domingo, 28 de diciembre de 2014

Nuevo libro con los artículos del blog

El leer hace completo al hombre,el hablar lo hace expeditivo,el escribir lo hace exacto.
Francis Bacon.


A ti, que te importa.
Te interpelo, amigo lector porque sé que te importa lo que escribo. Utilizo para ti la función apelativa con subordinada de relativo especificativa... y te digo: ¡Gracias!
Gracias por dedicar unos minutos de tu tiempo a compartir mis pensamientos.
Gracias por tolerar mis torpezas, perdonar mis disparates, aguantar mi insufrible arrogancia... Gracias por participar con tus comentarios. Gracias por tu fidelidad, tu curiosidad, incluso por tu compasión, por tu ira; por todos tus sentimientos convocados.
¡Muchas gracias!

Pero a ti que juzgaste lo extenso por aburrido, lo triste por repelente, la ingenuidad por estupidez... a ti que no te rozó el alma siguiera alguna frase, alguna entrañable anécdota de una vida ajena:
¡A ti, qué te importa!

 Publico un libro más. Ya va por el cuarto volumen lo que dan de sí, los artículos de este blog. El presente ejemplar recopila las entradas del año 2014 desde el 1 de enero al 18 de noviembre. Estas entradas desaparecerán del blog y solo serán ya accesibles mediante la adquisición y lectura de este libro. No espero lucrarme con esto, lo vendo al costo. Tampoco espero alcanzar fama alguna. La autoedición solo da para guardar tus trabajos en un formato manejable y profesional y, quizás, para arruinarte regalándolo a amigos y conocidos. Pero si a ti realmente te importan, amigo lector, siempre podrás tenerlos a un clic de ratón.




lunes, 22 de diciembre de 2014

En los pagos de Alcalosus



Alcalosus es un mago caído hacia el lado oscuro. Es como Sauron, en el Señor de los Anillos, después de ser corrompido por Morgoth.  Hace siglos, se rebeló contra las fuerzas del bien y empezó a utilizar  su magia contra la gente, especialmente contra los niños a los que odia. También ha acumulado un colosal rencor contra las mariposas amarillas desde que una de ellas logró derrotarle y encerrarle en una oscura mazmorra escavada  centenares de metros por debajo el suelo de un colegio de Alcalá. Allí ha vivido tras las rejas durante decenas de años con la repelente compañía de tres esqueletos que no le dejaban dormir con el trastablilleo de sus huesos. Este era su destino para toda la eternidad si no fuera por el súbito impacto de un meteorito que se estrelló sobre el patio del colegio y que destrozó las paredes de su mazmorra liberándolo. Alcalosus escapó con su corazón lleno de odio latiendo fuertemente por la venganza.  Sobrevoló el cielo de Alcalá de Henares bajo una música infernal dirigiéndose a su refugio en las afueras, en el tenebroso monte Gurugú, donde tenía su viejo castillo. Desde entonces vive entre sus ruinas, junto a su amigo el mago Malón, rumiando juntos la venganza.  Hoy, no sé porqué, sentí la llamada de Alcalosus y puse rumbo al siniestro monte Gurugú en busca de su castillo...

Dejé mi coche en la zona de aparcamiento a la entrada del Parque de los Cerros. Desde allí un camino descendía suavemente hacia el río. Después remontaba la ladera de una pequeña loma y trazaba curvas sinuosas entre matorrales y plantas apartándose de la orilla. La rala vegetación despejaba el paisaje. A lo lejos se alzaban colinas terrosas con profundas cárcavas en sus laderas. Más adelante la pista de guijarros blancos  se internaba en un pinar con árboles de más porte. El tibio sol no llegaba al suelo detenido por el entramado de las agujas de los pinos. Hacía frío. Me abrigué subiendo la cremallera de mi cazadora hasta el cuello. El suelo estaba húmedo y el barro se pegaba a las suelas de mis botas obligándome a pisar con cuidado. Pese a ello resbalaba a menudo al apoyar el pie en la escurridiza pendiente. Algunos conejos corrían ladera arriba asustados por mi presencia.
Más adelante aparecieron los barrancos y los cerros empezaron a amontonarse en el horizonte.  El sol declinaba y las sombras se alargaban sobre el camino.
Al cabo de algunos kilómetros llegué a un cruce en el que un solitario letrero indicaba "Al castillo" con una flecha que señalaba un camino que descendía hacia la izquierda en dirección al río. Estaba claro que Alcalosus había previsto dejarme pistas para conducirme a su morada. El camino continuaba bajando y parecía dirigirse directamente de nuevo a la ribera del río Henares. De pronto, a la derecha, divisé un elevado cerro. En su cima, unas siluetas se recortaban contra el cielo del atardecer y parecían hacerme señas. - Otra señal de Alcalosus -pensé. Me aparté de la pista y tomé una estrecha senda que se dirigía hacia la cumbre. La trocha ascendía entre pinos de gran porte.
https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEg7wllLaXNZAgDh5qn_-PamTlcryLQE53nPN9qPf80Ykk9LoFeZCIvWbctgnqTngEEVeWmyy1734qoqeWbzYFQ-S3M7I5fzx5pMG35KarKL-7DwUEmId6s_bfFAFlsEfpML8UnzApQPlcoo/s1600/curvas.jpgEl suelo aparecía modelado y roto por la acción de las corrientes de agua. Cada pocos pasos surgían pequeños barrancos escavados por las torrenteras. La estrecha vereda se ceñía a la ladera sorteando aquellas profundas hendiduras. Un mal paso me hubiera hecho caer y quedar engullido por la maleza. -Mal lugar para un mal traspiés, -pensé- nadie me encontraría aquí si cayera.
En la blanda arcilla reconocí, espantado, huellas de un lobo. -Otra nueva señal- presentí. Las zarpas del animal estaban claramente grabadas en la arcilla húmeda. Un escalofrío recorrió mi espinazo: quizás Alcalosus había enviado las fieras a mi encuentro: mal sitio era este para defenderme de una emboscada. El camino continuaba serpenteando por el este, el lado más sombrío,  justo al otro lado del sol. La humedad penetraba hasta los huesos.
Poco antes de la cima  un pino solitario se alzaba saludando al sol poniente. Unas decenas de metros después se llegaba a la cima formada por una pequeña plataforma de tierra húmeda. El paisaje era majestuoso. Toda la ciudad de Alcalá se divisaba desde allí. - Es el observatorio de Alcalosus -pensé-. Aquí debe pasar muchas noches planeando el desquite sobre la pobre Amarilla.
Sobre el barro, una pareja de enamorados había dejado testimonio de su amor. Un corazón atravesado por una flecha y el nombre de los amantes: Alberto y María. La escritura parecía recién grabada sobre la arcilla estaba fresca; sin embargo, no se divisaba a nadie en kilómetros.
Desde el cerro, hacia el este, se distinguían las ruinas de un viejo castillo. Una cadena de cerros y barrancos dificultaban su acceso. Bajé de nuevo al camino y continué en la dirección de la fortaleza.
A mi paso aparecían árboles arrancados por el viento, oscuros vallejos escondidos tapizados de hierba, paredes arcillosas de formas caprichosas que parecían máscaras de seres horribles. En las umbrías brotaban del suelo tapizado por las acículas de los pinos setas blanquecinas. El camino se aproximaba al río y se hacía intransitable por el barro. Después rodeaba un cerro y se internaba en un valle.
Quise atajar por un antiguo camino, ahora invadido por la hierba. A la derecha, junto a una cueva natural escabada por el agua en la pared arcillosa, la enorme cabeza de una esfinge parecío hablarmepreguntando por una extraña adivinanza.: - "¿Qué animal anda a cuatro patas por la mañana, con dos al mediodía y con tres por la noche?".  No supe qué contestar y una culebra verdinegra se deslizó entre mis piernas como presagio del castigo que me esperaba refugiándose después entre los altos hierbajos del lecho de un arroyo, ahora sin agua. Tenía las perneras empapadas por la hierba mojada cuyos tallos habían crecido mucho por la falta de tránsito en el sendero. Continué por la ladera, pegado a la falda de los cerros, tratando de mantener la cota y por fin, accedí a un pequeño collado. 
Desde allí se divisaba el castillo. El sol acariciaba con sus últimos rayos los restos de la torre desdentadas y los muñones de antiguos torreones, hoy desmenuzados y engullidos por la maleza. Esperé unos minutos que cayera el sol. Sabía que Alcalosus me estaba esperando y que, con la llegada de la noche, se mostraría.  

