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lunes, 17 de abril de 2017

Nuevos blogs

Este blog ha cerrado.

Seguiré publicando artículos en nuevas bitácoras de temática más especializada:

Destejiendo el arco iris (divulgación  científica con un toque personal) 

El escritor en su guarida (opinión  y reflexiones personales)

Poesía (mis ocasionales poemas)

Fotografía (ensayos y errores en el mundo de la imagen)

martes, 28 de febrero de 2017

Almendros en flor


Un ramito de flores de almendro he regalado a cada alumna. Uno también para las profesoras. Era un detalle con retraso pues el 14 de febrero, San Valentín, los almendros solo ofrecían diminutos botones florales, pequeños paquetitos de cinco pétalos plegados, que no se atrevían a asomar aún, asustados quizá por el frío de la primera semana de febrero.

La flor del almendro, la gota de nieve, viste las ramas del árbol anunciando con sus copos florales la primavera. Es el milagro de las flores precediendo a las hojas, del vestido blanco que dará paso al verde en la cercana primavera. Maravilla contemplar esta petalosa nevada cubriendo las ramas desnudas apenas una semana antes.

El almendro, árbol del amor, es el protagonista de historias muy hermosas. Rara es la cultura que no cuente la historia de una hermosa reina, nacida en lejanas y frías tierras, que añora nostálgica sus montañas nevadas. Y siempre hay algún solícito rey que decide sembrar los campos de miles de almendros que, en una hermosa mañana de febrero, regalarán a su amada el virginal espectáculo de la nieve en flor.


En el lejano oriente las almas sensibles de artistas, de pintores y poetas, no podían sustraerse de reflejar la belleza de los almendros en flor. En los cuadros, en los haikus, con el Fujiyama al fondo, en el delicado jardín japonés... las estampas de almendros florecidos son irrenunciables en sus composiciones. 

Incluso en el los textos sagrados de la Biblia, en el Éxodo, se describe el candelabro sagrado aludiendo a la forma de la flor del almendro. 

Y no solo por sus colores sino por su olor dulce y fragante, por su incontable florescencia, por su forma delicada y efímera, por su bella simetría, por la facilidad con que sus pétalos se desprenden como leves mariposas blancas, por su tacto fresco y húmedo, por su amistad con el rocío... eres mi flor preferida: representas la victoria de la humildad multiplicada, de la potencia de la sencillez, eres el triunfo de las pequeñas cosas bellas.

lunes, 27 de febrero de 2017

Caraca, la ciudad perdida de los carpetanos.


Letrero anunciando el asentamiento de la población carpetana de Caraca
en las cercanías de Tiemes. 

Expurgo el blog. Limpio los borradores apenas esbozados. Completo las entradas dejadas a medias. Ahora, al repasar la lista de tareas pendientes, me encuentro con un proyecto de artículo sobre Caraca, uno de los más importantes asentamientos carpetanos, pueblo celtíbero que habitó el centro de la Península Ibérica desde su llegada, en el s. VI a.C. hasta su integración con la Hispania Romana. El proyecto me rondaba en la cabeza desde que, por motivos laborales, pasaba a diario por la N-III y a la altura del río Tajuña veía los cortados yesíferos horadados por aquellas tribus en sus paredes. Había visitado el lugar y subido hasta las cuevas, tomé fotos, reuní documentación... pero una noticia surgida en los últimos días ha modificado sustancialmente el contenido de mi entrada. Reunamos  primero algunos datos, para entender el asunto. 

La Carpetania se extendía sobre la práctica totalidad de las provincias de Madrid y Toledo y la mitad este de las provincias de Guadalajara y Cuenca. Sus vecinos en los cuatro puntos cardinales y en el sentido de las agujas del reloj eran los Vacceos  (al norte) y sucesivamente los olcades y celtíberos, los oretanos y los Vettones. Uno de sus núcleos urbanos más importantes era Caraca, cuya ubicación exacta se desconoce con precisión aunque se ha postulado que estaba situada en la actual Guadalajara, en Carabaña o en Driebes (Guadalajara). Esta es la referencia que debemos a Plutarco sobre la misma:

"Un pueblo situado más allá del río Tagonio, que no se compone de casas, como las ciudades o aldeas, sino que, en un monte de bastante extensión y altura, hay muchas cuevas y cavidades de rocas que miran al norte. El país que la circunda produce un barro arcilloso y una tierra muy deleznable por su finura, incapaz de sostener a los que andan por ella, y que con tocarla ligeramente se deshace como la cal o la ceniza. Era, por tanto, imposible tomar por fuerza a estos bárbaros, porque cuando temían ser perseguidos se retiraban con las presas que habían hecho a sus cuevas, y de allí no se movían."
(Plutarco sobre el asedio dirigido por Sertorio a sus habitantes, los caracitanos)
Viviendas troglodíticas en las cercanías de Tielmes, donde
 se suponía situado 
el poblado carpetano de Caraca. 

Su ubicación en Guadalajara (desde el s. XVI cuando se identificó -erróneamente- el río Tagonio con el Henares, originó el gentilicio "caracense" para sus habitantes) y actualmente es una teoría descartada. Posteriormente se identificó el río Tagonio con el Tajuña y  Caraca con Carabaña. Al fin y al cabo, en la vecina localidad de Tielmes existen cuevas dentro de la deleznable roca yesífera documentadas como asentamiento antiguo. El cartel que encabeza el artículo corresponde a una fotografía tomada en la base del cortado (junto al río Tajuña) de aquellas viviendas troglodíticas que dieron pie a suponer allí su ubicación.
Foto tomada desde una de las cuevas trogloditas de Tielmes.
La nueva situación de Caraca 
se sitúa ahora al otro lado
de la cuenca que vemos del del Tajuña en la cuenca del Tajo. 

En 1945 un descubrimiento casual relacionó su situación a un nuevo posible emplazamiento: durante la construcción del Canal de Extremera, apareció el "tesorillo de Driebes" (13,8 kg de piezas de plata datados en el s. III a.C.). En base a este hallazgo y a las noticias de frecuentes afloramientos de materiales constructivos en término municipal llamado "Cerro de la Virgen de la Muela", el año 1981, Jorge Sánchez-Lafuente Pérez realiza prospecciones en el mismo llegando a la conclusión de que podría identificarse con Caraca. A finales de 2016, una nueva prospección con georradar (en una exploración tan barata que apenas costó 6000 euros) confirmó la importancia del yacimiento.

En estos días, periódicos de ámbito regional y nacional, se hacen eco de los resultados de icho exploración y publican la noticia del descubrimiento de la auténtica Caraca en Driebes, a dos kilómetros de las urbanizaciones próximas a Estremera de El Soto y Río Llano, Tajo arriba.  

