viernes, 27 de febrero de 2015

Fascinantes historias de la ciencia -2: El hombre que midió la Tierra con un palo en dos minutos.


Pentathlos era un campeón. Destacaba en las más exigentes disciplinas de la mente. Era el atleta del pensamiento que sumaba más méritos en el conjunto de la cinco materias más relevantes del conocimiento griego: geografía, astronomía, filosofía, poesía y matemáticas. Pero su nombre, en realidad, era Eratóstenes y había nacido en Cirene (en la actual Libia) hacia el año 276 a.C. Sin embargo pasó su juventud en Atenas, educando su insaciable curiosidad con el estudio de los grandes pensadores griegos que le precedieron. Pentathlos pensaba en aquellos años de juventud en las playas próximas a Atenas. Se redrdaba a sí mismo paseando junto a su amigo Arquímedes por las playas de la ciudad y subiendo a las colinas cercanas para contemplar el horizonte del mar: aquella línea que se curvaba levemente en la lejanía. Desde lo alto observaban fascinados como los barcos desaparecían en la distancia aún nítidos a su vista penetrante: primero parecía hundirse el caso lentamente y luego el mástil era  engullido poco a poco bajo la superficie del agua en el horizonte. Entonces pensaba que aquello se debía a alguna aberración de la luz cegadora del mediodía. Ahora estaba seguro de que obedecía a una curvatura de la superficie marina, una curvatura que  también se daba en tierra pero que no era reconocible por la accidentada superficie de esta última. ¡Lo que hubiera dado por poder alzarse en vuelo como un pájaro y demostrar con la amplia visión de sus ojos la curvatura del mundo!

Estaba completamente seguro de que la Tierra era una esfera, al fin y al cabo era la forma más perfecta de la creación. Tanto el sol como la luna lo eran; esto se hacía evidente solo con mirarlos. Seguramente la tierra no difería en la forma de estos redondos cuerpos celestes. Probablemente las estrellas y los luceros también lo fueran; pero estaban demasiado alejados para comprobarlo. Que la tierra era redonda lo había intuido desde hace mucho tiempo cuando en sus viajes al sur de Egipto descubrió que aparecían en el horizonte estrellas nuevas que no se veían desde Atenas. La bóveda celeste parecía cambiar como cambiaba el paisaje del cielo estrellado al coronar la cima redondeada de una colina. Hacía poco tiempo que tuvo a la vista una prueba contundente de que la tierra era, al menos un disco, en el espacio. En medio de una noche de plenilunio fue despertado bruscamente por uno de sus estudiantes que contemplaba insomne el cielo desde la azotea de la biblioteca. El discípulo despertaba a su maestro al advertir que estaba comenzando un espectacular eclipse lunar. Vistiéndose a toda prisa aún tuvo tiempo de comprobar que sobre el disco iluminado de la luna llena se deslizaba una sombra circular como un dracma de Alejandro que se superpone en una mesa sobre un pequeño diábolo de Pérgamo. ¡Aquel disco que ocultaba la luz del sol en nuestro satélite tenía que ser la propia tierra y sería esférica! Después de aquello pasó varios días experimentando en los talleres de la Biblioteca de Alejandría con velas y frutas esféricas de varios tamaños; y los resultados confirmaban aquella impresión.

A Eratóstenes no le importaba que los muchos envidiosos de su talento le apodaran "El Beta" (la segunda letra del alfabeto griego) para mortificarlo. Bien sabía él que había muchos sabios "alfa" que le superaban en los distintos saberes: los estudiaba todos los días en la biblioteca. Así que tenía a gala ser "El Segundo Platón", "El Lugarteniente de Pitágoras"... Nadie podía competir con los conocimientos de más de 600.000 obras (entre volúmenes enrollados y tomos de hoja cosida) que se guardaban debidamente ordenados en los estantes de la monumental biblioteca de la que era director; pero sí podía sistematizar aquellos conocimientos y emplearlos para verificar sus clarividentes intuiciones o para desarrollar nuevos procedimientos con que acrecentar el saber de los hombres. En su inquieta  inteligencia se daban la mano y colaboraban todas las ciencias conocidas en un anticipo de la perseguida interdisciplinaridad que, más adelante, propugnarían los investigadores futuros. Así, una consulta en un tratado de geografía, le hizo fijarse en un fenómeno singular que ocurría una sola vez al año, en la apartada ciudad de Siena (a 5000 estadios al sur de Alejandría). Allí, cada  21 del mes de junio se celebraba la mayor fiesta del año. Se trataba de rendir homenaje al dios sol, Ra; que en esa fecha, al mediodía, se dignaba situarse justo en el cenit, en la vertical sobre la ciudad proyectando sus rayos perpendiculares sobre sus calles de forma que los obeliscos no producían sombra alguna y los pozos, por profundos que fueran, se iluminaban con unos rayos verticales que penetraban hasta alcanzar el agua del fondo estallando en profundos resplandores. Espoleado por la curiosidad, decidió visitar la ciudad aquella misma primavera e investigar por sí mismo el fenómeno. Un mes de viaje le llevó hacer los 750 km que separan Siena de Alejandría pero el 21 de junio ya estaba allí preparado para  tomando notas y dibujar el efecto de la sombra desapareciendo al pie de los obeliscos.   Mientras esperaba observaba el regocijo de los niños en sus juegos excitados ante el momento mágico en que "perderían la sombra". Fue entonces cuando, en un algún lugar de su cerebro, saltó la chispa de una idea genial: acababa de ocurrírsele la manera de calcular el tamaño de la circunferencia terrestre partiendo solamente de la inclinación de los rayos del sol; porque en Alejandría ¡él lo sabía bien! "nunca se quedaban sin sombra" y, si bien es cierto que en esa misma fecha la sombra se acortaba mucho con respecto a otros momentos del año, no llegaba nunca a eliminarse. En un segundo todos los saberes acumulados, las intuiciones entrevistas, los procedimientos matemáticos aprendidos parecieron ponerse de acuerdo para encontrar un procedimiento sencillo y práctico de medir esa distancia descomunal, tan grande que ningún hombre podría medirla andando, ni siquiera a caballo. Y el procedimiento era tan elegante, tan hermoso, que quedó embargado por una gran felicidad: la embriagadora dicha del conocimiento revelado, del secreto descubierto.  Dibujó rápidamente sobre la arena con su bastón unas finas líneas paralelas atravesando un círculo: no quería que aquel destello de inspiración se desvaneciera.  Luego anotó en un papiro un desarrollo completo de su idea. Después  se levantó y se dirigió sonriendo a su posada para pagar su estancia. Pasó el camino de vuelta a Alejandría planificando y rematando su plan. Disponía de un año para preparar su medición.



