miércoles, 30 de octubre de 2013

El cole pitufo se viene abajo.

"El cole se viene abajo". La noticia, anunciada en un claustro extraordinario, nos deja estupefactos. Que el cole se caía a pedazos ya lo sabíamos de sobra; varias veces he caminado sorteando los tubos que soportan los techos, pisando cascotes o alzando la cortina de plástico grapada al techo que separa la parte "segura" de la biblioteca  de la zona apuntalada. Allí detrás, en esta especie de sala NBQ (como si estuviera especialmente diseñada para una alarma Nuclear, Bacteriológica y Química) guardábamos entre el polvo y los desconchados cajas vacías , libros de expurgo y paquetes embalados con materiales varios; incluso contuvo un inquietante esqueleto didáctico durante años.  Hacía unas elecciones (mejor contar el tiempo así) que se puso la  primera piedra del cole nuevo. Estaría situado en la calle Carabela lo que me sugirió un hermoso artículo que publiqué en la revista de la biblioteca del colegio. Durante años visitábamos aquel solar, apenas explanado, que continuaba desierto con la maquinaria recogida y las casetas olvidadas. Después nos enteramos de que la empresa adjudicataria se había desentendido, al parecer al encontrar una base rocosa que afectaba a su cálculo de beneficios. Todavía con el interés intacto nos alegramos de que en nuevo concurso otra empresa se hiciera cargo. Más tarde supimos que igualmente se desvinculó del proyecto. El interés fue decayendo. En la explanada nacieron algunos brotes verdes (literal), ya nadie preguntaba en el colegio. Si el tema surgía se emplazaban las fechas de su inauguración a las próximas elecciones que es cuando se mueven estas cosas en este país. Y de repente... el día 23, en el claustro, cayó como una bomba la noticia:
"El cole se viene abajo (a tierra)  y los alumnos del cole se van abajo también (a otro colegio, en la parte baja, y en la otra punta de la localidad)". El cole se derriba y los alumnos se transportan.
La noticia, así de entrada, nos deja una leve taquicardia. ¡Por fin! se mueve el asunto del cole nuevo! ¡Y se construirá en los terrenos del antiguo, a los que teníamos querencia después de tantos años; además de tener una localización envidiable! ¿Cambiar de cole, provisionalmente? - Será una estimulante experiencia: conoceremos gente diferente, instalaciones nuevas, métodos distintos...

Pero la bomba era de racimo. Tras la primera noticia: "...Y hay que hacer la mudanza antes del día 31.  Luego viene el puente y el lunes, día 4, entran las excavadoras". ¡Cielos! ¡Nos espera un Hallowenn de infartos! ¡Truco o trato: o recoges todo lo que  puedas en tiempo record o se te queda entre los escombros!Hay que recoger, seleccionar y empaquetar todo el material y mobilirario de un colegio en una semana ¡Sin dejar de dar clases!. Enese momento una imagen se apoderó de mi imaginación: 10.000 fondos de la bibioteca alineados en sus estanterías: ¿Cómo lo haríamos? Y después, como en un libro de imágenes, una página tras otra se presentan ante mi vista:  secretaría, laboratorio, gimnasio, sala de informática, etc,  etc. Programé (somos expertos ¿no?) mentalmente el calendario de la semana: tras cinco horas de clase recoger todas las aulas y espacios en el tiempo de exclusiva:  Varias tardes sin cobrar (ya estamos habituados en cursillos, reuniones, etc). Y luego vendrá la colocación... Pienso resignado que ya son dos veces que empaquetamos-desempaquetamos la biblioteca en estos 4 años. Ya no veo libro: veo balones de fúbol  despejados a pelotazos.

Nuestro director sigue desgranando las noticias: "...el cole al que nos dirigimos será un colegio concertado..."  Bingo: Primicia pedagógica: ¡Experiencia insólita a nivel nacional! ¡Contingencia educativa entre perspectivas diferentes! Todos nos preguntamos... ¿Y cómo seremos recibidos? Porque vamos a vivir a casa ajena y no precisamente invitados por sus moradores... Más tarde nos enteramos que había otra opción: Trasladar nuestros 500 alumnos a Coslada ocupando allí un colegio cerrado en el curso pasado. Una nueva  imagen se instala en mi imaginación: veo una flota de 12-15 autocares rodando por la A-3 cada día en horas punta. Leo el cartel que colgaría en los autocares: San Juan Bautista: Escuela Viajera. Un original cole volante sobre ruedas  Finalmente los padres deciden "ajuntarse" al colegio concertado; pero pronto nos aclaran que los horarios de entrada, recreos, espacios... se han distribuido para que no coincidamos "en absoluto". Si no podemos hacernos invisibles hemos de hacernos "no coincidentes". Anoto un nuevo modelo matemático para mi próxima explicación en clase: "pararelas próximas no convergentes". Creo que lo de compartir experiencias, encuentros enriquecedores, amplia socialización... se va a desaprovechar. ¡Con lo bonito que sería convertir una molestia en una oportunidad!

En fin. Nos ha pillado el día trabajando a tope tras las clases. Ya sólo quedan dos tardes y aún hay mucho que recoger, embalar, expurgar... El Ayuntamiento ha contratado una empresa para el embalaje y transporte; pero muchas cosas necesitan ser embaladas por cada cual. El equipo directivo está haciendo jornadas maratonianas para conseguir la cuadratura del círculo. Desde las autoridades académicas han sido tajantes: ¡No se puede perder un sólo día de clase! ¡Los niños tienen derecho a ella! (Tras la indolencia de cuatro años:  la firmeza de una semana). Todo el mundo colabora en lo que puede. Algunas madres se acercan a la biblioteca: ¿Necesitáis ayuda? Otras se ofrecen discretamente a la profesora:
- ¿Quieres que no traigamos los niños al cole el jueves?
- Pues nos haríais un favor, pero yo tengo que dar clase, ya ves ...

Y el lunes, día 4, diremos adiós al viejo San Juan y saludaremos con un tímido Hola al nuevo pabellón de Bachillerato del colegio concertado Virgen de la Soledad, donde seremos huéspedes forzosos la mayor parte de este curso.

Cuando nuestros pequeños de los azules crezcan, recordarán el día que subieron a los autobuses para ser conducidos a un colegio desconocido; cuando llegaron al nuevo pabellón y entraron en aquel colegio concertado, desconcertados.

jueves, 24 de octubre de 2013

Mi carro ¡Cómo chirriaba!




Murió Manolo Escobar. El hecho, ineludible, había de producirse algún día; pero ya habíamos olvidado que, pese a la imagen que muestran sus fotografías públicas,  tan alegre y vitalista; tenía fecha de caducidad.

Setenta y dos millones de discos vendidos no es moco de pavo.Cincuenta años en los escenarios, ochenta discos publicados (veinticuatro de de oro) y una casete de platino, tampoco.
Manolo, nunca fue santo de mi devoción: Su repetida sonrisa de dentífrico me parecía artificial; sus temas intrascendentes, tópicos y vulgares; su forma de cantar, acaramelada y pueblerina; Sus películas sosas y aburridas. Pero, evidentemente, debía tener cualidades que yo no sabía apreciar: por ejemplo era el ídolo de mi tío Joaquín, que compró el primer casete de la familia solo para poder escuchar sus cintas; popularizó el "porompompero" que incluso yo he cantado a voz en grito (eso sí, intentando una segunda voz tirando por los agudos en el estribillo); también me desgañité -como todos por entonces- con el patriótico "Y Viva España" en momentos de camaradería y euforia... Ante logros semejantes, no queda más remedio que descubrirse y reconocer que seguramente son justas la infinidad de medallas y premios que consiguió en sus 82 años de vida. 

