sábado, 12 de septiembre de 2015

¿Persuasión o perogrullada?

Tal vez usted haya visto este anuncio. Si no es así, tómese un momento para hacerlo.
 


(Esto es lo que usted oye)
 (Musiquilla con suave punteo de guitarra)

"Cuando trabajes, trabaja;
cuando descanses, descansa;
cuando pedalees, pedalea;
cuando bailes, baila;
salta cuando saltes;
y cuando grites, grita;
si tienes que pelear, pelea;
cuando ayudes, ayuda;
y cuando lo intentes, de verdad, inténtalo.
Cuando avances, avanza;
cuando juegues juega;
y cuando sueñes, sueña...

Cuando ganes, gana;
y cuando pierdas, sobre todo cuando pierdas, pierde.

Cuando conduzcas, conduce."


(Esto es lo que usted, seguramente piensa)

Este hombre puedo ser yo. Tenemos la misma actitud. También yo puedo llega a ser un triunfador como él, al que todo le va bien: Disponer de un despacho en unas oficinas magníficas en una planta elevada con hermosas vistas a una ciudad moderna,  tener un aspecto magnífico con un aire maduro pero jovial, ser respetado y saludado con admiración por todo el mundo... Puedo vestirme con una camisa de un blanco inmaculado aún después de una larga jornada de trabajo, portar una cómoda mochila en vez de la rígida cartera de ejecutivo (sí, puedo ser un hombre que sabe saltarse los convencionalismos, que se enfrente sin complejos a las reglas sociales). Usaré una bici como él (haciendo bandera de todas las ecologías y haciendo gala de respeto por el medio ambiente: Mi bici estará atada con un candado corriente (como todo habitante del pueblo llano) y me incorporé valientemente pedaleando sobre ella a la calzada. Aprovecharé la ventaja de mi liviana montura para adelantar a los coches sorteándolos en los semáforos  y atajaré por laterales y aceras saltándose las obras. Luego accederé a elegantes pasarelas poniéndose en pie sobre la bici para ganar potencia (y dispondré del divino privilegio de no sudar, y de la poderosa magia de llevar ropa inarrugable. Ningún cerco de sudor en las axilas ni la humedad de la mochila pegada la espalda delatará mi humana  transpiración). Gozaré de mi paseo ciclista bajo las copas de los árboles que regalarán a mis ojos la belleza de sus copas tornasoladas. Me divertiré serpenteando por la pasarela mientras desciendo suavemente y relajaré mi cuerpo soltando el manillar y dejando colgar mis brazos despreocupado mientras pedaleo. Atravesaré parques magníficos y soleados y, finalmente, doblaré con pericia la esquina de mi casa y, con algún mando a distancia cuya existencia es un secreto, abriré la puerta del impoluto garaje al que accederé, inclinando levemente la cabeza, en el momento justo en que se termina de levantar la puerta. Después cogeré con firmeza mi bicicleta y la colgaré al lado de "mi flamante BMW", la auténtica máquina maravillosa, la que reservo para los grandes acontecimientos, la que ocupa el centro y casi la totalidad de mi garaje.  

Y todo esto que veo y pienso ocurre mientras escucho mensajes con invitaciones al desarrollo de potencias juveniles: "trabajar", "pedalear", "bailar", "gritar", "pelear", "avanzar", "jugar", "soñar", "ganar"... y "conducir"; alternadas, eso sí, con llamadas a la moderación: "descansar", a la solidaridad: "ayudar" y a la autosuperación: "perder". De una tacada nos muestran todos los ingredientes de "ser guay".

Además, en una tautología recurrente, nos repiten machaconamente cada mensaje con un cansino esquema: 
cuando(verbo en presente de subjuntivo), (verbo en presente de indicativo) 
emparejando continuamente voluntad con ejecución.. Así, el anuncio, se convierte en una cadena de afirmaciones obvias, vacías y redundantes. Acaso podría tener un valor retórico, pero su belleza se acaba cuando aparece la palabra "conducir" (definitivamente asociada al consumo y que, al fin, descubre las motivaciones últimas del anunciante).

