domingo, 31 de agosto de 2014

Grandes historias de cosas pequeñas-7: Digitalis


- Es la digitales. 
Mi hermano Luis mostraba la planta a mis padres en una excursión al despoblado de Valsurbio, en el corazón de la montaña palentina. 
- Es una planta curativa, la usan para el corazón. 
Mi madre asintió, ya la conocía. Incluso en el jardín de su casa, en el pequeño pueblo valdaviés de Ayuela, cultiva algunas. Allí la llaman "dedalera" por la curiosa forma de su racimo floral, que semejan dedos. Se da bien en su jardín, pues es una planta que resiste bien el frío y se acomoda bien a la semisombra que le prestan los altos rosales silvestre de mi madre.
- De sus hojas se obtiene la "digitalina". Hay que recogerlas al atardecer (si lo haces al salir el sol, no tiene nada) y desechar las hojas viejas. Luego hay que secarlas inmediatamente (a unos 60'º). Se ha empleado desde hace dos siglos (antes no se conocía esta propiedad curativa de la planta) desde hace dos siglos para tratar las arritmias. Los animales no la comen, pues morirían de un ataque al corazón. (Me sorprende la erudición de mi hermano y le escucho con atención  mientras imagino a una vaca que ha mordisqueado las amargas hojas de la dedaleras presa de delirios y convulsiones ante la mirada sorprendida de su vaquero).
- Es capaz de enlentecer el ritmo cardíaco y regular los latidos en las arritmias, pero hay que tener mucho cuiadado con las personas gravemente enfermas, pues puede empeorar su estado. 
- Una intoxicación de digitalina - continúa- nos produciría una visión amarillenta y borrosa con halos en las figuras además de braquicardia. Antiguamente se usaba para reducir el apetito o tratar la epilepsia, pero hoy en día ha dejado de usarse por su peligrosidad si no aciertas con la dosis que hace que muchas veces sea peor el remedio que la enfermedad. (Me descubro ante tanta sapiencia)

Me picó la curiosidad. Investigué un poco sobre esta planta. En esto soy como mi madre, tengo un punto druídico. Entre los libros más preciados y usados de mi madre están los que recopilan especies vegetales y sus usos farmacológicos. Con algunos de esos remedios que ella recoge de vez en cuando en el monte me ha curado diarreas incontrolables, dolores de cabeza y de estómago. Ahora está tras la pista de un aceite poco menos que milagroso que algunas personas del pueblo producen a partir de una planta que crece en los alrededores: ideal para heridas y hematomas, lo tenemos probado. En la digitalis, hasta su nombre, todo llama la atención: Digitalis, dedalera, digital, cartucho, chupamieles, guante de Nuestra Señora, San Juan, bilicroques, guantelete o viluria, calzones de raposu... casi todos ellos tienen connotaciones con los apéndices de nuestras extremidades. Lo de "clzones de raposu" quizás tenga origen en la leyenda popular sobre las hadas malas que entregaban estas flores a los zorros para que las utilizasen como guantes, de modo que al entrar en el gallinero a robar no se escucharan sus pisadas. También conmueve la historia de su principal investigador, el humilde farmacéutico Claudio Adolfo Nativelle que desde niño ayudaba a su madre a recoger plantas en las afueras de París para venderlas a clientes y farmacéuticos. Claudio, que también leyó Lettres sur la botanique, de Rousseau, acometió el estudio sitemático sobre la digitalina a raíz del fallecimiento de su madre por una dolencia cardíaca.
Desde tiempos remotos se conoce esta planta y sus efectos curativos. Lo curioso es que no se sabía exactamente qué era lo que curaba, para qué servía. Se decía que era buena para todo tipo de dolencias, mientras que hoy sabemos que no es así. En el siglo XVII un chef holandés experimentó haciendo una tortilla con esta planta. Los comensales luego se sintieron muy mal, con diarreas. Hoy sabemos que esta planta puede intoxicar al punto de causar la muerte. Fue en Inglaterra, en el siglo XVII, que el médico Withering descubrió que la dedalera puede estimular el corazón para que palpite con más fuerza y de modo más eficiente. Hasta ese momento había estado experimentando con ella pensando que podía ser un diurético.Luego de doscientos años de recetar la digitalina para el corazón, en 1997 se determinó que en realidad no produce el efecto que Withering pretendía. Mediante un estudio de siete mil personas se notó que no había diferencia verdadera entre tomarla o no tomarla. La potencialidad de la digitalina en el deporte como cardiotónico regularizan y refuerzan los latidos cardíacos, pero su empleo como producto dopante por parte del deportista es, ademas de peligroso, completamente inútil, según parece demostrado.

Así que, entre la faramacopea del bosque, esta planta aparece como un pequeño árbol del bien y del mal:nos ofreceu nos frutos a simple vista apetecibles, pero que solo pueden ser manejados con sabiduría, si no nos expulsa definitivamente del paraíso.

sábado, 30 de agosto de 2014

Grandes historias de cosas pequeñas-6: ¡Átame!


"Os presento 
a la araña de España: 
la que todo lo apaña, 
la que tiende sus redes
la  que pica y araña
y peina su tela 
como a una pestaña: 
¡Y es la caña!" 

(Con un guiño especial a Gloria Fuertes)

Paseando por el campo a primeros de agosto, tendidas sobre los arbustos que flanquean el camino, encuentro estas prodigiosas telarañas que, tras la repulsión inicial, terminan produciendo asombro.
Mucho tendrían que aprender los sesudos ingenieros de estos minúsculos animales a los que nadie enseñó nada sobre estructuras, resistencia de materiales y diseños eficaces. Si añadimos sus cualidades en la caza y los avanzados sistemas de conservación de sus presas tendríamos que otorgarla, al menos, dos títulos de ingeniería. Si tenemos en cuenta además su capacidad de fabricar y reutilizar uno de los materiales más resistentes y elásticos del mundo, deberíamos donar millones por derechos de patente. Y no es todo...

El maravilloso mundo de estos invertebrados ha sido estudiado con detenimiento por numerosos biólogos y, como en un manantial inagotable, no cesan de descubrirse aspectos interesantísimos que nos dejan boquiabiertos. 

