miércoles, 9 de octubre de 2013

Asalariados del verso


Ahí está el poeta frente a su cálamo mecánico como un antiguo escriba junto al templo ofreciendo su sabiduría a los campesinos; como los antiguos escritores de cartas a los que recurrían antaño quienes, analfabetos, deseban escribir la necesaria noticia; como un Cyrano actual redactor de cartas de amor por encargo... Él es el poeta pobre, el que vende su arte y su ingenio por unas monedas. Está dispuesto a crear un bello poema en un mínimo instante, en una improvisada situación. Quizás, si eres una bella muchacha, lo haga por nada. Quizás se niegue, si dejas caer tu bolsa con ostentación sobre su mesa. Él es el poeta del Rastro de Madrid, vendedor de mundos sutiles, de palabras al viento...

Él, como yo, sintió la luz cegadora de la lirica. En el camino de Damasco ambos descubrimos un Dios poderoso que nos derribó del caballo. Nos convertimos en poetas. 

La semilla del verso germinó temprano en mí. A los cinco años escribí mi primer poema para mi madre: mi mamá buena, mi máma bonita. Apenas una líneas -yo leía apenas- pero fueron las primeras, y fueron las más bellas. Después llegaron otros poemas infantiles: canciones para cada sorpresa, cursis poemas sentimentales, dolorosos clamores ante las pequeñas frustraciones... Luego los aires juveniles: cantos al amor y al desamor, compendios de tristezas y lamentos... En la adolescencia la poesía fue seducción... Al final de mi carrera, estudiando la odiada oposición, sentí el intenso relampagueo del rayo que no cesa en la  poesía de Miguel Hernández. Frente a la aridez de aquellos apuntes ¡qué fácilmente se tornó en deliciosa  la antes áspera lectura de un poema! Lo que vino después, fue una  poesía de combate: pomas necesarios para la lucha del día a día.  Y después, en la madurez, poemas otoñales, doradas composiciones aquilatadas con el oro de la experiencia. 

Hace unos años  recopilé mis poemas en un libro. Algunos ejemplares regalé. Ninguno vendí. A mí, pues me pertenecen en espíritu. Nuevos poemas, ahora de tarde en tarde, publico en un blog. Los dígitos crecientes de los contadores dan fe de que muchos llegan hasta ellos,  pero sé que pocos los leen. Y sin embargo cada vez son mejores.

Con silla en el rastro, como este asalariado del verso, quizá un día escriba un poema para ti. No será poema de un instante. Será el fruto de los años, latirá con el corazón del tiempo. Nada te cobraré: recibelo como un regalo si te emociona. Si no, rómpelo en mil pedazos. Yo continuaré en mi silla hasta tu próxima visita. Lo seguiré intentándo.  

Windows chocho


Microsoft ha perdido el rumbo. Se acabaron las ideas geniales, las originales ventanas que abrieron al mundo una nueva forma de navegar el software. Últimamente todo lo hace mal. Perdió la batalla de los buscadores, de las redes sociales, de los sistemas operativos para móviles y tabletas... El garaje de Bill Gates se ha quedado sin luz.

