miércoles, 26 de diciembre de 2012

23 de diciembre, en el Ocejón.





El 23 de diciembre en el corazón peninsular y a 2.049 metros,  no espera uno encontrarse a nuestra amiga montañera Chus, ágil y fibrosa, en camiseta de tirantes; o  a Pepa, la incombustible organizadora del club Alcarreño de Montaña con su gorrito de Papá Noel vestida con una liviana camiseta; y a la gente, despojándose de suéters y polares, y protegiendo apenas su pecho con una delgada camiseta térmica. Nadie llevaba gorra: ¿Quién iba a pensar que en pleno invierno la necesitarían? A final del día muchos acabamos, pues, con la incipiente calva enrojecida. 

Lucía un sol primaveral. Uno  recordaba entonces el año pasado brindando por el fin de la crisis en medio de una tormenta de viento y de cillisca. En el presente, la naturaleza parecía compensarnos con un premio gordo de la lotería metreorológica: el día era esplendoroso.

Tampoco era usual ver semejante aglomeración en la cresta que da acceso al pico Ocejón: más de trescientos montañeros en pie cantando villancicos acompañados por el ronco son de una zambomba y las risueñas notas de una guitarra. Y, desde  luego sorprendía, el trasiego de chupitos, el alzamiento de copas de champán, el beso a morro de la botella de sidra... La gente, en la fase etílica de la exaltación de la amistad, se fundía en abrazos y besos, nos saludaban con la boca llena de polvorones y se superponían las animosas conversaciones y las expresiones de alegría... Una docena de perros correteaba entre las peñas sorprendidos por ese regalo de naturaleza desacostumbrado:  sorteaban los pies de la manada humana aceptando con respeto su presencia y su primacía en el paso.

Junto a la pequeña plataforma del vértice geodésico esperaban pacientemente turno y  hueco para ser  retratados los orgullosos montañeros que consiguieron coronar la cima. A sus pies, por el valle del Campachuelo, tamizado en verde brillante de agallugas, sepenteaban como diminutas hormigas los rezagados cruzándose ya con los que regresan al pueblo de Majaelrayo o al más alejado de Valverde por el valle oriental.

Tras seis meses sin moverme apenas de las sillas retomé la actividad senderista con la ascensión tradicional al Ocejón en la provincia de Guadalajara: ¡Una temeridad! Apenas realicé un leve entrenamiento, pequeños paseos, tres o cuatro días de la semana anterior. Gracias a esa mínima preparación pude llegar a la cima, eso sí, pero lo hice imponiéndome un ritmo cansino, viejuno. A base de paso lento conseguí que no protestaron demasiado las articulaciones. No se hinchó la operada rodilla. No gritaron los tendones desde su rincón muscular... Pero sentí músculos que ni sabía que existían, flojeaban las piernas, pesaban los pies infinitamente... Buscaba, zigzagueando con los pies, el trayecto más horizontal posible. Sorteaba los numerosos salientes de pizarra, las agujas que se alzaban cruzando sus hojas aliladas sobre la senda...

Pero llegué. Y en lo alto, brindando por el fin de la crisis, olvidé las llamadas de auxilio de mi cuerpo serrano. Después de una hora en la cumbre apresuramos la bajada para llegar a tiempo a coger el autobús. Y, ya en el albergue junto a Camplillo de Ranas, me resarcí con dos platos de judiones con boletus, exquisitamente preparados, y una buena tajada de pollo asado. Sin olvidar una copa fantasía de yogur líquido con frutas. Mi amiga Estrella, al lado de Chus, no dejó de hablar en dos o tres horas, en medio de las protestas de la pareja de esta última que se asombraba de tamaña verborrea.

Para los  postres, se improvisó rápidamente un coro navideño que hizo un cumplido repaso de los villancicos clásicos y de los más tradicionales de la región. Yo, que no soporto bien el bullicio, salí a respirar el aire, fresco para entonces, de la sierra y a apurar los últimos rayos del atardecer sentado frente a la lejana cresta de la sierra tras la que pronto se ocultaría elsol. Apoyada mi espalda contra la negra pizarra oía amortiguados los ecos de los villancicos:

"Dale, dale, dale;
dale a la zambomba.
Dale, dale, dale;
hasta que se rompa."

Y yo me sentía prácticamente roto, descoyuntado. Había dado a mi cuerpo un zambombazo, de cuyo eco, en forma de dolores musculares,  no me libraría en varios días. ¡Pero lo había conseguido"

lunes, 24 de diciembre de 2012

El viejo Nicolás

"


Poco antes de su largo viaje en la Navidad de 2013 Papá Noel reflexiona sobre la transformación que, por unas cosas o por otras, ha ocurrido en su persona. Está preparando sus memorias, una debilidad que delataba que se siente un poco mayor, un tanto cansado...

Había nacido hacía más de 1600 años en la ciudad de Pátara, en una región de Anatolia conocida como Lycia que quiere decir Tierra de Lobos. Sus padres le pusieron Nicolás, pero son ya muy pocos los que le conocen por ese nombre. Muy lejos en el tiempo, el viejo Nicolás recuerda a sus queridos padres, ricos comerciantes que le colmaban de atenciones, y a su tío obispo Nicolás del que heredó el nombre. Con pocos años todavía la peste asoló el país y sus padres murieron dejandole huérfano. Aún está viva en su memoria la pena de aquellos días y su decisión de aliviar su dolor ayudando a los más necesitados. Al alcanzar la mayoría de edad, repartió su rica herencia entre los más débiles de la sociedad y los niños por los que siempre sintió predilección. Lo hacía humildemente, de incógnito; pero -recuerda con resignación- en una ocasión fue descubierto y esto ocasionó que, a partir de entonces, le fuera encomendada hasta la eternidad la misión que año tras año lleva a cabo en todos los países de raíces cristianas en el mundo: llevar a los niños los regalos de Navidad.

Todo empezó aquel día en que llegó a sus oídos los apuros de un pobre y anciano padre que no  podía reunir el dinero de la dote para el casamiento de sus tres jóvenes hijas. Nicolás se conmovió al imaginar la vida que les aguardaba: solteronas y avergonzadas de por vida. Compadecido, decidió introducirse una noche en su casa con una bolsa de monedas de oro que dejó en los calcetines de la hermana mayor. Reconfortado con la manifiesta alegría de la joven continuó sus incursiones dos noches más dejando dejando en cada ocasión una preciada bolsa en los calcetines de las otras hermanas y que estas ponían a secar sobre la chimenea de la casa. Recuerda vívidamente cómo fue descubierto por el anciano padre que, pese a sus súplicas, lo pregonó por toda Pátara. Su destino había quedado escrito en ese mismo instante.

De su vida a partir de entonces, pocos se acuerdan. Aún guarda en su ropero el traje de obispo que conserva desde que le problamaron como tal a los 19 años. Aunque su talla no le vale: por entonces era alto y delgado y no como ahora regordete y más bien bajito. También su cara se ha transformado y el gesto enérgico y serio de los iconos orientales donde le retrataron ha dado paso a la expresión risueña de un amable anciano con sobrepeso.  Suspira al pensar que su vida por entonces estaba repleta de acción y frenesí: milagros, conversiones, resucitanciones, cruzadas contra los herejes, presidios (sonríe al recordar aquella vez que quemaron su preciada barba en la carcel por orden del emperador Licino)... Pero sus recuerdos más dulces se refieren a sus viajes en burro llevando regalos a los niños de su diócesis. Sabe que murió hace tiempo, el 6 de diciembre del año 345, y sabe también que su cuerpo fue trasladado tras la conquista musulmana a la ciudad italiana de Bari donde se le venera desde entonces. Pero ahora se ha trasmutado en un ser especial, una especie de ángel atípico tan apegado  a las costumbres terrenales que no duda en brindar con coca-cola.

El caso es que, tras aquellos regalos a las jóvenes en Pátara  todo el mundo aprovechó la ocasión para resucitar una costumbre ancestral en muchos pueblos (romanos, babilónicos...) a lo largo de la historia: celebrar el solsticio de invierno con fiestas y regalos a los niños. Irónico destino el suyo, que luchó con determinación por erradicar los cultos paganos en su época, ordenando demoler el conocido templo de Artemisa en Myra. A partir de ahora, su historia era la escusa perfecta  para continuar una costumbre pagana revestida de motivo religioso: San Nicolás de Bari traería regalos a los niños cada Navidad.

Durante cientos de estuvo desempeñando su dulce y generoso trabajo en Europa (América aún no se había descubierto) y acomodó su actuación a las diferentes maneras que le solicitaron en cada  país. En general, repartía los regalos en la noche del 5 al 6 (el día de Reyes en algunos países como España), pero las disputas religiosas durante la Reforma hicieron que los protestantes alemanes reclamaran que fuera el propio Niño Jesús (Christking) quién repartiera personalmente los regalos. El pobre San Nicolás sufría por la disputa religiosa en que se vio envuelta la Cristiandad.  No le importó que fuera el mismísimo Dios Niño quién repartiera los regalos que se afanaba en acumular a lo largo del año: ¿Quién era él para hacerle sombra? Pero la tradición de muchos países seguía invocándole en cada Navidad. Lo que sí tuvo que modificar fue la fecha de las entregas: para homenajear al niño Jesús se trasladó la fecha al 25 de diciembre, día de su nacimiento.