La situación del poblado me llamó la atención. No hace mucho pasé con la bici acompañado de dos sobrinos por el el tramo del Camino de Uclés, que va desde Estremera a Barajas de Melo y pasa a escasos kilómetros del asentamiento. Ya desde ahora mismo me propongo visitar la zona en mi próxima peregrinación. Y hablando de caminos, hay que destacar que según los itinerarios romanos Caraca, que hasta ahora se creía que podría corresponder a la cercana Carabaña, estaba a medio camino entre Alcalá y Carthago Nova (Cartagena) pasando por Segóbriga; hecho este que cumple el nuevo emplazamiento propuesto. El recinto se sitúa en el llamado Cero de La Muela y limita al norte por un cerro y al sur con el Tajo que describe una curva en su base mientras que a ambos lados le rodean dos torrentes. Las dimensiones estimadas están entre 10 y 12 hectáreas (solo se ha sondeado una). Ya se tiene localizado el cardo y decumano (las dos calles principales) y un posible mercado. El urbanismo observado es el propio de una ciudad romana y se aprecian bien, además de lo citado, un foro porticado y las termas. Es llamativa la presencia 112 m. encontrados de un acueducto hormigonado (con "opus caementicium", el hormigón romano). El acueducto, similar al de Segóbriga, podría llegar a medir tres kilómetros y tener su cabecera en el manantial de Lucos, en Driebes. Al parecer la ciudad llegó a tener una población de unas 2000 personas.

Plano en 3D del Cerro de La Muela y parcela estudiada con el georradar (en rojo).

Los labradores propietarios del lugar allá por el año 79, siempre han encontrado dificultades al labrar en este paraje: "Era tierra muy mala, llena de vasijas y pedruscos. Empezamos a arar con vertederas y salían unos adoquines como esta mesa. Los teníamos que tirar por los costados del cerro para poder trabajar. Después ya decidimos meter el cultivador, que entra a menos profundidad". Los terrenos, dedicados al cultivo de la cebada, acababan siempre revendidos y los nuevos dueños maldiciendo la mala compra que habían realizado pues la aparición de piedras dificultaba enormemente el cultivo: "Yo me acuerdo como volvían maldiciendo cada vez que se encontraban un pedrusco gordo. No les hacía ninguna gracia porque tenían que moverlo”. En alguna ocasión podían aprovechar alguna de las piezas como algunas columnas que pasaron a adornar edificios de la localidad. Los sillares eran arrastrados hacia la ladera del monte y arrojados allí. Entre los restos aparecían también estucos, trozos de vasija (algunos de cerámica noble como era la "terra sigilata")  y mosaicos. En ocasiones se encontraban algunos núcleos de escoria de hierro procedente de antiguas fundiciones. 

Según el estudio arqueológico, los restos estructurales de la ciudad empiezan a aparecer a menos de 40 centímetros bajo la superficie y los resultados de la prospección geotécnica hacen presagiar, además, un magnífico estado de conservación. Se espera iniciar una segunda fase de exploración para confirmar los hallazgos del georradar y, en seis meses, recuperar la zona para convertirla en un yacimiento visitable. Para la siguiente fase hará falta bastante más dinero y todavía no está claro que vaya a conseguirse, a pesar de las expectativas que se han levantado. Mientras tanto la zona se ha dotado de vigilancia a cargo de la Guardia Civil y el Seprona para evitar la rapiña de los cazadores de tesoros. Ya hay precedentes de depredación arqueológica pues durante muchos años venía aquí gente con detectores de metales: "Alguno hubo que encontró un casco de romano, le dieron un millón y se compró un Lada Niva”, comenta un lugareño. Los mayores del pueblo hablan de la existencia de una cueva bajo el cerro, hoy hundida, por la que se accedía a galerías en forma de casas, lo que coincide con la descripción que hace Plutarco de la ciudad. También se produjo una pequeña "fiebre del tesoro", con su campamento de buscadores y todo,  al localizarse en 1945 el Tesorillo de Driebes. También los habitantes del lugar rebuscaron a menudo por la zona y, se asegura, que algunos tienen en sus casas piezas de valor que están dispuestos a donar para su exposición si esto redunda en beneficio de la localidad. La actitud de la gente del pueblo ha cambiado considerablemente pues al principio existía cierta desconfianza ante las idas y venidas de los jóvenes arqueólogos. El equipo multidisciplinar que ha llevado a cabo el trabajo (arqueólogos, físicos y matemáticos) se muestra pudoroso con su descubrimiento y sus miembros piden no ser fotografiados. 

Según los estudios de los expertos en Caraca se vivía del esparto y la minería. Es posible que se explotara también el lapis como en Segóbriga. La ciudad pudo quedar despoblada hacia el s. II d.C. debido por problemas económicos pues no hay indicios de saqueo violento o batallas alrededor. 

Los investigadores suponen que existe aún una segunda Caraca en el valle del Henares y ven probable su situación en la Muela de Alarilla, al lado del Henares y próxima a la ciudad de Guadalajara. Esta sería, según ellos, "la que fue asaltada en la guerra de Sertorio mediante una estratagema descrita por Plutarco".


NOTA: En Ser Guadalajara se puede escuchar una entrevista con uno de los directores de la investigación, Emilio Gamo.

Se quiere presentar públicamente el hallazgo en un acto que se celebrará en el Palacio del Infantado de Guadalajara el próximo 8 de marzo a las 19.30 horas, dentro de un ciclo sobre trabajos arqueológicos en la provincia. En esa conferencia, presentarán el plano de la ciudad.

martes, 14 de febrero de 2017

A un San Valentín desconocido



Hubo un tiempo en que un emperador romano quiso prohibir el amor. Claudio II, "El Gótico", lo prohibió a sus soldados pues pensaba que resultaba incompatible con la carrera de las armas; así pues, estaba vedado a los soldados el casarse. Según cuenta la leyenda un médico-sacerdote romano, llamado Valentín, se atrevió a contravenir la orden y se dedicó a casar a los jóvenes soldados a escondidas. Terminó pagando su osadía con la vida. Justamente fue decapitado el día 14 de febrero del año 270 DC tras sufrir una severa paliza y ser apedreado. Este santo legendario fue retirado del calendario ante la sospecha de que su historia obedeciera, en realidad, a una leyenda que adaptara el origen pagano de arraigadas fiestas ancestrales celebradas en estas fechas desde la remota antigüedad: están documentadas estas celebraciones en la antigua Sumeria hace más de 5000 años, las fiestas en honor a Apis, en Egipto; las bacanales bajo el auspicio del dios Baco, en Roma; o las famosas lupercalias romanas. Estas tradiciones milenarias estaban tan firmemente enraizadas en la cultura popular que la Iglesia Cristiana solo pudo contemporizar con ellas asimilándolas a sus propios ritos y relajando la observancia de las normas religiosas so pena de rebelión irreprimible de sus fieles.

Hechos asombrosos concurren en esta fecha: se cuenta que en este día florecen los almendros y los pájaros empiezan su rito de apareamiento. Desde hace muchos siglos (está documentado desde antes del año 1400) los amantes se intercambian tarjetas con mensajes emotivos y cariñosos. En muchos países europeos existen costumbres curiosas para este día: en Italia algunas mujeres solteras se levantan antes de amanecer en el día de San Valentín y se ponen frente a la ventana esperando a que un hombre pase; piensan que el primer hombre que vean se casará con ellas. En Dinamarca la gente envía a sus amistades flores blancas prensadas llamadas “gotas de nieve”. Los niños ingleses cantan canciones especiales para la ocasión y reciben regalos. En el francés normando la palabra “galantine” suena como “valentín” y significa: gallardo o amante...

