martes, 29 de mayo de 2012

Deliciosas equivocaciones

Dedico este artículo a mi buena abuela Perpetua, a ella que tuvo inmensa paciencia con su nieto de pocos años cuando con su lengua de trapo le llamaba "Perputa".  Mientras un coro de risas maliciosas me desconcertaban a mí y a ella le avergonzaban, sufrió con amabilidad e indulgencia aquellos gazapos infantiles.

Porque estas equivocaciones, estos traspiés en el lenguaje, siempre nos arrancan en su desconcierto una sonrisa. Recuerdo el gesto divertido, con un matiz de ternura, de mi compañero Francisco, el profesor de Lenguaje en el antiguo 7º de EGB en Torres de la Alameda; cuando tras encargar a los alumnos reciopilar canciones tradicionales que debían encontrar  preguntando a padres y abuelos, nos leyó la extraña (pero familiar a la vez) canción popular del "Mambrusia".  Tras la extrañeza inicial por ese nombre desconocido para todos, estallamos en carcajadas cuando comenzó a cantar: "Mambrusia fue a la guerra, hay que ver, hay que ver, que pena..."

Pero para alquimias metalingüísticas sofisticadas la de mi sobrina Irene. Es de una belleza poética y hay que situarla en su contexto para enterderla:  Mis sobrinos habían visitado ya en alguna ocasión nuestra casa en Guadalajara. En sus cinco añitos, Irene, seguramente oyó de pasada alguna vez el bello topónimo árabe de nuestra localidad y procesándolo a su manera lo archivó en su memoria. Cuando al año siguiente sus padres le dijeron que vendrían a visitarnos, ella contestó: - ¡Ah, sí, iremos a la Fuente de la Jara, donde viven los tíos! - Los padres quedaron sorprendidos ¿De dónde habría sacado la niña que vivíamos en un lugar llamado así?... Tardamos bastante tiempo en comprender los deliciosos vericuetos de su razonamiento infantil. Por fin lo comprendimos: "¿A dónde vamos? - A Guadalajara, que en su cabecita se descomponía así: Agua da la Jara. Pues si agua da, fuente será: "La Fuente de la Jara" ¡Precioso!

Pero omisiones, sustituciones, anticipaciones y la amplia lista de alteraciones del lenguaje se da en todas partes. En Tabanera de Valdavia, el pueblo vecino al de mis padres en Palencia, han rebautizado un perenne manantial, antiguamente conocido precisamente por su esta característica, "Perennal" por el más vulgar del pozo "Del tío Pernal".  Será más popular, pero yo me quedo con el antiguo.

Los niños son una fuente inagotable de equivocaciones simpatiquísimas. Desde mi alumno Juanmi que, con un minivocabulario de apenas unas pocas palabras, llamaba "Puta" a su profesora "Pepita" (¿A quién me recuerda esto?) a mi sobrina Estela que nos cantó la canción de la guardería del "Arca de Noé" añadiendo por su cuenta peligrosas serpientes venenosas en el arca: donde se cantaba "La picola (del italiano pequeña) serpiente" ella interpretaba "La pica la serpiente" con lo que el arca se vuelve un lugar mucho más peligroso y fascinante. También mis otros sobrinos han pasado buenos ratos corrigiéndose uno al otro al contar donde habían estado de compras:
- ¡Que no hemos estado en Cadefú, que hemos estado en Cadefú, que es que no lo sabes decir...!. Me vienenen a la cabeza las desquiciantes explicaciones para hacer entender entender a muchos de mis alumnos que ir "al campo" no consiste en entrar en unos grandes almacenes...

A los que hemos trabajado en logopedia ya no nos llama la atención que pensemos con el celebro (¿es una fiesta?), Nebrija sea "Una bruja", su amiga se llame "Manesa" o haya un "pedo" que nos quiera morder...

Para los pobrecitos desgraciados que oímos mal nos quedan meteduras de pata descomunales. Recuerdo haber echado una bronca tremenda a un alumno porque en una tutoría y en pleno tratamiento de un tema importante me dijo (eso interpreté): - "Esta tontería no me gusta". Después de un rato, tuve que disculparme cuando me explicaron que había dicho "tutoría" en vez de "tontería"... De este tipo ocurren tantas que aburriría describirlas. Conformaos con que os diga que pago siempre por exceso (billetes) porque no entiendo casi nunca el precio en los bares. 

Y para terminar: las equivocaciones "a  propósito" con algún fin pedagógico o pretendidamente educativo. Os pondré un ejemplo prototípico protagonizado por mi madre: Cuando mi hermano Javi, tras varios años de esfuerzos compatibillizando familia, trabajo y estudios; logró sacar la licenciatura en derecho, mi madre (en su noble afán de que nos creyéramos superiores a nadie) lanzó un exabrupto demoledor: "Ya eres abobao": ¡Mamá, ahí te pasaste!

domingo, 27 de mayo de 2012

La evaluación como tortura

Si te preocupa la educación te ecomiendo encarecidamene este blog.

Esta entrada reproduce en su totalidad mi comentario a la entrada en el blog que os recomiento. Os informo de que Miguel Ángel Santos Guerra  es Doctor en Ciencias de la Educación, catedrático de Didáctica y Organización Escolar en la Universidad de Málaga

http://blogs.opinionmalaga.com/eladarve/2012/05/26/la-evaluacion-como-tortura/

EVALUAR: señalar, valorar, estimar, apreciar... Oficio de jueces, divino poder, instrumento de la verdad y de la mentira, arma peligrosa y delicada...
¡Cuánta angustia al ser examinado y cuánta desazón cuando he de examinar yo!

A estas alturas de la vida ¿Cuántas veces me habré examinado ya? Incontables... no puedo recordarlas... Soy un especialista en aprobar exámenes pero ¿realmente sé lo que se presume? No. Hay muchas clases de trucos para aprobar: profesores que "insinúan" lo que caerá, examenes diseñados "ex profeso" para superarlos(o suspenderlos), dotarse de una buena técnica para realizarlos (relajarse, planificar, priorizar...), ganarse el favor del profesor, un poquito de piscología (preguntarse "¿Qué querría el profesor que yo respondiera?")...
A la fuerza ahorcan, así he ido aprendiendo algunos de esos "trucos" a lo largo de la vida. He de "agradecer" a mi profesor de religión en magisterio el último de los expuestos: Así comenzaba la pregunta de su examen ·¿Que opinas de ...? y yo, ingenuo de mí, puse lo que opinaba... ¡y suspendí!.
Otras veces basta con planificar bien las respuestas. Conozco el caso de alguien que al presentar un proyecto (creo que de su tesis doctoral) esbozaba las líneas básicas de su proyecto minutos antes de su turno mientras el resto de compañeros exponían el suyo. Aquello dejó asombrados a sus conocidos. A veces basta con tener las ideas bien claras.
Siempre me admiré del sobresaliente que obtuve en un examen de psicología en Somosaguas (Madrid). Había que comentar un libro que debíamos haber leído. Fui de los pocos que saqué sobresaliente y ¡no había leído el libro!; eso sí, nos permitieron traer el ejemplar al examen y pude elaborar mi prueba tratando de ceñirme a lo relevante en tiempo record.
Algunos profesores ponderan muy particularmente el valor de las respuestas. Grabada en mi mente está la profesora que en 2º de magisterio me suspendió sólo por escribir Cervantes con "b". Esa falta arruinó todo un cuatrimestre de Literatura Española... Mi sorpresa e indignación fue luego mayúscula cuando, visitando la casa natal de Cervanes en Alcalá, contemplé un manuscrito original del genial escritor, firmaba: Miguel de Cerbantes Sahavedra...   
Todos hemos oido hablar de profesores anárquicos que corregían tirando los folios al aire y aprobando solo a los que caían en la mesa... o los que concedían el sobresaliente por algún hecho puntual que les caía en gracia, o aquellos a los que "hacer la pelota" era requisito indispensable para el resultado deseado... estos especímenes han formando parte de la mitología del estudiante de todos los tiempos... pero, en su origen, hay algo de verdad.

