sábado, 29 de octubre de 2011
"No nos quieren"
No voy a entrar en el particular mundo de los afectos de mi persona. No seré el Tío de la Vara (De dar la Vara). Voy a elevar la frase al rango de lo suprapersonal, de lo supralocal llegar a lo nacional e internacional.
La pobre España, (Escoña o Españistán como la motean algunos escritores) es ahora de las más feas del baile. El paso de décima potencia económica a apestoso deudor insolvente ha resentido nuestro orgullo patrio dejándonos escaldados y humillados mendigando a las puertas de le misa comunitaria.
Nuestra inicial forma parte del despectivo cerdo, el "pigs" franco-anglo-sajón, como nos apodan en esos países a Portugal, Italia, Grecia y España. La canciller alemana se despacha a gusto tildándonos de "vagos" y derrochadores. Las agencias de calificación nos suspenden con "cates" de escándalo. Diez presidentes iberoamericanos (la mitad) nos muestran su desdén en la cumbre de este año dándonos la espalda y mirando con sonrisa aduladora a los nuevos emergentes. Llamamos a las puertas de EEUU pidiendo parte del exiguo caldo que se reparta en Rota. Nuestros cinco millones de parados rompen las hechuras del traje hispano.
Y dentro de la península, se acelera la peninsularizaicón interior, casi ya insularización, del País Vasco y Cataluña. Cuando la crisis aprieta cada cual protege su plato, sobre todo si es más nutritivo que el del resto. En economía, el País Vasco va bien. Siempre ha ido bien. Siempre mejor que sus vecinos (y no me creo que sean más trabajadores que ellos, he vivido muchos años a su lado para poder afirmarlo). En inversiones les ha ido muy bien. Han sido la envidia de Santander, Asturias, Castilla... En cuanto a señas de identidad, idioma, libertades, política... podríamos discutir sin apasionamiento, estoy dispuesto a admitir excesos bidireccionales. Pero ahora, a día de hoy, lo tienen todo. Sin embargo la perspectiva es un aumento del nacionalismo sin precedentes y una muy posible independencia. Al final de esta triste fiesta uno se queda con la imagen de que se llevaron a la mejor chica del baile y que ahora piensan: ¡Que me quiten lo bailao" y, puesto que las hay mejores, ya no quieren bailar con "la más fea".
¿Y Cataluña? Istmo de España, lugar de paso y razón de ser de sí misma no puede prescindir de aquello que comunica. Hoy toca autonomía por conveniencia, mañana independencia porque sea más rica, pasado tocará pertenencia porque nos necesite.
En el comercio de su descontento ganará siempre que España se debilite.
Y ahora esté muy débil... y ya no nos quiere nadie.
viernes, 28 de octubre de 2011
El tío tele
Televisión Española cumple hoy 55 años. El domingo 28 de octubre de 1956, en un chalet del Paseo de la Habana de Madrid, cuarenta personas sudaban por sacar adelante las tres primeras horas de televisión en España. Muy pocos espectadores ven aquel bautizo en directo. Solo hay unos 600 televisores, y todos ellos en la capital de España. Nadie sospechaba entonces el éxito de un invento que iba a suponer una auténtica revolución en los hogares. Desde este blog me apunto a su conmemoración y me uno a su homenaje con este artículo escrito en sus bodas de oro, hace 5 años.
http://www.rtve.es/alacarta/videos/programa/television-espana/1204929/
El tío tele.
