martes, 19 de marzo de 2013
Los premios
A falta del premio del afecto, que se da sin concurso ni oposición, en alguna ocasión fui premiado en lances poéticos y musicales.
Una ocasión, la primera que recuerdo, fue por interpretar "La vida sigue igual" (viejo éxito de Julio Iglesias) en un festival infantil a los 11 años, en Miraflores (Burgos). Fue sorprendente pues no sospechaba que tuviera talento alguno para la música. Evidentemente la competencia había sido escasa.
Hubo otro festival, a los doce años, en Arévalo, y me proporcionó un premio no oficial de lágrimas de miradas tiernas de las madres asistentes asistentes al día de las familias cuando entoné la almibarada melodía "Cinco letras" dedicada a la madre con una voz aún infantil.
A los 15 logré ganar un concurso de composición de villancicos. "Buenas noches, Niño Dios"tenía un enfoque original, aunque esté mal decirlo yo, y consiguió el primer premio. Posteriormente fue musicada por un hermano marista algo músico y más tarde me enteré de que se había cantado en Navidades sucesivas en aquel internado de Tuy (Pontevedra) donde estudié.
No recuerdo más premios hasta muchos años después. Sí algún concurso al que me presenté. Hubo incluso uno de fotografía cuando aquella afición llenaba mis días y vaciaba mis bolsillos. Incluso elaboré una página web par mi pueblo que ganó el premio de contenidos entre las web de la zona. Hace un par de años, quedé finalista en un concurso de poesía en Guadalajara con un poema casi infantil. Después me he presentado a unos pocos concursos de microrrelatos (finalista, seleccionado, pero no premiado).
Ahora publico un blog, Mi mayor premio es cada comentario, cada opinión. Son los grandes premios del aprecio ajeno, muy valiosos aunque escasos. Yo me concedo un galardón propio: la satisfacción de seguir en el empeño y conseguir poco a poco, más de 300 pequeños artículos. Una parte ya son libros. Libros que casi nadie lee, pero que están ahí. Quién sabe... los gustos cambian.
sábado, 16 de marzo de 2013
Orejas de burro
"Pongamos a los maestros orejas de burro, así cuando protesten parecerá que rebuznan..."
Se respira un tufo demagógico (de los de aprovisonar hedores y poner el ventilador) en el sucesivo uso de los datos estadísticos de pruebas de conocimientos (creadas ad hoc, corregidas e interpretadas por ellos mismos) en nuestra Conserjería de Educación. Parece como si se estuvieran buscando sistemáticamente armas arrojadizas para las sucesivas escaramuzas contra la escuela pública. Primero fueron las pruebas de destrezas indispensables (acusando colateralmente a los profesores de esos centros públicos de bajos resultados) y ahora haciendo diana directamente a los maestros intentando desprestigiralos para que agachen las orejas (de burro) y no rechisten ante tanto recorte, imposición y desquiciadas políticas educativas como les están imponiendo.
El as guardado en la manga (desde el 2011) para esta ocasión ha sido la publicación de los resultados de La Prueba de Conocimiento Común en el Proceso Selectivo para el Acceso al Cuerpo de Maestros.
Tras hacerse público por la Conserjeria los periódicos han elegido titulares impactantes: "Un fallo docente desde la base", "Patinazo de opositores a maestro", "Los maestros suspenden en Primaria"... Y, siento decirlo, suspenden en su propia profesión los periodistas ("rigor" es la primera característica que debe tener una noticia, según el temario de 1º de ESO que acabo de repasar con uno de mis alumnos). Quizás no se han detenido a analizar el contenido de la prueba en su totalidad o los baremos de calificación... así que se han quedado con el análisis parcial que les ha pasado la Consejera Lucía Figar que, no cabe duda, ofrece unas conclusiones sorprendentes (no necesariamente ciertas):
¿Qué apenas el 2% de los aspirantes sabe por donde pasan los Ríos Duero, Ebro y Guadalquivir? Me gustaría que usted se respondiera a sí mismo sin fallar, a lo más, una de estas provincias pues caso contrario no obtendría nada en la pregunta (habrá tenido que contestar: Duero: Soria, Burgos, Valladolid, Zamora y Salamanca. Ebro: Cantabria, Palencia , Burgos, La Rioja, Álava, Navarra, Zaragoza y Tarragona. Guadalquivir: Jaén, Córdoba, Sevilla, Cádiz y Huelva.) ¿Acertó? A mí lo que me sorprende es que un 2% las supiera de cabo a rabo.
¿Que el 93% no supo completar una tabla de equivalencias en el sistema métrico decimal? Si vemos el examen comprobaremos que incluyen Ha (que no pertenecen al SMD, al que la RAE define como "El de pesas y medidas que tiene por base el metro y en el cual las unidades de una misma naturaleza son 10, 100, 1000, 10 000 veces mayores o menores que la unidad principal de cada clase"). Así que no es objetiva la afirmación (¡Más rigor!, señores periodistas)
¿Qué tan solo el 13% pudo describir las formas gramaticales en una oración? Quizás fuera cierto si añadimos "todas" las formas gramaticales, porque se proponían 6 y si acertabas sólo la mitad ya no te puntuaban o si aclaramos que se refiere a un texto con varias oraciones y no una sola.
¿Qué no saben trasladar datos entre unidades de tiempo? Se olvidan ustedes de que la conversión de minutos a horas (en expresión decimal de la hora) corresponde a una regla de tres (proporcionalidad directa) que se empieza a estudiar en ESO. Porque también era parte de la pregunta y no saberlo podía hacer que no te puntuaran el ejercicio...
Y estas, junto con un sonrojante anecdotario con las faltas de ortografía más llamativas, definiciones disparatadas o errores elementales (¡Qué barbaridades no se podrán recoger entre 14110 aspirantes!) eran las muestras más llamativas que recogían los periódicos.