Sin embargo, al escuchar hoy en las noticias su fallecimiento, lo primero que se me ha ocurrido es correr a buscar mis viejos LPs que no había tocado,
 ¡lo juro!, desde hace más de 20 años. Cogí cuantos pude abarcar en mi mano de la polvorienta estantería y, pasando una a una las viejas fundas contra mi pecho enseguida apareció: ¡Aún estaba ahí! El disco "Suspiros de España", perfectamente conservado, apareció ante mí!. Era un ejemplar único, de coleccionista, pues no he encontrado en ninguna parte esa versión y voy a explicar porqué.

Yo había oído algunas vez la historia de algún disco fallido, esas obras publicadas ingenuamente un día y que se tornan malditas con el paso de los años. Es conocido un primitivo disco de Víctor Manuel en el que homenajeba a Franco (El cantante trató, con ayuda de sus amigos, de comprar y destruir todos los ejemplares del mercado, años después). Esos discos que "jamás debieron haberse grabado" existen...

"Sonrisas de España" , comercializado por RCA en 1987, recopila una serie de colaboraciones de varios artistas del momento con Manolo Escobar. Se trata de cantantes tan conocidos como: Serrat, Chiquetete, Rocío Durcal, el Dúo Dinámico, Julio Iglesias y Rocío Jurado. En él Manolo canta a dúo con ellos alguno de sus temas más exitosos en el momento. La idea es buena, pero las grabaciones debieron resultar un tanto improvisadas pues, escuchando el disco que poseo, se aprecia que Manolo desafina increíblemente en varios temas. Sólo pudieron ser las prisas o la incompetencia del técnico de sonido las causas de que iniciaran su producción, grabaran miles de ejemplares y se dispusieran a lanzarlos al mercado con un sonido pésimo. Alguien debió advertir a tiempo el desaguisado y ordenó la total destrucción de aquellos vinilos comprometedores. Así que fueron trasladados desde los estudios al vertedero de Valdemingómez donde el conductor debía esperar vigilando hadta que las enormes pinzas del pulpo del molino de la basura los destrozaran. Pero no se les ocurrió imaginar que los empleados de la planta no podían sustraerse de despistar algunos ejemplares para sus allegados (un regalo para los hijos, una sorpresa para los yernos...). Esto era un uso extendido entre los trabajadores del vertedero. Incluso había mafias enteras de gitanos de la Cañada Real que esperaban con furgonetas la llegada de productos descatalogados o deshechoables para recogerlos (Existían leyes no escritas sobre usos y derechos al respecto entre ellos) y venderlos posteriormente en mercadillos o en el rastro. Yo tenía a mi suegro trabajando allí: un día se presentó muy orgulloso en casa con varios discos nuevecitos del ídolo del momento. El ídolo no podría ocultar ya nunca que tenía los pies de barro.

miércoles, 23 de octubre de 2013

¡No callaré!



Algunos aseguran que el Reino de Chiton  se encuentra en China, más allá del desierto de Gobi, escondido tras las altas montañas del Everest. Por eso, porque es un país tan lejano, quizás es difícil de creer lo que voy a contaros. Reina en ese lugar un anciano rey que avanza renqueante apoyado en su regio bastón pues se cae continuamente. Se trata de un monarca  un poco mandón, que dirigiéndose en una ocasión a otro jefe en medio de una conferencia de jefes le riñó: - ¿Por qué no te callas?

En ese mismo país, en el día de "Nunca Pasó", un soldadito "de plomo"  se puso galones de mando y se dirigió valientemente junto a otros soldados amigos suyos a la Corte.  Al llegar comenzó a disparar mientras ordenaba: - ¡Silencio! ¡Quieto todo el mundo!.
En todas las casas de aquel reino se oía frecuentemente la orden cortante de las madres: ¡Prohibido rechistar! y en cada colegio había montones de carteles que rezaban: ¡Silencio!
Hace algunos años, en ese extraño lugar, se desató una incontenible epidemia de ladrones y, para mayor desgracia, una feroz alimaña llamada Deuda acabó devorando a muchos de sus habitantes. Fue una época que los historiadores del reino llamaron "Era de La Crisis". Entonces sus habitantes eligieron entre todos a uno de ellos para el cargo de Arreglador de Problemas. El señor que eligieron pensó en una estratagema: - Si me hago el mudo; cumpliré muy bien mi papel. Así que callaba y callaba cuando era preguntado por las dificultades del reino y, al no decir nada, daba la impresión de que dejaban de existir y así todo se arreglaba. Los cronistas del reino llamaron a aquellos tiempos "La era de la Transparencia". 
Cansado de enmudecer, harto de no poder nunca rechistar, un pequeño aprendiz de mago huyó sigilosamente de aquel territorio y, tras un largo y azaroso viaje, decidió contar a quien quisiera oír lo que había visto: explicaría a la gente las cosas que se callaban en el País de Chitón. 

Al principio lo tuvo difícil porque hablaba muy bajito y apenas se le escuchaba en las reuniones; por eso intervenía poco y pensaba mucho lo que iba a decir, para que su mensaje no aburriera ni cansara: - ¡Los magos deben impresionar: sus palabras han de ser como hechizos todo el tiempo! - pensaba.  La verdad es que se pasaba casi todo el rato escuchando: ¡Era tan difícil enterarse en medio del bullicio de la gente discutiendo todos a la vez y dando voces...! Aquel mago fugitivo ponía toda su atención, se esforzaba intensamente por oír hasta llegar al dolor de cabeza, pero no entendía nada entre el barullo de la multitud... Decidió esperar pacientemente a que le tocara hablar a él y se puso en la fila de los turnos de palabra, pero nadie lo respetó; siempre se colaba alguno y se saltaba su lugar. Nunca llegaba a los micrófonos. Empezaba a desesperarse porque nadie le escuchaba. 

Entonces decidió escribir las historias que había conocido. Escribiría sus propios cuentos. Los cuentos tenían que ser diferentes y en ellos se podría hablar de todo. Podría contar lo que antes se callaba. Escribiría preguntas y pensaría en las respuestas. Anotaría todo lo que se le ocurriera. Lo haría desde una mágica bola de cristal llamada ordenador. Tras su cristal, sobre una luz lechosa, formaría, letra a letra, un relato diferente.

Y así, desde hace mucho tiempo, nuestro pequeño narrador se sienta cada día tras su bola de cristal. Tiene algo que decir, tiene algo que contar. Y aunque sólo el propio mago de los días siguientes sea quien lo lea, aunque nadie recoja al vuelo el cabo suelto que deja flotando en el aire, pese a que  nadie se enganche al sedal de su aparejo de mago pescador... seguirá haciéndolo. Y se repite cada día al comenzar sus relatos: Tengo algo que contar; yo también cuento y ¡no callaré!.

lunes, 21 de octubre de 2013

Nunca conocí la gloria


"Nunca perseguí la gloria
ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción
yo amo los mundos sutiles
ingrávidos y gentiles
como  pompas de jabón."