Con el paso de los siglos y la influencia protestante, San Nicolás comenzó a esfumarse de la mente de los niños de todo el mundo. Sólo en Holanda aún se le recordaba con su atuendo de obispo, montado en un burro y llevando un saco con regalos para los niños buenos y un cesto de varas para los desobedientes (esto le desagradaba profundamente, no iba con su estilo; pero los padres debían encontrar una escusa perfecta para castigar las  pequeñas travesuras de sus pequeños). Más tarde las varas se sutituyeron por un pasaje en el barco donde él debía llegar (El Espanje, o España) que llevaría a los niños malos a aquel país (el castigo debía ser terrible pues Holanda estaba en guerra con España y los españoles tenían fama de sanguinarios, una especie de "Coco" con que se asustaba a los niños holandeses). San Nicolás llegó a tener un serio conflicto con los Reyes Magos, patronos de la Navidad en aquel país.

Su primer viaje trasatlántico ocurrió allá por 1624, cuando los emigrantes holandeses que fundaron la ciudad de Nueva Amsterdan (más tarde rebautizada por los ingleses como Nueva York) le llevaron  con ellos. Éstos le llamaban  (Sinterklaas). Con ese nombre, "Santas Claus", se extendió su fama por toda Norteamérica y tuvo que duplicar la producción de regalos.

Con el paso del tiempo, su historia se contó tantas veces, por tanta gente y de manera tan diferente que él mismo acabó por no reconocerse. En 1809, el escritor Wasingthon Irwing, escribió su Historia de Nueva York y describió su llegada a la ciudad. Su relato se hizo tan famoso que ya definitivamente, incluso los propios ingleses popularizaron su imagen sin sus estimadas ropas de obispo ni el querido caballo blanco volador que estuvo usando durante cientos de años. Unos años después apareció aquel  profesor de estudios bíblicos de Nueva York, Clemen C.Moore, que editó un poema trufado de pagana magia y leyendas laponas que le hicieron cambiar de look: tuvo que envejecer, modelar un cuerpo rechoncho y bajito (¡Por Dios, su santidad transmutado en gnomo! ¡Él, que fue de las  personas más altas de Pátara!). Además hubo de trasladarse a vivir a Laponia y domesticar unos cuantos renos para tirar del trineo de los regalos. Por añadidura le cambiaron la fecha de las entregas  y situaron su llegada la víspera de Navidad. Tuvo que realizar una dieta de engordamiento  para no defraudar a los pequeños. La puntilla definitiva de su desnaturalizado aspecto llegó al publicarse su nueva imagen en la revista Harper's Weeklya. Las ilustraciones de aquel  caricaturista político (¡Válgame Dios!) llamado Thomas Nastan le retrataron a partir de entonces gordo y le obligaron a trasladar toda su logística al Polo Norte.

De esta guisa vestido y con su nuevo y desmejorado aspecto realizó, avergaonzado, la vuelta a su continente natal. En los dos últimos siglos su nueva imagen regresó transformada a Europa llegando a Gran Bretaña y de ahí Francia, España y, en otro viaje trasatlántico más, a hispanoamérica. Puesto que los ingleses le llamaron Padre Navidad (Father Christmas) y los franceses Pére Noel, en España se le bautizó definitivamente como Papá Noel.

La guinda de la degradación de su imagen se la impuso la empresa Coca-cola. En aquella desgraciada campaña publicitaria de 1930, le dibujaron en un cartel anunciador escuchando peticiones de los niños en un centro comercial. El maldito sueco  Habdon Sundblom continuó diseñándole durante las sucesivas navidades hasta 1966 forzándole a aparecer asociado a la famosa marca de bebidas (¡Y sin cobrar, que al menos sus derechos de imagen podrían engrosar el saco de los regalos!). Desde entonces se obliga a maquillarse cada año, ante el espejo, con la imágen definitva del grueso y bonachón anciano de ojos picaros y amables, vestido de color rojo con ribetes blancos: los colores oficiales de Coca-cola.

El viejo Nicolás se siente cansado. Desterrado al Polo Norte, ya sólo es reclamado para conducir el Reno-Exprés del centro comercial. Ya no regala, sólo realiza entregas encargos de papás y mamás que dilapidan partes sustanciosas de sus sueldos en costosos regalos de efímera ilusión.  Hace tiempo que no regala dotes a desesperadas jóvenes casaderas, ni los niños se sorprenden ante la llegada de su burrito cargado de regalos inesperados...  los encargan por catálogo en el Corte Inglés. Quizás, piensa, mi tiempo se acaba. Pasea su trineo constelado de leds luminosos por las calles desiertas contemplando con tristeza los rojos muñecos, pobres títeres de sí mismo, colgados (casi ahorcados) bajo las ventanas. En el frío de la noche intenta su peculiar risa bonachona: Jo, jo, jo... que termina ahogada en un convulso ataque de tos.
- ¡Vaya, ya me he vuelto a resfriar!

sábado, 22 de diciembre de 2012

Microrrelatos de cine 6: "El autógrafo"


El autógrafo

 Se llamaba Concha Velasco y era la novia de España. Estaba allí, sonriendo, a apenas diez metros de nosotros. Yo la miraba embobado, agitado por el deseo de acercarme y pedirle un autógrafo; pero la vergüenza me paralizaba. Tenía a mi lado a mi hermano con dos años menos y se me ocurrió animarle a fuera él quien lo hiciera...

Él se acercó a la actriz y realizó su petición con una mirada suplicante. La joven actriz le sonrió y además garabateó una dedicatoria en la libreta. 

Risueño, vino a enseñarme su precioso tesoro. A mí me disgustó encontrar una dedicatoria ajena en "mi" autógrafo. Puse mala cara. Mi hermano, alertado por el gesto, me urgió que se lo devolviera.

-Pero, ¡si te he mandado yo! Te envié  para que le pidieras un autógrafo para mí...

Él reclamaba enrabietado su trofeo.

- ¡Dámelo, es mío!

Entonces, preso de la ira, rompí el papel en pedazos. Él se deshizo en lágrimas de furia e impotencia. Yo sentí pena por su tristeza al tiempo que irritación por su inoportuna rabieta. Cuando me pidieron explicaciones en casa nadie pareció entenderme. En el aire sonaban implacables, las palabras:

- Eres un egoísta... egoísta... egoísta...

viernes, 21 de diciembre de 2012

Microrrelatos de cine 5: "El exorcista"


 
El Exorcista

En el último día de internado convencí a mi amigo Marcos para escapar esa noche y acercarnos a Salamanca a ver "El Exorcista". La película tenía el punto de morbo que la hacía la aventura, incluso,  más apetecible.  Llegada la noche, cuando todos dormían , nos descolgamos por una ventana de la planta baja dejándola previsoramente sin cerrar.

Con la excitación de lo prohibido paseamos nuestros quince años por la noche salamantina y vimos la película en su última sesión. A las tres de la madrugada estábamos de vuelta frente a la ventana prevista, entonces comprobamos horrorizados que la habían cerrado. Quedamos paralizados largo  tiempo acurrucados contra la pared al abrigo de las sombras. Después nos sobrepusimos y exploramos el contorno del edificio. Lo circundamos varias veces hasta que dimos con un pequeño ventanuco elevado que estaba abierto y daba a las cocinas.  Alzado sobre los hombros de Marcos alcancé el pequeño hueco y, metiendo la cabeza, penetré en el interior a donde caí a plomo desde dos metros sin romperme nada aunque con considerable estropicio. Después logré izar a mi compañero. Sigilosamente nos dirigimos a nuestros cuartos y nos despedimos rezando por que nadie se hubiera enterado.

 

jueves, 20 de diciembre de 2012

Microrrelatos de cine 4: "El primer rodaje"


El primer rodaje.
ABRIR EN NEGRO (Aparece lentamente un calendario. Se trata de un calendario de taco pegado a la pared al lado de un viejo cartel con una imagen de la catedral de Burgos tras el paseo del Espolón a la orilla del río Arlanzón.) La cámara hace una transición desde el plano detalle de las hojas del calendario (5 de mayo de 1963) hasta una modesta cocina donde se detiene en plano medio sobre un niño y su madre. La madre muestra a su hijo un taumotropo que acaba de fabricar. El pequeño lo contempla con los ojos muy abiertos)
- ¿Cómo lo haces? ¡Déjamelo, quiero probar yo...!
Curioso el niño lo toma en sus manos y tira de los cordones. El pequeño disco empieza a girar y el pájaro libre es inmediatamente apresado por la jaula. Juega el niño a capturar la realidad, a manipularla y sorprender con ella. Está rodando la primera película de su vida.


miércoles, 19 de diciembre de 2012

Microrrelatos de cine 3: "La primera producción"



Anuncio del primer CinExin de la década de los 70.

La primera producción.

CORTINILLA.