"Guerra sucia", "arma arrojadiza", "escarnio"... son los epítetos que merece esta publicación a los sindicatos. Estos, sin justificar la ignorancia flagrante o la ortografía deficiente, ponen el acento en el apresuramiento de la nueva forma de convocatoria (apenas cinco meses antes de la oposición) y la amplitud del temario. Reconocidos expertos se preguntan a su vez, cuántos políticos, abogados o médicos pasarían una prueba de cultura general si se les hiciera hoy mismo. Muchos maestros se preguntan si las enciclopedias on line o el mismo google les va a apear de la profesión, pues probablemente esos medios informarían al dedillo de ríos y provincias... pero ¿serán capaces de enseñar los ríos a un niño ciego? ¿Podrán explicar con lenguaje de signos a un niños sordo una categoría gramatical? ¿Lograrán crear un clima de trabajo en una clase difícil?...
El gobierno de la CAM está empeñado en un reduccionismo pedagógico alarmante. Si restringimos la educación a lo meramente informativo va a sobrar mucha programación: quedémonos solo con los bloques de contenidos, borremos de nuestra cara memoria conceptos como "adaptación", "competencias", "procedimientos", "metodología"... suprimámoslos para poder dejar todo el espacio a ríos, pronombres y conjugaciones verbales.
Un día quizás alguien recordará que la más reconocida impulsora de estas políticas, Esperanza Aguirre, siendo minista de Cultura no sabía quién era la escritora Dulce Chacón que daba nombre al colegio que inauguraba y dejó para los anales una tremenda metedura de pata al preguntar a la madre de la escritora por la estancia de su hija en Cuba cuando en realidad reposaba en un cementerio. Otros guardamos en la memoria para siempre la imagen de una de las "ocurrencias" de nuestro ministro de Educación Wert leyendo un texto de primaria "que no era" para demostrar pretendidos adoctrinamientos en la asignatura de Educación para la Ciudadanía... (Preparen más lotes de orejas de burro, que aumentan los aspirantes...)
Aprendiz de mucho, maestro de nada; el docente de hoy se enfrenta a un panorama amplísimo de aprendizajes, situaciones y supuestos. Personalmente yo, simple maestro, he de dar clase (y lo he hecho en cada caso) a niños de EI, EP y ESO (primer ciclo), a niños sordos y ciegos, a síndromes de Down, autistas y con otras discapacidades, he tenido que hacer de logopeda, psicólogo y orientador; atender a niños psicóticos, oncológicos... y, excepto el inglés (pues el francés fue mi única segunda lengua) he dado absolutamente todas las asignaturas del curriculo.
Yo, señora Consejera, reconozco humildemente que no acertaría la pregunta de por qué provincias pasa el Ebro (y eso que, fíjese, he visitado Fontibre y me fotografié en su nacimiento, pasé 15 maravillosos días de campamento volante desde el pantano de Arija hasta el precioso pueblo de Orbaneja del Castillo en Burgos, me bañé en una playita preciosa cerca de Báscones el único pueblo de Palencia en su curso en apenas 3 km de paso por la provincia, he subido a la pequeña y mística ermita de Santa Centola en Valdelateja que domina dese la altura un amplio panorama de su curso, he visitado y descrito el precioso y olvidado pueblo de Cortiguera (donde se rodó la película basada en la novela de Delibes "El disputado voto del Señor Cayo"), he realizado mil excursiones por Tubilleja, Oña, Pesquera, Tudanca e infinidad de pueblos preciosos que le bordean por el norte burgalés; he acompañado al río por el Valle de Valdivielso hasta el puente romano de Frías, me he acercado con él hasta la central de Santa María de Garoña en las proximidades del embalse de Sobrón, he paseado en las riberas de Miranda en bici, caminé por sus orillas en Logroño haciendo el Camino de Santiago, Me asomé a sus aguas en el Puente del Tercer Milenio en la Expo de Zaragoza, seguí el curso del Cinca hasta tu desembocadura en Mequinenza y le despedí en Tortosa perdido en la laberíntica verdura de su delta...). Se me olvidó Navarra: merezco orejas de burro.
Se respira un tufo demagógico (de los de aprovisonar hedores y poner el ventilador) en el sucesivo uso de los datos estadísticos de pruebas de conocimientos (creadas ad hoc, corregidas e interpretadas por ellos mismos) en nuestra Conserjería de Educación. Parece como si se estuvieran buscando sistemáticamente armas arrojadizas para las sucesivas escaramuzas contra la escuela pública. Primero fueron las pruebas de destrezas indispensables (acusando colateralmente a los profesores de esos centros públicos de bajos resultados) y ahora haciendo diana directamente a los maestros intentando desprestigiralos para que agachen las orejas (de burro) y no rechisten ante tanto recorte, imposición y desquiciadas políticas educativas como les están imponiendo.
El as guardado en la manga (desde el 2011) para esta ocasión ha sido la publicación de los resultados de La Prueba de Conocimiento Común en el Proceso Selectivo para el Acceso al Cuerpo de Maestros.
Tras hacerse público por la Conserjeria los periódicos han elegido titulares impactantes: "Un fallo docente desde la base", "Patinazo de opositores a maestro", "Los maestros suspenden en Primaria"... Y, siento decirlo, suspenden en su propia profesión los periodistas ("rigor" es la primera característica que debe tener una noticia, según el temario de 1º de ESO que acabo de repasar con uno de mis alumnos). Quizás no se han detenido a analizar el contenido de la prueba en su totalidad o los baremos de calificación... así que se han quedado con el análisis parcial que les ha pasado la Consejera Lucía Figar que, no cabe duda, ofrece unas conclusiones sorprendentes (no necesariamente ciertas):
¿Qué apenas el 2% de los aspirantes sabe por donde pasan los Ríos Duero, Ebro y Guadalquivir? Me gustaría que usted se respondiera a sí mismo sin fallar, a lo más, una de estas provincias pues caso contrario no obtendría nada en la pregunta (habrá tenido que contestar: Duero: Soria, Burgos, Valladolid, Zamora y Salamanca. Ebro: Cantabria, Palencia , Burgos, La Rioja, Álava, Navarra, Zaragoza y Tarragona. Guadalquivir: Jaén, Córdoba, Sevilla, Cádiz y Huelva.) ¿Acertó? A mí lo que me sorprende es que un 2% las supiera de cabo a rabo.