Citaré algunas curiosidades extraídas del libro del biólogo y etólogo evolucionista R. Dawkin: 

¡Átame: sexo y seda! El deseo de copular de un macho en red ajena hace que este afronte graves peligros: cualquier araña acabará con el visitante sin problemas. Los machos utilizan estrategias variadas para llegar a copular y sobrevivir en el intento (y en numerosas ocasiones no lo consiguen). A veces preparan un paquete-regalo con una mosca dentro envuelta primorosamente en hilo de seda  y se lo ofrecen a la hembra; cuando ésta hinca el diente aprovechan para conseguirlo. Otras veces las pillan en el vestidor, indefensas, cuando cambian de muda y su cuerpo no tiene la dureza que le permite una efectiva defensa. entonces "se dejan". Otra estrategia es amansarla con buena música: los machos puntean sobre la cuerda una secuencia rítmica  que tiene la cualidad de relajar a la hembra, calmándola y permitiendo finalmente el apareamiento. El truco ¡Átame! lo usan algunos machos amarrando literalmente a la hembra con hilos (a modo de los liliputienses con Gulliver), eso le permite sobrevivir en el intento, aunque muchos etólogos piensan que en realidad forma parte de un juego (una vestigio simbólico de una vieja costumbre, pues la araña puede desatarse en cuestión de segundos si se lo propone). 
Como podéis comprobar, fascinantes estrategias eróticas compartidas entre especies...

La constructora de puentes. La construcción  de sus complejas telas obedece a patrones que, aunque instintivos, se diría que fueron diseñados por ingenieros expertos.  Todas las telas obedecen a un propósito de captuar, es decir son una trampa estática,  pues las arañas son depredadoras sedentarias. En la construcción de la tela existe una relación coste/beneficio como en muchos proyectos humanos. La tela no puede ser demasiado extensa (exceso de coste) ni demasiado pequeña (mínimo número de capturas). La seda es un material relativamente abundante en el mundo de los artrópodos (recordemos el gusano de seda con su kilómetro y medio de este material por capullo), las hormigas costureras (que cosen hojas utilizando a sus larvas -secretoras de la seda- como lanzaderas en un telar); pero las principales productoras son las arañas y curiosamente los humanos no hemos utilizado esta particularidad a nivel industrial. Aunque algunos piensan que pudieron sugerir a los humanos formidables inventos como "le cordel",  "las boleadoras", "el rappel", "la red".... 
Los avances de las arañas en tecnología de red son espectaculares: su elasticidad (pueden estirarse hasta 10 veces su longitud y recuperar suavemente su forma posteriormente, gracias a arrollamientos dentro de cuentas acuosas como las perlas de un collar), sus diferentes calidades (la araña de jardín, por ejemplo, tiene hasta 6 tipos de espitas cada una de ellas surtiendo diferentes clases de material), la pegajosidad (aparte de los pegamentos químicos, algunas usan un sistema parecido al velcro mediante hilos cribelados que peinan con sus patas)...
La necesidad de no quedarse pegadas en su propia red hace que las arañas alternen hilos secos con hilos pegajosos para poder construírla y desplazarse a por su presa (ya os informo de que los hilos radiales son hilos no pegajosos). 
El inicio de una tela comienza con el tendido de un cable inicial. La técnica va desde llevar el extremos caminando hasta lanzarse como una cometa colgada del hilo a la espera de un viento favorable. una vez iniciado el proceso nuestra ingeniera añadirá cables, retirará (comiéndoselos) los cables auxiliares, conectará y tensará hasta construir una rueda más o menos regular de unos 25 o 30 radios. En la siguiente fase construirá una red con cableado transversal girando en espiral alrededor de la tela. 

Refugio antiaéreo. 

Nuestra araña, que podemos apreciar en la parte superior de la tela de la fotografía, no es inmune a los ataques de los depredadores habituales de las arañas, por ejemplo las aves; por lo que se aloja en un túnel que además está cubierto por un porche de tela que la hace invisible desde el aire. 

El diseño de la trampa.

Cada tipo de araña ha adaptado sus telas a las diferentes presas: la telaraña en escalera de Nueva Guinea construye su red como una larga banda vertical (hasta de un metro) donde las polillas (que gracias a poder desprenderse de sus escamas escapa de los hilos pegajosos)  cae perdiendo en el descenso el polvo escamoso y siendo finalmente atrapada.La Hyptiotes fabrica una red muy esquemática (triangular y con solo radios) pero uno de ellos mantiene tensos al resto y lo sujeta la propia araña que cuando detecta una presa lo suelta comprimiéndose como gomas sobre la víctima. La Pasilobus  construye una red en ángulo bisecado por un único filamento central. Los hilos transversales tienen una unión débil que hacen que se suelten cuando una presa impacta sobre ellos quedando así suspendida del extremo fuerte como un avión de juguete que gira sobre un cordón. La  mastophora o araña boleadora construye con seda un miniboleadora con la que alcanza a sus presas y las sujeta. Esta araña atrae a las polillas macho que caputura mediante la síntesis de ferormonas muy similares a las emitidas por la polilla hembra. Otras especies, cazadoras submarinas, usan una telaraña para cubrirse con una burbuja de aire para poder respirar bajo el agua. La araña Gladiadora lleva encima su red, entre sus patas. Vigila con sus enormes ojos su entorno y en cuanto localiza un ser vivo apetitoso, le lanza la red pegajosa, como hacían los gladiadores.La telaraña de la Viuda Negra Tiene forma de cortina. Deja colgar los hilos pegajosos en vertical. Los insectos que se encuentran con esta capa de sedas pegajosas quedan atrapados y mueren bajo el efecto del picotazo de la araña.

Es pues que concedo el título de ingeniería "cum laude" a este artrópodo singular, prodigio de la naturaleza y maestro del hombre en tantas cosas. Aún sigue guardando muchos secretos, muchas patentes que intentamos desvelar para aplicarlas a campos punteros: uso militar, fabricación de hilo quirúrgico o tejidos artificiales, para huesos y tendones, micro-conductores y fibras ópticas.

viernes, 29 de agosto de 2014

Grandes historias de cosas pequeñas-5: El árbol ahorcado.