 (PLANO ENTERO en el interior de una pequeña habitación. Una cama turca está desplegada desde el armario de la pared y ocupa el centro de la habitación. Se trata de una habitación infantil muy modesta. Una vieja colcha sobre la cama y sobre esta un "cinexin" con varios rollos de película en papel vegetal desperdigados alrededor. Un niño de 9 años y sus hermanos de 7 y 5 años están a un lado de la cama, tras el proyector de juguete. El mayor, nuestro personaje,  prepara un rollo realizado artesanalmente y dibujado por él mismo)

- ¡Esperad! ¡Con cuidado, Luis, no enchufes todavía! ¡Veréis que chulada...! La he dibujado yo...
 Los Reyes, aquel año, habían dejado un regalo muy estimado. Quizás supieran de la incipiente afición de aquel niño por el cine. En su habitación a oscuras se organizaban las "matinales" en cuyas sesiones la bombilla de 60 watios recalentaba la chapa y producía un sospechoso olor a cable y papel quemado. Como Tim Burton en Frankenwennie, como Spielberg en su infancia jugábamos a ser directores y crear nuestra propia película.
Fue con uno de estos proyectores NIC que (el relato está basado 
experiencias reales) montábamos nuestras películas en la pequeña
habitación de casa, allá por 1975).


martes, 18 de diciembre de 2012

Microrrelatos de cine 2: "Sesión continua"

Sesión continua

Los tres niños son hermanos. El mayor apoya la barbilla en la repisa de la ventanilla del cine REX  de Burgos mientras compra las entradas. Los dos más pequeños miran absortos las carteleras. En el programa de hoy se aprecian los posters de "Fantomas" y "La venganza del Zorro". El mayor pide 3 entradas de sesión continua. Un reloj al fondo señala las 3:30.
- Tres entradas por favor... ¿A qué hora cierran el cine?
- A las 12.
- Gracias.

 Luego pasan más de seis horas en el cine. Ven las películas dos veces. En otras ocasiones han intentado empezar un tercer pase, pero se hacía muy tarde y, en casa, los padres se enfadarían. No hay dinero para refrescos. Apenas para alguna chuchería. Cuando abandonan la sala es de noche.
- Ha estado bien la de Fantomas.
- Pues yo creo que la del Zorro es mejor.
 
Se pierden calle Santander arriba blandiendo espadas imaginarias y ensayando acrobacias imposibles sobre los bordillos y bolardos de la acera.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Microrrelatos de cine 1: "Una de terror"

Os dejo aquí un pequeño relato (autobiográfico, para más señas) que envié al I Concurso de Microrrelatos de Cine organizado por Escritores de Rivas. Quedó finalista. A conitnuación, consecutivamene, aprecerá cada día uno más hasta completar los cinco que envié.



Una de terror.

¡Mamá!, ¡Mamá! ... ¿Dónde estás?... ¡Mamá, ven!... ¿Por qué te has ido?...

La madre no acude. En esta cálida noche de primavera en Carrión de los Condes ha ido junto con el padre del pequeño a ver una película en el cine del pueblo. Es la primera vez que lo hace. Dejó a su pequeño dormido confiada en que no despertaría... Pero despertó. Y el pequeño pasó dos largas horas aterrado en la soledad de su oscura habitación. El cine se cruzaba por primera vez en su camino.  Vivía su primera película de terror.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Cara-duras


Miro vuestras caras. A veces muestran gestos serios, preocupados; en otras asoma una sonrisa cínica, omnipotente. Nunca se os ve resignados, arrepentidos; acaso intentáis una pose desvalida, una tristeza fingida, una expresión indignada.
Se derrama vuestro rostro en minúsculas gotas de tintas tricolores sobre el papel prensa. Millares de fotografías que son huellas fugaces, fungibles en el papel. Vuestra imagen digital viaja instantánea a través de los vasos comunicantes de la red. Surcan las fibras un ejército de datos que forman a su llegada un rostro congelado, un instante del teatro de vuestra vida.
Y aguantáis el tipo sin confesión, sin propósito de la enmienda. Dobláis la oferta del lote de la corrupción: al robo unís la soberbia, con la soberbia regaláis el insulto.
Advierto en vuestra actitud los síntomas de la psicopatía: no sentís el dolor de la gente, no os importa el devastador efecto del engaño. Cunde el desconcierto. Descubro en el pueblo llano los efectos de la enfermedad: la apatía y la resignación, la invasión de la indiferencia, el gobierno de la abulia.
Implantáis la pedagogía del egoísmo. Modificías el  currículo de la ética: la inocencia es estupidez, la virtud enfermedad, la honradez un lastre. El verbo competir abofetea a cooperar. Y "bueno" pasa de abstracto a concreto aplicándose exclusivamente a lo percibido por los sentidos, se restrige al campo semántico de la economia, la gastronomía, el arte, el sexo, la calidad de los objetos...
Porque sois muchos. Porque habéis pervertido la esperanza. Porque infectáis esta sociedad como virus, seres no vivos, que necesitan a los hombres para reproducirse, incapaces de vivir por sí solos. Estáis muertos, pero seguis infectando a los hombres.
Convoco al corazón de los hombres. Llamo al puerta del común entendimiento. No nos dejemos engañar. Son lobos disfrazados de corderos. Pero hay una forma de descubrirlos: babean por el dinero, secretan bilis anticipatorias ante los sobres de las comisiones... y caen en el cepo de la codicia.
Desde el cepo, aullarán de pena; mostrarán su patíta ensangrentada para movernos a compasión, mirarán con pena por detrás de las rejas de su jaula esprando que olvidéis porqué están allí. Reclamarán la ayuda de otros lobos como ellos para organizar su libertad. No os dejéis engañar. Endureced el corazón. Sólo los corazones duros latirán con fuerza. Y la necestamos más que nunca.  

martes, 11 de diciembre de 2012

Los fusilamientos del 11 de diciembre de 2008

El 11 de noviembre de 2008 en los periódicos de la CAM se publicaron los listados de la Prueba de Primaria del curso 2007/08. Mi antiguo colegio, el Antonio de Nebrija, obtuvo los peores resultados del municipio de Alcalá.

Sólo un día después la noticia saltaba a las páginas de la prensa local: El Diario de Alcalá titulaba: "El colegio Nebrija multiplica por 12 la tasa de suspensos del San Gabriel" y tras un análisis de los resultados, cuidándose de resaltar muy claramente las diferencias entre público y concertado/privado, abría paso a un foro que en pocas horas llegaba a 24 comentarios. Aún los conservo. Aquello me resultó sorprendente: Algunos padres achacaban el fracaso a la presencia masiva de inmigranes, otros al director por sus afinidades políticas, algunos a la indisciplina de los jóvenes de hoy, un docente alcalaíno aseguraba que los resultados obedecían a las cambinates  promociones anuales, otras personas aprovechaban para arremeter contra el alcalde... varios exalumnos defendían su antiguo colegio, algunas madres expresaban su público disgusto y preocupación  por tener a sus hijos matriculados obligatoriamente en sus aulas de EI...

Alarmado, envié emails a todos mis excompañeros informándoles de este estado de opinión y mostrándoles mi apoyo. Al día siguiente recibí dolidas respuestas de varios de ellos. Estaban apenados y desconcertados: ¿dónde radicaba el problema? ¿En manos de quién estaban las soluciones? Una de ellas me describía la tensa situación creada: la publicación, las listas, las entradas en los foros de la prensa digital, los padres mirándolos con cara de circustancias en la entrada, los comentarios de los niños de 6º (los presumiblemente "próximos  fracasados" en la evaluación...), el director escabulléndose ante el público fusilamiento...

Próxima la Navidad se me ocurrió hacer un villancico que envié ese año a mis excompañeras. Intenté reflejar el ambiente y la realidad de la labor educativa del. Y era también homenaje y aliento al profesorado que yo conocía tan bien; a esas maestras de E.I. que trabajan para cambiar el estereotipo que lucía (deshonrosamente) el colegio.

Hoy, 6º aniversario, de aquel metafórico fusilamiento,  quiero recordarlo aquí, en este blog:

María lloraba,
fumaba José.
¿No escolarizarlo
en el san Gabriel?

- Mire usted:le digo,
¡que no puede ser!
Revise los puntos
los cuente otra vez

- Lo siento, al Nebrija
lo ha de traer.

- ¡Señor, qué disgusto!
¿Qué será de él?
¡Será un ignorante!
¿Llegará a leer?
¿Logrará aprenderse
la tabla del 10?
¿No se pega algo
entre tanto ACNEE?
¿Será contagioso
lo del TGD?
Con tanto rumano
¿no hablará al revés?
¿y si algún gitano
le quiere morder?

María lloraba,
fumaba José.
Jesús con tres años
se asusta ¡ya ves!
¡Un Dios pasa miedo
cuando un niño es!

Pasó el primer día
y el miedo también.
Pasó una semana
y después un mes.
Llegado diciembre
supo qué querer
y pidió a los reyes
tres regalos, tres.
- Que Estrella me quiera
¡que sabe querer!
-Que Nieves me enseñe
¡que lo hace muy bien!
- Que Miriam me anime
y me ayude también.

María sonríe,
se alegra José.
Jesús va contento
¡y qué listo es!

Un bando del Cesar
se ha dictado ayer.
Han de examinarse
en el sexto nivel.
De los resultados
se habla en el café:
¡Muy mal el Nebrija!
¡Muy bien San Gabriel!
Jesús que no juzga
con pruebas ni test,
y aunque su colegio
suspendió esta vez,
Él, que sabe todo,
le aprobó con diez.
Porque la evaluación (palabra citada más de cien veces en el anteproyecto de la nefasta LOMCE) se convierte así en un fín en sí misma, en un obsesiva reevaluación externa a plazos (3º y 6ª de Educación Primaria, 2º y 4º de ESO y 2º de Bachillerato) sobre los resultados que muestra una absoluta desconfianza por la realizada por el profesorado sobre mucha más cosas: los  procesos, el progreso relativo, las circustancias, el entorno, las posibilidades, los recuros... Como dice muy bien mi querido profesor Miguel Ángel en su blog El Adarve se pone más empeño en pesar el pollo que en engordarlo.
El espíritu en que se inspira la nueva ley queda claro ya desde el primer párrafo: 
   “La educación es el motor que promueve la competitividad de la economía y las cotas de prosperidad de un país; su nivel educativo determina su capacidad de competir con éxito en la arena internacional y de afrontar los desafíos que se planteen en el futuro. Mejorar el nivel de los ciudadanos en el ámbito educativo supone abrirles las puertas a puestos de trabajo de alta cualificación, lo que representa una apuesta por el crecimiento económico y por conseguir ventajas competitivas en el mercado global”.