El tío Tele nació en España en 1957, el mismo año que yo. Alguien le abandonó a la puerta de casa metido en una gran caja de cartón. El año pasado cumplió 50 años y le han hecho muchos homenajes. De recién nacido era feísimo. Algo así como una gran caja vieja con una panzuda ventana de cristal gris. Pero la gente decía asombrada: ¡Qué bonito!, ¡Es maravilloso! Al principio nos hablaba como si fuéramos tontos y sonreía siempre sin gracia, pero a los mayores se les caía la baba... Siempre estaba cantando como las folklóricas o echando parrafadas como si leyera un periódico, pero la gente se quedaba lela y decía: ¡Qué chico más listo! Cuando era pequeño el tío Tele era muy paliducho. No tenía los coloretes que tiene ahora. Pero los médicos encontraron rápidamente una cura y hoy luce unos colores estupendos. Cada año crece más. Creemos que llegará a los 2 metros (aunque él lo llama 80 pulgadas). También ha adelgazado bastante: ya no tiene la barriga de antes: casi está plano. El tío Tele se ha convertido en el familiar más popular de mi casa. Muchos días pasamos más tiempo con el tío Tele que con los papás. Mi tío Tele nunca se cansa. Puede estar hablando todo el día y toda la noche. Sabe muchos idiomas. Conoce gente de todo el mundo. Algunas veces mi tío se pone violento, chismoso, maleducado, aburrido, gritón, hortera, pelma, cotilla, futbolero, consumista... y no queda más remedio que callarle la boca o decirle que hable de otra cosa ( a esto mi papá lo llama hacer "zaping"). Cada quince minutos le entra la manía de animarnos a comprar 7 u 8 cosas sin venir a cuento. Entonces suele hablar más alto. Es un canso: ¡Es que no para de insistir en que lo tienes que comprar! Que si no -dice- no eres hombre, no ligas, todos te pisarán, serás un nadie, un infeliz... Además es un teatrero de mucho cuidado: antes mi familia comentaba por la ventana la vida de la vecindad, ahora el tío Tele les representa la vida íntima de un montón de gente con detalles asombrosos (mi tío Tele lo llama "Gran Hermano"). Otras veces, es un tío estupendo y nos entusiasma con relatos asombrosos: viajes fascinantes, historias increíbles, noticias sorprendentes... Puede describirnos una imagen de belleza sublime... Es capaz de contar una novela en un par de horas y parece que la estás viviendo... Este tío mío es un poco esquizofrénico... Yo, cuando adopta la personalidad "chunga", no le hago ni caso, pero observo que las visitas y algunos de mi familia sí. Me preocupa que puedan imitarle... Yo les advierto, pero mi tío es muy persuasivo... 11 de enero de 2007
martes, 25 de octubre de 2011
La doble bofetada del hermano Cañón
1965. Liceo Castilla. Burgos. Clase de 1º.
Nuestro profesor, el hermano Cañón (¡qué resonancia bélica tiene este apellido!) ha tenido que salir de la clase unos minutos. Quedamos solos. Poco a poco pasamos de la expectación al murmullo, del murmullo a la charla, de la charla a los gritos, de los gritos a las carreras... De pronto: ¡Que viene el hermano!
Todos corremos a nuestros pupitres y adoptamos la pose de niños buenos y obedientes. El profesor, agitado, entra en la clase. Ha oido los gritos y sabe del alboroto. Aparentando gran tranquilidad pregunta:
¿Quién ha hablado en mi ausencia?
No sé porqué pero decido dar la cara y, levantando la mano, admitir mi culpabilidad. Soy el único. Me manda acercarme al encerado. Allí frente a él, al lado de la mesa, me coge la cara entre las manos y separando ambos brazos me da un doble bofetón en las mejillas.
Me arde la cara. Me zumban los oidos. Lo peor la vergüenza y el aturdimiento. Dolido, humillado vuelvo al pupitre. La clase, pasmada, está en completo silencio. Yo oigo rugidos turbulentos de sangre circulando por mis oidos, oigo el llanto que me agita, escucho la rabia que se rebela...
¿Así son las cosas? ¿Soy el único que reconece que ha alborotado y recibo yo sólo el castigo? ¿Merezco uns castigo tan duro y humillante?
Tengo 52 años. Aún sigo preguntandome, 45 años después, ¿Porqué lo hizo?
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Pieles finísimas
Pasados los días, ya meses, la herida parece cicatrizada. Superado el inicial espanto ya no me siento un adulto maltratador. Quiero mostrar aquí mi agradecimiento a todas las personas que, en en contra de lo políticamente correcto, rompen una lanza a favor de una visión crítica de las relaciones sociales con este mundo delicado y hermoso, perverso también, que es la infancia. Invito a leer el artículo de Julián Marías publicado en el períodico El PAÍS el 27 de septiembre de 2009. "Pieles finísimas" es un alegato contra esa mentalidad pusilánime que impregna muchas veces nuestra actividad. Es muy diferente una bofetada a tiempo (merecida, medida, justificada, dolorosa para ambos) que la muestra gratuíta de crueldad o sinsentido (ver artículo siguiente de este blog).