Este santo tan popular, adoptado con entusiasmo por todos los amantes corazones, ha tenido que multiplicarse en la historia para poder satisfacer tanta fidelidad. Existen Valentines en muchos lugares: el citado médico romano de la época de Claudio II en Roma, el Obispo de la ciudad italiana de Termi en el s. XII, un obispo enterrado en Mais, en el Tirol italiano; un San Valentín en Hamme, Bélgica, fue extraído también de las catacumbas de Vía Flaminia y donado por Gregorio XV; hay otro, cuyo cuerpo se conserva en Baga, Asturias y la cabeza de ese mismo en Toro; uno más en Annency además del de Socuéllamos, en Albacete, que fue extraído del cementerio de San Calixto... Por otro lado, el segundo Domingo de Pascua, los jesuitas de Gante veneran a un San Valentín extraído de las catacumbas de San Ciriaco. En Volsberg, Austria, se expone un hueso del santo y la cabeza de otro se venera en Gemmeti, Francia. A estos hay que añadir el que se expone en la iglesia de san Antón, de Madrid (PP. Escolapios) en la calle Hortaleza, que tienen un corposanto con los huesos de otro San Valentín. La lista no se acaba ahí; a estos hay que añadir que el martirologio pseudo-jeroniminiano menciona aparte de estos San Valentines, a otro más, también celebrado el 14 de febrero: “en África, San Valentín y 24 soldados, mártires”, de los que nada se sabe...


Por si fueran pocos, además de todos estos valentines citados, tenemos uno en Molina de Aragón (Guadalajara) ¡Y con todos sus papeles en regla!. Lo encontré en el oscuro rincón de una de sus iglesias durante una visita a la localidad. Ante su urna de cristal se amontonaban cientos de valentines portadores de votos y promesas de amor. Delante de la caja acristalada de las reliquias, no podía creer que se tratara de un auténtico San Valentín ("será una copia", -pensé-), pero, tras documentarme, me sorprendí al encontrar información muy concreta sobre estos restos. El cuerpo fue examinado por un comité encargado al efecto el día 13 de julio de 1850 y se certifica (hasta donde era posible certificar algo) la autenticidad de la reliquia.

Lo cuentan Ángel Ruiz Clavo y Santiago Azpicueta Ruiz en su obra Reseña histórica del cuerpo de San Valentín Mártir donado por la marquesa de Villel a Molina de Aragón, editado en 2011:
"... El hecho, que se describe paso a paso, comenzó el día 29 de octubre de 1849, cuando don Juan Antonio de Fillaver y Taberner, VII marqués de Villel, comunica al cabildo de curas y beneficiados de Molina, la noticia de que su madre había legado a dicha corporación el cuerpo de san Valentín, y que lo pondría a su disposición en Valencia o en Zaragoza -preferentemente en esta última ciudad-, noticia que los molineses acogen con el natural agradecimiento hacia sus benefactores... 
...A primeros de enero de 1850 se recibe en Molina una copia de la Auténtica, además de otras noticias llegadas directamente de Roma. El marqués propone al cabildo, y éste acepta, el mes de abril próximo como fecha para el traslado del cuerpo a Molina, en cuya parroquia de Santa María del Conde debía ser depositado...
... Se establece la diferencia entre los diversos “san Valentines” existentes, siendo el que se trata en el libro, conservado en Molina, el “Valentín adolescens o el joven”, ya que debía contar de 17 a 30 años en el momento de su martirio...


Reconforta tener un San Valentín tan cerca de casa. Notario de promesas de amor, de emotivos valentines, tan falsos quizás como las reliquias multiplicadas y, en todo caso efímeros como los cuerpos mortales aunque santificados; nuestro santo particular velará por los afectos hostigados por el paso del tiempo. Y, sin embargo, me rindo a impulsos ancestrales y deposito un breve mensaje de amor: sobre una humilde hoja arrancada de mi libreta, dibujo un tosco corazón y escribo unas palabras de amor dedicadas a quién yo más quiero.

lunes, 6 de febrero de 2017

Diario de a bordo. 6 de febrero de 2017


Es lunes. La semana comienza. Me levanto con una leve fiebre. En la tarde de ayer celebración de aniversarios: cuñado y sobrino concentrados en una tarde de domingo. Alguna ausencia, alguna tardanza. Los adolescentes: móvil y pizza en una esquina de la mesa y después en la cocina; los niños juegos en la habitación del más pequeño. En el salón las conversaciones por zonas. La mesa lateral para los hombres, la central con los sofás para las mujeres. Comienzo pronto a picotear: había hambre; Un plato combinado en el Corte Inglés nunca me resulta saciante.

Fútbol, el 90% del tiempo. Hace mucho que me desentendí del tema. Creo que no he visto un partido desde hace más de dos años. A veces, me siento un florero en medio de la conversación. Terminé consultando el móvil, como uno de los jóvenes bachilleres. Tengo al lado a Pedro, un guardia civil. Se me ocurre consultarle por el misterioso número del final de la segunda fila impresa en la cara posterior de la tarjeta. ¿Realmente indica el número de personas que se llaman como yo? Seríamos cuatro Jesús Marcial... ¿Llega a ser probable esta coincidencia? Consulto a mi cuñado José Ángel... el suyo marca 1. Podría ser. Intento certificarlo en la web. Parece cierto (no lo aseguran del todo).

El programa servidor de noticias me va pasando titulares... Me quedo con uno para profundizar en casa: Parece que Pedro Almodóvar, el director de Julieta, acude a los Goyas (el próximo año dirigirá el Festival de Cannes) y apenas se hace notar: ya no es el catalizador de todas las movidas. Le veo al poco en TV: nada recuerda su aspecto rompedor de los sesenta  Luce una cuidada barba blanca y arreglado peinado . Traje formal. Presenta un aspecto venerable, casi sacerdotal entre sus admiradoras. Sobrevuelo el texto de una entrevista que le hacen. Me quedo con una palabra: "Tinnitus"... Profundizo. ¡Sí, padece tinnitus! Me lanzo a leer. Con piadosa solidaridad me visto con su piel, esa piel nueva que muda ahora.  Le escucho reflexionar sobre su reciente aislamiento, su deseo de permanecer en casa tranquilo, leyendo, corrigiendo... Su voluntad de dedicarse a seguir filmando, pero su resistencia a las fiestas, las salidas, la vida social... Su fidelidad a los amigos pero su renuncia a resultar un engorro... Sí, el tinnitus... reconozco sus efectos. Habla del sueño, del sueño insatisfecho: yo tengo un máster en la materia. Habla, no mucho, de su vida actual. Parece que una fina y persistente lluvia hubiera apagado las chispas de una hoguera de creatividad e ingenio. Quizás las próximas películas serán como brasas incandescentes, pero sin llama.

Siento una extraña pena. Jamás hubiera imaginado que esta lotería que al final nos toca a todos, le premiara con esta amargura temprana. No oír bien, no ser capaz de escuchar ya jamás el silencio es una burlona condena del destino a quién era el alma de la fiesta hace años. Retirarse de la batalla social vencido, derrotado por la gota malaya que le tortura. Febrero nos trae nuevas insospechadas, la verdad.