A las imágenes, tan sugerentes, se une una voz sumamente persuasiva. Se expresa en un tono que infunde seguridad, con una cadencia en las frases que rompe hábilmente en ocasiones para mantener la atención, con una inversión sintáctica de vez en cuando para no aburrir, con alguna subordinada temporal en la más pesimista y negativa (para dejar claro que sabemos perder)...
Todo el anuncio puede considerarse una joya publicitaria o una majadería. Para un espectador desprevenido le resultará vitalista, optimista, cercano y persuasivo. Para un espectador crítico una perogrullada y un cuento infumable. ¿Tú que piensas?


NOTA:

La RAE define tautología como "Repetición de un mismo pensamiento expresado de distintas maneras" en una primera acepción y como "Repetición inútil y viciosa" en una segunda. Esta figura tiene relación con otras, en cierto modo similares como: pleonasmo, perogrullada y redundancia; y a veces tiene valor retórico. Se utilizan mucho en campañas publicitarias: hay ejemplos famosos:
“Café, pero café café, café La Morenita”
"El único que es único"
"Las decisiones se toman en el momento de tomarse"
(Mariano Rajoy)...

La publicidad usa continuamente un lenguaje seductor. Para ser seductor hay que ser auténtico. Y la realidad (lo auténtico) nunca es seductor. En la publicidad el único objeto que es auténtico es el producto, el resto es pura fantasía. Puesto que en realidad el producto que se vende es superficial (si su necesidad fuera profunda, no necesitaría anuncio alguno) hay que rodearlo de seducción. Esto se materializa a través de la aplicación del “sin sentido” (juegos de palabras, originales, seductores y superficiales). Y son muchos los que, entonces, picarán el anzuelo.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Viaje vida


Comencé el camino un día frío de octubre abriendo los ojos al final del túnel. Allí abandoné la gigantesca criatura que me traía al mundo como un Jonás expulsado por la ballena. Aún tardaría varios días en procesar la claridad que me envolvía; en tanto luces y sombras danzaban ante mí mientras averiguaba su significado. Poco a poco exploré las playas húmedas de mi piel y reconocí torpemente las rías de mis dedos, los cabos y penínsulas de mis extremidades.

En aquellos primeros años descubrí el continente de mi cuerpo. De cuando en cuando sufría el ataque de plagas devastadoras que arrasaban los campos: tenían nombres temibles como sarampión o gripe o anginas y dejaban el territorio devastado. Como un volcán en erupción sentí una noche mi piel contra la lava cuando caí sentado de culo sobre la lumbre. La tierra calcinada de mis glúteos tardó muchos años en reponerse de aquella erupción.

Tenía siete años cuando se resquebrajó el territorio de la pierna y se rompieron los diques de sangre roja sobre la piel. Aquel violento vertido pudo acabar con mi viaje si no se hubiera reparado pronto. Un año después fui a topar de frente, a la carrera, contra una columna de cemento que se interpuso en mi camino. El territorio del cráneo quedó colapsado durante minutos: inundado de sangre, incomunicado, caótico. Sobreviví al golpe, pero aún conservo cicatrices de aquel encuentro.

Durante muchos años abusé de mis paseos por el territorio de los ojos. Imprudentemente recorrí muchas veces de noche sus pasajes, apenas iluminados.  Me entretuve en buscar minúsculos tesoros forzando la vista. Contemplé desprevenido sus paisajes fosforescentes... Viajo desde entonces con la luz quebrada, solo enderezada por cristales curvados y pulidos.

En mi juventud visité el territorio del menisco. Allí, dentro de la rodilla, mi fémur saltó bruscamente encima de la delicada almohadilla donde se apoya sobre la tibia y se rompió. Desde entonces ambos huesos boxean sin guantes bajo la carpa de la rótula. Les llevo conmigo en perpetuo combate. A veces escucho los chasquidos de sus golpes al levantarme.