Es este párrafo, que abre el texto, aparece tres veces el concepto "competir".  Ese es el eje de la filosofía de la nueva ley. No se trata de llegar a ser el mejor de nosotros mismos, sino mejor que los demás. No se trata de desarrollarse al máximo sino de desarrollarse más que los otros.
 La recuperación de las reválidas no es más que la instalación de una cadena de obstáculos que condena al fracaso a quienes peores condiciones tiene para superarlos. La finalidad del aprendizaje es pasar esa prueba. El fin es el éxito en el control que decide quién sigue y quién no.

Os lo dice quien hizo 4º y reválida, 6º y reválida de 6º, COU y Selectividad, quién sacó título de maestro y oposición al cuerpo, Master en AL y concurso de habilitación...  que todo lo tengo biprobado. Y, a duras penas, sobreviví a ello.   

domingo, 2 de diciembre de 2012

Un regalo inesperado

Llegó diciembre. Las ciudades tienden anuncios luminosos sobre las calles. Los centros comerciales preparan su arsenal de regalos y juguetes... ¿Dónde está el espíritu de la Navidad? ¿Acaso habita en el Corte Inglés?... Pues parece que sí...
Os invitamos a leer este pequeño realto navideño. Doy fe de que es verdad. Me lo han contado los protagonistas.
 


En el departamento de publicidad del Corte Inglés se respiraba un ambiente de euforia. El Catálogo de Navidad del 2012 estaba terminado. La maquetación era soberbia: dos centenares de hojas repletas de cuidados diseños, espléndidas  fotografías, atractivos rótulos y llamativas ilustraciones se apilaban en perfecta disposición en bloques de hojas fírmemente apretadas  y guillotinadas con especial cuidado para ofrecer un prisma delgado y perfecto en papel satinado de buena calidad.  Los diseñadores habían recibido incluso la inusual felicitación de sus jefes por la calidad del producto. En los puntos de información, en los mostradores principales; se acumulaban ya centenares de catálogos a la espera de ser solicitados por potenciales clientes que, rápidamente, se sentirían atraídos por los productos seleccionados. Las ganancias obtenidas con esta inversión publicitaria compensarían con creces el elevado coste económico de los lujosos catálogos.

Pocos días después, una madre se acercaba al mostrador de información del gran centro comercial en Sol:
- ¿Me puede dar un catálogo, por favor?
La empleada le contestó con cierto embarazo:
- Lo siento, no nos queda ninguno. Este año se han acabado enseguida. No sabemos qué ha pasado pero ya no nos quedan...

La madre sí lo sabía. Ella, como muchos otros iniciados, buscaba los caros e inútiles catálogos para un fin más hermoso. Decenas, acaso centenares,  de niños hospitalizados, se entretenían en esos momentos en fabricar originales y hermosos árboles de navidad con las lujosas encuadernaciones. Se ganaban con su paciencia y su ilusión una sonrisa en pago a su paciencia doblando las hojas una a una, en tres dobleces repetidos, en un gesto casi infinito pero que se hacía grato y alegre, mientras veían una película por la tele.  Hermosos árboles de navidad lucirían en las habitaciones y las casas de sus amigos. Serían su personal regalo. Un regalo  inadvertido del Corte Inglés que ellos supieron aprovechar mejor que nadie.

lunes, 26 de noviembre de 2012

Microrrelato macrométrico

Andaba esos días dedicado a participar en alguno de los muchos concursos de microrrelatos que se publican en la red. Puse empeño en algunos de ellos y escribí algunos con la vana ilusión de que acaso ganaría. Vanidad de vanidades, nada gané. Así, pues, os los ofrezco... Son poco académicos, como este metamicrorrelato en 100 palabras, que ironiza sobre su reducida cota de vocablos.

 
- ¡Esternocleidomastoideo!... ¡supercalifragilísticoespialidoso!... ¡Se van a enterar...! ¡Cien palabras, menudo textito de mierda! Sortearé su forzado constreñimiento.  Desacostumbradamente diseñaré configuración extendida. Centrifugaré desproporcionadamente los caracteres, resultando un Frankenstein literario: microrrelato macrométrico. Contra anorexia digital, hipercolesterolemia literal.

Porque extirpar  vocablos me horroriza más que la mismísima hexakosioihexekontahexafobia;  pareciéndome que los microrrelatos son fórmulas castradoras de la creatividad como los progestágenos anticonceptivos de ciclopentanoperhidrofenantreno lo son de la fertilidad. Responsabilízome así de una contrarrevolucionaria  redacción con sobreabundantes hiperpalabras. Vacuna será contra la hipopotomonstrosesquipedaliofobia.

Desconsoladamente remato esta desproporcionadísima producción literaria. Finaliza con electroencefalografía plana del autor, extenuación del lector y desquiciamiento del linotipista.

 Jesús Marcial Grande Gutiérrez

domingo, 18 de noviembre de 2012

Pedo de lobo

Al despedirse, el profesor de asistencia domiciliaria, anunció a la madre y al hijo con el que había estado trabajando que pasaría el sábado en su Burgos natal, cogiendo setas. El niño, rápidamente, le interpeló:  - ¡Y me traes un pedo de lobo!  ¿Vale? -. La madre torció el gesto mirándole escandalizada, dudando entre reprenderle o disculparse con el profesor por la inesperada grosería de su hijo.
 

El profe se apresuró a mediar en la embarazosa situación. Resulta que los "pedos de lobo" son una variedad de hongos que crecen, entre otros lugares, en la Palencia natal del profesor. En la zona de la Valdavia, donde pasó muchos veranos de su infancia, era un juego excitante buscar en los prados estas setas globosas, blanco-perladas en otoño y seco-parduzcas en el estío; que guardaban en su interior millones de esporas listas para desperdigarse en cuanto algún animal las pisara produciendo una pequeña explosión y lanzando al aire una espesa nube de humo negro repleto de diminutas partículas reproductoras.  El profesor le había contado esta anécdota al estudiar los cuatro reinos de los seres vivos y tratando de interesarle por los curiosos procedimietnos que la naturaleza utiliza para la reproducción de sus criaturas.

Con una sonrisa de complicidad le explicó a la madre que los niños se sorprendían mucho con estas historias y, en general, con otras muchas relativas al papel de los excrementos en las funciones vitales. Es todo  un espectáculo contemplar las caras que ponen los alumnos cuando les explicas que las más sabrosas verduras se obtienen con un buen estiércol cuyo origen, al contarlo, les provoca muecas de evidente desagrado. O cuando -añadió- les planteas el curioso enigma del árbol solitario en la cima de la montaña: ¿acaso fue subido por algún montañero de aficiones forestales?, ¿creéis que pudo transportarlo el viento cuando, aún semilla, vivía dentro de un fruto carnoso y su pulpa le hacía tan pesado que le impedía ser elevado junto al polvo levantado por los torbellinos?... ¿Cómo llegó allí la pequeña semilla?
Finalmente, has de descubrirles el secreto de esos árboles majestuosos que dominan el paisaje sobre todo lo demás: su origen está en el humilde excremento de algún pájaaro que se posó en la cima realizando la pequeña deposición entre la que se escondía el maravilloso proyecto de la poderosa planta que llegó a ser.

Sí -concluyó el profe-, todos los seres vivos, hasta el más humilde; todas las acciones de la naturaleza, hasta la más míserable, tienen su función y su objeto en la consecución de la vida y de la belleza.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Sintiendo en la nuca el aliento de la muerte VIII: Bajo el ascensor


Éramos jóvenes e insensatos, y también, aficionados a la fotografía. Habíamos montado un espartano laboratorio casero en la buhardilla polvorienta de mi amigo Jesús con materiales de saldo y, poco a poco, se fue introduciendo en nosotros el gusanillo del arte fotográfico. Decidimos aprender más, beber de las experiencias de fotógrafos aficionados  curtidos y profesionales; así que nos inscribimos en la Agrupación Fotográfica Burgalesa. Asistimos muy interesados a algunas charlas, a varias proyecciones de artísticas diapositivas y, sobre todo, se nos posibilitó el acceso al magnífico laboratorio de que disponían en el piso que tenía alquilado la asociación en la calle Miranda. Aquella magnífica ampliadora, su secadora profesional, sus eficaces temporizadores y sus cómodos tanques de rebelado llamaron pronto nuestra atención; pues nuestro equipo era de segunda mano, casi de juguete. En cuanto tuvimos oportunidad solicitamos una tarde entera de "faena fotográfica". Pasamos allí una tarde entera en la más completa oscuridad o bajo la luz  ortocromática roja  inmersos en la fascinante tareas de rebelar nuestros negativos y desvelar las imágenes escondidas en las sales de plata impresionadas por la luz que  se proyectaba desde el objetivo de la ampliadora. Sin darnos cuenta se nos hizo de noche. Recogimos apresuradamente y salimos. Al cerrar, con las prisas, la llave se me escurrió de las manos y fue a caer al suelo rebotando unos metros con tan mala suerte que cayó por el hueco del viejo ascensor.