Nunca podré enorgullecerme de una bofetada dada a un niño. Pero tampoco es justo sentirse tam culpable en según qué circunstancias. Aún recuerdo, hace unos años, a mi compañera Maria. Una PT excepcional. Tan excepcional que dedicaba muchos de sus fines de semana a colaborar como voluntaria en el Proyecto Hombre durmiendo en hogares repletos de drogadictos y estando al tanto de sus necesidades. Ella fue la que pagó de su bolsillo el campamento de dos niñas chilenas (víctimas de abusos paternos) a las que yo daba clase en otro colegio compartido. Ella fue la única que se atrevió a "luchar" cuerpo a cuerpo con Mª Paz, la niña más guerrera de todo el colegio...
Un día entró en mi clase demudada confesando que había dado una torta a uno de sus alumnos. Yo conocía muy bien a ese alumno. Era el "reto" hecho infante. Entendí perfectamente lo que había pasado. Comprendí claramente su reacción. Supe que le había hecho un favor, pero no llegué a imaginar en ese día, la carga de profundidad que acababa de estallar en sus sentimientos.
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10 bofetadas en 3º A
El día 4 de abril, en 3º A, cayeron 10 bofetadas.
Una se la llevó Diego muy merecidamente. No se debe llamar gilipollas a un profesor por la simple razón de que te quita el balón que botas por la clase. Las otras nueve me las llevé yo.
La primera fue en el alma, donde la duda el remordimiento la tomaron por asalto desde el mismo instante que ocurrió. La siguiente fue en el corazón que palpitó fuertemente al darme cuenta de la fea situación. Otra en mi estima que anda la pobre triste y apagada desde entonces. La tercera en el estómago, que también sufre por los digustos. Una más en mi sueño, que tardé en conciliar ese día. Otra impactó en mi honra, que desde entonces cuenta con esta negra cita en sus anales. Mi seguridad en mí mismo sufrió la séptima al comprobar que me había fallado mi autocontrol. La octava castigó mi fama, hube de soportar las palabras y miradas reprobadoras del tutor del alumno. La última duele largamente en la herida de la culpa. Es el tormento de no haberme enfrentado al padre de la critatura, ese que me partiría la cara de un guantazo como dijo su hijo abofeteado. Se echó tierra al asunto, se encomendó la solución al olvido; pero la culpa tiene memoria eterna.
Llevo dos semanas dándole vueltas a la cabeza: ¿Cómo pudo ocurrir? Algunos compañeros me aseguran que lo tenía merecido y que le hacía un favor. Caro favor, pienso yo.
Sí. Diego tiene que conocer las consecuencias de sus actos. No puede ir por la vida llamando gilipollas a la gente y menos por un detalle tan nimio. Más temprano que tarde alguien le habrá respondido. Puede ser en forma de tortazo, puede ser a modo de puñalada... Quizás yo le hiciera ahora un favor...
Sólo sé, que le gano en bofetadas por 9-1. Que la suya, leve y refrenada en el último instante, apenas le dolió. Yo me quedo con mis 9 bofetadas y, de regalo, con "gilipollas" que le salió gratis.
Una se la llevó Diego muy merecidamente. No se debe llamar gilipollas a un profesor por la simple razón de que te quita el balón que botas por la clase. Las otras nueve me las llevé yo.
La primera fue en el alma, donde la duda el remordimiento la tomaron por asalto desde el mismo instante que ocurrió. La siguiente fue en el corazón que palpitó fuertemente al darme cuenta de la fea situación. Otra en mi estima que anda la pobre triste y apagada desde entonces. La tercera en el estómago, que también sufre por los digustos. Una más en mi sueño, que tardé en conciliar ese día. Otra impactó en mi honra, que desde entonces cuenta con esta negra cita en sus anales. Mi seguridad en mí mismo sufrió la séptima al comprobar que me había fallado mi autocontrol. La octava castigó mi fama, hube de soportar las palabras y miradas reprobadoras del tutor del alumno. La última duele largamente en la herida de la culpa. Es el tormento de no haberme enfrentado al padre de la critatura, ese que me partiría la cara de un guantazo como dijo su hijo abofeteado. Se echó tierra al asunto, se encomendó la solución al olvido; pero la culpa tiene memoria eterna.