Y en aquel momento en que las sombras del anochecer ascendían por la ladera y escalaban la muralla carcomida, apareció su silueta. Una figura triangular que flotaba sobre la torre desmoronada. Desde abajo lo reconocí. Tenía en su mano la bola brillante con que enviaba sus rayos hechizados. Paralizado no pude reaccionar cuando se formó un leve resplandor sobre la diminuta esfera y un rayo brillante atravesó el aire en mi dirección.
El resplandor me alcanzó en el pecho produciéndome un vivo dolor. Después cesó su brillo y mi corazón, brutalmente golpeado, volvió a latir don dificultad. Alcalosus dio la vuelta y desapareció. Yo me sentí infinitamente cansado; en ese momento comprendí que el cruel mago se había tomado su venganza conmigo. Notaba mi extrema debilidad. Como una revelación comprendí que el peso de los años, la terrible fatiga de la edad, era mi castigo. Me había citado para celebrar el final de mi juventud. Agotado, emprendí el regreso. Afortunadamente la claridad del ocaso, hacia el oeste, y las luces de la ciudad por el norte orientaban mis camino. Llegué en la más completa oscuridad al aparcamiento. Desfallecido entré en el coche y bebí un sorbo de agua. ¡Eres viejo, Jesús! Ya no aguantas nada.

miércoles, 17 de diciembre de 2014

"Me ha dado un Pastora Soler"


Asisto, incrédulo, a las disculpas de un Joaquín Sabina quebrado, pesaroso en el escenario. No me puedo creer que aquel bribón, el pirata cojo con cara de malo, intente ahora conquistar al respetable invocando a la pena, a la ternura. El Gran Impostor, el Señor de las Mil Máscaras en el carnaval de la vida, el juglar de voz aguardentosa intenta meterse en la piel de un vejete bonachón que nos pide disculpas... ¡Qué cabrón! Después de tomar todos los trenes que iban hacia el norte, ha subido al tren de regreso a Úbeda, en el vagón de la pena, asiento de la compasión.
¿Miedo escénico? ¿Que has tenido un Pastora Soler? - ¡No me lo creo! ¡Pero si has gastado mil suelas pisando escenarios...! Me creería que te aniquiló una afección intestinal ¡Eso sí! Una diarrea morrocotuda podría producir un desastre en la retaguardia sin precedentes... ¿Qué tienes problemas de próstata? - Quizá. Las 500 noches acaso las bautizaste así por los viajes compulsivos al urinario... O será, tal vez, que chocheas: un ictus deja secuelas... o puede que el alcohol, el tabaco, tal vez la cocaína; te pasen facturas atrasadas y esperes, aterrado, el desahucio inminente de la casa de los vivos.
Llegas demasiado tarde, Sabina. ¿Descubres ahora que las noches son para dormir (preferentemente)? ¡Hei, Hei, Sabina! ¿Tuviste cuidado con la nicotina? ¿Haces ahora pedagogía de los estragos del exceso? ¿Llamarás a las fuerzas del orden para apresar al pirata cojo? Sabina, Sabina: Reivindicas ahora la calle Melancolía...
No puedo creerlo en ti: ¡Pedir perdón! ¡Que bajo has caído! Nos muestras el fracaso de un arrepentimiento. ¿Cómo te has dejado llevar a un callejón sin salida? Si eras el mejor dotado de los conductores suicidas...
Sólo te salva que sea algún truco, el acto consumado de un viejo actor. No me creo que, venido al tablado de joven, ahora de viejo no sepas la lección.
Sé que en los ochenta, sin la fama de ahora, buscabas conciertos casi por comer. Un amigo mío, Pepe Cascajero, me lo confirmó. Con unos amigos fue hasta Madrid a buscar un cantante para las fiestas de Chiloeches y allí debieron conocerte, quizá en La Mandrágora cantando con Krahe. El caso es que te contrataron y te fuiste con ellos a cantar a ese pueblo de Guadalajara. "Joaquín el Peruano" te presentaron (entonces vendían mucho más los músicos de allende los mares). No te cortaste ni un pelo y no tuviste miedo escénico ante el bocadillo de jamón que te ofrecieron en su casa al acabar. De la calidad de aquel jamón hablaste maravillas. ¿Falta de tablas? ¿Miedo escénico?... Con ese bagaje fiestero, con esa colección de escenarios, con ese surtido de conquistas a las reinas de los bares abiertos en madrugada... Nos das tongo a las diez, a las once, a las doce, a la una, a las dos y a las tres; y nos vuelves a engañar con tu magia zorruna...
Yo no me creo tu nuevo ardiz. Donde ya no alcanza el aura del bribón, el atractivo del canalla; optas ahora por inspirar compasión y ternura. Y si no es así, es que siempre has sido un gran impostor. Pongamos que hablo de Joaquín.

martes, 16 de diciembre de 2014

Univérsitas

Portada del libro "Tratado de la inmortalidad del alma" 
(1503) de Rodrigo Fernández de Santaella, fundador de la Universidad de Sevilla


Nació la Universidad en la Baja Edad Media. Su fin era formar a los jóvenes en las disciplinas de teología, Derecho, Medicina, Arte y Filosofía. Gozaba de bula papal y su enseñanza era en latín. En un principio la orientación era netamente clerical,  católica su concepción del mundo y sus métodos escolásticos.
Pero lo que me interesa destacar es que "Universidad" en su origen no indicaba un centro de estudios sino una agremiación o "sindicato", una asociación corporativa que protegía intereses de las personas dedicadas al oficio del saber. En el latín medieval UNIVERSITAS se empleó originariamente para designar cualquier comunidad o corporación considerada en su aspecto colectivo. Cuando se usaba en un sentido más moderno denotando un cuerpo dedicado a la enseñanza y a la educación requería la adicción de un complemento para redondear su significado "UNIVERSITAS MAGISTRORUM ET SCHOLARIUM". No fue hasta fines del siglo XIV que la palabra empezó a usarse con el significado que tiene hoy en día y el concepto del término UNIVERSITAS, con su significado actual, no llego hasta el Renacimiento.

Aclaro estos matices históricos en esta entrada porque en la Universidad Española se huele un cierto tufo regresivo, una vuelta a la agremiación, al corporativismo. Se habla mucho últimamente de "la endogamia" en la obtención de puestos en las universidades españolas (hasta el 73 %, según publicaba recientemente el periódico EL PAÍS). La calidad de nuestras universidades se resiente así gravemente. Y si el informe PISA sitúa a la Primaria española en el puesto 29 sobre los 44 países que la realizan; en el ámbito universitario es peor, pues solo una universidad, la de Barcelona, se coloca entre las 200 mejores según el ranking de Shanghai. Pero, apartándome de estos análisis en los que tengo que beber de fuentes ajenas, me voy a limitar a relatar las impresiones que dejaron en mí los años que pasé por esa institución. 

 La segunda mayor decepción institucional de mi vida, aparte de la mili que ocupa el lugar preferente, fue la universidad. Recuerdo que acudí a ella embargado de fervoroso respeto. Reivindicaba orgulloso mi origen palentino (Palencia fue cuna de la primera universidad de España: en el 2012 se celebró su 800 aniversario). Así que, tras un año estudiando en la UNED (Universidad Española de Educación a Distancia) las materias de la licenciatura en Psicología, empapándose con sus extensos y áridos manuales pero sin presentarme a examen alguno; opté por matricularme en el curso puente para diplomados en magisterio. Hube de hacerlo en el curso de tarde (o nocturno) ya que trabajábamos hasta las cinco y aún tardábamos 30 minutos en llegar a Somosaguas desde Alcorcón por aquellas carreteras de atascos interminables. Nada más llegar nos sentábamos en las últimas filas (no había otras disponibles con las clases ya empezadas hacía tiempo) y susurrábamos al compañero pidiéndole que nos orientara un poco sobre el contenido de lo que se impartía. Frecuentemente recibíamos, como una bofetada, la recriminación del profesor que -en un alarde de ignorancia- nos regañaba: 
- No saben ustedes lo que molesta que alguien esté intentando explicar algo y se escuchen murmullos entre los oyentes...  
- ¡Oh, no! ¡Claro que no! (pensábamos para nuestros adentros) ¡Sólo llevamos escuchándolos (y mucho más fuertes) durante cinco horas en nuestras clases!.  
Nuestro profesorado del nocturno se repartía en una amplia gama de excelencia: los había estupendos, de esos que te enganchan y esperas sus clases con impaciencia, también los había buenos, que cumplían con su cometido con eficiencia; pero la mayoría eran mediocres y unos cuantos eran malos de remate. Recuerdo haber pasado clases enteras jugando a anticipar su lección, pues había más de uno que se limitaba a leer el manual.
Cuando salíamos, bien entrada la noche, aún teníamos que conducir como zombis hasta casa. Para no aburrirme yo elaboraba unos apuntes sintetizando lo que escuchaba. Años más tarde me informaron (en una de esas reuniones de antiguos alumnos) que adquirí reputada fama entre mis compañeros por su calidad, cosa que jamás había imaginado). Eso debió funcionar muy bien pues en ninguna etapa de mi vida tuve mejores calificaciones. Aunque, la verdad es que no creo mucho en ellas. Descubrí que muchos profesores echaban en falta en sus alumnos una buena redacción, y yo destacaba en eso: algún punto extra me cayó por esa causa. También, poco a poco, me fui convirtiendo en un experto de las pruebas objetivas o tipo test: Desde la forma de realizar la preguntas (que ya sugieren la respuesta)  hasta las opciones absurdas (que amplían las probabilidades) pasando por  el entrenamiento en los exámenes de años anteriores (increíblemente repetían muchísimas de las preguntas: ¡serán vagos!)... eran, además, las favoritas para los profesores (por su facilidad de corrección ¡qué cómodos!) y los alumnos (así todos ganan... ¡o pierden!). 

