viernes, 26 de junio de 2015

Í-spn-ya



Quiero pensar que, entre las variadas hipótesis sobre el nombre de nuestro país, la que defiende que proviene del término fenicio "i-spn-ya" (término documentado en tablillas de escritura cuneiforme ugaríticas desde el segundo milenio antes de Cristo), sea la correcta. Lo que sí es seguro es que los romanos le dieron a "Hispania" el significado de "tierra abundante en conejos" y no me extraña pues, si dudas tuvieron, éstas se disiparon al caminar por sus calzadas y sorprenderse de los abundantes conejos que las cruzan, especialmente al amanecer. Muchos historiadores se refieren además a Hispania como península "caniculosas" (conejera) y en algunas monedas acuñadas en la época del emperador Adriano figuran personificaciones de Hispania como una dama sentada y con un conejo a sus pies.

  

Adriano, que nació en Itálica, y le tiraba el terruño, acuñó una moneda en conmemoración de uno de sus viajes a la provincia de Hispania. Ésta es la alegoría de Hispania más famosa se acuñó en Roma; se trata de una figura femenina con una túnica larga, timbrada con laurel u olivo, reclinada hacia la izquierda, con su brazo izquierdo sobre unas rocas, que podrían hacer referencia a los Pirinieos. Con su mano derecha sostiene una rama de olivo. A los pies de la figura aparece un conejo, el animal que teóricamente los fenicios emplearon para nombrar a la península: Hishphanim.

Jesús Marcialem, hispano descendiente de algún lejano antepasado germánico, también hacía sus excursiones temprano por las cercanías de su pequeña villae-adosada en la Hispania Citerior y, aún sin las doradas monedas del imperio, sí iba provisto de móvil donde recogió la lejana imagen de algún gazapo y grabó algunas impresiones:

"Paseo desde las siete de la mañana por la vía de servicio del Canal del Henares que rodea mi urbanización en Cabanillas del Campo durante un kilómetro y luego se alarga hasta Meco. Me he incorporado al camino de tierra a la altura de un pequeño puente y, desde entonces, lo recorro a buen paso disfrutando del aire templado de la mañana y, también hay que decirlo, intentando ponerme en mediana forma después de un año de costumbres sedentarias. El camino está flanqueado a la derecha por un talud de tierra que refuerza el perfil del canal y que aparece horadado por cientos de galerías escavadas por esos pequeños roedores que dieron nombre a la Península. A la izquierda, tras la maleza, se extienden la naves industriales y, más allá, los campos pintados de un verde primaveral. A ambos lados crecen, abundantes, cardos y los hierbajos y, sobre ellos, se elevan numerosos árboles (olmos y álamos) que hidratan sus raíces en el suelo con la humedad que se filtra del canal. Enseguida, desde que me puse a caminar, empezaron a sorprenderme los pequeños "cunículus" que saltaban por todas partes. Estimulado por su numerosa aparición comencé a contarles: 1, 2, 3..  Cruzaban siempre desde el terraplén a los matorrales (4...) del otro lado donde la espesura les protegía. Los que, apurados por mi llegada (5, 6...), no se atrevían a cruzar, se escondían rápidamente en alguna de las numerosas madrigueras: todo menos dirigirse al borde mismo del canal donde estarían irremisiblemente perdidos. Escasamente andaba diez pasos, apenas doblaba un recodo, aparecían correteando  por el camino (7, 8...)  Mientras avanzaba (9...) estudiaba su comportamiento. Debían notar mi llegada, más que por avistarme. que jamás miraban al camino, porque me oían llegar; entonce se situaban en un borde del camino de perfil, con una de las orejas orientadas hacia mi posición, y esperaban un momento para asegurarse (el número 10 se había detenido...). Si me detenía se quedaban así, inmóviles a un lado del camino, agazapados, prestos a saltar inmediatamente a la espesura. Podía quedarme varios minutos y el pequeño herbívoro seguía inmóvil, cuando me decidía a dar un paso las vibraciones del terreno o su finísimo oído le alertaban y corría entonces hacia alguna senda secreta en el laberinto de matorrales. Sé que notan las vibraciones del terreno porque cuando voy con la bici tardan mucho más en darse cuenta de mi llegada, hasta el punto de que en una ocasión atropellé a uno de ellos arrollándolo inevitablemente. Al reiniciar la marcha el número 10 saltó hacia los cardos. Enseguida aparecieron muchos más (11, 12, 13... 14...). Zigzagueaban por el camino, corrían por el lateral y, por sorpresa, cambiaban de dirección saliendo  perpendicularmente con una agilidad pasmosa (el 15, de improviso...). Sorprendí al número 16 con la guardia baja, al apercibirse demasiado tarde de mi presencia: subió desesperado el talud de la derecha levantando una mediana polvareda antes de introducirse en una de las cuevas. Yo seguía mi  madrugadora ruta (17,18...); si caminaba despacio podía, con el sol a mis espaldas, acercarme mucho. A veces les sorprendía a esa distancia (el 19 cruzó cinco metros por delante de mí). Pensaba en la oportunidad de disponer de una escopeta con esos cartuchos que abren las postas en abanico; seguramente mataría aquellos tres de un tiro (20, 21,22...) o, siendo más realista -no soy cazador-  podía haber traído mi tirachinas y, quizás, a alguno hubiera acertado ¡Estaban tan cerca! (el 23, extrañamente calmoso, caría seguro...). En una ocasión, recordé, había construido un arco con las elásticas lamas de un somier de madera y varillas de paraguas como flechas: hubiera sido un buen momento para probar la efectividad del invento sobre el 24 que esperaba, alertado, confirmar mi llegada con la vibración de mis pasos. A unos cincuenta metros salieron de los arbusto el 25 y el 26. Y, tras el siguiente recodo un grupo más grande salió al camino y se desperdigó por los laterales (27, 28, 29... 30...). El último saltaba en ese momento, mientras yo fantaseaba sobre la trágica posibilidad de una guerra que nos obligara a buscar el alimento por nuestra cuenta en la naturaleza cercana: unos cuantos lazos en la boca de las muchas madrigueras darían de comer a un familia durante un tiempo... (31, 32... ¿era un conejo aquello que se movía? 33...)   Los pequeños herbívoros seguían apareciendo incluso en las proximidades de los polígonos industriales y sus accesos; al parecer no sentían ningún temor por los trabajadores y las máquinas (34...). Yo seguía caminando en silencio entre salto y salto: 35... 36... 37... El número 38 lo encontré inmóvil y tieso en medio del camino, su pellejo hinchado revelaba que la mixomatosis aún hacía estragos en la población.  Continué la marcha, mientras los pequeños animales no cesaban de aparecer (39...). Encontraba de vez en cuando montoncitos de excrementos en medio del camino, pero siempre en un lugar despejado que facilitaba su fuga. Alguien me contó en una ocasión que, desconfiando de los lugares escondidos, los conejos prefieren realizar sus evacuaciones en lugares abiertos donde  pueden auscultar el entorno fácilmente (el número 40 cruzó velozmente a apenas dos metros por delante de mí...). Los excrementos que ahora observaba y que hubieran resultado un excelente abono para mis macetas, estaban ya probablemente reciclados, pues la coprofagia es una necesidad biológica para estos animales que necesitan aprovechar la vitamina B12 que aún contienen sus heces (el 41 y el 42 se alejaron corriendo mostrando al correr la intermitente bandera blanca de sus ancas descubiertas al alzar la cola).  Mientras saltaba hacia la maleza derrapando en el borde del camino el número 43 distinguí, ya cercanas, las urbanizaciones de Alovera, el pueblo vecino. Poco antes de abandonar los tramos arbolados me sorprendió un numeroso grupo que se desplegó por el camino alejándose a un tiempo después de que uno de ellos golpeara el suelo fuertemente con sus patas traseras como señal de aviso (44!... 45, 46, 47, 48...). La mayoría eran gazapos muy jóvenes, apenas un bocado para el posible cazador. Ya rebasada la línea de árboles aún me encuentro alguno más  mientras me acercaba al puente que cruza sobre el canal
(49... 50... 51...). Poco antes de pasar al otro lado del canal asusto a una familia de patos con sus pequeños patitos que salen huyendo desplegados en abanico aguas arriba; entonces entreveo en los arbustos al número 52 escondiéndose silenciosamente. A partir de aquí, ya próximas las huertas de ocio para la tercera edad del pueblo alcarreño de Alovera, no vuelven a aparecer hasta que, en el camino de vuelta por el otro lado del canal, aparecen tres más que se ocultaron rápidamente entre unos altos matorrales en un cruce de caminos, casi al lado de las tapias de los primeros chalets (el 53, 54 y el 55, parecían estar a gusto entre la basura abandonada al lado del camino). 
Ya de vuelta dejé de contarlos. Seguían apareciendo, eso sí, pero avanzaba el día y, estos, son animales de hábitos crepusculares. Además, los practicantes de footing corrían ya por la pista asustando desde larga distancia a los sensitivos animales. No fueron tantos como en el temprano amanecer, pero seguían saltando gazapos rezagados... "
Jesús Marcialem, el germano, llegó a su villae contento. Esa prodigiosa fecundidad que observó en el campo le había inspirado. Subió a la habitación de su esposa que se desperezaba y se tendió a su lado...

