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| Intrerior del bar "Beniluz" donde juugábamos nuestras partidas en las máquinas de clipper a 1 pta. Precisamente mis dos hermanos menores jugando con la máquina pocos años después de que, a las puertas del establecimiento, me robaran la bicicleta roja. |
Angustiado pregunté a la gente de la calle, especialmente a los niños, que me eran más cercanos. Entré al bar y pregunté al dueño. Corrí calle arriba por ver si la veía aún. Todo fue inútil. Cabizbajo entré en casa dispuesto a afrontar el drama. Hube de sufrir el enfado de mis padres que habían ahorrado lo imposible para comprárnosla. Hube de aguantar el odio de mis hermanos a los que privé de la única bici posible en sus infantiles vidas. Fui obligado a acudir con mis candorosos diez años a la oficina de la policía a denunciar el robo. Recorrimos el río Vena (paralelo a nuestra calle) kilómetros arriba por si aparecía arrojada a sus aguas. Investigábamos todas las bicis rojas de la ciudad por si el ladrón se dejaba ver... Fue inútil. Nuestra preciosa bicicleta roja nunca apareció.


¡Vicioso! Todo por el vicio de las máquinas. Nos dejaste sin bici. ¡Golfo! ¡Pendón! Es una vileza que llevarás toda la vida.
ResponderEliminarDesde entonces, y ya van para 40 años, yo siempre ato la bici.
Tu hermano Miguel ha hecho constar esto
No creas que no lo siento...
ResponderEliminarMucho de "ese rencor que me tienes2 sé que viene de ahí...