(Cantares. Antonio Machado.)

De todos los poetas, de los ilustres escritores de versos, de los vates ejemplares... me quedo con Antonio Machado. Lo elijo por su humildad, por su pobreza, por su honrado trabajo de profesor de instituto, por su éxito, por su fracaso.
Antonio "El Manchado" le decían porque sólo tenía un traje y, a veces, lleno de lamparones. Anodino Antonio de la aborrecida escuela. Antonio de la insignificancia: morador de pensiones y trabajador de la tiza. Antonio, peregrino por caminos sin hollar y trazador de efímeras estelas marinas. Antonio el poeta, creador de ilusiones en verso. Desconocido Antonio que yace muerto en una sepultura de Colliure. Antonio inmortal que venció al olvido.
Porque en sus poemas encuentro la mirada del que sabe de la grandeza de lo pequeño, desde las moscas insignificantes a los brotes de un olmo centenario; descubro la mística de una adoración adolescente por Leonor, su amor de quince años; escucho la armonía de la canción en que se convierte cada  poema.

Amigo de los grandes, admirado por genios: a tu trabajo acudes, con tu dinero pagas y cambias en cuanto puedes la rutina del francés por la  pintura de un poema. Desde tu pensión hasta las riberas del Duero pasas haciendo caminos; en cada recodo un verso, en cada árbol un poema, una reflexión a la orilla del agua... apenas frágiles mariposas del lenguaje que vuelan breves en el aire de Castilla. Y sin embargo, tan modesto que te ves,  tus notas hacen resonar como nadie la música en las cuerdas de mi arpa corazón.

Nunca conseguí la gloria, lo reconozco. Sí que la perseguí, lo admito. Y confieso también querer ocupar un pedacito en la memoria de los hombres. Pero de no haber podido ser así, me conformo con los réditos del fracaso. Nadie es primero todo el tiempo y también hay mérito del segundo en adelante.
En la gran escalera del mundo es tan importante el último peldaño como el primero. Al fin y al cabo, y citando a Kiplin,  tanto el éxito como la derrota son sendos impostores.

Hoy, Antonio, escuché tu canción. "Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar..."

domingo, 20 de octubre de 2013

En la habitación del pánico


Escribo esto desde el retrete. Antes he redactado un protocolo de seguridad a rajatabla: comprobar techos y paredes, examinar el espejo, buscar agujeros y rendijas... La NSA es capaz de todo. Aquí construí mi jaula de faraday: Tengo el recinto del WC forrado de papel albal, a prueba de pulsos electromagnéticos.
Hace meses que sabemos que Obama ha querido convertirse en confesor no autorizado de la humanidad. Sólo Dios puede valorar el bien y el mal (no hay nadie por encima) y  "El fin no justifica los medios"... pero el presidente pronuncia la contraseña que autoriza soslayar a la ética: "Salvar vidas americanas". Un moderno Maquiavelo que piensa que vale todo por el bien del Imperio. Como daños colaterales un impúdico espionaje a escala mundial, la invasión de la intimidad de amigos y enemigos, de naciones y personas individuales, de los propios conciudadanos.
Un desvelar preventivo, pero... en íntima contradicción con sus ideas: un brutal acoso y castigo a los que levantan el velo de los desveladores: Julián Assange,  Bradley Manning, Hervé Falciani
 y tantos otros piratas de la información, Robins Hood de los datos, que devuelven al pueblo  la consciencia del saqueo de su presuntamente segura intimidad.
Tengo miedo de que puedan escuchar mis propios pensamientos. Intento distraer mi propio discurrir con tonterías e intrascendencias. Temo volverme loco. Tiro de la cadena para ahogar el susurro de mis propios pensamientos. Un murmullo se escapa de mi garganta: Hijos de puta.

viernes, 18 de octubre de 2013

Mis fetiches 10: mi cassette philips N2213


Allá, por 1979, tras muchos meses de ahorro en las propinas dominicales (antes no se nos ocurría llamarlas "pagas") me presenté en la tienda de electrodomésticos y compré un flamante cassette. Elegí uno con un diseño muy atractivo, acabado en plástico moderno de negro mate, con novedosos rodillos en vez de botones para el tono y el volumen (y un curioso efecto de gradiente al transparentarse las líneas azul y roja que llevaban marcados sobre una pequeña regleta transparente). Dicho esto, además,  su sonido era muy bueno (o eso me pareció) y la grabación (con micrófono incorporado) más que aceptable pues el aparato era muy silencioso. Se trataba de un modelo recién salido al mercado y la marca austriaca "Philips" era, por entonces, sinónimo de calidad (tampoco había muchas más en esa época). Su precio, lo hacía asequible a mi escaso peculio. 

Poseer un cassette era un viejo anhelo para un chico de 17 años. Apenas dejábamos atrás la época de los "tocatas", con sus voluminosas colecciones de discos. Incluso había recibido con ilusión en su día el regalo de un viejísimo modelo,  desechado por mis primos de Madrid. Entonces inicié mi colección de vinilos pero, no pude engrosarla demasiado (eran carísimos para mis posibilidades) así que, para escuchar música, mayormente poníamos la radio (estaban en su apogeo "Los 40 principales") o íbamos a casa de algún amigo a despendolarnos y subirnos por las paredes con los agudos punteos y los falsetes de Queen. Entoces llegaron los magnetófonos, un poco aparatosos al principio con su gran tamaño y sus anchas cintas enrolladas. Un tío mío, visionario en ese punto, compró uno (ya de tamaño más reducido y de cintas de cassette standar) y grabó a familiares y personajes de su pueblo (esas cintas son hoy auténticas joyas para el recuerdo). Cuando el tamaño se redujo hasta la cómoda portabilidad decidí adquirir el Philips N2213, que lucía futurista en el escaparate. Entonces inicié una obsesiva grabación de discos y temas llegando a acumular una considerable cassetoteca. Por otro lado me permitió grabaciones "en vivo" muy curiosas como la clandestina del íntimo recitado de poemas de nuestro profesor de geometría que luego publicamos en la revista mural "Bola" de la Escuela de Magisterio en Burgos (también clandestina). Como puede ver, la publicación en sitios como YouTube de situaciones "privadas" no es cosa que se haya inventado hoy. Más constructiva fue la grabación de un concierto de nuestra coral "Francisco de Salinas" en una de sus actuaciones (único documento existente hoy en día que recuerda aquella actividad lírica que era emblema de nuestra escuela y en  la que participé activamente durante un par de años).  Años después aparecieron los lectores de discos compactos que durante años fueron compatibles con las cintas. En las cadenas de sonido convivían en módulos comunicados permitiendo una ósmosis generosa del CD al cassette.  Comenzamos entonces un nuevo  coleccionismo, en este caso de CDs -una discoteca con formato más manejable-. Los viejos vinilos empezaron a acumular polvo. Cuando nuestra colección de CDs entraba en carnes, apareció el MP3. Ya por entonces los programadores se afanaban en comprimir el sonido para no agotar los valiosos megas de las memorias de los ordenadores y dieron con un formato que permitía tener decenas, discos enteros, incluso discografías completas en un CD, o DVD mondo y lirondo. Así que arrinconamos nuestra colección de CDs en la buhardilla y nos volcamos como posesos a grabar "todo" de nuestro grupos favoritos y aún los de cientos menos conocidos, "para oírlos algún día"...  Inevitablemente llegaron enseguida los reproductores de MP3 y la imágen de cualquier persona con sus diminutos cascos acoplados al oído se hizo habitual. Hoy lo hacemos directamente desde el móvil, que vale para casi todo -incluso para hablar por teléfono-) y mañana... Dios sabe qué artilugios nos servirán la música directamente al cerebro sin pasar por la distorsión creada en  pasarela de las células ciliadas de la cóclea.