En estos días me he acercado a la frustrante experiencia de iniciarme en este SO. Me aproximé al nuevo windows, es verdad, con los prejuicios de tantas opiniones negativas desde lo público y lo privado: "Es una mierda", sentenciaban mis conocidos... Pese a eso me planté delante de la pantalla con la excitación de probar una novedad, que al primer pantallazo, me sorpendió con una amigable presentación parecida a la de las tabletas: ¡Es como el Android! -pensé-. Luego vi que la pantalla de leds no me respondía al tacto -juro que sin darme cuenta lo probé- y seguía necesitando el viejo ratón o la incómoda  pastilla de posar y arrastrar de los portátiles. Poco a poco empecé a sobrevolar con el puntero por sus múltiples iconos y gachets encontrando un poco atosigantes los procesos de zoo, desvanecimiento y submenús continuos a su paso. Intenté despejar los iconos y fotografías del escritorio y empecé a desesperarme: ¿Cómo diablos accedía a mis archivos? ¿Por qué aparecían ventanitas sin cuento a poco que me desplazase, rozara un margen, o me posara sobre un  un icono? Incluso un leve  apoyo sobre el teclado, un leve toque del ratón me apartaba de mi tarea. ¿Dónde iban a parar mis textos escritos segundos antes y que desaparecían como por ensalmo?.. Me pasé minutos intentando deshacerme de ventanitas que (para colmo) no tenían la consoladora pestañita en X de la esquina superior derecha. ¿Y esa manía en utilizar pantallas de alta resolución en la que caben tantas distracciones? Empezaba a añorar el prehistórico windows 3: allí todo era sencillo y diáfano... Ahora hay que tener la vista de un lince y la precisión de un cirujano para operar semejante máquina. Si encima el sistema se instala en un ordenador que iba a servir para facilitar su uso a un joven tetrapléjico el desmadre es mayúsculo. Menos mal que mi alumno y yo optamos por reírnos ante cada pifia, cada salto incomprensible de pantalla o la búsqueda imposible de botones de retroceso...

De momento windows ocho ha sido adquirido por 100 millones de usuarios. De estos 100 millones de cabreados muchos están pagando 50 € por hacer el cambio a windows 7 (a los que hay que añadir los 100 € del precio de la versión 8, de origen). Esta compañía parece deslizarse por una montaña rusa: tras el windows XP, potente y fiable, vino el mayor desastre de su historia con el Windows Vista al que tuvo que socorrer el windows 7. Ahora será necesario un Windows 9 que venga a rescatar al usuario frente a la desesperante experiencia del Windows "chocho".

Sólo un 1,72 por ciento de los usuarios utilizan actualmente el nuevo sistema operativo de Microsoft, sin embargo la cuota de mercado del Windows XP es del 40% (Y hay que considerar que en abril de 2014 dejará de prestar soporte a esta versión). Que Microsoft esté solamente "peocupado " por este hecho da idea de que sigue en la inopia: no se entera de que su sistema es un desastre (algunos fabricantes de software le califican de "catástrofe" sin paliativos)

Los progenitores de la criatura recomiendan tener paciencia: podrás dominarlo y personalizarlo y entonces comprenderás su agradable uso - dicen-; pero yo me encuentro sin ganas de continuar con su  empinada "curva de aprendizaje" y ¡ya está bien! de pasarse la vida estudiando instrucciones.

Windows 8 es, como dice Philip Greenspun, conocido emprendedor y profesor del Instituto Tecnológico de Massachuttses, "Un regalo de navidad para alguien que odias".

lunes, 7 de octubre de 2013

Historia de Amarilla o "El hombre orquesta"


Me encanta el cine. Me enamoré del Séptimo Arte de muy pequeño,  cuando asistí deslumbrado a la proyección de Pinocho, de la factoría Disney.  Aquel mundo de color y movimiento que me encandilaba  creó en mí una afición eterna. Con él viví fantásticas historias del Rey Arturo (la imagen de Merlín haciendo funcionar una rudimentaria locomotora con el agua de una tetera, aún brilla nítida en mi retina), me entusiasmé con las hazañas de Sir Ivanhoe (la marcha triunfal de su obertura aún resuena en mis oídos) y después vinieron muchas, centenares, miles de películas más. Esos mundos virtuales han llenado parte de mi vida enriqueciéndola. Nunca ahíto de esos mundos paralelos, decidí un día fabricar uno propio.

