domingo, 31 de mayo de 2015

¿Derecho a despreciar?


No soy monárquico. Pienso que la monarquía es una institución desfasada. Incluso no la acepto ni siguiera en la historia aunque, desde Mesopotamia, se impuso como forma de gobernar la complejidad de las tribus agrupadas en grandes poblados, en ciudades, en multitudinarias naciones...
No soy nacionalista. Pienso que las naciones agrupan los individuos con pretensión de cohesionar identidades y promover formas culturales, favorecer economías prósperas y defenderse mejor contra posibles enemigos (entre ellos otras naciones con los mismos intereses). Pero sobre las naciones está el vasto mundo, y entre ellas y dentro de ellas, multitud de personas que las transitan, que se relacionan en un nivel superior al patio de vecinos de los intereses nacionalistas.
No soy demasiado aficionado al fútbol espectáculo. Pienso que es un deporte, sobre todo, para jugarlo. Y aún admirando la belleza que a veces producen los diversos lances del juego; no son comparables estéticamente con las acrobacias de otros deportes. Odio, eso sí, las lacras que lleva asociada su comercialización y las asociaciones emocionales y tribales que conlleva..

Pero ante la masiva pitada en la Copa del Rey a nuestro himno nacional no puedo sentir más que indignación. Y acompañando a esta emoción, motor de la cólera, un conjunto de sentimientos negativos: tristeza, desaliento, vergüenza, extrañeza, agravio...

Esta vez, no he  podido dejar de sentir simpatía por nuestro rey. Él solo, flanqueado de un personaje que sonreía manifiestamente la desvergüenza, frente a 10.000 silbatos. En pie, aguantando el chaparrón del desdén, la tormenta del desprecio. Para mí, él fue el ganador de la noche: por su actitud, por aceptar afrontar un destino que conocía, pero dando la cara. Rey mío a mi pesar, Felipe VI, nunca votaré  por ti, por la institución que representas; pero me tomaría unas cañas contigo con mucho gusto.
Respecto a los nacionalistas que se  pitorrean del himno ajeno, ¿qué puedo decir?. ¿Están seguros de que serán capaces de aguantar estoicamente como el rey  Felipe una pitada semejante a sus símbolos patrios cuando, si llegara el caso, se independizaran? Preveo hierro y fuego para doblegar discrepancias con los discordantes. Al tiempo. Pero después de esto perderán sentido sus argumentos sobre librerías catalanas asaltadas, insultos antinacionalistas, derecho a decidir ¿o despreciar?. No existen categorías en el respeto al otro. No podemos caer en la trampa de que hay otros mejores y otros peores. Recuerdo a una catalana nacionalista, familiar cercana, que nos invitó a compartir unos días su casa en la localidad suiza de Les Brenets. Por aquellos días era la fiesta local y asistimos curiosos a conocer sus tradiciones: su famosa sopa, la comida fraterna, su himno... Aquel himno, en francés, se distribuía en unas cuartillas y una de ellas cayó en mis manos. Comencé a leerlo (algo de francés recuerdo del cole) y al traducir aquellas frases algo ingenuas y pomposas, sonreí y se lo mostré a nuestra anfitrión. Ella censuró mi actitud y con gesto reprobador me aleccionó sobre el respeto a las tradiciones y los símbolos de los pueblos... ¿Que habrá pensado de esta falta de respeto tan flagrante y grosera?. Cuando la seguía en facebook llenaba su muro con noticias de este estilo y las acompañaba, a veces, con comentarios desdeñosos hacia "los españoles".
Y el fútbol... Alguien me tendrá que explicar muy despacio porqué unos equipos que "desprecian" una nación, una figura, un himno; se apuntan con manifiesto interés a participar en un acontecimiento que organiza "la bicha" que detestan. Tampoco soporto la hipocresía de unos códigos de honor en unos  jugadores tan refinados, que muestran una indignación ostentosa por una jugada de Neimar que pretendía ridiculizar a uno de sus defensas, pero permanecer pasivos ante una pitada semejante o en las declaraciones en la prensa. Menos mal que existen algunas personas sensatas aún en este mundillo: si no fuera por Vicente del Bosque, me habría alejado definitivamente de él sin  volver la cabeza.

