jueves, 24 de octubre de 2013

Mi carro ¡Cómo chirriaba!




Murió Manolo Escobar. El hecho, ineludible, había de producirse algún día; pero ya habíamos olvidado que, pese a la imagen que muestran sus fotografías públicas,  tan alegre y vitalista; tenía fecha de caducidad.

Setenta y dos millones de discos vendidos no es moco de pavo.Cincuenta años en los escenarios, ochenta discos publicados (veinticuatro de de oro) y una casete de platino, tampoco.
Manolo, nunca fue santo de mi devoción: Su repetida sonrisa de dentífrico me parecía artificial; sus temas intrascendentes, tópicos y vulgares; su forma de cantar, acaramelada y pueblerina; Sus películas sosas y aburridas. Pero, evidentemente, debía tener cualidades que yo no sabía apreciar: por ejemplo era el ídolo de mi tío Joaquín, que compró el primer casete de la familia solo para poder escuchar sus cintas; popularizó el "porompompero" que incluso yo he cantado a voz en grito (eso sí, intentando una segunda voz tirando por los agudos en el estribillo); también me desgañité -como todos por entonces- con el patriótico "Y Viva España" en momentos de camaradería y euforia... Ante logros semejantes, no queda más remedio que descubrirse y reconocer que seguramente son justas la infinidad de medallas y premios que consiguió en sus 82 años de vida. 

Sin embargo, al escuchar hoy en las noticias su fallecimiento, lo primero que se me ha ocurrido es correr a buscar mis viejos LPs que no había tocado,
 ¡lo juro!, desde hace más de 20 años. Cogí cuantos pude abarcar en mi mano de la polvorienta estantería y, pasando una a una las viejas fundas contra mi pecho enseguida apareció: ¡Aún estaba ahí! El disco "Suspiros de España", perfectamente conservado, apareció ante mí!. Era un ejemplar único, de coleccionista, pues no he encontrado en ninguna parte esa versión y voy a explicar porqué.

Yo había oído algunas vez la historia de algún disco fallido, esas obras publicadas ingenuamente un día y que se tornan malditas con el paso de los años. Es conocido un primitivo disco de Víctor Manuel en el que homenajeba a Franco (El cantante trató, con ayuda de sus amigos, de comprar y destruir todos los ejemplares del mercado, años después). Esos discos que "jamás debieron haberse grabado" existen...

"Sonrisas de España" , comercializado por RCA en 1987, recopila una serie de colaboraciones de varios artistas del momento con Manolo Escobar. Se trata de cantantes tan conocidos como: Serrat, Chiquetete, Rocío Durcal, el Dúo Dinámico, Julio Iglesias y Rocío Jurado. En él Manolo canta a dúo con ellos alguno de sus temas más exitosos en el momento. La idea es buena, pero las grabaciones debieron resultar un tanto improvisadas pues, escuchando el disco que poseo, se aprecia que Manolo desafina increíblemente en varios temas. Sólo pudieron ser las prisas o la incompetencia del técnico de sonido las causas de que iniciaran su producción, grabaran miles de ejemplares y se dispusieran a lanzarlos al mercado con un sonido pésimo. Alguien debió advertir a tiempo el desaguisado y ordenó la total destrucción de aquellos vinilos comprometedores. Así que fueron trasladados desde los estudios al vertedero de Valdemingómez donde el conductor debía esperar vigilando hadta que las enormes pinzas del pulpo del molino de la basura los destrozaran. Pero no se les ocurrió imaginar que los empleados de la planta no podían sustraerse de despistar algunos ejemplares para sus allegados (un regalo para los hijos, una sorpresa para los yernos...). Esto era un uso extendido entre los trabajadores del vertedero. Incluso había mafias enteras de gitanos de la Cañada Real que esperaban con furgonetas la llegada de productos descatalogados o deshechoables para recogerlos (Existían leyes no escritas sobre usos y derechos al respecto entre ellos) y venderlos posteriormente en mercadillos o en el rastro. Yo tenía a mi suegro trabajando allí: un día se presentó muy orgulloso en casa con varios discos nuevecitos del ídolo del momento. El ídolo no podría ocultar ya nunca que tenía los pies de barro.

miércoles, 23 de octubre de 2013

¡No callaré!