A los treinta año, en el mar tranquilo de la madurez, llegué a los escarpados barrancos del hueso temporal. Allí, colgado de la pared se encuentra el pabellón de entrada de una cueva profunda cueva escavada en la roca. En su interior las oscuras galerías están inundadas por ríos de endolinfa y se giran en espiral. Las corrientes de agua que las atraviesan hablan lenguajes misteriosos que solo la roca comprende. Aquellas cavidades semejan un caracol y al pasar en mi viaje por aquí escuché el rugido de un oleaje inexistente. Aquí el fragor de las olas era ensordecedor y algunos viajeros se arrojan al vacío intentando escapar del ruido infernal. Tras años de lucha logré encontrar la paz en medio de la tormenta, pero en ocasiones, la furia del viento se imponía con sus silbidos a la voluntad y la vence. Entonces enloquecía.

Después llegaré al territorio del páncreas, lugar lejano del que no sabía siquiera que existiera. En el ocaso de la vida crecerá como un sol poniente apretándose contra las nubes. Una fina y dolorosa lluvia que caerá sobre las latitudes de la vejez.

Al final de mi viaje quizás pierda la memoria de los lugares visitados; acaso llegue al país de las cosas sin nombre. Entonces vagaré sin rumbo por el laberinto gris de las circunvoluciones cerebrales sin encontrar la ruta de salida y esperaré aterrado que el Minotauro devore mis últimos recuerdos.

Entonces, agotado, el barco de mi vida encallará en las arenas blancas de unas playas limpias y remotas. Entonces miraré los mapas de la navegación, consultaré el cuaderno de bitácora que escribí robando horas al sueño y entenderé las cicatrices de mi cuerpo. Entonces comprenderé que he vivido. 

martes, 8 de septiembre de 2015

Mear en botella


Cada mañana temprano, suelo dar un paseo por los alrededores de mi localidad. Cerca, a unos diez minutos, se encuentran los polígonos industriales con sus avenidas desérticas y las aceras de limpieza descuidada. A intervalos aparecen grandes camiones aparcados, la mayoría con los conductores dentro, durmiendo en las literas acondicionadas en la cabina. A veces los veo preparar su desayuno o la comida en sus infiernillos portátiles o tomando un refresco recién sacado de sus neveritas. Cuando camino al lado de los vehículos veo en el suelo gran cantidad de desperdicios, pero hay una constante: con mucha frecuencia aparecen numerosas botellas de cuello ancho medio llenas con líquidos de colores pardos y amarillos, que muchos habíamos imaginamos inicialmente como cerveza desperdiciada o agua corrompida. Me pareció siempre un signo de derroche desperdiciar la bebida y otro más de mala educación no recoger las botellas desechadas. Y ahí, dolido, aumentaba mi pesimismo respecto a la especie humana y abandonaba rápidamente esos pensamientos buscando alternativas más alegres. Hasta que un día, comentando el asunto con un conocido me explicó su origen dejándome asombrado.  Resulta que los causantes de esa proliferación de botellas en las cunetas y alrededores de las áreas de servicio son los camioneros. Y el líquido que portan es la orina producto de sus urgencias al volante. Parece ser que se alivian con una botella en la mano izquierda y la bragueta bajada en plena marcha, sin perder un minuto en parar el camión.

Sin entrar en los aspectos relativos a la higiene, o al buen gusto el hecho en sí de "mear" en plena marcha y al mando de una máquina enorme (no me refiero al pene, por supuesto) supone un peligro evidente. Si usar un móvil o un cigarro mientras conduces, puede llevar a situaciones de claro riesg o(ha habido muchos muertos por eso...) ¡qué no puede ocurrir mientras evacuas un líquido entre las piernas itentando atinar dentro de un pequeño agujero!. Mira que hay que ser habilidoso pues un posible derrame puede ocasionar una pérdida de atención y concentración fatal. Anticipo la próxima campaña de tráfico: "Mear (en el camión) mata".

