ya había localizado pastando el domingo anterior en la dehesa en torno a un pequeño regato que vierte en el arroyo Salgüero. No los encontramos. Había llovido bastante esos días y los animales se habían retirado al amparo de los robles. Ahora los brotes crecían por doquier y no necesitaban buscarlos en la humedad del arroyo. Pero lo que sí encontramos fue una hermosa manada de caballos przewalski y de tarpanes. De alguna manera una docena había superado la cinta electrificada y escapado de la cerca de espino que rodeaba la zona de pastos. Permanecían agrupados en el camino, sin asustarse de nuestra llegada. Nos acercamos con cuidado (¿Quién no experimenta una extraña emoción al acercarse a un pariente cercano de aquellos salvajes del Paleolítico?).Tras los recelos iniciales se acercaron, olisquearon nuestras ropas y se dejaron acariciar. Al otro lado de la valla permanecían separados media docena que no pudieron salir.  Desde su lado, el jefe de la manada, relinchaba reclamando su vuelta. El grupo evadido quería volver pero ya no sabía cómo. Cuando echamos a andar, camino adelante, nos siguieron con la vana esperanza de que les introdujésemos en el vallado. Tomamos un camino lateral para buscar a los bisontes en la dehesa que acostumbraban a frecuentar y ellos se quedaron, inmóviles, mirando como nos alejábamos. Sentí lástima por aquella pequeña manada desamparada. El camino se internaba en un agradable bosque de robles, algunos de cuyos ejemplares, alcanzaban gran envergadura, se trataba de un bosque antiguo con hierba y sombras abundantes. A la derecha se extendía un pequeño valle cruzado por un arroyo. Durante un buen rato seguimos camino adelante hasta ascender a lo alto del monte sin encontrar rastro de los bisontes, pero vimos en el barro húmedo abundante huellas de pezuñas de uros, los bóvidos recientemente introducidos en la reserva. Regresamos. Al volver al camino principal encontramos de nuevo la manada de przewalskis. Allí los dejamos, inmóviles, con una súplica equina en la mirada. Al alejarnos miré con pena aquella pequeña manada prehistórica separada por la larga valla del tiempo.


Recreación de uno de los caballos tarpán..



ANEXO
Ha pasado tiempo desde esta visita. Ocho años, nada menos. En este tiempo la reserva se ha consolidado. Hay ahora mayor número y más diversidad de animales y las visitas se suceden debido al interés creciente. Tanto es así que uno de mis sobrinos, por avatares de la vidas, trabaja de guía en ella. Además de aclararme la diferencia entre caballos tarpanes y przewalskis (estos últimos tienen una "M" blanca en el vientre y se aprecian muy claramente en la cueva de Lascaux, en Francia), me ha enviado dos fotografías que pueden completar la imagen de este lugar. 







jueves, 5 de diciembre de 2013

Mi lejano primo siberiano




Que lleguemos a conocer la íntima coporeidad de un antiguo pariente tan lejano en el tiempo que se nos hace inconcebible, nos hace abrir la boca en un pasmo de incredulidad.

Que la ciencia haya superado las restricciones criogénicas del permafrost, la naturaleza deleznable de las moléculas orgánicas, la acción devastadora del tiempo; y consiga descifrar el código biológico de individuos de hace 400.000 años nos hace creer en la auténtica magia.

Que esa información revolucione las ideas que teníamos sobre los grupos y relaciones de los homínidos de hace casi medio millón de años, que sugiera relaciones asombrosas entre ellos, que demuestre viajes intercontinentales de la especie es algo portentoso.

Que ese genoma demuestre un alto grado de parentesco con el de los homínidos de Denisova (Asia siberiana) y que estos tengan rasgos comunes con los neandertales; sugiere relaciones y fusión en las especies con connotaciones apasionantes.

Que ocurra gracias a un yacimiento tan cercano como Atapuerca, una parcela vecina de mi Burgos natal, que lo haga un equipo de paleontólogos españoles encabezados por J. L. Arsuaga y en colaboración con el puntero Instituto Max Planck nos llena de orgullo y satisfacción.

Que las historias inventadas, los libros escritos, los artículos publicados sobre las humanidades extinguidas se vean avaladas por estos descubrimientos inesperados, reivindica el valor de la imaginación y la creación literaria como herramienta de la hipótesis científica.