Hace tiempo ya que no me examino "al modo tradicional", es decir prueba escrita, exposición oral... pero las veces que me ha tocado hacerlo me han recordado la angustia, el miedo, la paralizante sensación de jugártelo todo a una carta. Eso me ha bajado de la tarima a las mesas.
Y ahora, como examinador de mis alumnos, siento esta tarea como la más desagradable de la profesión. Cada niño que suspendo bajo un peldaño en mi autoestima. Es mi propio suspenso: queremos hacer tantas cosas, arreglar tantos estropicios, que al final compartimos los añicos. Pasan tantas cosas en la escuela, surgen tantas necesidades perentorias que a la hora de evaluar "un objetivo" nos encontramos con que hemos trabajado "todos menos ese". Sí, ya sé, hay que ajustar las prioridades, partir de una evaluación inicial objetiva, etc. etc.; pero aquí, como en la vida, surgen incidencias improrrogables y hay que saber frenar cuando pasa el tren.
 Nos imponen unos conenidos "oficiales", unos objetivos "oficiales" y unas pruebas "oficiales", pero nuestros niños no son "oficiales", cada uno es de su padre y de su madre y criado en su casa "no oficial".
Se pretende incentivar, premiar la productividad de los maestros basándose en las calificaciones de sus alumnos. ¡Señores, moriré en la miseria! Mis alumnos suspenden (oficialmente) aunque para mí sobresalgan en su trabajo. Son el óvolo de la viuda (Mc 12,38-44) en las liberales arcas de la sabiduría.
Concedo que también tengo alumnos brillantes de vez en cuando... pero mi pensamiento se dirige especialmente a estas ovejas descarriadas, a los renglones torcidos, a las "listas malditas" de muchos colegios: hijos de familias rotas, de indigentes, inmigrantes, acnees, gitanos,feriantes, enfermos, TGD...

No creo mucho en esas evaluaciones "oficiales". ¿Cómo es posible que de un año para otro los resultados de la PDI (Prueba de Destrezas Indispensables) en su conjunto, y dentro de cada colegio, cambien a veces de manera asombrosa? Es sospechosa la correlación de los resultados con los inereses de quien las propone: si interesa desprestigiar al gobierno precedente se obtienen malos resultados, si interesa prestigiar la propia planificación los resultados mejoran (y si, por el camino, algún resultado desentona, se defenestra al inspector que elaboró la prueba)
Dentro de la evaluación "no oficial", la verdad es que mis niños obtienen mucho mejores resultados. Y yo, todas las noches hago mi propio examen... de conciencia. Y creo que apruebo.  

jueves, 24 de mayo de 2012

Último mensaje para Daved



Hola, Daved soy tu profe.

Hoy me he enterado de que has muerto. Tu cuerpo no pudo soportar la intensidad de la quimio que te administraron antes del trasplante del jueves. Parece que llegaste muy débil y tu cuerpo ya no podía más. No estuve allí, pero estoy seguro de que luchaste hasta el final.

Sé que este mensaje, como los que te he enviado estos últimos meses no podrás abrirlo en tu ordenador. Ese ordenador que tanto te acompañaba y que entendías tan bien. Pero allá donde lleguen los mensajes perdidos, en el cielo quizás, espero que lo recibas, que lo leas y sepas que te recuerdo triste y risueño, con tus angustias, tus dudas y también con tus bromas. 

Siento no haberte visto desde hace cuatro largos meses. Siempre pensé que saldrías adelante. La noticia de tu muerte ha sido un mazazo que me ha alterado el sueño. Me siento culpable por no haberte visitado, por no preguntar más por ti. Me pregunto ahora si no fui demasiado exigente contigo, si no llegué a comprender la gravedad de tu enfermedad... Pero me reconforta que, por momentos, te sinceraras y expulsaras toda la rabia, todos los demonios que llevabas dentro... Me alegro de haber participado entonces en ese exorcismo liberador.

Tengo delante,e n la pantalla, tu foto en facebook: levantas una copa con la alegría del campeón. Abro tu lista de amigos. Busco las fotos de tus padres,:¡Unos padres maravillosos, Daved!. Te veo ahí con tu madre, una madre valiente, que sabía sufrir en silencio como hacen las madres por sus hijos... Sus ojos desprenden energía (asombra que aún quede energía en esos ojos hermosos que han sufrido tanto). Hay más fotos junto a ti, con tu hermana, de cuando eras un bebé lleno de risas y luces en los ojos... y tambien fotos de un Daved cansado, hinchado por los corticoides, débil pero decidido a afrontar la última batalla.

Hoy visité a tus padres. La pena y la rabia embargan su corazón. Tienen la duda de si se pudo hacer algo más, algo mejor... No encuentran las respuestas, Daved. La pena les ahoga cuando piensan que no pudieron despedirse de ti:  cuando les dejaron acercarse a tu lado, tú ya no estabas... Volvieron a casa con el corazón helado: todo fue tan frío...  Veo a tu madre inclinada sobre ti para protegerte de las corrientes heladas del maldito aire acondicionado que no quisieron quitar, contemplo a tus padres solos en la frialdad de los pasillos, profundamente heridos ane la fría actitud de los médicos y enfermeras... mucho hielo sobre sus corazones de lava.

Anoto en mi memoria el número de tu tumba. Te iré a ver pronto. Ante tu nicho enviaré mi mensaje por la línea infinita de los pensamientos. No desconectes, Daved. Mantente a la espera.

martes, 22 de mayo de 2012

(Eurogénesis, 18.16-33)


Y habitaba en La Nación y sus Autonomías una casta de hombres mentirosos, sin escrúpulos ,que se lucraban haciendo el mal a sus semejantes desde su posición de jefes y poderosos:
Y Jehová hablaba con el Ciudadano preocupado.
Entonces Jehová le dijo: 
- Por cuanto el clamor contra el gobierno de España y sus Autonomías se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo, descenderé ahora, y veré si han consumado su obra según el clamor que ha venido hasta mí; y si no, lo sabré.
Pero el Ciudadano estaba aún delante de Jehová.
Y se acercó el Ciudadano y dijo:
- ¿Destruirás también al justo con el impío? Quizá haya cincuenta justos dentro de la Nación, hombres santos que dicen la verdad y habitan entre los otros: ¿Destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él? Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?
Entonces respondió Jehová:
- Si hallare en La Nación cincuenta justos dentro de la política, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos.
 Y el Ciudadano replicó y dijo:
- He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza, simple ciudadano, sólo un uno en las urnas. Quizá faltarán de cincuenta justos cinco; ¿Destruirás por aquellos cinco toda la Nación? 
Y dijo: - No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco.
Y volvió a hablarle, y dijo: - Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor a los cuarenta.
Y dijo: - No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí treinta. 
Y respondió: - No lo haré si hallare allí treinta.
Y dijo: - He aquí ahora que he emprendido el hablar a mi Señor: quizá se hallarán allí veinte. 
- No la destruiré, respondió, por amor a los veinte.
Y volvió a decir: - No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez.

Y el Ciudadano marchó buscó en la Nación los diez hombres justos. Estudió las palabras de Rajoy, el gran Caudillo, y comprobó que había mentido, investigó en las vidas de los jefes menores (el seráfico Camps, le risueña Esperanza...) y se dio cuenta de que mentían y robaban, buscó entre sus jueces y el mayor de ellos estaba en viajes de placer, buscó entre sus líderes femeninas, quizás la belleza fuera bondad, y sólo halló mentiras sin remordimiento...

Apesadumbrado el Ciudadano comprendió que el desastre estaba a punto de consumarse.

(Eurogénesis, 18.16-33)

lunes, 21 de mayo de 2012

Historia de medio diente.