¿Que el 93% no supo completar una tabla de equivalencias en el sistema métrico decimal? Si vemos el examen comprobaremos que incluyen Ha (que no pertenecen al SMD, al que la RAE define como "El de pesas y medidas que tiene por base el metro y en el cual las unidades de una misma naturaleza son 10, 100, 1000, 10 000 veces mayores o menores que la unidad principal de cada clase"). Así que no es objetiva la afirmación (¡Más rigor!, señores periodistas)
¿Qué tan solo el 13% pudo describir las formas gramaticales en una oración? Quizás fuera cierto si añadimos "todas" las formas gramaticales, porque se proponían 6 y si acertabas sólo la mitad ya no te puntuaban o si aclaramos que se refiere a un texto con varias oraciones y no una sola.
¿Qué no saben trasladar datos entre unidades de tiempo? Se olvidan ustedes de que la conversión de minutos a horas (en expresión decimal de la hora) corresponde a una regla de tres (proporcionalidad directa) que se empieza a estudiar en ESO. Porque también era parte de la pregunta y no saberlo podía hacer que no te puntuaran el ejercicio...
Y estas, junto con un sonrojante anecdotario con las faltas de ortografía más llamativas, definiciones disparatadas o errores elementales (¡Qué barbaridades no se podrán recoger entre 14110 aspirantes!) eran las muestras más llamativas que recogían los periódicos.
"Guerra sucia", "arma arrojadiza", "escarnio"... son los epítetos que merece esta publicación a los sindicatos. Estos, sin justificar la ignorancia flagrante o la ortografía deficiente, ponen el acento en el apresuramiento de la nueva forma de convocatoria (apenas cinco meses antes de la oposición) y la amplitud del temario. Reconocidos expertos se preguntan a su vez, cuántos políticos, abogados o médicos pasarían una prueba de cultura general si se les hiciera hoy mismo. Muchos maestros se preguntan si las enciclopedias on line o el mismo google les va a apear de la profesión, pues probablemente esos medios informarían al dedillo de ríos y provincias... pero ¿serán capaces de enseñar los ríos a un niño ciego? ¿Podrán explicar con lenguaje de signos a un niños sordo una categoría gramatical? ¿Lograrán crear un clima de trabajo en una clase difícil?...
El gobierno de la CAM está empeñado en un reduccionismo pedagógico alarmante. Si restringimos la educación a lo meramente informativo va a sobrar mucha programación: quedémonos solo con los bloques de contenidos, borremos de nuestra cara memoria conceptos como "adaptación", "competencias", "procedimientos", "metodología"... suprimámoslos para poder dejar todo el espacio a ríos, pronombres y conjugaciones verbales.
Un día quizás alguien recordará que la más reconocida impulsora de estas políticas, Esperanza Aguirre, siendo minista de Cultura no sabía quién era la escritora Dulce Chacón que daba nombre al colegio que inauguraba y dejó para los anales una tremenda metedura de pata al preguntar a la madre de la escritora por la estancia de su hija en Cuba cuando en realidad reposaba en un cementerio. Otros guardamos en la memoria para siempre la imagen de una de las "ocurrencias" de nuestro ministro de Educación Wert leyendo un texto de primaria "que no era" para demostrar pretendidos adoctrinamientos en la asignatura de Educación para la Ciudadanía... (Preparen más lotes de orejas de burro, que aumentan los aspirantes...)
Aprendiz de mucho, maestro de nada; el docente de hoy se enfrenta a un panorama amplísimo de aprendizajes, situaciones y supuestos. Personalmente yo, simple maestro, he de dar clase (y lo he hecho en cada caso) a niños de EI, EP y ESO (primer ciclo), a niños sordos y ciegos, a síndromes de Down, autistas y con otras discapacidades, he tenido que hacer de logopeda, psicólogo y orientador; atender a niños psicóticos, oncológicos... y, excepto el inglés (pues el francés fue mi única segunda lengua) he dado absolutamente todas las asignaturas del curriculo.
Yo, señora Consejera, reconozco humildemente que no acertaría la pregunta de por qué provincias pasa el Ebro (y eso que, fíjese, he visitado Fontibre y me fotografié en su nacimiento, pasé 15 maravillosos días de campamento volante desde el pantano de Arija hasta el precioso pueblo de Orbaneja del Castillo en Burgos, me bañé en una playita preciosa cerca de Báscones el único pueblo de Palencia en su curso en apenas 3 km de paso por la provincia, he subido a la pequeña y mística ermita de Santa Centola en Valdelateja que domina dese la altura un amplio panorama de su curso, he visitado y descrito el precioso y olvidado pueblo de Cortiguera (donde se rodó la película basada en la novela de Delibes "El disputado voto del Señor Cayo"), he realizado mil excursiones por Tubilleja, Oña, Pesquera, Tudanca e infinidad de pueblos preciosos que le bordean por el norte burgalés; he acompañado al río por el Valle de Valdivielso hasta el puente romano de Frías, me he acercado con él hasta la central de Santa María de Garoña en las proximidades del embalse de Sobrón, he paseado en las riberas de Miranda en bici, caminé por sus orillas en Logroño haciendo el Camino de Santiago, Me asomé a sus aguas en el Puente del Tercer Milenio en la Expo de Zaragoza, seguí el curso del Cinca hasta tu desembocadura en Mequinenza y le despedí en Tortosa perdido en la laberíntica verdura de su delta...). Se me olvidó Navarra: merezco orejas de burro.
miércoles, 13 de marzo de 2013
Tecnología bélica infantil
No pertenezco a la NRA (Asociación Americana del Rifle), ni comulgo con su ideología, pero comparto con mucha gente el sentido lúdico y la fascinación por esos artilugios que, durante toda su evolución, el hombre ha construido para cazar o defenderse.