Un año después Alejandría era un hervidero de camelleros libios, marineros fenicios, comerciantes egipcios y sudorosos esclavos que se afanaban por las calles de la populosa ciudad fundada por Alejando y capital del reino. Se notaba en el aire el inicio del verano: comenzaba a hacer calor y los días se habían notablemente más largos. El 21 de junio sería la noche más corta del año y muchos pensaban pasarla a la luz de las hogueras encendidas en honor a Apolo y celebrarían las fiestas de purificación. El paso del sol por La Puerta de los Hombres (así llamaban los griegos al solsticio de verano) era una fiesta muy popular que todos esperaban con impaciencia. Pero era en los jardines de la biblioteca donde la ansiedad consumía a un Eratóstenes excitado y nervioso. Corría año 240 a.C. y había pasado los meses anteriores tratando de encontrar el dato preciso de la distancia entre Siena y Alejandría. Lo había consultado entre los papiros de la sección de geografía de la biblioteca encontrando múltiples mediciones con diferencias muy significativas entre los diversos autores. Necesitaba una medida más fiable. Habló con los camelleros de la ruta hasta Asuán (Siena) y sus estimaciones resultaron más ajustadas, pero necesitaba aún más precisión así que contrató, pagándola de su propio bolsillo, la expedición de una carreta guiada por un carretero experto y le instruyó a seguir la ruta más recta posible durante todo el viaje. Le acompañaría un esclavo adiestrado, con función de escriba, que debería ir anotando cuidadosamente las vueltas de las ruedas.  Por si este procedimientos no fuera suficiente logró convencer a uno de los generales del ejército para que enviara un destacamento de su legión macedónica marchando a paso uniforme hacia Siena y contando los pasos. Después de contrastar los diferentes datos realizó una estimación de la distancia en 5000 estadios (787,5 km).  No necesitaba más. Ahora, ante las baldosas de terracota de la plazoleta del jardín, se erguía perfectamente vertical una larga vara de madera elegida entre las mejores picas de los lanceros. Su verticalidad había sido ajustada perfectamente con una plomada y un ayudante se ocupaba de marcar con un punzón la trayectoria que el extremo de la sombra del gnomom proyectaba en el suelo. 


Las marcas iban dibujando poco a poco una estilizada hipérbola en torno al delgado mástil de cuatro metros. Al llegar el mediodía todos miraban  con atención como las marcas, que habían estado aproximándose paulatinamente a la  base del gnomon  dibujaban un cambio de inflexión en la curva y volvían a alejarse por el lado contrario.  Eratóstenes intervino: - ¡Ya es suficiente!- y se inclinó para marcar con un fino alfiler la posición del recorrido más próxima al eje clavado en el suelo. La midió cuidadosamente: 50,53 cm.  Necesitaba ahora saber el ángulo con que el sol incidía sobre la verticalidad del gnomo y tenía dos formas de saberlo: podía usar uno de los goniómetros de la biblioteca que tenía la desventaja de su difícil ajuste sobre la punta de la pica lo que le haría caer en errores de medida significativos; o bien podía usar sus conocimientos trigonométricos para calcular la tangente y posteriormente el ángulo: 



El goniómetro le había marcado 7º (hasta ahí alcazaba su precisión), pero evidentemente el cálculo trigonométrico era más exacto (7,2º).  Inmediatamente se retiró a su mesa de trabajo y razonó: Siendo los rayos del sol prácticamente paralelos desde tanta distancia y estando en este momento en Siena verticales puede decirse que un ángulo de vértice en el centro de la esfera terrestre y cuyos lados pasen por Siena y Alejandría vale lo mismo que el de centro en Alejandría , con lado común hasta el centro de la esfera (marcado por la plomada o la pica) y otro lado que fuera paralelo al que pasa por Siena (marcado justamente por la sombra del gnomon). Si hemos medido que es de 7'2º, podemos razonar que la el arco de circunferencia entre Siena y Alejandría (787,5 ) es a dicho ángulo (7'2º) como la totalidad de la circunferencia es al ángulo completo que lo abarca (360º). La ciencia griega era capaz de resolver reglas de tres como esta, pues ya conocían mucho sobre las proporciones desde el tiempo de Pitágoras y Thales de Mileto. 


Tras unos instantes calculado sobre su tablilla se irguió y anunció el resultado: 

- ¡224.359 estadios! 


Eratóstenes suspiró sorprendido. Realmente era más extensa de lo que imaginaba, pero su cálculo había sido impecable. Según los resultados obtenidos resultaba que la tierra conocida apenas abarcaba la tercera parte de la esfera. Más allá de las columnas de Hércules, pues, debía extenderse un anchísimo mar y quizás otras tierras desconocidas. Se apresuró a incluir este nuevo tesoro del saber en un nuevo tratado: "Sobre las medidas de la Tierra" y lo depositó en la biblioteca.
135 años después, Posidonio de Apamea, utilizando una variante de la técnica aparentemente mejorada de Eratóstenes recalculó (erróneamente) la circunferencia terrestre encontrando una medida de 29.000 km. (distancia mucho más "tolerable" para los hombres de la época). Ptolomeo adoptó esa medida y, durante siglos, se consideró la más válida. Tal es así, que un tal Cristóbal Colón, casi acaba asesinado por una tripulación amotinada al creer que llegaría al otro extremo del mundo 11.000 km antes de lo que en realidad estaba. ¡Menos mal que un territorio ignoto se interpuso en medio de esa bastedad y le salvó la vida!.

