jueves, 30 de mayo de 2013

El sexto sentido


Carta a un sobrino autocomplaciente

Querido sobrino: 

Quiero enseñarte una pequeña lección de ciencias naturales que, ¡ya ves!, nunca me enseñaron a mí en la carrera ni se enseña en el colegio: se trata de la existencia de un sexto sentido.

Porque tenemos un sentido más. Uno muy curioso que crece y se desarrolla a medida que los demás se deterioran. Uno del que se carece por completo al nacer y se posee en grado sumo a las puertas de la muerte. 

En base a este sentido percibimos cosas que tú ni imaginas. Adivinamos aspectos del futuro con una fiabilidad asombrosa, entendemos cosas del presente para ti incomprensibles y en el conocimiento del pasado nos hacemos expertos. 

Ese sentido se llama Experiencia y no debes menospreciar su valor: es dolor de fracasos sufridos, de lecciones grabadas a fuego. Si lo que cuesta, vale; su precio es oro.

No desdeñes la memoria de la tribu, la sabiduría de los viejos, el consejo de los ancianos. Es verdad que necesitas el batacazo del primer vuelo, pero déjanos que salvemos el mayor número de plumas con las que adornas tu existencia y que te serán necesarias para el largo vuelo de la vida; no abandones lo que conseguiste con tanto esfuerzo: la armonía familiar, tus amigos, tus estudios, ese dominio de la guitarra que nos enorgullece, tu inglés... vas a necesitarlo todo mucho más que las atractivas redes sociales (¡qué fácil es caer en ellas, cuando el vuelo es primerizo!) No creas que tus alas son tan fuertes. Vuelas con pocas plumas en pos del canto de pájaros extraños. No lo fíes todo a la magia efímera del twitter, al atractivo volátil del móvil... su perfume es esencia inflamable y efímera. 

Porque oyes, pero no escuchas; miras, pero no ves. Porque tienes holgada la inteligencia en distancias cortas, pero padeces la visión del topo y no alcanzas a entender la angustia de tus padres, el enfado de tus hermanos y amigos, la preocupación de tus abuelos, la inquietud de tus tíos... Porque como te ves, yo me vi. Porque todos hemos tropezado en esas piedras algunas veces, pero entonces no teníamos el sexto sentido y no las pudimos sortear...  

Quizás los adultos caímos de algún pedestal donde nunca quisimos estar. Quizás somos dioses caídos. Pero los dioses caídos está más cerca de los hombres. Tienen la experiencia del fracaso de la que los Dioses omnipotentes carecen. Están vacunados contra el narcisismo y la autocomplacencia de vivir en el Olimpo. 

Sobrino, te ofrezco aprender de mis caídas. Te propongo educar ese sentido inmaduro que, estoy seguro, empiezas a desarrollar. Te pido que te dejes ayudar. Porque tu falta de aprecio no ofende, pero apena; tus silencios no hieren,  pero distancian; podemos ignorar tus evasivas, pero te hacen daño... Nos tienes a tu lado, aún ante el rechazo. Te apoyaremos aunque nos esquives.  Sólo quisiéramos que adquirieras el sexto sentido sin tanto dolor.

Y siento echarte un nuevo jarro de agua fría, como aquel día lejano, en Pino; aunque no me hables durante años, aunque no entiendas (porque careces del sexto sentido) este gesto: ¡Espabila! 

Te lo desea alguien que te quiere. 

Tu tío Jesús.

martes, 28 de mayo de 2013

El Teorema del Punto Gordo


Hace ya mucho tiempo, el los años en que estudiaba la carrera de Magisterio, tenía un compañero muy ingenioso que, cuando el profesor de geometría liaba la explicación perdiendo ruta en la pizarra, o se quedaba abstraído intentando explicarse a sí mismo un problema que no entendía ni él, o se le escapaban las bisectrices y las medianas del tablero encerado... exclamaba por lo bajini: "Esto lo arreglaba yo con el Teorema del Punto Gordo".
Y es que el susodicho teorema servía para validar o invalidar a voluntad un montón de axiomas matemáticos y era muy útil para resolver problemas geométricos que se nos antojaban irresolubles:
Para empezar negaba el axioma de que dos rectas paralelas no se cortan en ningún punto (bastaba hacer el punto lo suficientemente gordo para que contactaran a placer), solucionaba el engorro de hacer coincidir las bisecrices, medianas, alturas y mediatrices de un triángulo en el punto respectivo (pues, ovbiando los errores de trazado, las hacía conectar sin problemas) y permitía con su gruesa superficie tomar medidas a a voluntad en los extremos de un segmento (haciendo que coincidieran con la solución pedida).
Este teorema estaba relacionado con el Teorema de la Recta Astuta, cuyo enunciado afirmaba que si una recta debía pasar por varios puntos, y esos puntos no estaban alineados pero deberían estarlo, se hacía la recta más gruesa y entonces ya pasaba por todos. Naturalmente, con esta picaresca de las matemáticas, suspendimos.

No fue el único suspenso determinante en mi vida. Ya, a los 12 años suspendí Latín y Lengua Española (por la ortografía) lo que me empujó definitivamente al área científico tecnológica en mis futuros estudios... Notando cómo mis aficiones viran en la actualidad al mundo de las letras, me parece a mí que fue una equivocación.
Un nuevo suspenso a los 16, esta vez en matemáticas, hizo que tuviera que pasar todo un verano repasando la asignatura desde el principio. Lo que comenzó como una tortura veraniega, acabó con ilusión y gusto: me estaba enterando de todo y empezaba a comprender la belleza de una disciplina con un potencial extraordinario y una poesía inesperada.