Pero yo conservé durante mucho tiempo aquel futurista cassette aunque hoy día me parece ya antiguo. Fue compañero de muchas horas de música. Con él compartí confidencias, espié íntimas reflexiones y violé derechos de autor a mansalva. Cuando, ya anciano, expiró su última nota en un estertor desafinado, le realicé la autopsia como suelo hacer con todas las máquinas al morir. Su reluciente y precisa maquinaria me impresionó. Después de tantos años se mantenía como nueva.  Aún le extraje algunos órganos vitales, para algún posible trasplante: el delicado altavoz, el pequeño transformador, el motor que seguía moviéndose con latidos circulares... Allí sobre la mesa de operaciones murió uno de mis fetiches más queridos. D.E.P. en el cielo de las máquinas.  


sábado, 12 de octubre de 2013

Matar el vino


Matar el vino, cuando el corcho no cede para que salga la mala uva. Matadlo porque en la botella habita, disuelto en él, el más terrible de los demonios. Y una vez liberado, Pandora desatada, un rosario de males asolará tu mundo... O acaso no sea para tanto: quizás tan solo sea como agua ardiente para bañar tu frío corazón, como deliciosas burbujas para tu alma. O puede que sea pocción que contenga el secreto de la fuerza (que desveló para  los galos el viejo Panoramix)... Tener un mal vino, sentarte bien el vino: esta bebida fermentada produce trastorno bipolar.  

Para los árabes alcohol, significa "el sutil", el vino refinado hasta su esencia. El alcohol es producto de la fermentación de la fruta, del grano o de la caña. Es  posible que en el paleolítico algún cazador se extrañase de la divertida conducta de algún oso de las cavernas ahíto de madroños maduros y fermentados, quizás le diera por pensar y fuera el primero que probó la bebida sagrada. O acaso alguien, ya en el neolítico, observó los efectos euforizantes de los granos fermentados y se aplicó a sacar provecho del invento. Se sabe de la fabricación de antiquísimas cervezas: hay pruebas del consumo de "sikaru" (la marca de la casa de los asirios) en la antigua Mesopotamia, del "zytum" (la versión egipcia) los griegos hablaban maravillas y en la misma Roma ganaba la guerra de precios al vino y se convirtió en la bebida más popular. El vino, sin embargo, de aparición más tardía (en torno a la Edad del Bronce en el Mediterráneo Oriental) ha gozado de un estatus privilegiadoen la historia. Numerosos pueblos presumen de su invención y la atribuyen a héroes locales. La Biblia en el Génesis nos habla de Noe, el primer viticultor (y también del primer borracho, con una embriaguez que le llevó a mantener relaciones incestuosas con sus hijas). Se elaboración se extendió rápidamente gracias a la buena adaptación de la viña a  múltiples terrenos y climas. En principio fue un producto de lujo y se usaba con función ceremonial. Los rituales de intoxicación con vino en los banquetes griegos (o simposios) se llamaban enthousiasmos, que viene a significar "divina posesión'" (¿no os parece revelador el origen histórico de la palabra?).

La preparación de esta bebida se ha convertido en una actividad sumamente sofisticada: selección y cría de vides en variedades que se cuentan por centenares, procesos de fermentación "de laboratorio", posibilidades de aromatización casi infinitas... Su industria es una religión con auténticos devotos.

Actualmente, en España y otros países mediterráneos como Francia e Italia, se considera su consumo como un rasgo cultural. Ello implica calidad de elaboración y mesura en el consumo. Un vaso de vino en las comidas es una larga tradición para muchos habitantes del mediterráneo, tanto es así que se moderan las tasas contra esta bebida alcohólica, en clara discriminación con las otras. Sin embargo, al igual que en la antigüedad se aguaba el vino, hoy en día la industria se aplica a la fabricación de calimochos y tintos de verano, bebidas de pésima calidad. Mucha gente, por otro lado, defiende tolerancia cero con el alcohol. 

El vulgo atribuía al vino poderes extraordinarios: no sólo desinfectaba las heridas, conservaba alimentos, alegraba el espíritu; además -decían- "el vino criaba sangre" con lo que atiborraban a los anémicos hasta conducirlos a la adicción. Cuando ha quedado bien demostrado que lo de criar sangre, sólo es válido para el color -del tinto, claro está- y que la puede alterar hasta superar los 0,5 gramos de alcohol por litro e inhabilitarte como conductor; aparecen estudios que aseguran que el vino tinto contiene una sustancia que es poco menos que el secreto de la eterna juventud: se trata del resveratrol, el más fabuloso de los antioxidantes. Parece que este polifenol gana por goleada en la batalla anti-radicales libres a las vitaminas C y E. A rebufo de estas revelaciones empezaron a proliferar las vinotecas, las catas para profanos y hasta los spas con tratamientos de vinoterapia. Se anuncian a bombo y platillo las bondades antiarrugas del vino,  y todo gracias al resveratrol, la madre de todos los antioxidantes: activador del colesterol y la elastina y bestia negra de los malvados radicales libres responsables del envejecimiento prematuro y, por tanto, de las arrugas.
Así que los abstemios andan de capa caída: además de amargarse la vida (al privarse del placer y de la euforia) se la acortan. Sin embargo los bebedores, podrían morir de éxito si, como parecen indicar nuevos estudios, se aplican la dosis necesaria para activar el gen antienvejecimiento: nada menos que 100 vasos al día.  

En fin, tanto hablar de vino, me hace terminar cantando y, con el efecto de lengua de trapo, propio de los vapores etílicos altero la letra de la canción:

"Me mata si no lo bebo, 
y si lo bebo me mata:
siempre me mata."

jueves, 10 de octubre de 2013

Los ojos


Son los ojos, quizás, el órgano de mayor belleza; el más dinámico y perturbador, de una potencia comunicadora inigualable... Su naturaleza de cristal enriquece con sus quilates nuestras pálida figura y su luz y transparencia ilumina nuestro rostro impenetrable.

Ventanas del alma, pozos de sentimientos, tormenta de colores, anzuelo del amor, lagos interiores, hipnótico poder... son los ojos.

A los ojos miramos, ante otros ajenos bajamos los nuestros, bajo ellos guardamos las lágrimas, con ellos las lloramos, contra ellos luchamos, de ellos dependemos, desde ellos gobernamos, para ellos escribimos el más bello poema, por ellos nos llega la luz del mundo, según nos miran reimos o lloramos, sobre ellos cerraremos las pestañas tras morir.

Unos ojos pares y felices fueron lo primero que vimos tras venir al mundo. Unos ojos apagados, de iris inerte, serán señal de que la vida nos abandonó.