Bienvenida esa tardía analítica de mi antiguo primo siberiano de Denisova. Su historial clínico nos viene muy bien para conocer muchos secretos de la familia.

¡Y todavía hay algunos que piensan que la ciencia no es apasionante!

martes, 12 de octubre de 2010

Una Humanidad Protectora

1. El hombre del bicentenario
El año pasado se cumplieron 200 años del nacimiento de Charles Darwin. Medio mundo conmemoró el bicentenario. En el colegio Jarama de Rivas donde acudía semanalmente a coordinarme con Mercedes, la tutora de primero A, lo celebraron a lo grande con una Semana Cultural preparada largamente, densa en actividades y exposiciones. Desde comienzo del curso estubieron proyectando trabajando para pequeños, pero numerosos, talleres interactivos por los que pasaron después todos los niños. El tema global fue "La Ciencia" y Mercedes se encargó, específicamente, de la Biografía de Darwin y de la importancia de su trabajo con su Teoría de la Evolución como obra más notable.
Por mi parte , un profe que accede accidentalmente al centro, busqué algún material para su taller y, mientras lo revisábamos, comentamos lo difícil que sería explicar a los niños de primero la Teoría de la Evolución: ¡Si ni siquiera llegaron a aceptarla la mayor parte de la gente de su tiempo y muchos ni siquiera a entenderla!. Además, en su colegio -con integración de niños con dificultades motóricas- ¿Cómo explicarles la dura realidad de la adaptación de los más fuertes y su privilegiada posición en la supervivencia de la especie?
¿Cómo argumentar la bonanza del comportamiento altruísta? 2. En el Museo de la Evolución Humana.
Ayer, 11 de octubre, tuve oportunidad de visitar el Museo de La Evolución Humana en Burgos. Inaugurado apresuradamente este verano, estaba en cabeza en mi lista de visitas obligadas. Resultó un punto decepcionante.  La anodina mole exterior, que en absoluto armoniza con el entorno, alberga un enorme espacio vacío desperdiciado. Dos prismas emergiendo del suelo con audiovisuales en su interior nos obligaron a 20 minutos de espera para su acceso, saturado en este laborable interpuente. Después, en la planta baja que es la más interesante, numerosos contenido audiovisual, mucho panelado con largos textos y muy poca interactividad. Las minúsculas y valiosas piezas expuestas en vitrinas protegidas se hacían insignificantes ante un espacio desorbitado. Toda la planta está dedicada al yacimiento de Atapuerca y es, con mucho, la más interesante. En la segunda un recorrido por la historia de las teorías evolucionistas con la recontrucción de una parte del barco Beagle donde navegó Darwin hasta las Galápagos, epicentro de los argumentos con que armó su teoría. Bien ambientada, pero enseguida se vuelve a los paneles, las imágenes, los vídeos... La tercera planta ya se empieza a recorrer con prisa. Se mira de forma desganada panel tras panel. Está dedicada a la Evolución en Términos Culturales. Incluye en sus stands materiales e información de difrentes usos de las cuevas de Atapuerca en sucesivos periodos posteriores a la prehistoria. Dedica una atención especial al uso del fuego con un audiovisual en pantalla circular que apenas dice y más bien confunde. A la salida del stand 13 un video sobre una pantallita ilustra mucho más sobre el descubrimiento del fuego que los dos espectaculares minutos de proyección circular cuadrafónica ocn imagenes espectaculares pero ambiguas.  En la planta superior (planta 2) la chiquillería, a punto de motín  tras intentar la lectura de todo el libro de Conocimiento del Medio desplegado por las paredes, se despacha a gusto con una película en primerísima fila (a dos metros de la pantalla) sobre ecositemas. Eso sí que mola: leones, elefantes, jirafas... además ¡por fin! pueden sentarse sobre la suave moqueta y tumbarse a gusto. Completa esta planta, muy clareada de paneles, una "cabaña-cerebro", construída con la inestimable participación de telefónica (está toda estrecubierta por miles de cablecillos de colores) es una performance del funcionamiento del cerebro. Luces que recorren la estructura intentan representar la actividad neuronal en el cerebro, elemento clave de la evolución. En fin. No mucho más de lo que se podría haber encontrado por internet. Se echa en falta