Después de esta fascinante aventura intlectual hemos de admitir que, si alguien puede considerarse el pionero en lo que se ha dado en llamar "Carrera espacial", este fue el hombre que recorrió gracias a su inteligencia la primera distancia astronómica que el hombre tenía ante sí: Eratóstenes de Cireno.  

De las otras páginas de su biografía habría que destacar muchas otras hazañas que proporcionarían material para libros enteros:  Fue, durante cuarenta años, el tercer Director de la Biblioteca de Alejandría, mandada edificar por el rey  Ptolomeo I. Este rey (amigo desde la infancia del Gran Alejandro Magno) había heredado el gobierno de Egipto tras la muerte del glorioso general e instaló su capital en Alejandría (fundanda por el propio Alejandro en el 332 a.C.);  y decidido a hacer de la ciudad un foco de influencia y cultura ordenó construir la más importante biblioteca del mundo antiguo. Eratóstnes fue designado para este puesto por Ptolomeo III y permaneció en él hasta un año antes del fin de sus días en el año 195 a.C.  Entregado con tesón a la tarea de ampliar sus instalaciones y fondos (llegó a tener por aquella época más de seiscientos mil ejemplares escritos a mano) su contacto con este tesoro de conocimiento le llevó a interesarse por todas las ramas del saber. Él fue el primero que intuyó que las "Fuentes del Nilo" (legendaria búsqueda de muchos exploradores hasta el s. XIX), se encontraban en los lagos alimentados por fuertes lluvias estacionales en la región de Etiopía. Personalmente participó en muchas investigaciones y completó numerosos estudios sobre la ciencia conocida. Fruto de esa búsqueda de conocimientos fue el primer geógrafo que trazó un mapa  muy preciso para la época de la tierra conocida. Lo asombroso es que, adivinando ya la esfericidad de la tierra, trazó los primeros meridianos y paralelos para situar los topónimos de idénticas latitudes y longitudes. Si sus trabajos de geografía fueron exquisitos, en el campo de la pedagogía de las matemáticas diseñó la famosísima "criba" que lleva su nombre y que ha servido para aprender de forma sorprendente y divertida los números primos a innumerables generaciones de jóvenes matemáticos. En el campo de la astronomía destacó con mediciones asombrosas, como las que hemos relatado aquí, y en la construcción de modelos celestes geocéntricos que se han venido empleando hasta el siglo XVII como es el caso de la "Esfera armilar" o el primer reloj solar avanzado.  También destacó como literato escribiendo dos excelentes libros en poesía, así como  tratados de filosofía y teatro e incluso como autor de una biografía de Homero, el famoso clásico griego. 

domingo, 22 de febrero de 2015

Fascinantes historias de la ciencia - 1: El Hacker del viento


En 1887, Heinrich Hertz demostró la existencia de las hondas electromagnéticas predichas por James Clerk Maxwell en 1856. A partir de 1896, Marconi, comienza los experimentos de transmisión de señal en distancias largas y el 12 de diciembre de 1901, realiza con éxito la primera transmisión inalámbrica transatlántica (de Cornualles a Terranova). La nueva era de la comunicación global había empezado. 

En los años posteriores la actividad de Marconi y su equipo se centró en asegurar el registro de patentes de la nueva tecnología (algunas robadas descaradamente a Nikola Tesla) y a mostrar al mundo las maravillas de su invento. Una de las demostraciones más mediáticas se celebró una tarde del mes de junio de 1903 y tuvo como invitados a numerosas personalidades y a los miembros de la Royal Institution de Londres. Congregados en la sede del Instituto, esperaban impacientes la recepción de la señal que el famoso inventor Guablilmo Marconi, enviaría desde una estación situada a 500 kilómetros de distancia en un acantilado de Poldbu, Cornwall a su colaborador John Ambroise Fleming (que el mundo conocería posteriormente como el inventor del diodo y del tubo de vacío).  
Minutos antes de que Fleming,  responsable de los equipos instalados en el Royal Institute, se aprestara a recibir los mensajes en morse de Marconi desde Cornwall, el silencio fue roto por un rítmico tic- tac procedente de los chispazos que producía la  pulverización catódica de la linterna de proyección de bronce del teatro, que se utilizaba para mostrar las diapositivas del conferenciante. Para el oído no entrenado, esto sonaba como el habitual chasquido del proyector; pero Arthur Blok, asistente de Fleming, reconoció rápidamente el  tippiti-tap de una mano humana tecleando un mensaje en Morse. Alguien, comentó Blok estupefacto, estaba radiando potentes pulsos electromagnéticos sobre el teatro que eran lo suficientemente potentes como para interferir con lámpara de descarga del arco eléctrico del proyector.
Blok, y varios de los asistentes, radiotelegrafistas que conocían el código morse, descifraron mentalmente el mensaje que se recibía repetido una y otra vez.:

._.  ._  _   /  ._.  ._  _   /  ._.  ._  _  …

RAT   RAT   RAT  ...


Sin haberse repuesto de su sorpresa, y ya con numerosas "ratas" en la cinta telegráfica, empezaron a recibirse unos versos burlones contra Marconi: 

THERE WAS A YOUNG FELLOW OF ITALY, 
WHO DIDDLED THE PUBLIC QUITE PRETTILY... 

("Había un joven de Italia, 
que estafó a un público bastante cortito...") 

Siguieron posteriormente una ristra de gruesos insultos shakespearianos. La transmisión intrusa continuó unos minutos más con toda clase de cuestionamientos y mensajes crípticos antes de emitir su última palabra: "PWNED"  ("pillado", "machacado") y quedarse en silencio. 

