domingo, 31 de mayo de 2015

¿Derecho a despreciar?


No soy monárquico. Pienso que la monarquía es una institución desfasada. Incluso no la acepto ni siguiera en la historia aunque, desde Mesopotamia, se impuso como forma de gobernar la complejidad de las tribus agrupadas en grandes poblados, en ciudades, en multitudinarias naciones...
No soy nacionalista. Pienso que las naciones agrupan los individuos con pretensión de cohesionar identidades y promover formas culturales, favorecer economías prósperas y defenderse mejor contra posibles enemigos (entre ellos otras naciones con los mismos intereses). Pero sobre las naciones está el vasto mundo, y entre ellas y dentro de ellas, multitud de personas que las transitan, que se relacionan en un nivel superior al patio de vecinos de los intereses nacionalistas.
No soy demasiado aficionado al fútbol espectáculo. Pienso que es un deporte, sobre todo, para jugarlo. Y aún admirando la belleza que a veces producen los diversos lances del juego; no son comparables estéticamente con las acrobacias de otros deportes. Odio, eso sí, las lacras que lleva asociada su comercialización y las asociaciones emocionales y tribales que conlleva..

Pero ante la masiva pitada en la Copa del Rey a nuestro himno nacional no puedo sentir más que indignación. Y acompañando a esta emoción, motor de la cólera, un conjunto de sentimientos negativos: tristeza, desaliento, vergüenza, extrañeza, agravio...

Esta vez, no he  podido dejar de sentir simpatía por nuestro rey. Él solo, flanqueado de un personaje que sonreía manifiestamente la desvergüenza, frente a 10.000 silbatos. En pie, aguantando el chaparrón del desdén, la tormenta del desprecio. Para mí, él fue el ganador de la noche: por su actitud, por aceptar afrontar un destino que conocía, pero dando la cara. Rey mío a mi pesar, Felipe VI, nunca votaré  por ti, por la institución que representas; pero me tomaría unas cañas contigo con mucho gusto.
Respecto a los nacionalistas que se  pitorrean del himno ajeno, ¿qué puedo decir?. ¿Están seguros de que serán capaces de aguantar estoicamente como el rey  Felipe una pitada semejante a sus símbolos patrios cuando, si llegara el caso, se independizaran? Preveo hierro y fuego para doblegar discrepancias con los discordantes. Al tiempo. Pero después de esto perderán sentido sus argumentos sobre librerías catalanas asaltadas, insultos antinacionalistas, derecho a decidir ¿o despreciar?. No existen categorías en el respeto al otro. No podemos caer en la trampa de que hay otros mejores y otros peores. Recuerdo a una catalana nacionalista, familiar cercana, que nos invitó a compartir unos días su casa en la localidad suiza de Les Brenets. Por aquellos días era la fiesta local y asistimos curiosos a conocer sus tradiciones: su famosa sopa, la comida fraterna, su himno... Aquel himno, en francés, se distribuía en unas cuartillas y una de ellas cayó en mis manos. Comencé a leerlo (algo de francés recuerdo del cole) y al traducir aquellas frases algo ingenuas y pomposas, sonreí y se lo mostré a nuestra anfitrión. Ella censuró mi actitud y con gesto reprobador me aleccionó sobre el respeto a las tradiciones y los símbolos de los pueblos... ¿Que habrá pensado de esta falta de respeto tan flagrante y grosera?. Cuando la seguía en facebook llenaba su muro con noticias de este estilo y las acompañaba, a veces, con comentarios desdeñosos hacia "los españoles".
Y el fútbol... Alguien me tendrá que explicar muy despacio porqué unos equipos que "desprecian" una nación, una figura, un himno; se apuntan con manifiesto interés a participar en un acontecimiento que organiza "la bicha" que detestan. Tampoco soporto la hipocresía de unos códigos de honor en unos  jugadores tan refinados, que muestran una indignación ostentosa por una jugada de Neimar que pretendía ridiculizar a uno de sus defensas, pero permanecer pasivos ante una pitada semejante o en las declaraciones en la prensa. Menos mal que existen algunas personas sensatas aún en este mundillo: si no fuera por Vicente del Bosque, me habría alejado definitivamente de él sin  volver la cabeza.