interacción, manipulación, talleres, olores, sensaciones reales de frío, pieles, carne asada, hachas terminados (basta de lascas, por favor),  lanzaderas, algún pasaje espeleológico con pasadizos a rastras, alguna buena secuencia de películas como "El Clan del Oso Cavernario" , "En busca del fuego"... La gente, con respeto reverente, accedía a las salas donde se representaba un mundo virtual. Las azafatas se sentían importantes ante la grandeza de lo expuesto y desplegaban sonrisas en su deseo de agradar. Yo me sentía un punto estafado. Recordaba el año 1978 justo el año en que Carbonell inició el proyecto de investigación que continua tan perfeccionado y alabado en nuestros días. Al ver la religiosa veneración ante tales descubrimientos no podía dejar de reirme un poco de aquel muchacho de 19 años que, en compañía de otros jóvenes, se aventuró por aquellas galerías (hoy universalmente famosas) buscando dientes de oso, arrastrandose por galerías y rompiendo alguna de las  últimas estalactitas que quedaban (la mayoría habían ido a parar a los estanques del paseo del Espolón, en Burgos, hacía años).  Aún oigo la voz de nuestro guía cuando al pasar casi arrastrándonos cerca de un hueco nos advertía: ¡Cuidado con ese agujero, no os caigáis en él! Sería una buena broma del destino. Haber caído justo en aquella cavidad, junto a 30 antepasados de los neandertales y convertirse en un extraño intruso en la Sima de los Huesos. Así que, habiendo estado tan cerca, tan íntimamente próximos a estas estructuras tan valiosas, verlas reproducidas así me producía una sensación extraña, irreal y ajena.
3. El aparente contrasentido del comportamiento altruísta
De mis años de estudiante de psicología me vienen a la mente los libros de Richard Dawkins ("El Gen egoista", "El relojero ciego"...) y sus reflexiones sobre el comportamiento altruísta (no egoísta) en palomas y otros animales. A través de numerosas evidencias llegaba a la conclusión de que, en el fondo, mediante una cadena lógica de razones (no perceptibles a primera vista por el individuo) el comportamiento altruísta era una consecuencia de factores encaminados a la supervivencia de los propios genes. Puro egoismo, al fin.Esa conclusión desasosegante revolucionó mis sistema de valores firmemente asentados hasta entonces.
Y en esas estuve largo tiempo. Mis antiguas y bienpensantes convicciones ante el altruísmo quedaron archivadas como "Caso abierto" (no puedo negarme a poner este símil televisivo después de tragarme semanalmente 2 capítulos de esa serie obligado por Charo, mi mujer, dueña del mando televisivo la mayor parte del tiempo).
Pasaron los años. Con el tiempo desarrollé (o se acentuó) una neurosis que se adehería a cada uno de los actos y pensamientos de mi vida. Esta enfermedad marca tu personalidad y tus actos. Evidentemente no estaba en la mejor posición para sobrevivir mejor que los demás. ¿O sí? En alguna parte había leído que, puesto que la indicencia de esta enfermedad es tan alta, algún tipo de ventaja debe proporcionar al individuo, alguna mejora adaptativa puede tener: quizás un mayor grado de alerta (que puede ser crucial en determinadas cirscustancias: guerras, amenazas...), mejores cualidades de anticipación, preparación y experimentación de estrategias... ¡Vaya! Parece que no hay mal que para bien no venga... Personajes hay que hacen de la necesidad virtud y extráen réditos hasta de sus debilidades (recordemos el caso de Wody Allen y sus características neurosis reflejadas en su filmografía).
Algunos años más tarde me sobrevino una importante pérdida de audición. Se trara de una sordera de tipo neurosensorial que me impide " disfrutar" del mundo sonoro: oir se vuelve penoso y poco fiable, escuchar trabajoso e irritante, descansar cansado (asociado a ella padezco acúfenos -ruidos- continuos en ambos oídos)... Se añade así un nuevo handicat a mis posibilidades de competir por la supervivencia (o al menos a mis posibles descendientes). Me veo obligado a depender más de las ayudas y el altruísmo de mis congéneres. ¡Me revienta necesitarles tanto! Me molesta aún más en cuanto mi sistema de valores parece que se iba decantando hacia la creencia de que no existe el verdadero altruísmo: "Nadie da nada por nada". 4. ¿Cómo sobrevivir siendo sordo en la prehistoria?