Ocho años tenía yo y parte de los ocho los pasé en el río. Primero en el Avión de mi  pueblo de Ayuela, río cangrejero y ranero donde los haya. Algunos más, entre los tres y los cinco años, en el río Carrión, a su paso por la localidad homónima donde jugué en sus orillas con lindas mocosuelas que hoy me harían suspirar. Y entre los cinco y los ocho en el Arlanzón, río cidiano, que exploré como un pequeño Tom Sawyer trasladado en el tiempo. Río de descubrimientos y aventuras, de miedos y desgracias, río de vida.
Allí aprendí a subir a los árboles. Aquellos pinos tenían la corteza brillante de tantas manos y zapatillas infantiles que se agarraron a ellos.  En sus orillas ejercí de pequeño dinamitero con petardos que estallábamos en los lugares más inverosímiles. Desde un rincón, cerca del puente de la Audiencia, asistía acurrucado al despligue de la pirotécnia que, cien metros río arriba, tejía caminos de luz que surcaban el firmamento burgalés incendiándolo en las fiestas de S. Pedro y San Pablo. En los árboles de la ribera encontraba excelentes horquillas para mis tirachinas.
Al otro lado, tras pétrea pared que protegía el paseo del Espolón de las crecidas, se abrían las bocas de varios pasadizos. Las leyendas de la pandilla atribuían el origen de aquellos túneles a cuevas escavadas desde el Castillo para provisionarse de agua en tiempos de moros. Nosotros las exploramos muchas veces. Usábamos teas fabricadas con palos y plásticos arrollados en un extremos. eran artefactos muy eficientes, pero muy peligrosos: más de una vez he sufrido la dolorosísima quemadura de las gotas de plástico hirvientes que se desprendían goteando como una lluvia de fuego.  Aquellas galerías cruzaban, bajo las raíces de los viejos plátanos del Espolón, desde la Audiencia hasta el restaurante Pinedo, allí había una trampilla que, según relataban los más experimentados, daba acceso a un patio interior del restaurante.
En el puente de la Audiencia, nuestro pequeño Niágara con su resbaladero de cemento, realicé el rito iniciático de cruzarlo entre la rápida corriente. Allí aprendí a pescar cangrejos a mano, sin el miedo instintivo a sus pinzas poderosas. Allí me especialicé en la pesca de cangrejos con ladrillo; unos cangrejos buenísimos que cenamos más de uan vez con la orgullosa satisfacción de que los habíamos pescado solos, sin ayuda y era una personal aportación al rancho familiar.
Allí pesqué mi primer pez y fue una hazaña sorprendente, casi milagrosa. Dos compañeros acudimos a pescar entre los carrizos. Mi amigo llevaba una buena caña, comprada y preparada, con buenos anzuelos y gusanos preparados. Yo, por no querer ser menos constuí una a toda prisa con un palo, hilo de coser y un alfiler doblado como anzuelo. ¿Queréis creer que pesqué una boga hermosísima usando gusarapas de cebo y sin que se rompiera el hilo? Mi acompañante no daba crédito a sus ojos...
Allí nos juntábamos muchos niños jugando. Era el lugar elegido por muchas madres para llevar a sus hijos a media tarde. Solíamos llegar con el bañador puesto y enseguida  nos adentrábamos entre el cieno de la orilla para iniciar juegos infinitos. Muchas veces, entre bromas y veras, acabábamos tirándonos piedras. En uno de aquellos lances en que un pequeño mozalbete me tiraba piedras sañudamente y a la par que yo le respondía con tan mala puntería como él, escuché a mi espalda los gritos enfadados de una mujer. Cuando me volví una piedra impactó contra  mis dientes. La madre de aquel chico se había  unido a la drea infantil y había hecho diana en uno de mis incisivos que quedó límpiamente partido por la mitad. La mujer se disculpó cuando mi madre le recriminó el hecho, pero mi medio diente quedó en el río para siempre. Fue mi infantil ofrenda a las ninfas del Arlanzón.
Y desde entonces a mi sonrisa le faltó medio diente. Y no es cosa menor. Uno se avergüenza de su dentadura desportillada y la intenta evitar. Se pasa de la risa a la sonrisa y queda el gesto para siempre.
¿Os habéis preguntado cómo sería la risa de la Gioconda? Yo creo saber la respuesta: estoy seguro de que tuvo un incidente de pequeña, en un pequeño río italiano...

viernes, 18 de mayo de 2012

¡Que dejes el pájaro te he dicho!


- ¡Que dejes el pájaro te he dicho! ¿Es que estás sordo?
- Sí...

Me acababa de dar la vuelta y tenía ante mí a un extraño individuo que me miraba con gesto crispado agitando las manos ante mi cara. Me había golpeado en la espalda sin que yo me apercibiera de su llegada. Dudé entre enfrentarme físicamente a aquel loco o "parlamentar" tratando de compender el motivo de su enfado. El golpe en la espalda no era doloroso, pero el susto me había aturdido y ahora el corazón me palpitaba fuertemente.

Estaba siendo una mañana muy calurosa. Cuando salí de Roblelacasa no pensaba que el sol apretara tanto así que no cargué con nada para la excursión. Sabía que en Matallana encontraría agua y, siempre optimista, no se ocurrió que el sol apretara tanto.  Para cuando llegué al precario puente que salva el rio ya me había colocado la camiseta sobre la cabeza a modo de turbante. Así que avanzaba con el torso desnudo entre las solitarias calles del pueblo. Recordaba la visita anterior que había realizado cinco añós antes. Reconocí la fuente a la derecha del camino que, un joven estaba reparando cuando me acerqué. Mientras bebia a grandes sorbos me vino a la memoria la conversación que mantuve con aquel barbado joven:
- ¿Hola, se puede beber?
- Sí, estoy arreglando un poco la fuente...
- Muchas gracias (dejé mi mochila acostada contra el parapeto de piedra que la protegía y apoyé el papel con la ruta que sobre la mochila. Se trataba de una ruta publicada en el peiódico El País y escrita por Andrés Campos no hacía mucho tiempo).
- ¡Ah, pero si es la ruta de la hippy violadora! Lo que nos hemos podido reir con ella...

Me cuenta entonces que habían pasado muy buenas veladas riéndose con las ocurrencias que Andrés Campos relataba en ese artículo. Hicieron chistes sobre quién de las jóvenes que vivían en la comuna era la hippy que un talludo sesentón de Roblelacasa juraba que le había perseguido para violarle. Era evidente que el calor ablandaba la sesera de más de uno por esos parajes. Sin embargo Matallana es un pueblo idílico: solitario, arbolardo, fresco, con un cercano río de aguas fresquísimas;  con sus casas derruídas de piedra parda y negra, sus tejados hojaldrados en pizarra, arbustos salvajes creciendo por doquier...  Entonces se estaban reconstruyendo algunas. Hacía unos años se había instalado un grupo de personas que quería un estilo de vida distinto, aislados en plena naturaleza. Algunos permanecías allí, otros acabaron marchando. José Antonio Labordeta recaló en el pueblo cuando dedicó algunos capítulos de su serie "Un país en la mochila" al pueblo de Matallana y afirmaba satisfecho que nunca había probado unas sopas de ajo más deliciosas y que le había sorprendido muy gratamente la noche que pasó allí conviviendo con aquellas gentes tan alejadas de la civilizacion que lo único que echaban en falta era una lavadora.

En todo esto iba yo pensando mientras recorría las calles invadidas por los hierbajos y la maleza. Estaba ya a tiro de piedra de la vieja iglesia derruída que hay al final del pueblo. Llegué a la altura de la ultima casa. Estaba habitada pero presentaba un aspecto descuidado. Dos perros acostados en la fachada se irguieron mirándome con desconfianza. Les eché un vistazo de reojo mientras pasaba de largo. Unos pasos más allá una sombra cruzó el suelo delante de mí al tiempo que sentí el aleteo de un pájaro sobrevolando mi improvisado turbante. Finalmente un cuervo se posa sobre mi hombro... Luego desciende hasta el suelo a unos pasos delante de mí. Me quedo con la boca abierta: ¡Un cuervo que no siente ningún temor por los humanos! Me acerco con curisosidad y no huye... Me aproximo con cuidado, intento cogerle, me agacho... tiendo la mano muy despacio, le hablo como un niño perdido, como si le tranquilizara...
Es ese momento noto un golpe en la espalda que casi me tira al suelo y una voz que me grita:
- ¡Que lo dejes! ¡Que dejes el pájaro te he dicho! ¿Es que estás sordo?
- Sí...
Se sorprende. Continuo:
- Sí, estoy sordo. No oigo bien. Normalmente llevo audífonos pero ahora no por el sudor... ¿Que me decías algo? Pues no te he oído...
Él, desconcertado, se escusa:
 - Perdona, no lo sabía...
Y explica:
- Es que el pájaro se va con cualquiera. Lo he domesticado. Se va con todo el mundo. Ya me han robado otro... La gente viene y se lleva el pájaro...
-Pues yo no tengo la culpa y me has dado un susto de muerte...
Él se disculpa de nuevo. Parece comprender que ha metido la pata. Yo no quiero más problemas así que le doy la espalda y continúo andando...

miércoles, 16 de mayo de 2012

La llamada de Dios.


El cicloturista rodaba por el camino de Herrera a San Felices. Hacía poco pasó por el parque de San Juan del Monte donde se detuvo a curiosear entre las casetas que tienen, en pleno monte, las Peñas de Miranda para la fiesta de su patrón. La ruta transcurría próxima a los lindes entre Burgos y La Rioja por los Montes Obarenes y satisfacía totalmente las espectativas del ciclista: terrenos solitarios y boscosos, montes de media altitud (aptas para los excursionistas como él), paisajes interesantes... Era mediodía. El ciclista hacía tiempo que había agotado el agua de su bidón y tenia sed. En un leve recodo apareció un reco muro de piedra que se mantuvo paralelo al camino durante 200 metros hasta terminar en un portón de acceso cobijado por una amplia tejavana. Al otro lado se distinguía una hermosa espadaña de tres vanos vacíos de campanas y algunas dependencias de lo que se adivinaba un solitario monasterio.