A partir de entonces supe que las matemáticas siempre se explicaban. Podía no entender alguna cosa, pero sabía que existía una razón y, tarde o temprano, daría con ella. Sigo teniendo problemas con las operaciones automáticas, pero me fascinan las relaciones numéricas, la trigonometría, el álgebra... cuando se empiezan a comprender se llega a admirar su precisión, su lógica, su bella arquitectura.

Tarde, pero a tiempo, entendí que Pitágoras y su escuela filosófica considerara a los números el "arjé" (el principio constitutivo) de las cosas. Comprendí la soledad de los números primos. Admiré la belleza de la Sucesión de Fibonacci. Celebré la genial ocurrencia de Eratóstenes de medir la longitud de la circunferencia terrestre con la única ayuda de un palo. Descubrí que la armonía y el ritmo musical tenía su base en las relaciones matemáticas. Fui capaz de leer la partitura de la danza de los planetas gracias a las fórmulas de Kepler. Aprendí a medir alturas inalcanzables mediante el Teorema de Thales... El Universo entero se rige por leyes matemáticas.

Desde entonces me sentí incluido del selecto grupo capaz de encontrar sentido a esta aparente contradicción: "Sólo existen 10 clases de personas: las que saben binario y las que no".  Me hice miembro de la secta p. Me entró el gusanillo de resolver acertijos, juegos de lógica, problemas curiosos...

Y ahora soy profesor. Imparto matemáticas muchas veces. Me gusta explicar a los niños de 1º de primaria el sistema de numeración decimal. Invento un cuento sobre algún hombre prehistórico que espera de avanzadilla la llegada de los Mamuts y ha de contar luego a la tribu cuántos animales ha visto para organizar la caza. Lleva la cuenta con los dedos ¡pero cuando son muchos se le acaban!... Intento llegar así a que comprendan el valor posicional en números con cifras plurales. Más adelante les enseño a contar 12 con los dedos de una mano como, probablemente hicieron los babilónicos. Al llegar a ESO les explico cómo los agrimesores egipcios construían un triángulo rectángulo perfecto una simple cuerda y sin ningún instrumento más. Intento llenar su cabeza con anécdotas curiosas, con sorprendentes revelaciones y pongo en sus manos regletas, canicas, palillos, metros de papel (gacias  IKEA, por tu colaboración), construyo TANGRANs, aprovecho CDs inservibles y galletas redondas para fraccionar... Procuro que toquen, midan, cuenten, agrupen, clasifiquen, sientan... Les animo a reutilizar papeles para hacer reglas de un solo borde, ángulos, escuadras en papel, ángulos diversos, compases, figuras geométricas (dodecaedros modulares incluso)... Me encantaría diseñar algún día el taller de matemáticas de "hilo y papel"; creo que podríamos llegar a trabajar conceptos teóricos complejísimos.

Actualmente me encuentro con una alumna, Raquel, que pese a su gran imaginación odia las matemáticas. Es asidua practicante del Teorema del Punto Gordo. Yo siento una rabia increíble porque, en el escaso tiempo de que dispongo, no puedo inyectarle las dosis suficientes de amor por esta disciplina. Muchos niños odian las mates. La culpa es nuestra. Que Dios nos perdone.