Llevo dos semanas dándole vueltas a la cabeza: ¿Cómo pudo ocurrir? Algunos compañeros me aseguran que lo tenía merecido y que le hacía un favor. Caro favor, pienso yo.
Sí. Diego tiene que conocer las consecuencias de sus actos. No puede ir por la vida llamando gilipollas a la gente y menos por un detalle tan nimio. Más temprano que tarde alguien le habrá respondido. Puede ser en forma de tortazo, puede ser a modo de puñalada... Quizás yo le hiciera ahora un favor...
Sólo sé, que le gano en bofetadas por 9-1. Que la suya, leve y refrenada en el último instante, apenas le dolió. Yo me quedo con mis 9 bofetadas y, de regalo, con "gilipollas" que le salió gratis.
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domingo, 23 de octubre de 2011
Recuerdo del amigo muerto
Jose Vicente, mi amigo, en el centro de la imagen. Arévalo, 1970.
Se llamaba José Vicente Del Val del Río y fue ametrallado por ETA el 5 de marzo de 1978. El 25 del mismo mes fallecía. Tenía 21 años. Fuimos amigos y vecinos del mismo barrio (Calle San Joaquín, en Burgos) cuando contábamos apenas 5 -6 años y terminamos siendo compañeros de estudios en los internados de Miraflores y Arévalo entre los 12 y 15. Luego nos habíamos visto ocasionalmente en Burgos.
Mientras yo hacía la mili en Almería, él ingresó en la Policía Armada. Llevaba 8 meses en el cuerpo y sólo tres de destino en Vitoria cuando el vehículo en que se encontraba con otros 4 policías fue ametrallado por dos miembros de la banda terrorista. Dos compañeros murieron en el acto y otros tres resultaron heridos graves. Jose Vicente murió 20 días después tras una intervención a vida o muerte. Estuve en su entierro.
Al volver a casa escribí una líneas, un poema con pretensión de homenaje al amigo y de condena a los asesinos.
Al volver a casa escribí una líneas, un poema con pretensión de homenaje al amigo y de condena a los asesinos.

Has salido a matar y vuelves tarde,
oculta en tu valija la máquina asesina.
En la tarde caliente húmeda de sangre
expiran los cadáveres a tus espaldas,
vidas como mies segada en julio.
Niegas a tu corazón el permiso del espanto,
riegas tu cuerpo con la emoción del miedo,
revives en tus ojos la danza de los estampidos
mientras suenan las sirenas de la caza.
La policía y la culpa alientan en tu nuca,
corres y jadeas hasta encontrar tu cueva
donde enroscas y abrazas la serpiente.
Con el frio del amanecer y de la muerte
gotas de sangre resbalan por los periódicos,
algún animal ferozmente humano
las sorbe poco a poco, las saborea.
El jueves, 20 de noviembre, ETA anuncia tras 43 años el cese definitivo de la violencia terrorista.
Con una escenificación estudiada incluyendo conferencia internacional, mediadores de postín, comunicado con capucha y optimismo post (por Bildu) y pre (por el grupo Amaiur) electoral. Con ese tejido de declaraciones lleno de ambigüedades, olvidos, manipulaciones lingüísticas se nos presenta la nueva etapa tan esperada en el País Vasco (Euskadi si se prefiere) y España. Las víctimas, las grandes ausentes -es una obviedad en lo físico, que no en lo espiritual-, desconfían. De cómo se maneje este proceso dependerá su sosiego o su rabia incrementada.
En un clamor de partidos, asociaciones, políticos y personajes varios se pide "no olvidar" y evitar la manipulación de los que quieren "reescribir la historia". Vaya por mi parte mi recuerdo y mi testimonio del amigo muerto.
Una tríada rítmica y trágica resume la historia de ETA:
"Primero la estola,
después la pistola
y ahora la trola."
pues cierto es que podemos rastrear sus orígenes en un grupo de jóvenes de la universidad jesuíta de Deusto (algunos afirman incluso que su origen estuvo en los seminarios), que la pistola ha sido su "instrumento" de diálogo y que, en lo que se refiere a negociaciones y comunicados, la mentira y la manipulación han sido constantes.