Había recalado, sin saberlo, en el monasterio de Santa María de Herrera aunque luego supo que los monjes que lo habitan lo llaman llamarlo "El Yermo" con el significado de "lugar solitario, lugar habitado por religiosos que consagran sus vidas a Dios y a sus hermanos, en la oración continua".  Se detuvo ante la puerta y se le ocurrió pensar que en ese lugar, seguramente, podría encontrar agua para su garganta reseca. Al otro lado de la  puerta apareció un monje. Su hábito parecía sacado del atrezo de una película de las cruzadas. Una larga y descuidada barba colgaba desde sus mejillas. El ciclista le hizo  señas y el monje se acercó en silencio. El sudoroso visitante preguntó por alguna fuente en los alrededores. Añadió que no había bebido agua en toda la mañana y estaba muerto de sed. Él le miró largamente y, con un además lento y amable, le franqueó la entrada y le invitó a entrar. Casi con un gesto, y con algunas palabras contadas, le indicó una fuente junto al muro a unos 100 metros a la izquierda. Allí surgía un chorro de agua fresquísima que llenaba un pilón. El momje, con los brazos recogidos bajo el manto, se volvió pudorosamente al ver que el sofocado ciclista se quitaba la camisa para lavarse y esperó pacientemente a que terminara. El excursionista bebió y llenó su bidón. Luego volvió al lado del monje para darle las gracias. Él parecía haber estado meditando lo que iba a decirle. Le miró y en un tono solemne anunció: - "Yo sé quién te ha conducido hasta aquí... Ha sido Dios."
En el interior del visitante se encendieron todas las alarmas. Se accionaron resortes olvidados. Sonaba el tic-tac de una bomba a punto de estallar. - ¿Qué me ha traído Dios aquí? ¡Oh, no, por favor: otra vez, no!

Esbozó una sonrisa. Le dió apresuradamente las gracias asegurándole que sólo le había llevado allí la sed. Añadió que tenía prisa y, montando en la bici, se alejó de aquel remanso de paz. Demasiada paz, pensó para sí. Al salir echó un vistazo a las celdas de los monjes a la derecha de la entrada. No se imaginaba allí de por vida en absoluto. Y no le gustaba ni un pelo este proselitismo al asalto... Como huyendo de un rapto, como evitando una insinuada abducción, se alejó del allí pedaleando nervioso sin volver la vista atrás.  

Esta historia está basada en una anécdota verídica y su relato se corresponde a la realidad hasta donde lo recuerdo pues ocurrió hace unos veinte años. Como uno es perro viejo, es difícil que pique nuevamente el anzuelo (ya piqué una vez). Ya son varias las veces que veo a algún monje presentarse en mi vida con afanes de rendención. En una ocasión, en el Monasterio de Samos (Camino de Santiago) al pedir ayuda para una joven alemana desorientada que había perdido a su grupo, el monje que me atendió la trató como si hubiera sido una víctima descarriada de la vida y se sintió en la obligación de prestarle los terapéuticos servicios de la orden. Y yo personalmente viví seis años de aspirante en una congregación religiosa. A otro perro con ese hueso. Sé la vida que me esperaba y estaba de vuelta.

Para los que no conocen el estilo de vida camaldulense (recalé en el único monasterio camaldulense de España donde vive una de las comunidades eremíticas más estrictas), dejo aquí constancia de algunas de sus normas y horarios. Vamos, para hacerse una idea de lo que le esperaba al ciclista sudoroso. Y si alguno siente la llamada con oídos más dispuestos que yo, que estoy un poco sordo la verdad, al final encontrará la reseña para contactar con la orden.

Siete días en el Termo camaldulense de Nuestra Señora de Herrera. 
de Javier Onrubia Revuelta (fjonrubia@inicia.es)

"Cada eremita vive en una celda individual, situada simétricamente a corta distancia una de otra, de la cual sale para los actos comunitarios y para las necesidades espirituales y materiales tanto suyas como del Yermo…
Como cristianos que han recibido la llamada de encontrar a Dios en la soledad y el silencio, tanto exterior como interior, disfrutan de ello y hacen todo lo posible por conservarlos. No tendría sentido retirarse del mundo y luego dejar entrar su espíritu en el Yermo.
Por este motivo la radio, la televisión y cierta prensa no tienen cabida entre los eremitas… El Prior dispone de una radio para estar informado de lo que ocurre fuera del Yermo.
Dentro del yermo reina habitualmente el silencio, pero es un silencio sereno, tranquilo, sin olvidar que el silencio es simplemente una observancia y por lo tanto un medio, no un fin; el silencio no es algo absoluto, pues absoluto solo es Dios.
Así, aún en días sin dispensa de silencio, si es estrictamente necesario hablar podrá hacerlo, aún más si es necesario para vivir la caridad…
El eremita trata de que su corazón esté siempre y en todo momento orientado hacia Dios, liberado de cualquier tipo de pasiones y egoísmos.
El solitario trata de convertir toda su vida en oración, esforzándose en mantener el “recuerdo” de Dios durante todas las ocupaciones que la vida monástica comporta.


Horario de la Jornada en el Yermo Camaldulense
3,40 Levantarse
4,00 Maitines.
5,00 Lectio Divina.
6,00 Laudes- Santa Misa- Tercia.
7,30 Desayuno.
8,15 Inicio del trabajo.
11,30 Fin del trabajo.
12,00 Angelus – Sexta – Examen de conciencia.
Comida.
14,30 Nona – Letanía de la Madre de Dios.
17,30 Santo Rosario.
18,00 Vísperas.
18,30 Lectio Divina.
19,30 Cena
20,00 Lectura capitular – Completas
DOMINGOS Y SOLEMNIDADES MAYORES
6,30 Laudes – Santa Misa.Desayuno.
9,00 Tercia.
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Temas vocacionales dirigirse a:
YERMO CAMALDULENSE DE NUESTRA SEÑORA DE HERRERA
APARTADO DE CORREOS 406. (09200) MIRANDA DE EBRO - BURGOS – ESPAÑA
tel. 941 74 40 04.
—————————————————————

lunes, 14 de mayo de 2012

A pleno Sol

Domingo, 13 de mayo de 2012. Puerta del Sol, Madrid. 13:00


El sol aprieta en la plaza. La sombra vertical delata el mediodía. En ese momento apenas hay 40 personas frente al responsable de presentar la asamblea. Éste desgrana las actividades que se están realizando con calma. En las más emblemáticas plazas de Madrid se realizan ahora asambleas y cada una de ellas tiene asignado un tema. Aquí se debatirá sobre economía (el plato fuerte pienso para mí...). A su espalda, alineados a la sombra de la fachada principal de la Casa de Correos, no menos de 8 furgones policiales esperan con su dotación lista para una posible intervención. En otro costado de la critalera de acceso al metro otro grupo organiza una improvisada intendencia. Un joven resuelto responde ante las cámaras de una TV internacional. Subidos en el borde de la fuente algunos cámaras filman a los congregados...

Yo vengo por la calle Carretas, tras visitar El Rastro. Me queda media hora antes de quedar con Charo, mi mujer, y siento curiosidad por visitar a los congregados del 15M. Decepciona un poco ver a tan pocos. Quizás sea la hora, o el sol que cae a plomo sobre el empedrado...  Ayer se reunieron varios miles. Su foto aparecía en los periódicos cubriendo de animación toda la superficie de la plaza. Los organizadores parecen no inmutarse; parecen atenerse a un guión escrito desde el principio del mundo "Ningún fracaso es eterno, todo éxito es pasajero.". Parecen cumplir su cometido como gotas en la corriente que saben que la roca acabará cediendo. Me  ofrecen un paraguas, pero rehúso; tengo que acudir a la puerta del Corte Inglés a esperar a Charo. Mientras espero, apoyado en la parez del cruce de Preciados con Tetuán veo las animadas mesas de Casa Labra con su bacalo rebozao y sus croquetas. Yo me contento con una cerveza de lata comprada en  un pequeño comercio más abajo: 0,8 euros. En ese momento se concentra un pequeño grupo frente a la puerta. Uno de ellos desnudo al parecer bajo un liviano mono de papel, otro llega con su bici, otro -más pesado- despliega un taburete portátil y se sienta. Alguno mira alrededor como estudiando la situación, acaso comprobando vías de escape o inentando descubrir si álguien se enfrentará con ellos...
Se sientan en corro. Un corro pequeño de unas 8 personas. Reparten algunos papeles y comienzan a intervenir en una prevista asamblea con voz traquila y apaciguadora. Sujetan un pequeño altavoz de mano mientras apoyan su disertación en algunos  papeles impresos procedentes, parece, de alguna de las web en que colaboran. Están planteando  una huelga de consumo responsable (muy propia enfrente del más céntrico edificio del Corte Inglés). Van desgranando razones, estudios, planes...  No hay ni un gramo de exasperación. Nada de tonos mitineros. Son intervenciones relajadas, casi cansinas...