La señal estaba siendo pirateada por un famoso mago de 39 años, John Nevil Maskelyne, padre de la magia moderna (conocido por fabricar entre otras ilusiones la famosa Caja Falsa en la que dos personas cambian aparentemente sus posiciones en un instante) y perteneciente a una famosa saga de ilusionistas (su nieto, Jasper Maskelyne, colaboró con los aliados en la II Guerra Mundial haciendo "desaparecer Alejandría" a los ojos de los pilotos de los bombarderos enviados por Rommel al que también hizo creer que el VIII Regimiento Británico al mando del general Montgómer y estaba al sur del desierto egipcio cuando en realidad avanzaba hacia su victoria en El Alamein). Maskelyne se había interesado desde hacía tiempo por las ondas de radio y había estado experimentando con ellas. Pero las patentes de Marconi eran tan amplias y generalistas que le prohibían utilizar y mercadear con cualquiera de sus inventos (¿No encontráis una asombrosa actualidad en aquellos problemas centenarios?)

Ocurre que la guerra entre ambos egos había comenzado ya un año antes: Maskelyne había levantado una antena de 50 m. en un ventoso paraje de la costa, en los acantilados al oeste de Porthcurno, para espiar los mensajes que se transmitían desde y hacia los barcos trasatlánticos por Marconi -un incipiente negocio muy lucrativo para el sabio italiano- y publicó en la revista The Electrician en 1902 que los pudo escuchar sin problemas y que su única dificultad había consistido en rebajar la potencia de la señal pues era demasiado fuerte. Marconi respondió ajustando sus transmisores y receptores para emitir y recibir en una frecuencia exacta, jactándose de que a partir de entonces serían seguros (pero, como sabe cualquiera que tenga una radio, esto no impide que cualquier otro con un receptor de banda ancha lo escuche sin problemas): "Solo yo puedo con mis instrumentos tocar la melodía que ningún otro instrumento que no esté sintonizado de manera similar podrá escuchar", había escrito en la  Londres St James Gaceta en febrero 1903. Fue entonces que Maskelyne montó su demostración desinflando los hinchados egos de Marconi y de Fleming.

Marconi se mostró sorprendido pues no se le había ocurrido que nadie tuviera la "tecnología" necesaria para sintonizar sus mensajes. Markelyne, que se le había anticipado, conspiró con las empresas de cables trasatlánticos (ocurría que si Marconi tenía éxito con la telegrafía inalámbrica mucha gente iba a perder dinero, por ejemplo la Eastern Telegraph Company que poseía cables que comunicaban al Imperio Británico con India, Indonesia, África, América del Sur y Australia).  Tras el éxito de Marconi dos años antes, el 12 Diciembre 1901, de transmisión inalámbrica a través del Atlántico, la Eastern contrató a Maskelyne para que espiara a Marconi. 

Maskelyne, como buen mago, dispuso lo necesario para que el golpe final afuera lo más espectacular posible. Había instalado un aparto emisor en la misma frecuencia en un local regentado por su  padre (El West End) a tan solo 50 metros del edificio de la Royal Institution y su espectral aparición radiográfica en medio de los reunidos resultó un éxito sin precedentes. Marconi confirmó la posibilidad real de la transmisión por ondas en en el espacio pero además, como aperitivo se recibió una transmisión inesperada conteniendo una humillante burla. Aunque Fleming y Marconi continuaron con la demostración no tuvieron demasiado éxito: el público ya no se lo creía que sus comunicaciones llegaran a ser confidenciales.  Marconi se enfureció, por decirlo suavemente, pero no respondió directamente a los insultos en público; Fleming, sin embargo, envió en los días posteriores una carta indignada al periódico The Times, de Londres, llamando al desconocido saboteador "vándalo científico" y declarando su acción como "un ultraje contra las tradiciones de la Royal Institution". Pidió, además,  a los lectores del periódico que le ayudaran a encontrar al culpable. Cuatro días más tarde Maskelyne contestaba con una carta autógrafa al periódico en la que alegremente confesaba el sabotaje. El autor justificó sus acciones sobre la base de los agujeros de seguridad que reveló por el bien público. Maskelyne lo justificó así: "He querido mostrar las carencias del telégrafo inalámbrico en materia de seguridad". 

Quizás los motivos fueran más prosaicos: envida, rencor por una patentes asfixiantes, narcisismo... El caso es que fue el primero en detectar un "bug", el más antiguo hack conocido que aprovechó un agujero de seguridad, el primer "WiFi troll" de la historia. El pionero de una profesión proscrita y mítica.


Elmago-ilusionista John Nevil Maskelyne, sentado 
ante su aparto de transmisión inalámbrica.

jueves, 19 de febrero de 2015

Grandes historias de cosas pequeñas - 15: La Virgen del Triceratops

En la ruta de la lana, al paso por Cifuentes, y dentro de lo que queda del antiguo hospital de peregrinos del Remedio, la talla en madera policromada de una bella mujer de negros cabellos y mirada serena se alza sobre un solitario capitel de piedra. A sus pies, conteniendo el gesto terrible, un pequeño triceratops reposa tendido en el suelo como un manso perrillo. La mujer parece ofrecer las llaves de su casa al visitante con su mano derecha y con su izquierda sujeta un báculo terminado en una cruz.


Yo me quedé un  buen rato mirando aquella estatua intrigado por el anacronismo que implicaba el pequeño dinosaurio en la escultura. Parecía la broma de alqún chiquillo: un juego de muñecos en los que habría mezclado irreverentemente alguna estatuilla venerada por sus familiares con su colección de juguetes y monstruos.  No escuché, por tanto, con la debida atención las explicaciones de nuestra guía a los peregrinos que miraban sorprendidos como yo semejante escena y tan solo pude escuchar al final, ante la pregunta de alguno de los visitantes, que más tarde nos explicaría el porqué de ese animal antediluviano acompañando a la santa.

La guía no llegó a explicar el misterio. La ruta de la lana (una porción de ella, hecha para acercar al visitante a la cultura y tradiciones de los pueblos de la zona) ocupó el resto de la jornada y no hubo ocasión, o memoria, para desvelar aquella incógnita.