martes, 23 de junio de 2015

Los libros del verano - 1: "El origen perdido"


Con el buen sabor de boca de "Todo bajo el cielo", me tomo otro bocado de aventuras y fantasía pseudocientífica con una nueva novela de Matilde Asensi. 

SINOPSIS
Arnau "Root", un joven informático y habilidoso hacker que vive en Barcelona completamente entregado a su trabajo ve su organizada vida alterada por la misteriosa enfermedad que afecta a su hermano Daniel, y que es en todo semejante a un hechizo. Su hermano ha perdido el interés y el contacto con la vida, se declara muerto y exige que le amortajen y entierren. Los médicos ponen nombre a los extraños síntomas como una combinación de agnosia y síndrome de Cotard, pero Arnau pronto comienza a sospechar que está relacionada con una maldición en la vieja lengua aimara con la que estaba trabajando.

A partir de aquí la historia relata la búsqueda de un posible remedio situando la acción en tres escenarios:
primero en Barcelona con las labores de búsqueda, documentación y estudio sobre el trabajo de su hermano Daniel  mientras el tiempo corre en contra de la salud de su hermano. En estas tareas se ve ayudado por sus compañeros y amigos informáticos como él: "Proxi" (Lola) una inteligentísima e intuitiva programadora y su pareja "Jabba" (Marc), también brillante programador.  Del resultado de sus investigación concluyen que la solución se encuentera escondida en la ciudad de Tiahuanaco, Bolibia, lugar sagrado de los yatiris y donde encontrarán los restos y las claves de un idioma que sería el original de todas las lenguas del mundo y que está estructurado de tal manera que sus sonidos actuarían como códigos que dirigirían la conducta de las personas. En este lugar se encuentra con la jefa de Daniel, con quién había tenido desagradables encuentros en Barcelona mientras se documentaba y que acusa a su hermano de robarle el material de investigación que obraba en su poder. En Tiauhanaco hacen un descubrimiento asombroso, pero la solución al enigma no llega todavía pues los yariri, poseedores de las palabras mágicas para desencantarlo emigraron tras la llegada de los españoles a la selva. El tercer escenario nos sitúa a los protagonistas, junto a la Jefa de su hermano y un matrimonio de científicos amigos, en la búsqueda del pueblo perdido de los yariri, depositarios de la antigua lengua aimara. Para ello han de internarse en las peligrosas selvas amazónicas de Madidi donde serán capturados por la tribu perdida de los toromonas y conducidos, por fin, ante los últimos yariris que viven en perfecta armonía con la selva ajenos a la evolución de la historia.

Ni que decir tiene que obtienen de ellos las palabras mágicas y el hermano se cura. Como en toda novela que se precie Arnau, el protagonista, sufre una transformación que le hace ver la vida con nuevos ojos.   

Sobre la autora, puedes leer alguna información en mis otros artículos sobre libros suyos o en la página web oficial de la autora.