Pienso en los posibles problemas de próstata de los profesionales y entiendo sus urgencias, pero hoy en día hay muchos lugares donde parar y no es necesario llegar al límite o sobrepasar las 4 horas y media máximas permitidas de conducción continuada.  También podrían habilitarse en los camiones orificios de evacuación (similares a las tazas de wáter de los antiguos trenes, aquellos en los que al tirar de cadena observabas por un agujero el paso veloz de las traviesas mientras el contenido se vertía a la vía). El caso es que, a muchos, les resulta más cómodo (o divertido, que los cerdos también disfrutan en la pocilga) utilizar el mismo recipiente  para beber y desbeber (espero que algún día no se equivoquen).

La próxima vez me cuidaré muy mucho de ofrecer mi mano para saludar al camionero recién llegado que trae la mercancía a mi comercio...


NOTA:
Tenía unos apuntes sobre este artículo y hoy, después de un tedioso trabajo en el ordenador, me dispuse a acabarlo. Por curiosidad me documenté y hay numerosos autores de blogs que se refieren al mismo tema en parecidos términos. Dejó un par de referencia (pero hay muchas más):

"...el producto estrella, el que me ha hecho plantearme muchas dudas. Estamos hablando de botellas de plástico de litro y medio, o 2 litros, llenos de ORINES. Habeis leído bien, botellas de orines, de litro y medio. LLENOS, hasta arriba.
Después de muchas horas de conversaciones entre mis compañeros y yo, hemos deducido que el gremio de camioneros es muuuuy GUARRO. De pequeño me enseñaron que no es bueno generalizar, y no lo pretendo. Pero es lo que hay. Ya dije antes que lo siento. Si no es agradable leerlo, menos agradable es encontrártelo en la carretera y tener que recogerlo. Forma parte de mi trabajo y lo hago, pero es un ASCO. Cuando te encuentras una botella de litro y medio llena de orines, te haces unas cuantas preguntas. ¿Cómo llegan esos orines a esa botella? ¿Cómo se lo montan los camioneros para llenar esas botellas? ¿Introducen el pene en la boca de la botella o utilizan un embudo los mejor dotados? ¿Por qué son tan cerdos, joder?
Sé que la vida del camionero es muy dura, que tienen que pasar días y días fuera de casa, que tienen que comer y dormir fuera de casa, pero... ¿Para qué se inventaron las papeleras y los contenedores? Y sigo preguntándome, ¿en sus casas también actúan así? ¿Para qué están los urinarios? ¿Qué cuesta bajarte del camión y orinar? ¿Cuántos días tienen la botellita en la cabina del camión hasta llenarla? ¿Y por qué la tiran a la carretera? Es antihigiénico total. Si alguien del gremio lee este artículo, me encantaría que me lo explicase. Por más que lo intento, no le encuentro justificación alguna."

http://elrincondejose2.blogspot.com.es/2010/05/carreteras-botellas-de-orines.html

"... Son muchos años los que llevo andando en bici por carretera, y siempre me había llamado la atención que, en carreteras de mucho tránsito, normalmente nacionales, era bastante frecuente encontrar en las cunetas botellas de litro y medio de agua, pero llenas de un líquido amarillento, o naranja, o marrón... vamos en todas las tonalidades otoñales imaginables. Un día, hace ya años, yendo de ruta con otro ciclista vimos una de esas botellas y le comenté mi extrañeza. Él me sacó de mi ignorancia: hay camioneros que tienen una "bonita" costumbre: para no tener que andar parando cada vez que les entran ganas de hacer pis, llevan una botella de agua que van llenando y terminan arrojando por la ventanilla... ¡puajjjj! ¿Se puede ser más guarro? "

http://www.rodadas.net/foro/topic/aguita-amarilla

lunes, 7 de septiembre de 2015

Los libros del verano: "La traición de Roma"



Un día después de acabar "Las legiones malditas" ya estaba afectado  por el síndrome de abstinencia y no pude sino ceder al "mono" y descargar la tercera parte de la serie "Africanus" sobre la vida del del gran general romano Escipión. 