Pero a mí me seguía rondando por la cabeza aquel misterio y decidí investigar por mi cuenta. Primero hube de localizar el templo donde habíamos estado. Yo no recordaba con precisión en cuál de las iglesias de la histórica Cifuentes la habíamos visto. Por otro lado, yo pensaba que la imagen correspondía a la Virgen María. Así que busqué infructuosamente "La Virgen del triceratops". Amplié entonces los márgenes de decisión del buscador tecleando Virgen + triceratops (sin éxito también) y posteriormente Virgen + dinosaurio. En esta última búsqueda me encontré con un hallazgo sorpendente: existía una Virgen de los dinosaurios y estaba en Portugal. Más adelante en esta misma entrada haré una reseña sobre esta curiosa virgen y la historia de su advocación. Ahora me centraré en explicaros que finalmente, y después de probar varias combinaciones, encontré la única imagen existente en internet de esta estatua en un banco de imágenes (concretamente en Flirk ) y que no se correspondía con "La Virgen" sino con "Santa Marta".

Una cosa lleva a la otra y, en un honesto afán de documentarme para la entrada, me enfrasqué en informarme sobre la vida de esta santa y su relación con los dragones. San Lucas nos cuenta en su evangelio que Marta era hermana de Lázaro y María de Betania, esta última identificada  con María Magdalena.  Según cuentan los evangelios, los tres eran grandes amigos de Jesús. Marta, durante una visita de Jesús a su casa, llega a regañar a su hermana  por quedarse embelesada escuchando las palabras de Jesús y dejarla a ella sola a cargo de los preparativos para la comida. En aquella ocasión Jesús salió en defensa de María alabando su actitud.  Hasta aquí llegan las fuentes bíblicas. La segunda parte de la historia está extraída de la Leyenda Dorada (recopilación de unas 180 historias fantásticas sobre santos y mártires cristianos recogidas por Jacobo de la Vorágina en el s. XIII. San Jorge y Santa Marta son protagonistas en ella como personajes que luchan contra dragones que asolan la tierra de los hombres): Tras la muerte de su amigo y Mesías ambas hermanas viajaron a Francia (48 d.d.C). Marta llegó durante sus viajes a Tarascón (Provenza), donde un dragón con el nombre de "Tarasca" sembraba el pánico entre sus habitantes. Marta, con agua bendita, una antorcha y repitiendo las palabras de Cristo logró derrotarlo. Dominó a la bestia con sus oraciones y la llevó hasta la ciudad atándola con el cinturón de su vestido. Según su propia leyenda, la doncella fue enterrada en la colegiata de Tarascón.

He aquí, pues la relación de nuestra Santa Marta con el triceratops.  Álguien, al leer la descripción que las crónicas hacen de La Tarasca, decidió que tenía que ser un triceratops del que, quizás, conocía algunos fósiles. No es de extrañar pues describen a La Tarasca de este modo:
"Con un tamaño mayor que el caballo más grande o el buey más corpulento, la Tarasque se erguía sobre seis poderosos miembros equipados con las zarpas asesinas de un oso, y movía furiosamente su larga cola viperina de un lado a otro como tralla viva. La magnífica melena de su cabeza de león fluía alrededor de sus hombros, y sus dientes eran grandes dagas mortíferas de marfil. Lo más extraordinario era el imponente caparazón incrustado en su espalda."

Pero las asombrosas relaciones bíblico-jurásicas no se acaban ahí; como ya dije, teníamos advocaciones de la Virgen de todo tipo, pero faltaba la última, la Virgen del Dinosaurio.
El origen de esta mítica imagen se basa en uno de los ejemplos más llamativos de interpretación mitológica del registro fósil en la Península Ibérica y se refiere a las huellas de dinosaurios del Cabo Espichel, en Portugal. Los creyentes portugueses han atribuido los numerosos rastros de dinosaurios, que parecen salir del mar y alcanzar la parte alta de una colina, como la evidencia de que la Virgen paseó por esos acantilados a lomos de un borrico. Incluso, en el lugar al que se supone se dirigen estas huellas, se construyó un monasterio que es, aún hoy, lugar de peregrinación. En este monasterio se conserva (en una pequeña capilla) un azulejo en el que se puede ver a la virgen a lomos de un borrico dispuesta al final de uno de los rastros de dinosaurio.


Respetando la leyenda y añadiendo una consecuente interpretación del rastro, lo que se conseguía era la imagen de la virgen ascendiendo por el acantilado a lomos de un dinosaurio (extraño ejercicio de lógica de sorprendente conclusión). Quizás la composición pueda inspirar a algún pastorcillo o pastorcilla para "ver" aparecerse a la Virgen del Dinosaurio en algún recóndito lugar. Esta interpretación no es tan extraña si consideramos que las nuevas teorías de los creacionistas aseguraban que los dinosaurios subieron al arca de Noé. Lógicamente deberían entonces haber sido contemporáneos de los seres humanos y, ya puestos, no costaría nada creer que sobrevivieran hasta la época de Jesucristo.



Después de lo visto no me queda más remedio que renovar  un poco mis figuritas del Belén. Añadiré una Santa Marta con triceratops y una Virgen María con dinosaurio, quizás con Tiranosaurius Rex; o quizás se lo dejo directamente a discreción de mis sobrinos y que instalen en el Belén su colección de muñecos fantásticos.



viernes, 13 de febrero de 2015

Grandes historias de cosas pequeñas - 14: Un San Valentín desconocido




Hubo un tiempo en que un emperador romano quiso prohibir el amor. Claudio II, "El Gótico", lo prohibió a sus soldados pues pensaba que resultaba incompatible con la carrera de las armas; así pues, estaba vedado a los soldados el casarse. Según cuenta la leyenda un médico-sacerdote romano, llamado Valentín, se atrevió a contravenir la orden y se dedicó a casar a los jóvenes soldados a escondidas. Terminó pagando su osadía con la vida. Justamente fue decapitado el día 14 de febrero del año 270 DC tras sufrir una severa paliza y ser apedreado. Este santo legendario fue retirado del calendario ante la sospecha de que su historia obedeciera, en realidad, a una leyenda que adaptara el origen pagano de arraigadas fiestas ancestrales celebradas en estas fechas desde la remota antigüedad: están documentadas estas celebraciones en la antigua Sumeria hace más de 5000 años,  las fiestas en honor a Apis, en Egipto; las bacanales bajo el auspicio del dios Baco, en Roma; o las famosas lupercalias romanas. Estas tradiciones milenarias estaban tan firmemente enraizadas en la cultura popular que la Iglesia Cristiana solo pudo contemporizar con ellas asimilándolas a sus propios ritos y relajando la observancia de las normas religiosas so pena de rebelión irreprimible de sus fieles.