Es el momento por tanto de recordar, dar fe, enfrentar la sangre derramada contra los carteles de presos y "héroes" etarras. Y perdonar, sí, pero sólo a aquel que se confiese y cumpla la penitencia. Como devotos cristianos, por lo que se tienen muchos, saben que sólo puede ser así.
Os lo reclaman 829 víctimas.
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jueves, 20 de octubre de 2011
El gesto contra la mueca
Era su trabajo una misión humilde, poco visible. Se trataba de apoyar en las tareas escolares a un niño convaleciente en su casa por leucemia. El pobre había pasado ya 15 días sin su profe de asistencia domiciliaria por sucesivas hospitalizaciones. La madre se preocupaba. El niño se desanimaba. La fecha de la huelga cayó justo en uno de los dos días semanales de visita domiciliaria. ¿Qué hacer? Mi amigo pensaba que, casi casi, su trabajo de aquel día podría considerarse unos servicios mínimos; así que, en contra del consejo de su director, se fue a atender a su alumno y dejó bien claro que se consideraba "en huelga" y así quería que constara cuando la inspección pidiera la estadística de seguimiento al centro. Mi amigo era consciente de que le descontarían un veinteavo de su sueldo. Se daba cuente de que nadie (excepto su director y la familia del niño) conocerían su gesto; pero pensó que era necesario. Recordaba las palabras humillantes, calumniosas de la presidenta de su comunidad restregándole en la cara, ante la opinión pública, que sólo trabajaba 20 horas. Recordaba una rectificación tardía que apenas ponía una tirita en la gran llaga en su honor que ella misma había abierto.
Hoy, de vuelta a casa, su presidenta -más prudente pero con idéntica mala leche- manifestaba en la tele que los maestros sólo estaban 25 horas en el centro: ¡Otra nueva falsedad! En el centro están 30 horas verificadas. Se queda tan ancha con su sonrisa ("Esa especie de mueca, Princesa" que diría Sabina). Le dejó la sangre envenenada porque la gente le cree. Ganas le daban de materializar sus declaraciones y trabajar sólo las 25 horas. Su horario sería el siguiente:
Se presentaría en el centro a las 9:00, como era su deber. Comenzaría el viaje en su utilitario hacia el domicilio del niño (35´ por la ruta más rápida, pero más larga) y tardaría 45´, más posibles atascos y retenciones, al tener que coger la ruta que realmente le pagan (la más corta, pero por carreteras locales). Estaría, con todo, perdiendo dinero pues los 0,19 euros que pagan por kilómetro ni cubren la gasolina, ni las ruedas, ni talleres, ni revisiones, ni averías, ni accidentes, ni seguro, ni multas... Rezaría por que no hubiera obras y carreteras cortadas (pues tampoco le pagarían el desvío). Llegaría a casa del niño a las 9:45 y saldría a las 1:15 para poder regresar a su centro en el que debe terminar su jornada a las 2:00. El niño habría perdido 1 h.30´y él habría trabajado uss 5 horas ese día. Esto sería un chollo ya que, según su presidenta, no tiene que ir por las tardes a completar con 5 h. las 30 que "antes" se le exigían en el centro. Además le evitaría el engorro de coordinarme con los tutores de 3 o 4 centros en un horario que exige un encage de bolillos, asistir a reuniones de coordinación en el centro, claustros, cursillos, reuniones con padres...
En casa, bastante tendría con dedicar 1 h. 30´al día a preparar algunas clases, materiales, informes... realmente no le quedaría tiempo para enviar emails a los profesores tutores de los niños, buscar actividades, realizar cursos on line, mantener activo el blog del servicio, el de la biblioteca del cole, etc.
Por favor, Sra.Esperanza Aguirre: fírmele el horario que le publicita. ¡Hágalo con todas sus consecuencias o cállese! El daño que está haciendo no se cura con una tilita. Esa mueca pública que nos muestra, pretendida sonrisa, está sujeta con forceps. Sólo se ríe usted.