En ello estaba cuando el día 5 de julio de 1992 tuvo lugar en Atapuerca un hallazgo sensacional. En un área del lado norte de la Sima de los Huesos, (que empezó a llamar la atención de los palenteólogos hacia 1976, poco antes de acabar yo la carrera de magisterio) un hueso comenzó a tomar forma bajo la espátula. Se inició una ardua tarea , la cual culminaría con la intención de rodearlo para poder sacarlo intacto, de una pieza. Dos días después, el 7 de julio, se terminó de desenterrar el hueso y se comprobó que era un cráneo humano entero. Era la pieza más grande jamás obtenida en la Sima de los Huesos. Este cráneo, bautizado como Agamenón, es el conocido como Cráneo-4.
Aquel hallazgo me fascinó y llegué a identificarme fuertemente con este Neanderthal burgalés. Esa historia y lo que la rodea merece una larga digresión.
Existe un motivo biográfico por el que me interesa especialmente este suceso. Viví en Burgos con continuidad desde el año 1973. Aunque hube de estudiar en varios internados alejado algunos años de esta ciudad siempre volvía por vacaciones. En el verano de 1978 mi hermano Jose Luís me invitó a visitar la "Cueva de Atapuerca". Yo había estado ya en esa sierra y había paseado por la trinchera del ferrocarril que abría en canal su suelo calizo. Pero en esta ocasión nos guiaba un amigo de mi hermano que conocía las cuevas proximas a la trinchera. Nos ofreció visitarlas y buscar dientes de oso, de los que abundaban en su interior, como botín.
No recuerdo con exactitud la cavidad que exploramos. Creo que fue la cueva Mayor. Si fue así estuvimos muy próximos a la Sima de los Huesos. Recuerdo esta, mi primera aventura espeleológica, como un poco claustrofóbica. Tuvimos que reptar unas decenas de metros emparedados entre suelo y techo con el espacio justo para arrastranos pegados al húmedo suelo. En algunos tramos el techo había estado cubierto de bellas estalactitas. Ya no quedaba prácticamente ninguna. Todas habían sido mutiladas y llevadas de recuerdo (algunas incluso adornaron un estanque del paseo del Espolón en Burgos durante muchos años). Yo cogí una porción cilíndrica de una de ellas del grosor de un dedo pulgar (recuerdo perfectamente su canal interior) y el brillo de minúsculas láminas de caliza en el corte). Esa pieza de aspecto cerúleo formó parte de una colección de minerales y fósiles que "dejé en herencia" en el colegio de Torres de la Alameda. Mi buen amigo Gildo me ha contado que aún los conservan lo que denota un raro interés entre el profesorado habitualmente "trashumante" de la comunidad. Nuestro guía nos hablaba de algunos restos prehistóricos (grabados, pinturas...). No recuerdo dónde llegamos pero sí que alcanzamos cabidades más o menos amplias con el suelo arcillos y revuelto. Mi hermano me certificó ayer mismo que alcanzamos incluso la entrada de la Sima de los Huesos.
Así que formé parte de uno de aquellos exploradores inconscientes que entraron como elefantes en la cacharrería de uno de los mejores yacimientos de neanderthales del mundo.
En aquel momento estuve muy próximo a Agamenón que es el nombre que el equipo que excava la Sima puso al propietario del cráneo nº 4 del yacimiento. Con técnicas detectivescas y apasionantes, los antropólogos ha llegado a conseguir una información increíble de estos antiquísimos paisanos mios: que presentaban varios traumatismos en el cráneo (los golpes, chichones y descalabros debían estar a la orden del día), que usaban la boca y los dientes como una tercera mano (lo que les provocaba una temprana artrosis mandibular), que tenían la higiénica costrumbre de usar mondadientes (ramitas), que eran diestros mayoritariamente, que gozaban de una relativa buena salud... y, lo que más llamó mi atención, el cráneo nº 4 presentaba una severa hiperostosis del conducto auditivo externo bilateral lo que redujo notablemente, quizá hasta la sordera, las capacidades auditivas de dicho individuo. Era el caso del sordo más antiguo conocido. Los conductos auditivos de Agamenón (así bautizaron al propietario del cráneo nº 4) están casi cegados por un crecimiento anómalo de hueso en su interior. Este tipo de crecimiento fuera de lo normal es común en casos de infecciones graves del oído; probablemente, una persistente otitis dejó sordo a aquel