Los ojos miran, juzgan, hablan y callan, acarician, juegan, coquetean, sugieren, ríen ... y lloran. Acaso también delatan, traicionan y mienten. Ellos guardan el verdadero secreto de la telepatía. Por ellos se asoma la locura y el amor. Los ojos están en las canciones, en las obras de arte, en los jeroglíficos, en los sueños...  Para los ojos se diseñó el maquillaje más sofisticado, se escribieron mil metáforas, se alzaron monumentos...

Ojos de todas clases: ojos vacunos de mirada vacía, ojos biónicos de los replicantes, inertes ojos de cristal, convexo ojo de pez, ojo multifacetado de insecto, simple ocelo de los metazoos...

Machado nos recuerda su naturaleza:
"El ojo que ves no es
ojo porque tú le veas:
es ojo porque te ve."

pero contradiciendo al genial poeta: Su naturaleza como órgano de la visión, se ha trasmutado, no sabemos como, en un poderoso sistema de señales.

Mis ojos encontraron ojos en las más recónditas playas: millares de ojos de piedra entre la arena y pulidos por el mar. También vieron los Arcos de Ambite, peculiar monumento a los ojos con decenas, acaso centenares, de placas cerámicas vidriadas pintadas con dibujos y referencias a estos órganos.
Con ellas despido mi particular homenaje a estos órganos singulares.













miércoles, 9 de octubre de 2013

Asalariados del verso


Ahí está el poeta frente a su cálamo mecánico como un antiguo escriba junto al templo ofreciendo su sabiduría a los campesinos; como los antiguos escritores de cartas a los que recurrían antaño quienes, analfabetos, deseban escribir la necesaria noticia; como un Cyrano actual redactor de cartas de amor por encargo... Él es el poeta pobre, el que vende su arte y su ingenio por unas monedas. Está dispuesto a crear un bello poema en un mínimo instante, en una improvisada situación. Quizás, si eres una bella muchacha, lo haga por nada. Quizás se niegue, si dejas caer tu bolsa con ostentación sobre su mesa. Él es el poeta del Rastro de Madrid, vendedor de mundos sutiles, de palabras al viento...

Él, como yo, sintió la luz cegadora de la lirica. En el camino de Damasco ambos descubrimos un Dios poderoso que nos derribó del caballo. Nos convertimos en poetas. 

La semilla del verso germinó temprano en mí. A los cinco años escribí mi primer poema para mi madre: mi mamá buena, mi máma bonita. Apenas una líneas -yo leía apenas- pero fueron las primeras, y fueron las más bellas. Después llegaron otros poemas infantiles: canciones para cada sorpresa, cursis poemas sentimentales, dolorosos clamores ante las pequeñas frustraciones... Luego los aires juveniles: cantos al amor y al desamor, compendios de tristezas y lamentos... En la adolescencia la poesía fue seducción... Al final de mi carrera, estudiando la odiada oposición, sentí el intenso relampagueo del rayo que no cesa en la  poesía de Miguel Hernández. Frente a la aridez de aquellos apuntes ¡qué fácilmente se tornó en deliciosa  la antes áspera lectura de un poema! Lo que vino después, fue una  poesía de combate: pomas necesarios para la lucha del día a día.  Y después, en la madurez, poemas otoñales, doradas composiciones aquilatadas con el oro de la experiencia. 

Hace unos años  recopilé mis poemas en un libro. Algunos ejemplares regalé. Ninguno vendí. A mí, pues me pertenecen en espíritu. Nuevos poemas, ahora de tarde en tarde, publico en un blog. Los dígitos crecientes de los contadores dan fe de que muchos llegan hasta ellos,  pero sé que pocos los leen. Y sin embargo cada vez son mejores.

Con silla en el rastro, como este asalariado del verso, quizá un día escriba un poema para ti. No será poema de un instante. Será el fruto de los años, latirá con el corazón del tiempo. Nada te cobraré: recibelo como un regalo si te emociona. Si no, rómpelo en mil pedazos. Yo continuaré en mi silla hasta tu próxima visita. Lo seguiré intentándo.  

Windows chocho


Microsoft ha perdido el rumbo. Se acabaron las ideas geniales, las originales ventanas que abrieron al mundo una nueva forma de navegar el software. Últimamente todo lo hace mal. Perdió la batalla de los buscadores, de las redes sociales, de los sistemas operativos para móviles y tabletas... El garaje de Bill Gates se ha quedado sin luz.

En estos días me he acercado a la frustrante experiencia de iniciarme en este SO. Me aproximé al nuevo windows, es verdad, con los prejuicios de tantas opiniones negativas desde lo público y lo privado: "Es una mierda", sentenciaban mis conocidos... Pese a eso me planté delante de la pantalla con la excitación de probar una novedad, que al primer pantallazo, me sorpendió con una amigable presentación parecida a la de las tabletas: ¡Es como el Android! -pensé-. Luego vi que la pantalla de leds no me respondía al tacto -juro que sin darme cuenta lo probé- y seguía necesitando el viejo ratón o la incómoda  pastilla de posar y arrastrar de los portátiles. Poco a poco empecé a sobrevolar con el puntero por sus múltiples iconos y gachets encontrando un poco atosigantes los procesos de zoo, desvanecimiento y submenús continuos a su paso. Intenté despejar los iconos y fotografías del escritorio y empecé a desesperarme: ¿Cómo diablos accedía a mis archivos? ¿Por qué aparecían ventanitas sin cuento a poco que me desplazase, rozara un margen, o me posara sobre un  un icono? Incluso un leve  apoyo sobre el teclado, un leve toque del ratón me apartaba de mi tarea. ¿Dónde iban a parar mis textos escritos segundos antes y que desaparecían como por ensalmo?.. Me pasé minutos intentando deshacerme de ventanitas que (para colmo) no tenían la consoladora pestañita en X de la esquina superior derecha. ¿Y esa manía en utilizar pantallas de alta resolución en la que caben tantas distracciones? Empezaba a añorar el prehistórico windows 3: allí todo era sencillo y diáfano... Ahora hay que tener la vista de un lince y la precisión de un cirujano para operar semejante máquina. Si encima el sistema se instala en un ordenador que iba a servir para facilitar su uso a un joven tetrapléjico el desmadre es mayúsculo. Menos mal que mi alumno y yo optamos por reírnos ante cada pifia, cada salto incomprensible de pantalla o la búsqueda imposible de botones de retroceso...

De momento windows ocho ha sido adquirido por 100 millones de usuarios. De estos 100 millones de cabreados muchos están pagando 50 € por hacer el cambio a windows 7 (a los que hay que añadir los 100 € del precio de la versión 8, de origen). Esta compañía parece deslizarse por una montaña rusa: tras el windows XP, potente y fiable, vino el mayor desastre de su historia con el Windows Vista al que tuvo que socorrer el windows 7. Ahora será necesario un Windows 9 que venga a rescatar al usuario frente a la desesperante experiencia del Windows "chocho".