¿De dónde han salido los 10000 silbatos? ¿Quién les ha aleccionado para semejante falta de respeto? Que alguien me lo explique. Puedo asegurar que aquí, en los colegios, no enseñamos ese tipo de cosas.

miércoles, 27 de mayo de 2015

Bajo un árbol del camino


Sentado a la sombra del único árbol, un poderoso chopo al final del camino, me detengo un momento. Aquí muere la senda perdida en el límite de un extenso trigal. En este punto me siento y apoyado en el tronco inclinado de este viejo ejemplar, escribo.

No quiero dejar pasar, sin recogerlos al vuelo, el desfile de sensaciones que me invaden: la caricia del tibio sol de mayo, el fresco beso del aire de la mañana, la alegría de los diminutos estandartes de la avena al viento, la devota reverencia de las espigas al sol de las diez en punto, la falange de tallos perfectamente formados con sus carcaj de espiga repletos de saetas afiladas, el vuelo errático de los insectos... Apoyo mi espalda en la rugosa y áspera corteza del tronco gris y miro los incontables abanicos de sus hojas creando reflejos parpadeantes con su envés al capturar el sol. Los pájaros planean a medio metro sobre las espigas y el viento aúlla suavemente, como disculpándose por asustarme. Una avispilla se inclina sobre el amarillo mantel de pétalos de un diente de león; desayuna -son las 10- el néctar almibarado que le ofrece la flor. Más allá, lejanas, a más de un kilómetro en el horizonte se alza la franja gris de las naves industriales: el polígono de Cabanillas. Ante ellas se distinguen, veloces, los vehículos que circulan por la carretera que lo rodea. Hacia el sur, bajo el sol que se levanta sobre la árida ladera del Valle del Henares, se extiende un arrugado manto de cárcavas y barrancas, cubiertas apenas por una vegetación rala, verdinegra, que apenas destaca contra los ocres de la arcilla reseca. Es un horizonte oscuro de sombras borrosas, territorio de conejos y cazadores en el que solo ellos se aventuran. Enfrente de mí, a un centenar de pasos, se alzan, bien cuidadas, las moradas hileras de los ciruelos japoneses del vivero y el verde brillante de los arces.

Yo, que plantaría mi tienda para prolongar en una eternidad este instante de reposo, me levanto pues he de seguir. Ha sido solo un respiro, un pausado descanso, en el agradable caminar del paseo de las mañanas. Hoy, mayo, pasaste junto a mí y no pude evitar tomar prestado un puñado de tu hermosura.

martes, 26 de mayo de 2015

Caperotwitter y el lobofacebook feroz



Un día, la mamá de Caperotwitter le encargó que hiciera una visita virtual a su abuelita para enseñarle unas preciosas fotos de la tarta que acababa de hacer. La niña subió contenta a su habitación y abrió la tablet entusiasmada. Mientras enrutaba el dispositivo hacia el perfil de su abuela se entretuvo embelesada en los apremiantes mensajes de su cuenta de tiwtter, y se distrajo con las llamativas fotografías del  bosque digital que poblaban su facebook. Perdió la noción del tiempo mientras veía vídeos de animalillos graciosos, de grupos musicales y de bromas divertidas. En ese bosque fascinante muchos de sus habitantes habían solicitado su amistad y ella, generosa, aceptaba su demanda sin reparos. Era hermoso tener tantos amigos. Lobofacebook, que había observado los hábitos exploratorios de la niña, obtuvo así permiso para introducirse en su círculo de amistades y compartir su espacio de confianza. Como era muy astuto había creado una cuenta falsa a nombre de su abuelita clonando el contenido de la despreocupada anciana, así que ahora, estaba escribiendo mensajes en su nombre y publicando divertidas fotos que llamaban poderosamente la atención de la niña.

Caperotwitter, comentó asombrada una foto de su abuelita
- ¡Abuelita, abuelita! ¡Qué vestido más raro llevas! ¿Porqué vas en bañador, si no estás en la playa?
- Es porque hace calor, Caperotwitter.      

Seguían llegando más fotos...
- ¡Abuelita, abuelita! ¿Porqué te quitas más ropa? ¿Vas a ducharte?
- Es porque así estoy más cómoda, Caperotwitter. Y tú deberías hacer lo mismo, verás que a gusto se está...