IMPRESIONES PERSONALES
Tiene que ser sumamente entretenido y emocionante encender la bombillita de una idea y hacer crecer su rsplandor ,watio tras watio, con el material de una buena documentación y la fantasía de una historia que se sustenta en esos conocimientos sorprendentes que aparecen al investigar. Quizás a partir de un comentario del semiólogo Umberto Eco en su libro "La búsqueda de la lengua perfecta en la cultura europea" en el que menciona el idioma aimara, por su estructura comparable a la de un lenguaje de ordenador, fue como Asensi construyó su relato, combinando en él los hechizos de los cuentos de su infancia con sus "Abracadabra..." o los conjuros de un Harry Potter incipiente en sus clases de magia, con la aureola romántica de los piratas informáticos y las trepidantes aventuras de Indiana Jones.
Las civilizaciones prehispánicas, guardan aún muchos secretos que poco a poco salen a la luz. Incluso la extensa documentación que la burocracia española producía todavía genera descubrimientos (¿no aparecen pecios con fabulosos tesoros sumergidos en el océano y cuyas coordenadas estaban escondidas en viejos legajos?). Fantasear sobre aquellos misterios, elucubrar sobre los símbolos, estatuas y grabados, interpretar sus leyendas pueden dar origen a historias emocionantes. Y, en mi caso, volví a leer en largos tirones aprovechando todo mi tiempo libre este relato que me enganchó y que no solté hasta su final. Admito que Matilde Asensi se deja llevar a veces por una fantasía desbordada, pero me gusta. No desmerece en absoluto cualquiera de las populares y mediáticas aventuras de Indiana Jones (que en una de sus películas se inspira en civilizaciones prehispánicas). Si eres capaz de relajar el filtro de posible y te dejas llevar por el relato entrarás en un sueño maravilloso de onírica belleza.

martes, 16 de junio de 2015

Paleolítico vivo


Recreación de uno de los bisontes de la reserva de san Cebrián de Mudá (Palencia)

Hubo un tiempo, hace casi un millón de años, en que en la Sierra de Atapuerca se oían mugidos de uros, relinchos de tarpanes y bramidos de búfalos. Tampoco faltaban las berreas de los ciervos en los meses de otoño y los gruñidos de jabalí en los bosques templados de robles, castaños y encinas. Cuadrillas de homo antecessor, con campamento en la Gran Dolina, merodeaban por los alrededores y hostigaban a estos animales para darles caza. En tanto, las mujeres recolectaban frutos, raíces y semillas y, quizás, llegaban a acercarse hasta el cercano río Arlanzón para pescar pequeñas truchas y cangrejos mientras observaban las aves migratorias o las evoluciones de los grandes hipopótamos en el agua.

Hoy el paisaje ha variado. Ya no hay tantos bosques ni abundan las charcas donde retozababan los hipopótamos y en cuyas orillas pastaban los ciervos u hozaban los jabalíes. El clima se ha extremado bastante y el frío invierno ha vuelto inhóspito el lugar para algunos de estos animales. Además, en los últimos milenios, las grandes tribus de homo sapiens han superpoblado el hábitat encontrándose uno de sus macrocampamentos permanentes a menos de 10 km. en el cercano lugar conocido como Burgos. Otros campamentos menores se emplazan más al sur del antiguo asentamiento: Atapuerca, Ibeas, Mozoncillo; hasta llegar a dos poblados situados a la ladera de una importante masa boscosa: Salgüero y Brieva de Juarros. Los habitantes actuales de estos parajes se dedican, desde el Neolítico, a la agricultura y la ganadería habiéndose reducido la fauna a las especies típicas de la meseta y de la ganadería: ovejas y vacas principalmente.

Las cuevas y cavidades de la Sierra de Atapuerca, que habían teniendo diversos usos a lo largo de la historia, se convirtieron en foco de especial atención para la ciencia a partir del hallazgo verificado de antiquísimos restos humanos en 1976. Desde entonces el interés del yacimiento no ha cesado de aumentar. Se suceden excavaciones, descubrimientos, publicaciones, proyectos museísticos, talleres... Una de las iniciativas más llamativas es la de recrear en la zona el ecosistema natural de aquellos tiempos en zonas de hábitat similar y la incorporación de especies prehistóricas como el uro (especie precursora del toro actual), el tarpán (caballo primitivo) y el bisonte (bóvido casi extinguido muy abundante en la época). La idea no es nueva. Desde el año 2010 pastan los bisontes en los prados de San Cebrián de Mudá (Palencia) a los que se les ha añadido sucesivamente caballos «prezwalski» y onagros (asnos salvajes del paleolítico). Ahora en los bosques y dehesas entre Salgüero y Brieva de Juarros, en Burgos, y a unos 6 km. de Atapuerca, intentan aclimatarse cinco bisontes de origen europeo procedentes de Polonia, 36 uros, 8 caballos przewalski y 13 tarpanes. La iniciativa choca con los intereses de los ganaderos de la zona que objetan los peligros sanitarios que pueden ocasionar a la ganadería autóctona (propagación de enfermedades), incompatibilidad para compartir espacios, dificultad de contención en el vallado... y ponen en duda la gestión realizada y la posible rentabilidad de la reserva. Pero los responsables del proyecto, que cuenta con ayuda y financiación europea, replican que revitalizará la actividad de la zona (laboral, turística, económica...) con visitas a la reserva, gastronomía específica, y resaltan el interés científico y ecológico que supone.

Bisontes en las proximidades del arroyo Salgüero

Manada de caballos przewalskis de la reserva. 

Este domingo visité la parte ya vallada de la reserva con uno de mis hermanos.  Esperábamos ilusionados encontrar la pareja de bisontes que mi hermano ya había localizado pastando el domingo anterior en la dehesa en torno a un pequeño regato que vierte en el arroyo Salgüero. No los encontramos. Había llovido bastante esos días y los animales se habían retirado al amparo de los robles. Ahora los brotes crecían por doquier y no necesitaban buscarlos en la humedad del arroyo. Pero lo que sí encontramos fue una hermosa manada de caballos przewalski y de tarpanes. De alguna manera una docena había superado la cinta electrificada y escapado de la cerca de espino que rodeaba la zona de pastos. Permanecían agrupados en el camino, sin asustarse de nuestra llegada. Nos acercamos con cuidado (¿Quién no experimenta una extraña emoción al acercarse a un pariente cercano de aquellos salvajes del Paleolítico?).Tras los recelos iniciales se acercaron, olisquearon nuestras ropas y se dejaron acariciar. Al otro lado de la valla permanecían separados media docena que no pudieron salir.  Desde su lado, el jefe de la manada, relinchaba reclamando su vuelta. El grupo evadido quería volver pero ya no sabía cómo. Cuando echamos a andar, camino adelante, nos siguieron con la vana esperanza de que les introdujésemos en el vallado. Tomamos un camino lateral para buscar a los bisontes en la dehesa que acostumbraban a frecuentar y ellos se quedaron, inmóviles, mirando como nos alejábamos. Sentí lástima por aquella pequeña manada desamparada. El camino se internaba en un agradable bosque de robles, algunos de cuyos ejemplares, alcanzaban gran envergadura, se trataba de un bosque antiguo con hierba y sombras abundantes. A la derecha se extendía un pequeño valle cruzado por un arroyo. Durante un buen rato seguimos camino adelante hasta ascender a lo alto del monte sin encontrar rastro de los bisontes, pero vimos en el barro húmedo abundante huellas de pezuñas de uros, los bóvidos recientemente introducidos en la reserva. Regresamos. Al volver al camino principal encontramos de nuevo la manada de przewalskis. Allí los dejamos, inmóviles, con una súplica equina en la mirada. Al alejarnos miré con pena aquella pequeña manada prehistórica separada por la larga valla del tiempo.