¿De dónde han salido los 10000 silbatos? ¿Quién les ha aleccionado para semejante falta de respeto? Que alguien me lo explique. Puedo asegurar que aquí, en los colegios, no enseñamos ese tipo de cosas.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Bajo un árbol del camino


Sentado a la sombra del único árbol, un poderoso chopo al final del camino, me detengo un momento. Aquí muere la senda perdida en el límite de un extenso trigal. En este punto me siento y apoyado en el tronco inclinado de este viejo ejemplar, escribo.

No quiero dejar pasar, sin recogerlos al vuelo, el desfile de sensaciones que me invaden: la caricia del tibio sol de mayo, el fresco beso del aire de la mañana, la alegría de los diminutos estandartes de la avena al viento, la devota reverencia de las espigas al sol de las diez en punto, la falange de tallos perfectamente formados con sus carcaj de espiga repletos de saetas afiladas, el vuelo errático de los insectos... Apoyo mi espalda en la rugosa y áspera corteza del tronco gris y miro los incontables abanicos de sus hojas creando reflejos parpadeantes con su envés al capturar el sol. Los pájaros planean a medio metro sobre las espigas y el viento aúlla suavemente, como disculpándose por asustarme. Una avispilla se inclina sobre el amarillo mantel de pétalos de un diente de león; desayuna -son las 10- el néctar almibarado que le ofrece la flor. Más allá, lejanas, a más de un kilómetro en el horizonte se alza la franja gris de las naves industriales: el polígono de Cabanillas. Ante ellas se distinguen, veloces, los vehículos que circulan por la carretera que lo rodea. Hacia el sur, bajo el sol que se levanta sobre la árida ladera del Valle del Henares, se extiende un arrugado manto de cárcavas y barrancas, cubiertas apenas por una vegetación rala, verdinegra, que apenas destaca contra los ocres de la arcilla reseca. Es un horizonte oscuro de sombras borrosas, territorio de conejos y cazadores en el que solo ellos se aventuran. Enfrente de mí, a un centenar de pasos, se alzan, bien cuidadas, las moradas hileras de los ciruelos japoneses del vivero y el verde brillante de los arces.

Yo, que plantaría mi tienda para prolongar en una eternidad este instante de reposo, me levanto pues he de seguir. Ha sido solo un respiro, un pausado descanso, en el agradable caminar del paseo de las mañanas. Hoy, mayo, pasaste junto a mí y no pude evitar tomar prestado un puñado de tu hermosura.

martes, 26 de mayo de 2015

Caperotwitter y el lobofacebook feroz



Un día, la mamá de Caperotwitter le encargó que hiciera una visita virtual a su abuelita para enseñarle unas preciosas fotos de la tarta que acababa de hacer. La niña subió contenta a su habitación y abrió la tablet entusiasmada. Mientras enrutaba el dispositivo hacia el perfil de su abuela se entretuvo embelesada en los apremiantes mensajes de su cuenta de tiwtter, y se distrajo con las llamativas fotografías del  bosque digital que poblaban su facebook. Perdió la noción del tiempo mientras veía vídeos de animalillos graciosos, de grupos musicales y de bromas divertidas. En ese bosque fascinante muchos de sus habitantes habían solicitado su amistad y ella, generosa, aceptaba su demanda sin reparos. Era hermoso tener tantos amigos. Lobofacebook, que había observado los hábitos exploratorios de la niña, obtuvo así permiso para introducirse en su círculo de amistades y compartir su espacio de confianza. Como era muy astuto había creado una cuenta falsa a nombre de su abuelita clonando el contenido de la despreocupada anciana, así que ahora, estaba escribiendo mensajes en su nombre y publicando divertidas fotos que llamaban poderosamente la atención de la niña.

Caperotwitter, comentó asombrada una foto de su abuelita
- ¡Abuelita, abuelita! ¡Qué vestido más raro llevas! ¿Porqué vas en bañador, si no estás en la playa?
- Es porque hace calor, Caperotwitter.      

Seguían llegando más fotos...
- ¡Abuelita, abuelita! ¿Porqué te quitas más ropa? ¿Vas a ducharte?
- Es porque así estoy más cómoda, Caperotwitter. Y tú deberías hacer lo mismo, verás que a gusto se está...

La última foto sí que era extraña.
- Abuelita, abuelita: ¿porqué eres tan peluda?
- ¡Ah! ¿Acaso tú no lo eres? No me lo creo. Envíame una foto desnuda  para demostrármelo...