La última foto sí que era extraña.
- Abuelita, abuelita: ¿porqué eres tan peluda?
- ¡Ah! ¿Acaso tú no lo eres? No me lo creo. Envíame una foto desnuda  para demostrármelo...

La niña se hizo la foto y se la envió. En ese mismo instante Lobofacebook devoró a Caperotwitter.

sábado, 23 de mayo de 2015

Fascinantes historias de la ciencia - 9: "La silla vacía"


Un día la familia de las matemáticas reivindicó un sitio para el ausente: la silla vacía. Cuando se llegó a incluir este concepto, por fin, en las matemáticas se descubrió una manera de representar el mundo mucho más sencilla y efectiva, definitivamente más completa y exacta. Nadie había considerado hasta entonces la utilidad de la nada y que ésta necesitara nombre y posición.. El cero es, en realidad, el primer número realmente abstracto pues es la ausencia de concreción. Es como descubrir de repente, en el mundo del color, que el negro no es color alguno, sino la ausencia del resto. El negro es el cero de la luz, así como la "h" el cero de los fonemas, y como la silla vacía guarda la posición de una persona ausente, de un estatus desocupado pero cuyo puesto no puede ser usurpado.

El cero es importante: Imaginemos que un día, al levantarnos por la mañana, nos encontramos con que el cero ha sido abolido por decreto. Abriríamos el ordenador en la oficina y encontraríamos, asombrados, que éste se cuelga  indefinidamente mientras se sobrecalientan peligrosamente sus circuitos al situarse todos sus millones de transistores en ON (1), todos activando paso de corriente: tendríamos un ordenador epiléptico con descargas continuas e incontroladas. Después acudiríamos a comprar pan en la panadería del barrio y el panadero nos cobraría el precio habitual marcado en la etiqueta: "1"; pero... ¿1 euro? ¿1 billete de 10?, ¿1 millón?. Llegaría el día de nuestro trigésimo cumpleaños y sobre la tarta luciría la solitaria vela del 3 ¡eso sí que sería un retorno a la infancia!. La única ventaja sería que no volveríamos a sacar "un cero" en el colegio...

Hoy el cero es un número popular; es usado en expresiones jocosas como "Multiplícate por cero", "Cero patatero", "He sacado un cerapio"... o peyorativas: "Eres un cero a la izquierda", "vales menos que cero" ... Pero el cero es un número con valor: cuando tienes "0" tienes mucho más que si tienes -35, por ejemplo. También tiene un poder desquiciante: ¿Cómo dividir una cantidad en "cero" partes?. No es de extrañar que las calculadoras nos respondan con ERROR. Los matemáticos llaman a situaciones como estas: "Indeterminación matemática".

Es curioso que ninguna de las civilizaciones occidentales (Grecia, Roma...), pioneras por otra parte en el desarrollo de la lógica y las matemáticas, desarrollara el símbolo del "cero". Es una idea, aparentemente tan sencilla, que choca que no se les ocurriera. Tuvieron que ser tres culturas diferentes y muy alejadas de Occidente las que cayeron en la cuenta de la importancia de este símbolo de ausencias.
La abuela de todas las culturas, Mesopotamia, que usó un sistema de numeración posicional, terminó utilizando marcadores (dos peqeñas cuñas inclinadas similares a las comillas) para indicar posiciones vacías, pero no llegaron a la consideración matemática de la nada: 5-5, por ejemplo, no tenía representación. Los egipcios, por su parte, desarrollaron un sistema en base 10 que nos resulta familiar, pero no articularon la representación posicional ni la idea de cero, aunque por razones prácticas y estéticas, acabaron colocando los números respetando grados y posiciones. Pero fueron los mayas, con sus torres numéricas (escribían los números mediante torres en las que cada piso se asociaba a un factor multiplicativo, es decir un sistema posicional vertical), los que utilizaron el cero intencionadamente para representar un piso vacío. El signo, además, era muy curioso: una especie de caracola o concha de diseño mucho más sofisticado que los prácticos puntos y rayas. El sistema posicional maya, con todo resultaba incompleto, pues las posiciones no se factorizaban siempre con potencias de 20 (base de sus sistema numérico) sino que el segundo piso (20x20) en realidad se multiplicaba por 360. Esa curiosa excepción les privó de la fascinante propiedad de multiplicar por veinte cualquier número simplemente añadiendo un cero en  el último piso.