La historia (y prehistoria) de la humanidad está firmemente ligada al desarrollo armamentístico. Probablemente todo empezó con el uso de un hueso o bastón para golpear (el la Biblia lo hizo Caín, y en la película "2001 una Odisea Espacial" nos lo describe en una bella secuencia visual Stanley Kubrick al inicio del film). Junto a ello el uso de proyectiles aprovisionados entre los objetos de su entorno completarían la primera fase tecnológica de la industria bélica. Llegaría después la más tosca de las técnicas para esculpir en la dureza del sílex un hacha o la punta de una flecha, su posterior refinamiento, la invención de propulsores como el arco, la lanza con sus los lanzadores y la honda; hasta las más elaboradas máquinas de guerra como las catapultas, carros, torres de asalto, naves de guerra ... llegando después a la potencia del hierro, a la fascinación de la pólvora, las armas automáticas y terminando, de momento, con los sofisticados vehículos de guerra, la bomba atómica, las armas inteligentes, los drones, la guerra psicológica... Gran parte del ingenio humano se ha dedicado en todo tiempo y lugar a la elaboración de armas más efectivas y mejores.
Por eso no es de extrañar que, desde niño, me haya sentido atraído por tirachinas, navajas, flechas y balas. Pero antes de todo eso, experimenté con placer el abundante arsenal de la industria bélica infantil que los niños de hace cincuenta años manejábamos con destreza.
Quizás un palo, o la primera piedra lanzada con intención, fueron al igual que con nuestros antepasados el primer objeto bélico de nuestras vidas. Le siguieron, posiblemente, las espadas de madera; las varas que cimbreábamos en nuestras manos y con las que segábamos los tallos de cardo en los campos inmensos de nuestra niñez. Pronto descubrimos que las cintas metálicas para embalar podían hacer de auténticas espadas que rebanaban vegetación como machetes en la zafra. Inevitablemente no tardó en llegar el tirachinas, cuya construcción requería ya manual de instrucciones y técnicas muy elaboradas. Aquella fue un arma terrible que obligaba a un uso cuidadoso y prudente. De aquel tiempo fueron también los ligeros arcos hechos con varillas de paraguas y las flechas del mismo material: algo realmente peligroso pues se clavaban con fuerza en la madera o penetraban varios centímetros en el suelo cuando las lanzábamos en trayectoria parabólica sobre los campos del extrarradio burgalés. Añadimos un plus de sofistificación al atar a su punta un trapo empapado en gasolina y dispararlas de noche: el efecto sobre el cielo nocturno era espectacular. Llegamos también a probar el uso de hondas con su correpondiente badana de cuero, pero mi torpeza en su manejo hizo que no profundizara en su manejo.
El uso de explosivos se introdujo con las bombas de potasa (mezcla de clorato de potasa y azufre que comprábamos en las droguerías y servían para, colocadas en montoncitos sobre el pavimento bajo una piedra, producir pequeñas explosiones cuando la pisábamos con fuerza). Aquello dio paso al uso intensivo de petardos con los que experimentamos hasta lo inimaginable (metidos en tubos, ladrillos, latas, bajo la arena, en cuevas...). Muchas veces intenté fabricar pólvora negra según fórmulas transmitidas casi en secreto entre las pandillas, pero nunca funcionaron. Entonces nos desquitábamos recuperando la de los cohetes fallidos en los fuegos artificiales y caídos al río Arlanzón. Con aquel explosivo ideamos en una ocasión un cohete alojando la pólvora en un tubo de aluminio grande de pastillas y le dotamos de un mecanismo de ignición a distancia (un simple tablilla con una vela en un extremo que giraba sobre una punta clavada al toro lado y que se colocaba bajo el cohete gracias a la tracción de una cuerda). Aquello pudo acarrearnos un serio disgusto pues, tras varios minutos de infructuosa espera y cuando, abandonando nuestro parapeto estábamos a punto de acercarnos, explotó causando un gran alboroto en el barrio y esparciendo diminutos fragmentos de aluminio por los alrededores.
Pero en el día a día, utilizábamos armamento ligero, sólo apto para pequeñas puyas y caza menor. Las batallas de tacos arrojados con gomas estaban a la orden del día. Yo admiraba los gruesos y apretados paquetitos de papel que algunos de mis compañeros sabían elaborar con una técnica consumada; los míos, más bien eran flojuchos y livianos, apenas escocían... Eran las más socorridas para los tiempos muertos en el cole. Dentro de la clase utilizábamos el exasperante acoso de las cerbatanas de boli bic. Era un arma casi silenciosa (su leve silbido era un acicate más). Las bolitas de papel masticado impactaban en paredes y mesas como diminutos y blandos perdigones. El uso de granos de arroz hacía más doloroso el aguijonazo del proyectil. Llegamos a elaborar modelos muy sofisticados (y peligrosos) utilizando como dardos los palitos de chupachús, finos cilindros de plástico en cuya punta insertábamos un alfiler que dejábamos sólidamente incrustada calentando el extremo con una cerilla hasta derretir el plástico. Luego lo lijábamos. Algunos añadían diminutas plumas para dirigirlo. Increíblemente ningún ojo se interpuso nunca en aquellas trayectorias entre las cerbatanas y los troncos donde se clavaban en nuestros particulares campos de tiro. Nuestro tutor en los hermanos maristas llegó a tener una colección completa de estos artilugios en su cajón, requisados en los frecuentes registros de cajoneras del cole. En aquellas colecciones no faltaban los dardos construídos con palillos, otra peligrosa variante.
Batante mortífero resultaban también los pequeños tirachinas de gomas que utilizaban como proyectiles pequeños trozos de alambre en V. Aún recuerdo el sonido de las hojas trizadas de los plátanos cuando eran atravesaban en busca de algún gorrión. Tambíén muy dañina era la escopeta de pinzas que dispuesta sobre una tablillas disparaba el resorte metálico con peligrosa eficacia.
Personalmente me impresionó la aparición de la pistola de pinzas. Ésta impulsaba proyectiles como judías o garbanzos semejando una pistola de verdad. Se construía aprovechando un par de piezas de estos humildes objetos No presentaba mucha complejidad y hoy en día, gracias a internet, puedes aprender cómo hacerlo.