La oportunidad se presentó con motivo de unas jornadas culturales en mi colegio de entonces, el Antonio de Nebrija. Ejercía por aquellos años de logopeda y buscaba una manera de motivar e implicar a mis alumnos en alguna actividad para esos días. Había encontrado en internet un programilla que permitía una edición rudimentaria de dibujos animados. Yo conocía de tiempo atrás Cartooner, programa de dibujos que corría en PC antiquísimos y que realizaba peliculillas cortas y divertidas; pero aquel año, el 2007,  había encontrado en la red un programa gratuíto en desarrollo muy interesante: Tales Animator.  Usaba procedimientos y códecs de libre uso y una programación relativamente fácil de aprender, aunque laboriosa. Presentaba aspectos prometedores: uso gráficos y fotos personalizadas, descarga personajes con diversos movimientos, sonido mp3, uso de capas y colores transparentes... Se me ocurrió emplear escenarios del propio colegio y protagonistas personalizados para hacer una película con espacios reales y protagonizada por los propios niños y personajes de nuestra invención. Las voces (era el logopeda) las aportarían los propios alumnos.

Se inició entonces un laboriosos proyecto en el que trabajé intensamente como hombre orquesta durante meses. Tomé fotos y algunos videos de las depencias del colegio y de algunas localizaciones exteriores (Cabanillas, Quer, el monte Gurugú de Alcalá...), bajé todos los personajes preeditados por los programadores, construí personajes estáticos y animados a partir de los propios alumnos y de héroes infantiles; busqué bandas sonoras de películas famosas y efectos de sonido, manipulé imágenes mediante programas que distorsionaban formas... Elaboré el story board y dediqué muchas horas a programar e ir probando poco a poco cada escena. Finalmente completé un corto de 40 minutos de una calidad más que aceptable.

La película, finalmente montada y editada en video, fue visionada en TV por todo el colegio, en pases por niveles; y si no fue un éxito espectacular, sí sorprendió gratamente a todos.

Diversas escenas del film:

 

 

 

 

 

La buena acogida hizo que el curso siguiente repitiera la experiencia aprovechándola entonces para implicar a dos alumnos con TGD (Transtorno Generalizado del Desarrollo), que tenía encomendados. A uno de ellos le encantaba el cine y dibujaba muy bien. Realizamos juntos el Story Board y, dentro de nuestros posibles personajes animados, creamos dos superhéroes con sus rostros y los correspondientes amigos y malvados. El villano, el mago Alcalosus (cuyo nombre guarda reminiscencias con el nombre de la localidad de Alcalá y los alcaloides de sus pócimas) será finalmente  vencido por nuestros amigos y todo el colegio lo celebra. Así realizamos "Aventura el Nebrija II", que encantó a la gente y sobre todo a los dos protagonistas. Ya teníamos en proyecto "Aventura en el Nebrija III" (incluso habíamos rodado un trailer, que poníamos de propaganda antes de empezar el film, junto a la publicidad -que también publicidad tenía-) pero el logopeda, el hombre orquesta de aquellas animaciones, cambió de destino y terminó la saga de "Amarilla" (la  protagonista). 

Realizar 40 minutos de animación exigen muchas horas de dibujo y programación. Cuando pienso en todo el tiemp que empleé para esta efímera producción me sorprendo de haberla llevado a cabo (y querer continuarla). El hombre orquesta no estaba cansado. Más bien se había apoderado de él un extraño virus que le impelía a seguir tocando. 
En el periódico del colegio (otra pieza también interpretada aquel año por nuestro hombre orquesta), quedaron relatadas las noticias sobre su preparación y estreno. Dedico una página especial de este blog a recopilar todo lo relacionado con este corto. 

domingo, 6 de octubre de 2013

Churras y merinas



Algunos confunden las churras con las merinas. A los que ignoran la diferencia les informo que la raza 
de las "churras", originaria de Castilla-León, es de las más antiguas de la Península y es fundamentalmente apreciada por su carne y su leche. Por su parte, las merinas son las "niñas mimadas"' de la granja y es la raza ovina más extendida por el mundo. Tienen una lana de gran calidad: larga, densa, rizada y blanquecina -sin manchas-. Viene a cuento esta aclaración por varias razones:

Primera porque hoy se ha celebrado la XX Fiesta de la Trashumancia en Madrid y un rebaño de 2000 merinas de Esparragosa de Lares (Badajoz) ha recorrido diversas calles de Madrid pertenecientes a la Cañada real  hasta la Puerta de Alcalá, pagando por su paso 100 maravedís según se estableció en la Concordia del 2 de marzo de 1418 entre los Hombres Buenos de la Mesta de los Pastores y los Procuradores del Consejo de la Villa de Madrid.
Segunda porque en los terrenos de esta Cañada Real Galiana viven algunos de los alumnos que, como profesor de asistencia domiciliaria, atiendo a diario. Son terrenos además que, por una u otra razón, he atravesado a lo largo de estos años.
Tercera porque la vida en esta especie de favela horizontal, asentada en el curso lineal de una antigua cañada, resulta  precaria y defavorecida con respecto a las urbanizaciones legales y bien dotadas de los municipios por los que transcurre. Actualmente queda la cañada para las "churras" (carne de cañón, en nuestra sociedad) y las cuidadas urbanizaciones para las "merinas" (personas de calidad).

Hay que destacar que la "raza merina" (cuyo origen lejano se sitúa en Marruecos, pero que se proyecta a nivel mundial desde la organización de la Mesta, en la España del XIV en adelante) ha alcanzado cotas de desarrollo extrordinarias (En Australia, las descendientes de antiguas ovejas españolas, alcanzan la proporción de 10 merinas por persona). Las merinas han heredado el mundo, las churras han quedado relegadas a las antiguas cañadas.


Resulta pues que, por estos días, me aplico a una particular trashumancia por la Cañada Real Galiana en en el sureste de la provincia. Comienzo, muchas veces en Coslada, en las proximidades del Hospital de Henares, en la calle de Santiago, paralela a la Avenida de Vicálvaro; allí, al lado mismo de ese valle de viviendas sin ley y construidas con materiales de deshecho aunque por este extremo están bastante adecentadas, vive uno de mis alumnos. Recuerdo la primera vez que acudí a su casa: Llegaba guiado por mi GPS , y en vez de optar por desviarme hacia la Avenida de Manuel Hazaña -que se me hacía mucho rodear- tomé en la rotonda anterior la primera salida a la derecha, un camino sin asfaltar que atravesando 600 metros de descampado,y sorteando escombros y muebles abandonados, me hizo entrar en la caótica urbanización de la Cañada, Sector 1, que acaba más o menos en la M-45. Tras un callejeo guiado por un GPS en continuo "recalculando" y tras varias paradas (camionetas de descarga taponando la calle), logré llegar a la casa de mi alumno con sólo 15 minutos de retraso. Otras veces paso sobre la Cañada a toda velocidad sobre la M-45 y M-50; o por debajo en la R-3, ya en el el final de su Sector 2.
Sobre el primer túnel desde Rivas por la M-50 se cruza de nuevo muchas veces en mi ruta diaria. Allí cambia el nombre de Real de las Merinas por la calle Carpanta (curioso nombre, que me trae a la memoria historietas de TBO con personaje de hambre y sueños de pollo frito). Poco después me desvio  hacia la M-206, que viene de la M-203 desde Mejorada, por la que paso también a menudo y en la que (en las proximidades de la glorieta) paro a aliviar mi vejiga entre las retamas cercanas al arcén. Aquí estamos ya en el Sector 5 que discurre desde la línea 9 del Metro (Puerta de Arganda-Rivas Urbanizaciones) hasta la A-3, colindante con la urbanización de Covibar (Rivas) con la que contacta por espacio de medio kilómetro. Este sector, poblado inicial y escasamente por españoles, ha sufrido un "boom" de crecimiento en los últimos ocho años gracias a la inmigración marroquí. Las viviendas son todas de construcción, de mayor o menor calidad, y hay una clara división entre las parcelas de los vecinos originales y los más recientes, habiendo sido estas últimas objeto de segregación y construcción masificada. Justo en este tramo La Cañada, con su anárquica riada de casuchas, entremezcladas -todo hay que decirlo-con algunas viviendas de lujo, acerca su vía  longitudinal, de barro y piedras, al asfalto de las urbanizaciones de Covibar, muy aseadas ellas. Llegan a tocarse y discurren paralelas durante medio kilómetro produciéndose una extraña vecindad entre las sólidas y cuidadas urbanizaciones y los callejones que se ramifican desde la espina dorsal de la cañada. Allí tengo otra alumna, no muy lejos de la mezquita que se anuncia, pues es musulmana. El primer día que acudí a su domicilio, que siempre es una aventura, el GPS me guió hasta una plazuela en la que se acababa el asfalto y a la que se abrían callejones de barro entre abigarradas viviendas. Decidí coger mi maleta de ruedas y, llevándola a pulso (el día era  lluvioso y caminaba por el barro) me acerqué al número indicado. Cuando localicé la cifra anotada comprobé que aparecían pintados descuidadamente con brocha, el A, B, C, D, E, F... Además no había forma de encotrar el acceso rodado a la arteria principal de la cañada. Todos las entradas aparecían inhabilitados por gruesos bolardos de cemento. Por suerte, y tirando de móvil, los familiares de mi alumna me indicaron una calle asfaltada muy cercana a su domicilio, en el lado finolis. Un lujo poder aparcar junto a un cuidado jardincillo justo al otro lado de las higueras y estrechos patios descuidados y llenos de chatarra.