Recreación de uno de los caballos tarpán..



ANEXO
Ha pasado tiempo desde esta visita. Ocho años, nada menos. En este tiempo la reserva se ha consolidado. Hay ahora mayor número y más diversidad de animales y las visitas se suceden debido al interés creciente. Tanto es así que uno de mis sobrinos, por avatares de la vidas, trabaja de guía en ella. Además de aclararme la diferencia entre caballos tarpanes y przewalskis (estos últimos tienen una "M" blanca en el vientre y se aprecian muy claramente en la cueva de Lascaux, en Francia), me ha enviado dos fotografías que pueden completar la imagen de este lugar. 







lunes, 15 de junio de 2015

Los libros de la primavera - 3 : "Todo bajo el cielo"




Este fin de semana decidí sumergirme en uno de mis sueños. Y, tras unos días de lectura enfebrecida, quise escribir una entrada contando las maravillas de esta ilusión vivida en el reino de Morfeo; el tema lo merecía. Lo hice de la mano de un relato de aventuras de la escritora Matilde Asensi, que había descubierto leyendo su "Peregrinatio", una historia sorprendente y un tanto alambicada del Camino de Santiago llena de referentes históricos y legendarios bastante saturada de esoterismo y misterio.

Prendidos con alfileres las fechas, los lugares y los complicados nombres de los personajes chinos, he tenido que investigar de nuevo los detalles relativos a esta maravilla incógnita de la humanidad. Quizás nos encontremos con el mayor y más importante tesoro localizado y no explorado de la historia. Porque el tesoro existe y está perfectamente localizado en el mausoleo del Primer Emperador de China Qin Shi Huang (259-210 a.C.).  Éste, el Señor de Xian,  se llamaba en realidad Zheng Ying y su origen no está del todo claro. Algunos historiadores defienden que aunque sus padres oficiales fueron Zichu , - que era hijo del soberano Anguo - , y la concubina Zhao Ji; en realidad era hijo ilegítimo de un comerciante llamado Lü Buwei. Sea como fuere, a los 13 años subió al trono y, debido a su juventud, se estableció una regencia en la que tomaron parte activa su madre, Lü Buwei y Lao Ai. Al cumplir 22 años tomó las riendas de su destino y mandó asesinar a Lao, destituyó a Lü y encarceló a su madre. Pronto consiguió anexionarse todos los reinos de China a base de sembrar la discordia entre los estados vecinos. Además, unificó los pesos, las medidas, la moneda y la escritura. Esta última apenas ha cambiado desde entonces. Por si fuese poco, ordenó construir carreteras y ensamblar todos los sectores de las murallas construidas por los otros reinos, dando forma a la famosa Gran Muralla. Mientras tanto, intercalaba todas estas agotadoras actividades con su auténtica obsesión: la construcción de su mausoleo eterno. Mientras, el pueblo se sumía en la miseria y el hastío. Se sabe que multitud de intelectuales de la época fueron asesinados por ejercer la crítica a sus métodos. Así mismo, ordenó la quema de aquellos libros que no hablasen de plantas medicinales y horticultura, quedándose él con copia de todos ellos (¡Qué increíble tesoro para la historia ignota encontrar intactos estos volúmenes en el interior del mausoleo). En su empeño por lograr el elixir de la inmortalidad fletó dos expediciones hacia el Báltico (lugar donde se suponía la existencia de una isla con una planta de la que se obtenía el preciado elixir). La historia de ambas expediciones contiene material suficiente para fascinantes novelas. Ambas expediciones fracasaron y el emperador se aferró a una triste inmortalidad subterránea.

La obsesión por trascender de esta vida mortal llevó a este emperador a iniciar la construcción de su gigantesco hipogeo cuando tenía 13 años y acababa de subir al trono. Su construcción se prolongó durante 37 años y duró hasta su muerte. En ella participaron centenares de miles de trabajadores (entre cien y setecientos mil, según la época). La posición y estructura del mausoleo se diseñaron imitando la ciudad de Xianyang, capital del Imperio Qin. Sus dependencias llegaron a tener 66,25 km cuadrados. Disponía de un sofisticado sistema de drenaje que lo ha mantenido seco durante más de 2000 años y la pirámide interior alberga tres pisos superpuestos. Se emplearon ingentes cantidades de costosos materiales : enormes objetos de bronce, grandes estanques de mercurio, innumerables y exóticos tesoros... Con su muerte, en el año 206 a.C. se selló la tumba enterrando en vida a los obreros, los animales del zoo y las mil concubinas sin hijos del emperador. El mausoleo piramidal de 345 x 350 m. de base), que llegó a alcanzar los 115 m. de altura (hoy la erosión lo ha reducido a 76), estaba rodeado de una muralla exterior de 6 kilómetros, En su interior se añadió otra muralla con cuatro puertas. El conjunto fue cubierto con una gruesa capa de tierra y sobre ella se plantaron árboles y arbustos. Mientras tanto, la civilización occidental en el Mediterráneo, se debatía en las guerras púnicas entre Cartago y Roma.