Se nos presentaba un enojoso problema: debíamos devolver la llave esa misma tarde; de hecho ya debíamos haberlo hecho hacía tiempo y no estábamos por pasar la vergüenza de reconocer que se nos había caído torpemente en un inaccesible lugar. Mantuvimos las luces apagadas y decidimos que yo ( por la ley de la botella, "el que la tira va a por ella") saltaría la alta barandilla enrejada del primer piso mientras mi amigo Jesús González cuidaba de que nadie utilizara el ascensor. Así que, jugándome la integridad de mi arquitectura corporal me deslicé bajo la cabina y, tanteando entre la gruesa capa de polvo del fondo, encontré al cabo de un rato aquel escurridizo objeto. Con el corazón agitado volví a encaramarme a la baranda forjada y salté al rellano. En voz baja llamé a mi amigo que esperaba en el piso de arriba, para que cesara su vigilancia.

Afortunadamente en el trascurso de aquellos palpitantes cinco minutos nadie salió de su casa,  nadie llegó al portal, y a mi amigo no le asaltaron impulsos homcidas... Tampoco las meigas , "que haberlas hailas", probaron misteriosos conjuros sobre los engranajes del montacargas. Porque, cuando estás debajo de un émbolo gigantesco encajado en un estrecho pozo y miras a la mole que tienes arriba llegas a pensar, doy fe, que también a los ascensores los puede cargar el diablo.

viernes, 2 de noviembre de 2012

Galogin


Me cuenta mi alumna Vero por el minichat que utilizamos en nuestra página escolar que va a ir a una fiesta de Galogin. Me quedo un buen rato pensando qué fiesta puede ser esa. ¿Galopín? ¿Una fiesta de Galos?.. Tras un rato de desconcierto caigo en la cuenta: se refiere a "Halloween".
Verónica, a sus doce años, tiene una dislexia de caballo. Un año entero haciendo dictados y practicando lectura para, en cuanto baja un poquito la guardia, inventar en un instante idiomas incomprensibles. No  puedo más que sentir una especial ternura por ella porque yo era igual. Todavía lo soy y, si me descuido, descoloco y sustituyo letras reiteradamente.
Siempre me costó leer. ¡Aunque me encante!. Descifrar códigos a la velocidad del resto ha sido simpre para mí una tarea  humillante. Ese tipo de actividades asestaban auténticas puñaladas a mi autoestima. Aún hoy, en  una especie de discalculia nunca superada, tardo más, y soy más ineficiente, corrigiendo una multiplicación o una división que mis niños de 10 u 11 años (y soy el profe de mates). Recuerdo bien mis frustradas aspiraciones para tocar la bandurria en el internado a mis 12 años: aquellos pentagramas se me hacían ilegibles. Apenas podía leer nota a nota y ello subiendo toda la escala desde el do. En mi pensamiento se convertían en  sombreros colgados en un tendedero de cinco cuerdas bailando con el viento.
La ortografía se resentía como daño colateral. Suspendía lengua y otras asignaturas por los dictados. No había manera de recordar la forma de las palabras, de distinguir la doble grafía de algunos fonemas, las consideraba reglas estúpidas. Me desquiciaba que me recomendaran leer y leer que con ello, decían, se aprende la ortografía de las palabras: ¡Mentira! ¡No me servía! Podía leer un libro entero gordísimo y, al acabar, escribir el nombre del protagonista con faltas espectaculares.
Recuerdo que, mientras preparaba las oposiciones de magisterio, llegué a dominar hasta 20 sinónimos del verbo "observar" pues era incapaz de recordar su escritura correcta. Hoy en día sigo comentiendo errores gruesos. Me he sentido a veces horrorizado al intentar escribir el apellido "Arroyo" delante del propietario del mismo que me mira...para al final escribirlo con "elle". En algún lugar guardé un papel donde había escrito tan pancho "cruzicrama" sin percatarme de las diversas asimilaciones (visuales y auditivas) que realizaba. Y el mismo texto que estoy tecleando ahora he de revisarlo varias veces a la caza de múltiples gazapos. Me aterra que me pregunten el número de mi móvil, no lo recuerdo: me bailan los números. La imposibilidad para aprender series numéricas ha estado a punto de ocasionarme graves  perjuicios: un día aparqué mi coche de noche en Valladolid sin poder reconecer luego la calle ni recordar el número de la matrícula. ¿Y los números de las tarjetas de crédito? He de establecer complicados códigos mnemotécnicos para recordarlos...
Sirva este pequeño artículo como homenaje a todos aquellos que pierden el rumbo en el plano de los textos; aquellos cuya brújula lectora extravía el norte; aquellos que cambian el paso en el desfile de las palabras e intentan encontrar salida a este laberito en que, como un juego de espejos, se convierte la lectura. Ellos, que desentrañaron la selva de las palabras con más esfuerzos que nadie, encontraron senderos que otros no conocían. Llegaron más cansados a la meta de la lectura, pero su viaje fue más emocionante.

sábado, 27 de octubre de 2012

Las frases hechas: "La botella medio llena".



Dice el escritor José Saramago,premio Nóbel 1998: "Los únicos interesados en cambiar el mundo son los pesimistas, porque los optimistas están encantados con lo que hay. Yo no soy pesimista, el mundo es el que es, pésimo..."
Y bien es cierto que el optimista tiene un punto de conformismo. Podría salvarle de su ingenua complacencia el matiz de ser un "optimista" hacia el futuro, porque  lo que es hoy, el mundo  no ofrece demasiados motivos para alegrarse... Mientras exista un delito, se cometa un crimen, se viole el cuerpo o la conciencia de alguien, no tendremos motivos para el optimismo presente. Incluso la inacción sería pecado.
Yo sé que nos toca dolor. Que las alegrías y el gozo no tienen sentido sin conocer sus antónimos. Que es el contraste el que revaloriza la dicha. "Soy tan feliz que tengo miedo de se acabe pronto..." se oye con frecuencia. Porque todos sabemos que la dicha es efímera. Al final todo se acabará: lo único seguro es la muerte.
Por eso detesto a los políticos que prometen que van a arreglar las cosas con su sola voluntad, con sus recetas optimistas. ¡Mienten! Deseo conocer unos políticos sinceros y pesimistas (pero antes de las elecciones, no después). Yo votaré a quién me proponga sangre, sudor y lágrimas, pero que vea convincente... y que prometa razonadamente llenar un poquito la media botella vacía. Desconfío de los que la ven siempre llena.

Y al final, también los pesimistas podemos asegurar que la botella está siempre llena... de aire. Las razones para el optimismo son etereas.

jueves, 25 de octubre de 2012

Una versión diferente

El pasado 5 de octubre se celebró el Día Mundial del Docente. En los días subsiguientes encontré el el blog "El Algarve" de mi admirado profesor Miguel Ángel Santos Guerra  un artículo "El docente" que, como todos los que publica, merecen ser leídos y meditados.  El él reflexiona sobre la naturaleza y la actualidad de esta figura polémica.
Entre las respuestas que aparecieron en los comentarios (ya pasan de la treintena, pues el blog es muy popular) aparecía este comentario de algún padre o madre muy crítico con esa figura. Dolido contesté y corregí su texto reflejando mi propia versión de sus afirmaciones:
 
 
SER DOCENTE (I)

Ser docente es fácil:
Basta con acabar la carrera más simple de todas, aquella que yo concluí con menos de 150 folios de apuntes en un total de 3 años, en la que hacíamos manualidades, encuadernábamos libros, aprendíamos la diferencia entre la b y la v, o complejidades como eso de que si p entonces q.
Es fácil, porque el docente puede dedicarse a cultivar la solidaridad y esconder papeles y noticias para sacar como sea un puesto vitalicio o un destino mejor; a cultivar el saber y exigir interminables memorizaciones de conceptos; a cultivar el respeto y a la vez chillarle a niños y niñas o pagar con ellos el mal día, que nadie se va a enterar; a cultivar la dignidad y tratar a la vez a sus alumnos como idiotas que no van a ser nada si no fuera por nosotros, o a cultivar la compasión con los más débiles y a la vez castigarles en grupo sin recreo, suspenderlos o dejarles en evidencia delante de todos los demás.
Porque desarrolla una tarea de enorme facilidad, como es hacer simplemente lo que le dicen los libros, aunque mate a su alumnado de aburrimiento. ¿Para qué complicarse si lo único que te puedes acarrear es una inspección?
Porque frente a especuladores, demagogos, mercaderes y tiranos, el docente está del lado más sencillo, el que marcaron siguiendo el modelo prusiano esos mismos especuladores, demagogos, mercaderes y tiranos.
Porque las familias entienden a veces cosas muy raras, pero nadie va a venir a decir que esas familias vienen de esta misma escuela, donde no aprendieron a hacerlo mejor.
Porque aunque algunos padres y madres hayan perdido el rumbo y se hayan convertido en jueces, policías, espías o verdugos de los docentes, nadie jamás se preguntará si no lo aprenderían viendo el comportamiento de sus maestros y maestras con ellos, cuando eran pequeñas y pequeños seres absoluta y completamente indefensos.
 