También he recorrido en diversas circunstancias el Sector 6. Empieza en la A-3 y llega hasta el término municipal de Getafe. Es el sector más grande y el más mediático, gracias al imponente negocio de droga que funciona dentro del tramo de unas cuarenta parcelas. Conocido colectivamente como "Valdemingómez", es vecino de la incineradora (cuyas instalaciones también están parcialmente construidas sobre la vía pecuaria) y de la Parroquia de Santo Domingo de la Calzada, conocida por su trabajo social entre los drogadictos de la zona. Aunque en estos últimos años rodé innumerables veces por la M-50 paralelo a la Cañada hasta el pueblo de Perales del Río e incluso recorrí en  bicicleta aquellos parajes desde San Martín de la Vega, pasando el arrollo Culebro y las inmediaciones de la Marañosa, mi conocimiento más directo del lugar data de hace más de 30 años, cuando mi suegro trabajaba en el vertedero de Valdemingómez. Alguna vez me invitó a visitarlo y recuerdo muy bien aquella vía polvorienta rodeada de casas destartaladas junto a buenas viviendas de ladrillo visto. Incluso llegué a ver buenos restaurantes. En uno de ellos comimos un pollo al ajillo excepcional. La cercana incineradora y planta de Valdemingómez marcaba las actividades de muchos de sus habitantes que se organizaban en mafias para aptovechar las mercancías que llegaban a la incineradora para ser destruídas por imperativo comercial, defecto de fabricación o mínimos daños de almacenaje. Conservo aún algunos discos de Manolo Escobar que delatan desafinos increíbles (y por eso fueron destinados a la total destrucción, supongo) y una magnífica tienda de campaña rescatada de un lote de mercancías de Alcampo que tenía algunas manchas de humedad. También recuerdo haber bebido unas cervezas infames recuperadas por mi suegro del mismo camión de distribución y cuyo destino eran los molinos de trituración. Extendiéndose a este lado de la Cañada, están los terrenos del macrovertedero que abarcan cientos de hectáreas. Años después recorrí con la bici aquellos lugares fantasmagóricos que dan la impresión de viaje alucinante en un mundo devastado.

Mañana me acercaré de nuevo a ese territorio de frontera donde se tocan la miseria y la riqueza, el barro y el asfalto, el ladrillo y el cartón. En ese punto de contacto donde se mezclan churras y merinas, mi pequeña alumna iluminará su carita con una sonrisa y su hermanita de tres años se acercará curiosa ante la llegada del profe extraño que atiende a su hermana. Allí formaremos todos parte del mismo rebaño, con un único pastor, aunque le demos distinto nombre.