Tiene algo de vegetal columna vertebral el viejo tronco lacerado. Se perciben claramente sus vértebras añosas con un reborde de corteza en los los espacios interveretebrales equidistantes... pero, en realidad, es un anciano tronco torturado. 
Así lo encontré, aguas abajo de la cascada de Orbaneja del Castillo, en la boscosa ribera del Río Ebro donde desagua la potente surgencia de la Cueva del Agua. Formó parte un día, de joven,  de una cerca levantada acaso para proteger a los curiosos que se acercaban al borde del río a contemplar el encuentro del agua burbujeante con la más mansa que arrastra el Ebro desde Santander.  Quiero pensar que el paisano que le ató aquellos lazos de alambre no pensó que estrangularían tus carnes condenándote a la lenta agonía de la horca.  Sé que han pasado largos años de sufrimiento vegetal. tuviste que sentirte ahogado por ese anillo metálico que te constreñía y asfixiaba impidiendo la llegada de tu alimento, el envío de provisiones a tus raíces. Fueros años de forcejeos, de sangrar savia sobre hilo de hierro hasta abrazarlo, y engullirlo, integrándolo en tus anillos concéntricos  y formando el "año de hierro" de tu edad. 
A pesar de todo sobreviviste. Quizás sobre las heridas, más allá de los oxidados círculos de acero, se estén formando nuevos vasos por los que circula la savia de la vida. Hay algo ti que muchos compartimos: aquellos alambres que cercenaron nuestra infancia no acabaron  con nosotros; seguimos aquí, crecimos sobre las cicatrices. Sobrevivimos a los grilletes de la represión. 

jueves, 28 de agosto de 2014

Grandes historias de cosas pequeñas-4: El lento hachazo del árbol sobre la roca.


En los cortados de piedra arenisca del barranco de la Virgen de la Hoz, siguiendo el curso del Río Gallo y al lado de la carretera; aún se alzan los pinares que proporcionaban materias primas a los "gancheros" que tan bien retrató José Luis San Pedro en "El río que nos lleva". Paseando, muy cerca del santuario del mismo nombre, encontré este pino que tuvo su infancia, como he visto muchos en el parque del Alto Tajo, acomodado en alguna pequeña grieta rocosa. El poderoso empuje de la vida, el anhelo por crecer, lo han hecho abrirse paso, literalmente a hachazos, entre el duro corazón de aquella roca madre que le albergó en su seno. No deja de admirarme la colosal batalla de los seres vivos por sobrevivir. El empuje diario, el trabajo constante que los permiten abrirse paso frente a obstáculos aparentemente insuperables. Más que el terrorífico poder de los explosivos, lo que mueve las montañas son los pequeños seres vivos empujando día a día con tesón, la lenta (pero formidable) labor de las hormigas, el lento y cansino viaje del agua sobre un lecho rocoso que, en el transcurso de una larga vida geológica asesta un hachazo descomunal a la corteza terrestre provocando un Tajo que nos asombra. 

miércoles, 27 de agosto de 2014

Grandes historias de cosas pequeñas-3: Flor de cactus.


Flor de cactus es el título una vieja película estadounidense de 1969. Es una comedia y está dirigida por Gene Saks y protagonizada por Walter Matthau, Ingrid Bergman, y Goldie Hawn. La película fue la séptima más taquillera en 1979 y Goldie Hawn obtuvo el Óscar a la mejor actriz de reparto por su papel representando a la caprichosa e infantil Tonie Simons.

Resumo su argumento para explicar su aparición en esta entrada:
"Julian Winston (Walter Matthau) es un soltero cuarentón que va por la vida de seductor. Su última amante es la caprichosa e infantil Tonie Simonsd e 21 años (Goldie Hawn), a la que hace creer que está casado y tiene tres hijos, es decir, que no es libre para casarse con ella. Cuando Tonie recibe la noticia intenta suicidarse y entonces Julián decide replantearse el matrimonio pero necesita invetarse una esposa y decide acudir a una conocida. Julian es dentista y tiene una recepcionista sueca llamada Stephanie Dickinson (Ingrid Bergman), que lleva diez años desviviéndose por él y que en realidad está enamorada de su jefe desde todo ese tiempo. La comedia se enreda a medida que avanza la trama y se resuelve con el descubrimiento por parte de Julián de la secreta belleza de su empleada y enamorándose de ella.
El nombre de la película hace referencia a un cactus que la señorita Dickinson tiene sobre su escritorio en la oficina del dentista. Similar a Miss Dickinson, el cactus es frío e inhóspito. Sin embargo, al final, tanto los cactus y Miss Dickinson han florecido."

Ayer, paseando por la histórica ciudad de Molina de Aragón, encontré en una de sus callejas este cactus florecido colgando desde la maceta de una ventana. Se trata de una opuntia (chumbera) y fue introducida en nuestro país por los conquistadores pues es oriunda de América y de sus hermosas flores amarillas saldrán sabrosos los higos chumbos tan apreciados en ciertas regiones mediterráneas.
Hay algo de justicia poética en que una planta espinosa, con hojas tan poco agraciadas que parecen palas con púas, tengan también una floración esplendorosa. Siempre ha sido una metáfora de mi carácter: brusco, rudo, cortante... y, sin embargo, accesible a la ternura,  sensible, instrumento abierto a interpretar en la caja de resonancia del corazón  la música de las sensaciones.  El cactus frío, coriáceo, hiriente... también florece.

martes, 26 de agosto de 2014

Grandes historias de cosas pequeñas-2: Historia en el jardín cercado.