Acabé mi carrera de Psicología con buenas notas y en plazo de tres años (el curso puente me convalidaba hasta tercero). Me hice miembro del colegio de psicólogos de Madrid durante un año y me compré una bonita Psi (el símbolo de la profesión) de plata . No me sirvió para mucho más. Y ahora, pobre de mí, apenas recuerdo aquellos contenidos que defendí brillantemente en los exámenes.

Volví a pasar por la Universidad un par de ocasiones más. Una de ellas para obtener la habilitación en Educación Física. La historia de aquel curso da juego  para otra entrada que realizaré algún día. La última vez que pisé sus aulas fue para realizar un  máster  en Audición y Lenguaje que también merece tratarse aparte.. Sólo diré que, en ambas, la decepción fue el sentimiento predominante. 

La imagen del prestigio educativo que tiene la mayoría de la gente es una pirámide en la que el catedrático reina sobre el resto de docentes bajando niveles en cada etapa de enseñanza: Universidad, Bachillerato, Primaria, E. Infantil. Después de haber pasado personalmente por todas las etapas educativas, al menos como alumno, yo tengo claro que, en materia de dedicación y empatía con el alumno, se da una pirámide invertida desde Educación Infantil: en esta primera etapa es donde más se trabaja, donde más se relacionan los dos protagonistas de la enseñanza. Pero es que además es en la que más se aprende (amigo lector, si esto te resulta extraño, te puedo asegurar que hay centenares de estudios que priman esta edad como la más importante para el aprendizaje y son infinidad las pruebas neurológicos y psicopedagógicas que lo apoyan). Algunos países como Finlandia (número uno en resultados PISA) lo reconocen expresamente y consideran a los maestros como profesionales de muchísimo prestigio. Soy testigo de la absoluta impericia, casi cercana al autismo, que pueden mostrar ciertos doctos profesores al enfrentarse a un grupo de niños; sin embargo estoy seguro de que cualquiera de las  profesoras de infantil de mi cole es capaz de enfrentarse a un nutrido grupo de padres con unas tablas envidiables y seguro que sabría hacerlo también ante un grupo de sesudos catedráticos con soltura y sin aburrirles para hablarles de su día a día. Brindo por ellas. 
Tiene más mérito la emotiva graduación delos niños de cinco años al terminar esta etapa que la glorificada licenciatura de muchas carreras.  Como dice el himno universitario "Gaudeamos igitur":

Vivat Academia,
vivant professores.
Vivat membrum quodlibet,
vivant membra quaelibet,
semper sint in flore.

Pero no te lo creas demasiado, ¿Eh?

viernes, 12 de diciembre de 2014

Los libros


Estos días paso mucho tiempo entre libros. En la biblioteca de mi cole estamos desembalando y colocando en sus nuevas estanterías los 10.000 ejemplares de la antigua. No es tarea fácil: tras montar nosotros mismos todo el mobiliario tenemos que clasificar, ordenar, colocar, expurgar, trasladar, actualizar el catálogo, seleccionar los destinados al mercadillo previsto, apartar los que donaremos al IES, bajar los destinados a la sala de profesores... un trabajo largo y minucioso.

Sentimental como soy, describiré los sentimientos que se apoderan de mí cuando, en los ratos libres de docencia, me tengo que entregar a estas labores. Lo primero que viene a mi cabeza ante la magnitud de la tarea es el mito griego de Sísifo: me veo en un eterno acarreo y colocación de libros que, días después han de ser recolocados por falta de espacio, nuevas distribución o muebles añadidos. Gracias a Dios parece que poco a poco la pesada piedra que rueda cuesta abajo se va calzando en la cima. Después destaco el agobio que imponen los centenares de cajas, los muebles desperdigados, el espacio abarrotado. Varias reuniones y decenas de avisos han sido necesarios para que los muebles se instalen, se coloquen en su lugar y se fijen sólidamente a las paredes. Del desembalaje, tres personas apenas damos a basto para aligerarlo lo antes posible pues tenemos pensado que la biblioteca empiece a funcionar en enero. Con todo, lo más doloroso y difícil es el expurgo: pasan los libros por nuestras manos y nos cuesta desprendernos de ellos: todos tienen su valor, su posible utilidad... Pero no podemos dejar que ocupen el caro espacio de nuestra pequeña sala. Con pena los vamos apartando, pensando en la ocasión en que los catalogamos o en la veces que lo consultamos y, en un póstumo intento de redimirlo del reciclaje, les echamos una última ojeada esperando encontrar algo que haga aflorar un recuerdo o justifique el indulto.

El caos de las cajas amontonadas, el polvo que inunda el lugar (nunca barrido en tres meses), el olor del papel ajado, el de los libros nuevos, el de la resina de los estantes... provocan extrañas sensaciones. Rodeado de libros uno percibe con los cinco sentidos las características físicas de los ejemplares recién desembalados.

Me gustaría hacer una prosopografía de los libros. No llegaría a la etopeya (que sería extensa), me conformaría con una descripción de sus caracteres físicos, de sus aspectos concretos; ya de por sí interesantes porque los libros estimulan los cinco sentidos:

Hay libros especialmente accesibles al tacto: de cubiertas rugosas o suaves, enteladas, brillantes, lisas o rebordeadas, troqueladas, duras, acolchadas... Los hay grandes y pequeños, incluso llegan a ser minilibros. Los hay con lazos, con anillas, gusanillo, en carpeta... Algunos son desplegables, casi arquitectónicos, con ingeniosa ingeniería de plegado y compleja papiroflexia; incluyen en sus páginas de papel refinados operadores tecnológicos. Los tomamos en las manos y notamos su peso, sentimos en los dedos el tacto de la tela, del cuero o su arrugado pergamino, la leve aspereza o suavidad de sus hojas, la elástica ballesta de las hojas que se elevan desde el centro como aves en vuelo.

Tenemos incluso algunos libros de olor; no sólo el del pergamino o la celulosa, sino también del sudor, de la tinta, del aroma rancio del tiempo. También se percibe en ellos claramente el olor del encolado o los perfumes con que se sorprende a los niños: fuertes fragancias de fresa, chocolate, lavanda, menta...

La vista goza del privilegio de su contemplación: los llamativos colores, las maravillosas ilustraciones de los cuentos infantiles, el brillo de las fotografías, el tono ahuesado de las páginas, la infinita gama de los fondos, las transparencias, ... incluso nos admira la imagen de un tomo bellamente encuadernado. Tenemos también libros con imágenes tridimensionales gracias a unos anaglifos incorporados.

Tenemos también el libro que suena (y no me refiero necesariamente a los libros que llevan oculto un delgado chip dotado de mínimos altavoces). Os hablo del susurro de las hojas al pasar página, del aleteo al ojearlo, del leve crepitar de las hojas catapultadas por el pulgar... o también del sordo crujido de los lomos al abrirse. Gritan también cuando se enfadan, cuando se abandonan pesadamente sobre una mesa: entonces emiten un sonido como de puñetazo, como de ronco aviso a quien les trata con tan poco miramiento. 