Cuando Matilde Asensi publicó su libro, en 2006,  ya se contaba con abundante información sobre esta colosal construcción aunque, con posterioridad se han obtenido informaciones mucho más detalladas . La imaginación de la escritora, junto con la documentación que reunió, conforman una aventura increíble (ese sería su mayor defecto) pero apasionante. El respeto por la milenaria cultura china, su admiración por la filosofía de este pueblo, sus referencias a su historia, la descripción de sus obras de arte y sus tesoros... es la parte más didáctica y creíble. Pero lo que a mí, personalmente, me excita es la descripción del gigantesco mausoleo, las suposiciones que la autora -apoyada en referencias históricas- hace de la fascinante tumba: grandiosa, aterradora y magnífica. Todo ello aderezado con ligeros toques de humor, con pequeños detalles psicológicos de los personajes y el continuo contraste entre la civilización occidental (representada por Elvira, su hija adoptiva Fernanda, y el  periodista alcohólico Paddy) y la china (personificada por Lao Jiang, Biao y los monjes Saolín con los que convive). La protagonista, Elvira, es una pintora española, afincada cómodamente en París, cuya vida se ve trastocada por la muerte de su marido en China. Entonces ha de enfrentarse a una cultura y peligros exóticos lo que hace con cierta frivolidad (todos los héroes son frívolos ante la muerte). Los enigmas, los juegos mentales, los acertijos se suceden a la manera de "El código Da Vinci" sin desmerecerlo en ningún momento. El juego del Go, los cuadrados mágicos, los enigmas milenarios, los laberintos... todos ellos fueron recopilados por la autora para servir de llave a las estaciones de paso en el camino al corazón del mausoleo donde el féretro de hierro del emperador gravita inmóvil en el espacio sujeto por las fuerzas magnéticas de unas paredes de magnetita. Por el camino, a través de los cinco niveles que la autora se imagina para el mausoleo, Asensi se aplica a la descripción de obras de arte incomparables, de riquezas inabarcables, de vastísimas e imponentes construcciones subterráneas. Abriéndose paso, la autora, va dando cuenta de los descubrimientos de la antiquísima civilización china: el uso del metano canalizado para iluminación, las antorchas de este mismo gas, la brújula,  los avances matemáticos (cuadrados mágicos), las complejas soluciones arquitectónicas, la truculenta ingeniería de las trampas, los antiquísimos sismógrafos, la avanzada metalurgia, la antigua sabiduría de sus alquimistas, la formidable producción de azogue (mercurio) de sus minas, las sofisticadas luminarias de aceite de ballena, la farmacopea de sus médicos... y no menores en importancia: la espiritualidad, la extraña filosofía oriental, el dominio de la energía del cuerpo, las artes marciales, el control emocional...

Lo que estremece y excita aún más es que esta novelada visualización del interior del mausoleo pueda tener, aún en una mínima parte, verosimilitud y que, quizá antes de nuestra muerte, seamos capaces de comprobarlo. El túmulo funerario existe y está localizado. Se sabe con seguridad el nombre del sitio: Está flanqueado a kilómetro y medio, por el formidable ejército de terracota salido a la luz en 1974. Cuando las autoridades chinas estimen oportuno, se abrirán paso los arqueólogos en la tumba para descubrir una de las maravillas cantadas de la humanidad. En cualquier caso, el Gobierno chino no quiere correr ningún riesgo y se niega a conceder todavía los permisos para investigar la pirámide y el palacio de Qin. Pekín considera que no existe tecnología suficientemente avanzada como para asegurar que el interior no se vea afectado con la apertura, y prefiere esperar al momento adecuado. Se piensa que las ballestas, por miles escondidas entre los muros de acceso, aún funcionan (los chinos recubrían sus armas de bronce con una capa de cromo que las hacía resistentes a la oxidación), el mercurio (cuya existencia desproporcionada ha sido detectada por meticulosos análisis del terreno) podría resultar fuertemente tóxico con el paso de los años, incluso se habla de trampas explosivas... El palacio, que ya ha sido parcialmente mapeado en 3D usando escáneres volumétricos, ocupaba un espacio de 170.000 metros cúbicos. Esa es una cuarta parte del tamaño de la Ciudad Prohibida de Pekín.

Una sombra de duda recae sobre el destino de este tesoro. Según las crónicas "Historia de Han" y el "Libro de los Ríos", el mausoleo fue destruido cuatro años después por el general rebelde, Xiang Yu. Li Daoyuan (466-527), autor del Libro de los Ríos, hizo constar que Xiang Yu, después de tomar la capital Xianyang, empleó a trescientas mil personas para sacar las joyas del mausoleo durante 30 días, y no logró acabar con todo. Posteriormente, los ladrones robaron el ataúd de bronce del Primer Emperador. Luego, un pastor entró al palacio subterráneo con una antorcha en busca de sus ovejas perdidas e incendió por incauto todo el mausoleo y dicen que el incendio duró más de 90 días.Esta es la versión más popular sobre el destino del mausoleo. Sin embargo, en los Registros Históricos, escritos 100 años después de la muerte del Primer Emperador de Qin por Sima Qian, hay un capítulo especial dedicado a ese emperador en el que nunca se hace referencia a la destrucción de su mausoleo.

Los arqueólogos chinos que han llevado a cabo investigaciones sobre el mausoleo, en las que han abierto más de 200 pozos de exploración sólo han descubierto dos pozos excavados por ladrones de tumbas. Los pozos tienen 90 milímetros de diámetro y nueve metros de profundidad. No obstante, los pozos de los ladrones se ubican a centenares de metros del centro del mausoleo y no logran llegar al palacio subterráneo. Es así que, quizás, para admiración y regocijo de la actual civilización; tengamos que contemplar con humildad las extraordinarias realizaciones de un pueblo al que nunca supimos apreciar y que tanto nos ha podido enseñar. Entre otras cosas, sí, la dictadura y la locura; pero también la espiritualidad, el arte, la perseverancia y la ciencia.




NOTAS:
Para los interesados en este libro y en el magnífico mausoleo del Primer Emperador os dejo estos interesantes enlace:

SINOPSIS DEL LIBRO: 

Elvira, una pintora española afincada en París, recibe la noticia de que su marido ha muerto en su casa de Shanghai. Acompañada por su sobrina, parte desde Marsella en barco para recuperar el cadáver de Rémy sin saber que este viaje es sólo el principio de una gran aventura por China en busca del tesoro del Primer Emperador.
Al pisar por fin tierra firme después de una travesía interminable, comenzará para Elvira y Fernanda la mayor peripecia que nunca hubieran imaginado vivir. Sin tiempo para reaccionar, se verán perseguidas por los eunucos imperiales y los sicarios de la Banda Verde, que quieren robarles el «cofre de las cien joyas».
Huyen en un viaje apasionante por el corazón de China hasta Xi'an, donde, con la ayuda del anticuario Lao Jiang, la sabiduría oriental del maestro Jade Rojo y la inteligencia de Biao, podrán descifrar las claves y superar las arriesgadas pruebas para encontrar el tesoro de la tumba del Primer Emperador y la última pieza del secreto mejor guardado de la historia de la Humanidad.

LA AUTORA: 

Matilde Asensi cursó estudios de periodismo en la Universidad Autónoma de Barcelona y trabajó durante tres años en el equipo de informativos de Radio Alicante-SER.

Después pasó a RNE como responsable de los informativos locales y provinciales, ejerciendo simultáneamente como corresponsal de la agencia EFE, y colaborando en los diarios provinciales La Verdad e Información. Desde 1991 desempeñó un puesto de trabajo en el Servicio Valenciano de Salud. Ha sido finalista de los premios literarios Ciudad de San Sebastián(1995) y Gabriel Miró (1996) y ha ganado el primer premio de cuentos en el XV certamen literario Juan Ortiz del Barco (1996), de Cádiz, y la XVI edición del premio de novela corta Felipe Trigo (1997), de Badajoz. La obra de Asensi ha sido traducida a 12 idiomas, estando presente en países como Estados Unidos, Rusia, Alemania, Corea, Lituania, Francia e Italia, entre otros.