En el borde del estanque, entre las siemprevivas que lo tapizan, ha brotado una pequeña higuera. ¿Cómo ha llegado hasta aquí su semilla? Quizás algún pájaro picoteó el higo en un áarbol cercano y transportó en su pico parte del dulce fruto para consumirlo, tranquilamente, sobre el césped de mi jardín desierto, sin presencia humana durante semanas por las vacaciones.  Algunas semillas tuvieron que caer y perderse en el laberinto de alcachofa de las siemprevivas y brotar con la humedad de los cercanos aspersores. O quizás algún tordo comió una de las brevas del árbol del vecino y terminó su digestión expulsando desde el borde del estanque algunas duras semillas no digeridas entre las carnosas hojas estrelladas. 
Sea como fuera aquí está, abierta al mundo, con sus cuatro hermosas hojas saludando al sol de julio. Es la humilde higuera, el árbol resistente cuya historia de reproducción resulta fascinante. Me permito citar algunos párrafos de mi admirado Richard Dawkin en su libro "Escalando el monte improbable": 
"En el higo subyace una paradoja genuina y una poesía real, con sutilezas capaces de ejercitar una mente inquisitiva y maravillas que harían las delicias de una mente estética."
 "Un higo no es un fruto, sino un jardín de flores vuelto del revés. Parece un fruto; sabe como un fruto; ocupa un nicho en forma de fruto en nuestros menús mentales y en las estructuras profundas reconocidas por los antropólogos. Sin embargo, no es un fruto: es un jardín enclaustrado, un jardín colgante y una de las maravillas del mundo. "
Y para mostrar esta maravilla, Dawkin nos propone un viaje hacia atrás en el tiempo mostrando una hipotética evolución de este fruto. Tras una foto de un higo actual, en las primeras imágenes (a cámara lenta, pues hemos de alargar la brevedad geológica de la Historia del Hombre) contemplaríamos a Jesús tomando uno de los higos de Palestina hace 2000 años, para después continuar con la mano de un esclavo de Nabucodonosor recolectando frutos para su señor en los Jardines Colgantes de Babilonia , después enfocaríamos un higo del país de Nod, al este del Edén (Hay quien piensa que el "árbol de la ciencia del bien y del mal era una higuera") y retrocederíamos hasta un huerto de neolítoco en un poblado de Cromagnon o, más hacia atrás, a un grupo de "homo hábilis" nómadas ante una higuera silvestre o incluso a la pequeña Luky de Afgar masticando con fruición uno de ellos... Los higos mostrados no serían diferentes de los actuales prácticamente en nada. Acaso fueran unpoco  más pequeños y duros, pero sustancialmente iguales. 
"Más radical y sorprendente es el cambio que observaremos después de haber retrocedido millones de años. El «fruto» se abrirá. El minúsculo agujero, casi invisible, en el ápice del higo fruncirá los bordes como si de los labios de una boca se tratara, después se abrirá y bostezará hasta que habrá dejado de ser un agujero para transformarse en una copa. Si se observa atentamente la superficie interior de la copa se verá que está tapizada de flores diminutas. Al principio la copa es honda; después, a medida que seguimos rebobinando la película hacia atrás en el tiempo, se hace paulatinamente más abierta. Quizá pase por un estadio plano como un girasol, porque un girasol está también formado por cientos de pequeñas flores, apretujadas en un lecho masivo. Avanzando deprisa más allá del estadio de girasol, nuestro higo en forma de copa se evagina hasta que las florecitas o flósculos se encuentran en la parte exterior, como en una mora (el higo es un miembro del orden de las moras). Más atrás en el tiempo, pasado el estadio de mora, los flósculos se separan y se convierten en flores reconocibles individualmente, como en un jacinto (aunque los jacintos no son parientes cercanos de los higos).
La frase de "jardín cercado" está tomada del Cantar de los Cantares  del sabio rey Salomón y podría expresar muy bien lo que los ojos de los insectos verían en el interior del humilde higo. 
 "En él hay plantadas cientos de flores completas en miniatura, tanto masculinas como femeninas. Además, para los diminutos polinizadores el higo es realmente un mundo enclaustrado y en gran parte autosuficiente"... "Los polinizadores pertenecen a una familia de avispas —los agaónidos— tan minúsculas que sólo pueden verse claramente con ayuda de una lupa"... "Las flores de los higos son polinizadas exclusivamente por estas minúsculas avispillas"...  "Casi cada especie de higuera (y hay más de 900) tiene una especie propia de avispa que ha sido su compañero genético único a lo largo del tiempo evolutivo desde que ambos se escindieron de sus ancestros respectivos"
Pero no solo las avispas polinizadoreas orientan su vida alrededor de este jardín cerrado, existe también una variedad increíble de fauna asociada:
"El jardín cercado es un paraíso cultivado para el beneficio de pequeños insectos, y no puede sorprender que albergue una rica y bulliciosa fauna liliputiense, además de las avispas cuyos servicios de polinización lo hacen posible en último término. Hay abundancia de escarabajos, polillas y moscas miniaturizados, así como ácaros y pequeños gusanos. También hay depredadores que acechan a la puerta misma del jardín, a la espera de sacar provecho de la rica fauna del interior. Y existen gorrones, parientes lejanos de los polinizadores genuinos y parásitos de éstos. En lugar de penetrar en el higo a través del agujero apical, estas avispas parásitas suelen ser inyectadas en forma de huevo a través de la pared del higo mediante la jeringa hipodérmica espectacularmente larga y delgada que constituye el oviscapto de su madre, único y especializado. En las profundidades del higo, la punta de la jeringa hipodérmica busca las pequeñas flores en las que han sido depositados los huevos de las avispas polinizadoras genuinas. Una hembra de avispa parásita es una especie de equipo de perforación y funciona como tal; el agujero que excava a través de la pared del higo es, a su propia escala, equivalente a un pozo de 30 metros. Los machos suelen ser ápteros, como los de las verdaderas avispas de los higos. Para rematar la historia, hay parásitos de segundo orden, avispas que acechan junto a una avispa tipo «equipo de perforación» a la espera de que termine su trabajo. Tan pronto como ésta retira su oviscapto, el hiperparásito introduce el suyo, más modesto, en el agujero e inserta su propio huevo."
Las diversas especies parásitas que viven a expensas de ellas participan, dentro del higo,  en complicados juegos de estrategia. Esto fue investigado W.D. Hamilton y lo describe en un párrafo+
 fascinante:
 «Se diría que su lucha es a la vez cruel y cautelosa; cobarde sería la palabra, solo que, si se piensa en ello, este calificativo parece injusto en una situación que sólo puede equipararse, en términos humanos, a una habitación oscurecida llena de personas que forcejean entre sí y entre las cuales, o bien acechando en alacenas y escondrijos que se abren por todos lados, hay una docena de maníacos homicidas armados con cuchillos. Un mordisco puede ser fatal. Un gran macho de Idarnes es capaz de cortar a otro por la mitad de un mordisco, pero con frecuencia una pequeña perforación en el cuerpo resulta letal. La parálisis que sigue con rapidez y regularidad a una pequeña herida sugiere el uso de algún veneno... Si del primer o segundo ataque recíproco no resulta una herida grave, uno de los machos, quizá herido por la pérdida de un pie o sintiéndose de alguna forma superado, se retira e intenta esconderse... Desde esta posición puede morder los pies del vencedor u otro macho que pase por ahí con mucho menos peligro... Una fructificación de un árbol grande de Ficus supone probablemente varios millones de muertes en combate».
Como podemos ver, una historia con elementos que la harían grandiosa: Belleza, lucha, pasión, sacrificio, muerte, amor... 

En mi casa de Cabanillas del Campo (población famosa por sus "secos" que son citados por C. J. Cela en su Viaje a la Alcarria, 2º parte) ha crecido,  tras la epopeya que culminó en su germinación, una pequeña higuera. Antes de proceder a trasplantarla y llevarla quizá 350 km. al norte, a  una pequeña huerta del valdaviés pueblo de Ayuela de Valdavia, he querido contar su historia. Una gran historia que transcurre en un pequeño jardín cercado. 

lunes, 25 de agosto de 2014

Grandes historias de cosas pequeñas-1: Como tú, piedra aventurera, como tú.