Retranca manchega


Un día aquí, en mi blog, escribí una artículo sobre un pueblo que conozco. Se trataba de una sátira sobre algunas costumbres de la localidad. Resultó un artículo muy currado que me llevó mi tiempo. Intenté con él hacer pensar sobre cómo pueden verse desde fuera ciertas tradiciones locales, ofrecer otros puntos de vista, naturalmente absteniéndome en todo él de sugerir cambios (Dios me libre). Se trataba, como su nombre indicaba de un "manual de supervivencia" para los visitantes primerizos. Es cierto que caricaturizaba algunas gentes y costumbres (sin citar a nadie en particular); pero este es un recurso literario que se usa en la prensa y la TV con profusión y nadie tiene por qué darse por ofendido. Es más, conozco mucha gente del pueblo que usa con frecuencia "la retranca manchega" en sus conversaciones.
En la caricatura se asientan las bases del tan celebrado "humor manchego" que tiene gran reconocimiento mediático e ilustres representantes en Pedro Almodóvar, Millán Salcedo, José Mota, Joaquín Reyes y los demás componentes de Muchachada Nui (Ernesto Sevilla, Pablo Chiapella, Julián López, Raúl Cimas). Incluso podemos mentar el precedente de José Luis Coll. Con estas premisas no imaginaba que nadie se diera por ofendido, ni interpretaran que "se estaba uno riendo de ellos" (¿Acaso no llevo años visitando el pueblo en fiestas? También me estaría riendo de mí mismo) . Pero no.
El artículo estuvo año y medio publicado en el blog. No hubo ningún problema durante este tiempo y yo me felicitaba de la madurez del personal, pues parecían aceptar con deportividad opiniones diferentes. Pero quizá fuera que nadie había puesto a funcionar los buscadores porque, de un tiempo a esta parte, parece que la entrada en cuestión empezó a llamar la atención. Primero fue algún comentario suelto en el que alguien se despachaba a gusto, defendía el honor de la Virgen del Lugar (de la que no se hablaba en ningún momento) y terminaba llamándome "gentuza". Me llamó la atención el insulto final (en mi artículo no se insultaba a nadie). Como administrador de mi blog, me limité a borrar el comentario (masoquista no soy). Fue la semana pasada cuando empezaron a aparecer comentarios que, por el tono y la frecuencia, resultaban preocupantes. Había algunos simpáticos (irónicos y satíricos, bienvenidos eran), pero en otros se colaban expresiones como "echarte a patadas" o "sinvergüenza". Parecía haberse dictado una fatwā sobre el autor. Releí varias veces aquel texto. Entiendo que, a muchos pueda no gustarles. Nadie se lo pide. Ni se le exige que lo lea. Busqué, no obstante, algún insulto que se me hubiera escapado. No lo hay. Repasé los adjetivos: había unos cuantos que podrían ser ofensivos (según se mire). Uno de ellos es el calificar al galopeo "equina costumbre", pero es que galopeo viene de galope y quién inventó el término seguro que sabía a qué lo estaba comparando. El otro (aquí tengo mis dudas de su corrección, y si me equivoqué pido disculpas) es el que tachaba la ofrenda de "bárbara costumbre": debe leerse en el sentido de "imprudente" pues consisten en danzar con niños muy pequeños, por el interior de un templo abarrotado. Quizás la parte más polémica es la relativa a algunas peculiaridades del lenguaje del que incluí una extensa selección: nadie puede ofenderse por ello, está sacado de una web local y, por cierto, es muy celebrado y se tiene a gala (uno de los comentarios, voluntariamente redactado en versión exagerada del habla local estaba genial: "había que eligirle (al autor del artículo) un manumento y lo titulaíamos " al sufrior visitaor anómimo" claro porque me huelo que no quiera edentificarse , y lo eregiriamos enfrente la tasca el zorro, pa ello quitaiamos el árbol que ay no hace na, mas que sirve pa que se asobinen allí to los vagos del pueblo." Me descubro. Es cierto también, y se puede comprobar, que hago referencias a personajes de José Mota (no descubro nada si digo que se inspiran en personajes de los pueblos de la Mancha, pero también del resto de España: La Viej'al Visillo y el Cansino son universales).  Del resto puedo asegurar que cada anécdota es rigurosamente cierta (personalmente constatada).

Respecto a la estructura del relato está inspirada en los relatos que los viajeros y peregrinos hacían de los pueblos de España a su paso por la península.  En ese contexto "el sufrior visitaor anómimo" narra sus penurias ante las costumbres de un pueblo muy diferente al que está habituado. Si alguno cree que las descripciones y juicios son especialmente duros recomiendo que lea los comentarios de Aymeric Picaud en el Códex Calixtino (Libro V, cap. VII) sobre los navarros, vascos, etc. (¡y el documento se guarda en suelo sagrado!).

 En cuanto a "reirme de la gente", pensad que, más bien "me río con ella". Sí, me río (no soy tan sufrior, como se supone). Pero no ha sido mi intención hacerlo ofendiendo. ¿Cómo voy a reírme con mala fe, de tanta gente que conozco y quiero en el pueblo? Todos debemos aprender a reírnos un poco de nosotros mismos. Si alguien tiene la curiosidad de leer algunos de los más de 300 artículos de mi blog, se dará cuenta de yo mismo soy el principal objeto de mis risas. Hay una serie entera de 10 artículos bajo el encabezamiento de "Homo sum" que relatan una docena de meteduras de pata que no me avergüenza relatar en clave de humor. Que nadie tenga miedo a la risa sana. Sólo deben temerla los que no puedan soportarla. Quien conozca el argumento de "El nombre de la Rosa" sabrá del inmenso poder de la risa, tan poderoso y subversivo como para asesinar e intentar destruir un tratado de Arsitóteles sobre la misma.  

Con todo, ya adelanto que seguiré visitando este pueblo. Mi familia es de allí y, guste o no, seguiré acompañándoles en sus fiestas, en sus casas, en sus peñas... Y agradeceré las riquísimas madalenas que me llevo por docenas, degustaré las gachas que tan bien prepara mi suegra, admiraré el nacimiento en Navidad de la iglesia y los más modestos de los familiares, disfrutaré de las danzas de danzantes y gitanillas, de su piscina en el verano, de la ruta en bici hasta Segóbriga, de la oreja a la plancha de La Tere, sonreiré al ver a mis sobrinos moverse felices por sus calles, celebraré una buena conversación en las terrazas cuando no hay demasiado ruido y me tomaré un mojito en las noches cálidas en mesas puestas en la calle (sí, yo también me siento en ellas).

Y por esa gente que quiero, porque no sufra por mi causa, porque no quiero que tengan  problemas por un insignificante artículo de un blog de mínimo seguimiento, como es el mío; retiro el artículo de la polémica. Pongo pues punto final a esta sentida defensa del humor en general y manchego en particular.

jueves, 23 de mayo de 2013

Semillas al viento


Estalla la primavera. Nunca, como ahora, me había asombrado tanto esta profusa floración. Conduzco por los olivares, antaño resecos, y los veo iluminados de un renovado verdor. La Vega del Tajuña, que hoy recorrí, aparece tapizada de brotes esmeralda y los árboles junto al río se alzan hacia el cielo empujados por savia nueva. 