Con 5 títulos en el mercado y más de 3.000.000 de ejemplares vendidos, Matilde Asensi se ha convertido en la autora española que más vende. De El origen perdido, su anterior novela, lleva vendidos 500.000 ejemplares.


APARTADO GRÁFICO: 

Recorrido de los  protagonistas a lo largo de la novela.

Monasterios de las montañas Wudangs, donde los protagonistas
 recibe ayuda de los monjes expertos en artes marciales.

Vista aérea de la colina-túmulo.



Colina artificial donde se asienta el Mausoleo del emperador. en la vertiente 
norte de la Montaña Lishan a 5 km del Dist. Lintong de la ciudad de Xi´an, 
provincia de Shaanxi.

Acceso turístico a la colina del Mausoleo. 



Infografía de la Pirámide bajo la Colina con las murallas
exterior e interior, las cuatro puertas y los tres niveles.

Imaginaria representación del interior del palacio en el túmulo.


Disposición del túmulo y los alrededores con los numerosos descubrimientos. 

Comparativa de los respectivos tamaños de las construcciones 
funerarias más grandes del mundo. 

lunes, 8 de junio de 2015

Árboles.


Te gustan los árboles -comentas bajo los artículos del blog que a ellos dedico de forma recurrente-. Me gustan sí, lo confieso y lo proclamo.¿Cómo no habrían de gustarme? Hace ya millones de años que mis genes se multiplicaban sobre sus ramas. Les debemos tantas cosas... A su sombra crecí, por su tronco trepé, en su copa me alcé, en su follaje me escondí, su flores recogí, sus frutos robé, de sus ramas caí... En su tronco grabé un corazón asaetado, con su corteza esculpí el barco viajero de mi niñez, con las horquillas de sus ramas construí mi tirachinas, en su tronco viajé por el río, en sus nudos apoyé mi casita de madera... Su umbría agradecí, su frescor celebré, la luvia dorada de sus hojas admiré, sus raíces envidié, su corteza acaricié, su fuerza veneré, su silueta contemplé, sus ramas en danza gocé... Me encandile con sus habitantes: con la ardilla me extasié, con la paloma me sorprendí, con la urraca me asombré, con la humilde hormiga me embobé, con la mariposa me fasciné, con el búho me sobrecogí...

Noble árbol:

Estás en el corcho de mi botella, en el papel en que escribo, la silla donde me siento, el tronco de mi cabaña, la rueda de la carreta,  la horquilla del tirachinas infantil, la astilla de la hoguera, el leño en el fuego, la viga maestra de nuestra casa, el piso cálido donde  poso mis pies desnudos, el bastón de mi vejez, el palillo de mis dientes, la cuchara de mis guisos, la carne de mi lápiz, los muebles de mi casa...

Eres piel de los barcos, esqueleto de las casas, mesa y silla de mis días, escalera de mis anhelos, amarre de mi hamaca, frescor de mis tardes, refugio de alados seres, torre de las hormigas, imperio de la ardilla, reino del  mono, posada de las  aves,  anclaje de la tela de la tejedora araña, galerías de termitas en xilófago festín, cueva de roedores, oficio de carpinteras aves, fábrica de la vida, viva red bajo la tierra, apoyo de mi espalda, hito del camino, pastor del río...

Escucho tu conversación en el fragor del bosque: hablas con rumor de hojas, crujidos de ramas, crepitar en el fuego. Prestas tu auditorio a los pájaros, tu silbato al viento, eres pulmones de guitarra, tráquea de flauta, garganta de violín, tañido de castañuelas, estrépito de carracas, soporte del tambor...

Me has regalado hermosas flores perfumadas, frutos que me alimentan. Me ofreces el observatorio de tu copa en los atardeceres, la danza de tus ramas, la medicina de tus hojas y tu corteza; las proteínas de la seda...

Te llamas encina y eres totem sagrado de los celtas; tejo de fidelidad, de amor, de arcos eficaces; teca de luvia, ébano misterioso, poderoso baobad, , almendro cumplidor, provechoso naranjo, alegre cerezo, robusto alcornoque, membrillo tierno, agitado laurel de Dafne, olmo a las orillas del Duero, roble de Guernica, olivo de aceite,  resistente pino resinoso rey del páramo... Posees fortaleza de roble, vigor de cedro, gentileza de palmera,  cabellera de sauce, perfume de magnolia, generosidad de frutal.

Viejo árbol:

Como una mano hundida en la tierra, agarrando su esencia mineral, elevas tu brazo vegetal hacia el cielo donde tus venas verdes se dividen en mil bifurcaciones vegetales.  Antes de que seas sin juzgar decapitado por el hacha del leñador  y lágrimas de ámbar broten de tu tronco cercenado exhalando un poderoso olor a trementina que inunde el aire; antes de que te conviertan en serrín, virutas, astillas y troncos inertes; antes de que tu cuerpo -corazón de fuego- inflame tu alma ardiente en una chimenea; antes de que te reencarnes quizás en carbón lejano; antes de que el afán desforestador acabe contigo en la orilla de un bosque, antes de morir de pie y muerto caer al suelo y yacer y volver a ser suelo y subir de nuevo al cielo; permite que, mi cuerpo muerto acuesten en la tierra a tu lado y hunde tus raíces en mi carne, quiero que operes en mí la alquimia de la vida eterna.

viernes, 5 de junio de 2015

Una huerta en en medio de la ciudad


El huerto Molinillo, quién lo diría, está en medio de la ciudad. Su topónimo, tomado de la calle que le da entrada es una reliquia del nomenclátor, con cierto valor arqueológico, que nos habla de aquellos tiempos en que la ciudad era más pequeña y los huertos se extendían a partir de sus murallas. Algún pequeño molino tomaba entonces sus aguas en el cercano Arlanzón muy cerca de esta zona.  Es un huerto urbano 100%. Su codiciado terreno, valorado en términos de edificabilidad, tendría un precio casi astronómico. Pero es un huerto de convento, un espacio cerrado a cal y canto donde unas monjas, durante un siglo, cultivaron sus verduras para  su propio abastecimiento. En los últimos años este convento de las monjas trinitarias que actualmente solo alberga 7 monjas, algunas muy ancianas, tenía la huerta completamente abandonada y presentaba el aspecto agostado de la ilustración.  