Sólo un 1,72 por ciento de los usuarios utilizan actualmente el nuevo sistema operativo de Microsoft, sin embargo la cuota de mercado del Windows XP es del 40% (Y hay que considerar que en abril de 2014 dejará de prestar soporte a esta versión). Que Microsoft esté solamente "peocupado " por este hecho da idea de que sigue en la inopia: no se entera de que su sistema es un desastre (algunos fabricantes de software le califican de "catástrofe" sin paliativos)

Los progenitores de la criatura recomiendan tener paciencia: podrás dominarlo y personalizarlo y entonces comprenderás su agradable uso - dicen-; pero yo me encuentro sin ganas de continuar con su  empinada "curva de aprendizaje" y ¡ya está bien! de pasarse la vida estudiando instrucciones.

Windows 8 es, como dice Philip Greenspun, conocido emprendedor y profesor del Instituto Tecnológico de Massachuttses, "Un regalo de navidad para alguien que odias".

lunes, 7 de octubre de 2013

Historia de Amarilla o "El hombre orquesta"


Me encanta el cine. Me enamoré del Séptimo Arte de muy pequeño,  cuando asistí deslumbrado a la proyección de Pinocho, de la factoría Disney.  Aquel mundo de color y movimiento que me encandilaba  creó en mí una afición eterna. Con él viví fantásticas historias del Rey Arturo (la imagen de Merlín haciendo funcionar una rudimentaria locomotora con el agua de una tetera, aún brilla nítida en mi retina), me entusiasmé con las hazañas de Sir Ivanhoe (la marcha triunfal de su obertura aún resuena en mis oídos) y después vinieron muchas, centenares, miles de películas más. Esos mundos virtuales han llenado parte de mi vida enriqueciéndola. Nunca ahíto de esos mundos paralelos, decidí un día fabricar uno propio.

La oportunidad se presentó con motivo de unas jornadas culturales en mi colegio de entonces, el Antonio de Nebrija. Ejercía por aquellos años de logopeda y buscaba una manera de motivar e implicar a mis alumnos en alguna actividad para esos días. Había encontrado en internet un programilla que permitía una edición rudimentaria de dibujos animados. Yo conocía de tiempo atrás Cartooner, programa de dibujos que corría en PC antiquísimos y que realizaba peliculillas cortas y divertidas; pero aquel año, el 2007,  había encontrado en la red un programa gratuíto en desarrollo muy interesante: Tales Animator.  Usaba procedimientos y códecs de libre uso y una programación relativamente fácil de aprender, aunque laboriosa. Presentaba aspectos prometedores: uso gráficos y fotos personalizadas, descarga personajes con diversos movimientos, sonido mp3, uso de capas y colores transparentes... Se me ocurrió emplear escenarios del propio colegio y protagonistas personalizados para hacer una película con espacios reales y protagonizada por los propios niños y personajes de nuestra invención. Las voces (era el logopeda) las aportarían los propios alumnos.

Se inició entonces un laboriosos proyecto en el que trabajé intensamente como hombre orquesta durante meses. Tomé fotos y algunos videos de las depencias del colegio y de algunas localizaciones exteriores (Cabanillas, Quer, el monte Gurugú de Alcalá...), bajé todos los personajes preeditados por los programadores, construí personajes estáticos y animados a partir de los propios alumnos y de héroes infantiles; busqué bandas sonoras de películas famosas y efectos de sonido, manipulé imágenes mediante programas que distorsionaban formas... Elaboré el story board y dediqué muchas horas a programar e ir probando poco a poco cada escena. Finalmente completé un corto de 40 minutos de una calidad más que aceptable.

La película, finalmente montada y editada en video, fue visionada en TV por todo el colegio, en pases por niveles; y si no fue un éxito espectacular, sí sorprendió gratamente a todos.

Diversas escenas del film:

 

 

 

 

 

La buena acogida hizo que el curso siguiente repitiera la experiencia aprovechándola entonces para implicar a dos alumnos con TGD (Transtorno Generalizado del Desarrollo), que tenía encomendados. A uno de ellos le encantaba el cine y dibujaba muy bien. Realizamos juntos el Story Board y, dentro de nuestros posibles personajes animados, creamos dos superhéroes con sus rostros y los correspondientes amigos y malvados. El villano, el mago Alcalosus (cuyo nombre guarda reminiscencias con el nombre de la localidad de Alcalá y los alcaloides de sus pócimas) será finalmente  vencido por nuestros amigos y todo el colegio lo celebra. Así realizamos "Aventura el Nebrija II", que encantó a la gente y sobre todo a los dos protagonistas. Ya teníamos en proyecto "Aventura en el Nebrija III" (incluso habíamos rodado un trailer, que poníamos de propaganda antes de empezar el film, junto a la publicidad -que también publicidad tenía-) pero el logopeda, el hombre orquesta de aquellas animaciones, cambió de destino y terminó la saga de "Amarilla" (la  protagonista). 

Realizar 40 minutos de animación exigen muchas horas de dibujo y programación. Cuando pienso en todo el tiemp que empleé para esta efímera producción me sorprendo de haberla llevado a cabo (y querer continuarla). El hombre orquesta no estaba cansado. Más bien se había apoderado de él un extraño virus que le impelía a seguir tocando. 
En el periódico del colegio (otra pieza también interpretada aquel año por nuestro hombre orquesta), quedaron relatadas las noticias sobre su preparación y estreno. Dedico una página especial de este blog a recopilar todo lo relacionado con este corto. 

domingo, 6 de octubre de 2013

Churras y merinas



Algunos confunden las churras con las merinas. A los que ignoran la diferencia les informo que la raza 
de las "churras", originaria de Castilla-León, es de las más antiguas de la Península y es fundamentalmente apreciada por su carne y su leche. Por su parte, las merinas son las "niñas mimadas"' de la granja y es la raza ovina más extendida por el mundo. Tienen una lana de gran calidad: larga, densa, rizada y blanquecina -sin manchas-. Viene a cuento esta aclaración por varias razones:

Primera porque hoy se ha celebrado la XX Fiesta de la Trashumancia en Madrid y un rebaño de 2000 merinas de Esparragosa de Lares (Badajoz) ha recorrido diversas calles de Madrid pertenecientes a la Cañada real  hasta la Puerta de Alcalá, pagando por su paso 100 maravedís según se estableció en la Concordia del 2 de marzo de 1418 entre los Hombres Buenos de la Mesta de los Pastores y los Procuradores del Consejo de la Villa de Madrid.
Segunda porque en los terrenos de esta Cañada Real Galiana viven algunos de los alumnos que, como profesor de asistencia domiciliaria, atiendo a diario. Son terrenos además que, por una u otra razón, he atravesado a lo largo de estos años.
Tercera porque la vida en esta especie de favela horizontal, asentada en el curso lineal de una antigua cañada, resulta  precaria y defavorecida con respecto a las urbanizaciones legales y bien dotadas de los municipios por los que transcurre. Actualmente queda la cañada para las "churras" (carne de cañón, en nuestra sociedad) y las cuidadas urbanizaciones para las "merinas" (personas de calidad).

Hay que destacar que la "raza merina" (cuyo origen lejano se sitúa en Marruecos, pero que se proyecta a nivel mundial desde la organización de la Mesta, en la España del XIV en adelante) ha alcanzado cotas de desarrollo extrordinarias (En Australia, las descendientes de antiguas ovejas españolas, alcanzan la proporción de 10 merinas por persona). Las merinas han heredado el mundo, las churras han quedado relegadas a las antiguas cañadas.