La niña se hizo la foto y se la envió. En ese mismo instante Lobofacebook devoró a Caperotwitter.

sábado, 23 de mayo de 2015

Fascinantes historias de la ciencia - 9: "La silla vacía"


Un día la familia de las matemáticas reivindicó un sitio para el ausente: la silla vacía. Cuando se llegó a incluir este concepto, por fin, en las matemáticas se descubrió una manera de representar el mundo mucho más sencilla y efectiva, definitivamente más completa y exacta. Nadie había considerado hasta entonces la utilidad de la nada y que ésta necesitara nombre y posición.. El cero es, en realidad, el primer número realmente abstracto pues es la ausencia de concreción. Es como descubrir de repente, en el mundo del color, que el negro no es color alguno, sino la ausencia del resto. El negro es el cero de la luz, así como la "h" el cero de los fonemas, y como la silla vacía guarda la posición de una persona ausente, de un estatus desocupado pero cuyo puesto no puede ser usurpado.

El cero es importante: Imaginemos que un día, al levantarnos por la mañana, nos encontramos con que el cero ha sido abolido por decreto. Abriríamos el ordenador en la oficina y encontraríamos, asombrados, que éste se cuelga  indefinidamente mientras se sobrecalientan peligrosamente sus circuitos al situarse todos sus millones de transistores en ON (1), todos activando paso de corriente: tendríamos un ordenador epiléptico con descargas continuas e incontroladas. Después acudiríamos a comprar pan en la panadería del barrio y el panadero nos cobraría el precio habitual marcado en la etiqueta: "1"; pero... ¿1 euro? ¿1 billete de 10?, ¿1 millón?. Llegaría el día de nuestro trigésimo cumpleaños y sobre la tarta luciría la solitaria vela del 3 ¡eso sí que sería un retorno a la infancia!. La única ventaja sería que no volveríamos a sacar "un cero" en el colegio...

Hoy el cero es un número popular; es usado en expresiones jocosas como "Multiplícate por cero", "Cero patatero", "He sacado un cerapio"... o peyorativas: "Eres un cero a la izquierda", "vales menos que cero" ... Pero el cero es un número con valor: cuando tienes "0" tienes mucho más que si tienes -35, por ejemplo. También tiene un poder desquiciante: ¿Cómo dividir una cantidad en "cero" partes?. No es de extrañar que las calculadoras nos respondan con ERROR. Los matemáticos llaman a situaciones como estas: "Indeterminación matemática".

Es curioso que ninguna de las civilizaciones occidentales (Grecia, Roma...), pioneras por otra parte en el desarrollo de la lógica y las matemáticas, desarrollara el símbolo del "cero". Es una idea, aparentemente tan sencilla, que choca que no se les ocurriera. Tuvieron que ser tres culturas diferentes y muy alejadas de Occidente las que cayeron en la cuenta de la importancia de este símbolo de ausencias.
La abuela de todas las culturas, Mesopotamia, que usó un sistema de numeración posicional, terminó utilizando marcadores (dos peqeñas cuñas inclinadas similares a las comillas) para indicar posiciones vacías, pero no llegaron a la consideración matemática de la nada: 5-5, por ejemplo, no tenía representación. Los egipcios, por su parte, desarrollaron un sistema en base 10 que nos resulta familiar, pero no articularon la representación posicional ni la idea de cero, aunque por razones prácticas y estéticas, acabaron colocando los números respetando grados y posiciones. Pero fueron los mayas, con sus torres numéricas (escribían los números mediante torres en las que cada piso se asociaba a un factor multiplicativo, es decir un sistema posicional vertical), los que utilizaron el cero intencionadamente para representar un piso vacío. El signo, además, era muy curioso: una especie de caracola o concha de diseño mucho más sofisticado que los prácticos puntos y rayas. El sistema posicional maya, con todo resultaba incompleto, pues las posiciones no se factorizaban siempre con potencias de 20 (base de sus sistema numérico) sino que el segundo piso (20x20) en realidad se multiplicaba por 360. Esa curiosa excepción les privó de la fascinante propiedad de multiplicar por veinte cualquier número simplemente añadiendo un cero en  el último piso.