Pero, algunos ojos inquietos habían tiempo que se habían  fijado en las posibilidades de dar uso a estos terrenos, entonces yermos, creando de una tacada un triple beneficio social: cuidar y mantener el huerto de las monjas pagando un alquiler, dar salida a algunos ingenieros agronómos actualmente en paro y promover una agricultura ecológica y solidaria. Miembros de la Fundación Alter y Promoción Solidaria alquilaron el terreno y crearon grupos de consumo de soberanía alimentaria. La idea era evitar los intermediarios y potenciar el consumo cercano y sostenible. Así nació la Huerta Molinillo, con un invernadero de 1.500 metros cuadrados, que proporciona cestas semanales de alimentos a 60 familias a un precio razonable.

Al proyecto le pone cara Rafael Martínez, miembro de las dos agrupaciones citadas, que dirige la iniciativa. pero son muchas las personas que colaboran con su trabajo desinteresado. Lo sé muy bien, pues mi hermano y mi cuñada nos han dejado "plantados" algunas veces para pasar algunas horas ayudando en las tareas de la huerta. Después de una inversión inicial en la que las organizaciones citadas y muchos ciudadanos particulares aportaron el capital necesario para herramientas, maquinaria, invernaderos, riego... la huerta se puso finalmente en marcha en febrero de 2014.  La prensa local se hacía eco de la noticia. 


Rafa Martínez resumía así la filosofía del proyecto:
«Vamos a devolverle el uso que tuvo la finca y que las monjas ya no podían otorgarle. Plantaremos cebollas, zanahorias, tomates, puerros, calabazas, patatas, guisantes, judías, pimientos, calabacines, coles, habas... con la idea de que sea accesible y asequible para los socios de la iniciativa» ... «Lo que se busca es vincular el producto con el consumidor y hacer responsables a los consumidores de lo que comen, sin intermediarios. El planteamiento es el de soberanía alimentaria, que está en contra de las empresas transnacionales que comercializan con alimentos, que los productos no tengan que recorrer cientos de kilómetros provocando miseria en los países de origen para que nos lleguen... Es volver a vincular al agricultor con el consumidor», añade mientras recuerda la frase de Gustavo Duch: «Mucha gente pequeña, en muchos lugares pequeños, cultivarán pequeños huertos… que alimentarán al mundo».

El carácter social de la iniciativa se ve reflejado en estos comentarios editados por el Diario de Burgos del 5 de mayo:  "Está pensado también para subrayar el valor de acercar el producto, garantizando unas buenas prácticas agrícolas, una ausencia de tratamientos químicos y evitando las injusticias que se cometen en las zonas de producción cuando éstas se encuentran lejos: la rentabilidad de la venta en Europa sería imposible si no es partiendo de agriculturas intensivas, sueldos bajísimos para los productores o, directamente, prácticas abusivas."

La  huerta empezó a dar sus frutos en septiembre y desde entonces, los socios cooperativistas, reciben una cesta de unos cinco kilos con verdura de temporada. Cuando los productos agrícolas escasean suplen esta carencia con productos adquiridos a agricultores de confianza de varios pueblos burgaleses que les  proporcionan legumbres y otros productos alternativos. El terreno está acondicionado sobre bancales y permite a los curiosos visitantes pasear entre las siembras. El riego es por aspersión y goteo y los techos de los invernaderos, montados por una empresa especializada de Almería, permiten la apertura cenital para regular automáticamente el calor. El abono, estiercol de oveja, lo obtienen de un pastor del pueblo de Monasterio de Rodilla y cuentan, para el especifico calendario agrícola de Burgos,  con el asesoramiento del propietario de la explotación agrícola de La Montañuela en el Valle de Tobalina. Ello hace que puedan escribir en su blog optimistas comentarios como este del pasado jueves, 4 de junio: "Con la buenas temperaturas que hemos tenido las semanas pasadas, la huerta está dando mucho fruto. Las cebollas y los guisantes ya se recogieron, pero ahora es el turno de la alubia verde, que está en plena floración y promete unas vainas muy tiernas y sabrosas. La fresa sigue dando unos frutos espectaculares y la patata se nos desborda del bancal. También están empezando a salir los pepinos, los pimientos y los tomates (¡increíblemente pronto para Burgos!) que harán las delicias de todas y todos ya en junio"

Desde hace algún tiempo complementan su producción en invernadero con una explotación a cielo abierto en Rabé de las Calzadas, junto al Camino de Santiago.

NOTA: 
Que escriba en mi blog sobre los huertos urbanos es una iniciativa que surge de la experiencia familiar. Dos de mis  hermanos participan activamente en la cooperativa y adquieren dos cestas semanales. han colaborado económicamente y han trabajado duro (recuerdo el día que fueron a comprar los guantes y la azada). Las verduras de la cesta (en realidad una caja de plástico) están buenísimas y mis padres (destinatarios de una de ellas) han comido sano durante todo el año aunque se quejen del exceso vegetal de su actual dieta. Hace un par de meses tuve la oportunidad de visitar personalmente El Molinillo acompañando a mi hermano Miguel a recoger su cesta semanal. Allí, en una caseta de madera, se alineaban las cestas con sus productos equitativamente repartidos: acelgas, ajetes, patatas, fresas, alubias, fresas... Bajo los invernaderos muchos bancales recién sembrados con los primeros brotes asomando: "Han brotado hoy todas las judías, decían admirados" mientras retiraban algún caracol que se desperezaba ante los brotes tiernos. Con amabilidad nos explicaron el funcionamiento de aspersores e invernaderos y nos hablaron de los cultivos en curso. Mientras  acudían los visitantes ocasionales o los socios a retirar su cesta, los chiquillos (hijos de colaboradores y visitantes) jugaban felices entre algunos enseres del recinto. Ciertamente los productos logrados con tantos cuidados y trabajo son más caros que los comercializados.  Pero da gusto ver lo bien que funciona el proyecto y los réditos sociales que implica. Felicitaciones a los protagonistas.

Por otro lado en mis paseos mañaneros por la orilla del Canal del Henares paso al lado de los huertos de ocio y autoconsumo que el Ayuntamiento de Alovera  pone a disposición de los jubilados del p ueblo. Da gusto contemplar como crecen las lechugas, como maduran los tomates, o trepan las judías  por los soportes de caña... Los mayores que los cuidan se entretienen y charlan animados la mayor parte del tiempo (aunque también trabajan) y después llevan orgullosos sus verduras a casa para invitar y regalar a la familia.       


jueves, 4 de junio de 2015

Ventanas


En nuestra mirada el rectángulo arrasa. La visión se apantalla sobre los dispositivos multimedia. Nuestros ojos redondos, desconcertados, apenas dominan el estrabismo a que les obliga la cuadratura del círculo para el que fueron originalmente diseñados. La bola de cristal se tornó tableta. Medimos los tamaños de los dispositivos en largo por ancho, describimos su superficie por las pulgadas de su diagonal. Miramos la vida a través de infinitas ventanas.