Algunos invitan a comérselos, a devorar su indigesta celulosa, a probar el plomo venenoso de las tintas, a morderlo como a un sanwich de sabiduría... Al menos, ¡los comemos con los ojos!, e incluso hay quien se traga la carta que queremos ocultar, la promesa que hacemos nuestra al punto de consumirla como alimento...

Este es el atracón de los cinco sentidos que te ofrece la biblioteca. ¿Quién puede resistirse?

jueves, 11 de diciembre de 2014

Caligrafía


Ha comenzado ya: la conexión con la máquina, el contacto del dedo sobre la pantalla, parece que hará inútil la caligrafía, el arte de la escritura hermosa. Pronto trasvasaremos nuestros pensamientos al ordenador mediante impulsos nerviosos a través de la yema de los dedos (vía teclado o pantalla). La escritura amanuense quedará obsoleta. Seremos na'vis vinculados a un ikran digital.

Finlandia, un país adelantado y pionero pedagógico, con un sistema educativo que puntúa con matrícula en el informe PISA; ha decidido que no es adecuado malgastar tiempo y esfuerzos en enseñar a escribir con la tradicional grafía cursiva enlazada. A partir de ahora dará preferencia al teclado y apaño manuscrito provisional con escritura tipo palo, es decir con sencillos caracteres de imprenta como los que lees ahora.

Empieza la decadencia de la artesanía del escriba, del arte del amanuense: hemos llegado al Ikea de la escritura: funcionalidad y bajo coste. Se enterrará la pluma, el cálamo salvaje volverá a crecer libremente en los márgenes de los arroyos. Se abre paso la letra efímera en la pantalla lechosa de los livianos ebooks de líneas infinitas, de suaves contornos...

Será nostalgia, no lo niego, pero me resisto a olvidar el afilado estilo con que el dubsar mesopotámico grababa caracteres cuneiformes sobre la blanda arcilla o el cálamo del escriba egipcio sobre el papiro, o el delicado pincel de los calígrafos chinos sobre los primeros papeles de la historia, o la bella escritura del qalam en los arabescos. Reivindico el percutir del cincel sobre la piedra, la leyenda labrada en los obeliscos, los grabados en las estelas funerarias. Defiendo la parsimonia del copista, el áspero deslizar de su pluma sobre el pergamino, el brillo de la tinta antes de secarse sobre la cuartilla. Añoro las líneas a lápiz sobre el íntimo diario, el suave resbalar del boli de gel sobre el papel...
Reclamo la letra con voluntad, la grafía con carácter, ahora arrebatada y violenta sobre mi agenda pero otras veces esbelta, elegante y hermosa.

Convoco ante mí mis antiguos útiles de escritura: el plumier de madera, los lápices infantiles, las toscas pinturas, la primera pluma y su tintero incrustado en el pupitre escolar, mi primer boli inacabable, los cuadernos pautados de caligrafía inglesa, el perfecto tiralíneas, la dorada pluma Parker, los bolígrafos asombrosos...
Rememoro los pequeños artefactos que construí: el rotrin fabricado con una aguja hipodérmica, el plumín de ojalata, los cálamos de caña, las imprentillas hechas con el caucho de cámaras de neumáticos... Recuerdo los trucos que descubrí con ellos: la escritura con el plumín invertido para obtener una escritura finísima, el arco iris formado por la escritura simultánea de un puñado de pinturas, el frotar la mina del bolígrafo entre las manos para calentar la tinta espesada... Los juegos alternativos que descubrimos con aquel mítico  "bic cristal": las eficaces cerbatanas de granos de arroz, el pequeño arco iris que un rayo de sol provocaba al incidir en su resina de metacrilato, su curioso efecto electrizante al frotarlo que lograba atraer pequeños papelitos o desviar el chorrito de agua del grifo, ...

Reivindico la importancia del humilde lápicero como objeto imprescindible que llevar a una isla desierta, su pequeño hueco en la mochila formando parte del equipo de supervivencia del ser humano: es la más extraordinaria herramienta inventada contra el aburrimiento y el olvido.

Opongo la romántica obsolescencia de la pluma a la pragmática competividad finlandesa. No puedo prescindir del intenso repertorio de vivencias, sensaciones y creatividad asociado a la escritura caligráfica. Es algo que tiene que ver con el arte en la pintura,  con el buquet en el vino, con la armonía en la música... Son importantes pero no son útiles ¿o sí?  

miércoles, 10 de diciembre de 2014

La hoguera


Las hogueras se encendieron pronto. A las 8:00 la oscuridad se había tendido sobre las casas y las calles del pueblo desde hacía una hora antes. El frío era intenso. En la calle de Los Ladrillos todo estaba dispuesto: las chapas que protegían el asfalto, los aperitivos, los embutidos destinados a la barbacoa... No tardaron en acercar un mechero a la pequeña pira preparada al efecto en torno a un  poco de papel. Los troncos de almendruco prendieron  enseguida. Pasaban ya de dos decenas los años que llevaban amontonados en un rincón de la leñera. La gente se aproximó enseguida atraída por las llamas. La primera oleada de calor fue celebrada con alegría por los presentes. Un grupo se dispuso enseguida a acarrear leña: había que conseguir una buena provisión de brasas para cuando el grueso de los asistentes se presentaran muertos de hambre y ateridos de frío. Las parrillas estaba listas y el embutido a punto.También habían generosa provisión de otra viandas: empanadas, tortilla, aceitunas, guindillas valencianas... Para acompañarlas se cortaron en rebanadas un par de panes de aldea, traídos de Galicia para la ocasión, más tarde llegarían las 15 barras encargadas al panadero del pueblo. Enseguida, cuando las llamas se amortiguaron sobre las brasas, se dispusieron las parrillas con longaniza valenciana, chorizo, morcilla, panceta y costillas. Perdonamos finalmente a las patatas asadas pues el personal no pudo terminar los frutos del cerdo plenamente satisfecho ya tras las sucesivas tandas de asados. El vino, que corría generoso, algo hizo para facilitar la pesada digestión porcina. 

Tras matar el hambre la gente se dispuso a matar el frío. En corro se juntaron alrededor de la fogata buscando todos el calor de las llamas, pero también el calor de las hogueras interiores, la cálida llama de la amistad, la caricia del mutuo conocimiento, las chispas de la alegría compartida. Era el momento de las bromas, los villancicos, las canciones picantes, el disparate y el baile. Algo ayudó el ron guatemalteco que alguien hizo aparecer por allí y que mojaba estupendamente los mantecados caseros preparado por una de las asistentes. Luego vendrían el wisqui, los cubatas... 

Mientras las conversaciones proseguían en un rondó ininterrumpido durante horas yo me dediqué a observar la hoguera. Como me es difícil seguir los flujos verbales, me concentré en el baile de las llamaradas, en la aérea arquitectura de llamas efímeras, en la danza bruja del fuego contorsionándose sobre los troncos. Me fascinaba la imprevisible pirotecnia de las chispas, el festivo crepitar de las brasas. Observaba con atención el momento en que se rompía el precario equilibrio de los maderos amontonados. Me divertía el aliento cegador del humo a capricho del viento cambiante. Miraba fascinado como se inflamaba el metanol de la madera, como se consumía su celulosa lentamente...   

Los chiquillos, que hasta ahora habían pasado desapercibidos al estar jugando con sus móviles en el interior de la casa, se acercaron curiosos. Empezaron a arrojar palitos y papeles a la fogata. Uno de ellos vino con un cubito de hielo y lo arrojó a las llamas en un vano afán de que se inflamara: - No se enciende -contestó asombrado.

Y así, con la duración añadida de nuevos troncos, fue pasando la velada. Cuatro horas después, hacia la medianoche, los asistentes se fueron retirando. La noche de las hogueras, en la víspera de La Inmaculada, en Palomares del Campo había llegado a su fin.  

lunes, 8 de diciembre de 2014

Los Puros


Vaya por delante que también sobre mí ejercen una cierta fascinación los miembros del equipo que lidera el nuevo partido político "Podemos". Me gusta su liturgia asamblearia, el buen tono de sus líderes en los medios, sus buenos deseos, su juventud, su original y eficaz irrupción en la vida política... Pero una lucecita roja se activa en el cerebro, un piloto de alerta que, sin explicar muy bien el origen, te advierte de un peligro latente.