Con "La traición de Roma" el escritor español Santiago Posteguillo cierra la trilogía dedicada a la figura del estadista y militar romano Publio Cornelio Escipión el Africano vencedor de Aníbal en la batalla de Zama. En esta tercera y última parte de la trilogía se narra la madurez y decadencia de Escipión. Desde su Triunfo en Roma por la victoria de Zama hasta su caída y muerte.

A lo largo de la novela se van cerrando las diversas tramas que se tejen en las novelas anteriores: el ocaso de Escipción exiliado en Liternum, el destino final de los diversos personajes: Lucio, de agomen "El Asiático" hermano de Publio con el suyo "Africanus"; Cayo Lelio su fiel amigo, Cornelia Menor su rebelde hija, Publio su hijo, Netikerty la esclava, Catón su acérrimo enemigo, Graco, tribuno de la plebe en su contra y finalmente yerno y mediador en su exilio; Antioco III rey del Imperio Seléucida, Areté, esclava y amante de Escipción; Plauto el escritor de comedias... Las diversas subtramas concluyen mientras llega la muerte de Escipción recreada en su triste retiro en el exilio peleando con lemures (fantasmas) y redactando sus memorias (perdidas posteriormente en el incendio de la Biblioteca de Alejandría como fantasea el autor). 

He leído las reseñas históricas sobre el personaje (Wikipedia) y se ajustan casi como un guante a lo referido en la trilogía. La novela, veraz en cuanto a personajes y eventos históricos, se rellena y articula con historias y diálogos entre los personajes con licencias en cuanto a su contenido, pero una novela histórica ha de ser así. Lo importante es que logra transmitir la esencia y el ambiente de la sociedad romana de la República dos centenas de años antes de Cristo. Posteguillo consigue hacernos sentir el bullicio de Roma, la animación de sus foros, las intrigas del senado, el ambiente de la vida legionaria, las complejas conspiraciones entre los pueblos y sus líderes en la agitada época en que le tocó vivir... Uno parece pasear  por las mal iluminadas calles romanas, sentir en su nariz la fetidez de la Cloaca Máxima, descansar en las domus y villas, asistir a las comedia de Plauto... La contribución didáctica de la obra es notable. Las acciones bélicas, en contraposición con Las legiones Malditas tienen menos relevancia aquí, aunque no faltan descripciones detalladas de batallas famosas como la de Magnesia entre las tropas de Antioco III  las del hermano de Escipción Lucio "El Asiático" (aquí Aníbal tiene una influencia indirecta). Son varios los autores que sostienen que la trilogía de Posteguillo sobre "Escipción" e incluso sobre Aníbal, supera con creces las obras de otros autores más reconocidos. Tarde o temprano se hará justicia a esta obra de referencia. 

NOTA: En los últimos año, y siguiendo en la línea de trilogías monumentales sobre la historia de Roma y personajes relacionados de alguna manera con Hispania, Posteguillo ha concluído la biografía del Emperador Trajano. Este personaje nació en Itálica, muy cerca de Sevilla. 

Ha publicado ya 
  • "Los asesinos del emperador" en 2011.
  • "Circo Máximo" en 2013.
  • (La tercera parte aparecerá probablemente en el otoño de 2015)





domingo, 6 de septiembre de 2015

Los libros del verano: "Las legiones malditas"



Las legiones malditas es la segunda parte de la novela Africanus: el hijo del cónsul, con la que el autor español Santiago Posteguillo inició su trilogía sobre el estadista y militar romano Publio Cornelio Escipión el Africano vencedor de Aníbal en la batalla de Zama. En esta segunda parte se narra la plenitud de Escipión, su edad adulta, desde que ha conquistado Cartago Nova hasta su victoria sobre Aníbal en Zama.