Algunos aseguran que el Reino de Chiton  se encuentra en China, más allá del desierto de Gobi, escondido tras las altas montañas del Everest. Por eso, porque es un país tan lejano, quizás es difícil de creer lo que voy a contaros. Reina en ese lugar un anciano rey que avanza renqueante apoyado en su regio bastón pues se cae continuamente. Se trata de un monarca  un poco mandón, que dirigiéndose en una ocasión a otro jefe en medio de una conferencia de jefes le riñó: - ¿Por qué no te callas?

En ese mismo país, en el día de "Nunca Pasó", un soldadito "de plomo"  se puso galones de mando y se dirigió valientemente junto a otros soldados amigos suyos a la Corte.  Al llegar comenzó a disparar mientras ordenaba: - ¡Silencio! ¡Quieto todo el mundo!.
En todas las casas de aquel reino se oía frecuentemente la orden cortante de las madres: ¡Prohibido rechistar! y en cada colegio había montones de carteles que rezaban: ¡Silencio!
Hace algunos años, en ese extraño lugar, se desató una incontenible epidemia de ladrones y, para mayor desgracia, una feroz alimaña llamada Deuda acabó devorando a muchos de sus habitantes. Fue una época que los historiadores del reino llamaron "Era de La Crisis". Entonces sus habitantes eligieron entre todos a uno de ellos para el cargo de Arreglador de Problemas. El señor que eligieron pensó en una estratagema: - Si me hago el mudo; cumpliré muy bien mi papel. Así que callaba y callaba cuando era preguntado por las dificultades del reino y, al no decir nada, daba la impresión de que dejaban de existir y así todo se arreglaba. Los cronistas del reino llamaron a aquellos tiempos "La era de la Transparencia". 
Cansado de enmudecer, harto de no poder nunca rechistar, un pequeño aprendiz de mago huyó sigilosamente de aquel territorio y, tras un largo y azaroso viaje, decidió contar a quien quisiera oír lo que había visto: explicaría a la gente las cosas que se callaban en el País de Chitón. 

Al principio lo tuvo difícil porque hablaba muy bajito y apenas se le escuchaba en las reuniones; por eso intervenía poco y pensaba mucho lo que iba a decir, para que su mensaje no aburriera ni cansara: - ¡Los magos deben impresionar: sus palabras han de ser como hechizos todo el tiempo! - pensaba.  La verdad es que se pasaba casi todo el rato escuchando: ¡Era tan difícil enterarse en medio del bullicio de la gente discutiendo todos a la vez y dando voces...! Aquel mago fugitivo ponía toda su atención, se esforzaba intensamente por oír hasta llegar al dolor de cabeza, pero no entendía nada entre el barullo de la multitud... Decidió esperar pacientemente a que le tocara hablar a él y se puso en la fila de los turnos de palabra, pero nadie lo respetó; siempre se colaba alguno y se saltaba su lugar. Nunca llegaba a los micrófonos. Empezaba a desesperarse porque nadie le escuchaba. 

Entonces decidió escribir las historias que había conocido. Escribiría sus propios cuentos. Los cuentos tenían que ser diferentes y en ellos se podría hablar de todo. Podría contar lo que antes se callaba. Escribiría preguntas y pensaría en las respuestas. Anotaría todo lo que se le ocurriera. Lo haría desde una mágica bola de cristal llamada ordenador. Tras su cristal, sobre una luz lechosa, formaría, letra a letra, un relato diferente.

Y así, desde hace mucho tiempo, nuestro pequeño narrador se sienta cada día tras su bola de cristal. Tiene algo que decir, tiene algo que contar. Y aunque sólo el propio mago de los días siguientes sea quien lo lea, aunque nadie recoja al vuelo el cabo suelto que deja flotando en el aire, pese a que  nadie se enganche al sedal de su aparejo de mago pescador... seguirá haciéndolo. Y se repite cada día al comenzar sus relatos: Tengo algo que contar; yo también cuento y ¡no callaré!.

lunes, 21 de octubre de 2013

Nunca conocí la gloria


"Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción
yo amo los mundos sutiles
ingrávidos y gentiles
como  pompas de jabón."