Hay tantas flores este año que no puedo evitar sacar el móvil y fotografiar esta nevada floral  donde los tibios pétalos perfumados sustituyen a los helados copos invernales. ¿De dónde salieron tantas flores? ¿Dónde estaban por millones las semillas que faltaron otros años?

Las semillas estaban ahí. Lo sé. Año tras año se lanzan por millares al viento. Muchas se pierden en el laberinto de los vientos. Otras mueren desecadas sobre las piedras. La mayoría no crecerá porque les faltará el agua necesaria. Pero algunas, las afortunadas, las privilegiadas por la lluvia; desplegarán sus estructuras vegetales y abrirán su sombrilla floral sobre la tierra desnuda inundándola de color. Las semillas perdidas, las olvidadas, las insignificantes... estaban ahí y, cuando se dieron las condiciones precisas, alumbraron una explosión de corolas estrelladas.

No dejo de pensar en esta metáfora vegetal. Así veo yo la educación: miles de pequeñas iniciativas, acciones aparentemente irrelevantes, mínimas observaciones.... son semillas al viento. Muchas ni siquiera son apreciadas, la mayoría caen en el olvido, otras no encuentran el terreno adecuado; pero algunas permanecen enterradas en el alma del niño y un día florecen. 

Recuerda, querido maestro, aunque ya cansado no llegas a soñarlo: todo lo que hagas permanece. Cada pequeño esfuerzo, cada gesto, cada granito de amor... Nunca se sabe quién lo recordará, a quíén le cambiará la vida, quien lo ha valorado en secreto... Puede que durante años, apenas germine una flor... pero cuando las condiciones sean óptimas una risueña primavera sonreirá a tus esfuerzos... Te será entonces revelada la potencia generadora de la educación.

Mira el campo. Millones de flores blancas. El año pasado, mucho más seco, apenas aparecieron y este es un delirio de pétalos blancos. Hay que perseverar en las pequeñas lecciones de cada día. Llegará el momento en que florecerán y aquella primavera será hermosa.

domingo, 19 de mayo de 2013

Leer en tabletas


Mis sobrinos se pasan los fines de semana tableteando. Ametrallan con el dedo la pantalla táctil con la velocidad y seguridad de quien lo practica millares de veces. Además aprenden con asombrosa facilidad el funcionamiento de todas sus prestaciones: - En cinco años tendré que hacer un curso- pienso para mí al verles navegar velozmente por los menús e internarse intuitivamente en decenas de aplicaciones nuevas.

Se acerca mi sobrino Jorge, de ocho años y, al verme con una tablet que dobla el número de pulgadas en pantalla que la suya, me interroga: -¿A ver, tío, qué juegos tienes?-
- Yo no tengo casi juegos; - le respondo-  yo la uso para leer el periódico; y también libros. 
No dice nada, pero elige uno de los juegos y se pone a jugar. Enseguida se cansa y la abandona. Los juegos de su tablet son evidenemente mejores.

Yo compré mi tableta con una oferta de mi periódico habitual. Me costó muy barata y, sobre todo, me ofrecía la posibilidad de pagar por el ejemplar la tercera parte que en la edición en papel. Además tenía la ventaja de poder descargarme el diario en lugares donde no había reparto (el pueblo de mis padres o de mi mujer, por ejemplo). Añado, por último, que puedo disponer de él en pantalla hacia las 6:30 de la mañana sin esperar a que abran los kioskos... No son pocas ventajas. Realmente merece la pena.

La otra posibilidad que me atraía fuertemente era el poder leer libros electrónicos. Tal es así que inicié un frenético proceso de descargas de e-books que, por millares, fueron a colocarse en las estanterías virtuales de mi disco duro ocupando una decena de valiosos gigas de memoria  y hacíendo difícil la búsqueda y catalogación de semejante biblioteca virtual.

En un síndrome de Diógenes digital acumulé miles de ejemplares, en decenas de formatos, que luego me resultaba difícil localizar. Como un ratón en un ultramarinos no sabía por donde empezar. Al final elegí una veintena que cargué en la tablet con intención de leerlos en los ratos muertos que pudiera encontrar: ¡No he logrado acabar ninguno!

Aparte del pequeño engorro de la apertura y carga, es que la experiencia no es la misma. El libro impreso invita a sumergirte en su lectura, es más manejable, cansa menos... Posiblemente el libro electrónico ofrezca una experiencia mucho más parecida a la del papel; pero la tableta, con sus brillos, sus iconos rodeando el texto, sus llamadas del sistema, del correo, sus tentadoras propuestas... incitan al abandono, inducen a una lectura desasosegante y distractiva. Millones de consumidores que han comprado tabletas y probado libros electrónicos han llegado a la misma conclusión: sentarse y centrarse en la lectura es más difícil que nunca. 

Las editoriales se están dando cuenta de un peligro: los clientes se están pasando a las tabletas y, después de la experiencia, comprueban que no invitan mucho a continuar leyendo: ¿Cambiarán sus hábitos entonces orientándolos hacia el visonado de videos o la navegación a la deriva por internet? Posiblemente para los lectores maduros ese peligro sea menor, pero ¿podemos decir lo mismo de los niños con su código lector no consolidado, la atención lábil o su frágil voluntad?