Leí en papel (y sentí sobre mis manos la densidad y el grosor del tomo) de "Africanus: el hijo del Consul" el año pasado y quedó pendiente el resto de la biografía de Publio Cornelio Escipción; pues más o menos de eso se trata en la trilogía: de presentar la vida de este conocido (¿o no tanto?) general romano, el único que fue capaz de derrotar a Aníbal en una batalla. Este año lo hice en libro electrónico y, si bien el texto al tacto se hacía más ligero, la densidad de la historia era igualmente notable. Hay que agradecer a S. Posteguillo que el título de la obra no pasara de "Las legiones malditas" a "¡Las malditas legiones!" pues corría peligro de ser así, tal es a cantidad de detalles logísticos, movimientos militares y situaciones bélicas y políticas que se desarrollan en la trama.   

Me gustó el comienzo de la novela, casi cinematográfico, presentando la decadencia y molicie de las legiones V y VI, tras ser malditas y apartadas en Sicilia como cobardes perdedores tras la batalla de Cannae. Nada ha de ser casual en una novela, así que esperé pacientemente que terminara la guerra en Hispania para que, en la mediana de sus páginas, el autor llamara de nuevo a aquellos soldados indisciplinados, con la autoestima hundida y los eleve, por medio de Escipción, a la categoría de héroes vencedores de Aníbal en Zama y merecedores de un grandioso Triunfo en Roma que les rehabilita. Mientras leía, muchos detalles me recordaban a películas como "Doce del Patíbulo". 

Las tramas polícita y militar se superponen continuamente. Posterguillo alterna capítulos no muy extensos en los que avanza la línea temporal de manera continua desde varios puntos geográficos: ora Hispania, ora Roma; ora Italia, ora África... y entreteje las acciones de los personajes con detalles realistas que hacen creíble y amena la novela: Escipción, Quinto Fabio Máximo, Catón, Asdrúbal, Giscón, Aníbal, Lelio, Netikerty, Sifax, Masinisa...   La batalla de Zama, descrita ampliamente, está muy bien contada. Lo hace de forma gráfica y ágil; incluso didáctica, no en vano es profesor universitario.

El trabajo de un par de años de este autor se devora en dos o tres días a poco que dispongas de tiempo, pues su lectura engancha. Se nota muy bien documentado y con ayuda de una correcta escritura y unas buenas dosis de realismo dentro de la ficción, podemos sentirnos inmersos en ese apasionante momento dela historia y en los míticos escenarios donde se produjo. 

Este segundo volumen es probablemente el mejor de la trilogía. Vamos ya a por el tercero.     



miércoles, 2 de septiembre de 2015

Aquilimojes



Aquilimoje es posiblemente tan solo un localismo de la localidad donde nacieron mis padres: Ayuela de Valdavia, en el norte de Palencia. Es una palabra que emplea mi madre con frecuencia, aunque no estoy seguro de que la usen de la misma manera el reto de los vecinos. posiblemente es una corrupción del vocablo "ajilimoje": "Salsa hecha con una base de ajos" (en una primera acepción) y "revoltijo omezcla de cosas diversas" (en la segunda). Ajilimoje sí aparece en el diccionario de la RAE, pero "aquilimoje" no aparece, ni tampoco en las búsquedas de los principales buscadores de internet.

Estas expresiones, asentadas en regiones o localidades enteras, en familias concretas o usadas por personas particulares obedecen a errores en la percepción de una palabra o contaminaciones semáticas o fonológicas de la misma. En este caso, probablemente, derive de asimilar el adverbio "aquí" que sustituiría a "aji" que hace reiterar por dos veces el sonido "j" en la misma palabra. O quizás fuera empleado inicialmente como una descripción de el hecho de untar en la salsa: "aquí lo mojes". Sea como fuere, mi madre lo emplea así, y constato que en el pueblo otras personas también lo hacen.