PD Mi amigo abre el periódico del EL PAÍS de ayer, miércoles, que no le dio tiempo a leer. En la página 28, sección de opinión - Cartas al director, encuetra un texto de un padre:
"Para que Aguirre diga de los docentes..." Y ve que su historia se repite. Percibe la mirada perpleja y admirada de unos padres ante el gesto de una profesora de IES que, para no acumular los exámenes de sus alumnos por la falta de días, mantiene la fecha del examen y "regala" dos horas de su tiempo de huelga a las arcas gestionadas por nuestra presidenta, que evidentemente le obsequiará con una sonrisa ("una especie de mueca").
domingo, 16 de octubre de 2011
Ciencia en el retrete (2º parte)
Publico la segunda parte de este ensayo humorístico sobre el WC. Podeéi encontrar la primera parte publicada en este blog en el enlace adjunto. Se trata de una exhaustiva investigación sobre las posibilidades de estudio de la ciencia en un habitáculo tan pequeño y con funciones tan humildes.
He de confesar que me lo he pasado muy bien investigando sobre el tema y haciendo mis pinitos en este tipo de literatura. No soy quién para juzgar, pero el resultado me gusta. Os recomiendo una lectura sin prejuicios.
Aporto una página documental en la que explico las notas al pie de texto. Muestran y describen las leyes y fenómenos citados. Proporcionan también accesos a internet donde se estudian esos temas en profundidad.
Ciencia en el retrete (2ª parte)
No siempre se usa el inhodoro para excrecciones intestinales. Las produciones renales tienen otra vía que, en el sexo masculino, permiten un cálculo de trayectorias(28) bastante preciso. La existencia de un apéndice más o menos largo (las ventajas del cañón largo sobre el corto son comunmente aceptadas pero no proceden al objeto de estudio de este tratado) permite un control de la trayectoria parabólica del fluído muy eficaz. Todo esto con la condición sine qua non de prestar atención visual al objetivo. Pero puede ocurrir que, el usuario no esté en lo que tiene que estar y desvíe el tiro, regando fuera del tiesto. La psicología nos ha echado una mano aplicando una de sus leyes para enfocar la mirada al objetivo.(29) El uso de realistas pegatinas de arañas pegadas a las paredes del urinario hace fijar la vista en el bicho y mantener el trayectoria sobre el objetivo.
Las leyes de la dinámica en los gases tienen demostradas manifestaciones en este peculiar laboratorio. La evidente expansión de un gas en una atmósfera libre (que en el nuestro ámbito de estudio llamaremos pedo, aires, ventosidad, flatulencia o cuesco) produce peculiares sonoridades al atravesar apretados esfínteres y temblorosas nalgas. (31) Este instrumento sonoro personalísimo (al que no dudo en clasificar entre los aerófonos (40)) puede interpretar variadas calidades de tono, timbre e intensidad hasta el punto de convertirse en espectáculo de feria por algunos individuos (Vease como ejemplo a Andrés Pajares, ganador del Goya ese año, en ¡Ay, Carmela! de C. Saura). Este fenómeno que a edades tempranas provoca hilaridad y buen humor, con el tiempo depara en vergonzantes situaciones. Los individuos son capaces de elaborados controles de tensión en las membranas para regular el flujo de salida insonoro (queda el efecto colateral del olor, pero ahí al menos queda el eximente de la duda).
El desagradabilísimo olor de estos gases (entre mantequilla rancia y huevos podridos) depende de los restos en aerosol de la ruptura de las proteínas en nuestro intestino. En concreto ácido butírico, sulfuro de hidrógeno y disulfuro de carbono. El resto de gases son inodoros y algunos de ellos inflamables, por lo que por lo que algunas flatulencias son susceptibles de encenderse con fuego (Curiosa experiencia que no recomiendo y que supone la base física del lanzallamas(39)). La demostración empírica de este fenómeno es muy popular y está sobradamente publicitada en YouTube, como podéis fácilmente comprobar.