La gente circula. Todos miran. Algunos se quedan un rato a curiosear. Yo hacer rato que me senté, pero en mi caso apoyando la espalda en la pared y en un discreto segundo plano. Un transeunte se acerca y le susurra a quien está en uso de la palabra que "lo que hay que hacer es trabajar". Tranquilamente le razonan que "ellos ahora están trabajando", están trabajando para mejorar esto... y le piden un respeto. Yo me indigno de forma más visceral y le replico que "es domingo", "estamos aquí como tú", añado, "en nuestro tiempo libre...";  no estamos ociosos el resto de los días precisamente...

El individuo no responde y se queda aún un momento desafiante.

Charo sale ya. Yo le hablo de la huelga de consumo, de lo estudiada que la tienen, de que esa actitud también es la mía que apenas piso el Corte Inglés por convicción personal...

Y ella, como si no me hubiera oído: "He comprado una camisa y un bolso. Me he  probado un montón de cosas. ¿Vamos a comer a la Finca de Susana? "

sábado, 12 de mayo de 2012

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miércoles, 9 de mayo de 2012

La Lengua

Ahora que me toca explicar (y repasar previamente los viejos conceptos olvidados) Lengua y Ciencias Sociales en 1º de E.S.O. estoy inspirado para escibir este microrelato sobre "La Lengua". Ha sido enviado al concurso publicado al efecto (creo que por el Instituo Cervantes)... como ho he tenido noticias de ser el ganador (¡Ya quisiera!) lo hago público en el blog, que hay días en que, con la inspiración negada, se tira de artículos enlatados como la programación de una TV en huelga.


"Porque yo creé a Dios a mi imagen y semejanza pude blasfemar. Porque en el principio fue el verbo y la palabra modeló el mundo pude mentir. Porque los sonidos que escuché y luego comprendí y luego hablé  se transmutaron en mi cabeza con la alquimia del pensamiento pude crearte y destruirte.  Porque caminé por las calles de Babel, escribí en las tablillas de Asur, esculpí en el obelisco de Luxor, froté la pluma en los pergaminos de la abadía; puedo legislar tu pensamiento.

Yo me llamo Lengua y soy Nívola, barro del Edén, Argé de tus pensamientos, código encantado, sueño compartido, semánticos arpegios…

Y tú eres Lengua: cazadora de mi verbo,  diana de mis flechas,  camino y meta,   espejo y mirada,  río y manantial…

Y ambos nos reconocemos y amamos. Y de nuestra cópula naden hijos que  crean sus dioses y blasfeman,  palabras que modelan y mienten, pensamientos que crean y destruyen…"

lunes, 7 de mayo de 2012

Mis fetiches (6): La colección de minerales


Ayer día 6 de mayo, se celebró el Geolodía de este año 2012. Geolodía es una iniciativa nacida en el año 2005 con el fin de acercar la Geología al público, mostrando la riqueza natural de nuestro país, el patrimonio geológico y paleontológico o los recursos naturales geológicos, así como el papel que la Geología tiene para la sociedad y en la conservación, protección y la recuperación del medio natural. Durante el Geolodía, se organizan visitas a puntos de nuestro territorio nacional donde geólogos explican, de forma gratuita a todos los que allí se acercan, las características geológicas de nuestro territorio.

La propuesta de participar en esta actividad partió de Estrella, antigua compañera y siempre buena amiga, que me invitó a realizar la ruta geológica programada este año en la provincia de Guadalajara: una visita al patrimonio minero de Hiendelaencina, pueblo alcarreño que explotó la más importante mina de plata de Europa en su época. Uno de mis preciados fetiches, como tocado por una mágica radiación, brilló en lo más profundo de los recuerdos. Mi colección juvenil de minerales irradiaba una luz antigua desde la oscuridad del olvido: una aureola de renacido interés les envolvía. Su energía me impulsó a aceptar inmediatamente.

Así que pasamos toda la mañana asistiendo a pequeñas conferencias sobre el terreno muy esclarecedoras sobre la dinámica de los materiales geológicos, la relación del medio físico con la flora y la fauna, la explotación minera a pie de pozo en la mina Santa Catalina, el complejo proceso de extracción de la plata en la mina San Carlos y su reciente expolio, el impacto de los materiales y escombreras, recorriendo la impresionante montaña de arena formada por las balsas de lodos, aprendiendo sobre cómo el medio se transforma bajo la explotación intensiva del subsuelo... Me sentía como un joven estudiante universitario. Los profesores, profesionales y amables, se hacían cercanos alejándolos de esa imagen exótica de solitario explorador que, piqueta en mano, golpea las rocas de lejanos desiertos... Entre los monitores además: una experta en medio ambiente y un entrañable paisano de la localidad que vivió toda su vida al pie de estos pozos.

Cuando la servidumbre de seguir al grupo se acabó (a eso de las 3 de la tarde) pude dedicar unos momentos a rebuscar por las escombreras con la avidez del buscador de tesoros y el anhelo de encontrar un trozo de roca con inclusiones de algún sulfuro de plata... Ilusiones vanas, apenas pude encontrar un trozo de cuarcita con minúsculos cristales plateados (que bien pudieran ser mica). Me conformé con los más plebeyos (pero más representativos paras el uso escolar): algún esquisto, un pedazo de gneis, varias cuarcitas amalgamadas con mineral de hierro... pero todo ello me devolvía la ilusión de la niñez cuando empecé a coleccionar minerales a partir de búsqueda propia, donaciones e incluso compras (esto último casi heroico dada la escasez de mis propinas).

Pocos días antes había tenido que explicar a dos de mis alumnos los tipos de rocas y, con afán didáctico, hice una pequeña excursión en pleno puente de mayo y casi lloviendo al viaducto sobre el Cigüela, cerca de Palomares del Campo donde pasaba esos días, para obtener unos buenos ejemplares de yeso cristalizado (speculum para los romanos o espejuelo para los lugareños), así como algunos nódulos de sílex (la prehistoria era el siguiente tema de Ciencias Sociales). En otra excursión anterior a la Sierra Norte de Madrid llené también mi mochila con granitos, pizarras, esquistos, cuarzos... Parecía estar volviendo a la fiebre coleccionista de mi niñez.

Mi completa y personalísima colección de minerales y fósiles acabó en Torres de la Alameda. Fue una donación al colegio que, supongo, alguien habrá sabido aprovechar. Y es que cada mineral, cada fósil, encerraba dentro una pequeña historia geológica del planeta y otra pequeña historia biológica personal.

Allí quedó, por ejemplo, una estalactita arrancada, de entre las pocas que quedaban ya, de una de las cuevas de Atapuerca (en el año 1978 y anteriores las ahora famosas cuevas de esa pequeña sierra eran visitadas y expoliadas sin impedimento alguno, en el techo de las grutas más visitadas apenas quedaba algún estalactita "sin capar"). Estaba también un frasco con auténtico petróleo del Páramo de la Lora, en Burgos, que yo mismo llené desde el enorme charco negruzco al pie del balancín de la bomba de extracción. Destacaba entre ellos un pedazo de cuarcita con una galena bellísima que se fragmentaba en cubos plateados al golpearla; fue conseguida a mis quince años, tras una dura marcha desde el campamento en la Sierra de Gredos, en el trayecto desde Navalguijo a la Laguna de los Caballeros, poco después de pasadas las espectaculares chorreras del arroyo del mismo nombre. De la sierra de Gredos eran también unos hermosos ejemplares de biotita y unos fascinantes cristales de cuarzo con sus prismas y pirámides exagonales cual columnas transparentes surgiendo anárquicas de la roca... Y el pesado trozo de cinabrio de Almadén con su raya roja como la sangre y la increíble sorpresa de descubrir en el interior minúsculas gotas de mercurio nativo que admiramos un día al romperse. También tenía su casilla la limonita encontrada rebuscando quién sabe donde, el oligisto, transparentes láminas de mica... Pequeñas muestras compradas o adquiridas mediante canje a compañeros de calcopirita, pirita de hierro, olivino, aragonito,mármol, talco... Hasta más de 50 piezas, cada una con su historia, se acumulaban en aquella caja. Y todas ellas etiquetadas con su letra infantil y desgarbada.

Estaban también los fósiles, aún más preciados por ser recuerdo de algo vivo que provocaba en la imaginación una película de mares, fondos marinos, selvas cuaternarias... Trozos de árbol fosilizado de Castrillo de la Reina en Burgos, pequeños troncos cristalizados, trilobites, amonites, erizos, hermosos nautilus prehistóricos... Abundaban numerosos conglomerados de caracolillos y conchas... Destacaban las grises pizarras de arcillas con estampaciones vegetales, las hojas en ellas parecían perfectamente pegadas como un herbario de piedra. Las carreteras en construcción en los alrededores de Arca, en Cuenca, ofrecían este tipo de recompensas a los espíritus geológicos inquietos...