Resulta pues que, por estos días, me aplico a una particular trashumancia por la Cañada Real Galiana en en el sureste de la provincia. Comienzo, muchas veces en Coslada, en las proximidades del Hospital de Henares, en la calle de Santiago, paralela a la Avenida de Vicálvaro; allí, al lado mismo de ese valle de viviendas sin ley y construidas con materiales de deshecho aunque por este extremo están bastante adecentadas, vive uno de mis alumnos. Recuerdo la primera vez que acudí a su casa: Llegaba guiado por mi GPS , y en vez de optar por desviarme hacia la Avenida de Manuel Hazaña -que se me hacía mucho rodear- tomé en la rotonda anterior la primera salida a la derecha, un camino sin asfaltar que atravesando 600 metros de descampado,y sorteando escombros y muebles abandonados, me hizo entrar en la caótica urbanización de la Cañada, Sector 1, que acaba más o menos en la M-45. Tras un callejeo guiado por un GPS en continuo "recalculando" y tras varias paradas (camionetas de descarga taponando la calle), logré llegar a la casa de mi alumno con sólo 15 minutos de retraso. Otras veces paso sobre la Cañada a toda velocidad sobre la M-45 y M-50; o por debajo en la R-3, ya en el el final de su Sector 2.
Sobre el primer túnel desde Rivas por la M-50 se cruza de nuevo muchas veces en mi ruta diaria. Allí cambia el nombre de Real de las Merinas por la calle Carpanta (curioso nombre, que me trae a la memoria historietas de TBO con personaje de hambre y sueños de pollo frito). Poco después me desvio  hacia la M-206, que viene de la M-203 desde Mejorada, por la que paso también a menudo y en la que (en las proximidades de la glorieta) paro a aliviar mi vejiga entre las retamas cercanas al arcén. Aquí estamos ya en el Sector 5 que discurre desde la línea 9 del Metro (Puerta de Arganda-Rivas Urbanizaciones) hasta la A-3, colindante con la urbanización de Covibar (Rivas) con la que contacta por espacio de medio kilómetro. Este sector, poblado inicial y escasamente por españoles, ha sufrido un "boom" de crecimiento en los últimos ocho años gracias a la inmigración marroquí. Las viviendas son todas de construcción, de mayor o menor calidad, y hay una clara división entre las parcelas de los vecinos originales y los más recientes, habiendo sido estas últimas objeto de segregación y construcción masificada. Justo en este tramo La Cañada, con su anárquica riada de casuchas, entremezcladas -todo hay que decirlo-con algunas viviendas de lujo, acerca su vía  longitudinal, de barro y piedras, al asfalto de las urbanizaciones de Covibar, muy aseadas ellas. Llegan a tocarse y discurren paralelas durante medio kilómetro produciéndose una extraña vecindad entre las sólidas y cuidadas urbanizaciones y los callejones que se ramifican desde la espina dorsal de la cañada. Allí tengo otra alumna, no muy lejos de la mezquita que se anuncia, pues es musulmana. El primer día que acudí a su domicilio, que siempre es una aventura, el GPS me guió hasta una plazuela en la que se acababa el asfalto y a la que se abrían callejones de barro entre abigarradas viviendas. Decidí coger mi maleta de ruedas y, llevándola a pulso (el día era  lluvioso y caminaba por el barro) me acerqué al número indicado. Cuando localicé la cifra anotada comprobé que aparecían pintados descuidadamente con brocha, el A, B, C, D, E, F... Además no había forma de encotrar el acceso rodado a la arteria principal de la cañada. Todos las entradas aparecían inhabilitados por gruesos bolardos de cemento. Por suerte, y tirando de móvil, los familiares de mi alumna me indicaron una calle asfaltada muy cercana a su domicilio, en el lado finolis. Un lujo poder aparcar junto a un cuidado jardincillo justo al otro lado de las higueras y estrechos patios descuidados y llenos de chatarra.

También he recorrido en diversas circunstancias el Sector 6. Empieza en la A-3 y llega hasta el término municipal de Getafe. Es el sector más grande y el más mediático, gracias al imponente negocio de droga que funciona dentro del tramo de unas cuarenta parcelas. Conocido colectivamente como "Valdemingómez", es vecino de la incineradora (cuyas instalaciones también están parcialmente construidas sobre la vía pecuaria) y de la Parroquia de Santo Domingo de la Calzada, conocida por su trabajo social entre los drogadictos de la zona. Aunque en estos últimos años rodé innumerables veces por la M-50 paralelo a la Cañada hasta el pueblo de Perales del Río e incluso recorrí en  bicicleta aquellos parajes desde San Martín de la Vega, pasando el arrollo Culebro y las inmediaciones de la Marañosa, mi conocimiento más directo del lugar data de hace más de 30 años, cuando mi suegro trabajaba en el vertedero de Valdemingómez. Alguna vez me invitó a visitarlo y recuerdo muy bien aquella vía polvorienta rodeada de casas destartaladas junto a buenas viviendas de ladrillo visto. Incluso llegué a ver buenos restaurantes. En uno de ellos comimos un pollo al ajillo excepcional. La cercana incineradora y planta de Valdemingómez marcaba las actividades de muchos de sus habitantes que se organizaban en mafias para aptovechar las mercancías que llegaban a la incineradora para ser destruídas por imperativo comercial, defecto de fabricación o mínimos daños de almacenaje. Conservo aún algunos discos de Manolo Escobar que delatan desafinos increíbles (y por eso fueron destinados a la total destrucción, supongo) y una magnífica tienda de campaña rescatada de un lote de mercancías de Alcampo que tenía algunas manchas de humedad. También recuerdo haber bebido unas cervezas infames recuperadas por mi suegro del mismo camión de distribución y cuyo destino eran los molinos de trituración. Extendiéndose a este lado de la Cañada, están los terrenos del macrovertedero que abarcan cientos de hectáreas. Años después recorrí con la bici aquellos lugares fantasmagóricos que dan la impresión de viaje alucinante en un mundo devastado.

Mañana me acercaré de nuevo a ese territorio de frontera donde se tocan la miseria y la riqueza, el barro y el asfalto, el ladrillo y el cartón. En ese punto de contacto donde se mezclan churras y merinas, mi pequeña alumna iluminará su carita con una sonrisa y su hermanita de tres años se acercará curiosa ante la llegada del profe extraño que atiende a su hermana. Allí formaremos todos parte del mismo rebaño, con un único pastor, aunque le demos distinto nombre.

sábado, 5 de octubre de 2013

A Herodes se le cayó la d


Hoy es 5 de octubre. Tal día como hoy, hace 2552 años, cayó el Imperio Babilónico ante las tropas persas de Ciro II El Grande; también en este día nació en Francia Louis Lumière, el inventor del cinematógrafo; y hace dos años, en un mismo 5 de octubre, falleció Steve Jobs, fundador de Apple, informático y empresario estadounidense que nos engolosinó con la ipad para suerte y desgracia de nuestro tiempo libre. Tras una apretada lista de acontecimientos y efemérides (wikipedia, por ejemplo, detalla 29 acontecimientos históricos, 86 nacimientos de personajes célebres y 43 fallecimientos de personalidades de mérito) aparece una celebración casi sepultada bajo la lista de grandes hombres: El día mundial del docente.