Hechos asombrosos concurren en esta fecha: se cuenta que en este día florecen los almendros y los pájaros empiezan su rito de apareamiento. Desde hace muchos siglos (está documentado desde antes del año 1400) los amantes se intercambian tarjetas con mensajes emotivos y cariñosos. En muchos países europeos existen costumbres curiosas para este día: en Italia algunas mujeres solteras se levantan antes de amanecer en el día de San Valentín y se ponen frente a la ventana esperando a que un hombre pase; piensan que el primer hombre que vean se casará con ellas. En Dinamarca la gente envía a sus amistades flores blancas prensadas llamadas “gotas de nieve”. Los niños ingleses cantan canciones especiales para la ocasión y reciben regalos. En el francés normando la palabra “galantine” suena como “valentín” y significa: gallardo o amante...


Este santo tan popular, adoptado con entusiasmo por todos los amantes corazones, ha tenido que multiplicarse en la historia  para poder satisfacer tanta fidelidad. Existen Valentines en muchos lugares: el citado médico romano de la época de Claudio II en Roma, el Obispo de la ciudad italiana de Termi en el s. XII, un obispo enterrado en Mais, en el Tirol italiano; un San Valentín en Hamme, Bélgica, fue extraído también de las catacumbas de Vía Flaminia y donado por Gregorio XV; hay otro, cuyo cuerpo se conserva en Baga, Asturias y la cabeza de ese mismo en Toro; uno más en Annency además del de Socuéllamos, en Albacete, que fue extraído del cementerio de San Calixto... Por otro lado, el segundo Domingo de Pascua, los jesuitas de Gante veneran a un San Valentín extraído de las catacumbas de San Ciriaco. En Volsberg, Austria, se expone un hueso del santo y la cabeza de otro se venera en Gemmeti, Francia. A estos hay que añadir el que se expone en la iglesia de san Antón, de Madrid (PP. Escolapios) en la calle Hortaleza, que tienen un corposanto con los huesos de otro San Valentín. La lista no se acaba ahí; a estos hay que añadir que el martirologio pseudo-jeroniminiano menciona aparte de estos San Valentines, a otro más, también celebrado el 14 de febrero: “en África, San Valentín y 24 soldados, mártires”, de los que nada se sabe...


Por si fueran pocos, además de todos estos valentines citados, tenemos uno en Molina de Aragón (Guadalajara) ¡Y con todos sus papeles en regla!. Lo encontré en el oscuro rincón de una de sus iglesias durante una visita a la localidad. Ante su urna de cristal se amontonaban cientos de valentines portadores de votos y promesas de amor. Delante de la caja acristalada de las reliquias, no podía creer que se tratara de un auténtico San Valentín ("será una copia", -pensé-), pero, tras documentarme, me sorprendí al encontrar información muy concreta sobre estos restos. El cuerpo fue examinado por un comité encargado al efecto el día 13 de julio de 1850 y se certifica (hasta donde era posible certificar algo) la autenticidad de la reliquia.


Lo cuentan Ángel Ruiz Clavo y Santiago Azpicueta Ruiz en su obra Reseña histórica del cuerpo de San Valentín Mártir donado por la marquesa de Villel a Molina de Aragón, editado en 2011:

"... El hecho, que se describe paso a paso, comenzó el día 29 de octubre de 1849, cuando don Juan Antonio de Fillaver y Taberner, VII marqués de Villel, comunica al cabildo de curas y beneficiados de Molina, la noticia de que su madre había legado a dicha corporación el cuerpo de san Valentín, y que lo pondría a su disposición en Valencia o en Zaragoza -preferentemente en esta última ciudad-, noticia que los molineses acogen con el natural agradecimiento hacia sus benefactores... 
...A primeros de enero de 1850 se recibe en Molina una copia de la Auténtica, además de otras noticias llegadas directamente de Roma. El marqués propone al cabildo, y éste acepta, el mes de abril próximo como fecha para el traslado del cuerpo a Molina, en cuya parroquia de Santa María del Conde debía ser depositado...
... Se establece la diferencia entre los diversos “san Valentines” existentes, siendo el que se trata en el libro, conservado en Molina, el “Valentín adolescens o el joven”, ya que debía contar de 17 a 30 años en el momento de su martirio...


Reconforta tener un San Valentín tan cerca de casa. Notario de promesas de amor, de emotivos valentines, tan falsos quizás como las reliquias multiplicadas y, en todo caso efímeros como los cuerpos mortales aunque santificados; nuestro santo particular velará por los afectos hostigados por el paso del tiempo. Y, sin embargo, me rindo a impulsos ancestrales y deposito un breve mensaje de amor: sobre una humilde hoja arrancada de mi libreta, dibujo un tosco corazón y escribo unas palabras de amor dedicadas a quién yo más quiero.

martes, 10 de febrero de 2015

Los libros del invierno: "El anacronópete"

Leer fue una actividad liberadora en aquellos tiempos en que la dictadura agonizaba, los amigos se desperdigaban por la topografía hispana o los estudios amenazaban con fagocitar la despensa de las ideas propias. Dejar de lado los aburridos temarios y coger un libro era abrir la mente a la fantasía y al descubrimiento gozoso. La literatura era la herramienta de evasión que nos permitía romper los barrotes que constreñían nuestra curiosidad. No estando suficientemente preparados para los textos complejos elegíamos en principio literatura ligera, de evasión. Uno de los géneros preferidos era la Ciencia Ficción. Poco a poco, desde la inicial indiferencia entre la diversidad de autores fuimos refinando el gusto y, mis amigos y yo, seleccionamos un plantel de escritores que sumaban calidad a la originalidad de sus novelas. 