Aunque nunca lo utilizamos con fines bélicos la construcción de cohetes de cerillas nos mantuvo ocupados muchas horas y nos hizo comprender con mucha precisión el mecanismo de propulsión de los cohetes de verdad. El material era tan sencillo y se prestaba tan bien a la experimentación que cada uno investigaba por su cuenta y realizaba diseños propios: de una cerilla, de cabezas triples, estructuras giratorias, de doble fase, cohetes de humo... Las cajas de fósforos se agotaban misteriosamente en el domicilio familiar.
Hoy en día, en los colegios, las botellas de plástico han facilitado la construcción de los tiragüitos. Es una pequeña arma de gran efectividad y sencillez.
No hace mucho no me pude resistir a la tentación de fabricar un arco muy efectivo a base de unir varias lamas de madera colocadas a modo de ballesta y utilizar varillas de paraguas como flechas. Peligroso y efectivo, lo guardo desmontado en el garaje. Quizás un día cace un ciervo...
Fotos y videos en el ANEXO
domingo, 10 de marzo de 2013
Yo tuve...
Yo tuve unos padres sin deudas. Sin casa propia, es verdad, pero sin deudas. Y, ya mayores, pudieron disfrutar de viajes del Inserso a precios simbólicos. Mi padre ganaba poco, pero no nos faltó nunca de comer. Con un sueldo mínimo todos los hijos pudimos estudiar y lo hicimos en centros y universidades públicas, con esfuerzo eso sí, pero pudimos...
Yo personalmente tuve la suerte de estudiar una carrera barata, incluso disfruté de becas; escasas, por supuesto, pero tuve. Después pude concursar en una oposición libre, bien es cierto que durísima; pero pude hacerlo. Me independicé y, al casarme, no tuve necesidad de vivir en la casa de mis padres (o de los de ella). Conseguimos comprar una vivienda, con unos plazos razonables y no tuvimos ningún problema para conseguir el crédito. Cuando tuve que operarme del menisco pude haberlo hecho en la Seguridad Social sin que me cobraran extras ni tuviera que repagar recetas.
Me casé con una mujer sindicalista que era querida por los trabajadores de su ramo y admirada por sus compañeros por su empeño y dedicación en las negociaciones de unos convenios increíbles que hacían la felicidad de los empleados y provocaban sudores en los jefes.
Recibía cada mes una nómina que crecía año a año y, poco a poco, se ajustaba al grado y expectativas que le correspondía.
Hubo años en que me resultó difícil encontrar un simple albañil para las pequeñas chapucillas en el domicilio pues todos estaban empleados en la construcción trabajando a destajo y ganando un buen sueldo. Conocí a muchos rumanos y polacos que trabajaban a destajo sin rechistar y ganaban sueldos desproporcionados a ojos de sus paisanos.
He visto obras descomunales y proyectos faraónicos. Presencié la construcción de enormes autopistas y vi alzarse lujosos pabellones para albergar olimpiadas y exposiciones universales. Asistí a la inauguración de costosos aeropuertos donde actualmente sólo aterrizan y despegan moscas y palomas...
"Yo... he visto cosas que vosotros no creeríais [...] Todos esos momentos se perderán... en el tiempo... como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir" - Roy Batty en Blade Runner.
jueves, 7 de marzo de 2013
Oyen pero no escuchan
- Hola, ¿Tenéis Educación Física con Luis?
Un montón de voces, en vez de responder, me preguntan a un tiempo:
- ¿Nos vas a dar tú EF?
- ¿Jugaremos al "pito"?
- ¡Nos toca gimnasio!
- !Lucas ha hablao¡
- ¡María me acaba de insultar!...
Rodeo las mesas para situarme junto al encerado, al frente de la clase:
- Un momento, sentaros todos: ¡Atended...!
Parece que predico en el desierto. Siguen hablando solos, por parejas, en pequeño grupo, de esquina a esquina...Levanto la voz. Empiezo a explicarles que su profe falta y ... ¡Ni caso!. Cambio el gesto. Mando sentarse a Tomás que acosa a su compañera con empujones. Agradezco a la niña que anotaba en la pizarra los que hablaban su trabajo y la envío al sitio. Ordeno a varias alumnas que se sienten. Grito:
-¡No vamos a hacer Educación Física! ¡No saldremos de la clase hasta que os calléis y me escuchéis! Parece que ha funcionado. Por un momento se sosiegan las voces... Debo aprovechar esos valiosos segundos para establecer unas mínimas pautas de comunicación:
- Sí, soy el profe que va a sustituir a Marcos. Pero antes debéis escucharme. No podemos hablar todos a la vez. Hay que escuchar al que está hablando y ahora estoy hablando yo... (no sé si me dará tiempo a introducir alguna cuña educativa más...) Vamos a decidir qué hacemos. ¿Sabéis organizaros en juego libre?
En vez de contestar, ya hay cuatro que han corrido hasta la puerta para ocupar el primer lugar en la fila de salida... La mayoría comienza a seguirlos... (sólo yo me quedo en mi puesto esperando la respuesta...) Levanto de nuevo la voz. Mando sentarse a todo el mundo. Esta vez estoy sumamente irritado:
- ¿Quién os ha dicho que nos vamos ya? ¿Qué os he preguntado?...
Relámpagos en mi mirada. Mohínes de disgusto en sus caras. Comentarios soto voce. Vuelvo con las cuñas educativas:
- ¡No sabéis escuchar! ¡Eso es mucho más importante que la Educación Física! No sabéis lo que vamos a hacer, no lo habéis escuchado. Acabo de preguntar cómo hacéis el juego libre... ¿Sabéis organizarlo? -(pregunta retórica, menos mal que no les dio por responder con su manera habitual)-. Os diré lo que vamos a hacer: saldremos al patio, con cuidado y sin correr, y os organizáis en 2 o 3 juegos, no más. Pero si llueve, tocaré este silbato (uno de tonos agudos de emergencia que llevo de llavero) y todos, ¡todos! os reunís conmigo bajo el porche porque pasaremos al gimnasio. ¿vale? Pues ¡a ver como vamos...!