 
Respetado /a Santos Ríos.
Percibo entre líneas la inmensa carga de dolor y frustración que experimentas hacia el modo de vida (porque es más que una profesión) docente. Puedo entenderla porque yo también fui alumno y recuerdo también aburrimientos, injusticias, arbitrariedades en mi aula infantil. Las sentí en carne propia, puedo asegurártelo.
Yo, como tú, también estudié para maestro. Nunca consideré magisterio la carrera más fácil (aunque sí la única que me era posible en mi Burgos natal, con los escasos recursos que tenían mis padres). No te quito razón en que aquellas aulas masificadas con enseñanza memorística y teórica, podían ser mortíferas de necesidad. Te reconozco el desfase y la inutilidad de muchas de aquellas enseñanzas: los delicados trabajos de “La Primores”, el absurdo de estudiar “la Escuela Activa” a base de copiar al dictado penosos apuntes… Pero también había profesores con inquietudes: “El Fósforito” que me inculcó la pasión por la física, “El Plastilino” que me enseñó la “pueril” fascinación por el uso de la plastilina y las maquetas para explicar C. Naturales, incluso aquella profesora que me suspendió en Lengua Española por poner Cervantes con “b” (ya ves que aprendí bien la diferencia entre la “b” y la “v”).
Y consideré más difícil aún aprobar la oposición. Todo un año de repaso del temario en la mili y otro encerrado en casa o abarrotados estudios con olor a lejía aprendiendo por mi cuenta a esquematizar, memorizar y comprender un temario extenso. Pasé por el angustioso trago de examinarme en el calor de julio en una ciudad extraña junto a muchos miles de compañeros que luchaban por una plaza para cada 60 (Puedes ver las estadísticas de la oposición libre del año 1980, si lo dudas). Cuando aprobé casi no me lo creía, porque no me consideraba el más capaz, ni el mejor preparado, ni mucho menos el más inteligente.
Pero acabé de maestro y llevo 32 años en ello. Y he pasado por muchos colegios, impartiendo multitud de cursos, en distintas áreas, en múltiples especialidades. He sido maestro generalista en 1º, 2º y 3º; profesor de EF, de matemáticas, ciencias, música, plástica… y te aseguro que no he seguido la dictadura de los libros de texto. He trabajado en apoyo (Pedagogía terapéutica), como logopeda y, actualmente, como profesor de asistencia domiciliaria acudiendo al domicilio de niños muy enfermos algunos de los cuales murieron en el curso de mi asistencia: Te aseguro que no les grito ni pago mis frustraciones con ellos. Te reconozco también que en algunos momentos erré, pero mi inspector fue siempre mi propia conciencia y yo mismo me apliqué el propósito de la enmienda.
He pasado por muchas clases y conocido a much@s compañer@s maestr@s. He de reconocer que algunos pueden encajar, en parte, en el estereotipo que propones, pero no la inmensa mayoría. Por eso no estoy de acuerdo con tu carta, y me he tomado la libertad de corregirla y reescribirla. Esta sería mi propia versión al hilo de lo que tú cuentas. Predóneme, señor o señora Santos, esta deformación profesional.
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“Ser docente es NO ES fácil:

NO Basta con acabar la carrera más simple MASIFICADA de todas, aquella que yo concluí con menos de 150 MÁS DE  1000 folios (SIN CONTAR VARIOS MILES DE LA ACADEMIA PARA LAS OPOSICIONES) de apuntes en un total de 3 años MAS UNO DE PREPARARLAS, en la que hacíamos manualidades (QUE RECONOZCO NO NOS SIRVIERON PARA MUCHO), encuadernábamos libros (QUE SÌ ME HA SERVIDO), aprendíamos la diferencia entre la b y la v, o complejidades como eso de que si p entonces q. (Y MILES DE COSAS MÁS DE MAYOR O MENOR UTILIDAD)

Es fácil DIFÍCIL, porque el docente puede DEBE dedicarse a cultivar la solidaridad  y esconder papeles y noticias para sacar como sea un puesto vitalicio o un destino mejor (?); a cultivar el saber y exigir interminables memorizaciones de conceptos (NO MENOSPRECIEMOS EL VALOR DE LA MEMORIA); a cultivar el respeto  y a la vez EVITAR chillarle a niños y niñas o PARA NO pagar con ellos el mal día, que nadie se va a enterar (AUNQUE ALGUNOS PADRES NO TE CREERÁN); a cultivar la dignidad y JAMÁS  tratar a la vez a sus alumnos como idiotas que no van a ser nada si no fuera por  PORQUE PUEDEN LLEGAR A ALCANZAR CUALQUIER META QUE SE PROPONGAN INCLUSO SIN nosotros, o a cultivar la compasión con  los más débiles y a la vez castigarles en grupo (CASTIGÁNDOSE TAMBIÉN A SÍ MISMO ) sin recreo , suspenderlos (SI LO MERECEN) o NO dejarles en evidencia delante de todos los demás.

Porque desarrolla una tarea de enorme facilidad DIFICULTAD, como es NO  hacer simplemente lo que le dicen los libros, aunque mate PARA NO  MATAR a su alumnado de aburrimiento. ¿Para qué complicarse si lo único que te puedes acarrear es una inspección? Y TE COMPLICAS “INÚTILMENTE” LA VIDA EXPONIÉNDOTE A TU PROPIO JUICIO, AL DE LOS PADRES, AL DE TUS ALUMNOS, TU DIRECTOR, TU  JEFE DE ESTUDIOS Y TAMBIÉN  DE TU INSPECTOR, NATURALMENTE…

Porque frente a especuladores, demagogos, mercaderes y tiranos, el docente está del  EN EL lado más sencillo  COMPLICADO, el que marcaron  LE MARCAN siguiendo el modelo prusiano esos mismos especuladores, demagogos, mercaderes y tiranos, TENIENDO QUE SABER SORTEAR TRAMPAS Y DOCTRINAMIENTOS.

Porque ALGUNAS las familias NO entienden a veces cosas muy raras, pero nadie va Y VAN a venir a decir que esas familias vienen de esta misma escuela, donde no aprendieron a hacerlo mejor.

Porque aunque algunos padres y madres hayan perdido el rumbo y se hayan convertido CREAN QUE TIENEN QUE CONVERTIRSE en jueces, policías, espías o verdugos de los docentes, nadie jamás QUIZÁS se preguntará si no lo aprenderían viendo el comportamiento ALGUNOS de sus maestros y maestras con ellos, cuando eran pequeñas y pequeños seres absoluta y completamente indefensos.”

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martes, 23 de octubre de 2012

Las frases hechas: "Aquí hay gato encerrado"

 
 
 
Por porpia experiencia entendí el significado de esta popular frase, la experimenté de forma literal:
Ocurrió hace muchos años, cuando aún conducía mi viejo sinca 1000 de tercera mano. Hube de acercar al aeropuerto a un familiar y arranqué el coche en la calle en un frío mes de octubre. Recorrimos el camino del aeropuerto por las viejas carreteras, hoy en desuso, que llevaban desde Arganda a San Fernando de Henares y de allí a Barajas. Aún recuerdo atravesar el Manzanares por el viejo puente que hoy casi nadie usa ya. Llegamos al aeropuerto. Aparcamos junto a la antigua entrada de vuelos internacionales y acompañamos a nuestro viajero a los mostradores de su agencia. Después nos despedimos y regresamos al automóvil para volver a casa. Montamos y, antes de arrancar, oímos un leve gemido. No le dimos demasiada importancia y pusimos en marcha el motor. Un maullido lastimero llegó claramente perceptible hastanosotros. Apagamos el contacto. Seguia escuchándose un triste maullar. Pensamos que el coche tenía alguna avería y abrimos el capó. Él nos miró suplicante, aterrorizado, maullando aún más fuerte. Un precioso gatito se había acurrucado en un hueco, al lado del amortiguador.
Con ganas hubiera adoptado al pequeño polizón; pero Charo, mi mujer, odia los gatos. Le bajé tiernamente al suelo y le dejé allí, mirándonos mientras seguía maullando...

viernes, 19 de octubre de 2012

¡Cómo mola ser independiente!



Nuestro ministro de educación la ha armado parda (una vez más). Se le ocurrió exponer en el Congreso de los Diputados Español que se proponía "Españolizar a los niños catalanes" y ¡sorpresa! no le llovieron silbidos por el inadecuado y escasamente poético uso del pleonasmo (es perfectamente sobreentendible "españolizar a los españoles"), sino por la ofensa y reminiscencia retrógrada que, para muchos, tiene esa expresión.
Mal que bien, pese a quien pese, aunque duela, fastidie y moleste más que un grano en el culo: hoy por hoy, los habitantes de Cataluña son españoles; así que españolizarlos es lo que toca semánticamente hablando.
Que hay algo prejuicioso en el uso de ese concepto, no lo pongo en duda. Como un adolescente que se autoafirma ante el padre, Cataluña se siente avergonzada por sus progenitores (que conste que todos nos sentimos así últimamente desde que la crisis recortó el presupuesto familiar).  Me gustaría tantear cómo se sentiría un francés si le dicen que en sus escuelas "afrancesan" a sus niños o a un alemán si les "germanizan", o a un italiano si les dan una enseñanza "italianizante"... y, por supuesto, en Suiza, nadie se ofendería porque a sus hijos les dieran una educación"helvética" (en todos esos lugares sabed que así se hace; menos en la original España donde, al parecer,  es pecado "original").
Resulta llamativa la manipulación lingüística en todo lo referido a las nacionalidades. Recuerdo lo mucho que me sorpendió que el "español", mi lengua de toda la vida, pasara a llamarse "castellano" (en la mayoría de los países extrangeros siguen utilizando, lógicamente, el gentilicio) ¿Quién impuso esa injusta reducción semántica de la palabra? ¿Acaso al "francés" se le llama "languedociano" porque su origen estaba en la región de langue d'oc, o el inglés "frisón", "anglosajón", "juto"...? Pero, desde que la crisis nos ha aligerado de magro, estamos en carne viva y cualquier adjetivo escuece. Máxime cuando interesa echar sal en la herida para que te rasques y sangre.