El cero indio es la primera cifra con todas las propiedades del cero actual. De hecho es el origen de nuestro cero. Incluso la palabra deriva del nombre que ellos le pusieron y que los árabes nos transmitieron a los occidentales. La palabra "cero" proviene de la traducción de su nombre en sánscrito "shunya" (vacío) al árabe "syfr" a través del italiano.
En el centro de la imagen, cero en escritura Nâgâri, que dio origen a nuestra numeración actual.
"El cero indio representa vaciedad o ausencia, pero también espacio, el firmamento, la bóveda celeste, la atmósfera y el éter, además de la nada, la cantidad a no tener en cuenta, el elemento insignificante. 
Georges Ifrah 

En el valle del Indo se desarrolló una rica civilización desde antes del 3000 a.C. Su desarrollo matemático lo atestiguan inscripciones y edificaciones que requieren de cálculos complejos. Se tiene constancia escrita de su sistema de numeración: los numerales Brahmi, de alrededor del 1350 a.C. El sistema Brahmi terminó adoptando una notación posicional de base 10 hacia el s. XII a.C. Esta evolucionó a la notación Nâgâri que registraba las cantidades mediante el uso de tablas divididas en columnas con las distintas potencias de 10 como hacemos nosotros. Los números Nâgâri evolucionaron su escritura terminando pareciéndose asombrosamente a las cifras que nos  legaron los árabes y es muy posible que procedan de ellos.
Evolución del sistema de numeración Nâgârî.

Cuando se empieza a usar un sistema  posicional, tarde o temprano acaba llegando el cero como ocurrió con los babilónicos o los mayas. Parece que en el valle del Indo se usó el cero desde el 200 a.C. en forma de punto pasando posteriormente a escribirse como un pequeño círculo: el cero actual. Su uso como operador ya inspiraba incluso a los poetas:
"Un punto en su frente
 multiplica por diez su belleza
igual que un punto cero
 multiplica un número por diez."

(Poema sánscrito de Bihârîlâl)

El sistema de recuento indio es, probablemente, la innovación intelectual más exitosa jamás concebida por los seres humanos. Ha sido mayoritariamente adoptada y es lo más parecido que tenemos a un lenguaje universal.
El cero, finalmente, se impuso en Europa a través de España donde la cultura árabe lo había introducido. Sin embargo hasta bien entrado el  siglo XVI los comerciantes del norte de Europa no lo aceptaron totalmente. Durante toda la edad media hubo una gran resistencia teológica por parte del cristianismo al uso del cero al estar asociado a la la idea de vacío, de nada, de infinito... nociones estas heréticas para el cristianismo. Hoy en día ha demostrado su extraordinaria potencia matemática y ya nadie puede prescindir de él.

viernes, 22 de mayo de 2015

Terremoto


Tras la cena, el grupo de invitados peguntó por un café o alguna infusión.
-¿Tienes un té rojo?
No teníamos, pero me acordé de aquella petaca tejida con fibra vegetal que contenía un puñado de té nepalí, un regalo de mi hermano trotamundos que trajo como recuerdo de aquel verano en que estuvo haciendo trekking por el Himalaya. Nos lo entregó después de alabarnos sus cualidades: su sabor especiado, fuertemente aromático, liegeramente especiado y su hermoso color ambarino. Nos quedamos con la petaca que quedó reposando en el armario durante los  últimos 10 años.

Pero ese día tenía algo especial que dio sigfnificado a las arómaticas hierbas nepalíes. A nuestros vecinos les gustaban los sabores fuertes (entre las delicatessen del aperitivo habían tenído mucho éxito unos pimientos jalapeños cultivados en la huerta ecológica de los amigos de mi hermano), así que les ofrecí probar una exótica infusión.

- Os invito a un té remoto nepalí, les dije.

Me miraron sorprendidos. El seísmo en el corazón del Himalaya había dejado imágenes desgarradoras muertos y heridos, ciudades devastadas y míseros campamentos de personas inermes sin hogar. No comprendieron el pequeño jeroglífico que les planteaba.