Llegamos a la puerta del gimnasio ya dispersos con un grado de cumplimiento de la orden de un 15%. Sin permiso cuatro alumnos han entrado ya en la sala de material y rebuscan su juego favorito. Mando salir a todos. Hablamos (es un decir). Al final parece que suelen entrar bastante libremente a por el material. Eso dicen (mienten como cosacos). Les dejo pasar en pequeños grupos con la instrucción de que no desordenen nada. Van saliendo con un par de raquetas, unos calzos, un balón, varias pelotas...
- Pero ¿No hemos quedado que sólo dos o tres deportes? ...
Lo dejo pasar. No es momento de una nueva bronca. Ya varios alumnos están jugando al fútbol y el resto se ha desperdigado por el patio... Rezo a Dios para que no llueva (tal como están, puro nervio, no quiero ni pensar cómo se comportarían en el gimnasio). Recibo en ese momento una llamada. Es del educador de Servicios Sociales de uno de mis alumnos de asistencia domiciliaria. Y tiene el don de la inoportunidad, pues siempre me llama en el peor momento. El niño tiene problemas psiquiátricos... ¡y en ese momento me pregunta qué tal me va con él!
Como el tema era importante le concedo cinco minutos, en medio de los gritos del patio y de las continuas interpelaciones de los alumnos (especialmente de las alumnas). Encima empieza a llover...
- Mira, tengo que dejarte, llámame a partir de las 12...
- No podré.
- Pues ahora no puedo... está empezando a llover y los niños van a coger un costipado. Les tengo que meter en el gimnasio...
Les digo que vamos a ir al gimnasio. Antes de acabar la frase ya lo han hecho tres o cuatro que corren hacia las colchonetas y empujan el balón gigante por todo el recinto... El resto corre alocado o va directamente a estrellarse contra las colchonetas gigantes o a subirse por las espalderas. Una ha sido empujada y viene llorosa a contármelo. Otra se queja de que la insultan. Alguno se ha colado en el cuarto de los profes... Agarro del brazo a Tomás y lo mantengo a mi lado, lejos de la gigantesca pelota que aporrea a grito pelado (sólo atiende a la instigación física). Mando que la devuelvan al rincón y compruebo que todavía hay alguien que obedece; menos mal. Con gestos y silbidos de mi llavero-pito, les convoco al centro y les hago señas de sentarse. Un poco más calmados les explico que es imposible hacer nada con ese jaleo, sin ningún orden ni regla... Incluso les pongo por ejemplo el Real Madrid y lo que pasaría si cada cual juega a su bola sin respetar las órdenes de Mouriño (Me arrepiento enseguida del ejemplo; pienso si no será así en realidad). Prosigo...
- ¡No sabéis escuchar! ¡Oís, pero no escucháis! Y así no vamos a ninguna parte... Estoy a punto de suspender la clase y dedicar este rato a que escuchéis con atención: ¡Es mucho más importante!...
Temor y resentimiento en sus caras. Me dan un poco de pena porque en realidad parecen buenos chicos. En fin. Decido seguir, pero antes quiero que me expliquen el juego del "Pito" que me han propuesto. Le pido a una niña con cara de espabilada que me cuente cómo es. Naturalmente contestan cinco o seis. Resoplo con indignación. Y me lanzo de nuevo a la carga:
- ¡No sabéis escuchar! ¡Ni a mí, ni a vuestros compañeros, ni a vosotros mismos...!
La niña espabilada empieza a explicar el juego y, pronto, vuelven a aparecer espontáneos que "la ayudan". Realmente no me enteré de casi nada. Al acabar les pregunté si no tenían en Lengua una actividad de "cómo se explica un juego" (sé que era así, uso su mismo libro). Porque ni las reglas, ni el objetivo del juego quedaron definidos. Tan sólo unas vagas imágenes de colchonetas-cabañas, contar pito-30 veces, esconderse... En fin. Cedí a sus deseos, dejando la prenda que tenía preparada para jugar al pañuelo en el bolsillo. Y como parecían conocer perfectamente como se instalaba el material les dejé colocarlo (¡Error fatal!) Se abalanzaron sobre las colchonetas y con gran alboroto instalaron una especie de circuito circular (me recordaba vagamente a Stonehenge), dejando una colchoneta en el centro para el que "la liga". Yo preguntaba por cómo comenzaban y siempre encontraba una respuesta multivoz que no entendía entre el barullo que reinaba en el recinto y mi hipoacusia. Decidí soltar el cabo de la dirección y dejarles jugar sin intervenir. Tan sólo me ocupé de ir nombrando al que la ligaba (puesto muy apetecible a lo que parecía, pues me llovían insistentes solicitudes). Con bastante desorden y jaleo logré aprender en tres o cuatro turnos la mecánica del juego. Con una mínimo orden podía resultar un juego muy divertido. Lo que desbarataba su encanto eran las dificultades disciplinarias: los remolones que se resistían a retirarse al ser pillados, los que no se sujetaban permanecer en el banco cuando eran eliminados, los que jugaban a deshacer los puestos de colchonetas (¡Cuanta tendencia destructiva late en esos tiernos corazones!)... El juego tenía como fin último pasar de puesto a puesto burlando la vigilancia del que la ligaba y completar ¡diez! vueltas al circuito (eso decían). La misión me parecía imposible. Ellos se limitaban a aprovechar la oportunidad para correr, tirarse en plancha por el suelo, empujarse jugando... Por un rato jugamos varias tandas con aceptable rendimiento.
Próximo a agotarse el tiempo les convoqué de nuevo para organizarles un último turno. Recalqué el objetivo: lo reduje a dar dos vueltas al circuito, y limité el conteo a 10 (con las 30 anteriores, pasaban 25 segundos de cachondeo y provocación del que "la liga" que contaba en tendido prono con la cabeza entre los brazos contra la colchoneta). El juego resultó mucho más ágil así. Nadie completó siquiera una sola vuelta y, al cabo de tres minutos sólo quedaba un niño agazapado tras uno de los parapetos. Le tomé la mano y le proclamé campeón. Fue el único que permaneció inmóvil sin cambiar de puesto. (Ventajas de ser autista).