En el nacimiento de las naciones, exiten  partos fruto de la unión de progenitores (bien sea consentida o forzada); otras se dan por desmembramiento (divorcio amigable o emancipación de la esposa), en algunos casos se produce por amputación violenta de los cuerpos originales y, por último, la reproducion asexual vía gemación.  Mi duda está en cuál es el caso de Cataluña. Podríamos pensar que su caso es como la reproducción del pólipo: Cataluña se comportaría como un gonóforo que crece y desea nadar líbremente desprendiéndose del cuerpo progenitor; aunque me da en la nariz que los catalanes consideran la cuestión como una unión forzada ante la que desearían  llegar a un acuerdo amigable con una sentencia de divorcio que le dejara resuelta la vida. Descarto la separación violenta por las cruentas consecuencias para los cuerpos resultantes y la emancipación es fráncamente difícil dadas las circustancias actuales (Dice Santo Tomás: En tiemos de crisis no hacer mudanzas").

Yo, hijo de esta España desde hace cincuenta y cinco años, he descubierto tarde, como hijo de divorciados, que en ese matrimonio multinacional no había amor. Cuando me preguntaban de pequeño si quería más a mamá o a papá, siempre decía: "a los dos". No entiendo esta separación cuando parece que el matrimonio iba tan bien: aunque mamá y papá discutían siempre acababan haciendo las paces.

 Ahora parece que uno no aguanta al otro. Se tiran los trastos a la cabeza. Uno de ellos ha ido a ver a su abogado para que le arregle el divorcio. Duermen en habitaciones separadas, hablan mediante mensajeros, azuzan a los hijos contra  la pareja respectiva...

No cabe duda. Si los catalanes realmente quieren la independencia la conseguirán. Sería mejor que lo hicieran cuando las cosas estuvieran más tranquilas y los problemas de la economía doméstica solucionados. No es el momento de discutir por los regalos que mutuamente se han hecho (que les ha habido y por ambas partes, no lo dudéis).  Malvenderán los muebles, buscarán otro costoso apartamento, necesitarán nuevas amistades, solicitarán el reingreso o el acceso a otros clubs, colgarán las señeras del balcón, exibirán orgullosos su pasaporte al llegar al pueblo manchego de sus padres charnegos por las fiestas patronales, agilizarán los procedimientos de doble nacionalidad para Iniesta, elevarán a la categoría de animal totémico al burro catalán, empezarán a reclamar el Rosellón francés (actual Departamenteo de los Pirineos Orientales), reescribirán los libros de historia para adaptarlos a la "catalanidad" y terminarán cantando:  "Yo soy, catalán, catalán, catalán...". La verdad: ¿Que habrá cambiado?.

¡Cómo mola ser independiente! Los de mi pueblo también lo reclaman. Ya lo procamaban en 1978 mis compañeros de Aranda de Duero cuando cantaban en la manifestación:
"Queremos una Aranda libre,
queremos un puerto de mar,
queremos una casa de putas
que pille cerca del bar"
 No hay nada como ser independiente. Y por pedir que no quede.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Vendedores de humo


 
Multipropiedad es ya palabra prohibida por la ley en los contratos. Ya nadie puede considerarse poseedor o propietario (siquiera en una fracción) como nos hicieron creer tiempo ha de un apartamente en tiempo compartido. Sin embargo la palabra multideuda se hace plenamente vigente. La red se puebla de quejas de reclamantes contra los desmanes de la multipropiedad. Esta es la confesión de un afiliado a tales complejos.
 
El cebo:
Todo empezó con una invitación en 1992. He rebuscado en viejos papeles hasta encontrar el nombre de la compañía: Lexmaison Marketing. Creo que pusieron en el anzuelo la promesa del regalo de un pequeño electrodoméstico por escuachar una charla de unas dos horas en un céntrico hotel de Madrid.
 
La ratonera:
Entre un numeroso grupo de alegres borreguillos nos introdujeron en una sala ámplia repleta de mesas para dispuestas para 3 ó 4 personas y  allí nos distribuyeron poniéndonos a nosotros a cargo de un joven y simpático sudamericano. Este comercial tenía un punto de melancolía que me predispuso a su favor. Pagué caro el error de confiar en este felino disfrazado que nos hablaba con esa entonación melodiosa que tanto nos fascina. Sistemáticamente, con una  técnica muy bien aprendida, nos cameló (sobre todo a mí, he de decirlo) para que adquiriéramos una semana de tiempo compartido en un apartamento del complejo Ogisaka Garden en Denia (Alicante). Cuando nos consideró suficientemente predisponernos a la compra nos dejó en manos de un segundo comercial (un tal Jorge Ratia) que, papel en mano, y con ayuda de eficaces gráficos y una labia avasalladora nos "demostró" lo estupendo y práctico que era el sistema comparado con el "oneroso" pago de vacaciones que realizábamos cada año. Visto así parecía muy sencillo: Cantidades redondas, futuras vacaciones ilusionantes incluso en lejanos y exóticos países, apetecibles semanas de regalo por nuestra adquisición, ofertas especiales incluídas, realización de una magnífica inversión heredable, afiliación gratuíta por algunos años a multinacionales empresas de intercambio (RCI en nuestro caso), sustanciosas rebajas en la compra aprovechando una oferta improrrogable... Por si algún recelo albergábamos todavía, empezaron los descorches de  botellas de champang en las mesas vecinas y el sonido de las campanillas que anunciaban la adquisición de alguna unidad no paraban de sonar apremiándonos a no perder la gran oportunidad, el evidente chollo que nos ofrecían. Firmamos finalmente. Todo lo tenían listo en el momento. Nos llevamos el contrato a casa y después, cuando se enfriaron nuestras cabezas y las imágenes mentales que nos habían construído se deshacían en el aire vinieron las dudas. Leímos con atención el contrato y  tras leerlo decidimos reclamar por un lado 10.000 pesetas de descuento prometidas y que no se veían reflejadas y  por otro,  (somos así de chulos) decidimos cambiar de semana azul a semana roja ¡por que sí!. (Es curioso que pocos años antes hubiera entudiado en el aula de psicología el curisos efecto de que una vez tomada una decisión, esta gana valor en nuestro proceso de atribución, sólo por el hecho de  evitar una contradición interna; es decir, sabíamos en el fondo que nos habían engañado pero nos reafirmábamos adquiriendo un producto de mayor precio). Las reclamaciones en la oficina de la empresa fueron  engorrosas y complejas. Costó encontrar al tal Jorge y, cuando lo conseguimos, nos sometieron a larga espera. Finalmente nos hicieron pasar a una sala en la que había algunas personas esperando y nos recibió una persona desconocida sentada tras una mesa a la que expusimos nuestra queja e incluso amenazamos con denunciar la situación (en realidad lo que le reclamábamos no era la venta en sí sino el inclumpimiento de una pequeña rebaja de 10000 pesetas prometida). Nos puso caras muy desagradables, manifestó su irritación con comentarios duros y secos, proyectó sobre nosotros una imagen de pelmazos y descontentos con todo.... Finalmente,  un individuo que estaba sentado en un banco contra la pared lateral y que había estado observándolo todo desde el principio como un cliente más le hizo un gesto apenas perceptible y el señor de la mesa nos comunicó que accedía a nuestra petición a causa del inmenso dolor de cabeza que le estábamos produciendo (Al llegar aquí, paciente lector, ya te habrás dado cuenta de que en la reunión de botella y campanillas muchas de las parejas estaban conchabadas haciendo de gancho y que en la sala donde reclamamos el "jefe" estaba apostado entre los presentes que esperaban observando la escena con todo detalle  desde una esquina de la habitación).  Con esto terminó la primera parte de la historia.  En los años siguientes acudimos de vacaciones cada verano eligiendo destinos bastante interesantes, a veces. En la mayoría de los casos, aparte de los costes de intercambios o las cuotas (que a veces nos parecieron excesivos) disfrutamos de excelentes alojamientos en vacaciones en destinos lejanos y conocimos lugares interesanes gracias al sistema de intercambios.
 