Finalmente se lo expliqué. Tras probarlo, concluyeron que aquel té remoto tenía un sabor fuerte, amargo, mineral...

sábado, 16 de mayo de 2015

El caballo blanco



En el camino llevaba mi mochila y mi pena. Recorría las hoces del Tajuña por el lecho del río al fondo del tajo abierto en la tierra mientras mi pensamiento transitaba a su vez por las llagadas heridas del alma. Una verde tristeza me embargaba. La primavera mostraba su impúdica lujuria insinuándose obscena ante mi alma circunspecta.  Sentía una punzada de dolor en el pecho, como si en mi corazón se agitara el espíritu del fracaso. Al un lado del camino un toro me miraba. Era negro como mis pensamientos, amenazante como una tormenta. Me miraba enojado, irritado por mi insolente presencia. Esperé su acometida pensando lo que alcanzaría a correr con mis piernas cansadas. Al otro lado un caballo blanco, el más hermoso animal que  haya visto jamás, pastaba tranquilamente. Alzó la cabeza al acercarme. 
En ese momento se produjo un suceso sorprendente. Mientras el toro levantó la testuz, giró el cuello hacia un lado y al otro y se apartó con un salto nervioso alejándose unos metros; el caballo comenzó un suave trote directo hacia mí con actitud confiada. El corazón me dio un vuelco, por un momento pensé que me arrollaría con aquel cuerpo musculado y perfecto que brillaba en el claroscuro del bosque; pero permanecí tranquilo y extendí mi mano abierta esperando la llegada de su magnífica cabeza. Se acercó sin temor alguno y se dejó acariciar. Aproximó sus ollares a mi pecho olisqueando, reconociendo mi excitación. Estuve así con él un buen rato, hablándole como había visto en las películas, halagando sus oídos mientras le declaraba  mi admiración por su hermosura, agradeciéndole su compañía...  Con delicada paciencia, sin prisa, se dejó mimar un buen rato y después, sin alejarse, continuó pastando los brotes verdes al lado del camino. 

Me alejé lentamente. Cuando volví la cabeza, el negro toro aún colérico me miraba desconfiado mientras  el caballo blanco, no lejos de él, pastaba plácidamente. Yo continué mi camino con una sonrisa. Sentí su encuentro como la mágica visita de un Unicornio de pureza, como el inapreciable aliento de un  Vencedor de dragones.  

jueves, 7 de mayo de 2015

Que por mayo...




"Romance del prisionero"

Que por mayo era por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor,
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión,
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero ;
¡déle Dios mal galardón!
(Anónimo)


El azar (una clase de lengua, donde explicábamos el romance), me ha traído a la memoria este bellísimo romance anónimo. La sobria y sentida interpretación de Joaquín Díaz transmite perfectamente el lirismo de estos sencillos versos. Uno siente la tentación de comentar el texto al uso, en términos académicos. Podría decir que pertenece al Romancero Viejo, que es una expresión subjetiva de los sentimientos del autor, que está escrito en primera persona, que consta de 16 versos octosílabos... Podría hablar de las figuras poéticas: las aliteraciones, los paralelismos, las anáforas... pero siento que al hacerlo despojo al poema de su magia.

Y la tiene: es mágico y perfecto. Con una magia cercana a la cinematografía (magia como pocas). La mitad del  poema describe una ensoñación, nacida del recuerdo, de la primavera en mayo con una sucesión de potentes imágenes. Cualquier campesino de la Edad Media (momento en que se creó el poema) podría visualizar perfectamente esta sucesión de campos en flor, de trigos creciendo, de amores en la naturaleza... (los que hemos pasado algunas temporadas en primavera en el campo, reconocemos estas imágenes con claridad). Pero en medio del romance, en plena delectación de las dulzuras de la estación, nos sumerge en la oscura realidad del protagonista (ahora sabemos que está preso y habita  un oscuro calabozo). Nos describe perfectamente su desesperanza y nos apunta su único alivio: una avecilla que le canta al amanecer, su única referencia temporal, su único contacto con el mundo exterior. En seis líneas describe su negro destino; para destruir finalmente, con un par de versos geniales, su último resquicio de esperanza.