Cada piedra una historia. Desde su rincón, en algún oscuro almacén, quizás en algún vertedero, esas piedras -amuletos de mi vida- irradian su energía hasta comulgar de nuevo con mi espíritu aventurero y curioso. Yo las rescato del pozo del olvido en éste, su día dedicado.


sábado, 5 de mayo de 2012

El partidillo

 
Allá por el año 1996 llegamos a la urbanización. Fue una cómoda colonización  del asfalto y el cemento de unas parcelas ya edificadas en la Urbanizacón Mirador del Henares, donde antes se cultivaba maíz y patatas de muy buena calidad. Llegamos aquí sin conocernos, con la excitación y la curiosidad de quien inicia una vida "de calidad" en unos chalets construídos por una empresa urbanizadora del BBVA en el cinturón exterior de la localidad de Cabanillas del Campo, en Guadalajara.

Llenos de iniciativa pronto se  entablaron relaciones entre los vecinos. Muchos de ellos eran trabajadores de la cervecera Mahou y se conocían de antes.  Enseguida se organizaron comidas y fiestas en el club social. En el local multiusos del club, ocupado entonces por un bar-restaurante que nunca ha logrado funcionar, degustamos memorables patatas con jabalí, cuscus, deliciosas paellas... Fue en una de aquellas comidas donde, al terminar, una de las parejas jóvenes de nuestra calle tuvo la idea de traerse de casa el karaoke. El ambiente era estupendo y las primeras canciones empezaron a sonar... Pero en esto, apareció un grupo de jóvenes, en torno a los 17 años, de la propia urbanización (hay estadística suficiente para nutrir grupos de todas clases en una urbanización de 560 chalets). Estaban indignadísimos porque a ellos se les había prohibido realizar actividades de ese tipo en el local (hay que pensar que su escuálido nivel adquisitivo y su elevado nivel de algarabía no daba  para entusiasmar a los arrendatarios del local). Venían con la intención de boicotear la fiesta y lo consiguieron. Se discutió, se gritó, se insultó, se llegó a las manos... se derribaron algunas macetas y mesas del salón...  Fue sorprendente ver transformarse en fieras tigresas a algunas de nuestras dulces vecinas. Demostrando conocer las leyes de la calle en la más pura escuela vallecana se denfendía el derecho al karaoke haciendo ostentación, llegados al límite, de modales incluso barriobajeros.

No llegó a más la cosa, pero dejó un poso de rencor en ambas partes que, ya más sosegados, nos propusimos aliviar. A alguien se le ocurrió la idea de llevar el enfrentamiento al plano deportivo, donde podría solventarse civilizadamente el resquemor que aún caldeaba los ánimos. Así que se organizó un partido de futbol sala que tuvo lugar en las pistas de cemento del ayuntamiento situadas al lado del campo de futbol. Allí se presentaron los buenos y no tan buenos como era mi caso, además de algún fichaje "galáctico" adquirido para la ocasión por algún vecino entre sus amistades. Así que se formó una alineación de seniros contra juniors en la que los más experimentados confiaban en su experiencia para escarmentar a unos juniors que se juramentaban entre ellos para tomarse cumplida venganza humillando a aquellos treintañeros prepotentes.
El partido comenzó bien para los casados, comenzaron marcando y mantuvieron su ventaja durante buena parte del encuentro. Pero, poco a poco, las fuerzas se fueron agotando y los más jóvenes se crecían. Lograron empatar y finalmente ganaron el partido. En el bando de los casados las heridas de la batalla fueron cuantiosas: durante días los cuerpos se resintieron de los violentos giros y fintas forzando el tobillo contra el cemento de la pista. El cansancio y las agujetas no nos abandonaron hasta pasada una semana. Uno de nuestros vecinos rompió su talón de Aquiles en uno de aquellos regates. Todos oímos espanados el chasquido del tejido al romperse. La mayoría tuvimos algún grado de tendinitis. En mi cuenta particular contabilicé un esguince. En el calor del partido apenas sentimos excitación y furia, pero después...

Algo tuvo de bueno aquel encuentro. La enemistad generacional cesó y el incidente pasó a ser recordado como una anécdota simpática... menos para uno de nosotros, condenado a una larga rehabilitación de meses. Recuerdo bien aquel  partido: fue el último en que he participado y hacen ya 16 años.

viernes, 4 de mayo de 2012

Escritor.es



Desde hace seis meses prodigo las entradas en el blog. Últimamente edito una cada dos o tres días. Algunas ligeras, otras largas y elaboradas. Anoto cada ocurrencia y esbozo borradores que completo de cuando en cuando. Me lleva tiempo, esfuerzos casi dolorosos, a veces satisfacciones presonales estimulantes; pero ¿quién me lee?. Pocos, lo sé...

Uno escribe por varios motivos pero si lo hace en un medio público el deseo de ser leído será uno de ellos. Para el simple recordar símplemente están las biografías secretas, para ajustar desordenes mentales los diarios íntimos, para experimentar los escritos destinados a la papelera... pero yo escribo también para que me lean.  Suelo hablar poco y esta es mi forma de comunicación alternativa.

Los contenidos no no son malos. No describo la supervivencia como Papillón, ni lo exótico como Marco Polo, ni lo sublime como Lorca, ni lo divino como Santa Teresa, ni lo humano como Neruda... sólo son pequeñas cosas, ocurrencias diminutas, un poco de nada; pero siempre con algo de chispa, con una pizca de originalidad en el enfoque, con algún juego sorprendente de ideas o palabras (al menos eso pretendo)...

Las formas un tanto descuidadas, pero juro que me esfuerzo y repaso los textos varias veces. La espontaneidad es rara avis: predomina el trabajo de fragua vegetal del pájaro carpintero. Y pese a ello encontrarás garrafales errores: alteraciones de letras, fallos de ortografía, faltas de concordancia, anarquía en la exposición, frases mal hilvanadas y profusión de los malditos adjetivos... Lo acepto. Estoy aprendiendo.

Mis críticos (amigos o desconocidos) suelen ser benévolas. Pero son pocos los que alzan la voz para comentar, para dar su opinión;  la mayoría calla... y el que calla, en estos medios digitales, no otorga: arrebata con su silencio los ánimos del autor. Algunas impresiones cofesadas personalmente calman mi pobre ego de aspirante a escritor. Una cuantas son generosas hasta la exageración, casi empalagosas. Varias indulgentes...  Otras prudentes silencios. Pero son tan pocas...

Así que he decidido exponerme en los escaparates de la red. Albergo la esperanza de nutrir la lista de seguidores hasta llegar a los dos dígitos. Aspiro a colocar el dígito de los dedos de una mano en los millares de la lista de visitas. Me propongo animar la aparición de comentarios: desde el escueto acto de presencia (frase y firma de paso) y el  breve jalear (¡Muy bueno!, ¡Ánimo, Jesús!) hasta la aportación valiosa, o el serio debate epistolar. Visibilidad: esa es la palabra. A partir de ahora practicaré el pragmático arte de situarme en la palestra, de ponerme en pública exposición, de anunciarme a los cuatro vientos digitales de la globalidad. En este momento se presenta: Jesús Marcial Grande, escritor.es.

miércoles, 2 de mayo de 2012

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¡¡¡URGENTE: FALLECE HACE UN AÑO,
JOSÉ LUIS MARTÍN VIGIL!!!



Prácticamente solo, arrasado por la enfermedad, la vejez y el olvido; en una residencia de Alcobendas y con 91 años falleció el 20 de febrero de 2011, José Luis Martín Vigil. El escritor más popular y autor de millonarios best seller en la décadas de los 60 y 70 murió sin que su muerte trascendiera. Tan sólo un año después, en un artículo del diario El Mundo, se da cuenta de su muerte en silencio

Ya fuera profecía o cumplimiento de sus deseos, su muerte pasó completamente desapercibida. Ni la prensa, ni las autoridades, ni sus colegas, ni sus muchos lectores nos enteramos del fallecimiento de este hombre que dejó escrito:
"...En cuanto a mis restos, sólo deseo la cremación y consiguiente devolución de las cenizas a la tierra, en la forma más simple, sencilla y menos molesta y onerosa. Pasad pues de flores, esquelas, recordatorios y similares. Todo eso es humo: Sólo deseo oraciones. De este mundo sólo me llevo lo que me traje, mi alma. Consignado todo lo cual, agradecido a todos, deseo causar las mínimas molestias..."

Incluso su perro, enterrado en el cementerio de mascotas de Arganda del Rey, recibió un homenaje más sentido.
 