El amo del calabozo
Así pues, quedamos atrapados en el sistema a perpetuidad, sin posibilidad de salir. El administrador del complejo, desde su posición privilegiada ostentaba todo el poder sobre el mismo sin posiblidad de que los pobres reclusos (aislados en sus celdas individuales y prácticamente sin posibilidad de comunicación) pudieran participar en el destino de su multipropiedad. Con el paso de los años comenzamos a recibir cartas anunciándonos aumentos considerables y quejas de otros propietaros sobre la actuación de los administradores del complejo. Eran actas y cartas en las que algunos grupos de propietarios indignados clamaban contra la ineficacia y derroche (o directamete robo) de los administradores del mismo. Algunas denunciaban hechos tan clamorosamente irregulares como convocar las juntas de propietarios un martes laborables (o los impedimentos q ue  ponían a las cciones de ciertos grupos de socios). Desde Madrid u otras partes de España era realmente difícil acudir a estas reuniones y enterarse de lo que se estaba cociendo. Dejamos hacer mientras las cuotas fueron aceptables. Lo mismo hizo la mayoría que recibía comunicados de acusaciones y contraacusaciones sin posibilidad de conocer realmente lo que estaba ocurriendo. Con el paso del tiempo las aguas revueltas se aclararon y dejaron al descubierto una gestión opaca y corrupta donde el administrador y una pequeña cuadrilla de amigos sacaron beneficio a costa del resto de los indefensos mancomunados. Las últimas alarmas se dispararon cuando, hará unos cinco años, recibimos una carta en la que, bajo la amenaza de ser excluídos de la pretenencia a RCI por merma de calidad, establecían una costosa derrama de 600 euros para remozar el complejo. Dudamos largo tiempo en pagar o no. Finalmente lo hicimos confiando en que se arregalran las cosas. Escocidos pero tranquilos dejamos de pensar en el complejo por un tiempo. En sucesivas comunicaciones nos informaron de que se realizaban las obras y de que una compañía hotelera había adquirido una mayoría de las semanas y pasaba a administrar directamente el complejo incluyéndolo en su grupo de apartahoteles. 
 
Los vendedores de humo.
Tras unos sencillos cálculos realizados sobre las derramas impuestas a los socios, entendimos que las mejoras a realizar debían ser impresionantes. Poco menos que una reconstrucción del complejo. Así que no nos extrañó que los nuevos propietarios de la mayoría de apartementos y consecuentemtne mayoría asamblearia en el mismo (la cadena de Onagrup) nos invitara a pasar unos días gratis en el compeljo y poder comprobar así las reformas realizadas y, de paso, informarnos sobre sus activdiades. Puesto que la invitación se cursaba sobre un fin de semana y "sólo" se exigía la asistencia a una charla de 90 minutos aceptamos satisfechos la oferta y nos dispusimos a pasar mi cumpleaños en Denia, templados por el sol mediterráneo en un complejo remozado y cómodo.
Hasta los mismos elementos se conjuraron esas fechas para estropearme los fantásticos días que preveía. Llovió durante el viaje, un fuerte viento y una persistente llovizna nos aguaron el paseo de la tarde y durante aquel fin de semana el cielo estuvo cubierto y desagradable. Los señores paraguas nos acompañaron en cada salida.
Ya, en la misma entrada del complejo, tuvimos que resistir la insistencia del recepcionista para que aceptáramos un pack de comidas, desayunos y masajes por 90 euros. Al día siguiente, a las 10:30 nos sentamos a la espera de la persona  encargada de la charla.
 
 Empezamos antes incluso de la hora prevista pues, al descubrir nuestra despistada presencia en los sillones de recepción, una persona se dirigiómuy amablemente a nosotros casi sin darme tiempo a apagar la tablet con la que bajaba EL PAÍS para pasar el rato. El señor Juan era, probablemente, el mejor vendedor de humo que he conocido en mi vida. Desplegó ante nosotros tal arsenal de trucos y de forma tan profesional (aparentemente informal, por supuesto) que pese a nuestras consignas pactadas de no firmar nada en caliente nos puso en verdaderos aprietos. Para empezar una actitud campechana, sincera (en todo menos en los fines de su trabajo) y directa. Conocía nuestros nombres, el número de nuestro apartamento, su localización... Con una habilidad desoncertante buscaba y encontraba posibles asociaciones en intereses, orígenes, situaciones... No pasaron ni diez minutos y ya sabíamos que tenía un hijo autista con un 20% de minusvaía, que su madre portaba audífonos (como yo), que su jefa era de Palencia (como yo), que le gustaba vivir en Madrid (como nosotros), que se había criado al lado de la sidrería Mingo (que frecuentamos), que le encanta Galicia (en  la que viví dos años), que había sido distinguido como el comercial del año... todo ello alternado con explicaciones sobre las reformas del complejo que recorrimos rápidamente. Resultó que el motivo principal que aducían para la charla se despachó en 10 minutos. Luego pasamos a una sala (bajo la antigua cúpula del complejo, hoy reformada) donde varios grupos en mesas eran atendidos por comerciales alegres y dicharacheros. El lugar me recordó extraordinariamente al hotel de la calle Orense donde nos reunieron hace 20 años. Allí, sin prisa alguna, sin aparente intención -salvo agradar al cliente, alegaba- fue desplegando su telaraña: - Ponga en esta silla sus cosas, es mejor (dijo acercándo una silla)...¿Se siente cómodo, Jesús? ¿Quieres que paremos un momento? (agregó tras un pequeño movimiento corporal defensivo al cruzar las piernas)...  Mostraba un un pelotilleo comedido, potenciado por el efecto de usar continuamente el nombre de pila. Cada poco tiempo, insertaba en la charla un comentario personal, una anécdota (era una enciclopedia de las mismas), una reflexión destinada a empatizar con el cliente... El gesto franco, la mirada directa, labia incontenible y envolvente, continuas preguntas solicitando una opinión a la que nunca se enfrentaba abiertamente, continuos guiños de complicidad ... Tanteaba nuestra iopinión  hablando de los muchos clientes que había tenido que sentían una desesperada necesidad de hablar, de comunicarse: "La gente quiere que les escuchen" -decía-. "Algunos han llegado a llorar: no  podían pagar las cuotas", "Me regalaban el apartamento"... Coninuamente mezclaba lo personal en la conversación como si fuéramos amigos de toda la vida y gozáramos de confianza eterna...  Dejaba caer en la conversación privadas confesiones de experiencias vitales como la traición de su mejor amigo, socio de una compañía que iba viento en popa y cuya trayectoria acabó en los tribunales, tras una puñalada trapera. Estaba atento a cualquier gesto que denotara impaciencia, duda, confusión... y lo aprovechaba para introducir sugerencias, confesiones... En su vocabulario nunca existía la  palabra NO, aunque se negó reiteradas veces a explicar porqué no nos proporcionaba su información por escrito para estudiarla; tampoco accedió a revelarnos la valoración de nuestra semana (llevaba 3 años haciendo estas reuniones en este complejo, así que sabía perfectamente en cuanto la valorarían)... Se escurría como una anguila ante las contradiciones en que caía en, contadas ocasiones: su confesión de la traición de su mejor amigo del que nunca habría desconfiado me sirvió para extrapolar esa situación a la actual en la que ni siquiera eramos conocidos: ¿Cómo habría de confiar en él y tomar una decisión sin estudiarla detenidamente?; ante el irrefutable argumento de la necesidad de leer el contrato antes de firmar sólo se le ocurrió que era una oferta inaplazable: tenía que ser en el momento...
Seguía trabajando sobre su folio en blanco al que había dividido en dos: a un lado la situación actual: nuestro apartamento, su cuota, la afiliación a RCI (apenas un rinconcito con anotaciones), al otro en ámplio despliegue manuscrito las "numerosas" ventajas de adquirir una semana flotante... Era tan evidente la manipulación gráfica que alguna vez respondí con cierto cinismo a su pregunta que "estaba clarísima la parte derecha del folio".
Porque las preguntas sobre si lo entendía, el qué nos parecía, cómo lo veíamos, si estaba claro... eran contínuas. Uno podría responder que no, pero era peor: volvía a la carga explicando de nuevo todo el asunto intentando que confundieras "está claro" con "estoy de acuerdo". En realidad era esa la estrategia fundamental de la charla: si lo entiendes (y te estoy repitiendo hasta la saciedad que es mejor) es que estás de acuerdo o eres tonto.  
La "oferta" (el humo que nos vendía) consistía en un trueque de nuestra semana en temporada roja (fecha fija) por una "flotante roja" (con un abanico de fechas que comprendían las vacaciones escolares) y siempre que fuera en sus grupo de hoteles (9 establecimentos). Nos garantizaban la compra de nuestra multipropiedad anterior y la supresión de derramas (en los próximos años). El precios serían: 24.500 euros y por nuestra antigua semana nos descontaban (valoración que hicieron en un momento) 15.000 euros. ¡Deberíamos pagar 10.000 euros extas y además deshacer la escrituración -actualmente a nuestro favor- por otro sistema, que no entendí bien, y parecía dejar en una nube la propiedad real de los apartamentos o que directamente se los atribuía.
Cuando nos presentaron el contrato (lo solicitamos solo para leerlo, pues ya habíamos dejado claro que no íbamos a firmar, casi me atraganto con "el humo"... Habíamos pasado 145 minutos (55 más de lo estipulado) escuchado pacientemente, aguantando las ganas de hablar y discutir por no alargarnos, incluso llegamos a discutir como pareja sobre la pertinencia de hacer preguntas... Sentía la situación como un prolongado dolor de muelas, sólo deseaba salir de allí y lanzarme a las calles de Denia para despejarme... ya era casi la hora de comer. Como guinda (esta de mejor sabor) nuestro amable comercial nos indicó dos o tres restaurantes muy interesantes. Ya liberados de la penosa obligación "del negocio" nos relajamos y hablamos aún de algunos aspectos personales: su hijo autista, mi especialidad de logopeda muy relacionada con esos niños (hasta ahora no sabía nuestra profesión), la educación... El mejor comercial del año había dejado escapar a su presa en esta ocasión. Incluso ahora me parecía más humano. Nos despedimos. Yo me quedé pensando en lo que me había dicho al principio, en los prolegómenos cuando hablábamos de nuestras respectivas profesiones y los cursos que hacíamos gratis los maestros: "Yo los cobro: mi sabiduría vale dinero".
 
- ¡Y que lo digas!, pensé.