Y, después, para distraerme de este repetido pesar (el mío, lo controlo ya más o menos, a estas alturas) me dedico a leer, cómo si de un cómic se tratara, las pueriles aventuras del villano actual: las increíbles andanzas teewteras y maldades de Donad Trump. Y sonrío de nuevo. Después una nube de sospecha e incertidumbre pasa ante mis ojos... ¡Puede que esto también acabe en tragedia!

miércoles, 25 de enero de 2017

Dicho de otra manera, para que no me entiendas...

Hoy te sorprendo, amigo lector, con algunas frases en lenguaje culto que posiblemente conozcas. Un recordatorio de que lo exageradamente académico al igual que lo inculto, pueden rayar en lo ridículo.
Pero su lectura resulta no solo divertida sino, más aún lúdica, regocijante, jocosa, esparcida y hasta burlesca. Y ya hemos empezado.


1. Quién con infantes pernocta, excrementado alborea.
(Quién con niños se acuesta, meao se levanta)



2. a) El que anhele teleósteos que ese hidrolice el ano. 
b) Quien anhele semimovimentes acuáticos, que se inunde los glúteos
(El que quiera peces que se moje el culo)



3. El globo oftálmico del poseedor, torna obeso el bruto equino
(El ojo del amo, engorda el caballo)


4. Relátame con quién deambulas y te manifestaré tu idiosincrasia
(Dime con quién andas y te diré quién eres)



5. El rumiante cérvido propende al accidente orográfico 
(La cabra tira al monte)





6. No existe adversidad que por sinecura no se trueque 
(No hay mal, que por bien no venga).


7. a) Más vale plumífero volador en fosa metacarpiana, que segunda potencia de diez pululando por el  espacio.
b) Más valor intrínseco representa un volátil fugaz que un centenar de sus congéneres surcando los angostos caminos del espacio sideral. 
c) Mas vale gracejo volátil en cavidad metacarpiana, que diez elevado a la segunda potencia de sus congéneres agitando sus extremidades superiores en el espacio infinito.
(Más vale pájaro en mano, que ciento volando.)




8. Crustáceo decápodo que pierde su estado de vigilia, es arrastrado por el ímpetu marino 
(Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente)




9. a) A equino objeto de un obsequio, no se le aquilatan las piezas odontoplásticas 
b) A equino graciosamente transferido, no le periscopees el incisivo.
(A caballo regalado, no se le miran los dientes.)




10. a) Quien a ubérrima conífera se adosa, óptima umbría le entolda.
b) Quien a frondoso elemento leñoso se adosa, optima umbría le entolda.
(El que a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija)




11. A perturbación ciclónica en el seno ambiental, rostro jocundo.
(Al mal tiempo, buena cara.)





12. El ácido oxídrico que no has de ingurgitar, permítele que discurra por su cauce.
(Agua que no has de beber, déjala correr).





13. a) Ocúpate de la alimentación de las aves córvidas y estas te extirparán las estructuras de las fosas orbitarias que perciben los estímulos visuales.
(Cría cuervos y te sacarán los ojos)





14. Cavidad gástrica satisfecha, víscera cardiaca eufórica 
(Tripa llena, corazón contento).




15. El que embriológicamente es traído al mundo con el diámetro antero posterior de la cavidad abdominal aumentado, no logrará reducir su contenido visceral por más intentos forzados extrínsecos de reforzar dicha pared en su infancia 
(El que nace barrigón, ni aunque lo fajen de chiquito)





16. La ausencia absoluta de percepción visual torna insensible al órgano cardíaco
(Ojos que no ven, corazón que no siente)





17. In situ, existe un felino en cautiverio.
(Aquí, hay gato encerrado)




18. Trasládeme yo a temperatura debidamente elevada, demuestre el vulgo su regocijo.
(Ande yo caliente, ríase la gente)





19. Al andar maltrecho implicarle premura.
(Al mal paso, darle prisa)





20. Congregación de empresarios ganaderos, res ovina fenecida.
(Reunión de pastores, oveja muerta)





21. No se encuentra la oquedad calenturienta para manipulaciones reposteriles.
(No está el horno para bollos)




22. a) A vocablos humanos con aires de infamia, mentira y estupidez, ponganse los pabellones auditivos en off . 
b) A palabras emitidas por laringes inconscientes, trompas de Eustaquio en estado letárgico.
c) A vocablos fonetizados por gargantas insolentes, trompas de eustaquio en estado cataléptico.
(A palabras necias, oídos sordos)





23. Estrepitoso clamor, más escasos frutos junglandaceos
(Mucho ruido y pocas nueces)




24. Tan repetidamente acude el recipiente arcilloso acuífero al nacimiento del torrente que eventualmente es descorporeizado
(Tanto va el cántaro a la fuente que se rompe)





25. A quien se alza del lecho con anterioridad al alba, el Ser Supremo le presta auxilio
(A quién madruga Dios le ayuda) 





26. Efectúa acciones éticamente positivas y no inquieras sobre su receptor
(Haz bien y no mires a quién)






27. A Canis comunis con tendencia a la verbosidad poco crédito a su capacidad fagocitadora.
(Perro ladrador poco mordedor)





·

28. Cuando su majestad luciferina no tiene con qué pasar el ocio de las tediosas horas, con el apéndice coccígeo espanta los molestos dípteros. 
(Cuando el diablo se aburre mata moscas con el rabo)

sábado, 21 de enero de 2017

América



Dios salve América,
Tierra de amor.
Y en su campo  florezca
la guirnalda de la eternidad.

Y en el cielo
brille siempre
el sol de la libertad.


Américo Vespucio fue un cosmógrafo florentino nacido en 1454 que hizo negocios en Sevilla y colaboró con Colón en algunos de sus viajes. Se nacionalizó castellano en 1505 y trabajó desde entonces al servicio de la corona de Castilla. Su fama universal se debe a dos obras publicadas bajo su nombre entre 1503 y 1505: el Mundus Novus y la Carta a Soderini, que le atribuyen un papel protagonista en el Descubrimiento de América y su identificación como un nuevo continente.

La impresión que estas obras provocaron en los editores (pese a que se ha demostrado que se atribuye viajes y exploraciones ajenas) hizo que en Europa se bautizara el Nuevo Continente con su nombre e incluso se le atribuyese su descubrimiento. En realidad, en aquella época, los castellanos lo llamaban "las Indias" o "las Antípodas", los portugueses bautizaron las costas brasileñas como "Vera Cruz" o "Tierra de Santa Cruz". Cristóbal Colón desde su tercer viaje, dedujo que la tierra en la que se encontraba era "otro mundo (...) una tierra enorme". En 1504 Pedro Mártir de Anglería acuñó el término "Nuevo Mundo" para las nuevas tierras.
Sea como fuere, el 25 de abril de 1507 salieron del taller de la imprenta de la abadía de Saint-Dié-des-Vosges en Lorena, Francia, las dos primeras ediciones de un pequeño tratado sobre las nuevas tierras en la que,  en el capítulo IX del texto, se sugería que el nombre del Nuevo Mundo debería ser "América" (femenino por analogía a "Europa", "Asia" y "África") y en honor de quien la reconociera como tal: ab Americo Inventore (...) quasi Americi terram sive Americam ("De Américo el descubridor (...) como si fuese la tierra de Américo o América". La voz tiene tal eufonía y guarda tanta consonancia con las palabras "Asia" y "África" que inmediatamente se afincó en las lenguas noreuropeas.
Fuente: Wikipedia.  