Ahí está mi tablet, ocupando con su cargador uno más de las decenas de enchufes que necesitan hogares de hoy día. Me resisto a descargar juegos. Me aburren. Para que fueran divertidos tendría que dedicarles muchísimo tiempo del que no dispongo. Me apetece más leer. Me apetece más escribir (y por cierto,  en las tabletas, es una tarea enojosa, prácticamente imposible). Eso sí, ahora mismo me voy a leer el periódico. Para pasar las hojas de la paja, las columnas de anuncios y centrarme en los artículos "con chicha", amplificando la letra gracias a la ergonómica pinza índice-pulgar, es ideal. 

miércoles, 15 de mayo de 2013

La poesía de las piedras


"Tienes el corazón de piedra", decimos para referirnos a un ser inconmovible, rígido, inalterable... ¡Qué injusto juicio a la pétrea existencia! ¡Qué negación de su condición cambiante, sensible, alterable! Pero las piedras no tienen prisa. Si queremos observar su potencial transformador hemos de medir los tiempos en relojes con esferas que transmuten sus segundos en milenios. El tiempo geológico nos es tan difícil de comprender porque somos seres de ciclo superbreve, de vida hiperrápida en la escala del tiempo universal.

Ayer, 12 de mayo, se celebró el Geolodía en toda la Península. Para los que no conozcan esta iniciativa les explicaré resumidamente que se trata de una actividad orientada a acercar la geología a la sociedad consistente en una ruta didáctica por parajes de interés geológico de cada provincia española (recurso del que España tiene una variedad riquísima). Geología nació en Teruel el año 2005 y se celebra desde hace cinco años en Guadalajara donde siempre ha cosechado gran éxito debido a su buena organización, la atinada elección de los itinerarios, la buena voluntad de profesores y alumnos participantes y una generosa asistencia de público. El año pasado se realizó en las antiguas minas de plata de Hiendelaencina (con unos 300 participantes) y este año en el Norte de la comarca de La Alcarria, más o menos la primera parte del recorrido descrito por Camilo José Cela en su Viaje a la Alcarria. Nos congregamos allí 200 participantes repartidos entre los dos autobuses y los coches particulares. La actividad de este año estuvo organizada por Amelia Calonge, decana de la Facultad de Educación de la Universidad de Alcalá, y por Ana María Alonso, catedrática de Petrología y Geoquímica de la Facultad de Geológicas de la Complutense.

Ana María fue la encargada del desarrollo didáctico en cada uno de los cinco puntos de observación de la georuta. Late en el corazón de esta catedrática (profesora a pie de obra)  un corazón de poeta. Se le nota cuando acercándose a un bloque de caliza mesozóica exclama: ¡Esta piedra ha sufrido mucho!Y lo dice refiriéndose a presiones extremas, enterramientos interminables, torturantes diaclasas... Hay un deje de cariño, casi filial, cuando defiende la belleza geológica de la Alcarria. Comunica su relación geológica iniciática con esos suelos al contarnos que fue en ellos donde realizó su tesis doctoral, oficia un hermanamiento con la literatura cuando conecta su georuta con el Viaje a la Alcarria del Nobel Cela,  desprende un entusiasmo antropológico cuando nos habla con afecto de sus gentes, de generosidad y amabilidad; y con un toque de humor relata las prospecciones geoetílicas a las bodegas de la zona. Me quedo con la imagen aventurera de una Indiana Jones, armada de su pica geológica, tostada por el sol de la Alcarria y dispuesta a confraternizar con un parroquiano que le canta una tonada manchega como homenaje.

Y, personalmente, me conmueve la imaginación y la visión poética de los científicos cuando intentan explicar el gran universo y el pequeño universo que nos rodea. Cuanto más grande y alejado es el objeto de estudio más atrevidas y sugerentes son las metáforas: agujeros negros, agujeros de gusano, gigantes  rojas, materia oscura, bing-bang, sopa de quarks. estrellas en streap-tease, parto estelar, ... Y, en la escala más cercana, por ejemplo en la geológica: "nacimiento y muerte de las calizas", "abanicos de deposición, empuje continental, tarta de estratigráfica...

Queda pues el geolodía de este año en el recuerdo. Algo aprendimos. De ahora en adelante miraremos las rocas con ojos nuevos: escucharemos su historia, escudriñaremos sus secretos para poder completar su biografía e imaginaremos su trayectoria vital a lo largo de su variada metamorfosis: erosión, disolución, transporte, decantación, sedimentación, enterramiento, compactación, trasnsformación, endurecimiento, afloración, disolución... sin olvidar la mutua interacción de millones de seres vivos que convivieron con ellas, sobre ellas, dentro de ellas y cuyos restos (espejos calcáreos de la vida) son los fósiles que encontramos. Escritas en la caliza están las huellas de sus raíces, la forma de los tallos en las tobas, los delicados estuches de los caracoles de agua dulce...

Hemos sido iniciados en la taumaturgia de la tierra: sabremos encontrar  las fuentes de agua en los puntos de transición de las calizas a las arcillas, entenderemos el misterio de las cuevas, leeremos el lenguaje de las piedras y desvelaremos conocimientos olvidados que sólo ellas conservan...