El cero indio es la primera cifra con todas las propiedades del cero actual. De hecho es el origen de nuestro cero. Incluso la palabra deriva del nombre que ellos le pusieron y que los árabes nos transmitieron a los occidentales. La palabra "cero" proviene de la traducción de su nombre en sánscrito "shunya" (vacío) al árabe "syfr" a través del italiano.
En el centro de la imagen, cero en escritura Nâgâri, que dio origen a nuestra numeración actual.
"El cero indio representa vaciedad o ausencia, pero también espacio, el firmamento, la bóveda celeste, la atmósfera y el éter, además de la nada, la cantidad a no tener en cuenta, el elemento insignificante. 
Georges Ifrah 

En el valle del Indo se desarrolló una rica civilización desde antes del 3000 a.C. Su desarrollo matemático lo atestiguan inscripciones y edificaciones que requieren de cálculos complejos. Se tiene constancia escrita de su sistema de numeración: los numerales Brahmi, de alrededor del 1350 a.C. El sistema Brahmi terminó adoptando una notación posicional de base 10 hacia el s. XII a.C. Esta evolucionó a la notación Nâgâri que registraba las cantidades mediante el uso de tablas divididas en columnas con las distintas potencias de 10 como hacemos nosotros. Los números Nâgâri evolucionaron su escritura terminando pareciéndose asombrosamente a las cifras que nos  legaron los árabes y es muy posible que procedan de ellos.
Evolución del sistema de numeración Nâgârî.

Cuando se empieza a usar un sistema  posicional, tarde o temprano acaba llegando el cero como ocurrió con los babilónicos o los mayas. Parece que en el valle del Indo se usó el cero desde el 200 a.C. en forma de punto pasando posteriormente a escribirse como un pequeño círculo: el cero actual. Su uso como operador ya inspiraba incluso a los poetas:
"Un punto en su frente
 multiplica por diez su belleza
igual que un punto cero
 multiplica un número por diez."

(Poema sánscrito de Bihârîlâl)

El sistema de recuento indio es, probablemente, la innovación intelectual más exitosa jamás concebida por los seres humanos. Ha sido mayoritariamente adoptada y es lo más parecido que tenemos a un lenguaje universal.
El cero, finalmente, se impuso en Europa a través de España donde la cultura árabe lo había introducido. Sin embargo hasta bien entrado el  siglo XVI los comerciantes del norte de Europa no lo aceptaron totalmente. Durante toda la edad media hubo una gran resistencia teológica por parte del cristianismo al uso del cero al estar asociado a la la idea de vacío, de nada, de infinito... nociones estas heréticas para el cristianismo. Hoy en día ha demostrado su extraordinaria potencia matemática y ya nadie puede prescindir de él.

viernes, 22 de mayo de 2015

Terremoto


Tras la cena, el grupo de invitados peguntó por un café o alguna infusión.
-¿Tienes un té rojo?
No teníamos, pero me acordé de aquella petaca tejida con fibra vegetal que contenía un puñado de té nepalí, un regalo de mi hermano trotamundos que trajo como recuerdo de aquel verano en que estuvo haciendo trekking por el Himalaya. Nos lo entregó después de alabarnos sus cualidades: su sabor especiado, fuertemente aromático, liegeramente especiado y su hermoso color ambarino. Nos quedamos con la petaca que quedó reposando en el armario durante los  últimos 10 años.

Pero ese día tenía algo especial que dio sigfnificado a las arómaticas hierbas nepalíes. A nuestros vecinos les gustaban los sabores fuertes (entre las delicatessen del aperitivo habían tenído mucho éxito unos pimientos jalapeños cultivados en la huerta ecológica de los amigos de mi hermano), así que les ofrecí probar una exótica infusión.

- Os invito a un té remoto nepalí, les dije.

Me miraron sorprendidos. El seísmo en el corazón del Himalaya había dejado imágenes desgarradoras muertos y heridos, ciudades devastadas y míseros campamentos de personas inermes sin hogar. No comprendieron el pequeño jeroglífico que les planteaba.