(Cantares. Antonio Machado.)

De todos los poetas, de los ilustres escritores de versos, de los vates ejemplares... me quedo con Antonio Machado. Lo elijo por su humildad, por su pobreza, por su honrado trabajo de profesor de instituto, por su éxito, por su fracaso.
Antonio "El Manchado" le decían porque sólo tenía un traje y, a veces, lleno de lamparones. Anodino Antonio de la aborrecida escuela. Antonio de la insignificancia: morador de pensiones y trabajador de la tiza. Antonio, peregrino por caminos sin hollar y trazador de efímeras estelas marinas. Antonio el poeta, creador de ilusiones en verso. Desconocido Antonio que yace muerto en una sepultura de Colliure. Antonio inmortal que venció al olvido.
Porque en sus poemas encuentro la mirada del que sabe de la grandeza de lo pequeño, desde las moscas insignificantes a los brotes de un olmo centenario; descubro la mística de una adoración adolescente por Leonor, su amor de quince años; escucho la armonía de la canción en que se convierte cada  poema.

Amigo de los grandes, admirado por genios: a tu trabajo acudes, con tu dinero pagas y cambias en cuanto puedes la rutina del francés por la  pintura de un poema. Desde tu pensión hasta las riberas del Duero pasas haciendo caminos; en cada recodo un verso, en cada árbol un poema, una reflexión a la orilla del agua... apenas frágiles mariposas del lenguaje que vuelan breves en el aire de Castilla. Y sin embargo, tan modesto que te ves,  tus notas hacen resonar como nadie la música en las cuerdas de mi arpa corazón.

Nunca conseguí la gloria, lo reconozco. Sí que la perseguí, lo admito. Y confieso también querer ocupar un pedacito en la memoria de los hombres. Pero de no haber podido ser así, me conformo con los réditos del fracaso. Nadie es primero todo el tiempo y también hay mérito del segundo en adelante.
En la gran escalera del mundo es tan importante el último peldaño como el primero. Al fin y al cabo, y citando a Kiplin,  tanto el éxito como la derrota son sendos impostores.

Hoy, Antonio, escuché tu canción. "Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar..."

domingo, 20 de octubre de 2013

En la habitación del pánico


Escribo esto desde el retrete. Antes he redactado un protocolo de seguridad a rajatabla: comprobar techos y paredes, examinar el espejo, buscar agujeros y rendijas... La NSA es capaz de todo. Aquí construí mi jaula de faraday: Tengo el recinto del WC forrado de papel albal, a prueba de pulsos electromagnéticos.
Hace meses que sabemos que Obama ha querido convertirse en confesor no autorizado de la humanidad. Sólo Dios puede valorar el bien y el mal (no hay nadie por encima) y  "El fin no justifica los medios"... pero el presidente pronuncia la contraseña que autoriza soslayar a la ética: "Salvar vidas americanas". Un moderno Maquiavelo que piensa que vale todo por el bien del Imperio. Como daños colaterales un impúdico espionaje a escala mundial, la invasión de la intimidad de amigos y enemigos, de naciones y personas individuales, de los propios conciudadanos.
Un desvelar preventivo, pero... en íntima contradicción con sus ideas: un brutal acoso y castigo a los que levantan el velo de los desveladores: Julián Assange,  Bradley Manning, Hervé Falciani
 y tantos otros piratas de la información, Robins Hood de los datos, que devuelven al pueblo  la consciencia del saqueo de su presuntamente segura intimidad.
Tengo miedo de que puedan escuchar mis propios pensamientos. Intento distraer mi propio discurrir con tonterías e intrascendencias. Temo volverme loco. Tiro de la cadena para ahogar el susurro de mis propios pensamientos. Un murmullo se escapa de mi garganta: Hijos de puta.