Así que, debido a una errónea atribución, el nombre de Américo se estableció para el Nuevo Continente. Continente he dicho, que no nación. La precisión es oportuna porque existe una nación que requisa la multipropiedad de este sustantivo para uso propio, negando a las demás naciones allí asentadas el derecho de denominación. Esa nación, todos los sabemos (aunque acaso no muchos de sus ciudadanos) es Estados Unidos de "América". Me parece injusta esa "manía" de llamarse a sí mismos "América" que tienen los estadounidenses. Pueden llamarse "El País del Tío Sam" o "Gringolandia" o "Yanquilandia" si quieren, pero ¿"América"? ¿No excluye eso a un montón de dignas naciones? Ni siquiera Norteamérica me parece correcto, pues dejaría de lado a Canadá y Méjico. Resulta irónico que se hayan apropiado del  nombre continental los habitantes de un territorio aún sin explorar cuando se hizo popular el término (1507). 

Escucho al nuevo presidente de EEUU prometer que "Volverá a hacer grande a América" y supongo que piensa en realidad en el coto cerrado referenciado geofráficamente con código ISO 3166: 840 / USA / US; pues si no, no sería explicable que simultáneamente quisiera construir una valla transcontinental en el propio territorio americano. Quiero creer, por tanto, que se refiere a la Federación de 50 estados existente en América del Norte y que se bautizaron como "Estados Unidos de la América" (denominación original en su Declaración de Independencia).
Escucho frecuentemente una de las frases más populares en ese país: "God Bless America" (Dios bendiga América) y pienso que de nuevo la parte se adueña del todo y los estadounidenses se apropian del continente entero.
Son muchos los estadounidenses que se autodenominan "americanos" (lo cual es cierto y los hermana con los mejicanos, cubanos, ecuatorianos, peruanos, argentinos...), pero me malicio que, en realidad, se refieren exclusivamente a los habitantes de un país al sur de Canadá. Incluso la prensa internacional, el cine y la literatura contribuyen a este equívoco que no dejaría de ser anecdótico si no escondiera una profunda injusticia y una forma maniquea de percibir el mundo.
He realizado la sencilla experiencia de buscar en la base de datos de google las palabras que obedecen a la conjunción de "América + bandera". En el primer pantallazo obtengo 119 resultados de los que la mitad (61) son banderas de EEUU. Si busco "americano + bandera" el resultado asciende al 100%.
Es curiosa esa expansión nominal del propio país. De una confederación de 50 estados que ocupan menos de la mitad del subcontinente, pasaron a autodenominarse norteamericanos, después americanos... ¿Cuál será el siguiente paso? ¿Mundanos? ¿Habitantes de un lugar llamado Mundo? La frase resulta bonita, inspiradora; pero pensemos: solo resulta generosa si perteneces a su "Mundo", es decir, si naciste en los actuales EEUU. El resto es suyo; pero no intentes habitar en su territorio. Serías un ilegal, pese a que te ampare el nombre.

Nuestra Real Academia Española de la lengua zanja el asunto determinado que «debe evitarse el uso de la palabra americano para referirse exclusivamente a los habitantes de los Estados Unidos, uso abusivo que se explica por el hecho de que los estadounidenses utilizan a menudo el nombre abreviado America (en inglés) para referirse a su país. No debe olvidarse que América es el nombre de todo el continente y son americanos todos los que lo habitan». Y "doctores tiene la santa madre Iglesia..."

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Una palabra y mil imágenes - 22: Licántropo

(...) y es, que en el reyno de Galicia se hallo un hombre, el cual andaba por los montes ascondido y de allí se salía a los caminos cubierto de un pellejo de lobo, y si hallaba algunos mozos pequeños desmandados, matavalos, y hartabase de comer en ellos, y era tanto el daño que hazia que los de la tierra procuraron quitar aquella bestia del mundo y prendieronle, y viendo que era hombre, le pusieron en una cárcel (...)

Antonio de Torquemada. Jardín de flores curiosas, 1575



El jardín de las flores curiosas es una célebre obra del astorgano Antonio de Torquemada (no confundir con el famoso inquisidor) donde se comentan fenómenos sobrenaturales y monstruosos: seres prodigiosos, como pigmeos, amazonas, sátiros, cinocéfalos, ...; propiedades de ríos, fuentes, lagos, el Paraíso terrenal, y sus cuatro ríos; fantasmas, visiones, trasgos, encantadores, hechiceros, brujas, saludadores; astrología... En esta obra por ejemplo, aparece por primera vez en la literatura una primicia que producirá luego fértiles ideas para guiones cinematográficos: simios que interactúan con féminas al estilo de King Kong. Pero la cita que se recoge aquí hace referencia a un ser mítico que en muchas partes se conoce como Hombre Lobo, y en ciertos lugares (Extremadura) como lobisome, concretándose este último como el séptimo varón de un matrimonio sin intermedio de hija que en la Noche de San juan se convertía en lobo.

Estos seres (míticos pero con características que recuerdan el comportamiento de estos cánidos salvajes) ya fueron descritos desde antiguo y se les llamó: 

licántropos. 




Vi la película"El bosque del lobo" de Pedro Olea con gran interés. No solo porque la programaron en el cineclub de Tuy, ciudad gallega donde estuiaba, sino porque muchas de sus escenas se rodaron en esa población y alrededores, edificios y monumentos me resultaban conocidos. Unido a eso, el personaje:  un soberbio José Luis López Vázquez, nos resultaba a todos familiar y entrañable. Si añadimos la temática y el misterio asociado a la historia de los hombres lobos y el ambiente rural que respiraba la cinta, su visionado resultó muy atractivo. 

Con el efecto de primacía (creo que fue la primera película sobre licántropos que contemplé) la imagen de "un hombre lobo" quedó por siempre asociada a ese buhonero gallego que recorría los campos con su enorme mochila y que sufría súbitos ataques de licantropía en  escondidos rincones de sus travesías. Contra lo que pudiera parecer a mi el personaje en vez de infundirme miedo me producía un punto de ternura y de pena. 

Lo siento por los seguidores de la serie "Crepusculo" cn su parafernalia de jóvenes bellezas y efectos especiales. Desde mi niñez, el rostro feroz de un hombre lobo, tiene para mí la imagen de un atormentado José Luis López Vázquez.  

domingo, 18 de septiembre de 2016

El efecto Mateo


Porque a cualquiera que tiene, se le dará más,
y tendrá en abundancia; pero a cualquiera
que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.
Mateo 13:12 

Varias son las referencias a esta idea expresadas por los evangelistas (Mateo 13:12, Mateo 25:29, Marcos 4:25, Lucas 8:18, Lucas 12:48 y Lucas 19:26). Esta sentencia bíblica, que aboga por la acumulación de posesiones precisamente para los que más poseen (en español lo simplificamos con la frase: "El rico se hace más rico y el pobre más pobre"), ha puesto nombre a un curioso efecto en el ámbito de la sociología, la psicología y la educación. 

En sociología el Efecto Mateo sería una perversión del "Principio de No Autoridad", es decir, la relevancia de una acción, un descubrimiento o un trabajo científico, que no debería ser valorada por la mayor o menor autoridad científica del autor,  será juzgada en función de la autoridad o estatus consolidado del mismo.