Asistimos asombrados al nacimiento de un partido político con vocación de juez. Tanto es así que bien podrían haberlo bautizado "Juzguemos". En sus primeros autos ya han dictado veredicto contra "la casta", "la Constitución" y "El resto de partidos". Su carrera judicial con currículo mediático y doctrina salvadora le ha rentado matrícula en votos. Ellos son los jueces severísimos, los salvapatrias; el resto está enfangado, corrupto y podrido. Mucha insolencia, mucho engreimiento se necesita para presentarse ante los demás como redentores, como Cristos sonrientes ante la crucifixión porque de ellos es el Reino de los Cielos al que piensan asaltar si se les resiste. Ellos son los puros, los sin mancha, sin pecado concebidos: ¿Cuánto tardaremos en descubrir su lado oscuro?

Decía Pío Baroja. "En España siempre ha pasado lo mismo: el reaccionario lo ha sido de verdad, el liberal ha sido muchas veces de pacotilla". Temo que la historia se repita. Por si acaso apuntemos sus nombres, archivemos sus declaraciones, investiguemos sus biografías, levantemos acta de sus promesas... Más pronto que tarde descubriremos las primeras manzanas podridas en su cesto; no tardará en aflorar la turbidez del fango en cuanto se agiten las aguas del fondo.

Percibo, indignado (podemos no tienen el momopolio de este sentimiento) en sus declaraciones y actitudes un rechazo a mi historia vivida (como si nuestro "Podemos" particular en el final de la dictadura y la tradición estuviera deslegitimado), siento que me excluyen del futuro (como si no fuéramos todos necesarios), me huelo que van de fariseos rasgándose las vestiduras, pero sin hacer  otra cosa...

El mismo nombre del partido me dio mala espina; me pareció demasiado presuntuoso. Enunciar un hecho objetivo de este calibre en presente de indicativo se arroga omnipotencia divina;  suena como el 'Yes, we can' de Obama, que ha terminado significando: "Hice lo que me dejaron". Sería más realista una formulación en subjuntivo: "Ojalá que podamos", o incluso un condicional: "Podríamos". Porque el camino de los deseos a los hechos está sujeto a tantos avatares que cuando el caminante llega a la meta ya no es el mismo que partió. Y a veces ni llega, o se da la vuelta, o se sienta a descansar.

El enemigo de Podemos es el tiempo. Su talón de Aquiles serán sus propias palabras. Apuntad sus nombres, grabad en la memoria sus declaraciones y después de algunos años comparadlas: muchos de los puros se habrán vuelto casta. Ya empiezan a emerger lodos del fondo; algunos de sus sumos sacerdotes ocultaban pecadillos de sectarios: clientelismo universitario, pequeñas corruptelas entre colegas.
Ya lo dice el refrán: "Una cosa es predicar y otra es dar trigo". Al tiempo.

sábado, 6 de diciembre de 2014

Vacío.


Cero. 
Nada. 
Nulidad.  

Vacío total,
absoluta ausencia,
oquedad expansiva.

Ablación del ser, 
 agujero del alma,
modorra del pensamiento.

La vida sin sentido, 
la razón sin cordura, 
el proyecto sin objetivo.

La senda a ninguna parte, 
la larga escalera sin fin,
el vuelo lento sin destino.

Los pies caminan sin rumbo conocido,
las cuencas buscan los ojos perdidos, 
los pechos extrañan los corazones arrancados. 

Comemos de los platos bocados de vacíos,
habitamos en la casa del desahucio inminente, 
dormimos en la cama del insomnio sentenciado.

Es la noche sin sueño del cuerpo desmadejado, 
la algarabía de ideas de la mente atormentada, 
la lluvia inútil en el mar del náufrago.

Terminó por fin la cuenta atrás del parto estéril, 
cumplióse el reto de llenar el vacío de sandeces,  
acabó el forzado desatino metafórico de las nueve palabras. 

viernes, 5 de diciembre de 2014

Hijo de puta


Jesús miraba las aguas turbias y agitadas del arroyo. Solo con pensar en ello conseguía que se tornaran calmas y limpias. Así abstraído no notó la llegada del muchacho que, viéndole feliz ante su obra, tomó una rama de sauce y dispersó el lindo embalse que había formado.
El hijo de Anás, se volvió con una sonrisa torcida y le dijo:
-¡Eh, pobretón, hijo de carpintero!
Sí, tú, hijo de puta. Qué tu madre te engendró de soltera... ¡haz las cuentas!
Jesús les miró largamente. Les miró dolido, encorajinado... Pensó en replicarle:
- Insensato, injusto e impío, ¿qué mal te han hecho estas fosas y estas aguas? He aquí que ahora te secarás como un árbol, y no tendrás ni raíz, ni hojas, ni fruto....
Pero no lo hizo. Sabía que no debía hacerlo.

En la sinagoga muchos le aborrecían. No soportaban su inexplicable inteligencia que era la admiración de sabios y maestros. Detestaban los días en que algún sacerdote se acercaba a conocerle y le miraba embelesado mientras respondía con agudeza y seguridad a las preguntas más enrevesadas. A veces sus manos se crispaban sobre una piedra recogida del suelo, pero nunca se atrevieron a lanzarla... Eso sí, podían llamarle hijo de ramera cuantas veces quisieran, pues su padre, José, apenas se casó con su madre unos días antes de su nacimiento. Todos sabían que un niño tardaba meses en hacerse. estaba claro que era un hijo fuera del matrimonio: un hijo de soltera, o sea de puta. El hijo de Anás, el escriba, no cesaba de repetírselo, pero no era suficiente.
Jesús no solía hacerles caso. Prefería abstraerse en sus juegos. Le gustaba modelar pajarillos con el barro de la acequia. Luego, cuando nadie le veía, soplaba su aliento sobre ellos insuflando vida en las figuras inertes. Después los contemplaba sonriendo mientras saltaban alegres y agitaban las alas antes de emprender el vuelo hacia los árboles cercanos. El hijo de Anás le espiaba y, comido por la envidia, lanzaba piedras certeras contra aquellas aves riendo cada vez que algún pajarillo era acertado, desplomándose hasta el suelo entre el follaje. Jesús lo miraba triste y serio. Se sentía impulsado a convertirlo en gusano, alimento de los mismos pájaros que asesinaba... Pero no lo hizo. Sabía que no debía hacerlo.

El día que cayó el niño de la terraza y murió, aquel día en que varios de ellos jugaban y el pobre Zenón resbaló precipitándose contra el suelo, vinieron sus padres a acusarlo.. Él era el proscrito. Su mala fama le precedía. Jesús aguantó estoicamente las invectivas de los padres y después, mientras limpiaba cuidadosamente la sangre de la cabeza del niño muerto le preguntó: - Zenón ¿Soy yo quién te ha hecho caer?
- No, señor, tú no e has hecho caer, sino que me has resucitado.
A espaldas de Jesús, que recibía muy serio las gracias efusivas de los padres del muchacho, el hijo de Anás unos pasos por detrás del hijo del carpintero, enrojecía de coraje: la falsa versión que había propagado acusando a Jesús acababa de ser descubierta y quedaba como mentiroso... Jesús, sintiendo la rabia a sus espaldas, se volvió con intención de alzarlo del suelo hasta la altura de las nubes y dejarlo caer... Pero no lo hizo. sabía que no debía hacerlo.

Pero un día, el hijo del escriba, escribió por la noche la palabra PUTA en grandes letras sobre la pared encalada de la casa de la madre de Jesús. Cuando María, su madre, salió a por agua al arroyo cercano y vio el grosero insulto en grandes letras rojas, lloró. Jesús entonces se enfureció tanto que no pudo contenerse. Olvidó su compromiso divino, su aceptada paciencia, y gritó una maldición terrorífica:
- ¿Qué te ha hecho esta mujer, mi madre, para que la produzcas este injusto dolor? Ya he aguantado demasiado tu crueldad. Te maldigo: Morirás y tras la muerte, habitarás en el pozo de las almas malditas. Yo soy Jesús, el Hijo de Dios, y te condeno a sufrimientos eternos.

Y dicho esto, el hijo de Anás, comenzó a retorcerse y echar espuma por la boca, mientras su cabeza se hinchaba aflorando repugnantes sarpullidos sobre su piel. Los globos de los ojos, hinchados, pugnaban por salirse de las órbitas y los cabellos se apelmazaban y desprendían... Jesús temblaba de ira, estaba a punto de arrojarle para siempre en pozo de los corruptos. En ese momento, su madre, se acercó y le tocó el hombro:
- Jesús, perdónale. Hazlo por mí.