El Día Mundial del Docente, se celebra anualmente el 5 de octubre desde 1994, por decisión de la UNESCO para rendir homenaje a los docentes y al papel esencial que desempeñan para una educación de calidad a todos los niveles. Los docentes son, supongo que nadie lo discutirá, el recurso más importante de la enseñanza. El mundo necesitaría, en los próximos dos años, otros dos millones de maestros para garantizar la educación primaria a todos los niños del mundo.
La influencia del maestro (palabra con una carga semántica grandiosa, frente a la casi aséptica denominación de "profesor") en la mayoría de nuestras vidas es importantísima. Algunos son conscientes de ello y la rescatan en su memoria (como leemos en la carta de Albert Camus a su maestro Germain, el 19 de noviembre de 1957, tras recibir el premio Nobel de Literatura), otros quizás no lo recuerden; pero en todos laten sus enseñanzas, sus consejos, sus palabras de ánimo... así como en algunos también y por desgracia, la humillación de un capón, el rigor de una metodología extraviada o el adoctrinamiento imperdonable. 

En estos tiempos, en que la ciencia y la historia ha demostrado con tanta claridad la trascendental importancia de la educación de las personas para el desarrollo e influencia de un país, para su sano gobierno; los políticos de turno se llenan la boca de alabanzas y reconocimientos a la tarea docente mientras por detrás cruzan los dedos recortando y esquilmando los recursos humanos y materiales, dejando en la estacada al pobre maestro con más edad y más niños; y estos a su vez más problemáticos y más hambrientos. 

Soñé con ser científico o explorador, quise ser periodista, me contenté con -finalmente- ser maestro. Empecé mi trabajo con el entusiasmo de la juventud. Continué por más de treinta años cultivando todos los jardines, luchando en todas las trincheras. Ahora, cuando la jubilación que antes percibía cercana, se me aleja y emborrona como la presbicia que me aqueja, hago memoria. He convivido con maestros por centenares, en más de catorce colegios, en diez localidades diferentes, en todos los ciclos de primaria y alguno de secundaria, en todas las asignaturas (excepto religión e inglés). He conocido niños por millares, en todos los niveles, en muchas localidades.  He dado clase a grupos de todos los tamaños: de varias decenas, de 4 ó 5, de uno en uno... y en todas partes he visto: 
La devoción de casi todos los niños por la mayoría de sus maestros o maestras, la incontenible necesidad del abrazo casi siempre correspondido, la alegría compartida con sus compañeros de clase...  Y también: la dedicación de la mayoría de mis colegas por sus alumnos, el eterno retorno a la ilusión cada principio de curso, el síndrome "de la pila agotada" al llegar a casa, el desconcierto de cambios caprichosos y continuos en la administración...

En el santoral escolar figuran santos extraños: desde San Viernes, patrón del desahogo y la euforia, hasta Santa Paciencia (tantas veces invocada), llegando incluso a mentar a San Herodes (patrón metafórico de maestros irritados y padres desesperados). Pero hay unos santos desconocidos que se enfrentan cada día con ese ejército infantil de necesidades e impulsos, de curiosidades y evasiones. A veces tienen mala fama, pero son auténticos y desconocidos héroes: a Herodes se le cayó la d.   

jueves, 3 de octubre de 2013

"Que te den morcilla"


Que te den morcilla... por 1€. Y no nos referimos a una fálica recepción precisamente (¡encima pagando!), ni a probar una morcilla con estricnina como la que se daba a los perros con rabia antiguamente (historia que está en el origen de la expresión). Esta ración que te ofrecen junto a un vaso de cerveza sería una de las 4.200 raciones extraídas de los 187,2 metros de morcilla embutida en crudo que se cocinó en el Paseo de Atapuerca, en Burgos, como colofón del Año Internacional de la Gastronomía y coincidiendo además con el Día Mundial de la Tapa.
El hecho se consignará en el Guinness World Records, catálogo de excesos a cual más; libro que, a su vez, es un record en sí mismo pues es el libro con Copyright más vendido de todos los tiempos.
Es notoria la tendencia del ser humano a la consecución y celebración de lo superlativo: "Citius, altius, fortius" (más rápido, más alto, más fuerte); plus ultra (más allá), superman (superhombre)... El libro de los records describe, año tras año, esa eterna carrera para alcanzar los extremos; éxitos fugaces que caen al año siguiente pues el estúpido empeño en la especie humana de superar al otro parece infinito.
Este año, en la ciudad en que me crié, le tocó el turno a la humilde morcilla, esa que Góngora glosó ("quiero más una morcilla, que en el asador reviente... y ríase la gente"). Y desde luego que la gente celebró el extraordinario evento: 220 m. de tripa de vaca, 130 kilos de la cebolla horcal, una variedad autóctona, 50 de arroz bahía extra, 40 de manteca de cerdo, 40 litros de sangre de cerdo, 7 kilos de especias y 3 de sal, una olla de tres metros de diámetro, una mesa de 200 metros instalada, 400 voluntarios... y una masa de público ávida de contemplar el enorme tripa rellena llevada en volandas sobre un largo lienzo que avanzaba a medida que se cocía el embutido en medio de una olla gigante llena de mondongo.
Izando mi móvil sobre decenas de cabezas, tuve tiempo de grabar algunas imágenes, que os ofrezco. Hoy por el wassap, mi sobrina (una de las porteadoras voluntarias) me cuenta que estaba muy buena... Yo no pude probarla. En este país, cuando se ofrece consumición, ración o tapa a bajo precio, se produce un efecto llamada que abarrota el lugar y no hay forma de llegar a probarla. Una fila también "de record" se alineaba hasta la mismísima estatua del homo neandertal a principio del paseo y que, a buen seguro, también se hubiera apuntado al festín. Yo, sapiens más civilizado, me alejé en busca de un verdejo y un montadito en un bar cercano.

martes, 1 de octubre de 2013

Exploradoras


Sentado en el jardín observo las hormigas. La mayoría se afanan en seguir la fila procesional que sale del hormiguero. Apenas se apartan para dejarse paso al cruzarse. Un potente rastro hormonal marca su camino y en su entorno avanzan seguras. Mucho más lejos, otras peinan el terreno con movimientos aparentemente azarosos. Pero, si observamos bien, comprobamos que conservan una dirección general, una marcha encardinada que se superpone a todos esos zigzag aleatorios. Son hormigas exploradoras.
Inspirado por estos insectos, reflexiono sobre las diferentes formas de atacar un problema que tenemos los seres humanos. Donde para algunos la línea recta es la opción evidente porque divisan la meta claramente (quizás porque ven el fin), algunas personas han de caminar al abrigo de las sombras. Tardan más, se pierden mucho, acaban más cansados; pero quizás en el camino encuentren una fuente escondida, un tesoro oculto, un paraje deseable... Esos insectos exploradores: hormigas, abejas, polillas, termitas... no son los eficaces productores de sus sociedades que trillan el camino común haciendo en cada paso más poderoso el rastro social a seguir, pero son necesarios; prácticamente imprescindibles. Estas predecesoras de vida solitaria, de peligrosa autonomía, gozan de la decisión, sufren la incertidumbre, escarmientan altruistamente para las demás. Mueren enseñando el camino o señalando la trampa.