En la playa de Marbella, entre miríadas de piedras redondeadas y pulidas, apareciste tú, extraña piedra volcánica de contornos rebajados pero rugosa y áspera. Ya eras especial por aparecer, distinta, entre  los millones de guijarros de cuarcita en blanco, negro o gris; pero  eras además única  porque amalgamada entre tus burbujas llevabas diminutas conchas de una  playa remota. 
Hacía más de una hora que paseaba entre la barrera de piedras alisadas que el mar amontonaba en la orilla. Se hacía dificil andar con los pies descalzos entre aquellos cantos rodados con que jugaba el mar en un eterno revoltijo de canicas, balones y pelotas pétreas. Un poco más allá la arena seca y fina quemaba bajo el sol del mediodía. Pesaban en los bolsillos de mi bañador las piedras del diámetro de monedas y grosor de fichas que recogía para construir mi propio juego de damas.  Mis ojos intentaban reconocer patrones perfectos atendiendo al color, el tamaño y el grosor. Era un buen ejercicio de "brain training", pensaba.  La franja donde agonizaban las olas semejaba una piscina de bolas, o una inmensa caja de lacasitos virados al negro. El botín ya me pesaba en los bolsillos del bañador y tuve que atar fuertemente el cordón del pantalón para evitar un espectáculo nudista.
Entonces la encontré. Destacaba su textura de piedra pómez delatando su naturaleza volcánica. Sólo las burbujas de gases calientes que intentan escapar de la lava incandescente producen estas huecas estructuras globulares que hacen a la roca tan liviana. El color, el oscuro color que deja la lava y que tanto me impresionó en Tynanfaya, era inconfundible: tenía en mis manos un pedazo de lava solidificada rápidamente. Y pertenecía a la lengua de lava, que en avanzadilla, había penetrado la primera en la mar, como echando infantil carrera por llegar, acalorada, al frío océano. Allí correría sobre la arena y penetrando en el agua arrastraría consigo las conchas de las orillas fundiéndose con ellas en un abrazo rugiente de burbujas y hervores de frontera. Rápidamente enfriada por el mar, endurecida, pasó a formar parte de una sólida cornisa que lamieron las olas por años incontables. Cuando el mar progresó sobre el continente fue relegada a un fondo profundo durante siglos, pero  después regresó dejándola atrás expuesta  a la mirada sucesiva de millones de soles. Quizás formaste milenios después formaste parte de un profundo acantilado al que el mar, en labor de zapa milenaria, derribó arrastrando sus escombros de  muralla derribada. Golpeada, estrujada, hendida por eternas corrientes; fuiste partida, desmenuzada y arrastrada por ríos subacuáticos hacia costas lejanas. Quizás tu peso te hizo remontar sobre las pesadas cuarcitas viajando en primera clase por el Mediterráneo. ¿Cuánto espacio recorriste en este viaje de siglos? Quizás naciste en alguna isla mediterránea o acaso en alguna costa peninsular desgarrada de volcanes. ¡Hay tantos lugares donde se alivia la fricción de las placas continentales por estos lares!  La fuerza de gigante que fue capaz de levantar las enormes montañas de los Alpes bien pudo aliviar su hemorrágica presión en cualquier punto de la costa...
Me pregunto porqué tu destino de piedra extranjera te trajo a esta sitio. casi como yo, turista accidental en una playa de Marbella, lejos de mi hogar. Hoy te recojo, piedra pequeña, guijarro humilde, piedra aventurera como yo... 

domingo, 24 de agosto de 2014

Cuentos de muchas mentiras: Polillita - 11: Los muebles de la casa encantada.

 Capítulo 11: Los muebles de la casa encantada.


Volando, volando; Polillita llegó a una casa en las afueras de la ciudad. Era una casa solitaria y extraña. No parecía haber nadie así que entró decidida a pasar un rato en soledad. Estaba muy triste y se acordaba mucho de su mamá. Quería decirle que le quería aunque la hubiera castigado y, por su culpa, se hubiera convertido en una polilla en una rara ciudad. La casa estaba llena de alfombras  y terciopelos rojos. Los sillones eran de madera oscura y cuero. Grandes candelabros estaban apoyados en una mesa de nogal que brillaba de lisa y encerada. Como tenía mucho sueño aterrizó en la leve montaña que hacía el cuero de un sillón y se puso a pensar en cosas bonitas. Al cabo de media hora no había encontrado nada bonito en qué pensar: se acordaba de todas las cosas increíbles que le habían sucedido desde que se durmió y se convirtió en polilla y deseaba volver a ser una niña y poder jugar con sus amigas. 
En vez de dormir sólo consiguió ponerse más triste aún y comenzó a llorar y gemir suavemente. Sus lágrimas rodaban por sus ojillos de polilla y caían en gotitas chiquititas como las de un pulverizador sobre el cuero reseco. De pronto se oyó una voz que decía irritada: 
- ¿Quién moja mi vieja piel? ¿Se me va a cuartear y pudrir con el agua y quedaré desnudo como un bebé! ¿Quién eres tú insignificante insecto?
Polillita se asustó mucho y desplegó las alas para marcharse volando pero sus patitas se habían enganchado en una de las grietas del sillón y no hizo más que aletear y darse coscorrones. Entonces ocurrió algo maravilloso: los muebles de la casa, al oír el alboroto, empezaron a moverse y andar de un lado para otro buscando el causante de semejante alboroto. Las lámparas oteaban desde el techo y las alfombras miraban debajo de los armarios. Los espejos escrutaban con su gran ojo toda la habitación, las sillas corrían a cuatro patas buscando al culpable. Por fin habló el sillón en el que estaba muy asustada Polillita: 
- ¡He atrapado a una polilla intrusa: me quería comer todos los cueros y zamparse de postre las telas de la cortina. Debemos castigarla para que aprenda!
Polilita lloraba y gritaba pero su vocecita apenas se oía entre el tumulto de las sillas al correrse, las camas al arrastrarse, las lámparas al tintinear, los golpetazos de las puertas que se abrían y cerraban nerviosas... todos los muebles hacían ruido a la vez. Entonces se fijaron en ella, llorando tan asustada, y todos dejaron de hacer ruido. Un perchero se acercó muy despacio y le ayudó a sacar la patita atrapada en el cuero. Después le pidieron que les contara porqué estaba allí, en su casa, donde nadie tenía permiso para entrar. Polillita les contó llorando sus aventuras  en la ciudad de las cosas de mentira. A los muebles de la casa misteriosa les pareció verdad; no era la primera vez que venía algún visitante de la ciudad. Le explicaron entonces que se encontraba en la casa encantada donde todos los muebles eran mágicos y tenían el poder de sacarle de allí. Así le dijeron que los que entran a través de un espejo, podían salir atravesando el espejo encantado de la casa, los que llegaron al caerse de una silla volvían al mundo normal sentándose en una silla encantada y así en todos los demás casos.
Preguntaron a Polillita cómo habían llegado hasta allí y ella les contó que todo había empezado a complicarse cuando un día que le castigó su mamá se quedó dormida en la cama y se convirtió en polilla. 
Un sillón muy viejo que llevaba muchos años en la casa encantada carraspeó y le dijo: 
- Ya sé, Polillita, cómo puedes salir de aquí y volver a tu mundo. Tú llegaste hasta aquí desde la cama de tu cuarto, cuando te quedaste dormida; ahora te has de dormir enuna delas camas de la casa encantada y mañana despertarás en tu cuarto y será la niña de siempre. 
Una cama se ofreció enseguida a dejarla dormir sobre su suave lecho. La arrulló y cantó una mágica nana para dormirla. Los demás muebles bailaron en silencio de forma muy divertida para distraerla y hacerla hasta que el sueño venció su cuerpecillo cansado. 
-¡Vamos, holgazana! ¡Ya tienes el desayuno puesto y tienes que ir al colegio! -La voz de su mamá sonó detrás de la puerta. 
Polillita (perdón, ya no era una polilla), la niña se puso muy contenta y bajó corriendo las escaleras de su cuarto porque tenía mucha hambre.