En educación el término se aplicó inicialmente a las historias de aprendizajes de los niños con desórdenes de lectura y escritura, prediciendo su fracaso como consecuencia de que al fracasar en los instrumentos fundamentales del aprendizaje se potencia su fracaso en todos los ámbitos educativos. También se da el efecto inverso: quién aprende pronto y bien a leer podrá desarrollarse completamente y aumentar progresivamente su distancia respecto a los que tuvieron dificultades.

En educación de adultos también se da este fenómeno ya que los que tienen mayor nivel de educación básica son más propensos a continuar con sus procesos de formación.

El efecto Mateo afecta a los docentes desde el punto de vista de su percepción del alumno. Aparece entonces "el efecto Pigmalión". Atendiendo a las previsiones que el maestro se crea con respecto al alumno estas influirán en el rendimiento: mejores resultados para los de expectativas positivas y peores para los de unas expectativas menores. Rosenthal y Jacobson estudian el efecto Pigmalión desde la perspectiva de la teoría de la Profecía autocumplida. Esta teoría explica por la motivación el rendimiento de los alumnos en el aula. Aparentemente parece un efecto mágico que los profesores y alumnos que se someten a instrucciones del tipo "¡Tú puedes!", "¡Lo voy a conseguir!, "¡Creemos en ti!" consigan resultados francamente  positivos; pero no lo es, lo que pasa es que los profesores los van a tratar de forma distinta de acuerdo con las expectativas creadas. Es posible que les den más y mayores estímulos, más tiempo para sus respuestas, etc. Estos alumnos, al ser tratados de un modo distinto, responden de manera diferente, confirmando así las expectativas de los profesores.

En otros ámbitos también aparece el efecto Mateo. En literatura, por ejemplo, la mayor estimación o reconocimiento de los escritores "consagrados" nos inducen a percibir sus nuevas obras como más meritorias que las de los escritores nobeles. En el mundo del cine, las artes o la música los efectos de mayor fama y prestigio facilita su éxito inmediato, con la consiguiente acumulación de medios, financiación, publicidad, distribución...

En el ámbito cognitivo el efecto Mateo se relaciona con el "efecto Halo" al realizar una interpretación sesgada favorable de rasgos no evaluados en personas por el simple hecho de  percibir inicialmente una rasgo positivo, por ejemplo la belleza o la elegancia. Este efecto ha demostrado su influencia en los juicios con jurado popular, en tribunales de oposiciones, entrevistas de trabajo...)

En mi particular experiencia he sentido el "efecto Mateo" en numerosas ocasiones. En el marco profesional siempre me sorprendió la política de concesión de proyectos y asignación de recursos de la administración educativa: los más sustanciosos económicamente y las mejores dotaciones iban siempre destinados  a los colegios más favorecidos, muchas veces con otros proyectos ya en marcha o con más "pedigrí pedagógico". Igualmente la matriculación de los alumnos se rige por este efecto: los colegios con determinada población desfavorecida sufren deserciones masivas del alumnado más brillante que emigra a centros con mejores resultados escolares. No poco tiene que ver con esto las pruebas que realizan algunas comunidades y que editan listas con los resultados por centros. A mí me tocó estar en uno de los peor clasificados en Alcalá de Henares (pese a la calidad del profesorado) y asistimos en los años siguientes a la "fuga" de muchos alumnos de mérito.
En un plano más personal me remito a mi propia experiencia con los blogs. Resulta que, cuando leo mis artículos a algún grupo de personas recibo un reconocimiento inesperado, incluso entusiasta. Me sorprenden porque en el blog no recibo apenas muestras de aliento. Mi lista de seguidores es exigua y el blog decae: "Al que no tiene, aún lo que tiene se le quitará". Sin embargo visito otros blogs muy populares y el efecto Mateo hace que se multipliquen las visitas y los comentarios: "A cualquiera que tiene, se le dará más y tendrá en abundancia". 
Pero donde más claro se me muestra el poder y la injusticia del efecto Mateo es el plano de las relaciones sociales. Os invito a observar el comportamiento de un colectivo ante una reunión social, supongamos por ejemplo una comida. Si dejamos que se distribuya libremente el personal en torno a la mesa notaremos que los más populares, los más simpáticos y divertidos, tenderán a juntarse en la misma zona mientras que los más tímidos y reservados ocuparán sitios discretos y rellenarán (a veces con el disgusto de los vecinos) los rincones y huecos a los que les van condenando los socialmente mejor aceptados. Al finalizar el evento los individuos populares lo serán mucho más: habrán sido los reyes de la fiesta, los protagonistas de la bulla, los chistes, las risas...mientras que los más discretos y olvidados se sumergirán aún más en su grisura. Lo mismo pasa el ámbito de la comunicación. Aquellos que tienen una especial dificultad para comunicarse, por ejemplo los sordos, tendrán una tasa de participación tan baja que tenderán cada vez más al aislamiento y el silencio, mientras que los bien equipados para la comunicación oral serán cada vez más competentes en el grupo. 

Me sincero: nunca entendí está parábola donde se alienta la injusticia. Mateo... voy a tener unas palabras con tu señor.

jueves, 25 de agosto de 2016

La Cueva de la Mora Encantada (Segunda parte)


En los pueblos de alrededor y en un entorno de 174 kilómetros alrededor del Cerro Cabeza del Griego, en el cercano pueblo de Saelices, la vida se sucedía inexorable con el ciclo de las estaciones. Eran grandes pueblos, como lo son los de Castilla La Mancha, con enormes extensiones de cereal (y ahora de girasoles) que se extienden por amplios campos ondulados, de vez en cuando alterados por algunas pequeñas elevaciones algo más abruptas o por las suaves depresiones del río Cigüela y sus afluentes. Desde época romana sus gentes se afananaron en plantar, regar y cosechar en esos campos, donde aflora el pedernal  y el espejillo. Los romanos tuvieron una particular preferencia  por asentarse aquí, pero tantas ruinas abandonadas hacen pensar que acaso la tierra fuera antaño mucho más fértil o, cuando menos, el clima más benigno. Nadie se explicaba, hasta  hace algunos años, un poblamiento tan intenso sostenido solo por esa agricultura precaria. Son estos campos sumamente calizos. Los campos roturados dejan asomar las rocas blancas de carbonato de calcio que aparecen sembradas de cantos y nódulos silíceos. También es frecuente encontrar en las laderas rocosas, apiñados como las hojas de un libro, haces de láminas del yeso cristalizado. A veces, los campos de labor están salpicados de láminas de espejuelo que relucen bajo el sol o la luna nocturna.

Muchos años pasaron los historiadores tratando de situar la famosa Segóbriga. Esa vieja cuestión que traía de cabeza a los historiadores fue resuelta definitivamente a partir del s. XIX y ya fue posible entonces afirmar entonces con rotundidad que las notables ruinas "romanas" de Cabeza del "Griego" correspondían a la famosa ciudad citada por los historiadores latinos Estrabón, Plinio y otros. Quién haya visitado en pleno Agosto sus bien conservados restos arquitectónicos pensará, no sin razón, que el raquítico río Cigüela que pasa a sus pies no pudo sostener con su escaso caudal una economía tan próspera como sus ruinas permiten adivinar. Su situación de privilegio entre importantes calzadas romanas tampoco parecía suficiente para explicar la indudable riqueza de sus habitantes. Algo importante se escapaba a la interpretación de la historia.    