Los hombres construimos una enorme colmena de celdas rectangulares. El paralelogramo rige nuestros diseños. Y en cada celda proyectamos nuestras vidas. Lo hacemos desde los ventanales de nuestra vivienda, desde las terrazas de las casas, desde la TV, el cine, el ordenador, la táblet, el móvil, las paginas de los libros...  la realidad cuarteada en un picadillo perpendicular. Nos sumergimos en el batiburrillo de la colmena urbana, nos perdemos en el menudeo de los blogs.

Las bitácoras proliferan en los cinco continentes. Existen en el mundo más de 200 millones de blogs y su número se duplica en menos de un año. Se da una sobreexposición de experiencias, opiniones y creencias. Ofrecen, al que sepa mirar, una extensa información forense del estado actual de la humanidad. Algunas, entre las que se encuentra el presente blog exponen a veces, sin pudor, intimidades más o menos veladas; lo suficientemente crípticas como para solo ser comprendidas por iguales. Pero, por si acaso, me guardo muchos borradores en la nube y espero que nunca lluevan.
  
Alma gemela, has de saber que aquí, desde la ventana abierta del alma, te espero. Depredador social, desde la ventana indiscreta de mi pantalla, te vigilo. Viajero del ciberespacio, desde la hospitalidad de mi blog, sé bien recibido. Compartamos sentimientos. 

miércoles, 3 de junio de 2015

Palimpsesto


Me dirijo al Parque del Retiro. La Feria del Libro se inauguró ayer mismo y pienso recorrer su larga hilera de casetas curioseando las novedades, reconociendo autores, contemplando en carne y hueso los escritores que firman sus ejemplares... Antes me detengo un momento. La comida y el calor invitan a una siesta bajo los grandes castaños cercanos a la entrada. Las casetas habrán de esperar. Al igual que yo, decenas de personas se tienden en la hierba bajo los árboles entregados a la clemencia de su sombra. Las casetas habrán de esperar. Dormitando apenas unos minutos acabo pensando en los hermosos ejemplares que contemplo tendido desde el suelo. Los árboles, erguidos durante décadas, extendiendo al sol sus decenas de millares de  hojas escritas por el tiempo muestran en  sus páginas las viejas historias del parque. Historias de pasiones amorosas sobre la hierba, catálogos de sensaciones de bebés asombrados desde su sillita, alegres excursiones de triciclos motorizados que conducen excitados los padres con sus pequeños, caminantes sin rumbo, exploradores con plano, confidencias de amigas en lentos paseos por los caminos de grava,  nostalgias de viejecillas descontando los últimos paseos de su biografía...
Las viejas hojas escriben en sus haces anotando en sus sus nervaduras historias secretas. Escriben sensaciones en su envés, encuadernaron sus ápices en el tronco formando el hermoso volumen verde de una novela grandiosa. ¿Quién lee tus historias, viejo árbol, castaño de indias de flores cumplidas, de frutos incipientes?  Las palomas pasan las páginas con sus alas desplegadas, las golondrinas leen los renglones de tus nervios extendidos... Sólo ellos saben las historias olvidadas, los argumentos perdidos del paseante, el guión cierto de las vida desconocidas.Una hormiga recorre los verdes haces del follaje leyendo la historia interminable de la vida.  Un pájaro se detiene  ante el fruto apetitoso, ante una cromática ilustración en el texto esmeralda.
Libro original, libro vivo: antes de que a tu argumento hagan papilla y blanqueen tu cadáver para escribir una historia impostora yo reivindicaré el palimpsesto de tus borradas, el mensaje antiguo del papel; la historia real de la celulosa viva del árbol del parque. Esa historia de la que fuiste testigo desde el picado cenital de tu punto de vista aéreo: historia sencilla de cálidos afectos, de tristezas solitarias, de viejas nostalgias, de infancias felices, de miradas desapasionadas, de lujurias contenidas... Historia nacida y crecida con el agua,  abonadas con vidas agotadas, escritas con los rayos del sol, alineadas por el viento, extendidas en el aire ante la luz... Bajo tu copa juegan los niños en la fuente, sujetan globos de felicidad, persiguen mariposas, buscan iguales,  provocan a los adultos con una sonrisa de complicidad, coleccionan sensaciones junto al estanque: el frescor del agua, el dulce sabor de un caramelo, el suave forcejeo del globo de helio, el vistoso vuelo de una paloma siempre perseguida pero nunca alcanzada, la suave humedad y el tacto de terciopelo del césped, la seguridad del gesto protector de la madre, la caza misteriosa de la hormiga...

Entre este  universo de lectores que se congregan en torno a la feria, yo escribo; escribo como los árboles historias y sensaciones para pájaros viajeros, para aves migratorias que leerán de paso las impresiones anotadas en la hoja caduca. En otoño caerán. No serán más que el recuerdo ocasional del primer día de junio. Las palomas brindan con el pico mientras beben el agua de la fuente. Las historias que pueblan el mundo  pasan a mi  lado y yo no sé leerlas, no sé traducir su lenguaje personal, intransferible.
Los niños disfrutan de lo que toca: de lo que buscan, de lo que encuentran. Se entretienen cual mariposas.
Una larga  procesión de carritos avanza bajo los copas: sillas de ruedas oupadas por ancianos, impedidos...historias acabada que se aproximan al punto final, arrastrando la pluma por sus últimos renglones.

Hojas caducas que el viento arrancará y serán molidas por la meteorología de la vida, por la erosión del tiempo... bajo la tinta nueva de los libros de la feria, yacen muertas esas otras historias escritas en los árboles. A veces la mejor historia está oculta. Fue borrada creyendo que lo nuevo era mejor. Yo te reivindico, viejo árbol, escritor de historias que nadie leyó. Como tú, yo hoy escribo, apoyado en tu tronco; cuento las historias que pasan a tu lado y, por un día, añoro el palimpsesto de cada libro de la feria. Esa historia secreta que nadie conoce, excepto tú, viejo árbol, y yo. Hoy compartí contigo el antiguo oficio de escritor de la vida. Junto a tí, apoyado en tu tronco, mientras subía lentamente la tinta hacia tus hojas.