FIN 

sábado, 23 de agosto de 2014

Cuentos de muchas mentiras: Polillita - 10: Hablando con el libro maltratado.

Capítulo 10: Hablando con el libro maltratado.

Polillita entró en la casa de un niño que se llamaba Ricardo. No sabía donde dormir así que se metió en su cartera del colegio. Cuando estaba casi dormida oyó un sollozo dentro de la cartera. Polillita preguntó: 
- ¿Quién llora?
- Soy yo, el libro Alféizar -contestó el libro de lectura mientras le corría una gruesa lágrima sobre la pasta toda despegada y rota-.
- ¿Por qué lloras? -preguntó Polillita apenada. 
-¿Por qué? -se quejó el libro- ¿Mira cómo me ha dejado ese niño! Tengo la tapa despegada y estoy como desnudo. Me muero de frío si mi tapa no me arropa bien. Además me han pintado de rotulador  y no me lo puedo borrar. Mis hojitas están húmedas y me entra reuma... ¡Y me dan cada golpe! Me tiran en la mesa y me duelen mucho los coscorrones, luego me echan en la cartera y me aprietan contra cuadernos todo sucios que están siempre pegados y con las hojas arrugadas. El otro día me tiró a un charco, ¡Fíjate: yo que no sé nadar y me deshago si me mojo!  ¡Cogí un costipado de aúpa! Estoy todo sucio porque soy de papel y no me puedo lavar. ¡Y eso que me sé más de ceinte cuentos, tengo dibujos muy bonitos y me sé enterita la canción "Ya se murió el burro"! ¡Pero no me quiere nadie! Solo el profesor me cuida y me tiene nuevecito. Muchos niños son unos desagradecidos y me hacen daño. 
Polillita entendió su tristeza y le dejó llorar porque sabía que lo que decía era cierto, la única verdad que había escuchado en la ciudad de las cosas de mentira.  

jueves, 21 de agosto de 2014

Cuentos de muchas mentiras: Polillita - 9: La fábrica de niños

Capitulo 9: La fábrica de niños


La fábrica de coches tenía un terreno al lado en el que estaban plantados miles de coches de juguete los que regaba un obrero con una manguera de gasolina para que se empaparan bien y crecieran gordos y lozanos. Cuando el árbol se hacía grande le colgaban los coches como si fuesen manzanas. Entonces venía una grúa que se los llevaba ponerles la matrícula para venderlos a la gente de la ciudad.
Los niños de la ciudad de las cosas de mentira eran fabricados en en la fábrica de niños que era algo distinta. Su producción era muy curiosa: en el centro de la fábrica había un horno muy grande con una caldea enorme llena de agua hirviendo. Unos señores traían melones y sandías que iban a ser las cabezas y las echaban en la olla. Después iban a por pepinos para las piernas y los brazos, higos para las orejas, aceitunas para los ojos, cabello de ángel para el pelo, berenjenas para la nariz... para los vestidos que llevarían echaban grandes hojas de lechuga y de acelgas. Por fin llamaban a la Bruja Ingeniera para que pronunciara las palabras mágicas:
"Abracadabra
olla macabra,
que salgan cien niños
cuando yo te abra"
Entonces destapaba la olla y salía un humo verde muy caliente. Después, corriendo y alborotando, cien niños que se marchaban corriendo al campo a dar volteretas de alegría; pero recibían un tirón de orejas si se acercaban a las vacas pues al estar hechos con tanta verdura las vacas se comían a todos los que se descuidaban un poco. Polillita se asustó pues se acordó en ese momento de cuando su tía Luisa le decía: "¡Pero qué niña más rica! Empezó a sentirse mal y dejó de visitar las fábricas de la ciudad. Voló en busca de la salida pues se empezaba a cansar de ser polilla. 

miércoles, 20 de agosto de 2014

Cuentos de muchas mentiras: Polillita -8: En las afueras de la ciudad.

Capítulo - 8: En las afueras de la ciudad.



En las afueras de la ciudad de las cosas de mentira estaban las fábricas de mentiras. Había una muy grande que decía: "Mentiras para engañar a los niños" y se veían muchos paquetes alineados. Polillita empezó a leer lo que tenían escrito aquellas cajas. Así se enteró de las mentiras más gordas que se dicen a los niños. Una caja ponía: "Niños que vienen de París". Luego siguió leyendo los otros letreros: "Niños que trae la cigüeña", "Cocos para comer niños", "Hombres del saco", "Brujas Pirulas asustadoras de niños malos", "Padres que siempre tienen la razón"... 
Había otra fábrica más pequeña y, en la entrada, un letrero que decía: "Mentiras para engañar a los papás". Producía muchas cajitas envueltas en papel y pintadas con plastidecor que tenían escritas, con bonita letra de caligrafía, cosas como estas: "Papá, prometo ser bueno", "Me porto muy bien", "Yo no he pegado a ningún niño"...
A Polillita no le gustó este asunto pues se acordaba que, antes de ser polilla, fue una niña algo mentirosa y había reconocido su letra en alguna de las cajitas. Levantó el vuelo y se fue a visitar otras fábricas que hacían las cosas que necesitaba aquella ciudad. 

martes, 19 de agosto de 2014

Palomares del Campo (poema)



¡Ay , Palomares del Campo,
yo sueño Campos de Mares!