La tradición popular y la leyenda intentaban explicar a su modo la presencia de cuevas y ruinas en los alrededores: ante un hermoso busto de mármol se realizaba una burda atribución a "los griegos"; para la justificación de una cueva semioculta se acudía a bellas leyendas sobre los árabes y su conquista... Mientras tanto, las gentes del lugar, acudían de cuando en cuando en busca de espejillo para cocerlo en sus caleras y obtener con mucho esfuerzo un yeso de extraordinaria calidad. Los agricultores de la finca del Ranal (en Palomares del Campo) araban sus campos cuidando de no meter la rueda en los numerosos e inexplicables pozos que se abrían bajo sus tierras y apenas daban importancia a los trozos de tejas rotas y cerámicas que desenterraban las rejas de sus arados. En ocasiones los vecinos se habían acercado de chicos a ciertos parajes, como Santa Brígida o La Ermita de Urbanos (de la vecina Torrejoncillo) conocidos como antiguos asentamientos romanos, y habían rebuscado el suelo en busca de monedas antiguas. Quién más quien menos tenia alguna guardada por casa. A veces, alguien se encaprichaba con adornar su patio con alguna piedra singular o graciosa columna traída de las ruinas abandonadas de Segóbrica o desenterrada de las ruinas del Pulpón (ciudad campamento militar romana, cercana a Carrascosa del Campo).  Algo más lejos, en el cruce del Cigüela con la N-III estaba el término de Villas Viejas, donde hacía algunos años se realizaron escavaciones encontrando que sus ruinas pertenecían al misterioso poblado celtíbero de Contrebia Carbica, en aquellos tiempos tan grande como Toletum (Toledo), y provisto de fosos enlucidos con yeso y talleres de orfebrería. Parecía lugar este especialmente querido para asentamientos, cosa inexplicable ya que el suelo era pobre, el agua salobre y escasa y el clima extremado.

Ya comprobado que la mentada y rica Segóbriga era la ciudad sepultada bajo los restos visigodos y árabes que se alzaron sobre sus ruinas, los historiadores cayeron en la cuenta de que el espectacular monasterio de Uclés, alzaba su cantería a base de las piedras romanas hurtadas a la antigua ciudad: muchos grandes edificios públicos, mucha piedra labrada, excelentes termas, numerosas caminos y calzadas, cuantiosas poblaciones subsidiarias... Segóbriga guardaba un secreto: el secreto de su inexplicable riqueza.

Cuando en 1970 se iniciaron las excavaciones para la cimentación del acueducto del transvase Tajo-Segura que atraviesa el valle del Cigüela, se encontraron, en el suelo vaciado correspondiente a varias de sus pilas, numerosas galerías escavadas que sorprendieron a los arquitectos. Desconcertados hicieron un rápido reconocimiento y estudio sin poder concluir el origen y finalidad de aquellos pasadizos claramente antiguos e intencionadas. Ante la falta de explicaciones propusieron diversas hipótesis que enseguida tuvieron que descartar: primero pensaron que las minas intentaban beneficiar masas de alabastro dentro del macizo yesífero; después elaboraron otra, basada en la abundancia de agua en las galerías, explicando las mismas como labores de captación de aguas subterráneas; una más atribuía los pozos a la intención de extraer aguas muy sulfatadas para labores de alfarería; finalmente -a la desesperada- apuntaron que se trataba de labores de entrenamiento en zapa de alguna legión romana asentada en las proximidades. La explicación correcta les fue revelada en el año 1979 cuando, visitando el museo arqueológico de Cuenca, contemplaron un panel los resultados de la expedición arqueológica realizada unos años antes en la Cueva de la Mudarra, en la vecina Huete (Cuenca). Allí se daba cuenta de la exploración de una amplia red de galerías en la roca yesífera que constituían una antigua explotación minera romana de lapis specularis, el antiguo cristal usado en el imperio antes de la utilización del vidrio.

Desde esa época, y contando con que aún Segóbriga no había sido localizada con certeza en el mapa, la perspectiva de que la riqueza de esta urbe estaba relacionada con la extracción de Lapis Specularis no ha hecho más que afianzarse. La revisión de los textos romanos de Plinio el Viejo (que seguramente visitó estas explotaciones en su viaje por España) y el análisis de otras fuentes han permitido conocer, poco a poco, gran parte de esta importante minería, minusvalorada en la historia posterior, al considerarla insignificante o anecdótica. Las recientes investigaciones confirman que la industria y minería del Lapis complementaba dignamente a la del oro de las Médulas. Hoy día se sabe, por ejemplo, que  las explotaciones fueron numerosísimas; que los centenares (acaso miles) de pozos abiertos a lo largo del Cigüela y en los territorios dentro del área de cien mil pasos romanos alrededor de Segóbriga ofrecieron un paisaje peculiar durante años, plagados de aberturas y cicatrices en la tierra, alterados por montañas de sedimentos de yeso y espejuelo desechados; que las construcciones auxiliares jalonaban las calzadas con herrerías, explotaciones agrícolas para sustentar a los trabajadores y esclavos, campamentos militares, tabernas, talleres de manufactura y edificios administrativos.
El terreno estaba salpicado de carreteras y senderos donde los carros y los mulos transportaban cajas y capazos con lápis cortado en superficies estándar que había sido cuidadosamente empaquetado entre paja y que luego sería transportado por la calzada que venía desde Cómplutum para ser embarcado en los puertos de Carthago Nova (Cartagena) con dirección a Roma en las naves lapidarias.

Porque ese cristal, tan blando que puede rayarse con la uña pero de una transparencia que supera al vidrio, ero lo mejor que tenían en la época para cubrir las ventanas de los edificios romanos. El uso del lapis como cristal que permite el paso de la luz y como excelente aislante término, está atestiguado en edificios públicos, en palacios privados, en los invernaderos del emperador e incluso en el Circo donde se utilizaba para impresionar a los asistentes debido al brillo de sus láminas finamente divididas. Los historiadores hablan de la calidad del lapis hispano, el más transparente y de láminas más amplias, extraído en el imperio. Porque, si bien, las láminas nunca excedieran de cinco pies romanos (algo menos de metro y medio), se podían componer bellísimas vidrieras con ayuda de herreros y carpinteros.

Y ese es el secreto que guardan las antiguas cuevas de Palomares, Torrejoncillo, Huete.. y todos los pueblos del GR163, sendero de Gran Recorrido de reciente creación bajo la denominación del Cristal de Hispania. Cuevas que perdieron su origen y explicación durante siglos, cuevas que la imaginación de los lugareños convirtió en encantadas: Griegos, romanos, godos, moros, misteriosas mujeres, noches estrelladas, encantamientos, palacios de cristal, tesoros... este es el material con que se construyeron los sueños de sus habitantes.