Finalmente se lo expliqué. Tras probarlo, concluyeron que aquel té remoto tenía un sabor fuerte, amargo, mineral...

sábado, 16 de mayo de 2015

El caballo blanco



En el camino llevaba mi mochila y mi pena. Recorría las hoces del Tajuña por el lecho del río al fondo del tajo abierto en la tierra mientras mi pensamiento transitaba a su vez por las llagadas heridas del alma. Una verde tristeza me embargaba. La primavera mostraba su impúdica lujuria insinuándose obscena ante mi alma circunspecta.  Sentía una punzada de dolor en el pecho, como si en mi corazón se agitara el espíritu del fracaso. Al un lado del camino un toro me miraba. Era negro como mis pensamientos, amenazante como una tormenta. Me miraba enojado, irritado por mi insolente presencia. Esperé su acometida pensando lo que alcanzaría a correr con mis piernas cansadas. Al otro lado un caballo blanco, el más hermoso animal que  haya visto jamás, pastaba tranquilamente. Alzó la cabeza al acercarme. 
En ese momento se produjo un suceso sorprendente. Mientras el toro levantó la testuz, giró el cuello hacia un lado y al otro y se apartó con un salto nervioso alejándose unos metros; el caballo comenzó un suave trote directo hacia mí con actitud confiada. El corazón me dio un vuelco, por un momento pensé que me arrollaría con aquel cuerpo musculado y perfecto que brillaba en el claroscuro del bosque; pero permanecí tranquilo y extendí mi mano abierta esperando la llegada de su magnífica cabeza. Se acercó sin temor alguno y se dejó acariciar. Aproximó sus ollares a mi pecho olisqueando, reconociendo mi excitación. Estuve así con él un buen rato, hablándole como había visto en las películas, halagando sus oídos mientras le declaraba  mi admiración por su hermosura, agradeciéndole su compañía...  Con delicada paciencia, sin prisa, se dejó mimar un buen rato y después, sin alejarse, continuó pastando los brotes verdes al lado del camino. 

Me alejé lentamente. Cuando volví la cabeza, el negro toro aún colérico me miraba desconfiado mientras  el caballo blanco, no lejos de él, pastaba plácidamente. Yo continué mi camino con una sonrisa. Sentí su encuentro como la mágica visita de un Unicornio de pureza, como el inapreciable aliento de un  Vencedor de dragones.  

jueves, 7 de mayo de 2015

Que por mayo...




"Romance del prisionero"

Que por mayo era por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor,
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero ;
¡déle Dios mal galardón!
(Anónimo)


El azar (una clase de lengua, donde explicábamos el romance), me ha traído a la memoria este bellísimo romance anónimo. La sobria y sentida interpretación de Joaquín Díaz transmite perfectamente el lirismo de estos sencillos versos. Uno siente la tentación de comentar el texto al uso, en términos académicos. Podría decir que pertenece al Romancero Viejo, que es una expresión subjetiva de los sentimientos del autor, que está escrito en primera persona, que consta de 16 versos octosílabos... Podría hablar de las figuras poéticas: las aliteraciones, los paralelismos, las anáforas... pero siento que al hacerlo despojo al poema de su magia.

Y la tiene: es mágico y perfecto. Con una magia cercana a la cinematografía (magia como pocas). La mitad del  poema describe una ensoñación, nacida del recuerdo, de la primavera en mayo con una sucesión de potentes imágenes. Cualquier campesino de la Edad Media (momento en que se creó el poema) podría visualizar perfectamente esta sucesión de campos en flor, de trigos creciendo, de amores en la naturaleza... (los que hemos pasado algunas temporadas en primavera en el campo, reconocemos estas imágenes con claridad). Pero en medio del romance, en plena delectación de las dulzuras de la estación, nos sumerge en la oscura realidad del protagonista (ahora sabemos que está preso y habita  un oscuro calabozo). Nos describe perfectamente su desesperanza y nos apunta su único alivio: una avecilla que le canta al amanecer, su única referencia temporal, su único contacto con el mundo exterior. En seis líneas describe su negro destino; para destruir finalmente, con un par de versos geniales, su último resquicio de esperanza.

Me rindo a la inmensa tragedia de la muerte de un pajarillo. Algo tan pequeño y que representaba una esperanza tan grande... 

Quisiera ser trovador con el laúd a la espalda, recorriendo la campiña en primavera. Pasar al lado de un oscuro castillo e imaginar la historia de algún prisionero olvidado; soñar con conquistar el amor de una bella princesa, inventar la hazaña de la derrota de un dragón, cantar la dramática historia de unos amores imposibles... Ser un  pobre juglar, que nada tiene, que solo sabe acariciar el corazón de la gente con un poema. Pero a mi pobre musa me la mató un ballestero... ¡déle Dios mal galardón!.