Luego les pedí que recogieran el material. El oleaje infantil se dirigió entonces hacia el rincón de las colchonetas y en alegre turbamulta ocuparon el mullido rincón tratando de hacerse con los puestos más apetecibles para pelear con las colchonetas gigantes, izar los volúmenes mullidos y geométricos o esconderse entre las blanduras prismáticas. Intenté poner orden, ayudar, dirigir, coordinar... no era ya momento de nuevas charlas... Terminamos como pudimos de amontonar el material y les puse en fila (costosa actividad) para volver a clase... En los dos minutos del trayecto todavía ocurrieron una decena de incidentes: una furiosa lluvia en el tramos entre el gimnasio y su edificio, el abandono de su puesto de la portera que encargué para que sujetara la puerta (con gran peligro de que se diera de bruces un alumno que venía corriendo desde la lluvia), la imposibilidad de que cruzaran el pasillo y subieran la escalera sin levantar la voz o gritar, los dos que utilizaron las escaleras para jugar a arrojarse el jersey de arriba a abajo y viceversa, los que se iban al servicio sin permiso, el que botaba la pelotita de tenis por el pasillo...
En clase todavía transcurrieron diez frenéticos minutos (para el profe): de nuevo acusaciones, quejas, peticiones improcedentes... Hoy llovía, por lo que el recreo se realizaba en la clase. Organicé la salida al baño para que se asearan. Logré que se tomaran el bocadillo sentados. Desalojé del pasillo a un grupo que jugaba con la pelotita. Gestioné los permisos oportunos para "llevar estos trabajos a la profe de música que está en 2º" , "Ir a la clase de 1º a por el bocadillo que lo tiene mi hermano", "Coger un juego" "Sentarme con...", "Ir al baño..."
Por fin, llegó la tutora con una alumna de prácticas. Me saludó y se dirigió algo abstraída a su mesa. Yo suspiré y corrí a refugiarme en la biblioteca entre los viejos libros que estaba catalogando.
domingo, 3 de marzo de 2013
Artritis y artrosis
Hoy, sin que sirva de precedente, utilizaré este blog como una bitácora al uso, como un diario de a bordo donde reflejar los acontecimientos del día a día. Porque lo habitual es que lo emplee como un registro de impresiones, sentimientos o ideas; sin una sucesión temporal definida. Hablaré de ayer mismo.
Con retraso, como siempre, acudimos a una de esas reuniones familiares donde concurren habitualmente las mismas circunstancias: el reencuentro con los familiares, los saludos de rigor, el intercambio de noticias... Más o menos se repiten idénticos rituales: besos, sonrisas, impresiones a bote pronto, revista de novedades...
Todo el mundo en su papel, se representa la función con los libretos habituales: yo (el manitas oficial) me pongo manos a la obra en el "complicado" proyecto de colgar un cuadro. Inmediatamente me surgen dos ayudantes que muestran su deseo de ayudar; uno de ello, ingeniero, participa con más intención que maña en la faena y el otro, se pone a mis órdenes sin reparo por aquello de la experiencia y la edad. En unos minutos termina la obra con la plena satisfacción de la concurrencia. En el salón circulan ya los botellines y la mesa muestra el habitual aspecto abarrotado de aperitivos, raciones delicatesen varios. La anfitriona, no acostumbrada a albergar en su mesa semejante abundancia y variedad, se dispone a sacar una foto... ¡a la mesa! (los comensales están ya muy vistos...). Había estado preparando desde horas antes la única comida que confiesa sabe cocinar: "espaguetis a la carbonara" y se afanaba entre la cocina y el salón con el propósito de dar la talla y quedar bien. Su compañero, discreto y tímido, se multiplicaba en ayudas y conversaciones para agradar y ser útil. Los más pequeños buscan el refugio de la tele tras la férrea disciplina de los besos. Los patriarcas de la familia ocupan pronto el lugar central en la mesa. La abuela, hoy con mal cuerpo, apenas probará bocado. Penará porque en realidad es golosa y le encantaría participar de la juerga, pero la cabeza ya no aguanta el barullo y el estómago la acidez. El abuelo buscará enseguida la silla y apremiará al resto a sentarse y empezar. En un rincón la novia del joven ingeniero observa discreta con miradas precisas y un tic levemente perceptible. Se adapta perfectamente al matriarcado dominante enlazando conversaciones al vuelo pero sabiendo callar oportunamente.
Comemos con los aperitivos. El vino de aguja, el más villano licor que aparece en la mesa, tiene un éxito inmerecido. Los espaguetis llegan con el estómago repleto asi que las raciones solicitadas son homenajes a la cocinera más que auxilio del hambre. Desde su posición estratégica los profesionales de las sobremesas despliegan con profusión argumentos y opiniones (más de lo último que de lo primero). Echo de menos un reloj de ajedrecista en estas tertulias. Hay una tendencia a monopolizar el tiempo de intervención, interrumpir a placer, robar el uso de la palabra de forma descarada y frívola. Algunas personas parecen no saberese sujetar ante el tentador placer de demostrarnos lo mucho que saben, lo mucho que hablan, lo enteradas que están... En el reloj del discurso reclaman su minuto de atención, y acaban acaparando la totalidad de la esfera. Yo, deheredados de la palabra, termino por emigrar al sofá (previamente soy invitado a echarme una siestecita en la convicción de que lo que realmente me pasa es que tengo sueño). Apenas un amago de intervención del callado escuchante había terminado arrollado por un impulsivo contar de su interlocutora. Y así, de algunas personas acabamos sabiendo muchísimo, aunque no necesariamente cosas importantes.
