¡Qué triste suena la canción del mudo en la sinfonía coral! ¡Qué pobre la gris contribución de la paleta de un ciego en el gran cuadro plástico colectivo! ¡Qué impotente el esfuerzo del sordo por entender el sentido de la conversación, la chispa de la charla!
Hace tiempo que sé que debo limitar mis conversaciones al radio del medio metro, sopesando en cada momento la posibilidad de aburrir a mi interlocutor al que intento monopolizar en medio de los deslumbrantes fuegos artificiales de algarabía colectiva. Minuto a minuto me trago el orgullo de preguntar continuamente de quién se habla, qué chiste era ese, cual es el tema de la conversación... Cruzo la mirada inescrutable con los ojos que me interpelan, intento descifrar el gesto incomprensible vedado de un contexto que no entiendo, sonrío simplemente en medio de la lluvia de carcajadas ante un chiste fugaz que no llegé a descifrar...
Este no comprender, no reaccionar, no encontrar sentido a los otros... ese autismo sobrevenido por la incapacidad de oir, de entender... tiene el sangrante plus de saber lo que te pasa, de sufrir la consciencia de tu soledad... Porque no me queda ni el callado consuelo de la escucha, pues nada entiendo; ni el bálsamo de la propia iniciativa pues en la costura sólo alcanza a la primera puntada. No me queda más que la sonrisa bobina, la mirada imperturbable, la cara de poker. Desear que se acabe cuanto antes, tener algo en las manos, beber de la copa (y procurar que sea agua lo que contenga), degustar el guiso y salir corriendo, buscando la misericordiosa soledad del que está solo.

Estimado Jesús,
ResponderEliminara lo mejor tú no puedes oir lo de tu alrededor, pero gente como yo te escuchamos con el máximo de los respetos.
" Bienaventurados los que me escuchan, pues yo, aunque no oiga, también tengo algo que decir."
Gracias, José Manuel.
ResponderEliminarEfectivamente, hay muchas manera de hablar (una es escribir) y de escuchar(otra es leer). Si o fuera por ellas...
Las penas, con más, son menos.
Eso que tu cuentas, yo ya me lo sé. ¿A qué siempre eres de los primeros en irte, alegando cualquier escusa? Siempre te queda monopolizar la conversación y contar tu los chistes, pero resulta bochornoso y agotador. Te lo dice tu hermano Miguel
ResponderEliminar¿Y cómo no lo has de saber? Tenemos el mismo problema... Y, efectivamente, soy de los primeros en irme.
ResponderEliminarA veces intento explicar a mis interlocutores, a mis compañeros, la situación, los sentimientos de quién no puede integrarse en la conversación... todos afirman comprenderme... ¿de verdad? A los cinco minutos, todos habían olvidadado su comprensión... Sólo los que lo han vivido (en carne propia, en un familiar o amigo cercano) pueden comprenderlo...
Hace años, en un master de logopedia, conocí a una chica hipoacúsica... ella me habló de este mundo de los sordos... y me afirmó (con una seguridad que ahora comprendo) que es una tarea imposible hacer explicar a un normoyente esta situación.
Sólo se me ocurre una manera de que la gente "experimente" esta situación: consiste en que se preste a asistir a una animada reunión social con tapones en el oído que le impidan oír y se mantenga en el evento al menos 2 ó 3 horas, si lo resiste) pero "nadie" ha aceptado mi reto... Todos dicen que me comprenden, que empatizan conmigo... "Verlo para creerlo" o mejor "No oírlo, para creerlo"