Polvo somos y en polvo nos hemos de convertir. Geolodía: un día para comprender un poco el polvo del que venimos.

sábado, 11 de mayo de 2013

El óbolo de la viuda


En multas y limosnas existe la misma desproporción. No es "cuanto" se da o se quita, sino la importancia que tiene para cada uno el dinero del que se desprende. Ya sé que esto está muy pensado (léase el evangelio, Mc 12,38-44), que no es nuevo... pero tampoco es viejo.

Hablaré de sanciones de tráfico.Últimamente estoy recibiendo una desacostumbrada ración de multas: Radares emboscados en vías secundarias de poco tránsito, multas por falta de tiquet en zona verde, algún exceso de velocidad… Muchas de ellas incluso en el desempeño de mi trabajo (he de trasladarme a domicilios distantes en la provincia) y las he de pagar con mi dinero. Uso coche propio y me pagan el km (por la distancia más corta -no la más rápida- a 0.19 euros (este año estuve en Suiza y comprobé que allí  cobran 4 veces más con una gasolina a precios similares; también sé que los señores diputados cobran 0,22 por el mismo concepto -lo que me parece injusto, pues la gasolina cuesta igual a todo el mundo-). Mi coche envejece prematurametne al conducirme a este trabajo que me obligan a recorrer 4000 km mensuales donde yo corro a cargo de su mantenimiento, sus revisiones, sus neumáticos, su aceite… ¡y su aparcamiento, lo que a veces termina con multas inevitables!. Y ¡Sí, detecto, al igual que otros muchos, un crescendo en el afán recaudatorio desmesurado!; como si fuera un elixir milagroso para salir de la crisis.

No estoy en contra de pagar por mis faltas. Pero no todos los castigos son iguales, si son económicos. Como el óbolo de la viuda en la parábola evangélica, debe haber proporcionalidad en la penitencia.  Propongo un coeficiente (calculado en función de los ingresos -es fácil calcularlo, todos declaramos, hacienda lo sabe) que se aplique a las multas de tráfico. En los tiempos que corren a las multas no les hacen recortes, al contrario. Y estas, en muchos casos, son sencillamente escandalosas. Hay gente a la que le importa muy poco esa cantidad y otros a los que les va el comer. No es ético multar con 100 euros a un conductor por aparcar en una zona verde durante unos minutos en  un Madrid abarrotado que no ofrece hueco en zona azul. No es justo seleccionar tramos trampa en los que, sin peligro alguno se superan los 60 km/h, cuando hay una curva mucho más peligrosa un kilómetro antes donde sería mucho más lógico -pero menos cómodo- establecer la vigilancia. No es fácil desplazarse a la oficina de correos de tu localidad a por la multa cuando su horario coincide con tu horario laboral. No se puede tener una web de tráfico de navegación confusa, que se cuelgue constantemente y que no te aplique la reducción por prontopago pese a haberlo gestionado -como me ha ocurrido en alguna ocasión-.  

Y creo que nuestros gobernantes recaudadores se equivocan. No me creo sus farisaicos argumentos de que sancionan pensando en el bien común (¿pagan siempre sus multas? ¿las pagan ellos?, ¿le duelen lo mismo que a mí con sus "sobresueldos" y "gastos de representación"?), o de que todos somos iguales (sus kilómetros a 0,22, señores diputados, ¿a santo de qué? ¿sus gasolineras son más caras?), o que se aprietan el cinturón como todos ( véase el resultado de la votación del pasado 6 de abril, en el Parlamento Europeo donde se votó una enmienda para restringir los vuelos en primera "Bussines Class" ( 1.297 euros) y hacerlos en clase turista (150 euros). Tan sólo 4 votaron a favor de viajar en clase turista, 2 se abstuvieron y 38 votaron a favor de "apretarse el cinturón"... pero en Bussines Class). 

Hace ya 2000 un personaje revolucionario, casi un antisistema, nos previno. No se escandalicen las almas piadosas: ejemplos abundan y los tienen en las propias escrituras."Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa."  Estemos atentos a los Los tramposos de Dios que ante las 100 avemarías de penitencia por sus pecados son capaces de graba una sola, copiarla 100 veces en su grabadora, y dejarla puesta ante el santísimo. No caigamos en la trampa de que mis multas son iguales que las de Ángel Carromero, por ejemplo. Mi óbolo me cuesta mucho ganarlo. 