La muerte está en el camino
Hace unos días, me fijé con detenimiento en al texto de la estela funeraria esculpido en una placa, al pie de una roca coronada por dos mastines de  piedra, y que acababa de incluír en una de las entradas del blog ("El Último Parque",)
Me llamó la atención la firma: "Martín Vigil". ¿Acaso se trataba del famoso escritor idolatrado de mi adolescencia?.  Decidí investigar un poco. Posiblemente fuera un pequeño homenaje a una mascota suya de este popular escritor de mis años mozos.  Acudí al impetuoso caudal de resultados de Google: si álguien había publicado algo en internet sobre el asunto allí estaría. Tecleé primero: "Martín Vigil" + perro. El buscador me devolvió 22.000 resultados en 34 centésimas de segunto, pero cuando accedí a sus primeros resultados. La acepción de "perro" que aparecía en los artículos se refería siempre al sentido figurado y despectivo de "vida perra", "vivir como un perro", "rabia como un perro"... Sin embargo, al leer entre líneas, observé que muchos hacían  referencia a la muerte inadvertida del famosos autor un año antes, entre el olvido y la ausencia de reconocimiento. Otras comentarios me impactaron aún más: la veladas acusaciones de homosexual. ¿Cómo era posible que el autor que me recomendaron vivamente en mi juventud, fuera homosexual y, posiblemente, pederasta?

Debía investigar un poco. Acoté la búsqueda seleccionando el primer verso y colocándolo entre comillas. Enseguida el buscador me dirigió al blog de Jesús de Valdeavero (¡Qué próximo a mi localidad de Cabanillas del Campo! Me pregunto quién será este personaje...). Además de confirmar que los versos pertenecen efectivamente al escritor José Luis Martín Vigil, contiene un excelente y completísimo reportaje sobre "El Último Parque".  Un reportaje que no encontré cuando me documenté para la entrada anterior.

Confirmada así la devoción por los animales del escritor, me puse a investigar su biografía: los motivos de su éxito, su personalidad, el porqué de su expulsión de los jesuítas, su insinuada homosexualidad y, sobre todo, su triste y solitaria muerte.

Dediqué algunas preciosas horas de mis tardes libres a documentarme un poco sobre su vida. Ha sido difícil componer una biografía fiable con las anotaciones y publicaciones no sìempre contrastadas de internet. Pero, atando cabos y tejiendo con paciencia el material encontrado se puede construir una biografía reveladora.