individuo. La repentina imagen de un "hombre de las cavernas" sordo que había sobrevivido hasta la edad adulta me conmovió: ¿Cómo era posible que no hubiera muerto a los frecuentes ataques de la fauna carnívora documentada de la época que incluye osos, leones, especies de panteras, lobos, zorros... Todos ellos animales sigilosos, reyes del silencio...? Sólo cabía una explicación: los "hombres de las cavernas" , los neandertales (esa especie de tio soltero que no dejó descendencia) cuidaba de sus semejantes o valoraba quizás otras habilidades que hacían abstracción de la fuerza y los sentidos. ¿Acaso fuera una especie de brujo, algo parecido a un sacerdote, un jefe...? ¿Posible hiperadaptación o instinto protector? Aquí me vuelve a surgir la duda. Desde mi propia experiencia observo que la pérdida auditiva hizo que buscara todo tipo de adaptaciones: adquisición de nuevas especialidades, aprendizaje de lenguaje de signos, adaptaciones en el puestro de trabajo... Pero posiblemente fue una conducta altruísta de sus compañeros lo que mantuvo con vida a Agamenón. Y esta es una diferencia que los hace específicamente "humanos". Esta conducta no es exclusiva del hombre actual. También nuestros lejanos parientes neandertales la poseían. Así pues, tranquilizado al saber que mis congéneres me van a ayudar en mi estado de minusvalía respiro más tranquilo y agradezco su ayuda. Sé que puedo confiar en ellos y ¿quién sabe? devolverles de alguna manera el favor... Aunque quizás este "comercio de ayudas" sea un truco de los genes para preservarse... "Sea altruísta: al final los de "su familia" (sus genes) saldrán ganando" . 5. Una acnee de hace 530.000 años No había acabado de digerir las consecuencias de este hallazgo cuando, unos años más tarde, apareció en el mismo lugar otra prueba contundente a favor del altruísmo. Hace 530.000 años, en la Sierra de Atapuerca (Burgos), un grupo de 'Homo heilderbergensis', antepasados de los neandertales, cuidó de una niña (es lo más probable) que había nacido con una craneosinostosis, una grave deformación del cráneo, hasta su preadolescencia. El hallazgo del fósil de ese cráneo parece indicar que en aquellos lejanos tiempos prehistóricos los individuos diferentes no sólo no eran rechazados, como ocurrió más adelante en la Historia, sino que contaban con protección.
El resto humano fue recuperado, dividido en numerosos fragmentos, en la Sima de la Huesos en las campañas de 2001 y 2002. Tras reconstruirlo , los investigadores comprobaron que tenía una patología muy extraña, que consiste en un cierre prematuro de partes del cráneo en el primer año de vida. En la actualidad, la craneosinostosis se opera cuando los huesos aún son blandos en el bebé. En caso de no intervenir, el afectado puede sufrir presión intercraneal, dado que el cerebro sigue creciendo, que podría afectar a su desarrollo cognitivo y tambien causar daños permanentes en el ojo o el oído. El estudio de este Cráneo 14 revela que se trataba, más probablemente, de una niña de unos 10 años, preadolescente, es decir, no había alcanzado la madurez. La investigadora Ana Gracia, del Centro de Evolución y Comportamiento Humano de la Universidad Complutense y el Instituto de Salud Carlos III, explica que sufría una craneosinostosis simple lambdoidea, es decir que el lado izquierto estaba fusionado, lo que hizo que el derecho se desarrollara más y pareciera abultado y asimétrico." Es una patología que se da en menos de seis casos de cada 200.000 nacimientos, asi que una rareza excepcional ahora y mucho más en aquella época. Por el estudio parece ser que la fusión ocurrió en el tercer trimestre de gestación por causas traumáticas, como un golpe. Probablemente desarrollaría la tortícolis para compensar su cabeza asimétrica", explica Gracia.
Para el paleoantropólogo Juan Luis Arsuaga "...afecta al desarrollo estético de la persona. Hay que imaginar a un menor que tendría la cara deformada ... y, unque no podemos saberlo, quizás sufriera también algún tipo de retraso mental" ... "Ello nos describe una sociedad protectora y que no discrimina porque su aspecto debía ser muy especial, asimétrico. Algunos colegas nos han dicho que este fósil nos presenta a una humanidad muy humana". El autor recuerda que el caso de un hospicio medieval, el del Hospital Sant James y Sant Mary de Chichester (Inglaterra), donde se ha encontrado un alto porcentaje de cráneos infantiles con este tipo de deformación, lo que indica que "los humanos de aquella época sí abandonaban a estos niños, contrariamente a lo que hicieron sus remotos antepasados hace medio millón de años."