sábado, 5 de octubre de 2013

A Herodes se le cayó la d


Hoy es 5 de octubre. Tal día como hoy, hace 2552 años, cayó el Imperio Babilónico ante las tropas persas de Ciro II El Grande; también en este día nació en Francia Louis Lumière, el inventor del cinematógrafo; y hace dos años, en un mismo 5 de octubre, falleció Steve Jobs, fundador de Apple, informático y empresario estadounidense que nos engolosinó con la ipad para suerte y desgracia de nuestro tiempo libre. Tras una apretada lista de acontecimientos y efemérides (wikipedia, por ejemplo, detalla 29 acontecimientos históricos, 86 nacimientos de personajes célebres y 43 fallecimientos de personalidades de mérito) aparece una celebración casi sepultada bajo la lista de grandes hombres: El día mundial del docente.

El Día Mundial del Docente, se celebra anualmente el 5 de octubre desde 1994, por decisión de la UNESCO para rendir homenaje a los docentes y al papel esencial que desempeñan para una educación de calidad a todos los niveles. Los docentes son, supongo que nadie lo discutirá, el recurso más importante de la enseñanza. El mundo necesitaría, en los próximos dos años, otros dos millones de maestros para garantizar la educación primaria a todos los niños del mundo.
La influencia del maestro (palabra con una carga semántica grandiosa, frente a la casi aséptica denominación de "profesor") en la mayoría de nuestras vidas es importantísima. Algunos son conscientes de ello y la rescatan en su memoria (como leemos en la carta de Albert Camus a su maestro Germain, el 19 de noviembre de 1957, tras recibir el premio Nobel de Literatura), otros quizás no lo recuerden; pero en todos laten sus enseñanzas, sus consejos, sus palabras de ánimo... así como en algunos también y por desgracia, la humillación de un capón, el rigor de una metodología extraviada o el adoctrinamiento imperdonable. 

En estos tiempos, en que la ciencia y la historia ha demostrado con tanta claridad la trascendental importancia de la educación de las personas para el desarrollo e influencia de un país, para su sano gobierno; los políticos de turno se llenan la boca de alabanzas y reconocimientos a la tarea docente mientras por detrás cruzan los dedos recortando y esquilmando los recursos humanos y materiales, dejando en la estacada al pobre maestro con más edad y más niños; y estos a su vez más problemáticos y más hambrientos. 

Soñé con ser científico o explorador, quise ser periodista, me contenté con -finalmente- ser maestro. Empecé mi trabajo con el entusiasmo de la juventud. Continué por más de treinta años cultivando todos los jardines, luchando en todas las trincheras. Ahora, cuando la jubilación que antes percibía cercana, se me aleja y emborrona como la presbicia que me aqueja, hago memoria. He convivido con maestros por centenares, en más de catorce colegios, en diez localidades diferentes, en todos los ciclos de primaria y alguno de secundaria, en todas las asignaturas (excepto religión e inglés). He conocido niños por millares, en todos los niveles, en muchas localidades.  He dado clase a grupos de todos los tamaños: de varias decenas, de 4 ó 5, de uno en uno... y en todas partes he visto: 
La devoción de casi todos los niños por la mayoría de sus maestros o maestras, la incontenible necesidad del abrazo casi siempre correspondido, la alegría compartida con sus compañeros de clase...  Y también: la dedicación de la mayoría de mis colegas por sus alumnos, el eterno retorno a la ilusión cada principio de curso, el síndrome "de la pila agotada" al llegar a casa, el desconcierto de cambios caprichosos y continuos en la administración...