Separado por un delgado tabique de madera girtorio llamado puerta, el servicio es una habitación especialmente diseñada para ser cerrada. El picaporte es un dispositivo de apertura y cierre en el que una palanca(32) de primer género permite desplazar un pestillo existente en el interior y que se embute en el marco que lo encuadra. Recurrentemente es utilizada a modo de habitación del pánico por los niños cuando temen una reprimenda paterna o, en situaciones más dramáticas, cuando la violencia de género se ceba sobre la persona más débil. Incluso es el refugio y escondite para actividades prohibidas o símplemente como huída del profesor en el colegio. Claro que este procedimiento de segura cautividad no se puede prolongar por mucho tiempo. La huída deslizándose desde una ventana en el segundo piso, por ejemplo, puede ser una salida necesaria pero lo normal es no disponer de cuerdas al efecto. Esto se puede solucionar con un poco de ingenio y bastante papel higiénico si tenemos la suerte de disponer de él en cantidad. Podemos fabricar una cuerda (42) sorprendentemente resistente con varias tiras de papel retorcidas longitudinalmente y entrelazadas. Pueden llegar a aguantar el peso de una persona.
Es frecuente que en lugares tan repetidamente visitados, y usados de tan despreocupada manera, la gente no se aplique a rematar correctamente sus apresuradas actuaciones. Así quedan tapas sin bajar, cadenas sin accionar, grifos sin cerrar completamente... No es extraño que mientras nos concentramos en las tareas de evacuación seamos acompañados por el goteo intermitente del grifo. Cual clepsidra(33) que se se vacía su el rítmico golpeteo de las gotas podría servirnos de excelente reloj.
Aunque también resulta útil como temporizador(34) la lenta combustión de un pitillo apoyado en la taza o portapapeles. Con asombrosa precisión una función matemática lineal(35) relaciona la longitud consumida con el tiempo. Cierto es que depende del tipo de cigarrillo (suponemos ausencia de viento y humedad constante), pero una vez calibrado el instrumento -en prueba previa- y colocado sobre un papel milimetrado podríamos alcanzar precisiones en torno a +/- 5 seg. De la falta de atención a esta mecha lenta quedan pistas evidentes en las numerosas quemaduras que observamos en repisas de plastico, cisternas y portarrollos en los inodoros.
Curiosos experimentos sobre el periodo del péndulo (41) se pueden realizar cuando el dispositivo de desagüe es accionado mediante "cadena". El movimiento pendular puede medirse con cierta precisión con los latidos del corazón (siempre que no padezcas la taquicardia de apresuramiento) o la frecuencia de las gotas en la clepsidra del lavabo.
Claro que el paso del tiempo es una percepción subjetiva (36) que, como muy bien explicó Bergson, no transcurre igual a un lado u otro de la puerta del retrete. Así que, por mucha precisión que tenga el cigarrillo milimetrado, nuestros 5 minutos serán percibidos como una insoportable media hora por el individuo que espera apurado su turno.
Los accidentes en este pequeño cubículo son más comunes de lo cabe suponer. Un incidente, relativamente frecuente, es el atasco del sifón. Ante la deseperación de no poder usar el wc para hacer lo que tanto se necesita la inventiva popular es capaz de improvisar un eficaz pistón (37) “coge una fregona, enróllale una bolsa de plástico, métela por el retrete y muévela hacia arriba y hacia abajo unas cuantas veces.” No son necesarios seis años estudiando ingeniería para esta solución tipo Blasa.
Una emergencia como el incendio del edificio hace que muchas personas se refugien en los lavavos , al fin y al cabo disponen de agua. Sin embargo puedes terminar axfisiado por el humo. Hay que recordar que muchos WC no disponen de ventana al exterior solucionando la ventilación con un simple extractor. Ante el peligro cierto de muerte también el ingenio humano ha ideado desagradables pero efectivas fórmulas de supervivencia. La patente US4320756 (38) en EEUU da cuenta de un dispositivo salvador. El autor propone usar un tubo respirador que atraviese el sifón del retrete hasta llegar al conducto del desagüe (que normalmente se extiende hasta el tejado del edificio) y así permitir el acceso a aire no viciado (?) a cualquier humano atrapado por el incendio. Idealmente, el agua del sifón actuaría como filtro evitando que el humo alcanzase el conducto del desagüe, garantizando el suministro de aire “fresco” (es un decir).