El hijo del escriba salió corriendo despavorido. Al amanecer estaba ya lejos de Nazaret. Durante años no pudo evitar soñar la misma pesadilla una noche tras otras: su pavoroso descenso por el pozo de las almas atormentadas que le sujetaban, que tiraban de él. Treinta años después volvió a encontrarse con Jesús. Fue en el camino del Gólgota, en Jerusalén. Se encontraba entre la multitud que vociferaba contra el Rey de los Judíos al que iban a crucificar. Se puso cerca de la cruz y contempló con una sonrisa de satisfacción el tormento del crucificado.

jueves, 4 de diciembre de 2014

Grandes historias de cosas pequeñas - 10: La espuela del viento

Ejemplar de cardo en la Laguna de Taravilla, Alto Tajo (Guadalajara)

Si el lobo y el gato montés son mis animales totémicos por elección, el cardo borriquero es mi emblema por adjudicación materna:
- ¡Hijo, eres un cardo borriquero! - me decía cada vez que soltaba un exabrupto o hacía un feo a algún conocido, abandonado a mis malos modales.  

Así que no me quedó más remedio que adoptarlo como planta de fortuna y  hacer de la necesidad virtud aceptándolo como especie fetiche y metáfora de mi personalidad. 

El cardo borriquero es, como el cactus, una planta hermosa. Sus afiladas defensas se distribuyen con regularidad y belleza a lo largo del tallo protegiéndolo de la los cortantes incisivos de los herbívoros. Tiene que ser fuerte si quiere sobrevivir. Las hojas se tornaron espinas en defensa propia. El tallo, coriáceo, se alza sobre la hierba: la sobrepasa en altura, la sobrevive en el estío, la sobrecoge. Es el armado caballero de los campos, la espuela del viento, el peine de la brisa. Toda su arquitectura se despliega en agujas radiales, en contrafuertes erizados de  puñales.  Es un castillo acorazado que alberga en la torre del homenaje, el lo alto de cada tallo, una princesa que florece.  Y cunado lo hace es una flor hermosísima, delicada como una rosa (que también tiene espinas, no lo olvidemos).  Sus semillas, por decenas de miles en cada flor, se dispersan con el viento que lleva las diminutas clipselas voladoras lejos, como alados pioneros que conquistarán los territorios más inhóspitos.  

Quiero esta planta arisca y agreste. Me identifico con ella. Ambos huimos de los contactos tiernos, ambos alzamos concertinas ante la gente que se acerca demasiado. Somos así y probablemente tengamos buenas razones para ello. Quizás solo defendamos la fragilidad de una bella flor...

No le culpo al burro, pobre animal que por tan bueno le toman por tonto, por sus bocados a las tiernas alcachofas florales; también tiene que comer y, al menos, es capaz de pelear contra las espinas. Ser el cardo del burro, el "cardo borriquero" como ya le llamaban los antiguos griegos es un nombre digno. Reivindico sus flores en mi escudo. Las defiendo al igual que la gente de Ayllón, en Guadalajara, defiende este símbolo de su esencia campesina frente a la elegancia impostada de tres rosas. Yo también quiero para mi escudo, sobre fondo dorado, las tres flores moradas de un cardo borriquero. 
  

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Media hora y un café.


Media hora y un café es cuanto dispongo para perfilar la entrada de hoy. En cuanto al tema, busco en los titulares. 

Una portada de El Mundo se encabeza con un carnoso y visceral poema desconocido de Pablo Neruda, todo trufado de metáforas y armado con referencias hortofrutícolas y nutricias del amor. Un Neruda inédito que sorprende en este jardín con riego automático de tinta impresa y (mala) leche que es la parcela de celulosa de un periódico. Leo con curiosidad un párrafo dedicado a su metodología literaria: escribía los poemas en menús de restaurantes, folios abarrotados, hojas sueltas, cuadernos escolares, postales, blocs de distintos formatos... muchos de ellos con tinta verde (su color fetiche), algunos a lápiz, los menos en tinta azul. Todos con tachaduras y arrepentimientos... Echo un vistazo a mi agenda y descubro curiosas coincidencias (en la metodología que no en el talento).

Continuando con vísceras, esta vez golpeadas, la prensa nos informa que se confirma que Yimi, el hincha muerto en la reyerta del  Manzanares perdió la vida de resultas de golpes con barras de hierro en la cabeza y en el bazo. Descerebrados que se descerebran, ese es el diagnóstico. El hombre estúpidamente asesinado a golpes deja huérfano a un hijo de cuatro años, posiblemente más maduro que su progenitor.

En la parte de la paleta derecha de nuestra piel de toro, un tal Ártur Mas nos alecciona con aires de superioridad moral sobre la diferencia entre legalidad y legitimidad. Venga marear la perdiz a costa de las diferentes acepciones del término: que si "derecho a decidir" conforme a la ley o a la justicia... (La ley sí vale para elegirle a él, pero no para juzgarle o reglar los procedimientos administrativos). Su colección de frases provocadoras enunciadas con balidos pacíficos bajo una piel de cordero no oculta el almizcle o la orina del lobo marcando el territorio.

Me atrae un poco más comentar las parodias innumerables que se publican a diario en las redes sociales sobre el anuncio de la lotería de Navidad. Lo de versionear el esperado spot de cada año se ha convertido en deporte nacional. Esta efervescencia de tramas alternativas me parece sanísima: la vida no es monocolor. Para empezar la versión realista y cruda, de la vida donde impera el egoísmo; pero también los hay aplicados al ámbito futbolista donde el premio se asocia a fichajes con afortunados (o al contrario); y es que parece haber gente que tiene un balón por cabeza. Hay otro, muy original, que simplemente pasa el anuncio al revés con el sonido reproducido igualmente en sentido inverso. El resultado es sorprente: los diálogos parecen pronunciados en ruso y la música se torna  una melodía desasosegante; el argumento también se pervierte y contrapone: relata la historia de una venganza y nos la cuenta mediante subtítulos que simulan traducir el ruso. Las parodias se suceden con chistes de todo tipo chasqueando al  protagonista, Manuel, incorporando a personajillos metomentodo como el Pequeño Nicolás, con declaración gay incluida, sin contar las versiones simplemente horteras (que también son muchas). La verdad es que estos anuncios, tan almibarados, "lo ponen a huevo".

martes, 2 de diciembre de 2014

La Opo


Muchas vidas están marcadas por la Opo. Quien estudia y quiere acceder a un puesto a cargo de las administraciones públicas ha de presentarse ineludiblemente a los exámenes de Oposición. Esa puerta del funcionariado marca tu destino de estudiante con carrera terminada. Tus estudios parecerán no servir para nada si no logras acceder a esa plaza en reñida disputa por cuya adquisición te desvelarás durante meses, asistirás a academias y estudiarás sin descanso tediosos manuales. Sustentado por una débil esperanza pasarás meses y años enteros en un paro sin subsidio. Sentirás el peso del despido sin estrenarte,  trabajarás sin retribución, sufrirás un desempleo preventivo.

Quienes pasamos por este penoso trance recordamos la frustrante prolongación de los estudios terminados, la agonía del calendario infinito, el ninguneo de nuestra valía, la combustión del tiempo y la esperanza. Comeremos la sopa de los inútiles, bajaremos los ojos ante nuestros conocidos admitiendo nuestra nulidad, nuestra gorronería insoportable.

Y, con el corazón encogido y la autoestima deshecha, acudiremos a las pruebas en cuestión. Contemplaremos desalentados la muchedumbre que se agolpa ante la puerta. Estudiaremos sus caras intentando averiguar su preparación, consideraremos sus posibilidades contra las nuestras. Todos serán enemigos, contrarios..."opositores". Todos ellos se oponen a ti. Todos compiten contra ti.

Estarás tan acostumbrado a la colaboración, a la amabilidad, que es posible que sonrías a algunos de ellos; que te acerques y charles un rato; quizás ofrezcas un cigarrillo, serás amable; pero, en realidad, cargas de balas al "enemigo". Es posible que te sientas derrotado de antemano y te solidarices con los perdedores, entonces te habrás rendido antes de empezar la batalla.  

Cuando estés inclinado sobre tu cuestionario mirarás curioso y asustado alrededor. Te sentirás inevitablemente estúpido al observar que todos se han puesto a escribir rápidamente y pensarás que tú no tienes ni idea, que estás en blanco... Notarás  una desesperada necesidad de escribir algo, lo que sea, y empezarás a bucear en tus recuerdos intentando arponear los peces de la memoria.