De su infancia natal en Oviedo apenas aparece información: Nació un 28 de octubre de 1919, bajo el signo de escorpio. Estudió en los jesuítas lo que, seguramente marcó su vida. En su novela autobiográfica "Los Tallos Verdes" nos cuenta su adolescencia en Oviedo, asistiendo, desde la inconsciencia que da la juventud y la pertenencia a una buena familia, a los terribles acontecimientos sociales que se vivieron en la década de los treinta. Refleja allí la amistad profunda con sus camaradas de estudios, a los que se sentía espiritualmente muy unido. Realizó estudios de ingeniería naval (ingresó en la academia con el número 1) que fueron interrumpidos al estallar la Guerra Civil. Combatió en el bando nacional primero como cadete y luego como oficial en los frentes del Ebro, Madrid, Estremadura y Toledo. Terminada la guerra terminó sus estudios de ingeniero y emprendió los de Filosofía y Letras, Humanidades y Teología en la Universidad de Comillas. Ingresó en los jesuítas en 1948, se ordenó sacerdote en 1943 y desde entonces ocupó la capellanía de varios colegios mayores y dirigió varias organizaciones católicas hasta 1958 en que abandonó la Compañía.  Del porqué de aquel abandono hay diferentes versiones; acaso la más probable sea la manifestación de sus inclinaciones homosexuales  (fue expulsado, según cuentan algunos curas que le conocieron).  La compañía guarda un riguroso silencio al respecto. Otros lo achacan a sus ideas expuestas en algún sermón o publicación escrita cuando era capellán en el colegio jesuíta del Apostol Santiago en Vigo. Él siempre ha recordado y mantenido su admiración por la compañía: "Nunca olvidaré mis años en la Compañía de Jesús. Su formación es algo que marca. La estancia en aque colegio marcó su vida también de otra manera pues, basándose en su experiencia en el trato con adolescentes escribió su primera y, quizás más famosa novela: La vida sale al encuentro. A partir de ese momento su fama como novelista no paró de crecer, cosa que a él mismo le sorprendía.
De vuelta a su Oviedo natal trabajó como capellán y consiliario de adolescentes y jóvenes universitarios. Combinaba esta actividad con sus actividades sacerdotales en las que destacaban sus homilías. Fue siempre un magnífico orador. Son memorables sus concurridas conferencias en las Salesas de Oviedo o sus sermones en Salamanca. También fue jurado, contertulio y redactor en numeros concursos, programas y ediciones literarias.
En 1966, en Oviedo es objeto de investigación por el Arzobispado en relación a una acusación de abusos a menores. Uno de los afectados era su propio sobrino lo que produjo gran dolor y tristeza en su familia.  El proceso se realizó con la discreción y secreto habitual en estos casos. Como resultado del mismo le fue prohibido confesar y predicar, pero nunca se le prohibió decir misa, lo que continuó haciendo en San Juan El Real. Martín Vigil ha estado hasta la fecha de su muerte inscrito en la guía diocesana del Arzobispado de Oviedo, aunque no adscrito a parroquia alguna.
Sobre los años 55/56 vivía en salamanca donde el éxito de sus homilías era legendario hasta el extremo de que la aglomeración resultante de agolparse a oirle en La Clerecia hacía necesario cortar el tráfico cercano a la Casa de las Conchas. Cuando no le era posible acudir personalmente dejaba grabado su sermón y se reproducía desde el púlpito.
 A partir de 1967 (aparentemente alejado de la Iglesia oficial) vino a vivir como escritor a Madrid, habitando en una buena casa del barrio de Salamanca.
Una de sus últimas apariciones públicas fue en 1987. El sacerdote andubo metido en un asunto algo turbio de cuadros de Picasso robados el año anterior del Museo Español de Arte Contemporáneo (MEAC) y misteriosamente recuperados. Según él mismo contó a la policía, Martín Vigil recibió esos cuadros de un joven de unos 25 años y del que no desveló su identidad acogiéndose a que se los había dado bajo secreto de confesión
Sobre su homosexualidad, hay demasiados cabos como para formar una soga. Parece confirmado, incluso probado, que sus tendencias le originaron la expulsión primero de la compañía de Jesús y posteriormente de Oviedo. Incidentes policiales, denuncias en Alcalá de Henares, etc... están documentadas.
Quizás Miguel Lamet, jesuíta y escritor como él, le comprenda mejor que muchos. En su artículo-rescate de su memoria enel diario El Mundo aporta datos y puntos de vista reveladores. Según afirma "...en sus últimos años tenía una casa en el barrio Salamanca y le habían llegado algunas noticias brumosas relacionadas con la policía y algunos de sus muchachos, aquella obsesión que le había provocado dejar sucesivamente a los jesuitas y después, el sacerdocio. Las amargas situaciones por las que discurrió la vida del ex sacerdote, al que acabaron por prohibirle confesar, luego predicar -llenaba la Iglesia de Salamanca- y definitivamente le condujeron a secularizarse, se percibe en su ulterior saga de novelas sociales sobre situaciones conflictivas como 'Una chabola en Bilbao' o 'Los curas comunistas' que escandalizaban en la España timorata de aquellos años. ¿Fue pederasta? Lo ignoro. Las últimas veces que lo vi iba con jóvenes bien crecidos. En todo caso, en estos días de salidas del armario, nadie condena a Lord Byron, Lorca, Gide o Proust por su orientación homosexual. Más bien todo lo contrario..."
Los últimos años del novelista, que se había secularizado en 1957, coincidieron con la posibilidad de vivir más libremente su oculta homosexualidad y de escribir sobre ello, aunque el asunto sea fácilmente rastreable desde sus primeros libros. En 1976 le salpicó el escándalo. Paradójicamente, el autor más aleccionador del tardofranquismo fue acusado de pederastia, aunque la denuncia no llegase a prosperar.
José Luis Fernándezde la Cigoña en su blog  "La cigüeña de la Torre" cuenta el 9 de febrero de 2007: «Le conocí de jesuita en el colegio de Vigo, mi ciudad. Era el cura de moda: simpático, brillante, nos entusiasmaba a todos (…). Varios años después volví a encontrarle en el Drugstore de Velázquez que permanecía abierto cuando ya todo había cerrado. Y lo que vi no me gustó. Hasta elpunto de que ya no me acerqué a saludarle. Ahora pensaba que había muerto en el olvido. Veo que no es así».
El escritor Luis antonio de Villena relata en su página personal " [...] un día, al filo de la muerte de Franco –en 1975- entré en un bar gay de Madrid (eran pequeños y discretos, pero los había) y lo ví allí –primera hora de la noche- hablando e invitando a chicos jóvenes que yo conocía. Aquella vez nada dije, pero como su presencia se repetía, les pregunté a los chicos si sabían quién era aquel señor. “Claro –me contestaron- es cura y le llaman “La Perejiles” (Supongo que por la fácil rima Vigil/perejil, sino no lo entiendo.) Y añadieron más: iban a su casa, les hacía algún regalo, pero sólo les pedía que se desnudaran y acariciarlos. Él (les parecía curioso) no se desnudaba. Yo sólo pensé en qué dirían los curas de mi casi olvidado colegio si supieran quién era el autor de su “lectura espiritual”. Algo después me decidí y me acerqué a saludar (en el bar gay) a Martín Vigil. Estuvo cordialísimo y gentil conmigo, dando por hecho –era una evidencia- lo que yo también daba por hecho. Yo había publicado ya algún libro, y creo que tuvo la cortesía de decirme que sabía que yo escribía y que me había leído…"
A sus 91 años, el novelista de moda en la España de los 60 vivía solo en un apartamento de Madrid, bien atendido por una vecina, aunque soportando una grave enfermedad (usaba silla de ruedas,  había sobrevivido a un derrame cerebral y estaba afectado por parkinson). Cuentan que al final se paseaba por internet y chateaba con los amigos, jóvenes principalmente. A uno de ellos le escribió: "Sigo como la víspera. Esto también puede ir para largo. Nadie lo sabe. Yo me preparo para lo que venga. En esto de la muerte, como en todo, Dios es mi padre y tiene mano en el asunto. Marito, un día irás a Dios como verás que intento hacerlo yo y te estaré esperando, si llego al cielo antes que tú". Un tal Mario (que parece nuy amigo) cuenta en la red las inquietudes de sus últimos días y como se escribían: “Querido chico mío: El despojo que voy sufriendo en todas las cualidades que un día disfruté es evidente.(…) Pero en esta vida cada cual debe asumir su ración y yo con la ayuda de Dios lo llevo bien.” (…) No hay ninguna razón para los silencios más que mi debilidad, mis alucinaciones por las veinticinco pastillas diarias”. Murió en una residencia para religiosos de Alcobendas, en Madrid, el 20 de febrero de 2011. Hace aldo más de  un año. Fuera de Internet y tarde, creo que nadie publicó la más mínima noticia. Uno de nuestros mayores bestsellers (no era un genio pero sí un fenómeno social) murió en el total olvido. ¿Dice algo de nosotros, Iglesia incluida? Porque él nunca dejó de ser católico comprometido.
La extraordinariamente sorprendente noticia de su muerte ¡un año después de producirse! ha espabilado numerosos internautas que han recogido noticias, opiniones, desempolvado recuerdos, preparado argumentarios.... Ha sido impactante que aquel escritor tan popular, aquel "cura progre" no hubiera tenido, a su muerte, la más mínima repercusión la más mínima semblanza ni reconocimiento. Incluso la revista Atlántica XXII, en su número 13, de marzo de 2011 publica un artículo sobre su persona dándole aún por vivo cuando hacía ya dos meses que había fallecido.
Llueven ahora sobre su tumba olvidada epitafios digitales en la red: "Descanse el hombre, desde la fe que en el fondo nunca perdió, y viva en sus obras este considerable, eficaz y muy leído novelista".
Sobre su trabajo literario él mismo manifiesta : "Cuando me encasillaron, o me encasillé, en escribir para jóvenes, muchos críticos, sin leerme, piensan que hago un subgénero; eso les ahorra el trabajo de leerme. Yo soy sustancialmente un narrador de historias. Lo que yo quiero llevar a la gente es una historia, el estudio de un problema. El estilo y la técnica que emplee serán para mí, siempre, subsidiarios. Serán aquellos que mejor ayuden al lector a comprender esa historia, a sentir ese problema, a sufrir y a gozar con mis personajes".
Su primera novela, 'La vida sale al encuentro' (experiencia de sus años como educador en el colegio de Vigo, que se convirtió en un auténtico 'best seller' con 19 ediciones) ha llegado a reeditarse hasta el 2006, en una última versión revisada por el autor mismo. Otras que le siguieron: «La muerte está en el camino» (22 ediciones), «Un sexo llamado débil» y otras de leve tinte rosado, le valieron el satírico apodo de «Curín Tellado» . «Muerte a los curas» y «Los curas comunistas» fueron una especie de réplicas al Gilbert Cesbron de «Los curas van al infierno». Su enorme éxito literario y su popularidad acabaron por perjudicarle. Escribía demasiado, con merma de la calidad.
A finales de la década de setenta sus novelas cambian parcialmente de rumbo. Entonces –muy al día- le interesaba la juventud lumpen o cheli y sus problemas, entre la homosexualidad y las drogas. El camino se había abierto al parecer con “Sentencia para un menor” y seguía con libros como “La droga es joven” (1978), “Una comuna en Madrid”, “El sexo de los ángeles” (coincidió en el título con Terenci) hasta “Ganimedes en Manhattan” (1988), subtitulada “La condición sexual del joven Townes”.
En los últimos años se apreciaba un movimiento de retorno al equilibrio personal. Desde «Listos para resucitar» a «No es bueno que Dios esté solo» hay un largo trayecto de lucha personal. Llama la atención que ahora quisiera olvidar todos sus libros.
En octubre pasado, en el boletín “Bellavista” de los antiguos alumnos de los jesuitas de Vigo, colegio donde Martín Vigil fue educador y vivió las experiencias que refleja en su famosa novela “La vida sale al encuentro”, José Luis Martín Vigil publica su testamente. En él confiesa abiertamente su fe, su amor a la Compañía de Jesús, ignora su obra literaria y se despide con una enorme sencillez:
“Bueno, al fin muero cristiano como empecé. Creo en Dios. Amo a Dios. Espero en Dios. No perseveré en la Compañía de Jesús, pero jamás dejé de amarla y estarle agradecido. No conozco el odio, no necesito perdonar a nadie. Pero sí que me perdonen cuanto se sientan acreedores míos con razón, que serán más de los que están en mi memoria. Amé al prójimo. No tanto como a mí mismo, aunque intenté acercarme muchas veces. No haré un discurso sobre mi paso por la vida. Cuanto hay que saber de mí lo sabe Dios. En cuanto a mis restos, sólo deseo la cremación y consiguiente devolución de las cenizas a la tierra, en la forma más simple, sencilla y menos molesta y onerosa. Pasad pues de flores, esquelas, recordatorios y similares. Todo eso es humo: Sólo deseo oraciones. De este mundo sólo me llevo lo que me traje, mi alma. Consignado todo lo cual, agradecido a todos, deseo causar las mínimas molestias. Dios os lo pague”.

Desconcertado por su olvidada muerte, sorprendido por sus inclinaciones sexuales, estupefacto por detalles escabrosos que salpican su biografía; me pregunto cómo pudieron aquellos formadores nuestros entregarnos, aunque solo fuera virtualmente, a aquellas fascinantes creaciones del "Fauno terrible" que al parecer fue. Una duda terrible me asalta ¿Cómo era realmente la persona de José Luis Martín Vigil?  ¿Quién puede conocer de verdad el corazón de los hombres? Yo solo sé del entusiasmo que me provocó, de la pasión por sus novelas, de los buenos ratos en su lectura, de los mundos que me abría... sus novelas eran una experiencia iniciática: pocos escritores pueden presumir de ello. Su transformación en juguete roto, su final desolador, nos inclinan a perdonarle sus posibles pecados, aunque quizás algunos no puedan hacerlo nunca.  
En las repisas de mis antiguas moradas (e incluso de moradas nuevas como las de mi cuñada a quién regalé el primer tomo autógrafo de sus obras completas a sus quince años) reposan, usados pero conservados con mimo, sus viejos libros. Sus títulos, geniales intuiciones o acaso sólo sagacidad comercial; insinuan, sugieren, anticipan... hacen diana en alguna coordenada emocional de los adolescentes... Ganas tengo de releer alguno, quizás "La vida sale al encuentro", y juzgar ahora con el espíritu desconfiado de la madurez y la razón más surtida tanto su forma como su mensaje.

"Humani sum, humani nihi a me alienum puto."
"Hombre soy; nada humano me es ajeno". Esta frase fue escrita por Publio Terencio Africano en su comedia Heauton Timoroumenos (El enemigo de sí mismo), del año 165 a.C