Hoy desde el Yanna musulmán, el paraíso de los piadosos, una bella hurí sonríe al pobre hombre que acaba de llegar. La joven musulmán por otros llamada la Mora Encantada, la que nunca fue en la cueva en la que nunca estuvo; sonríe contemplando a Pedro Morales agotado después de buscar su inexistente ataúd. Lo recibe en sus brazos y le consuela. No necesitará las monedas de oro en el jardín de los hombres justos. De su hermoso sueño solo fueron verdad su cueva de cristal y el blanco ataúd.  

Desde hace muchos años, en el limbo de los hombres perdidos, una muchedumbre de siervos y esclavos empapados en sudor descansa en el inframundo de los muertos. Iluminados con cientos de lucernas seles puede ver sentados, descansando, a lo largo de estrechos túneles que ellos mismos cavaron. Llevan en las manos una lámina de transparente cristal. Esperan, mostrando su brillante presente, ser perdonados y liberados de su destino.



NOTA: Si tienes interés por la historia del lapis especularis en Hispania y los aspectos con él relacionado no dejes de visitar:  

El Cristal de Hispania
Lapis Specularis

Y estas tres entradas del autor del blog que recogen aspectos de este mismo tema:








   

La Cueva de la Mora Encantada (Primera parte)


La joven era hermosa. Su piel morena. El cabello largo y los ojos, esos ojos cuyo blanco relucía bajo la luna, eran de negro azabache, pura obsidiana apostando con ventaja sobre la noche manchega. Había salido de la oscura cueva que tenia su entrada oculta en la base de la colina. Respiraba el aire tibio de la noche que movía su cabello perfumado meciendo sus ondas acaracoladas con dulzura. Cada noche de luna llena salía de su escondite y se sentaba en lo alto de la colina observando a lo lejos, a un kilómetro, el brillo de los candiles del pueblo de Torrejoncillo del Rey y contemplando, a sus pies, el reluz de la piedra de lobo, el destello de las láminas de espejuelo esparcidas por el suelo. Peinaba su cabello y cantaba una dulce canción llenando el aire de nostalgia de desierto, de aromas de palmeras, de ricas  especias de mercados persas y perfumes de Damasco. Nadie sabía el tiempo que llevaba allí, encerrada y escondida, encantada bajo la tierra en una cueva perdida. Los más viejos del lugar hablaban de su belleza, de su dulce tristeza. Presa, quizá, por un amante despechado; sujeta, acaso, a un mágico hechizo por un delito de amor. Pero nadie la había visto.

Aquel joven del pueblo, curioso y soñador, pasaba las noches al pie de la colina. Dormía al raso bajo la luz de la luna esperando el mágico acontecimiento. Un día la vio. estaba sentada sobre una piedra blanca, contrastando su piel oscura y su vestido de seda azul sobre la palidez de la cal. Largo tiempo estuvo mirándola mientras la joven morisca se peinaba y acicalaba a la luz de la luna. Después, sin ser consciente de ello, se acercó. La joven, alarmada, huyó ladera abajo desapareciendo para siempre. Él, contó en el pueblo su relato. Nadie reconoció creerle, pero la burla y la duda construyeron la leyenda.

Corría el año 1955 y Pedro Morales, labrador del pueblo, se acercaba frecuentemente a la colina. Había oído contar muchas veces, desde niño, aquella leyenda sobre una cueva escondida y una mora encantada. La historia le afectaba personalmente pues la colina del cuento era un terreno de su propiedad aunque, por más que había buscado, no aparecían restos de cueva alguna y la cima de la colina no tenía encanto alguno así, vista de día, mientras araba los campos de alrededor. Pero sí que el suelo relucía con cristales de espejuelo. Y también era verdad que, en el vallecito contiguo el aire cálido del verano, se poblaba por las noches de aromas silvestres y murmullos casi imperceptibles que no podían ser causados por la brisa que refrescaba los campos. A  veces se sentaba allí y permanecía mucho tiempo escuchado, intentando sentir el mensaje que le enviaba la tierra.

Un día, su sueño, ese sueño recurrente que le asaltaba desde hacía tiempo tomó una forma precisa. Aquella noche soñó que descendía por un largo pozo y que al final se posaba sobre un suelo rocoso, en medio de una amplia cavidad, con las paredes acristaladas e iluminadas por cientos de lamparillas de aceite. En medio de aquella capilla subterránea, brillaba un blanco ataúd. Pedro se acercó emocionado. Esperaba, quizá, encontrar a la joven mora de la leyenda acostada como una bella durmiente a la espera de alguien que deshiciera su eterno hechizo. Pero no; cuando abrió el ataúd lo encontró repleto de monedas de oro. La Mora Encantada había desaparecido, pero dejó allí escondido su rico tesoro, su valiosa dote de doncella.

Pedro despertó sudoroso, excitado. En los días siguientes pareció volverse loco. Pasó los días y las noches deambulando por la colina. Escavó pozos y realizó catas en las laderas. Se tumbaba sobre la cima y dejaba que las sensaciones de la tierra le mostraran el camino hacia la cueva del tesoro. No podía estar muy lejos  pues la colina no era grande. Además había demostrado ya que poseía cierta inexplicable percepción para detectar las corrientes de agua: parecía que fuera capaz de escuchar las voces de la tierra y que le hablaban. Finalmente un día empezó a cavar un pozo. Eligió el punto más alto de la cima y pidió ayuda a su amigo Alfonso y a Juan, su yerno. No tuvo problemas para convencerlos pues su fama de mahorí era notoria en el pueblo y ya había encontrado antes agua en parajes impensables. Además, a los pocos metros, efectivamente encontraron un  pozo de unos dos metros de diámetro escavado en la roca. Pedro dispuso un tronco cruzado sobre la boca y descendió sin temor al interior. Cuando hizo pie, a unos diez metros, iluminó con su farol la gran sala reluciente de cristales de yeso. Su sueño parecía convertirse en realidad.

Pedro y sus dos ayudantes buscaron entere las cavidades talladas a pico de la cueva. Alguien se  había tomado mucho esfuerzo para construir aquella ciudad enterrada, lógicamente pretendían poner a salvo algo muy valioso y él estaba seguro de que el preciado ataúd debía estar enterrado en alguna de las galerías que aparecían cegadas y cubiertas por escombros. Durante meses  logró convencer a sus compañeros de la proximidad del tesoro. Pero no encontraban el anhelado ataúd.

Desesperado hizo público su hallazgo. Autoridades y curiosos descendieron hasta la cueva y la visitaron. Los periódicos se hicieron eco del descubrimiento de una asombrosa ciudad subterránea olvidada por el tiempo. Pero superado el asombro inicial, Pedro, no recibió ningún apoyo en su tarea. Poco a poco la expectación creada cedió y dio paso al olvido. Pedro continuó solo, durante toda su vida, escavando galerías; explorando fondos de saco y ampliando gateras con la esperanza de encontrar un día el preciado ataúd. Pedro Morales finalmente murió. En sus trabajos había logrado limpiar un acceso lateral desde la base de la colina que arrancaba con unos escalones tallados en la piedra. La puerta, inundada cada invierno, se cubrió de maleza. Los chiquillos del pueblo jugaban a explorar su interior provistos de linternas. Algunos visitantes curioseaban por sus galerías y dejaban su inscripción en los blandos cristales de yeso. Pasaron los años y la cueva cayó en el olvido.