viernes, 18 de octubre de 2013

Mis fetiches 10: mi cassette philips N2213


Allá, por 1979, tras muchos meses de ahorro en las propinas dominicales (antes no se nos ocurría llamarlas "pagas") me presenté en la tienda de electrodomésticos y compré un flamante cassette. Elegí uno con un diseño muy atractivo, acabado en plástico moderno de negro mate, con novedosos rodillos en vez de botones para el tono y el volumen (y un curioso efecto de gradiente al transparentarse las líneas azul y roja que llevaban marcados sobre una pequeña regleta transparente). Dicho esto, además,  su sonido era muy bueno (o eso me pareció) y la grabación (con micrófono incorporado) más que aceptable pues el aparato era muy silencioso. Se trataba de un modelo recién salido al mercado y la marca austriaca "Philips" era, por entonces, sinónimo de calidad (tampoco había muchas más en esa época). Su precio, lo hacía asequible a mi escaso peculio. 

Poseer un cassette era un viejo anhelo para un chico de 17 años. Apenas dejábamos atrás la época de los "tocatas", con sus voluminosas colecciones de discos. Incluso había recibido con ilusión en su día el regalo de un viejísimo modelo,  desechado por mis primos de Madrid. Entonces inicié mi colección de vinilos pero, no pude engrosarla demasiado (eran carísimos para mis posibilidades) así que, para escuchar música, mayormente poníamos la radio (estaban en su apogeo "Los 40 principales") o íbamos a casa de algún amigo a despendolarnos y subirnos por las paredes con los agudos punteos y los falsetes de Queen. Entoces llegaron los magnetófonos, un poco aparatosos al principio con su gran tamaño y sus anchas cintas enrolladas. Un tío mío, visionario en ese punto, compró uno (ya de tamaño más reducido y de cintas de cassette standar) y grabó a familiares y personajes de su pueblo (esas cintas son hoy auténticas joyas para el recuerdo). Cuando el tamaño se redujo hasta la cómoda portabilidad decidí adquirir el Philips N2213, que lucía futurista en el escaparate. Entonces inicié una obsesiva grabación de discos y temas llegando a acumular una considerable cassetoteca. Por otro lado me permitió grabaciones "en vivo" muy curiosas como la clandestina del íntimo recitado de poemas de nuestro profesor de geometría que luego publicamos en la revista mural "Bola" de la Escuela de Magisterio en Burgos (también clandestina). Como puede ver, la publicación en sitios como YouTube de situaciones "privadas" no es cosa que se haya inventado hoy. Más constructiva fue la grabación de un concierto de nuestra coral "Francisco de Salinas" en una de sus actuaciones (único documento existente hoy en día que recuerda aquella actividad lírica que era emblema de nuestra escuela y en  la que participé activamente durante un par de años).  Años después aparecieron los lectores de discos compactos que durante años fueron compatibles con las cintas. En las cadenas de sonido convivían en módulos comunicados permitiendo una ósmosis generosa del CD al cassette.  Comenzamos entonces un nuevo  coleccionismo, en este caso de CDs -una discoteca con formato más manejable-. Los viejos vinilos empezaron a acumular polvo. Cuando nuestra colección de CDs entraba en carnes, apareció el MP3. Ya por entonces los programadores se afanaban en comprimir el sonido para no agotar los valiosos megas de las memorias de los ordenadores y dieron con un formato que permitía tener decenas, discos enteros, incluso discografías completas en un CD, o DVD mondo y lirondo. Así que arrinconamos nuestra colección de CDs en la buhardilla y nos volcamos como posesos a grabar "todo" de nuestro grupos favoritos y aún los de cientos menos conocidos, "para oírlos algún día"...  Inevitablemente llegaron enseguida los reproductores de MP3 y la imágen de cualquier persona con sus diminutos cascos acoplados al oído se hizo habitual. Hoy lo hacemos directamente desde el móvil, que vale para casi todo -incluso para hablar por teléfono-) y mañana... Dios sabe qué artilugios nos servirán la música directamente al cerebro sin pasar por la distorsión creada en  pasarela de las células ciliadas de la cóclea.