En un momento dado, la charla discurre por explicar la diferencia entre artritis y artrosis. Uno de los presentes afirma que los tendones están implicados en la artritis. Entonces empieza una curiosa discusión. La razón argumental de mayor peso, aplastante diría, corre a cargo de una doctora en medicina. Pienso, con lástima en la osadía que muestra el improvisado interlocutor, cargado con el pobre bagaje de sus lecturas en internet y alguna experiencia laboral hospitalaria. Se muestra contumaz, pero lleva las de perder. Una breve charla magistral, acompañada de una reconvención sobre la puesta en tela de jucio de su formación, hace que abandone la discusión no sin antes asegurar que ha leído algo a propósito de la relación entre la tendinitis y la artritis (por cierto, relación sí la hay, aunque quizás aturullado por la reacción de los participantes no la supo matizar o exponer). Yo reclamo, quizás por la deformación profesional que da el ser maestro, el derecho de todo el mundo a ser escuchado con atención y respetar su argumentación aunque sea errónea: si duele no tener razón cuando creemos tenerla no es preciso, además, ser humillando por defenderla.
En el otro extremo del salón, en los sofás frente al televisor donde se repiten hasta la saciedad jugadas y jugadas del partido estrella, la conversación discurre entre los lances futbolísticos. El Barca ha perdido y la hinchada (mayorítamente del Madrid entre los presentes) está de muy buen humor. Se repiten las bromas habituales. Se anuncian en alta voz los wasar recibidos de los amiguetes celebrando la gesta o ridiculizando al adversario. Por un momento, se inicia una nueva discusión a propósito de un posible penalti de Sergio Ramos...
Todo el mundo en su papel, se representa la función con los libretos habituales: yo (el manitas oficial) me pongo manos a la obra en el "complicado" proyecto de colgar un cuadro. Inmediatamente me surgen dos ayudantes que muestran su deseo de ayudar; uno de ello, ingeniero, participa con más intención que maña en la faena y el otro, se pone a mis órdenes sin reparo por aquello de la experiencia y la edad. En unos minutos termina la obra con la plena satisfacción de la concurrencia. En el salón circulan ya los botellines y la mesa muestra el habitual aspecto abarrotado de aperitivos, raciones delicatesen varios. La anfitriona, no acostumbrada a albergar en su mesa semejante abundancia y variedad, se dispone a sacar una foto... ¡a la mesa! (los comensales están ya muy vistos...). Había estado preparando desde horas antes la única comida que confiesa sabe cocinar: "espaguetis a la carbonara" y se afanaba entre la cocina y el salón con el propósito de dar la talla y quedar bien. Su compañero, discreto y tímido, se multiplicaba en ayudas y conversaciones para agradar y ser útil. Los más pequeños buscan el refugio de la tele tras la férrea disciplina de los besos. Los patriarcas de la familia ocupan pronto el lugar central en la mesa. La abuela, hoy con mal cuerpo, apenas probará bocado. Penará porque en realidad es golosa y le encantaría participar de la juerga, pero la cabeza ya no aguanta el barullo y el estómago la acidez. El abuelo buscará enseguida la silla y apremiará al resto a sentarse y empezar. En un rincón la novia del joven ingeniero observa discreta con miradas precisas y un tic levemente perceptible. Se adapta perfectamente al matriarcado dominante enlazando conversaciones al vuelo pero sabiendo callar oportunamente.
Comemos con los aperitivos. El vino de aguja, el más villano licor que aparece en la mesa, tiene un éxito inmerecido. Los espaguetis llegan con el estómago repleto asi que las raciones solicitadas son homenajes a la cocinera más que auxilio del hambre. Desde su posición estratégica los profesionales de las sobremesas despliegan con profusión argumentos y opiniones (más de lo último que de lo primero). Echo de menos un reloj de ajedrecista en estas tertulias. Hay una tendencia a monopolizar el tiempo de intervención, interrumpir a placer, robar el uso de la palabra de forma descarada y frívola. Algunas personas parecen no saberese sujetar ante el tentador placer de demostrarnos lo mucho que saben, lo mucho que hablan, lo enteradas que están... En el reloj del discurso reclaman su minuto de atención, y acaban acaparando la totalidad de la esfera. Yo, deheredados de la palabra, termino por emigrar al sofá (previamente soy invitado a echarme una siestecita en la convicción de que lo que realmente me pasa es que tengo sueño). Apenas un amago de intervención del callado escuchante había terminado arrollado por un impulsivo contar de su interlocutora. Y así, de algunas personas acabamos sabiendo muchísimo, aunque no necesariamente cosas importantes.
En un momento dado, la charla discurre por explicar la diferencia entre artritis y artrosis. Uno de los presentes afirma que los tendones están implicados en la artritis. Entonces empieza una curiosa discusión. La razón argumental de mayor peso, aplastante diría, corre a cargo de una doctora en medicina. Pienso, con lástima en la osadía que muestra el improvisado interlocutor, cargado con el pobre bagaje de sus lecturas en internet y alguna experiencia laboral hospitalaria. Se muestra contumaz, pero lleva las de perder. Una breve charla magistral, acompañada de una reconvención sobre la puesta en tela de jucio de su formación, hace que abandone la discusión no sin antes asegurar que ha leído algo a propósito de la relación entre la tendinitis y la artritis (por cierto, relación sí la hay, aunque quizás aturullado por la reacción de los participantes no la supo matizar o exponer). Yo reclamo, quizás por la deformación profesional que da el ser maestro, el derecho de todo el mundo a ser escuchado con atención y respetar su argumentación aunque sea errónea: si duele no tener razón cuando creemos tenerla no es preciso, además, ser humillando por defenderla.
En el otro extremo del salón, en los sofás frente al televisor donde se repiten hasta la saciedad jugadas y jugadas del partido estrella, la conversación discurre entre los lances futbolísticos. El Barca ha perdido y la hinchada (mayorítamente del Madrid entre los presentes) está de muy buen humor. Se repiten las bromas habituales. Se anuncian en alta voz los wasar recibidos de los amiguetes celebrando la gesta o ridiculizando al adversario. Por un momento, se inicia una nueva discusión a propósito de un posible penalti de Sergio Ramos...
Etiquetas:
biográficas,
equívocos/equivocaciones,
familia
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)