Cercado de campos rojos,
salpicado de olivares,
adonde alcanzan mis ojos:
sólo almendros y encinares.

Girasoles y trigales,
pedernales, espejuelo,
duro y seco está tu suelo
con tan pocos manantiales.

¡Los campos de Palomares, 
siendo tierra son altares!

Ara en el campo un tractor,
rastrilla la cosechadora,
a lo lejos un pastor
va a la tenada a esta hora.

En tu campo, tan sencillo, 
se pintan las estaciones: 
en  verano de amarillo
y en invierno con marrones.

¡Ay, campos de Palomares, 
campos blancos y lunares! 

A espaldas del Montecillo
encinares y quejigos,
campos llanos, sin abrigos,
tirando a Torrejoncillo.

Carretera de la Torre,
camino de las mañanas,
ni se para ni se corre
que se camina con ganas.

¡Ay, mi pueblo, Palomares, 
el mejor de los lugares! 

Agua salobre en el pozo
agua corriente el Cigüela;
la del trasvase, que vuela,
agua buena que es mi gozo.

El reino del espejuelo,
del agua dura y la cal;
el mar estuvo en tu suelo
dejando sólo la sal.

¡Ay Palomares del Campo:
todo son campos sin mares!

Si te visito en agosto
la violenta luz del cielo
se estrella dura en mi rostro;
bajo los ojos al suelo.

Y en diciembre los cristales,
agudas lanzas de hielo,
los miro con el consuelo
de estar tras los ventanales.

¡Palomares, Palomares, 
tus inviernos son glaciares!

Iglesia que es catedral
con museo y sacristía
casa de Dios Señorial,
hogar de la Cofradía.

La Virgen de la Cabeza
Santo Cristo de la Paz:
siempre hay gente que les reza
esa es la pura verdad.

¡La Virgen en procesión 
 es fiesta y es devoción! 

Palpartas al desayuno,
en la comida unas gachas
que no haya dieta ni ayuno: 
¡deja que coma, muchacha! 

Borrachos y caldereta,
zarajos, chorizo frito, 
Todo sabe a Dios bendito
y de novicia a la teta. 

¡Come y bebe en Palomares;
entra sin miedo en sus bares!

Las gentes de Palomares
en la calle que es de todos
saludan a familiares
los paran de cualquier modo.

Alegría desmedida
para ocultar los pesares,
las penas, las despedidas,
los crueles despertares.

¡Las gentes de Palomares, 
todas gentes familiares!

Gente en la plaza, en los bares,
en la iglesia atiborrada,
en la ofrenda alborotada,
en tus bailes populares.

Danzantes y gitanillas
galopeos en las calles
Las peñas y las vaquillas...
¡no te cortes ni te calles!

¡Las fiestas de Palomares
son fiestas muy  populares!

En la larga pasarela
de la calle los paisanos
se llaman, se dan la mano,
se besa a la parentela.

Trayectos interminables:
que no puedes dar dos pasos
sin que te paren, te hablen,
o te estrechen en sus brazos.

Que ofrendas y procesiones
¡terminan en los mesones!

Danzantes y gitanillas,
galopeos y verbenas;
alajú, pastas, rosquillas,
y vino contra las penas.

Con el vino y la cerveza
se llenan todos los bares;
si se pierde la cabeza
desafinan los cantares:

¡Lo dicen en Palomares: 
cuatro huevos son dos pares!

Así se despide la gente,
amigos y familiares:
¡Que para el año siguiente
nos vemos en Palomares!

Cuentos de muchas mentiras: Polillita - 7: Juan Mentiroso

Capítulo 7: Juan Mentiroso


Andando por el parque Polillita se encontró con Juan Mentiroso. Era éste un hombrecillo pequeño y encorvado que siempre estaba contando mentiras a los niños.

Juan Mentiroso estaba hablando en esos momentos de sus años jóvenes cuando era un mozo robusto y rompía las piedras a puñetazos; de aquellos tiempos en que las vacas eran tan ágiles que saltaban por encima de la luna y las estrellas estaban tan cerca que cada hombre del pueblo cogía una para ponerla de lámpara en la mesilla.

- "Antes los charcos no estaban pegados al suelo -decía Juan Mentiroso- sino que uno iba andando por la calle y, a veces, se chocaba con alguno apoyado en una pared; entonces se te caía encima y te mojaba enterito. Aún me acuerdo de cuando no llovía para abajo, sino que el agua se despegaba del suelo y subía derecha a la nube. Cuando paseabas por la calle el agua se te subía metiéndose por debajo del pantalón y te mojaba la barriga..."
-"En aquellos tiempos -decía- el viento era de colores: si hacía frío era azul y blanco y te arañaba la piel como espinitas de hielo; si hacía calor era de color rojo brillante, olía a chamusquina y te rizaba el pelo como un secador;  si era templado y húmedo tenía color verde y al aspirarlo por la boca sabía a menta... Lo peor era el viento de la noche, era negro y mordía en la nuca como los lobos."
- "En mi tiempo -continuaba mintiendo Juan- las nubes estaban hechas de bandadas de palomas y cuando peleaban entre sí nevaba. Pero nevaba con copos de plumas blancas y suaves que estaban calentitas y hacían cosquillas en la nariz mientras caían muy despacio. Cuando había mucha nieve de plumas los niños se acostaban en el jardín y soñaban con ángeles blancos..."

Juan Mentiroso se había callado con los ojos cerrados soñando con las maravillosas mentiras que él mismo contaba.

- ¡Jo, qué mentira. Yo no me lo creo! - exclamó un niño mayor.

- ¡Sí, es mentira. Pero es muy bonito y a mí me gustaría que fuera verdad! - replicó el niño más pequeño.

Polillita estuvo de acuerdo y se alejó de allí pensando que los niños no se deberían reír de las mentiras bonitas.

lunes, 18 de agosto de 2014

Cuentos de muchas mentiras: Polillita - 6: Por la noche

Capítulo 6: Por la noche. 