miércoles, 8 de mayo de 2013

Han intervenido mi Bankia


Hace tiempo que mi banco fue intervenido. Ese banco al que pedí un crédito en más de una ocasión y me hizo presentar el aval correspondiente: mi nómina, mi casa... Yo pensé que era justo. Si me prestan un dinero deben poder recuperarlo, aunque ya me dolieran los pingües intereses que debería abonarles. Yo cumplí como buen ciudadano: devolví el préstamo más intereses puntual y religiosamente. Sin embargo, mi banco, prácticamente ha quebrado. El dinero que yo le presté a él (con magros intereses) no tenía aval alguno, a lo que parece...  Es este un negocio tramposo. El escritor alemán Frederik Hetmann lo ilustra claramente en su libro Historias de Pieles Rojas, en esta adaptación de una de ellas que reproduzco
Negocios bancarios 
Érase una vez un indio que entró en el banco de una ciudad para pedir un préstamo.
—Sí —le dijeron los empleados—, aquí encontrará lo que busca. Hacemos préstamos. Pero antes tenemos que pedirle una cosa. ¿Es usted tan amable de firmarnos un aval como garantía de pago?
—¿Un aval?
—Sí, claro. En el caso de que usted no nos devuelva el dinero prestado, el banco se quedaría con lo que usted haya presentado como aval.
Esto le pareció justo al indio.
—Entonces, ¿qué nos puede ofrecer usted como aval?
—Tengo caballos.
—¿Cuántos caballos?
—Mmm… calculo que alrededor de quinientos…, pero también pueden ser seiscientos.
—Estupendo. Vamos a suponer que cada caballo tiene un valor de unos diez dólares. Usted nos transfiere la propiedad de cien de sus caballos y nosotros le hacemos un préstamo de mil dólares.
Y así sucedió.
Pasado un año, el indio entra de nuevo al banco. Lleva consigo dos bolsas repletas de dinero. Se acerca al mos­trador, saca de una de ellas la cantidad que le prestó el banco y paga sus deudas, junto con los intereses, en dólares de plata. El empleado del banco, sonriente, le hace un cumplido:
—¡Excelente! Es siempre una satisfacción hacer negocios con una persona honrada y fiable.
El indio no contesta nada, pero echa mano de la segunda bolsita.
—Aquí tengo más dólares de plata —explica—. He vendido lana.
—Magnífico. ¿Quiere abrir una cuenta corriente en nuestro banco? Así no tendría que llevar siempre su dinero encima. Podría perderlo; se lo podrían robar. Si usted nos lo confía a nosotros… aquí estará totalmente seguro. Y cuando necesite dinero, no tendrá ningún problema: usted se acerca por aquí y retira la suma deseada.
Todo aquello resulta claro y evidente. Así que el indio saca los dólares de plata de la segunda bolsita y se pone a contarlos sobre el mostrador.
El empleado del banco extiende la mano para coger el dinero y guardarlo en la caja fuerte. Pero el indio pone sus manos encima de los dólares y pregunta.
—Por cierto… ¿ustedes también tienen caballos?
Así que mi Bankia no tiene caballos y se ha vuelto cuatrera requisando los de los demás. Han tenido que venir a "rescatarle" con dinero que arrebatarán a involuntarios avalistas: los inocentes ciudadanos con sus impuestos. ¿No podría expropiarle yo, al menos, un salita de la sucursal donde me atendieron?
En una muestra máxima de cinismo son los propios liberales, los que propugnan la no intromisión del Estado en las relaciones mercantiles entre los ciudadanos, los que impulsan la reducción de impuestos a su mínima expresión y reducción de la regulación sobre comercio y producción; los que solicitan el rescate, los que "premian" a los gestores del fiasco con primas escandalosas... Al menos podrían colocar un cartel de aviso a la entrada de los bancos:
"Aquí privatizamos las ganancias y socializamos las pérdidas"... ¡Capitalistas de pacotilla! 

lunes, 6 de mayo de 2013

Moción de orden




- ¡Moción de orden!

La voz de un niño se eleva sobre el ruido mediático, la discusión familiar, la agitada riña de sus iguales...

- Pido la palabra para solicitar una Moción de Orden: ¡No se os entiende!, ¡Habláis todos a la vez!, ¡No respetáis el turno de palabra!, ¡No escucháis al orador de turno!, ¡Ofendéis, denigráis, insultáis a vuestro  oponente!, ¡Vuestro discurso es incongruente y está mal preparado!... ¡Moción de orden; que algún moderador con sentido ponga orden aquí...!

¡Dios mío, cuánto echo de menos aquellas largas tardes gallegas en las que, sentados durante horas en duros bancos rescatados de alguna iglesia, debatíamos nuestras leyes particulares en nuestro Summerhill particular, en la ciudad juvenil de Walden III! ¡Cuánto he de agradecer aquellas horas en que aprendí a aguantar el culo en el asiento para poder escuchar las opiniones de todos en orden, con tasa, con derechos y deberes nítidos y respetados mutuamente! ¡Cuánto comprendí, cuánto aprendí, cuánto maduré...! Fue nuestra particular asignatura de Educación para la Ciudadanía, nuestra licenciatura  democrática en un momento en el que, aún, la nación entera soportaba el peso de la dictadura. ¡Cuánto debo agradecer a aquellos jóvenes hermanos maristas que tuvieron "la osadía" de aplicar a un centenar de jóvenes de 15 y 16 años las teorías pedagógicas de autogestión que se experimentaban en países más avanzados! ¿Cuánto esfuerzo realizado, cuántas ilusiones en juego,  cuánto peligro sorteado, cuántas noches proyectando, construyendo, corrigiendo errores...! Todo ello  para cosechar sólo unos brotes de esperanza.

Sin embargo, con el tiempo, aquellos brotes se transformaron en árboles vigorosos. Cincuenta años después, en la España de hoy,  aquellas personas educadas en el respeto, en la crítica y en los valores democráticos levantan indignados la mano y exclaman: ¡Moción de orden!

Porque la democracia se nos va de las manos. Nos la arrebata a puñados la televisión mediante  programas estúpidos, tertulias desquiciadas, informativos sesgados, pornografía "rosa"... Se nos escurre en la escuela donde se margina una asignatura crucial y recibimos pequeños expertos  "antisistemas"; Nos la pervierten muchos políticos del momento que la cambian por un sobre, o por un  narcisismo desaforado... Y colaboran todos los que asisten como papanatas y jalean la situación. Por eso pido para todos ellos una Moción de Censura.