Así que no es extraño que, hojeando el periódico, me sorprendiera un día la noticia de que un español, Enrique Gaspar, fuera el pionero en escribir una novela sobre viajes en el tiempo con una auténtica máquina. Se anticipó en esta idea cho años a H. G. Wells y su relato es, en mi opinión, más original, divertido, calenturiento y crítico que el del famoso escritor inglés.       


Enrique Gaspar, especialista en zarzuelas, mezcla la curiosidad científica propia de finales del XIX con la comedia y el esperpento típicamente español. En muchas partes de la novela aflora esta esta alocada y surrealista concepción y una visión satírica de la sociedad y sus costumbres. 

 La novela tuvo su origen en una zarzuela que el propio Enrique Gaspar escribió para su representación y que, al no conseguir el éxito esperado, alargó y adaptó a la estructura narrativa de la novela pero persistiendo en ella los elementos típicos de la zarzuela típicos: dos parejas de personajes (Sindulfo/Clarita y Benjamín/Jacinta), grupos corales masculino y femenino (milicia de húsares y grupo de prostitutas francesas), algún personaje campechano y popular (Jacinta), división en tres actos bastante diferenciados... En la obra se mezclan pasajes bien documentados (batallas, cultura china milenaria, toma de Granada, sistemas ancestrales de escritura, juegos circenses...) con situaciones disparatadas donde no se refrena una fantasía alocada, casi pueril. Diríase que el libro se divide en pasajes más serios (explicaciones sobre las bases científicas del anacronópete o eruditas descripciones como la referida a los sistemas de escritura de la humanidad o las complejas normas protocolarias en China) con otros propios de la zarzuela, del disparate o del cómic.

La obra se introduce en el espinoso tema del tiempo y sale del paso a sus paradojas con soluciones cómicas, a veces extravagantes; pero siempre manteniendo el interés. El vagón del tiempo (pues frente a la estilizada máquina de Wells-casi una moto temporal-, su anacronópete es una auténtica locomotora), es amplio como una casa y dispone de ciertos artilugios para rebobinar la rotación terrestre viajando en sentido sentido contrario a la misma y, con ello, deshaciendo el tiempo transcurrido. Dotado de una gran velocidad, cada vuelta al mudo le hace retroceder un año y así puede remontarse hasta momentos históricos relevantes: Desde la exposición Universal de París (1878; punto de inicio de la ruta y de la novela) hasta la batalla de Tetuán (1870), volviendo de nuevo a París (1878), viajando luego hasta Ganada (1942), pasando después por Rávena(600) para avituallarse antes de llegar a China (s. III), retornando después a Pompeya (79 d.C.) y retrocediendo de nuevo al s. III en Armenia para, finalmente,  lanzárse desde allí en alocada carrera  hasta el principio de los tiempos (La Creación). En el periplo de semejante viaje nos describirá y versionará a su manera hechos históricos relevantes como el ambiente de la ciudad de París en la época de la gran Exposición Universal (con conferencia científica incluída) , la batalla de las tropas españolas contra los moros en Tetuán (relatando la aventura de zafarse de una emboscada), el sitio de Granada (atribuyéndose el mérito de alertar a Su Majestad la reina Isabel sobre la importancia de un tal Cristóbal Colon), la batalla de Rávena donde se libraron de milagro de morir apedreados por las hordas tigurianas enfrentadas al bando de la poterna Sommovico; recalando déspues en su destino inicial, China,  donde esperan encontrar el secreto de la inmortalidad. Como en la actual película de "La Búsqueda" las pistas les llevan de un lugar a otro y los nuevos indicios les empujan a viajar hasta Pompeya en la víspera de la erupción del Vesubio que les liberará de ser devorados por los leones en el circo y desde donde pondrán rumbo a la época y tierra de Noé que había trenzado el mensaje secreto de la vida eterna en una cuerda de nudos (sistema antiquísimo de escritura). El mensaje resulta ser una burla que los exaspera y, un enloquecido Sindulfo (le inventor de la máquina) la enfila hacia el principio de los tiempos hasta el mismo momento de la Creación del mundo donde se estrellarán. 

Toda esta parafernalia temporal tenía en realidad un motivo mucho más prosaico para el protagonista inventor del artilugio: llevarse al huerto a su sobrina que, rechazándolo por viejo y aburrido, no podría negarse a hacerlo en las épocas pretéritas donde la mujer estaba sujeta al varón a la hora de contraer matrimonio.    

Podemos encontrar influencias para su exotismo en la entonces triunfante representación del espectáculo musical "La vuelta al mundo en 80 días" que, por aquellos años, se representaba con gran éxito en París. Igualmente se aprecia influencia del pionero escritor francés Julio Verne, al que cita en varias ocasiones al principio de la obra. Hasta ahora, todo apunta sin embargo a que la idea de viajar por el tiempo en una máquina es original del autor español. G.H. Wels que publicó su obra 8 años después (12 después de que la escribiera inicialmente para zarzuela el autor español) aporta ya la novedad de viajar al futuro (E. Gaspar, sólo permite viajes en el futuro desde el pasado con límite en el presente, limitado por las bases científicas que sustentan su invento), pero es cuidadoso con algunas de las paradojas de la situación: nuestro autor incluye un fluído para evitar la alteración de los organismos por efecto del tiempo (descomposición o composición en su línea temporal): "El fluído García" del que no ofrece ninguna explicación elaborada salvo indicar sus conservadores efectos. 

Podría añadir muchas más cosas sobre esta obra que me ha interesado. Veo a nuestro escritor Enrique Gaspar como a otros inventores pioneros patrios: Juan de la Ceba o Isaac Peral; diseñadores no reconocidos de prototipos geniales; la fama se la llevarían otros. Emociona saber que esta obra precursora solo ha podido salvarse del olvido gracias a un grupo de aficionados que lograron una copia escaneada del original y la conservaron en un disquete (creo que no hay textos en papel conservados). La originalidad de Gaspar ha quedado certificada en una reciente exposición en Londres en la que la British Library reunió a diversos precursores de la literatura fantástica. Allí El anacronópete deslumbró entre los pioneros del género.