La cabina de teléfono estaba en una esquina bajo la luz de una farola. Polillita descolgó el auricular e hizo una llamada al 003, información, para preguntar cómo se podía salir de la ciudad de las cosas de mentira. Se oyó un zumbido y, haciendo cosquillas en el oído, salió volando un mosquito  que le saludó militarmente y le dijo: 
- ¡A sus órdenes! 
Cuando Polillita hubo formulado la pregunta,e ste se metió volando por el cable y buscó el camino del 003. Poco después volvió con la respuesta: 
- Me han dicho que sólo puedes salir utilizando los muebles que están en la casa encantada. -Y le extendió un diminuto recibo con la factura de un euro que era lo que cobraban por la llamada. 
Polillita se quedó asombrada porque no pensaba que los teléfonos funcionaran así, pero ya se estaba acostumbrando a que en esta ciudad todo funcionara de forma muy rara. Estando en esto pasó el dragón de la basura que hacía un ruido horrible con su barriga gris y olía a desperdicios y chamusquina. Echaba por las narices y las orejas un humo negro procedente de las bolsas de basura que ´ql se encargaba de comer y que quemaba con en el estómago con grandes llamaradas. 
Poco después pasó un hombre muy sospechoso a todo correr que llevaba un saco de billetes de banco en las manos. Unos policías le perseguían. Le alcanzaron muy cerca de donde estaba Polillita y se pusieron enseguida a felicitarle y darle la enhorabuena por robar tan bien. Aplaudieron y le colocaron una medalla en la solapa por ser capaz de desvalijar tanto dinero y dejar a tantas personas en la ruina. Luego se fueron a celebrarlo con una buena cena  porque no todos los días se encontraban los policías con ladrones tan malos que robaran tan bien.  


domingo, 17 de agosto de 2014

Cuentos de muchas mentiras: Polillita - 5: En la playa

Capítulo 5: En la playa.
Paseando por la playa Polillita se fijó en una caña de pescar que estaba medio sumergida en el agua de la que colgaba un hilo desde su extrema hasta la arena. Al final del hilo estaba suspendido un anzuelo que tenía enganchado un bocadillo de jamón. Polillita se acercó con cuidado y vio que debajo del agua había un horrible pulpo manejando la caña y tratando de pescar algún niño gordito que picar y cogiera el bocadillo para comérselo.
- ¡Sí que es raro este sitio! -pensó.
Pero no pudo pensar más porque oyó unas voces de auxilio que venían de mar adentro. Cuando miró hacia donde procedían vio un gran tiburón que se dirigía hacia ella. Se asustó mucho pero el tiburón le gritaba: - ¡Auxilio! ¡Socorro! ¡Una sardina me quiere comer! Entonces apareció la sardinita con cara de pocos amigos que le propinó un mordisco en la cola que le hizo huir a todo nadar.
Polillita se alejó también de allí. Se fue a dar una vuelta mar adentro y en ese instante empezó a llover.Todos los peces abrieron sus paraguas y fueron a refugiarse debajo de las piedras y las algas. Luego salió un sol tan radiante que todos cogieron la toalla y el bronceador, se pusieron las gafas de sol y nadaron hasta la playa para ponerse morenos. Mamá boquerón dio cinco conchas a su hija boqueroncita para que comprara helados en la caseta de la playa para toda la familia.
Mientras tanto, el pulpo, jugaba al fútbol contra un calamar con una hermosa perla blanca como balón. Como cada pulpo tenía ocho tentáculos jugaban a fútbol sala y cada uno era un equipo completo, pero tenían un lío terrible con los tentáculos y estaban todos enzarzados:
- ¡Ha sido falta! - decía el tentáculo delantero izquierdo.
- ¡No, es penalti de tu tentáculo portero! - decía otro.
En ese momento se acercó el cangrejo de mar que era el árbitro porque sabía seguir las jugadas corriendo para atrás y pitó el final del partido. Los mejillones y berberechos, que eran los espectadores, aplaudieron con sus conchas dando fuertes palmadas.
Se estaba haciendo de noche y las estrellas de mar comenzaron a encenderse. Los peces linterna se pusieron de semáforos porque de regreso al fondo del mar había mucha caravana y los caballitos de mar eran muy locos conduciendo por las corrientes de agua. Aquella noche los calamares que eran los gendarmes del mar y llevaban montada una sirena encima ululando para abrirse paso se hartaron de ponerles multas y hacerles soplar en los caracolímetros.

sábado, 16 de agosto de 2014

Cuentos de muchas mentiras: Polillita - 4: La batalla de las flores

Capítulo 4: La batalla de las flores.


En un jardín, balanceándose en lo alto de un tallo de hierba, estaba Polillita durmiendo la siesta cuando sintió un golpe en la cabeza. Enseguida se dio cuenta de que alguien escondido en el jardín le había arrojado una piedrecita. Miró atentamene entre las ramas pero no vio a nadie volvió a apoyar las patas en el tallo para seguir durmiendo. Entonces comenzaron a caer a su alrededor numerosas piedrecillas, ramitas e incluso alguna espina puntiaguda... Además empezaron a oirse vocecillas delicadas que proferían insultos y amenazas. Entonces abrió bien los ojos y contempló algo increíble: Los claveles del jardín estaban en guerra con las rosas por una cuestión de soberanía y luchaban unas contra otras. Los claveles azotaban con sus tallos impulsándose con el viento y las rosas los pinchaban con sus espinas. El suelo estaba cubierto de  pétalos arrancados de rosas y claveles y los tallos heridos sangraban con sangre verde como sangran las plantas. Los claveles rojos eran la artillería y disparaban piedras como pequeñas catapultas; primero se doblaban hasta el suelo,  luego cogían una piedrecilla entre sus pétalos y, poniéndose de pie bruscamente, soltaban el proyectil. habían deshojado muchas rosas por este procedimiento y las rosas blancas, que eran las enfermeras, no paraban de vendar con sus pétalos blancos todas las heridas. Pero las rosas rojas clavaban sus espinas en los tallos de los claveles y estos se ponían mustios, se doblaban penosamente y caían al suelo. 
La batalla era terrible y el hermoso jardín estaba quedando feísimo pues ya quedaban muy pocas flores bonitas; casi todas estaban rotas o deshojadas. El enorme castaño plantado en medio del jardín, que era muy viejo y pensaba mucho, estaba harto de tanto grito y tanta guerra de unas flores tan tontas así que estremeció sus ramas y tronó con voz muy fuerte:
- ¡Ya está bien de tonterías! ¡No me dejáis pensar a gusto y tengo un dolor insoportable de ramas de la copa! ¿No os dais cuenta, tontas, de que solo conseguís haceros daño? ¿Os ordeno que hagáis las paces inmediatamente!
Y dicho esto agitó su tronco fuertemente y envió como castigo una lluvia de castañas sobre las flores que se llenaron de dolorosos chichones. Pero al final todas se callaron y respetaron la paz por la cuenta que les traía.
Polillita se alejó volando pensando que todos estaban locos y que lo mejor sería ir a darse un baño a la playa para despejarse.