Son curiosas estas expresiones rurales. Algunas son auténticas joyas que remiten sugerentes a situaciones históricas repetidas como "atropar" (Juntar gente en tropas o en cuadrillas, sin orden ni formación) en una primera acepción con un clásico proceso de formación de un verbo a partir de un sustantivo y que, en una segunda acepción, por generalización se extiende a todo tipo de objetos del ámbito rural (Juntar, reunir, especialmente la mies que se recoge en gavillas o el heno que antes se ha esparcido para que se seque) .

Fuera del ámbito de la aldea, a muchos les choca su empleo. Un primo nuestro (maestro albañil) nos contaba que habiendo sido contratado para dirigir una obra a una cuadrilla le encargó apresuadamente a uno de sus operarios ante unas piedras desperdigadas: "atrópame esos cantos".  El pobre peón quedó allí de pie sin saber qué hacer hasta que volvió a pasar minutos después y le explicó que debía recogerlas en un montón.

Aquilimojes, pues, forma parte de nuestra jerga particular. Así que mi madre exclama cada vez que observa que añadimos demasiadas especias al cocinar para su gusto: - ¡no pongáis tantos aquilimojes!; o protesta enfadada cuando contempla nuestra habitación llena de trastos desordenados: - ¡quita esos aquilimojes de ahí!; o cuando ante un plato demasiado complejo pero sabroso nos dice: - Así que sepa rico es fácil: ¡Como que la mejor cocina es una buena despensa...! ¡Claro, echando tantos aquilimojes...!

domingo, 30 de agosto de 2015

Ayuela - Shangri La

Cada uno en su villorrio, cada cual en su localidad, todos en su pequeño pueblo pueden encontrar motivos para imaginar que su rinconcito en el mundo es un auténtico Shangri La. Este verano pasé unos días en el pueblo de mis padres, Ayuela de Vadavia. De mis caminatas de madrugada, de los paseos al atardecer con mis padres quedan imágenes en mi retina y recuerdos en mis pensamientos suficientes como para considerarla un locus amoenus ideal.
Desde cada perspectiva personal encontraremos motivos para demostrarnos que nuestra minúscula villa ofrece los más agradables placeres de la vida. Ahí va la prueba: estas son las maravillas que ofrece mi pueblo. ¿Álguien da más por tan poco precio?


Océanos de cebada que darán lugar a varios hectolitros de cerveza.


Miles de enebros cuyas miríadas de enebrinas serán la base de deliciosas ginebras.


Afrutadas endrinas; esencia de agridulces pacharanes que darán sabor a excitantes licores caseros.


Delicados líquenes, la más suave textura para limpiarse el trasero después de un apretón en el monte.




Levítico paraje de leche y miel. Tierra de pan llevar y de vino incipiente que ha comenzado a cultivarse.





Variada farmacopea silvestre, surtida de tes, manzanillas, poleos, hierbabuena, orégano, cornezuelo, dedaleras, milenrama...




Parque de atracciones natural con excitantes actividades como arrancar y acarrear enebros, alimentar el fuego de una hoguera de alegre chisporroteo, bañarse en una chorca campestre, golf con acceso peatonal a escasos tres kilómetros, fiestas y concursos infantiles, pedos de lobo...


Reino de las bestias salvajes, tierra de gamos y corzos, territorio del raposo, solar de la culebra, dominio de las águilas, cielo de la cigüeña, auditorio de las ranas, camino del lobo...


Riqueza de setas, agayugas, cardo silvestre, moras, ciruelos, miel, cangrejos, ancas de rana...



Tierra de las mil fuentes con un auténtico manantial de la eterna juventud en el centro del pueblo.


Ermita mítica con historias de degollamientos, moros y conventos antiquísimas.


Sugerentes leyendas: La Cabra Carbonera, Las cabras del tío Hilario, La Mata de los Carlistas, Los cimientos de la ermita de Rabanillo, El pozo de la yegua...


Rutas de ensueño, senderos olvidados, caminos perdidos,


Todo bajo el influjo poderosos de un cielo limpio cuajado de estrellas, donde la luna llena es el sol de medianoche y la cercanas montañas ejercen su influencia mágica sobre los valles y colinas del lugar.