Me rindo a la inmensa tragedia de la muerte de un pajarillo. Algo tan pequeño y que representaba una esperanza tan grande... 

Quisiera ser trovador con el laúd a la espalda, recorriendo la campiña en primavera. Pasar al lado de un oscuro castillo e imaginar la historia de algún prisionero olvidado; soñar con conquistar el amor de una bella princesa, inventar la hazaña de la derrota de un dragón, cantar la dramática historia de unos amores imposibles... Ser un  pobre juglar, que nada tiene, que solo sabe acariciar el corazón de la gente con un poema. Pero a mi pobre musa me la mató un ballestero... ¡déle Dios mal galardón!. 

martes, 5 de mayo de 2015

Los futbolistos y los futbotontos


Pensaba hace algunos momentos en qué escribir en el día de hoy. Me había propuesto escribir alguna cosa, crear algún pequeño texto. Me lo impongo porque soy sumamente vago y necesito obligarme a sentarme en la silla frente al ordenador y estrujar  unos momentos la mente. Inicialmente pareces estar vacío, piensas que te repetirás sin remedio; pero al cabo de algunos minutos alguna sensación, alguna idea, vendrá en tu ayuda y comenzarás a teclear con rapidez antes de que se te escapen esos pensamientos que, por momentos, se te amontonan en la cabeza. 

En este caso he decidido escribir unas líneas sobre mi desdén por el fútbol: fue un buen deporte mientras lo jugué, de infancia a juventud; resultó entretenido verlo desde el sofá al llegar a la relajación de la madurez; pero me resulta ahora completamente indiferente, si acaso con un punto de desprecio. Porque en este circo mediático, los payasos ejecutan sin gracia su numerito sobre sus propios egos; los dignos patriotas de cada club hacen promesas de fidelidad que romperán enseguida; los espectadores pontifican sobre aspectos técnicos ("para entrenador, al igual que para maestro, vale cualquiera"); los asalariados del balón cobrarán sumas inconcebibles (y les parecerá  poco); los aficionados (mercenarios de los sentimientos) supeditarán su estado de ánimo a los resultados de su equipo...

Quizá mi actitud tenga que ver con que en este momento dos tercios de la vecindad están reclinados en sus sofás viendo entusiasmados el partido de semifinales de la Copa de Europa del Madrid contra el Inter: "La gente mira a la hormiga y se pierde el eclipse" que dice un refrán chino; resulta que nos interesamos extraordinariamente por ver cómo unos privilegiados dan patadas a una pequeña esfera sin pensar que otros privilegiados, más peligrosos,  pelotean sin compasión con otra esfera mucho más grande en la que vivimos. En ambos casos nos manipulan a base de puntapiés ¿Es que no os dais cuenta? 

Los libros de la primavera -2: "El faro de Alejandría"


Resumen del libro
Obligada por su origen noble a contraer matrimonio con el cruel gobernador Festino, la joven Caris de Éfeso huye en dirección a Alejandría disfrazada de eunuco. Su sueño es estudiar el arte de Hipócrates y dedicarse a la medicina, un sueño imposible para una mujer en el año 371 d.C. No obstante las dificultades, Caris logra convertirse en médico y, gracias a sus conocimientos, acercarse a las más altas esferas del poder en pleno ocaso del Imperio romano. Basando esta trama en una detallada descripción de la medicina hipocrática y, por encima de todo, en una cuidada y rica ambientación en la mítica Alejandría, Gillian Bradshaw ha escrito una novela de ágil lectura y gran interés histórico.

Sobre la autora: Gillian Bradshaw
Gillian Marucha Bradshaw (1956) es una escritora estadounidense. Nacida en Falls Church, Virginia, se crió en Washington, Santiago de Chile y Michigan, y reside actualmente en el Reino Unido.

Cursó estudios en la Universidad de Michigan, en donde obtuvo por dos veces premios por sus trabajos sobre la Grecia Clásica. Continuó estudios avanzados en Newnham College, Cambridge, donde estudió filología clásica.