En el santoral escolar figuran santos extraños: desde San Viernes, patrón del desahogo y la euforia, hasta Santa Paciencia (tantas veces invocada), llegando incluso a mentar a San Herodes (patrón metafórico de maestros irritados y padres desesperados). Pero hay unos santos desconocidos que se enfrentan cada día con ese ejército infantil de necesidades e impulsos, de curiosidades y evasiones. A veces tienen mala fama, pero son auténticos y desconocidos héroes: a Herodes se le cayó la d.   

jueves, 3 de octubre de 2013

"Que te den morcilla"


Que te den morcilla... por 1€. Y no nos referimos a una fálica recepción precisamente (¡encima pagando!), ni a probar una morcilla con estricnina como la que se daba a los perros con rabia antiguamente (historia que está en el origen de la expresión). Esta ración que te ofrecen junto a un vaso de cerveza sería una de las 4.200 raciones extraídas de los 187,2 metros de morcilla embutida en crudo que se cocinó en el Paseo de Atapuerca, en Burgos, como colofón del Año Internacional de la Gastronomía y coincidiendo además con el Día Mundial de la Tapa.
El hecho se consignará en el Guinness World Records, catálogo de excesos a cual más; libro que, a su vez, es un record en sí mismo pues es el libro con Copyright más vendido de todos los tiempos.
Es notoria la tendencia del ser humano a la consecución y celebración de lo superlativo: "Citius, altius, fortius" (más rápido, más alto, más fuerte); plus ultra (más allá), superman (superhombre)... El libro de los records describe, año tras año, esa eterna carrera para alcanzar los extremos; éxitos fugaces que caen al año siguiente pues el estúpido empeño en la especie humana de superar al otro parece infinito.
Este año, en la ciudad en que me crié, le tocó el turno a la humilde morcilla, esa que Góngora glosó ("quiero más una morcilla, que en el asador reviente... y ríase la gente"). Y desde luego que la gente celebró el extraordinario evento: 220 m. de tripa de vaca, 130 kilos de la cebolla horcal, una variedad autóctona, 50 de arroz bahía extra, 40 de manteca de cerdo, 40 litros de sangre de cerdo, 7 kilos de especias y 3 de sal, una olla de tres metros de diámetro, una mesa de 200 metros instalada, 400 voluntarios... y una masa de público ávida de contemplar el enorme tripa rellena llevada en volandas sobre un largo lienzo que avanzaba a medida que se cocía el embutido en medio de una olla gigante llena de mondongo.
Izando mi móvil sobre decenas de cabezas, tuve tiempo de grabar algunas imágenes, que os ofrezco. Hoy por el wassap, mi sobrina (una de las porteadoras voluntarias) me cuenta que estaba muy buena... Yo no pude probarla. En este país, cuando se ofrece consumición, ración o tapa a bajo precio, se produce un efecto llamada que abarrota el lugar y no hay forma de llegar a probarla. Una fila también "de record" se alineaba hasta la mismísima estatua del homo neandertal a principio del paseo y que, a buen seguro, también se hubiera apuntado al festín. Yo, sapiens más civilizado, me alejé en busca de un verdejo y un montadito en un bar cercano.

martes, 1 de octubre de 2013

Exploradoras


Sentado en el jardín observo las hormigas. La mayoría se afanan en seguir la fila procesional que sale del hormiguero. Apenas se apartan para dejarse paso al cruzarse. Un potente rastro hormonal marca su camino y en su entorno avanzan seguras. Mucho más lejos, otras peinan el terreno con movimientos aparentemente azarosos. Pero, si observamos bien, comprobamos que conservan una dirección general, una marcha encardinada que se superpone a todos esos zigzag aleatorios. Son hormigas exploradoras.
Inspirado por estos insectos, reflexiono sobre las diferentes formas de atacar un problema que tenemos los seres humanos. Donde para algunos la línea recta es la opción evidente porque divisan la meta claramente (quizás porque ven el fin), algunas personas han de caminar al abrigo de las sombras. Tardan más, se pierden mucho, acaban más cansados; pero quizás en el camino encuentren una fuente escondida, un tesoro oculto, un paraje deseable... Esos insectos exploradores: hormigas, abejas, polillas, termitas... no son los eficaces productores de sus sociedades que trillan el camino común haciendo en cada paso más poderoso el rastro social a seguir, pero son necesarios; prácticamente imprescindibles. Estas predecesoras de vida solitaria, de peligrosa autonomía, gozan de la decisión, sufren la incertidumbre, escarmientan altruistamente para las demás. Mueren enseñando el camino o señalando la trampa.