Al terminar, desmoralizado, entregarás tu examen. Saldrás triste de la sala. Pensarás en el seguro fracaso. ¡Alégrate entonces: estadísticamente tienes motivos para esos fúnebres pensamientos y demuestras tener un juicio razonable!. Otros saldrás eufóricos. Expresarán imprudentemente su optimismo: "Creo que voy a aprobar", "Era fácil", "He contestado a todas las preguntas..." - ¡Pobres ilusos! No piensan que no se trata de "aprobar" sino de "ser mejor" que los demás; que no hay examen fácil (si lo es para ti, también lo será para los demás y estaremos en las mismas) y que responder a todas las preguntas sin certeza puede restarte puntos (los errores se pagan).

Dice uno de los mejores aforismos de Jorge Wagensberg que  "Una cebra no necesita correr más que una leona, sino más que las otras cebras". Hay que ser mejores que los demás para sobrevivir: si finalmente dos opositores tuvieran la misma nota, la buena letra decidiría: no hay premios compartidos.

La oposición es una prueba cruel,  es un proceso de competencia feroz, un escupitajo a la solidaridad humana. ¿Cuál sería entonces el sistema ideal, la manera justa de adjudicar un empleo?
- Francamente no lo sé. Siguiendo con la metáfora de la cebra:  ¿Dejamos algunas cebras bajo nuestra protección preservándolas de los leones? ¿Ponemos la zancadilla a otras cebras? ¿Salvamos a la cebra más veloz, pero tan holgazana que no corre siquiera?  ¿Indultamos a la cebra de carrera más bella, aunque menos esforzada? ¿Redimimos a la cebra coja dejando que la leona atrape a otra sana? ¿Sobornamos a la leona?... Es el eterno problema de la lucha por la subsistencia. Sólo se me ocurre una solución: acabar con el león del fracaso. ¿Estarán después las cebras dispuestas a repartirse la limitada hierba de la sabana?

lunes, 1 de diciembre de 2014

Los Juegos del Hambre


Asistimos al éxito de este cuento adolescente, que funciona con engranajes de ciencia ficción, donde unos jóvenes guapísimos se encargan de catalizar el descontento y la lucha contra la desigualdad y la injusticia en un mundo empobrecido. Se me antoja una versión mítica de Podemos trufada de aventuras y escenarios futuristas y romáticos. Para mi entrada de hoy, me interesa poner sobre la mesa la metáfora del título: "Juegos del Hambre", especie de lotería donde te juegas la vida y obtienes, si triunfas, un futuro libre de las angustias de la penuria y plena de honores y riquezas.

Sin el tremendismo del drama presentado en la serie, sin los escenarios de miseria de los distritos esclavizados; la situación, debidamente escaldada, recuerda un poco a la crisis actual. Los señores del mundo explotan miserablemente al resto en su propio beneficio dirigiéndolo desde una élites que controlan el poder y los recursos. Las personas, desesperadas, sobreviven como pueden y, para olvidar su desesperación, asisten obligados -pero fascinados- al espectáculo de una lotería dramática donde está en juego la propia vida.

Nosotros tenemos nuestros propios Juegos del Hambre. No nos jugamos la vida, eso sí; no asistimos al drama de morir en el intento de forma gloriosa: nos arruinaremos poco a poco en medio de pequeñas frustraciones, de décimos de fracaso, de participaciones malogradas.

Nuestros juegos del hambre se llaman Lotería, y la de Navidad, es el Superjuego, el Juego de los Juegos, una especie de Vasallaje de los Veinticinco. En ella se echa el resto, se acepta cualquier participación que nos ofrezcan. Después, el día 22 de noviembre, se iniciará el "Tour de la Victoria", la exhibición mediática del éxito selectivo. Será la ocasión de magnificar la suerte, de maridarla con el  milagro, con la justicia divina. Será el momento de los héroes, de los Manueles y Antonios, de los "tributos" vencedores en los que querremos identificaremos todos.

Ayer, durante una cena con un grupo de vecinos, asistí completamente desplazasdo, a la preparación individual de los "tributos" de los juegos. Todos hablaban excitados de la profusión de décimos y participaciones que ya recopilaban a un mes vista del sorteo: - Llevo más de veinte décimos - decía un ciudadano de la crisis; -Yo llevo lotería de todos los puntos de España - comentaba otro españolito errante, camionero de profesión; -El que os reparto es de Doña Manolita - explicaba el anfitrión muy ufano de haber conseguido el número en la administración insignia de la suerte navideña. Yo callaba,  no llevo ni una mínima participación. Tan solo adquirí dos décimos de mi colegio cediendo a una insistente petición de Charo, mi mujer,  que no puede soportar que me quede tristón y roto como "Manuel". Fueron veinte minutos de silencio que solo rompí para mostrar humilde, pero dignamente, mi postura antilotera: Yo no compro lotería: me parece un timo comercial y espiritual.
N
Aparte de quedar como bicho raro; aunque alguno piense que no tengo corazón, ni ilusión, ni fe, ni esperanza, ni caridad: no creo en los Juegos del Hambre. Quizás sea un superviviente del Distrito 13.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Catalanalgia


Tengo empacho catalán. Sufro un perforante herpes independentista. Padezco una inflacción de gases nacionalistas.  Estoy afectado de Catalanalgia aguda con Síndrome de Artur.  Tal es así que mi médico me ha prescrito seriamente dieta con ausencia de este tóxico verbal: Cataluña. "Pruebe usted con sucedáneos", me aconseja.

Así que intentaré explicarme sin consumir este nutriente tan excesivo porque mi dieta no está en absoluto equilibrada. Para  desayuno, comida y cena me despacho con noticias relacionadas con anhelos independentistas en el nordeste peninsular,  en el menú informativo patrio encuentro siempre un exceso de espetecs, cavas y butifarras.  El país cuyo totem es un  burro bulle con tanta agitación que genera más noticias que todo el resto junto.

Estoy ya muy cansado del acontecer en el área comprendida entre los  (40º- 42º) y los (0-3) OE. Se me acaba la paciencia con los descendientes de la antigua Lacetania; la educada espera, el aguante impasible, el toma y daca de querellas y consultasen el país cuya fiesta nacional parece que será en adelante el 9N. Estoy harto del monopoly autonómico, donde las normas se ignoran y el jugador de la esquina superior derecha acumula créditos sin pagar impuesto alguno.

Solo queda me queda la triste despedida, cada día más indignada. El firme y fiero adiós. Separación sí, pero con orden de alejamiento. Aquí nos quedaremos, en la vieja colmena. Hace algunos años que se acabó la rica miel y las raciones escasas soliviantan a las obreras menos acostumbradas a las privaciones. Quieren libar por su cuenta en prados desconocidos: ha nacido una nueva reina, crece la nueva enjambre. Nuestra reina no acabó a tiempo con la amenaza del príncipe, cuando era cría. Ahora es ya demasiado tarde. La colmena está dividida. Terminarán por irse. El bullicio del descontento hace irrespirable el ambiente. En el interior, mientras el grueso de las obreras intenta reflotar la economía del abejal fabricando miel;  unas cuantas, insolidarias, solo producen cera para sí, para su nuevo panal.


sábado, 29 de noviembre de 2014

Oh, Capitán, mi Capitán...




¡Oh Capitán! ¡Mi Capitán! 

Nuestro temeroso viaje esta hecho; 

el buque tuvo que sobrevivir a cada tormenta, 

el premio que buscamos esta ganado; 

el puerto está cerca, escucho las campanas, 

todo el mundo está exultante, 

mientras siguen con sus ojos la firme quilla, 

el barco severo y desafiante:

Pero ¡Oh corazón!¡Corazón!¡Corazón!

oh, las lágrimas se tiñen de rojo,

mi Capitán está sobre la cubierta,

caído muerto y frío.


Ayer, 27 de noviembre, se celebró en España el Día del Maestro. El día de asueto que acompaña a la efemérides se trasladó por conveniencia estratégica al día de hoy, viernes, para facilitar la organización familiar y el aprovechamiento de un fin de semana más largo. Pero el día en que conmemora la vida y obra de San José de Calasanz, nuestro patrono,  fue ayer. Esta víspera hemos recordado al sacerdote aragonés que, en 1597, conmovido por la pobreza y la degradación moral en la que vivían numerosos niños romanos tras la muerte de sus padres en el desbordamiento del Tíber, fundó en la iglesia de Santa Dorotea del Trastévere la primera escuela pública, popular y gratuita de la edad moderna de Europa, la primera Escuela Pía.