Después de trabajar varios años con niños con necesidades educativas especiales, después de leer muchas veces en los renglones torcidos de Dios, después de buscar inutilmente razones empíricas para entender nuestro instinto protector... hay algo que se me escapa. La adolescente a la que pertenece el cráneo 14 me resultaba muy familiar: pienso en otros niños y jóvenes y sus nombre me vienen a la cabeza: Ana, Cristina, Verónica, Marta... Estos hijos fallidos de la tribu, posibles condenados en épocas oscuras a morir, siguen moviendo unos resortes inexplicables más allá de la religión, de la evolución, de la ética, del instinto...
¿Qué sabe la vida que nosotros no llegamos a comprender? 6. Elvis,  la pelvis.
Un hombre mayor andaba dificultosamente por las laderas de una sierra burgalesa. No sabemos su nombre, por eso, los que luego le conocieron le bautizaron Elvis. Como muchos ancianos unas antiguas lesiones y una deformidad lubar le impedían caminar y cazar. El hombre se movía con dificultad. Usaba un bastón y de vez en cuando se apoyaba en alguno de los jóvenes de su familia. Era un hombre robusto, pero su dolencia (la enfermedad de Baastrup o artrosis interespinosa), desplazaba el centro de equilibrio de su cuerpo haciéndole tambalear a cada paso. Caminaba encorbado y sufría dolores muy intensos. El hombre, ya anciano, sufría esta enfermedad desde niño. Toda su vida había sido una torturante lucha por sobrevivir. Sin embargo estaba fuerte. Había podido comer bien, su familia le había ayudado hasta su vejez. Gracias a la humanidad de sus congéneres había tenido una vida relativamente plena. Murió a los 50 años. Fue realmente longevo para la época. Vivió hace más de meido millón de años. De su sepultura, la Sima de los Huesos, sólo hemos podido recuperar la pelvis y cinco vértebras fosilizadas, pero son suficientes para conocer su historia. Sabemos hoy que su familia, los heilderbergensis, cuidaron de él, lo alimentaron y ayudaron durante más de 45 años. Literalmente murió de viejo. Es una prueba irrefutable más (y es la tercera que describo) de un comportamiento altruísta en una especie humana, aunque no  precisamente en la nuestra (homo sapiens).  Y todo ello, en el reducido espacio del enterramiento (parece casi seguro que de esta práctica tan humana es el resultado de los restos 30 individuos de la Sima) de apenas tres decenas de preneandertales: un sordo, un discapacitado y un jorobado artrítico sobreviviendo en la prehistoria. 7. Los que no sobrevivieron
Con fines didácticos, los paleontólogos suelen hacer reconstrucciones de las especies desaparecidas. Esta especial foto de una niña neandertal es poderosamente sugerente: fragilidad, ternura, belleza, indefensión... las mismas sensaciones que nos produciría uno de nuestros hijos.
Y sin embargo su familia, sus genes, no han sobrevivido: ¿Por qué?
Este problema fascina a los científicos. ¿Qué ocurrió?
¿Qué diferencia determinó su extinción y motivó la expansión de nuestra propia especie? Me encanta recrear su existencia. Pensar sobre su concepción del mundo. Elucubrar sobre su comportamiento, su lenguaje, sus adquisiciones científicas, sus "valores" ... Día a día se descubren detalles más emocionantes sobre sus costumbres y creencias. Novelistas y divulgadores simulan y recrean su vida, sus posibles proezas...
Me ronda, a veces la sospecha, de que algún tipo de gen "aniquilador" (el gen de los vencedores) está anclado en nuestra especie. Somos la especie del Conquistador. Quizás no fue suficiente el equipamiento genético que nos mueve al altruísmo (algo que compartimos con el neandertal, como se ha demostrado). Comentaba Arsuaga sobre este enigma que es posible que los neandertales sintieran algún tipo de debilidad frente a los cromagnones: sus facciones, su piel, su complexión más endeble... les evocaban la imagen de sus propios hijos. Que las apariencias engañan puede ser un refrán de largo recorrido en la historia.