Pero yo conservé durante mucho tiempo aquel futurista cassette aunque hoy día me parece ya antiguo. Fue compañero de muchas horas de música. Con él compartí confidencias, espié íntimas reflexiones y violé derechos de autor a mansalva. Cuando, ya anciano, expiró su última nota en un estertor desafinado, le realicé la autopsia como suelo hacer con todas las máquinas al morir. Su reluciente y precisa maquinaria me impresionó. Después de tantos años se mantenía como nueva.  Aún le extraje algunos órganos vitales, para algún posible trasplante: el delicado altavoz, el pequeño transformador, el motor que seguía moviéndose con latidos circulares... Allí sobre la mesa de operaciones murió uno de mis fetiches más queridos. D.E.P. en el cielo de las máquinas.  


sábado, 12 de octubre de 2013

Matar el vino


Matar el vino, cuando el corcho no cede para que salga la mala uva. Matadlo porque en la botella habita, disuelto en él, el más terrible de los demonios. Y una vez liberado, Pandora desatada, un rosario de males asolará tu mundo... O acaso no sea para tanto: quizás tan solo sea como agua ardiente para bañar tu frío corazón, como deliciosas burbujas para tu alma. O puede que sea pocción que contenga el secreto de la fuerza (que desveló para  los galos el viejo Panoramix)... Tener un mal vino, sentarte bien el vino: esta bebida fermentada produce trastorno bipolar.  

Para los árabes alcohol, significa "el sutil", el vino refinado hasta su esencia. El alcohol es producto de la fermentación de la fruta, del grano o de la caña. Es  posible que en el paleolítico algún cazador se extrañase de la divertida conducta de algún oso de las cavernas ahíto de madroños maduros y fermentados, quizás le diera por pensar y fuera el primero que probó la bebida sagrada. O acaso alguien, ya en el neolítico, observó los efectos euforizantes de los granos fermentados y se aplicó a sacar provecho del invento. Se sabe de la fabricación de antiquísimas cervezas: hay pruebas del consumo de "sikaru" (la marca de la casa de los asirios) en la antigua Mesopotamia, del "zytum" (la versión egipcia) los griegos hablaban maravillas y en la misma Roma ganaba la guerra de precios al vino y se convirtió en la bebida más popular. El vino, sin embargo, de aparición más tardía (en torno a la Edad del Bronce en el Mediterráneo Oriental) ha gozado de un estatus privilegiadoen la historia. Numerosos pueblos presumen de su invención y la atribuyen a héroes locales. La Biblia en el Génesis nos habla de Noe, el primer viticultor (y también del primer borracho, con una embriaguez que le llevó a mantener relaciones incestuosas con sus hijas). Se elaboración se extendió rápidamente gracias a la buena adaptación de la viña a  múltiples terrenos y climas. En principio fue un producto de lujo y se usaba con función ceremonial. Los rituales de intoxicación con vino en los banquetes griegos (o simposios) se llamaban enthousiasmos, que viene a significar "divina posesión'" (¿no os parece revelador el origen histórico de la palabra?).

La preparación de esta bebida se ha convertido en una actividad sumamente sofisticada: selección y cría de vides en variedades que se cuentan por centenares, procesos de fermentación "de laboratorio", posibilidades de aromatización casi infinitas... Su industria es una religión con auténticos devotos.

Actualmente, en España y otros países mediterráneos como Francia e Italia, se considera su consumo como un rasgo cultural. Ello implica calidad de elaboración y mesura en el consumo. Un vaso de vino en las comidas es una larga tradición para muchos habitantes del mediterráneo, tanto es así que se moderan las tasas contra esta bebida alcohólica, en clara discriminación con las otras. Sin embargo, al igual que en la antigüedad se aguaba el vino, hoy en día la industria se aplica a la fabricación de calimochos y tintos de verano, bebidas de pésima calidad. Mucha gente, por otro lado, defiende tolerancia cero con el alcohol. 