Sus novelas se encuadran dentro de los géneros de la ficción histórica, la fantasía histórica, la ciencia ficción, la literatura juvenil e infantil y ficciones contemporáneas con gran componente científico. Sus novelas históricas no fantásticas están situadas tanto en la Antigüedad Clásica (Egipto y Grecia) como en períodos posteriores como el Imperio Bizantino o la Gran Bretaña romana.

Ha sido aclamada por la crítica debido a la gran verosimilitud tanto de sus obras históricas como de las que incorporan elementos científicos.

De entre sus novelas publicadas en inglés hasta la fecha, se ha editado en español la trilogía sobre Bizancio compuesta por: El faro de Alejandría (The beacon at Alexandria, 1986) -que obtuvo un extraordinario éxito de ventas en nuestro país-, Teodora, emperatriz de Bizancio (The bearkeeper's daughter, 1987), y Púrpura imperial (Imperial purple, 1988), además de El contador de arena.(The sand-reckoner, 2000, ganadora del Premio Alex 2001) y El heredero de Cleopatra (Cleopatra's heir, 2002).

Impresiones personales
No me cabe duda de que Guillian Bradshaw ha impregnado con un poco de sí misma esta novela. Contra la pequeñez, frente a la insignificancia del personaje ante la inercia de su mundo, a pesar del poder de los imperios, plantando cara a la brutalidad de las normas sociales; la protagonista, Caris de Éfeso, se alza con sus propios medios: una tenacidad sin límites y la clara inteligencia de una mujer.
Esta es una historia de liberación, de lucha por demostrar al mundo la igualdad de los sexos ante un proyecto vital: el derecho de elegir su destino tanto en lo profesional (ejercer la medicina) como en lo personal (el amor y el matrimonio). Algo que recuerda a la propia Hipatia de Alejandría, que nacería unos cuantos años después .

Seduce, primero, la presentación histórica del tiempo y de los personajes: convincente, rigurosa... pero aún "engancha" más la ejecución de la trama, el desarrollo de los personajes,  la construcción de los diálogos. Alguna vez me ha propuesto escribir una novela y, en el día a día de los personajes, en la rica complejidad de las relaciones sociales creo que fracasaría. Ahí es donde Guillian brilla con luz propia. La relación entre sus personajes se hace cercana, familiar; empatiza con ellos, maneja las claves de los sentimientos de una mujer como, evidentemente, solo ella puede hacerlo.

Por otro lado, describe con realismo histórico la decadencia del Imperio Romano. Un lento pero inexorable declive. A la nostalgia de su eficaz ordenamiento del mundo, a la magnificiencia de su inmenso poder opone la lacra de la corrupción y la aparición de nuevas y poderosas fuerzas: la presión de los pueblos bárbaros empujados por pueblos como los hunos, aún más bárbaros y salvajes; la desesperación del hambre, las luchas religiosas... En medio de fuerzas que los sobrepasan los protagonistas tratan de aportar su granito de arena a la construcción de un mundo más honesto y civilizado. Por lo menos, en su entorno, parece que lo consiguen.

"Pasaré mi vida y ejerceré mi profesión con inocencia y pureza. No ejecutaré la talla, dejando tal operación a los que se dedican a practicarla.En cualquier casa donde entre, no llevaré otro objetivo que el bien de los enfermos; me libraré de cometer voluntariamente faltas injuriosas o acciones corruptoras y evitaré sobre todo la seducción de mujeres u hombres, libres o esclavos."

(Fragmento del Juramento Hipocrático)

lunes, 4 de mayo de 2015

Pensamientos 2.


Demostrando a Dios

El Universo en una pelota de tenis: la ciencia nos conduce a conclusiones inconcebibles.
Solo la nada tiene lógica. La existencia preocupa porque es absurda. ¿Por qué ha de existir algo?
La simple existencia de algo es la prueba de Dios. La conciencia de su existencia es la prueba del hombre. Que use el verbo ser lo legitima.