Quería escribir una entrada sobre la figura del maestro. Me gustaría incidir en el particular perfil que tiene esta profesión, analizar el extraordinario paralelismo que encuentro entre el papel social de un buen maestro y un buen líder político. Siempre pensé que los maestros serían excelentes presidentes de un país en situación de crisis.

Poseen la actitud:
- Saben que su figura es importante, aunque la muchos la minimicen o infravaloren.
- Sienten que son necesarios, sobre todo para los más desfavorecidos.
- Son conscientes de que pueden cambiar el mundo desde la firmeza, la tolerancia y la paciencia. Saben que están educando la infancia del futuro.
- Tienen claro que habrán de convencer, que será necesario negociar, castigar sin daño, retener y animar, reír y llorar aun tiempo...

Y tienen la experiencia:
- Han de lidiar con todo tipo de ciudadanos.
- Trabajar con materiales precarios. Saben de economizar y recortar en presupuestos (el de Educación siempre es escaso)
- Conocen de primera mano las necesidades de los desfavorecidos y las minorías.
- Son expertos en entusiasmar a las pequeñas masas infantiles.
- Deben sobrellevar el rechazo de algunos padres.
- Han de trabajar en equipo, programar, evaluar, corregir, explicar, sugerir, colaborar, proponer... Todo el campo léxico de la ética, las relaciones sociales, del gobierno y la participación, de la formación de la personalidad cabe en su currículo.
Un maestro en su clase se convierte en el hombre orquesta, en el mago que ilusiona a la audiencia, en le pícaro que seduce, en el actor que deslumbra, en el pirata que asalta corazones para depositar en ellos tesoros de papel de plata, en el capitán de un barco que luchará contra tormentas y travesías difíciles:

¡Oh, capitán! ¡Mi capitán!
Cuando el viaje haya acabado, 
cuando en el puerto la gente 
te busque para ofrecerte su agradecimiento: 
tú estarás ya muerto, 
caído y frío, agotado por la travesía.
Vivirás ya solo en el recuerdo 
de tus marineros crecidos en cubierta. 

viernes, 28 de noviembre de 2014

Periodicole


Soy maestro de rebote. Yo apunté la pelota del futuro hacia el periodismo, pero el objetivo estaba fuera del alcance del joven tirador y finalmente la pelota rebotó contra la pared de la pobreza, yendo a caer finalmente en un patio escolar. Con todo logré arrancar al destino algunos jirones de mis sueños periodísticos. En cuanto tuve ocasión me lancé a la publicación de un periódico escolar.

Al principio hube de contentarme con leer detenidamente y coleccionar números editados en los diferentes colegios a mi alcance. Luego, en cuanto pude, realicé algún curso de formación. Más tarde me ofrecí a dirigir un periódico escolar en el colegio del que publicamos tres números de calidad notable. En ocasiones, llevé la actividad editora a la clase y elaboramos algún numero monográfico en la asignatura de Ética cuyo contenido se adaptaba muy bien a este formato. Con unos cuantos años más de experiencia coordiné un curso de edición en Word para profesores, que enfocamos precisamente a la edición de un periódico escolar; a trancas y barrancas logramos elaboramos un ejemplar aceptable. Finalmente aprovechando las facilidades de edición en la red, editamos un blog con actualizaciones frecuentes y pretensiones de periódico on line. Este último con el reto añadido de ser elaborado por alumnos con necesidades educativas especiales.

De la puesta en marcha de todas estas iniciativas rescato muchos recuerdos agradables: el uso de las planchas de gelatina, las míticas "vietnamitas", el pringue de la tinta, la elaboración de los clichés de cera  mediante punzones, máquinas de escribir sin cinta o impresora de matriz de puntos... Recuerdo el olor del papel y de la tinta, el ambiente de la sala de máquinas con el run-run continuo de la multicopista, los paquetes de las hojas impresas alineados para confeccionar el ejemplar, la fila de alumnos recogiendo por orden las hojas, el grapado, la distribución... Mi cariño por este trabajo me llevó a conservar aún un ejemplar de cada número. Ahora serían piezas de un potencial museo escolar en cada centro.

Con la llegada de las nuevas tecnologías y aprovechando el rebufo de la web amateur que inicié en el centro impliqué a mis alumnos en la edición del blog-periódico. Para concretar en algo físico los ejemplares cada trimestre realizábamos una recopilación en papel de las noticias más relevantes del blog. La experiencia resultó muy interesante. Hoy en día aún pueden descargarse de internet los tres ejemplares de aquellas ediciones del año 2007.

Sin embargo no fue un camino de rosas (o sí, ¡por las espinas!). A la frágil voluntad de colaboración de los alumnos se añadía la falta de interés del resto de la comunidad escolar que apenas participó. Pese a ello, el último número lo vendimos (los anteriores se regalaban)  y con el dinero resultante nos pagamos una merienda en el burguer. Los chicos del Periodicole (así se llamaba el periódico) disfrutaron de su merecido sueldo de colaboradores. Para ellos compuse unas letrillas mostrándoles mi agradecimiento por su participación y esfuerzo:

"Ole, con ole, con ole:
los chicos de Periodicole·" 

Si no creyera en la importancia de la prensa en la vida de los ciudadanos y, por supuesto, en la escuela no escribiría estas líneas henchidas de nostalgia. Me causa pena (e indignación) el desprecio de muchas personas por la prensa seria. Muchas veces escuchamos en los bares: "Sólo tengo prensa deportiva, los periódicos no interesan" o "solo dicen mentiras"... Esa superficialidad asusta. El espíritu crítico brilla por su ausencia. Y así nos va.  

jueves, 27 de noviembre de 2014

Musas out



"A veces hay que empezar a escribir así, sin ideas precocebidas, sin rumbo fijo. Iniciaremos entonces, sin darnos cuenta, un viaje apasionante, Porque dentro de nosotros mismos hay un mundo inexplorado y aventuras increíbles por descubrir. Los viajes interiores peden ser así más espectaculares que una saga intergaláctica."

En blanco. El boli sigue entre mis dedos, apoyado sobre el dígitus medius, rodando sobre la falange medial mientras es girado entre el pollex y el índex en sentidos alternos. ¿Qué escribir? Hoy tengo las musas out.
Acudo la contenido de las noticias pero ¡no soporto profundizar ahora en esta colección de vicios y miserias! Apelo a las sensaciones que provoca la dura madrugada, al odio a la tiranía del despertador, al somnoliento viaje hasta el trabajo cada día más corto a base de recortar curvas y sincronizar incorporaciones en continuo perfeccionamiento. Repaso mentalmente el día y sus quehaceres: los momentos agradables, los retos, los fracasos anunciados, las incertidumbres... Entre el casos de las ideas hace su aparición el zumbido del tínnitus. Estaba ahí, latente, camuflado. Aparece ahora y se muestra amplificado entre la maleza de los pensamientos: caos sobre caos. Lucho por encontrar un camino entre el fragor de esta selva repleta de sonidos reales e imaginarios.
Pronto me enfrentaré a la primera clase del día; clase en casa ajena, en territorio impropio, donde se alzan a veces defensas infranqueables. Uno querría trabajar tranquilamente, con las clepsidras rotas; pero trabaja a tiempo tasado.  Constreñimos la actividad ajustándola a horarios encasillados hasta los bordes. Y tabulas también los pensamientos.

Escribo desde la mesa del rincón, en los Tres Tréboles. En la cafetería del área de servicio dos hombres se enfrentan a su café inclinando la espalda sobre la barra. Miro la televisión  que nos preside en lo alto de una esquina. Por un momento me parece que es ella quién realmente me mira a mí. Me figuro que es un ojo que nos contempla mientras nos entretiene con una sucesión de imágenes aceleradas. ¿Dónde queda la pausada contemplación? ¿La relajada percepción del lento acontecer? ¿El delicado sabor del tiempo?

Consulto nervioso mi reloj; apenas me queda tiempo. En el bar de carretera el ambiente se espabila. Las conversaciones se hacen frecuentes, la cucharillas y los platos inician la cantarina percusión que precede a los desayunos, la televisión aumenta su volumen de forma misteriosa... Son las 8:55. salgo inmediatamente para realizar el último tramo hacia el trabajo.