Por eso invoco mi Derecho de Réplica, pues mi integridad como maestro, como persona ha sido menoscabada muchas veces por los políticos de turno,  por los gobernantes encargados de mi gremio...

Solicito un Punto de privilegio personal: os lo pide una persona que tiene disminuída su posibilidad de participar en muchos debates por  problemas de audicíón. Quiero que lo sepáis: en este barullo no podemos participar muchos de nosotros ¡Y queremos!

Y presento un Punto de información: Si sentís curiosidad por conocer con más detalle la experiencia que cito, podéis encontrarla en este enlace.

El hospital de los libros (cuento para niños sensibles)


El pequeño cuento, de grandes y hermosas letras negras, había nacido en una imprenta grande y moderna. Su padre fue un escritor de cara risueña y, cuando le pensó, lo hizo alegre y divertido también a él como si fuera su hijo de verdad. Salió de la imprenta limpio y reluciente; empaquetado con sus hermanos gemelos rumbo a la librería. Aún olía a papel y tinta fresca con un toque perfumado de pegamento en el lomo.
En la librería estuvo expuesto durante días en el escaparate muy quietecito junto a otros interesantes compañeros, sólo movido por las delicadas manos de algún niño que lo hojeaba unos instantes. Hubo uno que apoyó su diminuto dedo índice bajo unas líneas y leyó algunas palabras. Se sentía como un pequeño huérfano que suspiraba por ser adoptado por un niño al que poder contar sus aventuras.
Por fin un día, llegó una mamá con su pequeño hijo de 7 años. El niño se sintió atraído inmediatamente por aquel pequeño libro de cuentos que le mostraba sus hermosos dibujos y le insinuaba aventuras bellísimas. Señaló con el dedo a su madre el rincón en que esperaba pacientemente el pequeño cuentito. Al pobre librito le dio un vuelco su corazón de papel, incluso la tinta se puso caliente como si hubiera contraído una pequeña fiebre: ¡Le habían elegido! ¡Sería adoptado por ese niño curioso que le miraba con los ojos muy abiertos!

Le vistieron con un hermoso papel de regalo que le quedaba muy bien y lo pusieron en las manos de su nuevo amigo. Estaba emocionado. Tenía tantas ganas de contarle su historia...

En su casa, el niño le quitó el vestido de papel seda que le apretaba un poco y, más cómodo, sólo con el pijama de colores de su portada se dejó tender en la cama con él, dispuesto a contarle su maravillosa historia. Pero descubrió una cosa increíble: no necesitaba hablar a su nuevo amigo: él sabía lo que pensaba sólo con mirarle... parecía como si le leyera el pensamiento... - ¡Claro, que tontería! - pensó - Soy un libro y me pueden leer la mente... tengo escritos mis pensamientos y los niños que tienen el poder mágico de la lectura pueden adivinar mi historia aunque yo no pueda hablar.

Esa noche le contó en silencio una historia increíblemente hermosa. Tanto es así que el niño se durmió soñando con ella dejando al libro con las hojas abiertas sobre la cama como esperando un abrazo.

Al día siguiente lo dejó descansando en la estantería y, de vez en cuando, volvía pasados unos días a cogerlo para recordar aquella historia que tanto le gustó.

Cuando el niño se hizo mayor, le llevaron con todos sus cuentos a la habitación de su hermano pequeño que aún no sabía leer. El pequeño miró un buen rato los preciosos dibujos coloreados, pero como no entendía su lenguaje acabó  por arrojarlo a un rincón. Días después volvió a cogerlo, esta vez retorciéndole el lomo que terminó desgarrado emitiendo un crujido. Lo agitó como si fuera un árbol y quisiera sacudirle las hojas. Se aburría y terminó  por coger sus pinturas y hacer un monigote en la contraportada. Luego observó una pequeña esquina despegada y tiró hasta arrancar un trozo de la fotografía de la portada... El pobre cuentito lloraba de dolor: se cuerpo se estaba rompiendo en pedazos; pero lo que más le dolía era no poder contar al  niño sus entretenidas aventuras... Cuando el pequeñuelo se cansó, lo dejó abandonado en su rincón. La madre lo encontró allí bastante arrugado y, pensando que aún pudiera interesar a alguien, lo llevó al colegio:
- Tome, señorita, quizás le sirva a algún niño... no está muy entero pero a lo mejor podéis utilizarlo.

Al pequeño cuento lo llevaron a la clase. Allí habían preparado un curiosos hospital. Había muchos libros heridos esperando que los curaran. Como pequeñas enfermeras las niñas les ponían unas grandes tiritas en el lomo, allí donde más grandes eran las heridas. Otros les hacían una pequeña transfusión de pegamento para juntar las hojas que se separaban, otros escribían el título en el nuevo lomo restaurado...

El pequeño cuento sonrió. Ya no era el hermoso y reluciente cuento nuevo del principio. Pero su historia aún estaba a salvo, aún podría contar muchas veces más esa aventura que hacía feliz a sus amigos.

Y, colorín colorado, 
este cuento ha sido reparado.


Este cuento está dedicado a los niños de 2º del Colegio San Juan Bautista que, durante la semana del libro, repararon varias decenas de libros cuyo destino era el expurgo y el reciclado.