domingo, 3 de mayo de 2015

Primavera


Frescura de marzo, lujuria de abril, esplendor de mayo, dulzura de junio... Transito por la estación de la fronda renovada,  habito el corazón verde de la tierra en primavera.
Es mi estación más querida, mi preferida. Le perdono la lluvia inoportuna, las traicioneras humedades, la sorpresa del frío inesperado... le disculpo la alergia atosigante, la astenia desfalleciente, el cielo encapotando el alma. Tolero pacientemente la osadía de las hormigas en sus primeras exploraciones, la plaga desforestadora de los caracoles entre los brotes de mis macetas, la invasión del trébol sobre el césped del jardín. Todo lo soporto con una sonrisa porque sé que la vida renovada nunca es cómoda. Me consuelo con las mil imágenes de belleza que aparecen ante mis ojos: la rotunda perfección de unos narcisos, el intenso rojo de una amapolas, la celeste hermosura de las nubes iluminadas por el sol del atardecer...
Y esa invitación del campo a ser visitado y explorado, esa inquietud del cuerpo por acercarse a lo naturaleza que estalla en infinitas vidas vegetales; el agradecimiento de los pulmones al recibir el aire nuevo: todo me recuerda que estoy vivo.
Bienvenida, Primavera. Yo también transito por las estaciones del alma y espero nuevos brotes de esperanza.      

sábado, 2 de mayo de 2015

En la oficina del copyright


Muchos buscamos el invento que nos hará ricos. Algo tan increíblemente sencillo y evidente como un caramelo con palo o una balleta al final de un bastón. Quizás la necesidad nos haya obligado a diseñar unos pañales muy eficientes o un cierre con velcro. Acaso importamos el genial invento de la hamaca tras descubrir lo sencilla, cómoda y eficaz que resultaba para evitar los mareos en los barcos. Puede que no nos demos cuenta de lo higiénico y eficiente que resulta el váter y el bidet. El caso es que estamos rodeados de inventos que nos dulcifican la vida y algunos son tan simples y accesibles que nos asombra que no se nos hayan ocurrido a nosotros mismos. Pero, ilusionados por la halagüeña  perspectiva del fácil enriquecimiento, nos ponemos a pensar en algo novedoso, creativo, rotundo... y, con una humillante sensación de nulidad, llegamos a la conclusión de que todo lo que merece la pena ya ha sido inventado. A veces exploramos alguna idea con posibles; por ejemplo a mi hermano Javi se le ha ocurrido una aplicación de móvil para reconocer setas (esto, tras muchas jornadas de dudas existenciales sobre la toxicidad de algunos ejemplares de apariencia apetitosa); o a mí mismo, que pagaría unos cuantos euros por una aplicación que me ayudara a encontrar los servicios en el Corte Inglés de Nuevos Ministerios... Pero, al final, a nuestras ideas le falta la chispa, la originalidad o la utilidad contrastada con nuestros semejantes.
Muchas veces nos quejamos amargamente de que se nos han colado en la fila de la oficina de  patentes. ¡Joder, -decimos cabreados- si el palo del selfie se me había ocurrido a mí hace tiempo...! Otras planteamos ideas que, casi con seguridad, ya han sido puestas en práctica (a mí se me ocurrió obligar en todas las nuevas construcciones de viviendas a instalar un sistema de varios tubos en cada piso para arrojar directamente la basura  y así poder separar en origen sin dificultad alguna: cada tubo conduciría a un depósito diferente en los sótanos o parte baja que podría descargar con facilidad en los camiones de recogida).

Pero, querido lector, el genio aparece a veces tras una búsqueda, a veces tras una equivocación y, otras, es fruto de una observación atenta. Ahí está implícita la necesidad, o la sorpresa y; también, el expolio de la enorme sabiduría de la naturaleza. Ella, autora de infinitos inventos, nunca patentó nada.

viernes, 1 de mayo de 2015

Los hombres que no amaban la poesía.


A ti, persona desconocida, o acaso familiar;
a ti, que pueblas tu whatsapp de fotos con mensaje,
de lemas y frases optimistas, de críticas agudas, 
de bellas imágenes tituladas con chispa;
a ti que abarrotas tu facebook de expresiones emotivas...
Tú,  autora de breves besos literarios,
de tweets mínimos y sensibles; 
tú, que canturreas las canciones, 
que aprendes las letras que te llegan al alma:

Has subido el primer peldaño de la poesía,
ya caminas hacia el mundo del arte sublime;
ahora atrévete a subir un peldaño más, 
despójate del ropaje innecesario: 
¡Alza la vista: verás el cielo!