El vulgo atribuía al vino poderes extraordinarios: no sólo desinfectaba las heridas, conservaba alimentos, alegraba el espíritu; además -decían- "el vino criaba sangre" con lo que atiborraban a los anémicos hasta conducirlos a la adicción. Cuando ha quedado bien demostrado que lo de criar sangre, sólo es válido para el color -del tinto, claro está- y que la puede alterar hasta superar los 0,5 gramos de alcohol por litro e inhabilitarte como conductor; aparecen estudios que aseguran que el vino tinto contiene una sustancia que es poco menos que el secreto de la eterna juventud: se trata del resveratrol, el más fabuloso de los antioxidantes. Parece que este polifenol gana por goleada en la batalla anti-radicales libres a las vitaminas C y E. A rebufo de estas revelaciones empezaron a proliferar las vinotecas, las catas para profanos y hasta los spas con tratamientos de vinoterapia. Se anuncian a bombo y platillo las bondades antiarrugas del vino,  y todo gracias al resveratrol, la madre de todos los antioxidantes: activador del colesterol y la elastina y bestia negra de los malvados radicales libres responsables del envejecimiento prematuro y, por tanto, de las arrugas.
Así que los abstemios andan de capa caída: además de amargarse la vida (al privarse del placer y de la euforia) se la acortan. Sin embargo los bebedores, podrían morir de éxito si, como parecen indicar nuevos estudios, se aplican la dosis necesaria para activar el gen antienvejecimiento: nada menos que 100 vasos al día.  

En fin, tanto hablar de vino, me hace terminar cantando y, con el efecto de lengua de trapo, propio de los vapores etílicos altero la letra de la canción:

"Me mata si no lo bebo, 
y si lo bebo me mata:
siempre me mata."

jueves, 10 de octubre de 2013

Los ojos


Son los ojos, quizás, el órgano de mayor belleza; el más dinámico y perturbador, de una potencia comunicadora inigualable... Su naturaleza de cristal enriquece con sus quilates nuestras pálida figura y su luz y transparencia ilumina nuestro rostro impenetrable.

Ventanas del alma, pozos de sentimientos, tormenta de colores, anzuelo del amor, lagos interiores, hipnótico poder... son los ojos.

A los ojos miramos, ante otros ajenos bajamos los nuestros, bajo ellos guardamos las lágrimas, con ellos las lloramos, contra ellos luchamos, de ellos dependemos, desde ellos gobernamos, para ellos escribimos el más bello poema, por ellos nos llega la luz del mundo, según nos miran reimos o lloramos, sobre ellos cerraremos las pestañas tras morir.

Unos ojos pares y felices fueron lo primero que vimos tras venir al mundo. Unos ojos apagados, de iris inerte, serán señal de que la vida nos abandonó.

Los ojos miran, juzgan, hablan y callan, acarician, juegan, coquetean, sugieren, ríen ... y lloran. Acaso también delatan, traicionan y mienten. Ellos guardan el verdadero secreto de la telepatía. Por ellos se asoma la locura y el amor. Los ojos están en las canciones, en las obras de arte, en los jeroglíficos, en los sueños...  Para los ojos se diseñó el maquillaje más sofisticado, se escribieron mil metáforas, se alzaron monumentos...

Ojos de todas clases: ojos vacunos de mirada vacía, ojos biónicos de los replicantes, inertes ojos de cristal, convexo ojo de pez, ojo multifacetado de insecto, simple ocelo de los metazoos...

Machado nos recuerda su naturaleza:
"El ojo que ves no es
ojo porque tú le veas:
es ojo porque te ve."

pero contradiciendo al genial poeta: Su naturaleza como órgano de la visión, se ha trasmutado, no sabemos como, en un poderoso sistema de señales.

Mis ojos encontraron ojos en las más recónditas playas: millares de ojos de piedra entre la arena y pulidos por el mar. También vieron los Arcos de Ambite, peculiar monumento a los ojos con decenas, acaso centenares, de placas cerámicas vidriadas pintadas con dibujos y referencias a estos órganos.
Con ellas despido mi particular homenaje a estos órganos singulares.