Aparte de estas manifestaciones científicas que surgen en el humilde retrete, otras disciplinas como el arte tienen su manifestación en las paredes a modo de grafitis y dibujos rupestres, o la literatura con la vulgaridad de su castellano macarrónico en poemillas, mensajes o comentarios casi siempre soeces. También entra en el campo de la cultura popular siendo tema de dichos y refranes. Otras áeras como la pornografía, el hétero o autoerotismo, también tienen su actividad en esta sencilla habitación.
En fin. He de terminar apresuradamente este exhaustivo ensayo sobre esta íntima estancia. Me ha entrado un apretón.
martes, 11 de octubre de 2011
Pobrítica
En la prensa escrita, en los informativos radiados cada día, en la TV, en la calle, en el bar... últimamente sólo se habla de pobrítica.
El campo semático de la economía está siendo usado de manera compulsiva en los medios, en la calle, en la intimidad. Conceptos como crisis, burbuja financiera, ciclo, recesión, bonos basura, banco malo, activos tóxicos, hipotecas subprime, prima de riesgo, agencias de calificación... Palabras temibles como ajuste, recorte, ahorro, techo de gasto, reducción de salario, incremento de fiscalidad... llueven sobre nosotros y asistimos a este chaparrón indefensos, empapados hasta los huesos por este lodo negruzco producto de la licuefacción del euro.
Y la política se reduce a la pobrítica. Se apartan ideologías, se reprimen ideales, se entierra el estado del bienestar en aras del altar de la solvencia económica. Nuestros políticos se tornan contables, el gobierno se erige en banco sin fondos, los capitalistas (¡qué cruel ironía!) apelan a la solidaridad.
Y los mensajes se contradicen casi en cada frase: ¡hay que incrementar el consumo! - ¡hay que ahorrar!, ¡No habrá recortes sociales! - ¡Caos en la sanidad de Cataluña! - ¡Despidos de docentes en Madrid! Nunca se mintió tanto aprovechando el revolutum económico. Ya lo dice el refrán: a río revuelto ganancia de pecadores". Podemos decirlo más claro aún, podemos preguntar a Alessio Rastani que nos explicará que el Rey pescador es el grupo Goldman Sachs.
Hoy, bajo la luna llena que se asoma al horizonte tras mi ventana, como un euro de plata que sobrevuela el mundo; todo se condensa alrededor de la proximidad de la ruina, la miseria, la pobreza de mucha gente. Esta moneda lunar, en días no muy lejanos irá achicándose, decreciendo hasta oscurecerse completamente. La pobrítica entonces será completa.
El campo semático de la economía está siendo usado de manera compulsiva en los medios, en la calle, en la intimidad. Conceptos como crisis, burbuja financiera, ciclo, recesión, bonos basura, banco malo, activos tóxicos, hipotecas subprime, prima de riesgo, agencias de calificación... Palabras temibles como ajuste, recorte, ahorro, techo de gasto, reducción de salario, incremento de fiscalidad... llueven sobre nosotros y asistimos a este chaparrón indefensos, empapados hasta los huesos por este lodo negruzco producto de la licuefacción del euro.
Y la política se reduce a la pobrítica. Se apartan ideologías, se reprimen ideales, se entierra el estado del bienestar en aras del altar de la solvencia económica. Nuestros políticos se tornan contables, el gobierno se erige en banco sin fondos, los capitalistas (¡qué cruel ironía!) apelan a la solidaridad.
Y los mensajes se contradicen casi en cada frase: ¡hay que incrementar el consumo! - ¡hay que ahorrar!, ¡No habrá recortes sociales! - ¡Caos en la sanidad de Cataluña! - ¡Despidos de docentes en Madrid! Nunca se mintió tanto aprovechando el revolutum económico. Ya lo dice el refrán: a río revuelto ganancia de pecadores". Podemos decirlo más claro aún, podemos preguntar a Alessio Rastani que nos explicará que el Rey pescador es el grupo Goldman Sachs.
Hoy, bajo la luna llena que se asoma al horizonte tras mi ventana, como un euro de plata que sobrevuela el mundo; todo se condensa alrededor de la proximidad de la ruina, la miseria, la pobreza de mucha gente. Esta moneda lunar, en días no muy lejanos irá achicándose, decreciendo hasta oscurecerse completamente. La pobrítica entonces será completa.
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