NOTA: Si queréis saber más sobre este original autor y su obra he seleccionado los siguientes enlaces: 



Biografía del autor y referencia sobre su obra "El anacronópete" (Wikipedia)



Artículo de EL PAÍS, del 17 de abril de 2011. "La máquina del tiempo trae de vuelta a su inventor" (sobre el homenaje que le rinde El Reino Unido como precursor de la literatura fantástica)

La obra narrativa de Enrique Gaspar: El Anacronópete (1887) por Mª de los Ángeles Ayala. (Del Romanticismo al Realismo : Actas del I Coloquio de la Sociedad de Literatura Española del Siglo XIX (Barcelona, 24-26 de octubre de 1996).

lunes, 9 de febrero de 2015

Este año tendrás payaso, cariño...


"Este año tendrás payaso, cariño..." dice la madre con gesto decidido, casi vengativo, a su pequeña, completamente traumatizada porque en su fiesta de cumpleaños el que hizo de payaso para divertir a sus amigos fue su papá.
"Papá, no solo es un payaso... es un mal payaso", parecen pensar ambas. No volverán a pasar por la  humillación de un papi que se hace el gracioso. El payaso es una cosa seria.
¡Y la mamá va a ahorrar, comprando el producto X que le hace rebajitas! Parece una revivida Scarlett 0'Hara jurando contra el cielo de poniente que no volverá a pasar hambre.

Contemplo con pena infinita y desesperanzada este anuncio, auténtico certificado del consumismo:
- No, hija, no haremos la fiesta del cumple en casa ¡Qué ordienariez!
- Sí, hija, te mereces un buen payaso, no ese imbécil de papá que pierde la vergüenza por hacer reír a la chiquillería. ¡Es que es el más infantil de todos!
- Sí hija, serás una triunfadora: podremos contratar el mejor payaso. ¡Tendremos dinero para ello, ya lo verás! ¡Vamos a ahorrar!
- Se acabaron las fiestas tristes porque no hay payaso: ahora vas a ser la reina de los cumpleaños, serás admitida en el círculo de las niñas guais, serás aceptada e integrada como Dios manda...

¿Es que no hay nadie que se de cuenta de los mensajes que enviamos a nuestros pequeños?

A veces pienso que soy un payaso en medio de este mundo consumista. Un payaso triste y derrotado, que ni siquiera hacer reír. Hoy en día, hasta para hacer reír a nuestros hijos, necesitamos un profesional de la risa. ¡Qué pena!

miércoles, 4 de febrero de 2015

La conquista del cielo


Todos los fenómenos políticos tienen una enorme carga semántica y a inversa: Todos los aspectos semánticos tienen una clara connotación política. En torno a aspectos semánticos se articulan eslogans, campañas, discursos, actitudes, ideología... todos ellos motores de la acción. Algunos de estos conceptos semántico-motrices están destinados a "griparse" al mínimo intento de subir de revoluciones para llevarlos a la realidad. Ya le pasó a Obama con su famoso "Yes we can" que finalmente se ha quedado en "Sí, se puede; si me dejan".

En España el novísimo y exitoso partido político Podemos ha emulado el discurso semántico, y parte de la estrategia electoral, de las campañas de Obama (idéntico lema, el optimismo, las redes sociales, el uso de la TV y los medios, las formas amables y educadas...). Pero me temo que, despojado de este disfraz semántico tan conveniente, se esconde el concepto realista de primero "podemos" y luego ya veremos: o sea, "Probemos".
Cuando dicen "podemos" realmente deberían decir "que podamos", "intentaremos" o "podríamos"... pero a la gente le cuesta conjugar el subjuntivo (con su carga de deseo e hipotética posibilidad) o el condicional (con su lista de cláusulas previas) o le entran dudas ante el presente de indicativo si el verbo no apunta a una acción resuelta directamente.

El pensamiento mágico (aquel que nos hace creer que por el simple hecho de pensar en una cosa, esta realmente ocurrirá) genera la creencia errónea de que el hecho es posible, aunque objetivamente lo veamos inalcanzable. Los hombres primitivos y los niños son los colectivos clásicos que son víctimas de esta creencia. Podemos apela así a la voluntad y al deseo como motores de un cambio inmediato. Son muchos los autores que interpretan este tipo de pensamiento como un mecanismo de defensa para enfrentarse al miedo y a la ansiedad (que, al fin y al cabo, es lo que ha provocado la crisis actual).

Quizás estas cosas las saben muy bien los dirigentes de Podemos. Procedentes del ámbito académico están sin duda familiarizados con estos fenómenos y, seguramente, los tienen bien estudiados. Que conozcan estos mecanismos no justificaría un posible engaño a la ciudadanía (Hitler también demostró agudos conocimientos sociológicos). Quiero creer que no son más que una maquiavélica forma del "buen gobierno" como justificaba el autor de "El Príncipe". Y hasta consiento que en esa conquista del cielo a la que nos empujan nos sirva para subir al menos un peldaño. Pero  manteneros alerta contra los que empiezan a correr escaleras arriba para llegar los primeros. Aupados sobre el resto, y llegados al paraíso, cerrarán la puerta al comprobar que no cabemos todos. Apuntad sus nombres, consultad las hemerotecas, revisad sus biografías, estudiad sus acciones y omisiones. Tú que corres a su lado en el ascenso a la Gloria, no disculpes sus codazos.    

No nos engañemos, ahora  mismo el que puede, puede; es el PP. Y ni siquiera...

Tic - tac - tic - tac - tic - tac ...

Y dentro de poco tiempo, posiblemente "Queremos" (El nombre desmaquillado de la formación) participe en alto grado del próximo gobierno. Entonces quizás, pueda... o no.